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El amor se hace comida

Por Laura Aguilar Ramírez



El día de hoy preparé unos waffles. Me gustan mucho los waffles. La primera vez que los comí, mi hijo y su entonces novia, nos invitaron a comerlos en un restaurancito. Los preparan dulces y de mole, poblanos, a la crema, etc. etc.

Pues bien. Hace unos meses, mi hijo me regaló una wafflera casera donde se pueden prepararar dos al mismo tiempo. Tardé tiempo en probarla porque creía que se necesitaba una mezcla especial. Mi hijo me trajo una harina especial y me decidí a prepararlos.
Jajaja. Eso fué hace como dos meses. Me salieron sabrosos, pero la limpiada de la dichosa wafflera me costó un buen. Le puse demasiada mezcla, la hice muy aguada, se desparramó en la wafflera. Total. Un cochinero.
La limpié lo mejor que pude y la guardé.

Pero me andaba haciendo cosquillitas ver la mezcla y hoy volví a hacerlos. Leí de nuevo el instructivo de la wafflera y leí las instrucciones de la harina. Y seguí exactamente las instrucciones no como la vez anterior. en que la hice más floja temiendo que me quedaran galletas y en que la preparé como si fuera para hot cakes.
Me salieron super bien. Y no se ensució la wafflera jeje.

Sin embargo, tuve que limpiarla de nuevo muy bien. Esta vez, con el calor de la wafflera, la mezcla que se había ido al interior en la ocasión anterior, se había cocido y sólo tuve que sacarla haciéndola polvo primero y con mucha paciencia sacar todo. Y ya está guardada limpiecita y esperando para la siguiente.

Realmente es sencillo usarla para un desayuno. Claro que cuando vuelvan a invitarme a comer waffles al restaurancito voy encantada. Porque no sé prepararla como ahí que utilizan waffleras más grandes y cocinan profesionalmente.

Me dí cuenta que la misma harina sirve para hacer galletas, hacer waffles y hacer hot cakes. La diferencia estriba en el tiempo de cocinado, en agregar leche o no, en la harina que se use. Esos pequeños detalles hacen la diferencia.
Estoy lista para experimentar con las recetas que vienen incluidas en el recetario: de vainilla, con frutas, etc. etc.
Tal vez sea simplemente, que me gusta comerlos en restaurante jeje. No saben igual de ricos.
Recuerdo haber leido en la zaga de "los inmigrantes" que la esposa del héroe era ricachona, en su vida había freido un huevo o puesto agua a hervir. Ya mayor, sorprendió a sus hijos con unos huevos a la benedictina. En su vida les había preparado nada.

"El chiste consiste en ser rica-les dijo muy humilde-para echar a la basura los que no me queden bien". Cuando lo leí, me dió risa.

Porque tiene razón. Yo conocí a unas personas que no eran ricas y tiraban a la basura lo que no les gustaba. Esas en mi opinión, están peor. Porque la basura de los ricos hasta está separada. En un lado del bote, ponen lo orgánico y en otro lado, lo inorgánico. De tal manera que cuando pasa el recolector de basura, puede, si no es flojo, tomar lo que le sirva: latas, plástico, papel, etc sin que esté sucio. Y puede, si no es flojito, tomar lo orgánico y dárselo a sus animales.

En cambio, el pobre o por lo menos, la que yo conocí, tiraba la comida que no le gustaba (sin ni siquiera estar echada a perder) a la basura, donde se mezcla con todo y ya no sirve para nada. Cuando estaba de buenas, se las tiraba a los perros. Y era una tristeza ver costillas de borrego ir a la panza de los perros mientras sus hijos comían salchichas porque éso les gustaba.

Siempre pensé: "es que ella no tuvo una mamá como la mía". Mi abuelita (mi mamá que me crió) cuando yo ponía cara de "fuchi" a una comida o preguntaba ¿qué es? contestaba con sencillez y lógica "Comida. Cómetela" y se acababa la discusión. Me comía lo que me servía.

Mi abuelita me decía "naciste para rica, mi hijta. Pero en el camino te desfundaste" jeje

Yo era bien especialita. Me gustaba la crema, pero no en todo. Me gustaba el queso, pero sólo con algunas comidas. Me gustan las sodas pero un sabor distinto. depende de lo que se trate: de cítricos si son mariscos o pescado. De tamarindo si es carne, etc. etc. A todos les encantaba el ahuacate y a mí no tanto, sólo en guacamole. Yo creo que porque fuí consentidita. Mi abuelita compraba pollo en retazo con hueso para comer y me reservaba las alas que son las que más carnita tienen. Me llevaba con ella a los mandados y me acostumbré a sus gustos. Ella era así. Especialita también.

Así que cuando decía "comida" pues ni rechistaba. Sabía que estaba buena, porque ella la había preparado o porque no tenía para comprar otra cosa jeje. A ella le gustaba el pescado, pero no recuerdo que lo haya guisado en casa. Le gustaba comerlo en ciertos lugares (en aquellos en donde los había comido con mi abuelo) Le gustaban ciertas galletas caras. Como no podía comprarlas para todos, compraba retacería y a mí que la acompañaba, me compraba una entera mmmmm.
Le gustaban los dulces caros, pero igual: compraba retacería para sus hijos. Y a mí me compraba uno entero. Así comía chocolates, galletas y dulces finos. Y me acostumbré a ellos. Pero no era algo habitual. Eran algo especial, para ocasiones especiales.
A mi abuelita le recordaban a mi abuelo, su gran amor. A mí, me sabían a "amor de mamá".

Cuando ya mayor, en el último viaje que hicimos juntas, cuando la acompañé a su casa, después de que le cortaran su pie en Estados unidos, me dijo: "sólo tú puedes acompañarme" porque sus hijos allá trabajaban o no podian salir, porque aún no tenían papeles; porque yo vivía cerca. Pero yo sabía que no era sólo por éso. Tuve la fortuna de estar muchas veces con ella en su vida. Desde mis nueve meses de nacida, así fué. La conocí en sus gustos, la ví llorar alguna vez. Desde que ella falleció, sentí que era mi deber hacer que los que no la conocieron, la conozcan. Es por ello que escribo tanto de ella. Me gustaría la quisieran tanto como ella nos quiso.

Para mí, decir "mamá" era mi mejor calmante. Ella nos recogió a mi hermana y a mí desde pequeñas, ella nos crió, nos dió lo mejor que pudo, nos educó igual que a sus hijos. La ví contener las lágrimas cuando se llevaron a mis hermanos, la ví tratar de llevar la fiesta en paz con sus nueras, la ví cocinar con cariño para todos sus hijos y nietos.
Para ella, su amor se volvía comida. En su casa nunca faltó comida. Esperaba siempre que llegara alguno de sus 5 hijos, sabiendo que no llegaría sólo.

Era una persona amable y afable, era servicial con todos. Supe de sus grandes dolores. De cuánto le dolían los desprecios de sus hermanos y la ingratitud de sus hijos. La ví soportar lo que pocas hubieran soportado: a don Pedrito. Yo no sé cómo ni porqué, pero ella lo entendía.
Siempre he pensado que si yo fuera tan sólo un poco como ella, sería muy buena. Pero no lo soy.
No tengo su carácter tan tranquilo. Ni tengo su paciencia. Ni tengo su fortaleza.

Ella siempre sabía qué hacer. Y sé que todo lo que hizo, lo hizo para bien de sus hijos.
También sé porqué no fué a mí a quien le encargó a sus hijos. Esto lo sé porque no fué a mí a quien dejó su casa. Sabía que yo me hubiera peleado con ellos, jeje. Ella tomaba en cuenta mi opinión, pero cuidaba de sus hijos.
Por ejemplo, me preguntó una vez qué podía hacer si deseaba dejarle un pedacito a uno de sus hijos, pero tenía miedo de que alguna de sus dos mujeres, se lo quitara.

No era fácil tomar decisiones para ella. Alguna vez me dijo "mis hijos no me ayudan". Deseaba comprar un terreno grande, pero ninguno le siguió el rollo. Había que ir a quedarse en las noches a hacer ronda. Fuimos dos noches, pero sólo ella y nosotras, mi hermana y yo. Cuando mi papá se enteró, se acabó el asuntito, jeje. Era peligroso para una mujer y dos niñas.
Además a mi papá no le gustaba el asunto, porque sabía que deseaba el terreno para sus hijos. Y sabía que éso no era conveniente y que terminaría en pleitos entre ellos.

A mi abuelita siempre le iba bien, gracias a Dios. Y cuando se empeñaba en hacer cosas inconvenientes, no le salían jeje. En cambio, cuando eran convenientes, todo le salía a las mil maravillas. Al final de su vida, cuando se jubiló, tuvo finalmente el terreno que tanto había deseado, tuvo animalitos y podía sembrar como le gustaba. Se llevaba bien con sus vecinos. Creo que tuvo una ancianidad feliz.

Si deseaba ir a ver a sus hijos, siempre encontraba la manera de ir. Encontraba quien cuidara de su casa. Encontraba quien la llevara. Encontraba quien la llevara y trajera del aeropuerto. En fin. A las buenas personas siempre les va bien. Y ella fué una buena persona.

Escribir sobre ella, me da paz. Una paz que me gustaría trasmitir.

san Mateo 9, 32-38
En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual».

En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

¿Y si vamos por el Sexto?

Por Laura Aguilar Ramírez

Todos vimos el hermoso espectáculo que puede ser un mundial, lo hermoso que es ver a jugadores de tu selección llevar los colores de tu patria jugar dando todo en la cancha, superando muchos obstáculos: días lluviosos, rivales profesionales que no fueron sencillos.

Durante muchos años, México soñó con el cuarto partido. Finalmente lo hizo el 14 de junio de 1970 cuando enfrentó a Italia en la fase de cuartos de final después de haber empatado con Rusia y haber vencido a El Salvador y Bélgica. En ése entonces, estaba a punto de cumplir 10 años, estaba internada. En la escuela priamria no se hablaba de otra cosa. No recuerdo haber visto ningún partido, pero la locura llegaba hasta el interior del internado. Nos enterábamos de los resultados en la escuela y brincábamos y gritábamos junto a nuestros compañeros en el recreo. Cuando se pasó a la siguiente ronda, fué la locura. La directora nos dejó salir al patio a gritar y brincar antes de ir a dormir. Recuerdo ésa noche con mucha alegría.

El partido contra Italia tampoco recuerdo haberlo visto. A don Pedrito le gustaba ver "Siempre en domingo" y yo escuchaba "gol" de las casas de mis vecinos. También en mi colonia, mis amiguitas estaban contagiadas con la fiebre futbolera. Al terminar el partido, nos fuimos no al ángel, porque en ése entonces no se acostumbraba hacerlo. Nos gustaba ir a un puente sobre Av. Taxqueña a ver pasar los carros que regresaban del Estadio Azteca. Pasaban con la bandera mexicana, sonando los cláxones y nosotras llevábamos nuestras banderitas y las agitábamos en respuesta. Fuimos las primeras que hicimos éso. En el último partido, el dichoso puente estaba lleno. Se sentía el movimiento, gracias a Dios están bien construidos jaja. Aún siguen en pie a pesar de tantos años. En ése entonces eran nuevos. Se construyeron cuando se hizo la línea 2 del metro que iba de Taxqueña a Pinosuarez y que se inauguró el 1 de agosto de 1970. En septiembre se amplió hasta Tacuba.
Así que cuando fué el mundial ya estaban construidos y la gente ya los usaba, aunque aún no se utilizara el metro.

