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¿Quién manda en el matrimonio?

Por Laura Aguilar Ramírez

Alguna vez escuché de alguien: "escuhando a ésta compañera, sentí que me movían el piso" o "no tiren piedras".
Con las lecturas del día de hoy, me sucede éso mismo.

Cuando uno es hija, obedecemos a nuestros padres, por lo menos yo, lo hacía. Pero a diferencia de ser esposa, yo no elegí a mis padres. Elegí a mi esposo de entre otros que conocí.

Recuerdo aún el día de nuestra boda. Una vez le dije a mi suegra: "para la otra, yo la organizo". Y es que yo no decidí ni la Iglesia, ni el salón, ni elegí a las madrinas, ni nada. Sólo me ocupé de acondicionar el departamento que elegimos para vivir, compré cortinas, hice mis sábanas. Yo me preocupaba por tener un nido donde hacer nuestro hogar.
Para mí éso era lo importante.

Eso de la boda civil y la boda religiosa, sinceramente, no me interesaba. Nos casamos por la Iglesia porque mi abuelita me lo pidió y se hizo fiesta porque mi suegra así lo quiso.
Y como para casarse por la Iglesia, nos pedían ser casados por el civil, pues lo hicimos.

Ahora sí que "hágase la boda, que yo doy el maiz" como dice la canción del piojo y la pulga. Nuestros padres pidieron boda y boda tuvimos. Pero a diferencia del piojo y la pulga, pidieron, pero no cooperaron.
Mi abuelita pidió boda religiosa y no fué ni a la civil ni a la Iglesia. Mi hermana consiguió que el sacerdote de la Parroquia donde ella vivía, nos casara. Consiguió nos alquilaran un salón para la fiesta. Salón que nosotros pagamos.

Para la fiesta, nosotros compramos toda la bebida, los adornos para el salón, etc. etc. Y otros se encargaron de invitar gente.
Mi abuelita quedó de hacer mole y mi suegra de llevar hojaldras. Mi hermana me sugirió hacer ensalada rusa o sea de pollo con verduras, mayonesa y crema. Y así lo hice.
Pero a la hora de la fiesta, nadie había para preparar las hojaldras con mole. Menos para servirlas.

Las madrinas se ofrecieron ellas mismas y eran de la familia y a la mera hora, no llegaron a la misa. Por poco nos casamos sin ramo, sin corona, sin lazo y sin anillos. De hecho, nos casamos con ramo y corona prestados.

Después nos preguntaban ¿adonde se fueron de luna de miel?
Nadamás porque soy prudente, si no, les aventaba un plato en la cabeza. Con lo que se recaudó en la fiesta, y que normalmente se utiliza para el viaje de luna de miel, tuvimos que pagar a los músicos que ya habíamos pagado, pero que no llegaron. En lugar de un conjunto, llegaron dos muy buenos, pero que se contrataron a la mera hora. Y por supuesto, lo que se había dado para pagar el conjunto,  desapareció.

Además en el trabajo, sólo me dieron tres días para la boda. Tenía poco tiempo en el trabajo y por supuesto, no me daban una semana de perdis para la luna de miel. Como nos casamos de carrerita porque estaba embarazada, todo se hizo al vapor.
Avisamos de mi embarazo en Enero y en Abril ya estábamos casados.

Así que no deseaba fiesta, quería utilizar ése dinero para acondicionar el departamento que rentamos. No teníamos nada. Sólo compramos la recámara. Gracias a Dios nos regalaron de mi trabajo, una estufa. Si no, ni en dónde cocinar hubiéramos tenido. En la boda, nos regalaron una vajilla y vasos, pero no cubiertos ni licuadora, ni cacerolas.
Mi abuelita nos regaló una sala usada que tuvimos durante 11 años. Una tía nos prestó una mesa y dos sillas, que tuvimos que regresar después. Comíamos en nuestra vajilla, pero con cubiertos de plástico.
Mi abuelita me acompañó a comprar tela para mis cortinas y sábanas que hice yo misma.
No acondicionamos un lugar para el bebé que esperábamos, ni compramos ropita para él, no como yo hubiera deseado. Le cosí pañales con la máquina vieja de mi abuelita, compramos algunas prendas y nadamás.

Así que yo no deseaba fiesta. Pero se hizo y por éso no tuvimos luna de miel, pero tampoco me importaba éso, porque ni siquiera teníamos tanque de gas. Los primeros días como yo trabajaba cerca de mi abuelita, comía con ella y cenábamos flautas que vendían abajo del departamento y comíamos en el mercado los domingos.

No era ciertamente, la manera en que deseaba casarme, es más, ni deseaba casarme. Quería tener una familia nadamás.
Ahora agradezco haberme casado por la Iglesia y por el Civil, pero yo hubiera organizado mi boda, jeje. Y la hubiera organizado después de nacido mi bebé para dedicar el dinero a acondicionar mi hogar y preparado un lugar para mi bebé.

Pero bueno... tampoco culpo a nadie. Ni siquiera conocía a la familia de mi marido. Sólo los había visto dos veces: en un fiesta a lo lejos, pues ni siquiera me los presentaron. Y después en una cena navideña a la que me invitaron.

Tuvimos año y medio de noviazgo y no conocía ni a su familia. El conocía a mi abuelita, a mi hermana, a mi tía y sobrinos, pero no a mi papá.

Como él vivía con su esposa, no le notifiqué de mi boda. Cuando fueron a pedir mi mano, lo hicieron con mi abuelita. Mi papá se enteró por su esposa y su esposa por mi hermana.

Así de buenas eran las relaciones con nuestras respectivas familias. Ni mi esposo vivía con sus papás, y yo menos. Yo vivía con mi abuelita desde los 9 meses de nacida.
A la boda, asistieron los hermanos de mi suegra y algunos primos de mi marido. De mi lado, sólo recuerdo a mi papá sin su esposa, porque no le mandé invitación para el salón, Su esposa sólo fué a la boda religiosa.
Por ésos días, habían llegado sus compadres de Acapulco y los boletos para la fiesta de mi hermana y mi cuñado, los usaron ellos.

La mayoría de las invitaciones para la fiesta, se repartieron entre la familia de mi esposo. Para mi familia, mi abuelita casi casi me apunta con una pistola para que le diera algunas, muy pocas. Tan pocas que sólo fueron 7 boletos de los 100 que se repartieron.

Desde el momento que decidí casarme con mi esposo, acepté muchas cosas como ésas. Creía lo que dice la primera lectura: al pasar a ser esposa o mujer de alguien, aceptaba también sus decisiones. Así ha sido en todo nuestro matrimonio.

Por supuesto que no como los borregos al matadero, siempre he dado mis opiniones, mis puntos de vista, he dado soluciones que a mí me parecen, pero mi esposo ha tenido siempre la última palabra.

Alguna vez mi suegro me dijo que me había casado con mi esposo, no con su familia. Y es cierto, pero según las costumbres de mi familia, la esposa pasa a ser parte de la familia del esposo.
Mi abuelita me dijo siempre que mi esposo me pusiera casa. Es decir, que él sería el cabeza de mi familia.

A partir de nuestra boda, pasamos la mayor parte, con la familia de mi esposo. De mi familia sólo visitábamos a mi abuelita, a mi hermana y ya.
Tengo gracias a Dios, una familia grande, hermanas de mi abuelita, primos, tíos, sobrinos, pero al casarse, uno pasa a ser parte de la familia del esposo.

Siempre recibimos ayuda de mi familia. Mi abuelita nos tuvo en su casa por 3 años, en una mala racha, mientras se nivelaba nuestra situación.
Ella pensaba vender la casa, pero esperó a que nos niveláramos para hacerlo. Ella vivía en un terreno, así que vivimos sólos, no pagábamos renta, pero sí agua y luz.
Antes, habíamos vivido un año con mi papá, en una vivienda que nos prestó.

Cuando nos casamos, yo trabajaba. A los meses, dejé de hacerlo porque sólo estaba cubriendo una incapacidad. Como estaba embarazada, no me extendieron el plazo.
Así que tuvimos que dejar el departamento porque era caro y al no trabajar yo, ya no alcanzaba. Mi esposo aún estudiaba y pagaba colegiatura. Mi abuelita nos ayudaba con los alimentos: desayuno, comida y cena.

A los pocos días de nacida mi hija, regresé a trabajar.
Las mujeres de mi familia no trabajaban, se dedicaban a su hogar, su esposo y sus hijos. Trabajábamos sólo de solteras, si acaso. Y en casa, si necesitábamos apoyar a nuestro esposo.
En su familia, mi suegra tampoco trabajaba, se dedicaba a su familia. Sus hermanas también vivían de ésa manera.
Casualmente, la familia de mi suegra y la mía, proceden del mismo estado y por lo tanto, tenemos más o menos, las mismas costumbres.
Pero ya las hermanas y primas de la familia de mi esposo no vivían de la misma manera que sus padres. A diferencia de las mujeres de mi familia.

Creo yo, que ése fué el principal problema en nuestro matrimonio. Mi esposo por ejemplo, me consiguió trabajo a los 15 días de nacida nuestra hija.
Acepté trabajar, pero no sentía que fuera necesario. Teníamos ayuda de mi familia para que él estudiara. Una tía abuela nos rentaba muy barato, Mi abuelita nos daba los alimentos. Prácticamente mi esposo sólo trabajaba para él y su escuela.
Yo empecé a hacer manualidades para vender. Después, una prima me dió trabajo en casa empacando medicinas. Empecé a ayudar a la casa sin salir de ella, como se acostumbraba en mi familia. Empecé a guisar en mi casa y mi abuelita dejó de darnos de comer.

Tal vez el hecho de haber sido criada por mi abuelita y no por mi mamá, influyó en mi manera de ver las cosas. Desde que me case, he tratado de evitar el trabajar fuera de casa para cuidar de mis hijos y de mi casa. Como dice el refrán "a ojos del macho, engorda el caballo", pues yo me la apliqué a mí como mujer "a ojos de la madre, crecen los hijos".

Yo recuerdo varias veces en que estuve enferma de niña y la pasé sóla porque mi abuelita trabajaba. Recuerdo que llegaba a la casa vacía y comía sóla en la secundaria.
Recuerdo en otra ocasión en que regresé del trabajo con dolor de oído y no había nadie.

En cambio, mi papá vivía con su mujer que no trabajaba, vivían de lo que él ganaba y ella cuidaba.
Mi mamá se fué porque no le alcanzaba. Su segunda mujer se fué por la misma razón. Discutían porque ella quería más dinero. De hecho, cuando se fué, entró a trabajar que era lo que deseaba. Mi papá no quería que trabajara, para que no descuidara a sus hijos.
Tenían 4 hijos, con lo que mi papá podían vivir cómodamente, pero a ella no le bastaba.

Con su tercera mujer, pasó más o menos lo mismo. Ella trabajaba con su papá en una tienda de su propiedad cuando soltera. Vivían en un departamento grande según nosotros, mi papá trabajaba su propio taxi, les alcanzaba para vivir bien y salir de paseo. Pero no le gustó.
Tarde o temprano, le pidió a mi papá que le pusiera una tienda. El compró un terreno y construyó una casa donde pusieron la tienda. A mi papá no le gustaba, pero le dió gusto.
El siguió trabajando en el taxi. Ella atendía la tienda que él surtía. Empezó a hacersele pesado a ella y vendieron el terreno para comprar otro en un lugar donde mi papá puso un taller mecánico.
Pero ella no estaba a gusto. Deseaba ganar su propio dinero. Tejía y vendía sus tejidos, pero no ganaba mucho.
Terminó por regresarse a su tierra, donde su papá le había dejado parte de la casa y de la tienda. La otra mitad se la dejó a una hermana, quien se quedó con la tienda al casarse ella y se la acabó.
Ella intentó poner de nuevo la tienda, pero nunca lo consiguió. Deseaba que mi papá se fuera para allá y se dedicaran a la tienda. Mi papá ya no la siguió. Una vez lo había hecho y no funcionó.

Finalmente, encontró una mujer que no deseaba trabajar, sino cuidar de su casa y sus hijos y que se atenía a lo que él le proporcionaba. Terminó por encontrar a alguien que pensara como él.

Si leo el Evangelio, también dice lo mismo: "ama a tus enemigos". Muchos piensan que la familia del esposo o de la esposa, son enemigos porque se llevan a su hijo o a su hija. Al hijo, porque ayuda económicamente a la familia y a la hija, porque ayuda en la casa como mi esposo y yo hacíamos.
Y no lo son. Pero si se ven así, entonces nos aplicamos el Evangelio de hoy: "ama a tus enemigos" ¿qué mérito tiene amar a tus hijos y no a tus nueras o yernos? o ¿qué mérito tiene amar a tus padres y no a tus suegros? o ¿qué mérito tiene amar a tus hermanos y no a tus cuñados?

