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Ray, el niño de hermosa sonrisa

Por Laura Aguilar Ramírez


Abriendo el gran libro que doña Carmelita le había prestado, Blanquita se adentró en otro mundo. Ella aún no sabía leer, pero le gustaba escuchar las lecciones que su hermana recibía. Procuraba estar siempre cerca de su hermana. Sólo con ella se sentía segura. Hacía poco tiempo habían llegado a ése barrio tan distinto a donde habían crecido.

Estaba acostumbrada a corretear a las gallinas y a juguetear y correr libremente por el camino que conducía a la casa del rancho. Había pasado sus primeros años entre el rancho que visitaban de vez en vez y la casa situada en un pueblo donde vivían. Siempre jugaban juntas y su hermana la tomaba de la mano y la llevaba a todos lados.

Le gustaba caminar de la mano de su mamá por el camino del pueblo. A su lado pasaban muchachos a caballo que piropeaban a su tía, pasaban mujeres con sus hijos, cargando sus morrales con sus libros. Le gustaba ver a los señores que trabajaban en el campo y ver pasar a otros con vacas o borregos. Su hermana no le permitía acercarse a los animales, aunque ella sí lo hacía.

Blanquita admiraba a su hermana, tan valiente, no le tenía miedo a las gallinas ni a las vacas con cuernos. Su hermana corría saludando a cuanta persona pasaba, coonocía a todos y si no los conocía, de todos modos los saludaba. Su hermana era muy alegre y juguetona.

Pero su hermana se había quedado en el rancho y ella había tenido que acompañar a su mamá a ésa nueva casa. Como era aún pequeña, su mamá la llevaba antes de ir al trabajo a una guardería cercana.
Las personas de la guardería eran muy amables. Era un señor y una señora que cuidaban de varios niños y niñas. habían acondicionado su casa para que sirviera para tal fin.
Habían puesto mesitas con sillitas donde los niños pintaban y jugaban con plastilina y otros materiales. También servían las mesitas para tomar los alimentos. En las tardes, después de la comida, tomaban una siesta hasta que empezaban a llegar los padres por ellos.

a Blanquita le gustaba la guarderia, pero sobre todo, los días en que salían formados de dos en dos al jardín enfrente de la casa. Ahí podía correr entre el pasto, esconderse tras los árboles, escuchar los pájaros y ver a las mariposas volar. Ese era su día preferido. Jugaba con sus compañeritos- Le gustaba dar marometas. También le gustaba las canciones que les enseñaban los señores. Eran muy buenos.

Un día fué al baño sin ningún compañerito. Era una norma ir acompañados al baño. Pero ése día tuvo que ir sóla. Y así, tuvo tiempo de echar un vistazo a lugares de la casa que no había visto, porque no les era permitido hacerlo.

Vió a la cocinera ufanada en sus guisos, movía un guiso e iba a otro sitio a picar verduras. Le parecio un mundo fascinante en el que se movía la cocinera, lleno de platos, cacerolas, ollas. Y ella se movía con diligencia por él. Nunca había visto una cocina tan grande.

Tuvo tiempo de quedarse a observar el patio de la casa. Nunca había tenido oportunidad de hacerlo. En él vió a un jovencito sentado en una silla, tomando el sol. Le pareció algo raro. No jugaba, ni parecía hacer nada, simplemente estaba.

Tan distraída se encontraba, que no se percató de la presencia de la señora. Ella no acostumbraba platicar con ningún niño en particular y por supuesto, no lo hacía con ella que era tan seria.
Asustada, se alejó rumbo al baño. Al regresar a la guardería, no dejaba de pensar en lo bonito que eran los jardines del patio. Ella nunca había visto un patio con jardines tan bonitos, lleno de rosas y flores hermosas, con árboles a su alrededor y una fuente en el centro. A un lado había unos columpios. El patio estaba lleno de luz.