Para nosotras, muchachitas era una diversión ir a ése puente a ver pasar los carros provenientes del Azteca con las banderas de sus equipos. Así me enteré que Cruz Azul fué campeón en 1969, año en que ganó el torneo de liga, de copa y campeon de campeones, a pesar de llevar tan sólo 5 años en la Primera división. Desde entonces empecé a irle a ése equipo. Su época dorada fueron los 70s.

Siguiendo con la Selección mexicana de ése entonces, se escuchaba una canción donde se mencionaban a varios jugadores; el cuate Calderón, Enrique Borja, Aarón Padilla y Valdivia. A raíz del partido perdido por 4-1 ante Italia, empezaron a llamar a Calderón que era del Guadalajara. "coladerón" no en forma despectiva, sino con el humor mexicano que nos caracteriza.

Ya llovió desde entonces, pero no tanto como la lluvia que les cayó en los dos últimos partidos que se jugaron en éste mundial de 2026. A partir de haber llegado al cuarto partido, empezó a soñarse con el quinto partido, cosa que se logró el 21 de junio de 1986. En esa ocasión se perdió contra Alemania 4-1 en rondas de penales. El partido regular y los tiempos extras terminaron 0-0. Se jugó en Monterrey, Nuevo León. Se jugaban los cuartos de final .

En ésa ocasión, viví el mundial en casa de mi hermana. Los 5 partidos en los que México jugó, los ví ahí. Era el tiempo de la famosa "ola" nacida en el Azteca. Y en casa de mi hermana, con sus tres hijos y mi hijo mayor que para ése entonces tenía 1 año y medio, hacíamos la ola al ritmo del Azteca. Fueron bellos momentos vividos con mi hermana.

En ése mundial ya se tenía la costumbre de ir al Zócalo a celebrar. Mi hermana tenía carro en ése entonces y se le ocurrió la idea de ir y pues allá fuimos. A pesar de la derrota, el mexicano encuentra algo que celebrar. Y en ése entonces, celebramos la llegada al quinto partido. Se jugó contra un grande durante 180 minutos, más los tiempos extras. También en ése mundial nos dimos cuenta de lo malo que somos para tirar penalties jeje.

Bueno... pues allá ibamos con tres niños, un bebé. Pasamos por un hotel cercano al Centro histórico y mi hermana sacó su repertorio, jeje. Sucede que unos alemanes estaban en el balconcito de su habitación celebrando el triunfo de su equipo. No entendían porqué el pueblo mexicano estaba en las calles celebrando si habíamos perdido.

Recuerdo que al vernos pasar gritando y echando porras, nos hicieron señas y nos enseñaron su bandera diciéndonos que ellos habían ganado. Mi hermana les tocó las mañanitas con el claxón jeje y con ella, todos los carros que ibamos a celebrar. Creo que en el fondo, yo tampoco entendía el motivo de la celebración, pero ir con mi hermana celebrando algo, ya era para mí, motivo de alegría.
No llegamos al Zócalo, las calles estaban repletas de gente. Teníamos que dejar el carro super lejos porque no había dónde estacionarse y no nos pareció adecuado hacerlo con los niños. Pero no nos impidió ir a celebrar con un helado a un lugar cercano.

Ayer, ví el partido de México contra Inglaterra en mi casa, con mi esposo, comiendo papas y chicharrones. Me encantó. Me encantó ver a mi selección jugar dando todo ante un rival poderoso. Porque no podemos negar que el futbol europeo en éstos momentos es el mejor. La llegada de jugadores africanos a Europa les ha dado mayor fuerza y poderío. Y nuestros jugadores no se achicaron en ningún momento. Dieron todo en la cancha

Los dos goles en contra fueron por descuidos de la defensa más que por méritos del rival que no encontraba la manera de someter a nuestro equipo.

Y me encantó el que por fin, se superara ése desaliento que parece le llega al jugador mexicano cuando va perdiendo. Mi esposo se levantó del sillón, diciendo "ya valimos" y no quiso seguir viendo. El equipo se levantó, mantuvo el ánimo y logró el gol. Un gol que resonó fuerte. Inglaterra se cerró y México, a pesar de sus esfuerzos no pudo abrir ése ostión. Pero ello no evitó que el equipo diera la vuelta olímpica, envuelto en el amor de un pueblo que se reconoce a sí mismo en ellos.

México, una nación que no se vence, que lucha hasta el final, que supera obstáculo tras obstáculo con tesón, a pesar de todo. Ese es el México que a mí me gusta ver. Ayer me sentí identificada con ése equipo de jóvenes dando todo y que cayeron mirando al sol y no goleados como ante Italia o como ante Alemania en mundiales anteriores.

Con un equipo así, me atrevo a soñar también yo.

Hace mucho no me sentía orgullosa de mi país, envuelto en cuestiones políticas, enfrentado contra sí mismo, donde la violencia no es contra otro país sino entre mexicanos: los chairos y los fifis. Donde sólo importa lo que se nos dé, donde nos vale el otro y lo que le suceda.

Por un momento, volví a ver al México que recuerdo y no en el que vivo. Por un momento, olvidé que mueren tantos sacerdotes, periodistas. Me olvidé de las personas desaparecidas, de los sombreros, de los árboles tirados en aras de construir algo que se cae sólo. Me olvidé de los ríos que corren en las grandes ciudades ya no como en mis tiempos, sino sobre el pavimento. Pienso que pronto se tendrá que ir en trajinera en lugar de autos en algunos lugares. Me olvidé del dolor de ver animales muertos por falta de agua en la región norteña y me olvidé de los temblores que tiraron medio Acapulco, me olvidé de edificios derrumbados y de tantas cosas dolorosas.

Creo que prefiero ver caer a mi selección dando todo en la cancha, que ver caer a mi país en el vicio, la corrupción, peleando unos contra otros, tomando el camino fácil del "a mí que me den" y del "que lo resuelva a ver quién".

Por un momento, volví a ver el México que amé, en el que viví y al que deseo volver a ver. Un 2-1 con goles metidos por México, no por su rival que en ningún momento tuvo el control.

Espero que México se dé cuenta que no son los otros los que determinan su rumbo, sino él mismo. Inglaterra con todo y sus jugadores que juegan en la mejor liga mundial, se vió por momentos deslucida, en ningún momento pudieron hacer algo. Los goles los metió México, dos errores y un gran gol.

En mi mente volví a ver al México que venció al mejor ejercito que había en ése momento, en la batalla de Puebla en 1862.
Al México que cayó en la Intervención americana, pero cayó envuelto en su bandera como Juan Escutia en el castillo de Chapultepec, antes de que fuera mancillada por el rival. Y que después, los vió irse sin haber logrado vencerlo en 1847.
Al México que logró su libertad rn 1821 y no al México revolucionario de 1921 donde corrió sangre mexicana a mares, tomada por manos mexicanas.

Pensaba en que la única libertad que debería soñarse es la libertad que da el tener conciencia y responsabilidad para decidir su propio rumbo, sabiendo que habrá obstáculos y que se pueden vencer si se tiene al lado alguien que luche también.
Pensaba en que la única revolución que debiera haber en nuestro país y nuestras familias, debería venir de aquella que hacen los hijos en nuestras vidas y aquella que hacen las personas que llegan a nuestra vida para hacerla mejor.

Un México que tenía fé no sólo en él mismo, sino en Dios y en su actuar.

Se acabó el mundial para México, no para otros países que seguirán jugando hasta que salgo un campeón.
Se acabó el mundial también para el país que México arropa cuando ya no está: Brasil.
Se acabó el mundial para países de América. Antes se decía que si se jugaba en Europa, ganaba un europeo y que si se jubaba en América ganaba un americano, ahora ya no es así.

Atrás se quedaron las idas al Angel (gracias a Dios, porque a mí me da miedo que lo tumben algún día aquellos que marchan encuerados en las manifestaciones proaborto o las feministas del pañuelo verde) Atrás se quedaron las idas al Zócalo donde se tiembla sólo al pensar en que se salga de control y saqueen casas y negocios como ya ha sucedido.

Se acabó el mundial, gracias a Dios. Habrá que empezar a soñar con el Sexto partido, a aprender a no fallar penales, a aprender a tirar al marco sin fallar, a hacer pases al compañero, o aquello que los que saben se tenga que hacer.

Espero estar para ver ése Sexto partido. Es el nuevo sueño.
¡Animo, México!. Antes se pensaba que un cuarto partido era imposible. Después se pensó que el quinto era inalcansable. Ya viste que no, que es posbile.

Yo creo que no es un quinto partido o un sexto. Hemos llegado a cuartos de final en ocasiones anteriores, es decir, hemos estado entre los 8 mejores equipos del mundo, lo cual no es poca cosa.

En la primer ronda actual son 32 mejores equipos o sea 16avos. Se pasa a octavos de final en la segunda ronda o sea 16 equipos. Y en la tercer ronda, se pasa a Cuartos de final o sea, 8 equipos. En donde México ya ha estado.

Lo que ha sucedido, es que se han agregado equipos venidos de Asia, Africa, y Arabia. Se les han dado más lugares. No sé la causa, pero lo imagino: la economía, la prolongación de la fiesta mundialista.
Será tal vez un deterioro en el espectáculo o en la calidad de la competencia. No lo sé.

Pero México ha estado dentro de los 8 mejores del mundo. Anteriormente, las rondas eliminatorias eran más exhaustivas, porque pasaban menos equipos. O sea, la crema y nata del futbol.  Ahora se ha dado mayor énfasis en la cantidad que en la calidad.

Así que lo hecho por el equipo mexicano tiene mucho mérito.
Y si es por cábala o porque remontar el "quinto partido" pues hay que pensar diferente: comernos el quinto, jeje. Y buscar el 6to. partido.

Tomando el camión en sentido contrario


Durante mucho tiempo al ir en el camión pasaba por una frase pintada en un cartel : "Si no quieres caer siempre en el mismo hoyo, haz algo diferente"

Y es cierto. Yo terminé de entenderlo por las malas. Cuando confunde uno "ser perseverante" con "ser necio", puede uno cometer el mismo error una y otra y otra vez.

He platicado ya lo que me sucedió en 2do. de secundaria. Saliendo de un exámen semestral, como sólo íbamos a la escuela para hacer el exámen y regresábamos a casa para tener tiempo de preparar el exámen del siguiente día, una compañera me pidió la acompañara a ver a su mamá que vivía en el Edo. de México. Después de subir a un camión, bajarnos, subir al metro, bajarnos y tomar una pesera, llegamos a la casa donde vivía su mamá con su nueva pareja y dos hijos pequeños. Pero no estaba. Entramos a la casa, porque mi amiguita sabía dónde dejaba la llave por si ocurria lo que nos ocurrió: que no había nadie.