El matrimonio es una nueva etapa. Si tu hijo te ayudaba económicamente, ahora sabrá cuidar de su esposa y sus hijos.
Si tu hija te ayudaba con tu carga en la casa, ahora se hará cargo de la suya propia.
El matrimonio de un hijo o una hija, afecta a toda la familia porque marca un cambio para todos.

Recuerdo que cuando les informamos a mi abuelita que nos íbamos a casar porque estaba embarazada, lloró.
Se casaba quien la hacía fuerte en muchas cosas, quien la acompañó en muchas ocasiones, pero también se alegró de que siguiera sus consejos.
Me dejó volar, con la intención de acompañarme en el vuelo cuando lo necesitara.
Así lo hizo siempre. Me dejó vivir mi matrimonio sin meterse, pero nos apoyó cuando necesitamos. Igual hizo mi padre.

El consejo que repetí a mis hijos cuando solteros desde niños. Y más que consejo, era una órden fué: "ama a tu hermano, cuida de tu hermano"
Cuando decidieron casarse, mi consejo cambió: "pónte de acuerdo con tu mujer". Si hubiera tenido hija, le hubiera dicho "pónte de acuerdo con tu esposo"
Eso se lo oí decir a mi papá a mi hermana y me lo apliqué a mí misma.

No quiere decir que dejé de querer a su hermano, o apoyarlo cuando necesite si puede hacerlo, sino que su prioridad debe ser su esposa y sus hijos.

Dichoso el que camina en la ley del Señor dice el salmo de hoy. Dichoso el hijo que camino en la ley de sus padres, diría yo. Para mis hijos la ley era: "ama a tu hermano, cuida de tu hermano, no pelees con tu hermano". Cuando no obedecían ésa ley, que no sugerencia entonces sufrían las consecuencias. Las únicas veces que llegué a darles unos cinturonazos a mis hijos, fué porque peleaban entre ellos.

Dichoso el que camina en la ley del Señor, dice el salmo de hoy. Dichoso el hombre que camina en la ley de su esposo o de su esposa. Como es bien difícil hacerlo, alguno de los dos debe ceder, deben ponerse de acuerdo entre ellos en todo. En mi caso, yo cedía, después de decir mis ideas, mis conceptos o mis quejas, cedía. Era muy difícil que mi esposo me escuchara y atendiera a mis ideas o comentarios. Le entraban por un oído y le salían por el otro.

Cuando finalmente ésa manera de vivir no nos funcionó, dejé de hacer la voluntad de mi esposo. Terminé por entender que no siempre tenía la razón. Que la obediencia no implica hacer lo que el otro dice, como él dice y cuando él dice, sino de hacer lo más conveniente para los dos y para los hijos.

Vivimos 16 años haciendo lo que él decidía. Después de perder nuestra casita y un negocito, tomé las riendas. Me encaminé hacia acá y lo llamé. Fué el último intento de rehacer nuestro matrimonio.
Vivimos como yo deseaba. Fué un estira y afloja durante otros 20 años.
Gracias a Dios, terminó también él por regresar a la Iglesia también, escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

Ahora no manda ni él ni yo. Hacemos lo que Dios dice y ha cambiado todo.
Nos quedan las heridas de la batalla a los dos. Pero finalmente, ambos nos estamos dejando guiar por su Palabra.
Creo que Dios debería mandar en todo matrimonio. ¿Quién más sabio que El?

Buscando una ilustración para ésta reflexión, encontré frases como: "el matrimonio es una batalla de ver quien sirve más, no de quien manda", "mi esposo cree que él manda, yo creo en el respeto. Y respeto que se haga ilusiones" "Cuando el hombre abandona su liderazgo, la mujer abandona su respeto", "Asegúrense de casarse con un hombre cuya prioridad sea ser esposo y no seguir siendo hijo o hermano" y otras lindezas como ésa. Sólo sonrío al ver que no soy la única que se equivoca o que intenta descubrir el hilo negro que ya está descubierto desde hace mucho.

Y luego preguntamos porqué estamos como estamos, porqué nunca progresamos, como dice la canción

Te dejo unos links para que leas algunas ideas de matrimonio católico

https://www.revistabodas.com.uy/nos-queremos-casar-como-dios-manda-parte-1/ 
En donde se nos recomienda un libro dedicado al tema del matrimonio que escribió Monseñor Jaime Fuentes, Obispo de Minas. A través de 43 páginas, con un formato de preguntas y respuestas, el prelado construye un catecismo para novios que están preparando su casamiento. Puedes comprarlo y leerlo si están pensando en casarse y en que Dios sea el que mande en su matrimonio

w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

El matrimonio es un reflejo del amor de Dios por Su Iglesia porque en él se manifiesta el amor fiel, total y sacrificial que Dios tiene por la humanidad 🙏.

Así como Cristo amó a Su Iglesia hasta el punto de entregarse por ella en la cruz, los esposos están llamados a amarse con ese mismo compromiso y entrega 💖.

El matrimonio, en su esencia, es una unión que trasciende lo humano y participa del plan divino: un amor que busca el bien del otro, que es fecundo y que es signo visible del amor incondicional de Dios hacia cada uno de nosotros ✨.

Lectura del libro del Deuteronomio 26, 16-19
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.

Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos.

Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».


Salmo de hoy
Salmo 118, 1-2. 4-5. 7-8

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente,
tú no me abandones.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Mis hijos

Por Laura Aguilar Ramírez

Hace unos días celebramos el cumpleaños de mi hijo mayor.

El es mi segundo hijo. Mi primer hija había fallecido 3 años antes, a los dos meses de edad.
Como madre, siempre se recuerda el momento en que por fin vemos al ser que hemos llevado en nuestro vientre durante nueve meses.
Cada parto es distinto, o por lo menos para mi lo fueron los tres que tuve, sin embargo el primero marca a los otros dos.

Soy aprensiva desde pequeña, tal vez porque mi mamá me dejó con mi abuelita a los 9 meses de nacida. Mi abuelita me decía que cuando llegué con ella, no venía en muy buenas condiciones. Mi mamá era muy joven, aún no tenía 20 años y ya había tenido dos hijas. Mi hermana mayor era muy inquieta, con mucha pila y requería mucha atención. Por ello, mi mamá no podía atendernos a las dos de igual manera. Mi hermana absorbía todo su tiempo, así que yo me chupaba el dedo cuando tenía hambre, porque llorar no me servía de mucho jeje.

También me contó que llegué muy rosada . En fin, éso es lo que me contaron de mis primeros meses. Después, ví los embarazos de dos tías que parecía se echaban carreritas entre ellas. Sus hijos son de la misma edad entre ellos. Tuvieron 4 cada una.
Después me tocó ver los 3 embarazos de mi hermana mayor.

Bueno, en realidad sólo supe de todos éstos embarazos, porque primero, estaba en el internado y después estuve en el anexo de un grupo.
Era como un invitado en mi familia porque no vivía con ellos, sólo los veía el fin de semana. Muchas veces cuando llegaba a la casa, me encontraba con la novedad de un nuevo integrante o de algún refugiado. Mi abuelita tenía buen corazón y varias personas acudían a ella cuando tenían necesidad. Ví personas pidiéndole dinero para algún enfermo, dinero que no le regresaban casi nunca. Ví mujeres llegar con sus hijos cuando se separaban del marido por una u otra razón. Ví personas mayores buscar compañia. En fin. La vida de mi familia pasaba y yo no era parte de ella.

Todo ésa manera de vivir me hizo desear tener una familia propia. Miraba a otros niños con papá y mamá, vivir en su casa. Mamá cuidaba de los niños y papá trabajaba. Salían de paseo, veían la tele juntos, convivían, etc. Cosas que yo no hacía. En ése tiempo en el rumbo donde crecí, no se veía a muchas mujeres trabajar fuera de casa, la mayoría eran amas de casa.

Yo deseaba tener una familia más que nada. Alguna vez pensé en tener un hijo como madre soltera, pero no me parecía justo para mi hijo. Lo que nunca pensé fué en darle a mis hijos un padrastro porque yo tuve 3 madrastras y no es bonito ver entrar y salir de la vida de uno a una mujer tras otra y mucho menos, verlas irse sin siquiera voltear a verte y vivir esperando su regreso. La primer espalda femenina que ví alejarse para no volver,  fué la de mi mamá y después la de las otras tres mujeres con las que mi papá vivió.

Así que cuando me casé y tuve a mi hija fué maravilloso. Mi primer parto fué cesárea al igual que los otros dos. Me había preparado para un parto normal, había comprado libros que hablaban sobre el embarazo, había hecho ejercicios para el momento del parto. 

En ése tiempo, me sentía muy moderna, muy distinta a mi familia, veía las cosas de una manera diferente a ellos. Por ejemplo, mi abuelita decía que no había que moverse mucho en lo últimos meses del embarazo y yo había leído que no había porqué reducir las actividades normales, que el embarazo era algo normal y por lo tanto, la vida debía seguir normalmente.

Así que estando ya muy avanzado mi embarazo una sobrina cumplió años y se lo celebramos con un pastelito y nos pusimos a bailar. Estaba de moda una canción en la que se brincaba como conejo o langosta, no recuerdo, el chiste es que brinqué como loca. A los dos días, empecé a sentir dolores y se convirtió en un ir y venir a hospitales. Me revisaban y me regresaban porque aún no era el momento.

Estuve así dos días, hasta que un primo de mi esposo que hacía su residencia en un hospital consiguió que me recibieran y como los dolores iban y venían y les urgía la cama, decidieron hacerme una cesárea. Me dejaron como olán el vientre, jeje. El médico que me cosió, lo hizo como si estuviera haciendo olanes jeje y me dejó la panza bien bonita (claro, si fuera una blusa con olanes) me abrió desde el ombligo hasta abajo y me frunció toda.

Cuando estaba en la plancha para dar a luz, iba a ser cesárea sólo con anestesia local como todas, pero sucede que el anestesiólogo me puso mal la anestesia y para cuando me dió la primer tajada con el bisturí, me dolió hasta el alma. El doctor sólo dijo que el idiota anestesiólogo había vuelto a hacer su tarugada y me pusieron más para dormirme toda.

Recuerdo que cuando me ingresaron al hospital, estaba en la camilla con otra mujer, una muchacha que no obedecía lo que le decían, gritaba y pujaba como le había dicho alguiien y no atendía a las enfermeras que le decían que aún no era momento de pujar. Pujo tanto que se convulsionó, yo estaba bien tranquila, sin dolores mirándola. Llamé con gritos a la enfermera que junto con otros, la llevó a operar. Le hicieron cesárea estando inconsciente, debían salvar al niño. Cuando dejé el hospital tres días después, aún seguía inconsciente.

Yo acariciaba mi vientre y hablaba con mi niña. En ése momento, aún no sabía que sería niña. Le decía que iba a estar bien, que nacería bien, que iba a obedecer lo que se me indicara para que ella viniera con bien al mundo, que la amaba y que por ella estaba dispuesta a obedecer.
El doctor que me operó, me dijo que nunca había tenido una paciente tan dócil como yo . Eso me lo han dicho muchas personas a lo largo de mi vida.

Por éso, cuando mi segundo hijo iba a nacer también por cesárea, a pesar de haber tenido un bonito embarazo y de haberme preparado, cuando estuve en la plancha, mis rodillas empezaron a temblar sin poder controlarlo. Tal vez en mi subconsciente se quedó lo pasado en el parto anterior y el doctor  decidió dormirme toda para poder realizar la operación.

Para el tercer hijo, me programaron la cesárea y ésta vez no me durmieron toda. Pero el anestesiólogo estuvo a mi lado todo el tiempo, tomando mi mano y explicándome lo que estaba sucediendo. Fué el único parto bonito que tuve en reallidad. Sin embargo, en mis tres partos, lo que me sostuvo fué el deseo de ver a mis hijos, no importaba lo que pudiera dolerme. Me recuperaba muy pronto para poder ir a verlos en el cunero. Era la primera que estaba ahí y la última en retirarme. Iba con el tripié. Las enfermeras me decían que era muy pronto para levantarme, que esperara a alguien para que me ayudara a bañarme, a levantarme, etc. Pero nunca tuve a nadie que hiciera éso por mí, asi que no tenía que esperar a nadie.