Cuando su mamá llegó por ella y al ir de regreso a su casa, Blanquita le contó lo que había visto y también le platicó del jovencito en la silla.

Su mamá le explicó que ése niño estaba enfermo, que era hijo de los señores que cuidaban a los niños de la guardería. Era su hijo menor. Sus hermanos mayores iban a la escuela, pero él no podía hacerlo. Lo cuidaban sus papás ayudados por una sirvienta y por los papás de los señores o sea, los abuelitos del jovencito.

A Blanquita le había parecido que el jovencito estaba muy solo al no tener con quien jugar. Por lo menos ella echaba de menos a su hermana siempre.

Al otro día, hizo una mariposa con plastilina y un dibujo que iluminó con mucho cuidado. Los señores les daban dibujos para que ellos los colorearan. Ese día, Blanquita eligió un dibujo de unas flores y al terminar de iluminarlo, pegó la mariposa de plastilina sobre una flor.

Antes de ir a dormir, se acercó a la señora y le entregó el dibujo, diciéndole que era para el niño que había visto. Lo había hecho para que se alegrara al verlo. La señora se conmovió mucho con el dibujo y se lo agradeció mucho. Le preguntó si le gustaría dárselo ella misma al niño.
-Por supuesto que sí-contestó

Fué de ésta manera que Blanquita entró al hermoso jardín y al niño que tomaba el sol en él. El niño se alegró mucho con el dibujo, no hablaba bien, pero sus ojos se iluminaron. No podía caminar bien, se tropezaba muchas veces al hacerlo, pero se alegró mucho de recibir una visita.

A partir de entonces, cada vez que Blanquita iba al baño, cosa que empezó a hacer con más frecuencia, llevaba un dibujo para el niño, lo dejaba en la bardita que separaba el jardín de la guardería. El niño sonreía y con pasos vacilantes, se acercaba para que se lo entregara.

Pasado el tiempo, dejó la guardería para ir a la primaria, pero siempre que pasaba por el lugar, no dejaba de pensar que tras ésa puerta se encontraba un niño que esperaba siempre la visita de alguien.

Supo después que el niño había fallecido. Sus papás cerraron despues la guardería. A su hijo le gustaba salir al patio y escuchar los cantos y las voces de los niños. Con su vocecita, tarareaba las canciones. Mantuvieron la guardería mientras pudieron hacerse cargo de ella, pero después les costaba hacerlo con la misma agilidad y diligencia. Dejaron de hacerlo cuando ya eran mayores.
Les gustaba cuidar de otros niños, sabían que de ésa manera ayudaban a muchas mujeres.

Blanquita entendía en el fondo de su corazón a ése niño. Ella misma tenía un primo enfermo. Ray casi nunca salía de su casa. Sólo una vez lo vió en la calle, iba feliz al lado de su hermano que lo llevaba de la mao. Al preguntarle a dónde iba, le dijo que al parque, que su hermano lo llevaría porque se había portado muy bien.

También su primo falleció tiempo después. Pero al igual que el otro niño, había sido feliz porque tenía a su hermano que lo quería y cuidaba tanto.

Este no es un cuento, es la historia de dos niños que conocí en mi infancia, que eran felices a pesar de su enfermedad, que tuvieron familias que los querían y cuidaban con gran amor. Y que tenían una hermosa sonrisa para todo el que se acercaba.
Sonrisa que iluminaba no sólo el rostro, sino la vida de sus padres.

Dedicado a ellos, los niños de hermosa sonrisa. Y a sus padres que cuidaron de ellos, pero también de otros nilños.
Primera lectura
Isaías 58, 9-14

Esto dice el Señor: “Cuando renuncies a oprimir a los demás y destierres de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva; cuando compartas tu pan con el hambriento y sacies la necesidad del humillado, brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.
El Señor te dará reposo permanente; en el desierto saciará tu hambre y dará vigor a tu cuerpo; serás como un huerto bien regado, como un manantial cuyas aguas no se agotan.
Construirás sobre tus viejas ruinas y edificarás sobre cimientos muy antiguos; te llamarán reparador de brechas y restaurador de hogares derruidos.