La llamó por teléfono a casa de una hermana a ver si ahí estaba. Y sí. Ahí estaba. Le dijo que tardaría. Que comiéramos algo.

Mi compañera me dijo entonces que la acompañara a casa de la hermana de su mamá en una colonia cercana a mi casa, pero lejos de la de su mamá, porque seguramente se tardaría en platicar y ahí la podría ver. Como de quedaba de paso, la acompañé. Nuestros padres trabajaban y nadie nos esperaba en casa. Su tía muy amable nos atendió en el pequeño negocio que tenía en la parte delantera de su casa. Le dijo a mi compañera que su mamá ya se había ido, tomamos un refresco, pero no nos  invitó a pasar. Se escuchó adentro como un llanto de bebé; su tía no tenía bebés. Mi compañera entendió. Llegó el momento de irnos.

Yo conocía la Avenida en la que estábamos, o mejor dicho la había transitado muchas veces. Cuando me preguntó la tía, le dije éso muy ufana. Mi amiga tomó para su rumbo y yo para el mío. Saliendo, ví pasar un camión con la ruta ya conocida. A medida que avanzaba el camión, me dí cuenta que iba en sentido contrario al de mi casa.
Pensé en mi lógica infantil, que llegando a la estación, podía decirle al chofer lo que me había sucedido y él amablemente me llevaría gratis a mi casa, jeje.
Pensaba así, porque mi papá era chofer de camión en ése tiempo y él había hecho algo así cuando yo era pequeña.
Cuando llegamos hice lo pensado... y oh, sorpresa!!. El chofer no pensaba regresar y no podía llevarme gratis de regreso

Ahí sí sentí un balde de agua fría. Empecé a caminar hacia donde sabía estaba mi casa... pero era muy lejos. Nunca había caminado tanto. Llegué a un parque conocido. Para ése entonces ya iba llorando. Me daba pena pedir unas monedas para tomar el camión, porque había visto a varias niñas y varios niños de secundaria pedir dinero a los que pasaban diciéndo que era para el camión y en realidad era para otra cosa. No quería que pensaran que yo hacía lo mismo

Ni siquiera me daba cuenta que diciendo la verdad bastaba. Para empezar, el uniforme que portaba era diferente a los otros, era exclusivo de las secundarias técnicas. Y por ahí no había ninguna. No se anda sóla cuando se va de pinta.

Finalmente, me atreví a pedir. Unos ni caso me hicieron, otros ni me entendían porque lloraba al hablar. Hasta que finalmente un señor que había estado sentado en el parque y seguramente me había mirado en mi penar, me dió las monedas suficientes para el camión.
Sonreí agradecida y tomé el camión asegurándome que fuera para mi casa.

Eso me sucedió por necia. Pude haber pedido el dinero a la gente del camión y seguramente alguien podía haberme ayudado. Pero aunque pasé mi pesar por mi culpa, finalmente alguien me ayudó.

A mi amiguita y a mí, nos sucedió lo mismo. Ella deseaba con toda su alma ver a su mamá, pensó encontrarla en su casa, la buscó, pero no pudo verla. No me dijo nada, pero sabía que estaba en casa de la hermana y no quiso salir. Yo confié en que un chofer se compadecería de mí y tampoco fué así.

Tanto mi amiguita y yo, teníamos a quien nos daba su amor y cuidado. Ella a su papá y yo a mi abuelita, pero insitíamos que nos aceptaran quienes no podían hacerlo. Su mamá no podía recibirla porque su esposo se enojaba y tenía dos niños pequeños que necesitaban de él. Su mamá sabía que estaba bien cuidada por su padre, pero sus hijos pequeños necesitaban del suyo.

Yo deseaba con toda mi alma, que mi papá viviera con su segunda mujer y mis hermanos y me llevara con ellos. Y éso tampoco era posible porque su mujer no nos aceptaba viviendo con ellos. A diferencia de mi amiguita, yo aceptaba la situación, pero me dolía tanto como a ella.

Al escuchar el Evangelio de hoy, recordé cuántas veces había recibido ayuda del cielo y no me daba cuenta. Había encontrado un dinero donde menos lo pensaba y sin buscarlo. Un día en que mi esposo compró un billete de lotería porque necesitaba dinero y lo puso a una imágen de la Virgen. Yo me burlé en mi interior. Pensé que el dinero se logra trabajando y no desperdiciándolo como lo hacía.

Haciendo el quehacer, levanté el colchón cosa que no hacía muy seguido. Y encontré unas acciones que ni mi esposo recordaba tener y que era lo que necesitaba.
Ni siquiera lo asocié con la petición a la Virgen. Mi esposo no era muy fervoroso que digamos y ni siquiera le gustaba ir a la iglesia aunque se lo pidiera. Se burlaba de éso.

Años después, ya en Ensenada, mi esposo me acompañó a la Adoración nocturna. Tan asustado estaba por mi intento de suicidio que hubiera hecho cualquier cosa. Saliendo, le habló a nuestro hijo que en ése tiempo de adolescente se nos estaba saliendo del huacal como muchos: llegaba tarde por andar con sus cuates, se desvelaba

Al llamarle a su celular (nosotros desde un teléfono público y él con celular cosa que pocos tenían por nuestro rumbo), acababa de sufrir un accidente. Cerró los ojos por un instante y cuando los abrió, estaba a punto de estrellarse con un cerro, dió un volantazo, dió varias vueltas y el carro se detuvo cuando chocó con una gran piedra. Mi hijo no sufrió ni un razguño, gracias a la Virgen.

Precisamente cuando estábamos orando, sucedió el accidente. Mi esposo le dijo que se quedara ahí, que iba a ir por él. No recuerdo cómo, pero llegó. Alguien lo llevó en su carro, no recuerdo. Pero llegó. Mi hijo estaba llorando. Era de madrugada. El lugar donde se quedó era muy peligroso, lo tapaba el cerro, alguien que diera la vuelta podía volverlo a impactar. Gracias a Dios, parecía que algo lo cubría porque aún en la oscuridad, nadie le pegó.
Supe inmediatamente que la Virgen lo había protegido. Como en el Evangelio, sucedió a la misma hora en que orábamos en la iglesia.

Dios llama, pero muchas veces no entendemos porque el ruido del mundo no nos deja escuchar o la luz del mundo nos deslumbra. Como cuando vivimos en una ciudad y ya no vemos ni las estrellas, al ir a un lugar despejado, sólo, nos sorprendemos de ver tantas en el cielo.

Dios, a pesar de nuestra terquedad, sigue llamando. Y sigue perdonando. olvida como dice la Primera lectura. Hace de nosotros un vaso nuevo, en un cielo nuevo,en una tierra nueva.

Pero no es que saque una varita mágica. Nos toma como si fuéramos tierra, agrega agua, forma barro y nos moldea. Nos amasa, nos da forma. Yo me imagino que si el barro sintiera, podría quejarse o llorar por las masajeadas. Por mucho que lo haga con cuidado y amor.

Y luego hay varios tipos de tierra: roja, negra, amarilla, etc. de acuerdo a los minerales que contiene. unas son más sencillas de moldear, otras más resecas, otras más pedregosas. En fin. Así nosotros, tenemos distintas capacidades y distintas circunstancias.
Unos, esperamos a ver signos visibles para creer. Otros, aunque los veamos, los achacamos a la suerte, a la casualidad y peor, a otros dioses.


Primera lectura
Isaías 65, 17-21

Esto dice el Señor: "Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; ya no recordaré lo pasado, lo olvidaré de corazón

Se llenarán ustedes de gozo y de perpetua alegría por lo que voy a crear: Convertiré a Jerusalén en júbilo y a mi pueblo en alegría.
Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo.
Ya no se oirán en ella gemidos ni llantos.

Ya no habrá niños que vivan pocos días, ni viejos que no colmen sus años y al que no los alcance se le tendrá por maldito.
Construirán casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán sus frutos''.

Salmo Responsorial
Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b
R. (2a) Te alabaré, Señor, eternamente.


Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Amós 5, 14

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Busquen el bien y no el mal, para que vivan,
y el Señor estará con ustedes.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: "Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen". Pero el funcionario del rey insistió: "Señor, ven antes de que mi muchachito muera". Jesús le contestó: "Vete, tu hijo ya está sano".

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: "Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre". El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo ya está sano', y creyó con todos los de su casa.

Ésta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.

Honor y Gloria a Tí, Señor

por Laura Aguilar Ramírez


Tengo ya 28 años de haber regresado a la Iglesia. Y digo regresado, porque en mi infancia fué parte de mí. Estuve en un internado donde religiosas nos enseñaban y cuidaban. En el rancho, se iba a misa dominical. En el segundo internado donde estuve, también estaba dirigido por alguien católico. Orábamos en las noches juntas, se mandaba al catecismo a las niñas para la Primera comunión.

En mi adolescencia me alejé. Seguía siendo creyente, pero me alejé. Al casarme, lo hice por la Iglesia. Pero sólo iba a misas de celebraciones como bodas, bautizos, etc.
Después de 16 años de casada, de vivir sin Dios prácticamente, de perder la casita de interés social que estábamos pagando y con ella, la manera en que ayudaba al patrimonio de mi familia, puesto que era costurera en casa. Después de vivir un año en Puebla donde no tenía con quien dejar a mis hijos para trabajar fuera y donde no tenía clientas para la costura, decidimos mi esposo y yo, irnos a Estados Unidos.

Tratamos de sacar la visa para mí y mis hijos, para mi esposo no, porque no tenía pasaporte ya que no hizo el Servicio militar y era requisito para obtenerlo. Me negaron la visa. Soy muy transparente en mi cara y seguramente se dieron cuenta que estaba mintiendo. No me creyeron que iba a llevar a mis hijos a pasear a Disneylandia jeje.

Para pagar los pasaportes y la visa y para venirnos, se necesitaba dinero, así que pusimos en venta todo lo que teníamos muebles, ropa, todo. Mi esposo se quedó en el departamento vacío. Sólo se quedó con la recámara y el tanque de gas. El departamento contaba con cocina integral. La recámara y el tanque de gas, ya estaban vendidos también, pero nos los dejaron usar hasta que se viniera él. Mis vecinos eran buena gente y nos ayudaron mientras vivimos ahí.

Así fué que a fines de Septiembre, tomamos un camión hacia Ensenada donde vivía una tía abuela. Veníamos mi hermana, sus dos hijas, mi abuelita (si, para que intercediera con su hermana para que nos recibiera acá) mis dos hijos y yo.

Mi tía se espantó al vernos llegar a tantos, jeje. A mí me había ofrecido su casa cuando tuve 10 años, después a los 20 y cuando mi abuelita se enfermó de un síncope cardiaco por acá y vine a verla, me la volvió a ofrecer. Así que me vine sabiendo que iba a ser bien recibida por mi tía. Se tranquilizó cuando supo que mi hermana con sus hijas se iban a pasar al otro lado. Ellas sí tenían pasaporte y visa.

De las primeras cosas que hizo mi tía por mí, fué llevarme a la Iglesia. Ella iba los domingos a misa y me pidió la acompañara. Cada domingo la acompañaba. Volví a casa de la mano de mi tía abuela.
Desde entonces no me he vuelto a alejar.