Ni una madre, ni una hermana, ni una amiga.Nnadie estuvo a mi lado en el hospital. Me visitaban de entrada por salida, pero nadamás. Lo mismo sucedió cuando me operaron de la vesícula o me hicieron una biopsia. En mis enfermedades nunca ha habido alguien que me atienda, jeje. Recuerdo por ejemplo cuando a los 8 años tuve sarampión. Mi abuelita se iba a trabajar, me dejaba acostada con un suero con sidral, con fruta y verduras al lado. Me dejaba una basinica para que no tuviera que pararme a ir al baño.
Pero estaba tan débil con la fiebre, que al intentar levantarme para usar la basinica, me caí y tardé mucho para poder levantarme. Así que estaba acostumbrada a no esperar que nadie viniera a auxiliarme cuando estaba en cama.

Mis hijos han sido lo más bello y la mayor bendición que Dios me ha dado. Han sido mis compañeros, mi razón de vivir.

Por las circunstancias de mi vida, nunca tuve tiempo para hacer una amistad firme, no por mi gusto, sino porque al separarse mis padres y quedarme con mi abuelita, viví bajo su estilo de vida y ella se movía mucho. Antes de casarme a los 20 años, ya había vivido en 8 casas distintas, había pasado 5 años en internados, separada de mis hermanos, porque mi otro hermano vivió con mi otra abuela (la materna) y mi hermana con mi papá y su tercera mujer.
Estudié en 2 primarias y cuando estuve en la secundaria estaba tan lejos de mi casa, que no tenía compañeros de escuela con quien reforzar la amistad que hacía ahí. Empecé a trabajar a los 14 años y menos tuve tiempo de hacer amigos. La amistad es muy importante en la vida de las personas y yo no tuve amigos, no porque yo no quisiera sino porque así me tocó vivir.

Así que viví lejos de mi familia, de mis padfres, de mis hermanos y sin amigos. Mis hijos son mi todo, mucho más que lo son para otras personas. Son mi sol, mi aire, mi vida. Son mi gran regalo. Ellos han llenado mis años de soledad.

He visto llegar a mi vida a muchas personas que toman de mí lo que pueden y después se alejan sin más. Sólo mis hijos están siempre.

He escuchado a mujeres quejarse por los dolores de parto o quejarse de que sus hijos son una carga o que ya no saben qué hacer con ellos. Y yo siempre me he preguntado cómo es posible que digan algo así, si los hijos son lo más maravilloso que Dios les dió.

Tal vez sea porque no han vivido como yo, deseando ser correspondida cuando doy mi amor. Pero como digo, no es cosa de los demás, es que yo no estaba el tiempo necesario para afianzar una amistad ni siquiera con mis hermanos.

Así que lo que más agradezco a Dios, es haberme dado la vida y haber puesto en ella a mis hijos. No cambiaría nada de mi vida, ni mi soledad, ni los dolores de mis cesáreas, ni la pobreza, ni nada de lo que he vivido, porque de haber sido distinta mi vida, no estarían ellos en ella.

Gracias, Señor por los hijos que me diste, por todo lo que he vivido y por estar siempre a mi lado.

Mis bisabuelos

Por Laura Aguilar Ramírez


He recordado hoy a mis bisabuelos. No los conocí porque ya habían fallecido cuando nací, pero sé de ellos por lo que me han contado. Una tía abuela, hija de él, me dijo que era muy duro y que su mujer, muy callada.

Cada quien ve la historia desde distintos ángulos. Sí. Mi bisabuelo fué muy duro si se entiende por dureza, entereza, firmeza y vivir de acuerdo a sus principios.

Mi bisabuelo se llamó Vicente, mi bisabuela Isabel. Ella llegó de Hidalgo junto con su hermana Alejandra, quien consiguió entrar a trabajar al Castillo de Chapultepec como sirvienta en tiempos de Don Porfirio Díaz, quien tenía su residencia ahí. Fué la tía Alejandra quien le consiguió trabajo ahí mismo a mi bisabuela, en la cocina

Cómo se conocieron no lo sé, el chiste es que lo hicieron y procrearon 9 hijos: 2 varones y 7 mujeres. Debió ser difícil, jeje por aquello de "mujeres juntas, sólo difuntas".

Mi tía me contó que cuando pequeñas paseaban en carretela con sus padres. Era el medio que tenían para transportarse. Vivían en un medio semirural. La familia del bisabuelo poseían terrenos en los que sembraban maiz, frijol. Otros tenían huertas. Y otros como mi bisabuelo, criaban puercos o ganado.

No puedo imaginar a mis bisabuelos, porque no existe ninguna foto o retrato pintado de ellos. Sólo puedo imaginar cómo eran, por sus hijos. Mis tíos son blancos, van de pelo guero a pelo castaño. Sólo dos tenían pelo negro.
Mi tía decia que su papá era moreno. Bueno... entre tanta leche, supongo que a cualquiera veían moreno jeje. La verdad es que hay más blancos que morenos entre sus hijos.

Me lo imagino como los hombres de ése tiempo y con los problemas de los hombres de su tiempo.

Sucede que por ésos lugares, llegó de pronto una ola que amenazaba con llevarse todo al traste. Llegó el cine con su escandalera a ésos rumbos. Con malos ejemplos muchas veces, ejemplos que atentaban contra el modo tradicional en que criaron a sus hijos.
Y éso se reflejó en la vida de mis tías y de mis abuelos.

Mis abuelos se llamaron Benigna y Rafael. Ella, hija de mis bisabuelos educada de manera tradicional. El, hijo de españoles que llegaron poniendo negocios y que eran de mente más abierta o costumbres más disipadas.

Mi bisabuelo Vicente vió con dolor cómo las tierras se llenaban de pavimento o adoquines, cómo los ganados se acababan. A mí me tocó ver todavía un establo donde nos vendían leche servida por recipientes: un cuarto, medio, un litro. Me tocó ver a las vacas, pero ya no pastando libremente por el río, sino encerradas en el establo.
Me tocó ver todavía borregos y chivos pastando en terrenos que después fueron dando paso a la Alberca olímpica, a la YMCA, a negocios y casas.
Me tocó ver todavía al Río Churubusco cuando era río corriente y no entubado como es ahora. Antes de que hubiera las grandes avenidas que trajo el progreso.

Mi bisabuelo Vicente vió cómo sus amadas hijas se juntaban con hombres que no siempre eran de su gusto.
Hablaré de mi abuela en particular.

Mi abuelita siempre fué conocida como "Catalina", pero no era su nombre. Le decían así como apodo ya que de pequeñita no podía decir el nombre de su tía Catarina y decía Catalina. Eso les daba mucha risa y empezaron a decirle así por diversión y terminó siendo conocida por ése nombre no por el suyo.

Conoció a mi abuelo Rafael y como Romeo y Julieta, fueron rechazados por sus respectivas familias, las cuales se enfrentaban en una lucha callada por dominar la región. 

Mi bisabuelo Vicente fué de los últimos bastiones de la vida semirural. El se negó a vender sus terrenos, los dejó de herencia a sus hijos y cuando vendió alguno, lo hizo a sus familiares.

Sí. Fué duro. Duro para defender lo que él consideraba bueno. Y el tiempo le dió la razón. Junto con el progreso, llegaron calamidades: la calamidad de mujeres que no se casaban, que tenían hijos sin padre. Hijos procreados en fiestas en las que corría el alcohol. Fiestas a las que a sus hijos les estaba prohibido asistir.

Todo ésto generó en enfrentamientos incluso entre hermanos o familiares. Unos acusaban a personas como mi bisabuelo de "cerrados" e "retrógradas". El decía que defendía el vivir como familia y el vivir con valores

Pues en medio de todo ésto, mis bisabuelos españoles desheredaron a mi abuelito Rafael. O por lo menos, lo amenazaron con hacerlo si no desistía de seguir con mi abuelita.

Mi abuelito debió tener su genio también, puesto que tomó a mi abuelita Cata y se la llevó a vivir a Veracruz donde nació mi papá. Ahí vivieron hasta la muerte de mi abuelito.
Mi abuelita entonces se regresó a CDMX, llevaba a mi papá de 4 años. Los abuelos españoles se negaron a ayudarla. A cambio le dijeron que les diera al niño para criarlo ellos.
Mi abuelita se negó.
Mis bisabuelos Vicente e Isabel lo registraron entonces como hijo suyo para evitar que le fuera arrebatado a mi abuelita. Se quedaron a vivir en su casa. Pero....

Y ahí está el gran pero que llevó a mi abuelita Cata a ir de un lado a otro, de una cama a otra, de balcón en balcón como dice la canción de Napoleón: se negaba a vivir bajo las normas de su padre, le gustaba vivir con más libertad como lo había hecho al lado de mi abuelito Rafael.

Y éso acarreó que buscara y encontrara a otro hombre con quien procreó 2 hijos. Un varoncito que creció hasta los 16 años cuando murió víctima de una infección y una mujercita que falleció a los dos años de edad.

Esta relación se terminó Y ella regresó con sus padres de nuevo. Ahora eran tres hijos en lugar de uno sólo.
Ella seguía en su terquedad de cambiar a sus padres y hacer lo que ella creía estaba bien. Esa manera se la enseñó mi abuelito Rafael. Y ellos a no querer hacerlo, no por terquedad sino porque no podían permitir que viviera de la manera que lo hacía.

Sus hermanos siempre obedecieron a sus padres, sólo ella era la rebelde. Y así le fué, por supuesto
Encontró a otro hombre con quien se fué a vivir y tuvo otros dos hijos con él. Era casado y por ello, no podía casarse con ella. Sus padres la ayudaron con los niños, pero con la condición de que dejara ésa vida de mariposa.

Finalmente, el bisabuelo Vicente hizo lo que más le dolió en su vida: corrió a su hija de la casa o mejor dicho, le puso un ultimátum: o dejaba de andar mariposeando y se dedicaba a cuidar de sus hijos, trabajando para sostenerlos o se iba de la casa porque estaba dando mal ejemplo a sus hermanas. Mi abuelita fué la segunda hija mujer y la tercer hija del matrimonio de mis bisabuelos. Después de ella, seguían niñas más chicas. Mi abuelita decidió irse y a los bisabuelos no les quedó más que verla partir.

Al irse de la casa de sus padres, encontró ayuda en una señora llamada Merceditas, quien le brindó un techo y después le ayudó a meter a sus hijos a un internado.

Nunca regresó a ver a sus papás. Murieron sin volver a verla. Al fallecer, a cada uno le había dejado un pedazo, pero a ella no. El terreno que iba a ser suyo, se lo dejaron a mi papá.
En ésos tiempos y por ésos lugares, las cosas se hacían a la palabra. Pero con el progreso llegaron también los abogados y el papeleo, que para personas como él eran innecesarias. Así que quedó intestado y hubo que legalizar lo que él había dejado dicho.

Y ahi fué otra muestra de que mi abuelita no actuaba muy bien que digamos. Como no tenía nada, pues fué a ver qué le habían dejado. No sé quien convenció a quien, pero el caso es que una hermana que vivía en USA envió dinero para los trámites, otra que vivía en la frontera se ofreció para ir a ver que se hiciera. Y el terreno que le dejaron a mi papá se puso a nombre de mi abuelita.

Mi papá se enojó mucho, discutió con ella, se metió uno de mis tíos y casi acaban a golpes. En la trifulca, mi abuelita intentó separarlos y le tocó un golpe.
Se hizo el escándalo. Alguien había llamado a la policía. Mi papá se fué por las azoteas, pero lo agarraron y lo metieron a la cárcel.
Salió por supuesto muy pronto.

Finalmente se calmaron las cosas. Mi papá y mi abuelita se reconciliaron. Mi abuelita vendió después el terreno a una hermana.

Mi papá nunca vivió ahí. Unas tías lo hacían, mientras construían en sus terrenos. Mi papá vivía con mi mamá y mi hermana en Acapulco de donde se regresó mi mamá porque no le gustó y porque estaba embarazada de mí. Así que una tía le consiguió vivienda. Pero ésa es otra parte de la historia.

Las hijas dei bisabuelo decían que era duro, pero yo creo que era firme. Una se juntó con un tipo que pensó que lo iban a mantener, otra con un tipo que la dejó cuando nació un hijo con retraso mental. Otra se casó con uno que pensaba que podía tener a cuanta mujer se le pusiera enfrente. Y así por el estilo sus 7 hijas. Mi bisabuelo tenía que ser duro, porque su debilidad era su fortaleza.