Si detienes tus pasos para no violar el sábado y no tratas tus negocios en mi día santo, si llamas al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor, si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus asuntos, entonces el Señor será tu delicia.
Te asentaré sobre mis montañas, te haré gustar la herencia de tu padre Jacob”.

Salmo Responsorial
Salmo 85, 1-2. 3-4. 5-6

R. (11a) Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.
Presta, Señor, oídos a mi súplica,
pues soy un pobre, lleno de desdichas.
Protégeme, Señor, porque te amo;
salva a tu servidor, que en ti confía.
R. Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.

Ten compasión de mí,
pues clamo a ti, Dios mío, todo el día,
y ya que a ti, Señor, levanto el alma,
llena a este siervo tuyo de alegría.
R. Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.

Puesto que eres, Señor, bueno y clemente,
y todo amor con quien tu nombre invoca,
escucha mi oración
y a mi súplica da repuesta pronta.
R. Señor, enséñame a seguir fielmente tus caminos.

Aclamación antes del Evangelio
Ezequiel 33, 11

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No quiero la muerte del pecador,
sino que se arrepienta y viva, dice el Señor.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano, llamado Leví (Mateo), sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos, diciéndoles: “¿Por qué comen y beben con publicanos y pecadores?” Jesús les respondió: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan


Aguas tranquilas

Por Laura Aguilar Ramírez


Es de noche, la reunión acababa de terminar.
Una reunión de amigos que platicaban, jugaban cartas y entre una cosa y otra, bebían y departían alegremente. El motivo: el equipo infantil que habían formado con sus hijos y vecinitos de sus hijos había ganado la final.

Cuando la reunión terminó, la pareja de la casa, se aprestaba para ir a dormir. Sus hijos dormían plácidamente en su recámara después de jugar con sus amiguitos por toda la pequeña unidad donde vivían.

Pero unos gritos y toquidos los hicieron ir apresuradamente a la puerta. Dos chiquillos aterrados y llorando estaban parados ahí, cubiertos tan sólo por sus pijamas.

Eran dos amiguitos de sus hijos, miembros del equipo. Muchachitos alegres y vivarachos que continuamente estaban en la casa. Eran los que más se acercaban. Algunas veces comían con ellos.
Su mamá trabajaba y dejaba a una persona al cuidado de ellos y de la casa.

Gritaban que les ayudaran, que alguien había entrado a su casa. La pareja no dudó en correr con ellos a su casa, pensando que tal vez la mamá de los niños hubiera sufrido algún daño. Los niños estaban tan espantados que no se les entendía mucho.

Al llegar a la casa vieron muchos destrozos en ella. El trofeo que había ganado el equipo y que al ser rifado entre los integrantes, había sido obtenido por uno de los dos hermanos, yacía en el suelo junto con platos, vasos y algunos otros objetos.

Mientras esperaban a su mamá que había salido ésa noche con una persona, se pusieron a levantar, tratando de tranquilizar a los niños. Eso era lo más importante.

La señora no tardó en llegar. Encontró a sus hijos más calmados, arropados por la pareja.
Ella conocía al guardia nocturno encargado de la entrada a la unidad. Al preguntarle si había visto a alguien entrar. El les dijo que una camioneta había entrado, preguntando por uno de los inquilinos, él los dejó pasar por responder a varias de las preguntas que les hizo. Pero le extrañó que saliera apresuradamente al poco tiempo. Alcanzó a tomar las placas de la camioneta.

Al darle las señas de las personas, ella le agradeció diciéndole que no se preocupara.