Cuando me dió la depresión, Cristo me sostuvo. Me recuerdo rogando de rodillas ante su altar por mis hijos y por ayuda. Me sentía muy mal. Todo lo perdido se me vino encima. Había soportado las pérdidas de mi casa y de mi negocio. Había soportado un año de pedir prestado en la semana para pagar el sábado. Había soportado vivir en un departamento donde se debía la luz de varios años y tener que esconderme cuando iban a tomar la cuenta. Me resultaba muy difícil cada mes, darle la cara al arrendatario, un ingeniero muy bueno, dueño del departamento, que me decía que no me preocupara, que podía pagarle cuando tuviera.

Mi marido se enojaba cuando le deçía que había ido a cobrar la renta. No ganaba lo suficiente. Empezó a tomar desde que perdió el trabajo dos años antes de la depresión económica que sufrió el país a principios de 1994.

Cuando se decretó que el Gobierno absorbiera los Bancos, él perdió su trabajo ya que laboraba en un Banco por ése entonces. Al entrar el Gobierno, entraron también nuevas personas. Lo mantuvieron mientras les enseñaba lo que hacía. Después lo despidieron como despidieron a miles de trabajadores bancarios.
Como se dice, "lo que se va a comer, que se vaya cocinando". La depresión económica del 94, se cocinó años antes. Fué el resultado de malas medidas económicas que afectaron la vida social del país.

Mi esposo de por sí, tenía tendencia a no controlar la bebida. Decía mi papá "yo controlo el alcohol, no el alcohol a mí". Pues mi esposo no decía lo mismo. Decía que no tenía problemas con el alcohol cuando yo le decía que una persona alcoholizada no reacciona de igual manera ante las circunstancias, que el alcohol aletarga los movimientos de una persona cuando maneja por ejemplo. No se reacciona tan rápidamente como debe hacerse. El decía que no.

Poco a poco, fué aumentando la bebida. No descansaba hasta que se acababa la botella y después empezó a salir a comprar más.
No iba al trabajo borracho, ni siquiera crudo, porque su cuerpo absorbia el alcohol, pero éso no quería decir que fuera buena su manera de tomar.

Cuando perdió el trabajo, le dieron una compensación que metió al Banco a plazo fijo, confiando en que encontraría pronto otro. Pero no fué así. Eran miles buscando trabajo. Le ofrecían salarios que rayaban en lo ridículo después de hacer filas de 50 personas. Yo le aconsejaba que tomara un trabajo aunque le pagaran poco, que "es peor chile y agua lejos". No me hizo caso.
Yo trabajaba de costurera en casa, me iba bien, pero no para sostener la casa, "ahí nomás para el gasto" como decía mi suegra. Era sólo para ayudar a mi familia, no para mantenerla sóla.

Al descontrolarse él, también yo me descontrolé. Me ofreció una vecina vender de casa en casa haciendo demostraciones, aprovechando que tenía muchas clientas. Así empecé a andar por media ciudad comprando y vendiendo de todo: porcelana, ropa, electrodomésticos, etc. etc.

Empecé a descuidar mi casa y a mis hijos. El empezó a trabajar con una pariente, pero no le pagaba, porque estaba empezando. Gastaba en comida, en gasolina y aveces hasta le prestaba a su pariente, jeje.

Mi vecina me hizo una trastada con las cuentas y dejé de vender porque no podía hacerlo sóla. No sé manejar y necesitaba alguien que tuviera carro. Mi esposo me dijo que volviera a vender, que él manejaría. Lo hicimos así, y efectivamente, él manejaba mientras yo atendía el changarro como se dice. Pero no daba tiempo para ir a cobrar lo que se había vendido antes. Le pedí ayuda, le dije que fuera a cobrar mientras yo hacía las demostraciones. No quiso hacerlo, porque le daba pena con las señoras (normalmente eran señoras las que prestaban su casa para las demostraciones a cambio de un regalo que dependía de la venta). Se quedaba en el carro mientras.

Eso causó problemas entre nosotros. Vendíamos, pero no cobrábamos. Así no es negocio.

Con lo poco que pude cobrar de algo que me debían, puse una tienda. Aún en contra de lo que mi marido decía. El no quería hacer de su casa un lugar de negocio, pero no había de otra.
Así que acondicioné la sala-comedor de la casa, hice promoción con mis vecinas, decidí un día para abrir.
Pero él no cooperaba. No deseaba tener tienda. Le daba pena con los vecinos. Lo habían visto salir en su carrote, vestido con su trajesoten y verse de tendero como que no.

Recuerdo ése día. Era domingo, se puso a tomar con su papá. Por más que le insistía en que al día siguiente, debíamos abrir la tienda y que todavía no se había comprado la mercancía, no me hacía caso. Llegamos a la casa bien tarde.

Pues me fuí en camión a la Abarrotera, compré para empezar el changarro, me regresé en taxi. Mientras él dormía la mona.
No abrí a las 7 de la mañana como habíamos planeado, sino a las 12, pero abrí el día que había prometido.
Mis vecinos sabían que era yo una persona responsable y confiaban en mí. Y yo sabía que me ayudarían, que a pesar de haber varias tienditas, no me dejarían morir sóla. Y no lo hicieron, me tuvieron paciencia cuando no había una marca específica. Procuraba tener un poco de todo para no decir "no hay, no hay", pero no tenía mucho surtido de marcas.

Así, empezamos una tiendita que nos salvó de la ruina total. Durante un año la mantuvimos. Alcanzó para pagar las deudas contraídas durante los dos años que no trabajó, confiado al dinero que tenía en el Banco. Dinero que era mucho menos de lo que me había dicho.
Cuando lo recibió como compensación, no faltó a quien prestarle. Lo hizo sin saberlo yo.
Teníamos las tarjetas de crédito al full.

El dinero en el Banco se hizo agua. No trabajaba, pero gastábamos como si fuéramos ricos. Insistía en pasear. Hicimos varios viajes a Acapulco y no faltaban excursiones con su familia. Yo veía cada vez con más preocupación, cómo se gastaba. Trataba de controlarlo, de hablar con él, pero no me entendía. Y yo cedía siempre por "llevar la fiesta en paz". Ni siquiera disfrutaba de los paseos, ni de las fiestas en las cuales se bebía cada vez más.
Así que cuando tuvimos la tienda, fué para pagar las deudas, las tarjetas y demás.

¿A quienes les prestó? no lo supe entonces, ni lo sé ahora. Pero no le pagaron.
Tuvimos finalmente que traspasar la casa. Llegó un día bien triste. Después de Navidad y Año Nuevo en que se vendió toda la existencia prácticamente, no tuvimos para volver a surtir.

Busqué a quién traspasar la casa. La tuve que ofrecer barata porque urgía el dinero. Y ahí me llevé la sorpresa: no había pagado la casa desde antes de perder el trabajo. Llevaba varios años sin pagar. Así que como ya se había hecho el trato para vender la casa, tuvimos que pagar el atraso y no quedó prácticamente nada.

Tuve qué pensar a dónde irnos. Teníamos todavía mercancía, nuestros muebles y éramos aún jóvenes. Podíamos salir adelante.
Elegimos Puebla por tener él familia ahí, por estar cerca de la familia de quien no quería alejar a mis hijos. Habíamos ido antes varias veces para buscar casa que tuviera local para poder vender.

Encontramos una. Hicimos el trato y se fijó la fecha en que debíamos dejar la casa. Lo hicimos con delincuentes, porque aún le debíamos dinero a una persona. Eso me dolía mucho.

Contratamos dos mudanzas: una con lo de la casa y otra con lo de la tienda.
Al llegar a Puebla, fué la sorpresa final: Había rentado un local lejos de la casa, un departamento muy cómodo, pero caro y otro local para que mi hermana vendiera pollo al carbón. Tres rentas en lugar de una, si hubiera cerrado el trato que habíamos quedado.
Sucede que el día en que se debía cerra el trato, me quedé guardando todo en cajas y él fué a Puebla a cerrar el trato.

Cuando estuvimos buscando, encontramos una casa no muy grande, con un local abajo, con patio grande donde mi hermana podía vender el pollo al carbón. En una colonia no muy lujosa, pero con posibilidades para la venta, para empezar y para salir adelante.
Allá siguió tomando.

La tienda no funcionó en el local que rentó en una colonia bonita. No se paraban ni las moscas. Yo me la pasaba sacándole la vuelta al casero y al de la luz. El local donde se iba a vender pollo, estaba mal situado. Se gastó para acondicionarlo y no se sacó ni lo invertido.

Terminamos por dejar los dos locales y él entró a trabajar en un negocio con su familiar. Un negocio que se puso con dinero sacado de la venta de un carro nuestro. Negocio que no daba. Pedía prestado para comer y el sábado se pagaba. No daba para nosotros, pero para el pariente le dejaba para comprar muebles y adornos lujosos en su casa

Así decidí seguir a mi hermana cuando me dijo que se iba a Estados Unidos.
No pudimos ir porque no conseguí que me dieran la visa. Decidí quedarme aquí, cuando ví que había posibilidades, que podíamos volver a empezar, de cero, pero empezar de nuevo

Como dije antes, regresé a la Iglesia. Regresé como "la gata revolcada". Pero regresé.
Me hinqué ante el altar de Dios y le pedí ayuda, antes de hundirme en la depresión que me llevó a un intento de suicidio y a vivir 5 años perdida, al borde de la locura.
Simplemente me desplomé después de 16 años de batallar con el alcohol que reinaba en su familia.

Aquí encontré finalmente paz. La encontré gracias a Dios. Hincada en su Iglesia. No pude trabajar como hubiera deseado, no podía hacerlo sin descuidar a mis hijos que ya estaban bastante afectados al ser sacados de un lugar seguro, después de perder su casa, sus amigos, su familia, de ver a su madre derrumbarse ante sus ojos y de ver a su padre perdido en el alcohol.
Tenían tan sólo 9 y 11 años. Si mi mundo se desplomó, el de ellos también.

Fué muy dolorosa ésa etapa. Sólo Dios pudo sacar a mi familia de ella. Agradezco tanto que mis hijos no se perdieran en el vicio, como muchos muchachitos lo hicieron.

Mi esposo retomó el camino que había perdido. Volvió también a la Iglesia, mucho después que yo, pero ha vuelto también.

Nada ni nadie pudo sacarnos adelante, sino Dios. Sólo El iluminó mi vida en la oscuridad en la que había caido.

No pude trabajar en una fábrica durante mucho tiempo, ni en un hotel, ni en una casa aunque trabajé así. Tampoco pude trabajar por mucho tiempo como costurera.
Pero hasta éso me dió Dios. Pude trabajar en casa, en internet durante 16 años. No ganaba mucho, pero podía ayudar a mi familia.