Aunque no volvió a ver a su hija, no dejó de pensar en ella y si no le dejó el terreno a su nombre y lo hizo a nombre de mi papá fue porque era tan poco reflexiva, tan dada a regalarse a cuanta amiguita conocía, tan dada a aceptar hombres que no respondían a sus responsabilidades que no era muy sensato dejarle algo a su nombre.

Mi papá compró dos terrenos muchos años después y se los vendió a mi abuelita muy baratos. Al fin tenía algo suyo, como su papá mi bisabuelo deseaba. Dejó de andar de un lado para otro.

Finalmente creo que mi bisabuelo le dió ése encargo a mi papá. O por lo menos mi papá llegó a conocerlo tanto que sabía bien lo que su abuelo deseaba.

Mi bisabuelo fué de los hombres de antes, de los que no sobran muchos por desgracia.
Mi abuela Isabel, una mujer de las de antes. Que confiaba en su esposo, que no discutía porque no había razón para hacerlo, que  encontró en él apoyo y bienestar para ella y sus hijos.
Que obedecía a su esposo porque confiaba en él,

Hay una razón para ésta reflexión:
Conocí a una muchacha cuya madre trabaja, que pensó encontrar una familia y un apoyo en su vida. Y desgraciadamente no fué así.
Después de dos años de vivir con un muchacho, se vió de nuevo en la encrucijada de buscar a dónde irse. Esta vez con una niña en brazos.

Y a diferencia de mi abuelita no encontró apoyo y buscó a otro muchacho. Pero como digo, los hombres ya no son como los de antes, pues seguramente no le dará donde vivir y menos con una niñita.

Conocí a otra muchacha en las mismas condiciones. Que buscó apoyo en otro hombre y sólo tuvo otro hijo. Y la última vez que supe de ella, vivía con alguien quiensabe por cuánto tiempo.

Cada vez más, se ven casos así en la actualidad.
La forma de ver la vida ha cambiado. A personas que creemos que la familia tradicional es lo mejor, se nos ve como retrógradas, pasados de moda, personas que vivimos en el siglo equivocado.

Recuerdo a San Juan Pablo II decir que la familia es el núcleo de la sociedad y que la sociedad se está resquebrajando porque la familia lo está haciendo.

Madres solteras, personas divorciadas que se vuelven a casar y peor, que se casan varias veces. Parejas que viven juntas mientras el gusto exista, pero en cuanto pasa el gusto, cada quien por su lado. Y porque siguen viéndose y actuan muy educadamente creen que están bien.

Yo creo que es el desconocimiento de sí mismos. Desconocimiento que nace del desconocer a Dios que nos formó a su imágen y semejanza.
Y lo hizo por amor y con amor.

Cuando mi abuelita ya mayor, después de haberse dado en la cabeza un montón de veces, después de andar de hombre en hombre, después de andar de templos a iglesitas, a centros espiritistas y demás anchetas en su búsqueda de Dios, regresó a la Iglesia católica encontró entonces la puerta de regreso a una vida tranquila, a una vida en la que recobró todo lo que había perdido por cabezona.

Recuperó a sus hijos, recuperó a sus nietos, recuperó su terreno, recuperó casa, recuperó el respeto a sí misma y la fortaleza para vivir en consecuencia.
Yo conocí a mi abuelita en ésta época. No la conocí ante. Y agradezco a Dios la haya puesto en mi vida porque es la mujer que más amo en la vida, a la que más le agradezco y a la que más admiro.

Tuvo el valor de reconocer sus pecados, aunque sea tarde, tuvo la humildad para acercarse a buscar a su familia, a sus hermanas, a sus hijos.

Y éso no es sencillo como puede uno ver en tantos y tantos ejemplos de personas que prefieren acabar en la calle que regresar a pedir perdón.

Como dije al principio, no tengo ninguna foto de mis bisabuelos, pero sí un recuerdo de ellos.

En el baño de la casa donde vivieron y que quedó con una de sus hijas, quien la arregló, había un medallón grande de barro con la imágen del Castillo de Chapultepec como testimonio de su presencia en ése lugar. Por ello, pongo una imágen parecida en éste recuerdo de ellos

Estuvo ahí durante muchos años, ya que nosotros vivimos en un cuarto de ése terreno y usábamos ése baño. Vivimos ahí 3 años. Posteriormente seguí viéndolo aún cuando ya estaba yo casada.

Me gustaba mucho verlo. Supongo que algunos de los muebles de la casa de mi tía pertenecieron a los bisabuelos. Recuerdo que una pared de su recámara aún era de adobe. Y la gran pileta también era de ellos- Rastros de su presencia, rastros de su personalidad, rastros de su vida.

Vivían con órden, cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Con limpieza, pues hasta los puercos estaban limpios. Me tocó ver aún a puercos de los que ellos criaban. Ví grandes ollas y cacerolas de barro que les pertenecieron.

Tenían jaulas con canarios. Jaulas que también heredó mi tía y que yo de pequeña, ayudé a limpiar. Eran grandes jaulas que se sacaban en la mañana y se metían en la tarde.

Un saludo al cielo a mis bisabuelos que criaron y educaron a mi abuelita y a mi papá.

Cuando no se pone uno los anteojos adecuados

Por Laura Aguilar Ramírez



Hoy recordé algo doloroso: cuando mi papá se fué al norte, donde fué asesinado.

Recuerdo el día en que avisó su esposa que lo habían hallado muerto. Estaba en casa de mi hermana como muchos sábados en que acostumbraba ir, jugábamos cartas. Me gustaba ir porque es la única familia cercana. Tengo 12 hermanos más, pero ella es la que siembre ha estado. Ella me enseñó a tratar a mi hijo mayor. Llevaba a mis hijos y mis sobrinos, hijos de mi hermana los veían. Mi sobrino les enseñó a jugar en su Family, antecesor del atari y demás. Los llevaba a jugar con su patineta. Era distinto a otros adolescentes que se molestan cuando alguien les agarra sus cosas. Cesarín les enseñaba, les prestaba sus carritos, no se enojaba por ello. Tal vez porque no tenía hermanos varones, sólo dos hermanas y otras dos sobrinas que vivían ahí, les tenía tanta paciencia a mis hijos. Creo que se divertía con ellos. Nos dejaba su recámara para que durmiéramos y él se iba al sillón. Era lindo mi sobrino.

Bueno... siguiendo con mi papá. Nos levantamos temprano. Mi hermana en ése tiempo, vendía pollo enfrente de mi casa. Ella vivía en un departamento y no tenía espacio para poner los tambos donde hacía pollo al carbón, riquísimo por cierto, como dice la fufurufa de los vecinos jeje. Nos pidió a mi esposo y a mí, chance de vender en nuestra casa que era pequeña, pero teníamos un patiecito de 1 metro por metro y medio donde cabían los dos tambos.

Le iba bien. Y a nosotros también, porque a raíz de que ella empezó a vender pollo, conoci a albañiles, herreros y demás trabajadores y empecé a venderles comida en la semana. Teníamos poco tiempo de habernos cambiado a nuestra casita de INFONAVIT. Algunos vecinos arreglaban sus casas, les ponían protección de herrería, etc. El mercado dpmde vendían comida, estaba lejos para ellos. Y pues, aproveché para ganar un poco de dinero.

Más porque no había dónde, que por lo rico de mi comida, iban a mi casa, jeje. Gracias a Dios. Hicimos amigos entre ellos. Más que clientes, algunos llegaron a ser amigos.

Decía que estábamos en su casa ése sábado. Mi hermana y mi cuñado se iban temprano a comprar el pollo. Casi iban entrando de regreso, cuando sonó el teléfono. Era la esposa de mi papá, dándonos la noticia: lo habían encontrado muerto en su troca, en un tiradero donde lo llevaron. Atado de manos con sus mismos calcetines y con la boca tapada con su ropa.

A mi hermana nunca se le ha cerrado el mundo. Reaccionó como siempre: pensando qué hacer.
Decidió que mi esposo se quedara vendiendo el pollo. Había puesto todo su dinero ahí. Mi cuñado tenía un taller mecánico eléctrico que tampoco podía cerrar. Mi sobrino era su ayudante, porque había aprendido desde niño. Además de otros ayudantes.

Así que fuimos a poner el puesto. Mi esposo se iba a hacer cargo también de mis hijos, porque no podía llevarlos. El mayor tenía 5 años y el menor 3. Los hijos de mi hermana se quedarían en su depa. Con el dinero de la venta del pollo y del taller se las tenían que arreglar para los gastos.

Por mi parte, tampoco tenía dinero, pero algunas personas me debían lo de la comida. Así que fuí a cobrarles mientras se ponía el puesto. Uno de los herreros, nos prestó dinero que tenía en ése momento y otros nos cooperaron sin decirles nada. Como digo, eran buenos amigos.

Yo como siempre, estaba embotada. Es algo que me sucede. Cuando veo que alguien se hace cargo, me pongo a sus órdenes. Bien dicen que "mucho ayuda quien no estorba". Mi hermana tomó el control y yo ayudé.
Cuando estoy sóla, yo tomo el control. Así no nos estorbamos unos a otros. Eso pienso y he pensado siempre.

Mi hermana se acordó de mi abuelita. Había que decirle. Era su hijo. Dejamos a mi esposo, mi cuñado e hijos en el puesto y fuímos a verla.
Mi abuelita era fuerte. Sus ojos se le entristecieron, pero no lloro. Se puso a buscar quien se hiciera cargo de su casa. Vivía sóla con don Pedrito que estaba atrofiado de sus músculos y no se levantaba de la cama.
Ella lo cuidaba, bañaba, cambiaba el pañal, las cobijas y sábanas diariamente. Tenía setenta y tantos años entonces y tenía mucha vitalidad

Un vecino le ayudaba. El mismo amigo de mi padre, que lo siguió cuando compró ésos terrenos. Mi papá le había ayudado mucho y Juanito le fué siempre fiel.
Cuando mi papá le vendió el terreno a mi abuelita, Juanito le ayudó a ella. El, su esposa y sus hijos eran lo más parecido a su familia.

Ellos se hacían cargo de don Pedrito, de la casa de mi abuelita cuando salía para ir a EE UU a ver a sus hijos, la ayudaban, la visitaban. Nunca la dejaron sóla.

Fué con ellos, les encargó el changarro. Juanito también le regaló dinero que tenía guardado. Mi mamá le dijo que se lo pagaría, pero él se negó a que lo hiciera. Realmente quería a mi papá.

Ya con todo arreglado, encargado todo, nos fuímos a Reynosa en el carrito de mi cuñado. Nos detuvimos a dormir un poco en un hotelito y a comer en el camino, porque la manejada es dura y con una mujer mayor sentada tanto tiempo, más.

Llegamos. Yo pensaba encontrar a Sixta sóla, a mi padre en la cama. No sé. Me imaginaba lo peor. Pero me llevé la sorpresa de que la gente se había hecho cargo de todo.
Los compañeros de mi padre que lo llegaron a estimar (él tenía el don de gente, era buen amigo de todos) se habían cooperado para el pago de la funeraria. Lo encontramos en su ataud, sólo nos estaban esperando para llevarlo al panteón. De hecho, debían haberlo enterrado el día anterior, porque en Reynosa hace mucho calor y los cuerpos se descomponen pronto.

Estaban un poco sorprendidos porqu el de mi papá no se había empezado a descomponer. Llegamos el martes a mediodía. Lo mataron el viernes. Lo encontraron el sábado en la mañana. En lo que se hacían las averiguaciones y entregaban el cuerpo, se veló el lunes y se enterró el martes

El viernes en la tarde, mi papá le dijo a Sixta: "ya me voy, chaparrita. Me doy una última vuelta y regreso". No regresó y si... fué su última vuelta.
No le gustaba trabajar hasta muy tarde, pero ése día le tocaba trabajar en el último turno. Los choferes tenían turnos que eran decididos por los dueños de la línea. A él le tocó ése día trabajar el último turno.
Una persona vió entrar su troca al "trapiche" como llaman al tiradero allá. Lo reportó anónimamente a la policía. Era de noche. Pero no hicieron mucho caso, porque era el cambio de turno según dijeron.

El siguiente turno atendió la llamada hasta la madrugada. Para cuando fueron, ya había muerto, desangrado.
Siempre me he preguntado si hubieran atendido a la llamada de inmediato, se hubiera podido salvar. Pero no sucedió así.

Su esposa salió muy temprano a buscarlo. No lo hizo en la madrugada por no despertar, pero al ver que no llegaba, no durmió por el pendiente. Cuando fué con su compadre a preguntar por mi papá, le dijo: "Ay, comadrita. Cómo que no llegó? Yo lo ví asomándose a la ventana de su casa cuando llegué en la noche".