Extrañados, la pareja calló queriendo una explicación, pero sin atreverse a pedirsela. Ella, sin embargo, los invitó a su departamento a tomar un café, les agradeció que cuidaran de sus hijos. Sabía por ellos lo que los apreciaban.

Ellos le pidieron que tuviera cuidado, que podía ser peligroso. Si deseaba, podían quedarse. Les pidió la acompañaran un poco, mientras llegaba la persona a la que había llamado.

Al poco tiempo, llegó un hombre que se hizo cargo de la situación.
La pareja seguía extrañada porque no se daba noticia a la policía, pero ellos los tranquilizaron.

Se alejaron, preocupados por los niños, porque al ir con ellos, pudieron ver que su departamento estaba en una de las zonas más solitarias de la unidad. Esa unidad fué construida para cierto sector de la comunidad y no todos los departamentos estaban ocupados. Había algunos edificios donde sólo había uno o dos departamentos con gente. Era el caso de ésta mujer y sus hijos.
Esa fué la razón por la que nadie acudió a los gritos de los niños.

Es el caso de varios lugares en donde éste tipo de unidades no eran bien aceptadas. Las personas preferían vivir con sus familiares o comprar terrenos para construir sus viviendas.

Sólo personas como ésta mujer madre soltera y otras familias llegadas de otros lugares o sin tantos recursos como para comprar terreno y construir vivían ahí. Y algunas como la pareja de la histori, que rentaban.

La pareja pensó que alguien entró a robar en la zona más solitaria y por desgracia, le tocó a ésta familia uniparental.

Como bien se dice: "no hay nada oculto que no llegue a descubrirse".
Después de un tiempo, la pareja decidió dejar no sólo la unidad, sino también la población.
Ese día se enteraron del verdadero motivo de la agresión que había sufrido ésa madre y ésos hijos. La madre soltera se acercó a agradecerles lo que hacían por sus hijos, les dijeron que ése equipo había sido un motivo de orgullo y de alegría para sus hijos.

Lloró ante la mujer, diciéndole lo que le dolía se fuera. Sus hijos los extrañarían. Le dijo que las personas que habían atacado su hogar, era la esposa del hombre con el que mantenía relaciones.

Ella era profesora y él también. El era casado. Se amaban desde hacía tiempo y mantenían sus relaciones lo más secretas posible.
Ambos eran de otras poblaciones del estado en donde vivían y donde se habían conocido. Ambos provenían de familias muy tradicionalistas.
Ella tuvo que dejar su casa y su familia al salir embarazada. 
El fué obligado a casarse bajo amenaza de ser desheredado. Sabía lo que éso significaba: ser no sólo desposeido, sino perseguido por su familia.

El, procuraba de su manutención de ella y la del niño. Los visitaba lo más seguido que le era posible.
Tuvieron otro hijo. Entre los dos compraron el departamento para sus hijos.
Deseaban formar su familia, vivir juntos. Los niños fueron creciendo con su padre viniendo de vez en vez.

Eso lo llevó a pedir el divorcio a su mujer. Desde el principio no existía amor entre ellos. Como en muchos lugares donde la tradición es más importante que el amor, sus familias habían arreglado su matrimonio desde niños. Al llegar el tiempo, se casaron, no importando si se querían o no. Su esposa había permanecido en casa de sus padres, al cuidado de la casa y realizando las labores acostumbradas para la mujer. Por supuesto no había ido a la escuela después de la secundaria. 

El al estar estudiando, conoció a la otra mujer, empezó a amarla y ella a él. Al saber que era casado, no le importó porque lo amaba. Sabía que el amor en ésos lugares no importaba para muchas familias que daban más importancia a las formas que al contenido.
Al quedar embarazada y no querer decir de quien, su familia la rechazó y tuvo que buscar trabajo en otro sitio.

Así llegaron a ésa unidad. La esposa al pedirsele el divorcio, se negó rotundamente. Pero no sólo éso.
Buscó venganza.
Junto con sus hermanos espiaron al hombre e indagaron dónde vivía la mujer.

