Tomando el camión en sentido contrario


Durante mucho tiempo al ir en el camión pasaba por una frase pintada en un cartel : "Si no quieres caer siempre en el mismo hoyo, haz algo diferente"

Y es cierto. Yo terminé de entenderlo por las malas. Cuando confunde uno "ser perseverante" con "ser necio", puede uno cometer el mismo error una y otra y otra vez.

He platicado ya lo que me sucedió en 2do. de secundaria. Saliendo de un exámen semestral, como sólo íbamos a la escuela para hacer el exámen y regresábamos a casa para tener tiempo de preparar el exámen del siguiente día, una compañera me pidió la acompañara a ver a su mamá que vivía en el Edo. de México. Después de subir a un camión, bajarnos, subir al metro, bajarnos y tomar una pesera, llegamos a la casa donde vivía su mamá con su nueva pareja y dos hijos pequeños. Pero no estaba. Entramos a la casa, porque mi amiguita sabía dónde dejaba la llave por si ocurria lo que nos ocurrió: que no había nadie.

La llamó por teléfono a casa de una hermana a ver si ahí estaba. Y sí. Ahí estaba. Le dijo que tardaría. Que comiéramos algo.

Mi compañera me dijo entonces que la acompañara a casa de la hermana de su mamá en una colonia cercana a mi casa, pero lejos de la de su mamá, porque seguramente se tardaría en platicar y ahí la podría ver. Como de quedaba de paso, la acompañé. Nuestros padres trabajaban y nadie nos esperaba en casa. Su tía muy amable nos atendió en el pequeño negocio que tenía en la parte delantera de su casa. Le dijo a mi compañera que su mamá ya se había ido, tomamos un refresco, pero no nos  invitó a pasar. Se escuchó adentro como un llanto de bebé; su tía no tenía bebés. Mi compañera entendió. Llegó el momento de irnos.

Yo conocía la Avenida en la que estábamos, o mejor dicho la había transitado muchas veces. Cuando me preguntó la tía, le dije éso muy ufana. Mi amiga tomó para su rumbo y yo para el mío. Saliendo, ví pasar un camión con la ruta ya conocida. A medida que avanzaba el camión, me dí cuenta que iba en sentido contrario al de mi casa.
Pensé en mi lógica infantil, que llegando a la estación, podía decirle al chofer lo que me había sucedido y él amablemente me llevaría gratis a mi casa, jeje.
Pensaba así, porque mi papá era chofer de camión en ése tiempo y él había hecho algo así cuando yo era pequeña.
Cuando llegamos hice lo pensado... y oh, sorpresa!!. El chofer no pensaba regresar y no podía llevarme gratis de regreso

Ahí sí sentí un balde de agua fría. Empecé a caminar hacia donde sabía estaba mi casa... pero era muy lejos. Nunca había caminado tanto. Llegué a un parque conocido. Para ése entonces ya iba llorando. Me daba pena pedir unas monedas para tomar el camión, porque había visto a varias niñas y varios niños de secundaria pedir dinero a los que pasaban diciéndo que era para el camión y en realidad era para otra cosa. No quería que pensaran que yo hacía lo mismo

Ni siquiera me daba cuenta que diciendo la verdad bastaba. Para empezar, el uniforme que portaba era diferente a los otros, era exclusivo de las secundarias técnicas. Y por ahí no había ninguna. No se anda sóla cuando se va de pinta.

Finalmente, me atreví a pedir. Unos ni caso me hicieron, otros ni me entendían porque lloraba al hablar. Hasta que finalmente un señor que había estado sentado en el parque y seguramente me había mirado en mi penar, me dió las monedas suficientes para el camión.
Sonreí agradecida y tomé el camión asegurándome que fuera para mi casa.

Eso me sucedió por necia. Pude haber pedido el dinero a la gente del camión y seguramente alguien podía haberme ayudado. Pero aunque pasé mi pesar por mi culpa, finalmente alguien me ayudó.

A mi amiguita y a mí, nos sucedió lo mismo. Ella deseaba con toda su alma ver a su mamá, pensó encontrarla en su casa, la buscó, pero no pudo verla. No me dijo nada, pero sabía que estaba en casa de la hermana y no quiso salir. Yo confié en que un chofer se compadecería de mí y tampoco fué así.

Tanto mi amiguita y yo, teníamos a quien nos daba su amor y cuidado. Ella a su papá y yo a mi abuelita, pero insitíamos que nos aceptaran quienes no podían hacerlo. Su mamá no podía recibirla porque su esposo se enojaba y tenía dos niños pequeños que necesitaban de él. Su mamá sabía que estaba bien cuidada por su padre, pero sus hijos pequeños necesitaban del suyo.