Es cierto aquello de "Busca primero el Reino de Dios, que lo demás te será dado por añadidura"

Nunca he leído el libro de Ester o no le había puesto atención hasta hoy, y éso que escucho la misa casi a diario y voy a misa los domingos desde hace 28 años. 
Dios no es un Dios que hace milagros y lo deja a uno después. Dios permanece con uno, lo toma de la mano y no lo suelta. No es que voy cuando me urge y después ahí regreso hasta la otra revolcada. Debe uno permanecer como la vid en el sarmiento.
Pero no es sencillo éso. Hay vientos y tempestades que pueden hacernos caer y desprendernos del sarmiento

Es por éso que sigo necesitando de Tí, Señor. No me dejes caer de tu Mano.
No permitas que vuelva a alejarme de Tí, Señor porque soy débil ante las tentaciones.
Gloria a tí, Señor


Las lecturas de hoy, resumen lo que he vivido en mi matrimonio que ya mero cumple 45 años. Sólo Dios nos ha sostenido y nos ha sacado del agujero en que estábamos metidos y ha reconstruido nuestras vidas.

Lectura del libro de Ester 4, 17k. l-z
En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.

Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.

Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.

Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».


Salmo de hoy
Salmo 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8

R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».


Los dichos de mi abuelita

Por Laura Aguilar Ramírez


El Evangelio de hoy realmente hace reflexionar.
El resultado de ésas reflexiones se vuelven recuerdos, se vuelven historias, se vuelven cuentos. Es la manera que Dios me dió para comunicar lo que El me inspira.

Nos habla de Jonás a quien le dió una encomienda: predicar a los de Nínive una gran ciudad un mensaje. Jonás se negaba a ir porque era una gran ciudad y los ninivitas eran poderosos, inteligentes, estudiados y vivían de manera desagradable a Dios, adoraban dioses extraños, adulteraban, se emborrachaban y se daban a los placeres. ¿Qué iba a decirles un pobre como él, le harían caso? Además, si Dios deseaba que los ninivitas se convirtieran, pues que lo hiciera El que era tan poderoso y con un soplo los podía destruir.

Así que se embarcó hacia otro lado, lejos de la gran ciudad. Y entonces la embarcación en la que iba, se enfrentó a una gran tormenta. Los marineros de ése tiempo, eran superticiosos. Pensaron que alguien debía ser el responsable de que los dioses estuvieran enojados. Ellos eran paganos. Jonás, al ver que iba a ser devorada la embarcación por la tormenta, les dijo que él era el responsable.

Ellos lo arrojaron al mar y la tormenta se calmó. Una ballena lo tragó. Jonás permaneció 3 días dentro de la ballena. Cuando la ballena lo expulsó, lo hizo frente a las costas de Nínive.
A Jonás no le quedó otro remedio que hacer lo que Dios esperaba de él. Anunciar que Dios iba a destruir a Nínive si no se arrepentían y hacían penitencia.

Los ninivitas se convirtieron. Pero Jonás se enojó porque no los había destruido Dios como merecían por sus pecados. Jonás se enojó con Dios. Lo había castigado a él que no hacía adulterios, que no se emborrachaba, que no hacía actos impuros y no destruía a toda ésa ciudad tan pecadora.

Podemos ver que Dios es justo, pero también es misericordioso. Llama a los hombres a arrepentirse y a cambiar, a dejar de hacer lo malo y regresar al buen camino.

Aveces yo soy como Jonás. Como he platicado, mi madre y mi padre se separaron. Eran muy jóvenes y no sabían lo que hacían. Mi mamá nos llevó con ella, pero se le complicó la vida por ello. Así que nos entregó a mi abuelita paterna, quien nos crió. Teníamos 2 años mi hermana y yo 9 meses.
Ella necesitaba trabajar, nos encargó con su hermana quien tenía hijos también. Nosotras estábamos acostumbradas a tener cada quien lo suyo, mi papá no se cansaba de procurarnos lo necesario. Teníamos cada una nuestros vestiditos, nuestras cositas. En casa de mi abuelita matern, todo era de todos.
Obviamente al ser tan pequeñas, no entendíamos que de pronto, nuestros vestiditos se los pusieran a la primita, o que nuestros juguetes se los quedaran los primitos o que los alimentos que llevaba mi abuelita se los comieran y nosotros no alcanzáramos siquiera.
Mi hermana se enojaba a pesar de ser pequeña y les quitaba los vestiditos o los juguetes. Les peleaba los alimentos porque nos dejaban sin nada.

No eran justos. Se quedaban con lo nuestro y nosotros como el chinito, nomás mirando.
Como mi hermana peleaba por lo nuestro, yo lloraba de hambre porque mi comida se la daban a los primitos. Nadie nos soportaba.

Mi mamá quedó embarazada de mi hermano menor. El creció con la familia de mi abuelita materna. A los ojos de todos, era sobrino de nuestra madre. Yo lo conocí cuando tenía 16 años y él 15.

Crecimos los tres hermanos separados. Mi hermana creció en un internado con la hija menor de mi abuelita y yo permanecí con ella por ser más pequeña. Cuando llegó el momento de ir al internado también, mi hermana no estaba acostumbrada a mí sino a sus amiguitas. Las prefería a ellas más que a mí.
En las vacaciones nos quedábamos en el rancho de la comadre de mi abuelita, madrina de mi tía. Y ahí mi hermana y mi tía se movían como pez en el agua y yo era una extraña.

Reresé con mi abuelita y vivía muy contenta en casa de don Angel con sus hijas. Mi hermana y mi tía, iban de vez en vez. Ellas eran felices en el internado y en el rancho.
Mi hermana peleaba con las hijas de Don Angel que era viudo. Como ya he platicado, su esposa falleció de cáncer y era amiga de mi abuelita. Ella le dijo que se casara con su esposo y que cuidara de sus hijas. Vivímos desde entonces como familia: mi abuelita, Don Angel, sus hijas y yo.
Lo hijos de mi abuelita permanecían en internados porque ella tenía que trabajar. Pero llegó el momento en que tuvieron que regresar con ella y empezaron los problemas.
Las primeras que regresaron, fueron mi tía y mi hermana. Los otros ni chance tuvieron.
Mi hermana se encargó de ello, jeje. Se peleaba con las hijas de Don Angel, me jalaba como si fuera su muñeca para después botarme. El chiste era evitar que estuviéramos contentas si ella no lo estaba.

No alcanzaba a entender que ya mi tía había salido de la secundaria y tenía que dejar el internado. Y que al dejarlo ella, también mi hermana debía dejarlo. Ella era hija de mi abuelita y nosotros no.

Mi papá trató de juntarse con otra mujer que tenía hijos, pero ella no aceptó a mi hermana que peleaba con su hija.
Eso acarreaba problemas entre su mujer y mi papá, que terminaron separándose.
Yo viví en otro internado desde los 8 años hasta los 12.

Finalmente, mi papá se casó con Sarita, quien era muy paciente y se hizo cargo de mi hermana. Ella supo tratarla y supo apoyarla, supo guiar su temperamento tan activo. Ella le explicaba las cosas, no la golpeaba y gritaba como mi abuelita.
Pero yo debía permanecer alejada de ella. De alguna manera, me culpaba de la separación de mis papás.
Y es que era tan pequeña cuando se separaron. Ella había sido feliz en Acapulco, con nuestros padres juntos, con amiguitos. Pero nací yo y la cosa se empezó a complicar.
Como todo en la vida, se juntan varias circunstancias para que se dé algo.
El abuelo de mi papá falleció, empezaron problemas por la repartición de los terrenos. Mi papá pasó por una etapa difícil, lejos de su familia, se vió de pronto robado por sus tíos que hallaron la manera de quitarle el terreno que le había dejado su abuelo.
Mi mamá no podía cuidar de las dos. Mi hermana era muy activa y yo lloraba mucho porque no le daba tiempo para cambiarme el pañal y darme de comer.
Se regresó a la CDMX mientras mi papá se quedó por su trabajo. El era grumete en un barco de la Marina Nacional, debía permanecer en donde le habían asignado.
Entonces empezó la lucha entre los dos. Ella a que le diera más dinero, porque al vivir con su mamá que tenía a la familia tan cerca y donde todo era de todos, pues no le alcanzaba para darle a todos. Mi papá a que no podía darle más. Realmente con lo que él daba, alcanzaba para vivir bien, pero si vivía con su familia, pues no alcanzaba.

Mi mamá se fué a quejar con mi abuelita de que mi papá no le daba dinero, seguramente aconsejada por su madre. Mi abuelita fué con el Almirante jefe de mi padre, quien dictaminó que le fuera entregado el cheque de mi papá a mi mamá para que nos mantuviera.

Mi papá se enojó tanto, que desertó de la Marina. Como su padre lo había registrado con su verdadero apellido, volvió a usarlo.
Mi papá tenía dos actas de nacimiento. Una con el apellido de su padre que lo registró como hijo. Cuando su papá, mi abuelito falleció, mi abuelita lo dejó con sus papás, mis bisabuelos. Ellos lo volvieron a registrar. Lo hicieron con su apellido.
Esto, porque los papás de mi abuelito querían quedarse con mi padre. Como era hijo único, quisieron quedarse con él

Así que mi papá regresó a la CDMX con otro apellido. Trató de arreglar las cosas con mi mamá, trató de que volvieran a vivir juntos. Lo que menos deseaba, era que sus hijas vivieran como él había vivido de pequeño.

Mi mamá no entendió razones. Y menos si como sucedió, él empezó a ganar menos dinero. En la Marina ganaba más. Empezó a trabajar de chofer en una línea de camiones y ganaba menos.
Rentó una vivienda cerca de una tía quien les ayudaba, pero a mi mamá no le alcanzaba ningún dinero.
Total. Que terminaron separándose.

Al poco tiempo, mi mamá nos entregó con mi abuelita. Mi hermana fué la que más sufrió con ello. Adoraba a mi papá. Me culpó a mí de la separación. Aunque no tuve culpa alguna en ello.

Esto me lleva a pensar que si uno acepta una situación, la acepta con todas sus consecuencias.
Si uno se casa, debería saber que habrá buenas y malas y regulares.
Pero si a la primera, se raja uno, condena a los hijos a vivir como vivimos nosotros: separados.

Somos tres hijos de ésa unión. Y los tres vivimos separados unos de otros.
Crecimos sin hermanos, sin padres. Siendo vistos como pegostes en una familia que nunca terminó por aceptarnos.
Algunos me llaman tía, otros me dicen prima. Mi abuelita nos decía hijas, pero a sus hijos les decimos tíos.
Tuve dos padrastros: Don Angel que era muy lindo conmigo, pero que no lo fué tanto cuando llegaron más hijos de mi abuelita y Don Pedrito que quería a mi abuelita para que lo atendiera, pero no a sus hijos con ella.

Tuve tres madrastras: una que me aceptaba a mí, pero no a mi hermana.
Otra, que aceptaba a las dos, pero nadamás una viviendo con ella.
Y la última, que quería a mi papá sólo para ella y sus hijos. Los demás éramos multitud.

Creo yo que el matrimonio es un compromiso que se contrae con la pareja, pero también con los hijos que nacen de ésa pareja.
Que si uno se casa, debe sabe que los hijos son resultado de ésa unión, pero además hacen más fuerte ésa unión. Son una hermosa cadena que mantiene unidos a una pareja con lazos más fuertes que el lazo que nos colocan cuando se casa uno por la Iglesia.