La persona que cuidaba a los niños y limpiaba, se había quedado lo más tarde posible, pero finalmente se había retirado al quedarse los niños dormidos.
Al poco tiempo, llegaron la esposa ofendida y sus hermanos, entraron rompiendo la cerradura y lo que encontraron a su paso, gritando que saliera a darles la cara. No sabían que la pareja había salido a cenar.
Llevaban pistolas. Los niños al oir los gritos, se aterraron y se escondieron bajo sus camas callados. Escucharon a personas romper cosas, abrir puertas, maldiciendo.

Al ver que no había nadie, se alejaron. Fué entonces que salieron los niños buscando ayuda en casa de los padres de sus amiguitos.

Terrible drama sucedido en un lugar tan tranquilo aparentemente, donde viven personas tranquilas aparentemente, aferradas a tradiciones que no tienen nada que ver con la verdadera religión o la verdadera fé. 
Donde se es más moralista que moral.
 Donde se vive más una religiosidad que la verdadera religión. 
Donde como en los ríos aparentemente tranquilos, se mueven corrientes que pueden conducir a la muerte.

"No todo lo que brilla es oro" dice un refrán y ésta historia es sólo un ejemplo de que es cierto.
Primera lectura
Deuteronomio 30, 15-20

Esto dice el Señor: “Mira: Hoy pongo delante de ti la vida y el bien o la muerte y el mal. Si cumples lo que yo te mando hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos, cumpliendo sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y te multiplicarás. El Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero si tu corazón se resiste y no obedeces, si te dejas arrastrar y te postras para dar culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que perecerás sin remedio y que, pasado el Jordán para entrar a poseer la tierra, no vivirás muchos años en ella.

Hoy tomo por testigos al cielo y a la tierra de que les he propuesto la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Elige la vida y vivirás, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él; pues en eso está tu vida y el que habites largos años en la tierra que el Señor prometió dar a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob”.

Salmo Responsorial
Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. (Sal 39, 5a) Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Dichoso el hombre que no se guía
por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno,
que ama la ley de Dios
y se goza en cumplir sus mandamientos.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al rio.
que da fruto a su tiempo
y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Mateo 4, 17

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Arrepiéntanse, dice el Señor,
porque ya está cerca el Reino de los cielos.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga.

Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?”

Historia de un matrimonio

Por Laura Aguilar Ramírez

Amanecí pensando en una persona conocida a la recuerdo orando por sus hijos.
Era una persona con fé, buscaba soluciones a la problemática que vivía. Veía derrumbarse a su familia, o por lo menos, vivir de maneras que no le agradaban. y no encontraba qué hacer.

Se casó en contra de los consejos de sus hermanos, a quienes no le agradaba su novio. Pero ella siguió en su idea, porque era orgullosa. Sucede que en el lugar donde trabajaba había un muchacho que llamaba la atención a las chamacas porque era guapo, trabajador y no se le conocían vicios. Era un buen partido como se dice. Pero no fueron ésas cualidades las que la atrajeron, sino  las muchas chamacas revoloteaban a su alrededor.

Ella tenía  buen cuerpo, era la consentida de su familia pues era la más pequeña de las hermanas y muy alegre. La cuidaban sus hermanos de manera especial por ello. Y no iba a ser ninguna de ésas chamacas quienes le quitaran su lugar, por supuesto. Sobre todo una no le era agradable y ésa chamaca era la más cercana al muchacho en cuestión.

Así que se entabló una lucha entre ellas por el muchacho, como se entablaba en otros aspectos dentro de la fábrica: quien era la más guapa, la mejor bailarina, la más simpática, la mejor trabajadora, etc.

A mi modo de ver, ése tipo de competencias son buenas porque nos estimulan a mejorar, pero pueden llegar a ser el motivo de nuestro mal, si no reconocemos cuándo llevamos la de perder.