Yo deseaba con toda mi alma, que mi papá viviera con su segunda mujer y mis hermanos y me llevara con ellos. Y éso tampoco era posible porque su mujer no nos aceptaba viviendo con ellos. A diferencia de mi amiguita, yo aceptaba la situación, pero me dolía tanto como a ella.

Al escuchar el Evangelio de hoy, recordé cuántas veces había recibido ayuda del cielo y no me daba cuenta. Había encontrado un dinero donde menos lo pensaba y sin buscarlo. Un día en que mi esposo compró un billete de lotería porque necesitaba dinero y lo puso a una imágen de la Virgen. Yo me burlé en mi interior. Pensé que el dinero se logra trabajando y no desperdiciándolo como lo hacía.

Haciendo el quehacer, levanté el colchón cosa que no hacía muy seguido. Y encontré unas acciones que ni mi esposo recordaba tener y que era lo que necesitaba.
Ni siquiera lo asocié con la petición a la Virgen. Mi esposo no era muy fervoroso que digamos y ni siquiera le gustaba ir a la iglesia aunque se lo pidiera. Se burlaba de éso.

Años después, ya en Ensenada, mi esposo me acompañó a la Adoración nocturna. Tan asustado estaba por mi intento de suicidio que hubiera hecho cualquier cosa. Saliendo, le habló a nuestro hijo que en ése tiempo de adolescente se nos estaba saliendo del huacal como muchos: llegaba tarde por andar con sus cuates, se desvelaba

Al llamarle a su celular (nosotros desde un teléfono público y él con celular cosa que pocos tenían por nuestro rumbo), acababa de sufrir un accidente. Cerró los ojos por un instante y cuando los abrió, estaba a punto de estrellarse con un cerro, dió un volantazo, dió varias vueltas y el carro se detuvo cuando chocó con una gran piedra. Mi hijo no sufrió ni un razguño, gracias a la Virgen.

Precisamente cuando estábamos orando, sucedió el accidente. Mi esposo le dijo que se quedara ahí, que iba a ir por él. No recuerdo cómo, pero llegó. Alguien lo llevó en su carro, no recuerdo. Pero llegó. Mi hijo estaba llorando. Era de madrugada. El lugar donde se quedó era muy peligroso, lo tapaba el cerro, alguien que diera la vuelta podía volverlo a impactar. Gracias a Dios, parecía que algo lo cubría porque aún en la oscuridad, nadie le pegó.
Supe inmediatamente que la Virgen lo había protegido. Como en el Evangelio, sucedió a la misma hora en que orábamos en la iglesia.

Dios llama, pero muchas veces no entendemos porque el ruido del mundo no nos deja escuchar o la luz del mundo nos deslumbra. Como cuando vivimos en una ciudad y ya no vemos ni las estrellas, al ir a un lugar despejado, sólo, nos sorprendemos de ver tantas en el cielo.

Dios, a pesar de nuestra terquedad, sigue llamando. Y sigue perdonando. olvida como dice la Primera lectura. Hace de nosotros un vaso nuevo, en un cielo nuevo,en una tierra nueva.

Pero no es que saque una varita mágica. Nos toma como si fuéramos tierra, agrega agua, forma barro y nos moldea. Nos amasa, nos da forma. Yo me imagino que si el barro sintiera, podría quejarse o llorar por las masajeadas. Por mucho que lo haga con cuidado y amor.

Y luego hay varios tipos de tierra: roja, negra, amarilla, etc. de acuerdo a los minerales que contiene. unas son más sencillas de moldear, otras más resecas, otras más pedregosas. En fin. Así nosotros, tenemos distintas capacidades y distintas circunstancias.
Unos, esperamos a ver signos visibles para creer. Otros, aunque los veamos, los achacamos a la suerte, a la casualidad y peor, a otros dioses.


Primera lectura
Isaías 65, 17-21

Esto dice el Señor: "Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; ya no recordaré lo pasado, lo olvidaré de corazón

Se llenarán ustedes de gozo y de perpetua alegría por lo que voy a crear: Convertiré a Jerusalén en júbilo y a mi pueblo en alegría.
Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo.
Ya no se oirán en ella gemidos ni llantos.

Ya no habrá niños que vivan pocos días, ni viejos que no colmen sus años y al que no los alcance se le tendrá por maldito.
Construirán casas y vivirán en ellas, plantarán viñas y comerán sus frutos''.

Salmo Responsorial
Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b
R. (2a) Te alabaré, Señor, eternamente.


Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Amós 5, 14

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Busquen el bien y no el mal, para que vivan,
y el Señor estará con ustedes.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: "Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen". Pero el funcionario del rey insistió: "Señor, ven antes de que mi muchachito muera". Jesús le contestó: "Vete, tu hijo ya está sano".

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: "Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre". El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo ya está sano', y creyó con todos los de su casa.

Ésta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.