Cuando uno se casa, se intercambian anillos como símbolo del compromiso que se hace uno con el otro.
Se recibe de manos del esposo, las arras como símbolo del compromiso que hace la esposa para cuidar del dinero que le es entregado.
Se les une con un lazo que simboliza el amor de ambos. De ése amor nacen los hijos que unen mucho más fuertemente a una pareja.

En la actualidad, nada de éso tiene importancia.
Cristo dijo: "lo que ates en la tierra, será atado en el Cielo
lo que desates en la tierra, será desatado en el Cielo
".

¿Por quién es atado o desatado en la tierra? Por aquellos que Cristo mismo con el poder que le dió el Padre, designó para hacerlo.
¿Por quién es atado o desatado en el Cielo? Por Cristo mismo que mandó hacerlo como Dios Padre desde que formó al hombre y a la mujer designó. Ser dos en uno, tomada la mujer de la costilla del hombre o sea, parte de él.
El Padre le dió el poder a Cristo. Cristo es el Verbo o sea la Palabra de Dios hecha hombre. El Padre habló antes por una zarza ardiendo a Abraham, por medio de ángeles a los profetas.
Envió finalmente a su propio Hijo que es Palabra hecha carne. Lo que dice Jesucristo es lo que Dios le mandó decir a la humanidad.

Tal como envió a Jonás a los ninivitas. Jesucristo es más que Jonás. El es el Hijo de Dios, el Verbo de Dios hecho hombre.
En la actualidad, como en Nínive, se viven adulterios, las mujeres proclaman el aborto, se adoran dioses raros, existen chorrocientas de pseudo iglesias en donde se enseñan doctrinas raras y cada vez más.

Esas pseudoiglesias son nacidas de una gran ruptura hecha por Lutero. Cuando él se separó, varios lo siguieron. De ésa separación, han nacido todas las pseudoiglesias que existen en la actualidad.
Es como nosotros. Cuando mis papás se separaron, condenaron a sus hijos a vivir separados entre ellos, a vivir sin ellos, con nombres que ni siquiera es el suyo.
Por derecho, mi apellido no es el que llevo, sino el que mi abuelito le dió a su hijo, mi papá. Mi hermano lleva el mismo apellido, mi hermana lleva otro.
Vivimos cada chango en su mecate como se dice. Porque no podíamos vivir juntos, ya que nadie nos aceptaba juntos. Sólo mi abuelita nos aceptó, pero aunque nos trató como a sus hijos, ciertamente le daba preferencia a ellos antes que a nosotros.
Si había que limpiar, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si había que ir al mercado, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si había que levantarse de madrugada para ir a la Conasupo, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si sus hijos necesitaban a alguien para cuidar de sus hijos, nos mandaban a hacerlo.

Por supuesto que no culpo de ello a mi abuelita. Ella nos cuidó siempre. No tenía obligación de darnos lo mismo que a sus hijos.

Mis padres no estaban conscientes de lo que hacían.
No los culpo.

Mi papá quedó huérfano de padre y qué padre tuvo. Un verdadero hombre. Quedó huérfano a edad muy temprana. Mi abuelita lo dejó con sus papás, mis bisabuelos quienes lo quisieron y criaron como a nosotros. O sea, como hijo pero sin los mismos derechos que sus hijos. Aunque suene raro. si bien le dejó un terreno al morir, también es cierto que sus tíos se lo quitaron después.

Mi mamá fué hija de un matrimonio que se separó. Mi abuelita materna se juntó con otro señor. Tuvo otros hijos con él. Mi mamá es como mi hermana. La mayor de tres hermanos, hijos de padre y madre. Cuando se separaron sus padres, tuvo un padrastro.
Según supe después, no fué muy bueno con ellos.

Se juntó el roto con la descosida como se dice. Y por más que lo intentaron, no funcionó la cosa.

Cuando me llegó el momento de elegir el tipo de vida que iba a llevar, no dudé en casarme.
Definitivamente, quedarme soltera en casa de mi abuelita, no era lo más deseable. Ser la sirvienta con título de tía o prima, o sea, sirvienta sin sueldo, no era lo que alguien en su sano juicio, más quisiera.

No ha sido sencillo mi matrimonio. No he tenido apoyo de mis padres. Mis cuñados no alcanzaban a entender el porqué me acercaba tanto a mis suegros.
Finalmente, hemos tenido que vivir lejos de ellos. Y con ello, condenamos mi esposo y yo sin quererlo, a mis hijos a vivir con tíos y primos lejos. Es algo que no pude evitar. Luché con todo lo que pude, para evitarlo. Ayudé a mis suegros con todo lo que tenía a la mano, para ayudar a que mis hijos tuvieran una familia, tuvieran primos, tuvieran tíos, tuvieran abuelitos que los quisieran.

Es por ello, que me alegra ver a mi hijo casado, con un hijo y esperando otro. Ver que aunque han pasado buenas, malas y regulares, aunque viven lejos de nosotros, ven a mi nietecito crecer junto a amigos, con abuelitos, con primos y tíos.

Yo, al igual que Jonás, trato de evangelizar, trato de decir a otros lo que yo, lo que mis padres, lo que mis hermanos hemos vivido para que la historia no se repita. Para que haya cada vez más, familias que permanezcan unidas.

Mis suegros estuvieron juntos 50 años. Sus hermanos entre 40 y 60 años de casados. Yo fuí testigo de sus matrimonios. Su ejemplo era lo que me daba fuerzas para a mi vez, mantener mi unión matrimonial.

Me duele ver que ahora, sus nietos viven cambiando de pareja como de calzón, como diría mi suegra.
Me duele porque sé que a ellos no les gustaría verlos.
Ellos, en vida, trataron de darles un ejemplo, lucharon por mantenerse unidos a pesar de las muchas cosas que se soportaron mutuamente.
Mi suegra, con su sonrisa siempre, escondía dolores a sus hijos. Mi suegro, siempre trabajador, soportó mucho por ver a su familia junta.

Cada vez que me siento ganas de tirar la toalla, miro el retrato de mi suegra que tengo en un lugar bien visible y me pregunto ¿qué haría ella? Sé que yo no soy ella, ni tengo el carácter de ella, por lo tanto, no puedo hacer las cosas del mismo modo porque no son mis modos, pero sí tomo su ejemplo de fortaleza. Y trato de ser paciente como ella lo fué.

La sonrisa sí me cuesta jeje. Tengo cara de sargento mal pagado desde que nací jeje. Alguna vez leí lo que puso una persona cuando me entrevistó para un trabajo. Como trabajé en el archivo de personal, tuve acceso a mi expediente.
Decía "tiene una actitud seria y atenta". Esa soy yo. La sonrisa me cuesta, pero soy seria y procuro estar atenta.

Mi abuelita me decía: "come, no tires la comida a la basura. Hay muchos niños que no tienen qué llevarse a la boca".
Me lo decía cuando ponía cara de fuchi al ver lo que ponía en mi plato. A veces eran tripas de pato, aveces hígado (como lo guisara, encebollado o en chile pasilla no me gustaba mucho) aveces nos hacía ubre de vaca.
Me encantaban otras cosas como las alcachofas que no se consiguen tan fácilmente. O el pan de dulce, especialmente los hechos con masa de hojaldre que eran más caros

Me gustaban muchas cosas que ella no podía comprar.
También me decía "ay, hija. Ibas para rica, pero en el camino te desfundaste" para decirme que no fuera presuntuosa, que no todos tenían jabón para bañarse como yo, aunque fuera detergente para ropa. Ni papel higiénico, sino periódico o el papel de los cuadernos del año anterior que nos servían cuando íbamos al baño.

O cuando pedía baños en regadera, como en el internado. Nosotros nos bañabamos a jicarazos o a "mentadas de madre" como decía mi hermana, jaja.

O cuando había que ir al excusado de mi casa, que estaba estrellado de un lado y se salía el agua por ahí.
Un día se rompió y un viejito medio borracho que vivía con nosotros en ése tiempo, trajo uno que se encontró quiensabe dónde. Ese estaba peor. No estaba estrellado, estaba roto de un lado. Y si no tenía uno cuidado al echarle el agua con la cubeta, se salía el contenido del excusado.

O me decía "limpia puerca" porque me cambiaba cada vez que iba a la tienda o a un mandado. Teníamos dos pares de calcetas y dos calzones para mi hermana y para mí. Si no lavábamos nuestras calcetas y calzones en la noche, no teníamos para el día siguiente qué ponernos. Así que varias veces, lavaba mis calcetas a la mera hora que me mandaban a la tienda, me las ponía mojadas y los calzones también.

Alguna vez, me puse los calzones de mi abuelita. Me quedaban gigantes, me los amarraba con un lazo o con un alfiler. Se me caían si se safaba el alfiler o se zafaban del lazo. Si se daba cuenta mi abuelita, me regañaba y me decía así.

También me llamaba la atención cuando pasaba sin ver. "Ay, mi hijita. Tú pasas y no recoges la basura que pisas". Y si volteaba, veía algo tirado.
Eso me hizo vivir alerta, vivir atenta. Gracias a éso, una vez me encontré 10 pesotes del tiempo en que se podía comprar 10 centavos de sopa o por 10 centavos, me daban 3 dulces.
Me puse muy alegre y me hice el propósito de dárselos a mi abuelita que siempre andaba tronándose los dedos. Pero... se lo conté a mi hermana, que junto con su amiguita, me engatuzaron. Me encantaban los jarritos y cazuelitas de barro para jugar. Y no podía comprarlos. Mis platitos eran hojas de los árboles y mis vasitos eran hojas de cuaderno hechas cucurucho. Asi que me dijeron que iban a ir al mercado. Mi hermana hacía los mandados de varias personas.

Me dijeron que me iban a comprar unos jarritos y cazuelitas para jugar y me darían el cambio. Pues si me dieron los juguetitos, pero no el cambio. Me dijeron que al contrario, les debía yo porque habían tenido que poner de lo que ganaban haciendo mandados.
Eran re canijas las dos. Los juguetitos no les costaron ni un peso, como después me enteré cuando fuí al mercado con mi abuelita.

Así aprendí a poner atención en los precios y en los cambios, para que no me vieran la cara de sonza.

Si por mí fuera, mi abuelita se hubiera tronado los dedos todo el tiempo. Pobrecita si hubiera tenido que atenerse a mí. Como me dijo un día en que le pregunté porqué vivíamos con Don Pedrito.
Me contestó: "ay, mi hijita. Si tú me vas a dar casa donde vivir y me vas a cooperar para la comida, nos cambiamos ahora mismo"
No volví a preguntarle nada.

Primera lectura
Jonás 3, 1-10

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: "Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar".

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: "Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos".

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 12-13. 18-19

R. (19b) A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Aclamación antes del Evangelio
Joel 2, 12-13

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor.
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí,
que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y comenzó a decirles: "La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".


Cuando nos enojamos con Dios

Por Laura Aguilar Ramírez

Esta mañana me levanté tarde. Me está costando trabajo volver a la rutina después del tiempo de invierno en que hacía tanto frío en mi casa, tanto que parecía congelador. El invierno fué muy duro, con temperaturas muy bajas.