Y mucho más, cuando se trata de elegir a la persona con la que compartiremos nuestra vida, con la engendraremos a nuestros hijos.
Fuera de ser los dos agraciados físicamente, de no ser ricos y ser buenos trabajadores, no había mucho en común entre ellos.
Ambos, venían de familias separadas. Sus dos madres vivían sin esposo. Ambas habían seguido sólas, con el apoyo de sus hijos..

Y por su parte, él se sentía envanecido también por su apostura, por ser o sentirse el mejor de entre sus hermanos. Era deportista, tenía buen cuerpo y era agradable a las muchachas. Y no le agradaban los hermanitos de ella.

Esos fueron sobretodo los motivos que  orillaron uno y al otro. Se casaron contra viento y marea. Y empezó una lucha entre ellos, donde no cedían ni uno ni el otro. Lucha que duró todo su matrimonio.

El primer round sucedió en casa de su suegra en la casa donde vivían. Ella era muy sociable y bailarina, él era más serio y no bailaba. Ella aceptó bailar varias veces con los vecinos, no veía nada malo en ella. Pero su suegra pensaba diferente. Desde el principio no le agradaba la idea de que se casara su hijo. Era sóla, el padre de sus hijos se había ido con otra mujer, cansado de pelear todo el tiempo con ella. Encontró a otra mujer con la que vivió sus últimos años.

Sus hijos se fueron casando. Primero el mayor, quien poco a poco se fué alejando de ella. El segundo, vivía cerca, pero también evitaba su cercanía. Su tercer hijo era el más apegado a ella, él no se casaba por ayudarla a ella y a sus dos hijos menores.

Aunado a su mal carácter, estaba la costumbre de tomar alcohol, costumbre que no le agradaba a su marido ni a sus hijos mayores. Cuando su hijo se casó, no le agradó  que lo hiciera. ¿Quien iba a ayudarle a mantener a sus hijos menores?

Asi que no era muy agradable con su nuera. Habían ido a vivir a la misma casa, para no alejarse de ella
 Al verla bailando en una de las muchas reuniones que se organizaban los fines de semana entre los vecinos, empezó a meter cizaña a su nuera- Entre ésa cizaña y la inmadurez de la muchacha, ella le contestó a la señora, acostumbrada como estaba, a decir lo que pensaba en su casa.

Ese fué el inicio de una discusión que terminó con un "pégale, no dejes que me insulte" de parte de la suegra. El, obedeciendo a su madre a quien quería sobre todo, le metió una cachetada
Ella se fué a su casa. Sus hermanos intervinieron con prudencia. Su mamá también era sóla, él y sus hermanos mayores la ayudaban con los hermanos menores. 
Gracias a sus palabras, ella se calmó
Regresó al lado de su esposo quien prometió no volver a golpearla y ella a su vez, prometió ser más prudente.

Pero las diferencias entre ellos continuaron. Ella empezó a llevarse bien con su concuña, salían de paseo las dos familias, aconpañados de los hermanos menores de él. 
La suegra falleció al poco tiempo. Había caido en el alcoholismo y sus  hijos menores quedaron a cargo del hijo mayor.
Se llevaban bien, pero su esposo y su hermano, empezaron a tomar.

El alcohol marcó sus vidas siempre, fué un enemigo muy fuerte al que ambas concuñas se enfrentaron. Pero lo hacían juntas.
Una a la otra se sostenían, hasta que llegó el momento en que el hermano mayor compró un terreno grande a donde llevó a su familia y a sus hermanos menores. Empezó la separación entre ellas.

El hermano mayor compró un terreno y se llevó s sus hermanos, el terreno. 

En ése tiempo, regresó a su vida su papá. El vivía con otra mujer y otra familia. Había rehecho su familia. Tal vez no lo  he dicho, pero las madres de ambos, eran distintas. La mamá del muchacho se opuso a que volvieran a ver a su padre, la mamá de ella no se los impidió. Aunque ella evitaba el tener que convivir con él, nunca se los impidió. Dejó que cada uno decidiera lo que creyera mejor.