Mi hermana lo soñó también. Tocaba la ventana como siempre que iba a visitarlos. Y yo lo soñé después Lo ví sonriente como siempre. Me llenó de paz cuando lo soñe, meses después.

Sigo con el entierro. Yo no lloraba. Ni una lágrima salió de mis ojos en mucho tiempo. Veía a mi abuelita que lloró sólo un poco y después se reía con el señor que le rentaba a mi papá y que era su amigo, porque con él jugaba dominó todas las tardes. De hecho, ése señor pagó la comida y el café y pan que se acostumbra dar en ésos casos. Como digo, se veló en la casa más tiempo del que se acostumbraba allá, por estarnos esperando. Así que él se encargó de dar de comer a Sixta y a sus dos hijos y a algunas personas que la acompañaron. Se portó super el señor

También se comprometió a pagar el panteón a los siete años y visitar su tumba. Porque nosotros no podríamos hacerlo después. De hecho, no hemos regresado. Sólo mi tío y Juanito regresaron después a pagar el panteón siete años despuésbr /> Y al señor había cumplido: visitaba su tumba. Bendito sea

Llegó el camión donde se transportó a la gente. De dónde salieron tantos me preguntaba. Fué largo el cortejo. Toda la línea estuvo presente: choferes y sus familias.
No era el primero al que asesinaban, desgracidamente no fué el último tampoco.

A mí me chocaba la actitud de mi abuelita, En el fondo de mí, la culpé desde que mi papá se fué a Reynosa. Cómo es posible que una madre vea a su hijo necesitado y no haga lo imposible por ayudarlo?
Creo que fué la primera vez que juzgué a mi abuelita. La sentí tan hipócrita cuando la ví llorar. Poco, pero lloró. Y después la ví platicando como si nada.

Mi papá había comprado dos terrenos. Uno de ellos más grande que el otro porque era esquina. Construyó en los dos. Primero una casita de dos cuartos y en la esquina construyó una casa más grande, donde puso una tienda y se pasó a vivir ahí.

Tenía cochinos porque su abuelo le había enseñado a cuidarlos. Quiso mucho a sus abuelitos que prácticamente fueron sus padres. Ellos lo adoptaron legalmente cuando a los cuatro años quedó huérfano de papá y mi abuelia se los entregó.

Después, le vendió los terrenos a mi abuelita. Ella volvió a poner la tienda, pero vivía en los dos cuartos. Así que tenía un lugar donde mi papá podía estar cuando lo necesitó al regreso de Oaxaca, cuando casi le cortan la pierna.

El vivió dos semanas con mi hermana después de salir del hospital. Buscó dónde irse, pero no encontró y terminó yéndose a la frontera.

Yo pasé años después por lo mismo y sé lo que debió dolerle.
Por lo que sea: nuestros malas decisiones o por otras cosas, también nosotros pasamos por malos momentos, perdimos nuestra casa y nuestro negocio. Intentamos levantarnos, nos fuímos a Puebla y terminamos llegando a Ensenada. Mi papá estuvo un tiempo en Ciudad Valles y terminó en Reynosa. Igual nosotros.

Mi abuelita no podía ayudarnos con un lugar dónde vivir, porque para ése entonces, una sobrina vivía en la casa grande y mi abuelita con otro de sus hijos y su familia, vivían en los dos cuartos que habían ampliado.

Así que le pedí a mi suegro ayuda y no quiso o no pudo hacerlo. Por una cuñada que vivía lejos. Como mi abuelita, años antes. Ella pensaba dejarle la casa a su hija que vivía en EE UU (de hecho, se la dejó) así que no ayudó a mi papá.
Lo vió irse sin mover un dedo. Como mi suegro nos vió a nosotros venirnos.

Cuando mi papá murió, un mucho de la admiración que le tuve a mi abuelita se cayó. Desde entonces, me juré no dejar de ayudar a mis hijos. No repetir lo que ella hizo.
El hubiera no existe, por supuesto. Pero si ella le hubiera ofrecido la casa para que viviera, otro gallo le cantara.

Sé también que mi abuelita se arrepintió mucho. Lo sé, no porque me lo dijera, sino porque a partir de entonces, se volvió a Dios más que nunca en su vida. Ella siempre fué muy religiosa, de hecho, anduvo vagando por varios sitios buscando a Dios. Después de la muerte de mi papá, empezó a ir a la iglesia. Empezó a leer la Biblia. Iba a la casa de sus hijos y nos la leía, tratando seguramente que nos entrara.

Lo sé porque también yo, cuando conocí a Cristo, he tratado de que mis hijos sepan de El, sepan que no están sólos. Sepan todo lo que Cristo ha hecho por nosotros.

Mi abuelita regresó a la iglesia después de la muerte de mi papá. Sé que sus últimos años los vivió en la fé. Tal vez entonces valoró a su hijo como nunca antes lo había hecho.

No sé qué me dolió más: si la muerte de mi papá o que lo dejaran sólo, hasta aquella que le dió el ser, aquella que fué amada por mi abuelito tanto que dejó familia, dinero y posición por ella.
Ella, dejó a su hijo irse.

Ese ha sido también ejemplo para mí. No dejar a mis hijos sólos en sus necesidades. Como lo hizo mi suegro con nosotros y lo hizo mi abuelita con su hijo
Perdón, pero éso es lo que siento. Eso es lo que sentí entonces. Y no voy a dejar de escribirlo, sólo para guardar apariencias.

Ahora puedo ver las cosas con otros lentes. Puedo perdonar. Y el perdón sale de mí en forma de lágrimas, lágrimas que curan mi alma más que lo que les puedan servir a ellos.
Durante años no lloré. Ni una sóla lágrima salió de mí. No lloré cuando murió mi hija. No lloré cuando murió mi papá. No lloré cuando murió mi abuelita.
Después he llorado a mares.
Sólo Cristo ha podido limpiar de mi alma tanto rencor acumulado.

Mi hermana resumió en dos palabras lo que yo sentía, pero no sabía que lo sentía y por ello no podía decirlo.
Mi hermana decía: "ay, mi abuelita. Ahora sí anda rece y rece por todo lo que hio y lo que no hizo".
Pero en algo se equivocaba mi hermana. Ella decía: "yo ya recé para toda mi vida". refiriéndose a los años que estuvo en el internado de religiosas y donde se iba a misa diariamente y se oraba antes de cada comida. Yo sólo estuve unos meses.

Nunca se reza lo suficiente. Siempre hay que pedir a Dios. Siempre hay que agradecer a Dios. Porque sólo El conoce nuestro corazón y sólo El puede sanarlo. Como el mío que era una piedra endurecida por lo que yo creía injusto en mi vida: el abandono de mi madre, el que mis madrastras no me aceptaran, el que las personas a las que ayudaba me dejaran sóla depués.

Esa historia se repetía una y otra y otra vez con todas las personas que me acercaba como perrito callejero buscando dueño.
Hasta que comprendí que para Cristo no soy un perro callejero, soy su hermana. Que para Dios no soy un perro callejero, soy su hija.
Que no necesito andar mendigando amor como me dijo alguna vez una persona. Que Dios me ama como soy y por quien soy.
Sólo El ha limpiado mi corazón de tanto rencor que acumulé en mi vida.
Sólo El hizo fluir lágrimas de mis ojos-

Alguna vez juzqué también a mi abuelita por querer que sus hijos le pagaran lo que hizo por ellos. Alguna vez le oí decir que sus hijos no la ayudaron. La oí decir muchas veces que ella tanto les había dado y lo mal que le pagaban.

Yo pensaba que cuando uno da, no espera devolución, que cuando uno ama, da lo que tiene y hasta lo que no tiene por los que ama. Eso lo sigo pensando.
Pero ahora lo sé porque lo he visto: Dios da lo necesario, cuando es necesario y como es necesario.
No como uno quisiera.

Dar sin esperar nada a cambio, dice Cristo. No es un dar para que me den, ni "hoy por mí, mañana por tí".

Mi abuelita era ambivalente, como yo seguramente o como muchos tal vez. Veía más bonitos a los hijos de los otros, en vez de ver a sus hijos preciosos.
Eso también se lo critiqué. Por ejemplo, yo me mataba por sacar buenas calificaciones, por portarme bien, para agradarle. Y lo lograba.
Pero taambién lo hacían sus hijos, y a ellos los malmiraba siempre. Eso hacía que me malmiraran a mí.

Para ella, sus sobrinos eran una maravilla, y sus hijos, no.
Creo que nunca valoró lo suficiente a sus hijos. El pasto del vecino no es mejor que el mío. Si algo no me gusta, le pongo flores. Respeto a mis hijos aunque no sean precisamente lo que yo quiero que sean.
Ella no lo hacía. Como he comentado, un día me llevó a la Escuela de Trabajo Social, sólo porque ella consideraba que era bueno para mí y ni siquiera me preguntó si quería. Yo ni sabía qué era éso.

Me parezco tanto a ella en muchas cosas. La amo tanto y siempre le estaré agradecida por lo mucho que hizo por mí, pero éso no quita que deje de ver el que no lo hizo por sus propios hijos.
Me echó mucho royal, como se dice. El royal que no les puso a sus hijos cuando eran pequeños.

Podría decir ahora de mí lo que decía de sus hijos: que soy una ingrata. Pero no puedo dejar de escribir lo que no me gustaba de ella.

Aunque la entiendo. Alguna vez mi esposo me dijo lo mismo: tú ves más a los hijos ajenos que a los tuyos, porque a veces me ponía a enseñarles o a cuidar a otros niños. Pero no era igual que mi abuelita. Tenía siempre un ojo al gato y otro, al garabato.

Aveces ayudaba a otros niños, porque mi propio hijo me lo pedía. Tal vez siguiendo el ejemplo de Cesarín mi sobrino, hijo de mi hermana, mi hijo mayor siempre me pedía que ayudara a otros a los que les costaba estudiar o que no tenían juguetes.

Como ves, la bondad no nace de mí. Siempre he dicho que mis hijos son nobles. Como noble es mi sobrino. Como noble fueron mi abuelo y mi padre.

Pero tambén hay que valorar. Mi abuelita no valoró muchas cosas. Ni a mucha gente.
Una cosa es ser buen amigo y otra dejarle todo al amigo.

Por ejemplo: mi abuelita era como las flores: atraía a los hombres buenos y trajabajadores Pero los despreciaba. Se los dejaba a sus amigas, tú crees?
Cuando jóven, un señor se le acercó. Ella tenía a mi papá pequeño, su amiga también tenía a una muchachita.
Pero el señor se acercó a ella. Pero como a la amiga le gustaba, se lo dejó. Ay, mi abuelita. El señor tenía un ranchote, con vacas y animalitos, tal como se lo recetó el doctor. Y se lo dejó a su amiguita a la que no le gustaba el rancho ni el sonido de sus aires.

Otro señor se acercó a ella, como ya he comentado. Tenía 3 hijas que la querían mucho. El señor era bien bueno. Con él vivimos cuando nos quedamos con mi abuelita, pero.... curiosamente, en ése tiempo, sus hermanas la necesitaron para arreglar el intestado. Y se fué con ellas.
A mi papá le dejaron sus abuelos un terreno, y tenia derecho a él, porque llevaba sus apellidos, pero como él no quería venderselos, aprovecharon una salida de él para convencer a mi abuelita para que les firmara, usaron su debilidad mayor y pusieron el terreno a su nombre y después la convenscieron de vendérselo.
Y por éso dejó a don Angel, que la quería tanto. Y que no es por nada, pero tenía su buena casa, sus buenos animalitos y sus buenas hijas

En otra ocasión, mientras ella trabajaba en un pueblo adonde la mandaron a enseñar el oficio a las trabajadoras, porque mi abuelita era jefa de anudado de collares, le ofrecieron un terreno en muy buenas condiciones, ella le platicó a su hermana que vivía en EE UU, y que por ésos días andaba en CDMX quien lo aprovechó, lo compró y se lo dejó a un hijo. Ay, mi abuelita.

Le caían hojas del cielo y se ponía a repartirlas a todos, menos a sus hijos. Y después la escuché quejarse de que sus hijos no le ayudaron a tener terreno. Oí el agua, dirían.

En otra ocasión, una amiga le habló de unos terrenos. Ella se levantaba temprano para ir, nos llevaba en la noche a hacer guardia con el friaso. Mi tío Arturo nos acompañó una vez y le dijo "Ay, mamacita. Esto está bien feo". Y ya no quiso volver.