Eso me lleva a lo difícil que es remontar alguna circunstancia difícil en la vida. Lo más sencillo es culpar a otro, lo más fácil es tomar cualquier pretexto para seguir un camino equivocado.

He hablado poco de Don Pedrito. Esa persona fué muy difícil de tratar. No quiero juzgarlo porque sólo Dios conoce su corazón y yo no sé si se arrepintió o no, pero por lo pronto fué un gran obstáculo.

Alguna vez me pregunté porqué mi abuelita accedió a vivir con él.
He llegado a la conclusión de que se dejó engañar por él.
Recuerdo perfectamente el día en que lo ví por primera vez. Vivíamos en un cuarto que nos prestó una tía, hermana de mi abuelita. Otra tía se encargaba de darnos de comer y de echarnos un ojito de vez en vez.
Yo esperaba con ansías el momento de ver aparecer a mi abuelita por la calle. La ventana del cuarto daba exactamente a la calle, desde ahí se veía la entrada del callejón. Era mi sitio preferido.
Desde ahí podía ver cuando llegaba mi papá, cuando llegaba mi abuelita del trabajo. Veía llegar a mi tía de la escuela.

Ese día, ví venir a un señor corriendo, tenía los ojos desorbitados. Tocó en nuestra casa y salí a abrir porque nuestro cuarto estaba a dos pasos de la puerta de entrada y era algo que me tocaba hacer: abrir la puerta a quien tocaba. Debía fijarme antes de hacerlo y preguntar quien era, qué quería, etc. Tenía 8 años en ése entonces y me habían dado ésa responsabilidad.

Preguntó por mi abuelita, me dijo que era un compañero de trabajo. Mi abuelita estaba con mi tía. Era sábado y no trabajaba. Fuí a decirle quién era y lo dejó entrar.

El señor decía "me quieren matar, me quieren matar". Mi abuelita me mandó con mi tía y no supe qué más hablaron, pero al día siguiente me llevó mi abuelita a una casa en la colonia vecina. Eran 3 habitaciones grandes, una pequeña cocina y un patio chico. Se entraba por un pasillo.
Era oscura. Los pisos eran de madera y las paredes eran muy altas. No me gustó. Tenía cortinas de terciopelo guindas. Los muebles eran de buena calidad.
Mi abuelitia vendió entonces el terreno por el cual había tenido problemas con mi papá. Ese terreno se lo dejó su abuelo a mi papá. A mi abuelita no le había dejado nada porque ella no era muy obediente. Le perdonó que se hubiera ido con mi abuelito sin casarse, la aceptó cuando regresó con mi papá pequeño, le dió su apellido y cuidados al niño. Mi abuelita encontró a otro señor y se fué con él, tuvo dos hijos, pero no funcionó la cosa y regresó.
Después se fué con un hombre casado y ´pretendió que la recibieran de nuevo. Mi bisabuelo ya no la aceptó. Ella se dió la vuelta y se fué muy ofendida. No fué fácil su vida, pero nunca regresó a pedirle perdón a su papá. El murió y ella no regresó.

Mi papá había quedado con sus abuelos quienes lo criaron como a un hijo más. Al morir, su abuelo le dejó un terreno, pero como no había hecho testamento (en ésos tiempos, bastaba la palabra) sus hijas pusieron el terreno a nombre de mi abuelita. Y ella dejó a dos de ellas vivir en el terreno con viviendas que su padre había usado para rentar. Mientras, construían en sus respectivos terrenos que les había dejado su padre.

Mi papá no las hubiera dejado vivir ahí. Pensaba seguir rentando las viviendas. Aprovecharon que era marinero y tenía que ausentarse porque vivía en Acapulco.
Mi abuelita vendió ése terreno a otra de sus hermanas, cuya hija se iba a casar.
Contado así, mi abuelita aparece como la mala del cuento, lo cierto es que pretendía evitar problemas entre sus hijos. Mi papá no era muy querido por sus hermanos.
Uno de ellos, se había casado y vivía en otros cuartos junto a nosotros y deseaba el terreno. Hubo una discusión entre ellos a causa de éso.

Total. Que mi abuelita vió una oportunidad de tener por fin casa. El señor le propuso irse a vivir con él. Era soltero, su mamá había fallecido hacía poco.
Trabajaba en la misma fábrica y parecía un buen hombre. Trabajador y responsable.

Así llegamos a su casa. Con el dinero de la venta del terreno, mi abuelita hizo en el patio la cocina, con láminas transparentes para que entra luz y calor. Mandó poner cemento a los cuartos, excepto el de don Pedro porque él no quiso.
Ese piso debió salir bien caro, porque tenía como medio metro de espesor. Mandó arreglar el techo que era de mampostería, puso castillos para reforzar las paredes que eran de adobe recubierto con cemento. En fin. La casa ya no se veía tan mal. Hasta bonita se veía. Entraba el sol por las dos ventanas, por un tragaluz del cuarto donde dormíamos y por el techo de la cocina.

En el pasillo, había una breva que siempre estaba verde y daba higos verdes que no servían para comer como fruta, sino para hacer higos en almibar, había botes con azucenas que la mamá de Don Pedrito sembró y cuidó y que después cuidé yo.

El terreno lo habían comprado a medias con un vecino. En el frente vivíamos nosotros y en la parte de atrás el vecino con su familia. A mí me caían bien las vecinitas. Eran varias hermanas y varios hermanos. La señora era muy amable, al señor lo conocí poco. Casi no salía de su casa.

Pues bien. Según decía Don Pedrito, aprovechando que él trabajaba y que su mamá también lo hacía, el vecino agarró un metro del terreno de él. Ese fué el pleito durante todo el tiempo que vivió ahí.

Don Pedrito era homosexual. Su mamá tenía problemas con él por ésa causa. Además era medio maniático.
Me contaron mis vecinitas que una vez la señora salió corriendo y Don Pedrito la corretió por el pasillo. Como le gustaba aparentar lo que no era, no la siguió más allá de la puerta.

Me dijeron también que seguido oían a la señora llorar o los escuchaban discutir. Como niñas fantasiosas, me dijeron que él la había matado. Eso no lo sé, ni me atrevo a asegurarlo.

Lo cierto es que no era buena persona. Recuerdo muchas ocasiones en que vimos ésto.
Por ejemplo, en una ocasión en que mi abuelita había ido al rancho a ver a su comadre, nos quedamos con él. El señor acostumbraba ir los sábados al baño. En la casa no teníamos regadera y él se iba al vapor, no se bañaba en la semana.
Ese día llevó a un hombre, lo sentó a la mesa y le servimos de comer.

Don Pedrito lo trataba muy mal. Tenía el salero a su alcanse, pero le pedía al señor que se lo diera. También que le sirviera su pulque que tomaba todos los días y lo hacía con malos modos.

Al llegar la noche, lo acostó en su cama. En nuestra recámara se oía cómo tenían relaciones pero don Pedrito lo maltrataba. Fué una noche terrible.

Mi mamá llegó al otro día y al enterarse de lo sucedido, tomó un cirio gigante, lo llevó a la recámara de don Pedrito, lo encendió mientras rezaba. Don Pedro se enfureció y discutieron muy feo. Nos corrió de la casa.

Nos fuimos con mi tío, hijo de mi abuelita que vivía cerca. Ahí estuvimos algunos días. Don Pedro fué, le rogó a mi abuelita, le prometió no volver a llevar a ningún hombre a la casa. Regresamos. El cumplió, pero creo que nunca nos perdonó.

Esa fué una de las razones por la que su mamá discutía con él. También a ella le llevaba hombres a la casa. Debió sufrir mucho doña Goyita con su hijo. A ella no la conocí obviamente. Pude vislumbrar su vida através de sus pertenencias. Tenía buen gusto en vestir. Tal vez fué de una clase superior por los vestidos que ví de ella y por los muebles y objetos que llegué a ver alguna vez hurgando en sus roperos.

Supe que en una guerra, ella salía a buscar alimento para su hijo entre las balas. Sólo conseguía frijoles con gorgojos aveces. En la casa había dos grandes cántaros donde cultivaba vinagre que vendía. También cultivaba búlgaros y los vendía. Era una mujer emprendedora y de buen carácter según nos decían.

No sé más de la señora. Supongo que era creyente, porque tenía varios cuadros de santos que Don Pedrito puso en las paredes del comedor-sala. Antes estaban en la recámara que compartían los dos.
Según supe, él estuvo en un Seminario durante algún tiempo por deseos de su mamá. Pero obviamente, no duró mucho por ser homosexual, cosa que escondía.

Al principio que llegamos, él iba por su pulque después de salir del trabajo. Pero después, nosotras fuímos las encargadas de ir por su pulque. Recuerdo que mi hermana era la que iba o alguno de mis tíos, pero también me tocó hacerlo. Me paraba afuera y me lo despachaban por la ventanilla.

Odiaba los momentos de comida. El señor se tomaba sus pulques y empezaba a decir groserías e improperios a los vecinos. De su boca salían verdaderas víboras. Yo nunca había escuchado tantas cosas, acusaba a la señora de acostarse con su hermano, de ser una... y al señor también.

Mi abuelita le prohibió hiciera tales cosas estando nosotras en la mesa. Entonces tomó la costumbre de salir al pasillo y gritarle lo mismo a los vecinos. Era horrible escucharlo.

En las mañanas había que sacar su basinica para volcarla en la coladera del pasillo y había que enjuagarla. Olía a pulque. Era repugnante. Durante años culpé a un tío de sacarle las monedas de una alcancía a mi otro tío. Ahora dudo si no fué Don Pedrito quien lo hacía.

Cuando tuve 11 años, me gané un viaje a Estados Unidos. Ahí hicimos intercambio de regalos con los grupos. Reresé con perfumes, cremitas, escudos, en fin, cosas así que me regalaron.
Todas desaparecieron. También desapareció un Biblia ilustrada que mi tío le compró a mi abuelita, muy bella. Y unos libros de cuentos que nos compró a mi hermana y a mí.

El tenía un mueble grande al lado de su cama y lo conservaba siempre cerrado con llave. Un día, mi hermana cansada de que la culpara de robarse todo lo que se desaparecía, encontró la manera de abrir el mueble y ahí había varias cosas desaparecidas.

Terminó la discusión con la ida de mi hermana a casa de mi papá y su esposa. Don Pedro se enfureció tanto que la corrió.

Sinceramente, yo no batallé tanto con él como mi hermana. Yo estuve en el internado desde los 8 años hasta los 12. Cuando mi hermana se fué a vivir con mi papá y yo regresé del internado, él todavía trabajaba y yo evitaba en lo posible, toparmelo.

En las vacaciones escolares era cuando había que soportarlo.
Debido a su obsesión de que el vecino le había robado un metro de terreno, se llevó años con un licenciado que le iba a arreglar su asuntito. Acompañé varias veces a mi abuelita con el dichoso licenciado. Mi abuelita le daba por su lado.