Por su padre supo de  unos terrenos en venta
Así compraron un terreno, construyeron su casa. Su familia construyó sin cobrar y ellos sólo compraron los materiales. Su familia vivía cerca relativamente.

Como ella era muy sociable, poco tardó en conocer personas. Se hizo comadre de varias y le sobraban conocidos.

Durante su infancia acudía a la Iglesia de la mano de su madre, que era fiel. Durante su matrimonio, se alejó de la Iglesia, aunque siempre fué creyente. Su llegada a la que sería finalmente su casa coincidió con la entrada al Catecismo de sus hijos. Eso hizo que acudiera a la Iglesia los domingos. Pero como a muchos nos sucede, la Primera comunión es la última.

Eso sucedió con ella y sus hijos.
Y yo creo ahora, ésa fué la principal razón de que después no supiera ya cómo fortalecer a su familia.

En ése tiempo conoció a una vecina que fué la más cercana a ella. Su vecina se aferró a la iglesia, no faltaba a misa. La señora quedó viuda, por un accidente que tuvo su esposo. Se quedó viuda con  hijos. Su vida no fué fácil. Sus hijos y nietos se le descarrilaban, pero ella se mantenía firme en su fé, no faltaba a la misa del domingo.

Mientras la muchacha, para ése entonces mujer, veía a sus hijos crecer.
Ambas tomaron caminos distintos: la vecina, tal vez por no tener otra opción, envió a sus hijos a la escuela del rumbo. Escuela que no estaba tan bonita como la de la colonia donde ella creció. Así que mantuvo a sus hijos en la primaria donde estaban.

Cuando entraron a la secundaria empezaron los problemas. Los cambió de escuela a la del rumbo y se les hizo pesado, sobre todo a los  hijos mayores. Uno decidió quedarse con su abuelita y al otro hubo que cambiarlo, porque no se acostumbraba. Los otros menores sí se adaptaron al cambio.

Así que no estaba en su casa  por llevar a sus hijos a otra colonia, pero lo peor fué que los dividió. Unos en la colonia y otros en la colonia lejana. Así, no cuidaba ni de unos ni de otros.

Cuando sus dos hijos menores llegaron a la edad de la escuela, los metió a la escuela de la colonia donde creció, queriendo librarlos de las malas influencias. Y ninguno de ellos terminó de estudiar como era el deseo de su esposo.

Los esposos nunca se ponían de acuerdo. Ella tomaba decisiones sin decirle a su marido. Le presentaba ya los hechos consumados. Y a él no le quedaba más remedio que aceptar sus decisiones

Por ejemplo, en muchos lugares empezó a fomentarse el control de la natalidad por medio del dispositivo y por la salpingo. Ella decidió que ya no deseaba tener más hijos. Había tenido dos abortos espontáneos y 7 partos normales. 
 
Las idas y venidas a la escuela con sus hijos la cansaba. Llegar a su casa cansada después de tomar dos camiones a hacer comida lo más rápida que fuera posible, a hacer quechar le pesaba.

Además, el dinero no le alcanzaba por el gasto de camiones y porque en la escuela del rumbo, los maestros se adecuaban a las circunstancias y en la escuela de la colonia donde había crecido, el nivel económico era mayor, las personas ya no pagaban terrenos y muchas, no pagaban renta ya. Podían gastar más en la escuela en bailables y festejos.

Al llegar a cocinar lo más fácil, empezó a guisar bisteces o carne molida o pollo o carne de puerco fácil de coser. Guisar verduras requería más tiempo la mayoría de las veces

Su esposo tuvo que conseguir otro trabajo que le permitiera ahorrar en pasajes. Trabajaba hasta las 11 de la noche, para sacar lpos gastps Lo hacía después de trabajar 8 horas. 