Así era ella. Dejó ir a dos buenos partidos con rancho y animalitos por sus amiguitas.
Dejó ir un buen terreno, cerca de un buen trabajo por su hermanita.
Era "candil de la calle y obscuridad de su casa" como ella misma decía de mi papá. Y es que nunca lo entendió. El era un buen jugador. Jugaba dominó como los ángeles y jugaba baraja muy bien.

Pero jugaba billar mejor. Le daba a una bola y sabía en dónde iba a dar. Pero con mi abuelita, por más que le diera a las bolas adecuadas, ella se encargaaba de meter en la buchaca a otras. Al fin que a mí me caen sólas, seguramente pensaba.

La suerte no existe, las hojas bajan del cielo, pero no hay que desperdiciarlas. Llega el momento, que las bolas se acaban y mientras todas están en la buchaca, uno se queda sin nada. Eso le sucedió a mi abuelita siempre, hasta que mi papá le cedió un terreno, con casa ya construido. Y ella se lo deja a su hija que vive lejos, en lugar de dejarselo al hijo que la cuidó hasta que murió.

Nos tachaba de ingrata, ella que fué ingrata con sus hijos.

Y sin embargo, la quisieron tanto. La quiero tanto también yo, porque más que mi abuelita, fué mi mamá. Pero tentaba a la suerte, repartiendo a todos.

El buen juez por su casa empieza, dice Dios.
Los perritos tienen derecho a comer, le dijo una mujer a Jesús. Dices bien, le contestó. Primero se les sirve a los hijos en la mesa y se les da a los perritos las sobras.

Mi abuelita era al revés. La ví endeudarse por ayudar a otros, pero cuando otro tío mío, hijo suyo, necesitó dinero para irse y establecerse en un lugar, no movió un dedo.

La ví ayudar a perenganita porque tenía un hijo cojito y a su propio nieto que sufrió un accidente no lo cuidó.
La ví ayudar a una señora con su hijo con síndrome de down, fué a pedir para ella, endeudándose porque pidió a rédito y bien altos (lo sé porque yo la acompañé). Obviamente, la señora nunca le pagó. Pero también la ví acusar de ingratos a sus hijos, de contarles el pan que les daba.

La ví recibir en su casa a sutanita con todo y sus 5 hijos. Dormían en el pequeño cuarto donde de por sí no cabíamos. En uan litera dormían mi tía, su esposo y en la de abajo sus hijos. En la otra, mi tío y abajo, mi abuelita y yo. Los agregados se dormían enmedio del cuarto en donde se ponía un colchón. Mi papá les consiguió un departamentito para que vivieran.

Ahí durmieron también mi tío y su mujer y sus hijos, cuando no pagaron la renta y les pidieron los cuartos que mi papá les había dejado. Mi papá les dejó la vivienda donde él residía y se fué a un departamento.

Ahí también durmió una señora que mi abuelita conocía y a la que después le llevaba yo comida. Una señora que tenía hijas con carro y un terrenote para ellas sólas. Mientras nosotros dormíamos como gallinas, unos encima de otros

Ahí también recibió al papá del marido de mi tía, cuando se cansó de andar por las calles, porque ya estaba viejo. Le brindó un catre en la cocina, donde dormía la mona todas las noches. Se levantaba temprano (éso sí, ayudaba yendo por la leche a la Conasupo) desayunaba y se perdía hasta la noche. Vivió varios años en la casa.

Era buena mi abuelita, bondadosa con la gente, pero les sonaba a sus hijos con reatas mojadas si se emborrachaban y nos sonaba con el cinturón hasta que veía sangre cuando nos portábamos muy mal.
Y sus hijos no eran peores que los otros, ni menos necesitados que los demás.
Si alguna amiguita le decía que nos untara caca de vaca en la cabeza, nos la untaba. Nunca se fijaba si ésa amiguita les untaba la caca a sus propios hijos.
Eso siempre me dolió. Y seguramente también les dolió a sus hijos antes que a mí.

Creo que cuando mi abuelita leyó Meteo 6 entero, debió llorar más que nunca
Ahí se resume todo lo que aquí escribo

Mateo 6
La limosna
6 1 Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

La oración
5 Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
6 Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
7 Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
8 No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

El Padrenuestro
9 Ustedes oren de esta manera:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre,
10 que venga tu Reino,
que se haga tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

11 Danos hoy nuestro pan de cada día.
12 Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos han ofendido.

13 No nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del mal.

14 Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

El ayuno
16 Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 18 para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

El verdadero tesoro
19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban.
20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.
21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.

La luz interior
22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado.
23 Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

Dios y las riquezas
24 Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

La confianza en la Providencia
25 Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
26 Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?
27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
28 ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.
29 Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.
30 Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
31 No se inquieten entonces, diciendo: "¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?".
32 Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
33 Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.
34 No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.


Hasta la próxima.

Sandy

Por Laura Aguilar Ramírez

Aquí en su bambinete tomando el sol. Y Memita en la casa donde la cuidaba. 

Hoy cumpliría 44 años nuestra hija Sandra Ivette, Sandy.
Nació un viernes a las 6 de la mañana, después de haber hecho rondin por varios hospitales.
Yo, con la imprudencia de mis 21 años, me puse a bailar una canción que estaba de moda entonces que se saltaba y saltaba, no recuerdo ni el nombre. Sucede que era el cumpleaños de una sobrinita y mi tía acostumbraba hacernos nuestro cumple con pinguinos como pastel, le ponia una vela y se armaba el mitote.

A mí me gustaba ver a mis sobrinos contentos, así que pusimos música y nos pusimos a bailar. Era domingo.
Estaba embarazada, pero éso no me impedía hacer mi vida normal, así que me puse a bailar y a brincar junto a mis sobrinitos.

Al día siguiente, me empezaron algunas molestias, pero no les dí importancia. El martes, me dolía más. Mi cuñada estaba conmigo porque mi suegra la mandó para que me ayudara y no estuviera sola. Jajaja

Me río nomás de acordarme que en lugar de ser ayuda, era como una hija más. La levantaba temprano, le hacia su desayuno. Mientras ella desayunaba o se bañaba, yo hacía el quehacer.
Más tarde, nos ibamos a casa de mi mamá y mientras yo hacía el quehacer, ella se entretenía con la tele. Así que éso de que me ayudaba era un decir. Pero bueno.... de compañia sí me servía.

Me escuchó que me dolía y me preguntó si le llamaba a mi esposo. Ese día tenía exámen de matemáticas y no podía faltar. Así que le dije que no, pero seguía sintiéndome mal. Más por su insistencia que porque realmente me sientiera muuuy mal, accedí a que le llamara.
Como es más preocupón que yo, no fué a hacer el exámen que era el exámen final, lo que le costó tener que irse a extraordinario, cosa que nunca hizo.

Llegó y fuimos al hospital de los venados, bueno... no era de venados, sino que así era conocido por estar enfrente del Parque de los venados. Me correspondía ésa clínica por ser la más cercana a la casa de mi tía en donde vivíamos. Después de revisarme, el doctor me mandó a mi casa porque aún me faltaba tiempo.

Las molestías seguían y mi esposo me llevó al hospital de la Colonia del Valle que también estaba cerca. Me llevó en la noche. Lo mismo. Ya era martes en la madrugada.

El miércoles, nos fuimos a casa de su abuelita para que ella con más experiencia, me ayudara.

Las molestías seguían. Fuimos al Hospital de Troncoso. Me regresaron. Era jueves.
Pero como un primo de él estaba haciendo su residencia como doctor, me aceptaron ahí, aunque no me correspondía.
Estuve encamada todo el jueves, me revisaban y revisaban y nada. Yo bien tranquila.
Ahi fuí testigo de cómo una muchachita como de 16 años, sufrió un percance. Ella gritaba y gritaba por los dolores de parto. Los doctores la revisaban, pero aún no era tiempo. Trataban de calmarla, pero no lo lograban.

Así que la dejaron. Ella empezó a pujar. Una enfermera se dió cuenta y le dio que no lo hiciera. La chamaca repondía que su mamá le había dicho que cuando le doliera mucho, pujara.

La efermera se alejó, diciéndole con mucho cariño que no lo hiciera.

Pero en cuanto se alejó, ella siguió pujando. Yo le decía que no lo hiciera, que atendiera a la enfermera, pero no escuchaba. De repente, empezó a convulsionar. Yo empecé a gritar. Y la enfermera regresó. Al verla, salió a llamar al doctor. Llegaron varios. Se la llevaron de emergencia.

Le hicieron cesárea porque no salía del coma que le vino por pujar y pujar. Yo estuve 3 días en el hospital y ella no salía del coma. Su bebecito estaba en el cunero junto a mi nena, pero su mamá no la podía atender.

Y mientras, yo estaba como si nada, sin dolores, muy tranquila. Me inyectaron para provocar dolores que aceleraran el parto, pero nada. En el cambio de guardia, decidieron hacerme cesárea. Yo recuerdo que acariciaba mi barriga diciéndole a mi bebé que todo iba a estar bien, que nacería bien, que yo no desobedecería como la muchachita.

Nació bien, yo ni sentía la cesárea. Me levanté como si nada, hasta las enfermeras se sorprendían de que anduviera camiando con mi tripié, me metiera a bañar sin ayuda. Muchas que habían tenido parto normal, no querían ni moverse, menos las de cesárea. Y yo, como si nada.

Cada mañana iba a ver a mi nena. Era tan tranquilita ella. Llevaban en ése entonces a los niños con sus mamás para que los alimentaran, excepto a las de cesárea. Así que solo veía a las mamás con sus bebés y yo sin nada.

A los quince días de nacida, cuando apenas me habían quitado los puntos, me consiguieron trabajo. Lo necesitábamos. Así que conseguimos que se quedara en casa de la abuelita de mi esposo, ya que me quedaba camino del trabajo.

Sandy era muy tranquila. Sólo lloraba cuando era su hora de comer. Y eso porque como no pude amamantarla por falta de leche, se le tenía que preparar el biberón. Mientras yo la cargaba, mi esposo se lo preparaba. O al revés.

Cada tres hora comia como la mayoría de los bebés. Y mi esposo y yo nos turnábamos para atenderla en la noche, ya que después de comer, le gustaba que le cantáramos o que la paseáramos un ratito antes de dormirse. Era agotador, pero hermoso.

A las cinco de la mañana me levantaba a bañarme y arreglarme. Hacía el desayuno y preparaba lo necesario para la niña. Y entonces la cambiaba. Yo salía antes que mi esposo. Caminaba hasta la estación de metro, cargando la pañalera y el bambinete en que dormía y la transportábamos. Ahí iba cómoda.

Mi suegra la cuidaba junto con su mamá. Ya que todos los días llevaba a sus hijos a la escuela cercana, aunque ellos vivían hasta Netza. Después de recoger a sus hijos, se iba a su casa normalmente, pero en el tiempo que cuidó a Sandy, se quedaba hasta que yo pasaba por ella.

Yo salia corriendo del trabajo para recogerla y que mi suegra se regresara a su casa. Tanto la abuelita de mi marido como yo, le decíamos que no era necesario que se quedara tanto tiempo. Sandy era tan tranquila y la abuelita de mi esposo podia cuidarla muy bien, pero mi suegra insistía en hacerlo ella porque según su opinión, Memita era muy vieja.

Eso hizo que tuviera problemas con mi suegro, porque llegaban muy tarde a su casa, junto con sus dos hijos y su nietecita a la que cuidaba. El trayecto era largo, llegaba corriendo a cocinar y comían muy tarde.

En ése tiempo, cocinó con su mamá para darle a mis cuñados que iban aún a la primaria. Pero éso también era causa de problemas, porque cocinaban juntas y la comida se quedaba ahí. Llegando a su casa debía preparar más comida. Nosotros estábamos empezando y no podiamos aún darle dinero por cuidar a la niña. La abuelita lo entendía, mi suegra lo entendía, pero mi suegro, no.

Económicamente cuidar de la niña no era gasto, porque no se usaban pañales desechables y nosotros comprábamos su leche.

En fin. Eso hizo tal vez que mi suegro no me viera con tan buenos ojos, de por sí, no le gustaba mucho que su hijo mayor se casara con alguien de otra colonia tan retirada, porque prácticamente éramos de polos opuestos. La casa de la abuelita era un punto medio.