En otra ocasión, se encontró con una de las hijas de la vecina, golpeó con la garrafa de pulque porque ella le contestó cuando empezó a insultarla. Se resbaló y se cayó al piso. Pero alcanzó a darle con la garrafa en la cabeza a la muchachita.
Un vecino llamó a la policia porque a la muchachita se la tuvieron que llevar al hospital para coserle la herida. Se lo llevaron a la cárcel, le pusieron una multa y le prohibieron acercarse a los vecinos con pena de volverlo a encarcelar.

Ese fué el fin de los gritos a los vecinos. No volvió a salir al pasillo a insultarlos. Pero no dejó de hacerlo, se metía al baño y ahí los insultaba.

Cuando se jubiló finalmente, nos dijo: "yo me jubilé para descansar". Y realmente lo hizo. De por sí nunca hacía nada, sólo sabía mandar, se le tenía que dar casi casi todo en la mano, le tenía que quitar las cejas blancas cuando se le daba la gana.

Primero se levantaba para sentarse a la mesa y ver la tele. Poco a poco, hubo que llevarle las comidas a la cama junto con su pulque.
Terminó por no querer levantarse, se le tenía que dar de comer en la cama y levantarle la basinica porque ya ni al baño se levantaba.

En ése tiempo, regresé a casa de mi abuelita con mi esposo y mi hijo. Me hice cargo de él. Ya no se podía levantar de la cama sin ayuda y había que bañarlo en una silla. Yo lo bañaba. Mi abuelita ya no le daba el pulque, se lo revolvía con agua.

Mi abuelita acondicionó la vivienda en un terreno que había comprado y se llevó a Don Pedro con ella.
Cuando mi mamá vendió la casa para irse al terreno, se la vendió a la vecina. Para ése entonces, su esposo se la pasaba acostado igual que don Pedro.

Mi abuelita se había casado con Don Pedrito por lo civil. Lo hicieron después de la vez que le prendió un cirio pascual y nos corrió y depués volvimos por sus ruegos. Lo hizo por la casa. Porque para ése entonces, sabía que de otra manera, la dejaría en la calle.

Así que ella se hacía cargo de cobrar la jubilación de Don Pedrito y vendió la casa. El ya ni rechistaba.

Mi abuelita se hizo cargo de él hasta su muerte. No debió ser fácil hacerlo en el terreno. Ella no podía cargarlo para bañarlo, le ponía la basinica, pero él se orinaba y hacía del baño sin avisarle. Mi abuelita tenía que lavar las sábanas y las cobijas a mano porque no había luz ni agua corriente, sino había que sacarla de una cisterna.

Recuerdo que mi abuelita llamaba al sacerdote que iba a confesarlo y a darle la comunión. Aveces iba la Ministra de la Eucaristía. En el terreno, mi abuelita le leía la Biblia y se ponía a orar con él. El le seguía la corriente seguramente y rezaba con ella, pero no cambiaba.
Se seguía orinando y haciendo del baño en las sábanas para que mi abuelita las lavara.
Al final, sólo movía la mano con la que se llevaba la comida a la boca. Lo demás no se movía.

Yo recuerdo una noche en que mi abuelita no estaba, una mano peluda me despertó. Recuerdo que desperté y la agarré para evitar tocara mi cuerpo.
Mi abuelita puso una tabla tapando la entrada que comunicaba nuestras dos recámaras y también la puso en un arco que había entre ellas. Empecé a dormir con un cuchillo bajo la almohada por si volvía la mano peluda. Dudo que tuviera fuerzas para usarlo sin que me temblara la mano.

Otra noche entró por la recámara al baño. Yo dormía con mi abuelita en la litera de abajo. Ese día no estaba ella y dormí sóla. Entró don Pedrito y se me quedó mirando con una mirada tan burlona y malvada que me dió miedo.

Otro día en que estábamos sólos, yo me fuí a la cocina para no estar con él en el comedor donde siempre estaba. Me puse a lavar unos trastes cuando de pronto, lo sentí a mi lado, volteé y volví a ver ésa mirada burlona.
Salí corriendo y él sólo se reía.

No era bueno Don Pedrito. Dudo que cambiara. Podía avisar para que le pusieran la basinica, pero no lo hacía.

En fin. Si he conocido a alguien no bueno fué a él.

Pero Dios toma hasta de lo malo, para sacar algo bueno. Nunca he sido floja. Cuando me da flojera levantarme, recuerdo a Don Pedrito y se me quitan. Recuerdo que pasó años acostado en una cama donde se llagó.

También aprendí a ser más paciente, a soportar a otras personas y sus defectos. Nadie como él.

Empecé diciendo lo difícil que es remontar los obstáculos, fácilmente encontramos excusas para hacer lo indebido. Don Pedrito encontraba ésa excusa fácilmente. Culpaba al vecino de algo que tal vez hizo, pero él lo tomaba para disculpar su mal proceder

Tenía imágenes de santos, pero no vivía santamente.
Oraba con mi abuelita, seguramente para que lo dejara en paz, pero no cambiaba
Se confesaba porque le llevaban al sacerdote, pero ignoro si lo hacía con el corazón, porque no ví cambio en él

Recuerdo que le gustaba perfumarse. Usaba colonia muy conocida que no es barata.
Usaba jabones olorosos, tampoco baratos. Nosotros nos bañabamos con jabón de ropa o con detergente para ropa.

También había que darle sus gustos.
Aveces le decía a mi abuelita que se le antojaba comer hongos o barbacoa o cosas así. Pero le gustaba que fuera de lugares lejanos. Había que levantarse de madrugada para ir a donde él decía se comprara.

Mi abuelita decía que Don Pedrito me quería mucho, yo lo dudaba. Mi abuelita siempre encontró motivos para disculparlo. Seguramente nunca vió sus miradas ni su sonrisa burlona

Recuerdo que íbamos al panteón a llevarle flores a la tumba de su mamá. Era una fosa de perpetuidad como eran antes. Pasábamos todo el día en el panteón, ahí comíamos y jugábamos. Fuimos mientras éramos niñas, después se dejó de ir. El ya no lo pedía. Sólo como dos años lo hizo.
Nunca lo ví ir a misa, ni siquiera lo vía persignarse ante el Divino niño que tenía en su casa. Le gustaba tenerlo cubierto con un capelo transparente y que se le pusieran flores y se le encendieran velas, pero no oraba ante él ni se persignaba siquiera.

Y sin embargo, insistía en que fuéramos a la misa.

Eran desconcertantes ésas maneras. Yo pienso que era "para tapar el ojo al macho" sólamente.

Pero para mí la pregunta era: ¿porqué mi abuelita aceptó vivir con él?
Ahora creo entenderlo.
Cuando mi mamá nos dejó con ella, vivía en una casa grande, la señora era su amiga. Estaba enferma de cáncer. Mi abuelita la cuidó y a sus hijas que la querían mucho.
Antes de morir, le dijo que se casara con su esposo. Ella había dejado de ser su mujer hacía mucho. Era bueno y sus hijas la querían. Mi abuelita junto con nosotras vivía bien ahí. Nos querían.
Nunca le pregunté porqué nos fuimos de ahí.
Don Angel fué muchas veces a vernos, a verla a ella, con la esperanza de que regresara. Todavía al principio de que nos cambiamos con Don Pedro iba. Mi abuelita se empecinó en quedarse con Don Pedrito. El todavía no se quitaba la máscara.

Don Angel dejó finalmente de ir por ella. Cuando Don Pedrito empezó con sus cosas, ella regresó a su casa a ver a las niñas, pero él se había casado con una mujer más jóven que él y sus hijas la aceptaron.

No queriendo juzgar a mi abuelita, pienso que le hizo a la torera muchas veces en su vida. Dios le envió varias veces a personas que le ayudaran, puso en su camino distintas oportunidades, pero ella hacía "ole" y se las pasaba a sus amigas.

Conoció a un señor dueño de un rancho que la vió y se acercó, pero ella hizo "ole" y se lo dejó a su amiga.
Conoció a otro señor, separado de su mujer que se acercó a ella, pero terminó por decirle "ole" y dejarselo a otra.
Conoció a un español que le hizo la corte, pero ella le hizo "ole" y se lo dejó a una amiga.
Una vez, le ofrecieron un terreno cerca de una fábrica en Nanacamilpa. Bonito, tranquilo lugar y le hizo "ole" y se lo dejó a su hermana.
El terreno de mi papá se lo peleaban sus hermanas a mi padre y ella aceptó que lo pusieran a su nombre y terminó vendiéndoselo a otra hermana.

Mi abuelita tenía fé ciertamente, nos enseñó a pedirle a Dios, confiaba en su Providencia, pero cuando Dios le enviaba, se lo pasaba a otros.
Finalmente se quedó con Don Pedro alguien que era bueno, porque mi abuelita era muy noble y caritativa, pero pecaba según yo veo.
En el peor pecado a mi entender: en no agradecer lo que Dios nos envía y dejárselo a otros.

Recuerdo aquí cuando Pedro le preguntó a Cristo qué sucedería con Juan (Juan trabajaba con él y seguramente lo apreciaba) Cristo le contestó que lo siguiera y no se preocupara por Juan.

Dios tiene una respuesta para cada uno de nosotros, pero hay que abrir los ojos para no ponernos a dar pases si no sabemos torear. Hay que creer en Dios, pero sobre todo, creerle a Dios.

Mi abuelita se había enojado con Dios cuando mi abuelito falleció, se enojó con la familia de mi abuelito también. Terminó por no regresar con su padre ni para pedirle perdón.

Tuve la dicha de verla regresar a la Iglesia. Al final, ya no hallaba la manera de enderezar el camino.

Empezó a ir a misa los domingos, a leer la Palabra de Dios, a rezar con nosotros, a hacer que la oyéramos cuando rezaba y leía la Biblia. Veía a sus hijos empezar a tomar malos pasos algunos y desde que encontró el camino, no lo abandonó.

Ni sus gritos, ni sus golpes, ni todo lo que nos regalaba, hicieron que sus hijos se enderezaran.
Cuando dejó de hacer todo éso y empezó a pedirle a Dios como Dios manda, empezó a cambiar su vida y la nuestra.

Ese es para mí lo importante de éstos recuerdos.

Y viendo las lecturas de hoy, en donde Jesús enseña el Padrenuestro, no veo otro ejemplo más bello que el de mi abuelita, una mujer que amaba mucho, pero no siempre hacía lo que Dios deseaba para ella.
Creo que sufrió mucho más de lo que debía, por necia. Perdón, pero no encuentro otra palabra mejor. Gracias a Dios volvió al camino.

Primera lectura
Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor: “Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.

Salmo Responsorial
Salmo 33, 4-5. 6-7. 16-17. 18-19

R. (18b) El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Proclamemos la grandeza del Señor,
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres,
y los libra de todas sus angustias.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Los ojos del Señor cuidan al justo
y a su clamor están atentos sus oídos.
Contra el malvado, en cambio, está el Señor,
para borrar de la tierra su recuerdo.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Escucha el Señor al hombre justo
y lo libra de todas sus congojas.
El Señor no está lejos de sus fieles,
Y levanta a las almas abatidas.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Aclamación antes del Evangelio
Mateo 4, 4

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Mateo 6, 7-15


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes, pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.