Como sea, Sandy no vivió mucho. En Año nuevo en una celebración en casa de unos vecinos de mis suegros, se enfermó. Se enfermó porque le entraba aire de dos lados en el cuarto que me prestaron para estar mientras se divertían. Ahí traté de cuidarla. Fuímos a la fiesta, yo forzada por mi suegro, porque como era muy miedosa, no quise quedarme sóla en su casa mientras ellas se iban. Y mi esposo no queria ir si yo no iba.

Total, que ésa noche acabamos en el hospital. La niña se recuperó, pero sufrió una recaida más tarde en un domingo en casa de mis suegros, cuando tanto mi esposo como mi suegro se empecinaron en que nos quedáramos hasta tarde. Al fin que llevábamos carro, me decían cuando les insistía que la niña mecesitaba estar en su casa. No quisieron escucharme, porque estaban brindando para curarse la cruda del viernes y del sábado.

Esa noche, mi hija murió. De neumonía dijo el doctor, yo siempre he sentido que fué por mi cobardía y por la tontería de mi esposo que en ese entonces le hacía mucho caso a su papá. El señor pensaba que el hombre debía imponerse a su mujer y que su mujer debía hacer lo que él decía, porque él decía y cuando él decía.

Mi hija no era de éste mundo, como dijo mi suegra. Era muy dulce y muy tranquila.

Su muerte tan dolorosa para mí, fué también el principio de una forma distinta de tratarme por parte de mis suegros. Mi suegra se acercó más a mí y mi suegro dejó de malmirarme. Tal vez se sintiera culpable. No lo sé, pero sí cambió en su trato hacia mí.

Desde su muerte, yo también cambié. Me volví más valiente para defender mis ideas. Mejor dicho, volví a ser la que era antes de mi matrimonio. Había pasado a ser alguien dependiente de lo que mi esposo dijera, de lo que mi suegro dijera.  Porque deseaba entrar a su familia. Deseaba ser parte de ellos. Deseaba ser aceptada por ellos. Porque deseaba ser como ellos: un matrimonio con hijos, donde papá y mamá estuvieran presentes, donde los hijos crecieran al lado de sus padres. Deseaba que is hijos tuvieran lo que yo no tuve: familia con la cual convivir, no lejana como la mía.

Pagué in precio muy caro por ser aceptada en su familia. Eso es lo que sentí.

Hasta el cielo un beso a mi nena. Un día volveremos a estar juntas.

Hasta la próxima.

Cuando todo va mal

Por Laura Aguilar Ramirez




Las cosas no siempre salen como uno quiere.... y a mí menos.

Desde niña lo aprendí. Y realmente es frustrante. Alguien me dijo alguna vez que si deseas algo, debes hacerlo tu misma. Y eso es imposible.

Nadie puede tener todo, pero tampoco alguien puede hacer todo.

Yo he tenido oportunidad de aprender mucho sobre muchas cosas. Sé hacer ropa, se tejer, se de oficina, aprendí algo de jardin, de mascotas, hago manualidades, etc. etc.

Pero también he aprendido que la vida es para vivirla y no para pasarla trabajando, que todos tenemos derecho a trabajar y a descansar.

He aprendido que el trabajo es un medio de servir a la sociedad, además de ser un intercambio de bienes. Es decir, yo hago con mi trabajo un servicio a otro y ese otro me da a cambio una remuneración.

He aprendido que el trabajo es algo que Dios mandó a Adan : ganaras el pan con el sudor de tu frente, le dijo. Y no fué tanto como un castigo, sino como una consecuencia de perder los privilegios que tenía a su lado.

Muchas veces, sin embargo, he terminado haciendo yo misma las cosas.
Hice mi patio trasero por ejemplo.
Sucede que el condominio horizontal que adquirió mi marido a crédito, tenía un patiecito de 3 x 3 de tierra.

A mi me encantó. Podía tener un pequeño jardín. Compre pasto y lo sembré, también tenía macetas con flores.

Pero... un día un vecino tocó a la puerta y me dijo que la pared de mi patio trasero era la pared de su sala. Y que empezaba a haber humedad.

Lo entendí. A mí no me gustaría estar en su lugar. Pero no tenía dinero para pagr un albañil. Así que le dije a mi esposo para hacerlo nosotros. Me mandó a freir espárragos jeje.

Y al vecino lo mandó más lejos aún. A mí me dió pena. Para entonces ya había aprendido que mi esposo era el señor del sábado. Siempre que le pedía algo, me decía que el sábado, pero no me decía qué sábado.

Trataba de entenderlo, trabajaba mucho, llegaba tarde todos los días y el sábado se levantaba tarde. No tenía tiempo.

Yo también trabajaba en casa, dando de comer a trabajadores herreros y albañiles, primero. Cosiendo ropa ajena después, pero el salía de casa, soportaba el tráfico y el estrés del trabajo, soportaba compañeros, etc. etc.

Así que recordando que alguna vez resané la casa de mi abuelita, decidí hacerlo yo.

A la entrada de la unidad, había un terreno donde dejaban escombro, me di a la tarea de cargarlo en cubetas hasta mi casa. El tamalero de la esquina con el que me llevaba bien, viendo mi esfuerzo, me prestó una carretilla y una pala.

Compré cemento y arena y después de rellenar con cascajo, puse el piso de cemento. No me quedó tan mal😀 El sábado cuando de fuimos a casa de mi suegra le dije muy orgullosa mi hazaña.

Yo creo que le dijo a mi suegro porque llegó en la semana a hacer mi piso, pero ya lo encontró hecho. Solo le dió unos toques donde me había fallado. No creyó que lo pudiera yo hacer. "no es cosa de mujeres" dijo, jeje

También me encargué de resanar la pared, porque como era de block la habian pintado dejando marcadas las lineas del block.

Bueno...en realidad sólo resane una pared, porque unos muchachos que eran albañiles de los que les daba de comer, y que se hicieron amigos se ofrecieron a hacerlo gratis y hasta me regalaron uno como pégamento que pusieron antes, para que quedara mejor y sirviera de impermeabilizante.

También hice unas repisas para la casa. Le dije a mi suegra que quería hacer unas porque me hacían falta y mi suegro como trabajaba en una maderería, llegó un día con varias tablas angostas. Yo tenía un serrucho que había olvidado regresar a una tía 😔 Corté las tablas, les puse resistol y las clavé. Me sirvieron mucho durante mucho tiempo.

Pero hay cosas con las que no me meto, como la luz o los taladros o la mecánica. Sé hacer reparaciones sencillas solamente.
Pero claro que prefiero pagarle a alguien que sepa hacer las cosas.
Sin embargo no siempre es posible, ya sea porque no me alcanza o porque no hay quien lo haga.

Lo más difícil es ponerse de acuerdo con alguien. A mí me pasa con mi esposo. Siempre se han de hacer las cosas como él quiere. Nomalmente accedo para no pelear, pero a veces es imposible ceder a pesar de que ya sé lo que sucede si no accedo.

Lo supe desde el primer día de mi boda. Todavía no sé ni qué le molestó a mi marido, pero la misma noche de mi boda me mandó a volar.
Un tío suyo, nos llevó al departamento que habíamos rentado y que yo junto con unos sobrinitos había pintado, encortinado, limpiado y colocado los muebles: una recámara que él compró en la mueblería de al lado de la fábrica donde mi abuelita trabajaba, una sala roja usada, que mi abuelita nos regaló, una estufa que le regalaron los compañeros de su trabajo, una mesa con dos sillas que una tía me prestó.

El no participó en éstas actividades porque vivía muy lejos. El departamento estaba cerca de mi casa.

Como tampoco participó del arreglo del salón en donde se realizó la fiesta. Mis tíos me acompañaron a limpiarlo. Se supone que sólo íbamos a poner las flores y guirnaldas que el mismo día de la boda habíamos comprado en Jamaica mi esposo y yo. Ese día nos levantamos temprano, pasó por mí y fuimos a comprar las flores, dos estrellas  (una para la casa de mi abuelita y otra para el departamento de mi hermana de donde salí para la iglesia)

El se fué a su casa para arreglar otras cosas. Después supe que estuvo jugando basquetbol con sus cuates, jeje.

Mis tíos y yo fuimos al salón y oh, sorpresa.... estaba super sucio, porque no se usaba desde hacía mucho tiempo. Lo tenían como bodega, así que lo tuvimos que lavar: ventanas, piso, baños.

Yo me había puesto tubos desde la noche anterior para peinarme. Andaba como la chimoltrufia con mis tubos y mi mascada, jeje.

Después arreglamos las mesas y sillas. Pusimos manteles que nos dieron en el salón, hicimos y pusimos los arreglos florales en las mesas. Y finalmente, colocamos las guirnaldas alrededor de todo el salón. nos quedó muy bonito, pero nos llevó casi todo el día.

Mis tíos se fueron a su casa. Habían dejado a sus cuatro hijos encargados para poder ayudarme.

Cuando regresé a la casa de mi hermana, me llevé otra sorpresa: no había agua. Así que no pude bañarme. Y aún más: mi madrina de bautizo que también sería mi madrina de velación no pudo ir a arreglarme como habíamos quedado porque su mamá sufrió de un ataque al corazón y la llevaron de emergencia al hospital. Así que tampoco fueron mis dos madrinas a la iglesia a entregarme, menos a la fiesta.

Como pude, me arreglé. Los tubos no me sirvieron de nada. Mi pelo estaba sudado y todos se me cayeron. En toda la noche, no me quité el velo por ésa razón. Había comprado un arreglito para adornar mi cabeza durante la fiesta, pero no pude usarlo.

Mi maquillaje por supuesto no era de fiesta. Me lo hice yo misma como siempre.

Y ya estaba lista para irme a la fotografía. Sólo esperábamos que llegara mi marido. Que no llegó a tiempo, habló para decir que no le daba tiempo de llegar por mí. Mi hermana se movilizó con un vecinito suyo, que me hizo favor de llevarme a la fotografía, donde todavía esperamos a mi esposo.

A él lo llevó el que después fué nuestro compadre, esposo de mi cuñada. El arregló el carro con guirnaldas, mientras mi marido jugaba basquetbol.

Como no había comido en todo el día, ni siquiera desayunado, y como estaba embarazada, en la fotografía casi me desmayo. Tuvieron que sentarme para tomarme la foto. Y tuvieron que retocarla porque estaba más pálida que un muerto.

De ahí, fuimos a la iglesia. Mi compadre se pasó altos, se subió a un camellón, iba como meteoro, jeje. Llegamos a la iglesia y estuvimos parados afuera mi esposo y yo, mientras acababa una boda que se celebraba en ése momento.

Sucede que como las invitaciones las mandó hacer mi hermana, le pusieron media hora antes y hasta yo me fuí con la finta, jeje. Soy muy puntual, pero no sabía que en las invitaciones se pone media hora antes porque nunca me había casado y juro que no vuelvo a hacerlo jeje

Asi que estuvimos ahí parados. Poco a poco fué llegando la gente, pero los padrinos no llegaban. Mi compadre se regresó a casa de mis suegros y los fué llevando poco a poco, dió varias vueltas porque era el único carro disponible. Mi suegro usaba el de mi esposo para ir a conseguir quien tocara. Sucede que una cuñada se ofreció a conseguir música en vivo, se le dió dinero para ello, pero el mero día dijo que no se había podido. Mi suegro salió a buscar algo. Y lo consiguió: dos chicos que tocaban varios instrumentos al mismo tiempo. Tocaron tan bien que ni se notaba que eran sólo dos, pero no era lo que habíamos pagado.

Así que mis suegros no estuvieron en la ceremonia religiosa, ni mi abuelita tampoco. El lugar de mis padrinos de velación lo tomaron unos tíos de mi esposo, así como el de la madrina de lazo que era mi cuñada que salió al salón de belleza y no pudo llegar a tiempo. Mandó el lazo con su esposo, así como mi otra cuñada envió el ramo. Pero lo enviaron en el segundo viaje, así que en la fotografía salgo con el ramo y la corona de novia de mi hermana que me los prestó. La corona de la cabeza la iba a llevar mi suegra, pero se le olvidó comprarla.

El padre salió varias veces para decirnos que si no llegaban, se suspendía la boda ya que tenía otras misas pendientes. Total que se consiguieron anillos en el momento porque nuestros padrinos de anillos no llegaban tampoco. Llegaron y cuando la misa estaba empezada.

Yo viví todo como en una pesadilla. Ya ni sentía, no lloré porque puse una capa de no sé qué dentro de mí.

Empezó la ceremonia. Mis sobrinitos, hijos de mis tíos quisieron ser pajes y llevarme la cola. Habíamos planeado que fueran sólo el hijo de mi hermana que era pequeño y la sobrina de mi esposo que también lo era. Pero la sobrinita no llegó, pues su mamá era la que estaba en el salón de belleza. Pobre, había ensayado cómo iba a ir tirando pétalos de flores delante de nosotros.  Y mi sobrinito, hijo de mi hermana, tampoco llegó a tiempo, porque mi hermana aún estaba en su casa. 

Al preguntar quién quería hacerlo, se ofrecieron mis dos sobrinos. Debía ser sólo uno, pero ninguno quiso hacerse a un lado. Todavía atrás de mí, se iban peleando, me daban cada jalón que casi me tiran el vestido. Gracias a Dios llevaba un velo corto. La cola que llevaban era la del vestido, como era corta sólo se necesitaban uno. Y eran dos, así que se iban peleando para ser sólo uno.

Al darme la copa con vino de la Eucaristía, se me nubló la vista. El padre me sostuvo con su mirada, para que no diera el azotón.
Saliendo de la misa, hicimos tiempo para no llegar al salón primero, ya que estaba cerca. Pero ni así lo logramos.

Muchos invitados no daban con el salón, se confundieron y se fueron al otro salón de fiestas de la unidad donde nos casamos. El otro era el salón que se usaba normalmente. Y cuando preguntaban por el salón, los mandaban para allá.

Así que cuando llegamos al saloncito y entramos, sólo estaban los músicos y dos gatos más, jeje.
Empezaron a tocar la marcha nupcial, y al volverme para darle la mano a mi esposo, no estaba. El zacatón al ver tan poca gente, se hizo mutis.

Entré y esperé a la gente a la entrada, dándoles la bienvenida. Algo debía hacer y nadie lo hacía.

Por el mismo tenor fué la cosa. Finalmente llegaron todos los invitados, hasta unos a los que no se les había invitado.

La música sonaba bien, pero cuando pidieron que los novios pasaran a abrir el baile... cuáles novios? Mi esposo se había desaparecido. Lo fueron a buscar y ya bailamos. Dice que andaba buscando sillas porque no alcanzaron las que pusimos.

Después calculé que era el momento de servir la cena. Ni mi suegra ni mi madre habían llegado, sólo habían enviado las hojaldras y el mole, junto con la ensalada que había yo hecho toda la noche anterior ayudada de mi abuelita y mi tía.

Me acerqué a preparar las hojaldras, porque no había quien lo hiciera. Gracias a Dios la tía de mi esposo me vió y me dijo que la novia no debía hacer éso. Puso al regimiento de primas de mi marido a hacerlo y ellos se encargaron de servir la cena, así como de servir los refrescos. Pobres. Fueron a divertirse y terminaron de meseras.

No sé cómo aguanté tanto sin llorar. Pero todo salió bien, gracias a Dios. A pesar de tantos contratiempos.

Me falta uno más:
A la hora de pasar la zapatilla, ya sabes... se acostumbraba pasar el zapato de la novia para reunir dinero. Y al hombre lo llevaban de mesa en mesa para que le pusieran billetes en el saco. De éso se encargaron dos amigas de la escuela.

Yo me negué a dar mi zapatilla. Sucede que mis zapatos eran plateados, pero muy usados. No había conseguido zapatos de boda en ningún lado. Tengo el pie muy grande y nunca conseguí zapatos cerrados a mi medida.

Días antes de la boda, mi hermana, mi esposo y yo, recorrimos medio DF para conseguir zapatos. No hallamos. Mi esposo no me entendía. Era algo con lo que yo había batallado siempre. El insitía, apoyado por mi hermana que en tal lado, que en aquél otro. Yo les decía que fuéramos al Taconazo Popis, donde yo compraba mis zapatos. Ahí encontraba de mi número, aunque fueran abiertos de la punta. No qusieron.
Pasamos toda la mañana y parte de la tarde, hasta que me cansé y me regresé al carro. De ahí no me movieron más.

Mi esposo se enojó, mi hermana también. Decían que era muy necia. No entendían porque apa ellos conseguir zapatos era cosa fácil. Para mí, no.

Mi abuelita como siempre, me sacó del apuro. No sé de dónde sacó unos zapatos plateados, usados pero en buen estado.
Así que cuando las amigas me dijeron que les diera mi zapatilla, por poco me da el soponcio. Me negué a hacerlo. No quería que vieran mis zapatos tan viejos. Ellas como eran tan alegres, me llevaron entonces y en una canastita de las que servían de arreglo de las mesas, iban pidiendo dinero para mí. Bien lindas ellas. Ni hicieron tango, ni melodramas. Simplemente entendieron que había una razón válida para no darles mi zapato

Sigo con lo aucedido en la fiesta. 
Mi tío se apoderó de la cantina, para repartir la bebida, porque hubo quien quería se les diera de a botella por mesa. El se amachinó a que eran sólo cubas lo que se servía. Si no, no nos hubiera alcanzado. Ese día descubrí que en la familia de mi esposo se toma en serio. 
Con la sidra sucedió lo mismo. Se dió una por mesa sólamente y no faltó quien dijera que les hizo falta. Sólo mi papá se guardó una que tomamos años después en su casa. Dijo que en nuestra boda no pudo brindar con nosotros.

Hasta un antiguo novio estuvo presente. No sé quién lo invitó, porque a mí ni se me hubera ocurrido hacerlo. Creo que fué el motivo por el que escuché que hubo pleito afuera del salón.

Cuando nos llevó el tío al departamento, mi esposo atendiendo a su sugerencia, me cargó, me metió, cerró la puerta y casi me tira al suelo.
Se negó a acercárseme en toda la noche. De hecho, terminó en el piso, porque se arrimaba a la orilla cuando yo me acercaba.

Esa fué mi boda. Por éso digo que de loca me vuelvo a casar.

Falta algo más: el pastel tan bonito que mi hermana y yo habíamos elegido, no llegó al salón. Sucede que dijeron que había chocado el camión que lo llevaba y mi hermana no pudo ir ni a la iglesia ni al salón por estarlo esperando.

Llegó a medianoche y ya no quiso llevarlo al salón. Así que al día siguiente, teníamos un chorro de pastel. Lo repartimos por piso. Le llevamos a mis suegros para que le repartieran a quien quisieran. Le llevamos a mi abuelita, a mi papá, a mis tíos.

Les tocó de a piso. Eran diez pisos. Mi hermana se lució con el pastelito.

Y desde entonces, he batallado para hacerme entender de mi esposo. No vemos las cosas desde el mismo ángulo.

Mientras él jugaba basquetbol el día de su boda, yo estaba limpiando el salón.
Mientras él se iba a su casa a descansar, a mí me tocó pintar y arreglar el departamento.
Mientras yo cosía en la máquina vieja de mi abuelita, que después me sirvió como la primera máquina con la que aprendí costura y empecé a coser ropa ajena y en la cual cosí mis sábanas, mis cortinas, mis manteles. Mi abuelita me acompañó a comprar telas para ello.

Mientras yo hacía casi todo, él sólo se dedicó a pasársela bien. Y así sigue la cosa más o menos. Por 45 años ya, no ha cambiado mucho.

Me falta algo más doloroso todavía:
Mi esposo tenía un carro que después se lo vendió a mi suegro. Lo agarraba como si fuera piloto de carreras. Nunca supe porqué estaba tan ejojado, pero sin ningún motivo, se salía y yo sólo escuchaba el motor del carro que pasaba como bólido por la calle en la noche. Eso en los primeros días de matrimonio. Cuando subía a tender la ropa, escuchaba su carro y lo veía dando vueltas como loco.

Otro día, al ir los dos en el carro, por poco nos sucede un accidente. Un trolebús casi nos embiste. Yo lo veía acercarse a nosotros y mi esposo no aceleraba para evitarlo. Le tuve que gritar para que se diera cuenta que venía el trolebús. No lo había visto.
Tal vez porque desconocía mis rumbos. Ahí, los trolebuses iban en sentido contrario en algunas calles como en la que nos habíamos cambiado.

Otro día, llegó tomado, gritando que le abriera. Yo estaba durmiendo, me levanté, pero no tan rápido como él quería y rompió el vidrio de la ventana. Al abrir la puerta estaba enojado porque no abrí rápido y empezó a golpear la pared.

Yo estaba asustada al principio, pero como siempre he aplicado aquello de que "a palabras necias, oidos sordos", le dije que si quería podía seguir golpeando sólo que se pusiera un guante para que no se sangrara. Y me fuí a dormir de nuevo.

Con personas tomadas no se discute, porque no entienden. Eso lo sabía yo desde antes, lo había aprendido con el esposo de mi tía que vivía con nosotros y con Don Pedrito que también se le iba el avión cuando tomaba.

Ya tenía callo para tratar con personas así. Pero nunca esperé que el hombre con el que me casara, tuviera el mismo problema. Por lo menos durante el noviazgo no dió muestras de ser así. Nunca me imaginé que fuera tan irascible. O fingía muy bien o yo era tonta y ciega que no me dí cuenta.

Esta entrada fué para mostrar quién es mi familia. Aquellos que salen adelante, aunque se les atore el caballo. Que no me dejaron sóla en éste que debió ser un día feliz y que fué una prueba de resistencia maratónica, como ha sido todo mi matrimonio desde entonces.

Sólo porque Dios es grande, sigo en la batalla. Cada vez que me he enojado con mi esposo por alguna razón, recuerdo a mi papá. Todo lo que batalló con las mujeres con las que vivió. Me prometí a mí misma no ser como ellas: quejumbres, pedinches, que no se detenían a ver los esfuerzos de mi papá por salir adelante, que no valoraban sus esfuerzos por sacarnos a pasear aunque sea pobremente, que siempre trataba de estar alegre. Eran gastalonas, creían que mi papá estaba para mantener no sólo a ellas sino hasta a su familia. 

Recuerdo a una por ejemplo, que cada vez que iba su mamá a la casa, salía con una bolsa de mandado: "tome, mamacita. Pobrecita, llévese ésto" le decía. La pobre de su mamacita tenía dos hijos solteros que trabajaban, ella misma trabajaba, mientras mi papá tenía que pagarle a dos empleados en el taller, mantenerla a ella y a su hija y al hijo de los dos. Pensaba tal vez que "cagaba dinero" como decía mi abueita algunas veces cuando se enojaba, que no era muy seguido, pero cuando lo hacía, le salía lo alvaradoreño.

Otra le decía a mi papá "cuentachiles", porque él llevaba la compra a la casa para ella y sus cuatro hijos y no le daba dinero. Le daba para lo que se necesitaba diario. Y es que la señora acostumbraba llevarle mandado a su mamacita que vivía con una hija madre soltera que no trabajaba y las mantenía otro hijo. Pobrecito de él.

Y también le llevaba a su hermana que tenía dos hijos, pero como su marido era obrero y mi papá chofer de confianza y ganaba un poco más, ella creía que era rico. Sólo tenía la facha de rico, por el porte y la guapura, y porque sabía vivir bien, pero no era rico. Sabía hacer muchas cosas, sabía ser amigo.

Así que yo me juré no ser de esas mujeres. Ni tampoco irascible. Una de ellas, casi le tiraba los platos a la cabeza a mi papá cuando se enojaba y se le salían los ojos como toro loco.

Siempre he tratado de llevar la fiesta en paz.. pero hay veces que me saca el tapón. Pocas, pero sí me lo saca.

Me calmo cuando recuerdo a mi abuelita. Tuvo cuatro hombres después de mi abuelito que la dejó viuda muy joven, con mi papá siendo pequeño de 4 años. Pasó las de Caín con ésos cuatro hombres. Tampoco quise ser de ésas mujeres. Mi abuelita me dijo un día, cuando le pregunté porqué tuvo tantos hombres: "Por tonta, hija. Buscaba quien me ayudara con mi hijo y me enjaretaron dos. Busqué quien me ayudara con mis dos hijos y me enjaretaron otros dos.  Pero todavía buscó otro y le enjaretaron otros dos. Chale.

Así que cuando me saca el tapón mi marido, no cuento hasta diez, me acuerdo de mi papá y de mi abuelita. Y se me baja la muina. porque finalmente todo termina, éta vida no es para siempre. Y como se dijo en la misa de ayer, todos vivimos aún los que ya fallecieron. Viven en Cristo Jesús. Esa es la meta. Todo lo que sucede en éste mundo, en éste mundo se queda. Sólo nos llevaremos nuestra fé y nuestras buenas obras. 

Hasta los malos están vivos. En el infierno, pero vivos.

Es cosa de elegir en donde queremos pasar nuestra eternidad.

Hasta la próxima.