Así que la mujer decidió no tener más hijos como ya comenté. Sacó una cita para realizarse la salpingo. Su esposo la llevó al hospital. Ella no le había dicho el motivo, él creyó que era una cita rutinaria. Cuando le dijeron que iba a quedarse y le entregaron su ropa, diciéndole que por la tarde podía pasar por ella, preguntó porqué iba a quedarse y entonces se enteró de que la iban a operar para no tener más hijos.

Así, sin siquiera consultarle a su esposo, hacía las cosas ella.

Mientras sus hijos crecían, crecían los problemas también. Su casa, que siempre había sido tranquila, empezó a llenarse de amigos de sus hijos que llegaban los fines de semana a celebrar "el día del festejo" o sea, sin ninguna razón. El chiste era festejar. Y como su esposo trabajaba hasta los domingos, pues ella era libre de hacer lo que quisiera

Para cuando su marido vino a darse cuenta, su hija tenía una niña, la otra se había ido de la casa para vivir su vida, lo cierto es que andaban en muy malos pasos, sus hijos empinaban el codo más de lo recomendable y su mujer era una perfecta desconocida que tomaba su batallón de hijos en su contra.

Y ella empezó a preguntarse qué era lo que pasaba, porqué su vida se había transformado en éso. Las navidades en las que asistían a la Misa de gallo mientras iban al catecismo sus hijos, se habían convertido en un festejo sin fin.

Los domingos en los que acudían a misa, se convirtieron en un levantar trastes sucios, en tapar hombres y mujeres que acababan dormidos en su sala, después de horas de francachela y bebida.

Su esposo ya ni rechistaba. Había perdido toda autoridad ante sus hijos. La cosa iba de mal en peor.

 Llegaron los días en que ni siquiera sabía quien entraba a su casa, chamaquitas llegaban con un novio y al rato estaban besándose con otro. Su esposo se sentaba en un sillón, tomando, tratando de no darse cuenta de nada. Trabajaba tanto, para terminar viendo éso en su casa.

Y sin embargo, Dios siempre insiste, siempre llama.
A ella la invitaron a un grupo de oración. Una vecina organizó uno. Se juntaban un día en casa de una y oraban ante la imágen de la Virgen. En la semana siguiente, lo hacían en casa de otra.

Qué de malo puede tener ésto? se puede uno preguntar. Se ora y se pide. Ella se acababa los libros de oración, rogando por sus hijos, ponía dinero en la cajita donde según se juntaba para las flores y veladoras de la Virgen. Pedía a sus hijos que lo hicieran también.

Pero la cosa seguía igual o peor. Llegó a aceptar cosas que antes no aceptaba, dejó de luchar y se dedicaba a orar.

Eso es bueno, puede uno pensar. Por lo menos, ella lo pensaba. Escuchaba que se burlaban de ella y lo ofrecía a Dios, según le enseñaban. Pero no hacía nada en realidad.

Su vecina la invitaba a ir a la misa. Pasaba cada domingo a invitarla, pero ella siempre respondía que no podía. Claro, tenía que levantar el tiradero de la bola de borrachos y darles de desayunar.

Seguía yendo a misa en las fiestas, llevaba a sus hijos y nueras. Seguía yendo a las misas de difunto en honor de su madre. Seguía su familia bautizando a sus hijos, casándose en la Iglesia, pero nadamás.

Llegó a ser una católica pachanguera, o sea, a ir sólo en Bautizos, bodas y misas de difunto. Cuando dejaron de realizarse éstas, ni siquiera a éso iba. No fué ni siquiera a su misa de cuerpo presente. Ninguno de sus hijos sabía de hacer algo así.

Falleció sin que a nadie se le ocurriera llevarle los Santos óleos. A nadie se le ocurrió, porque ninguno de sus hijos lo sabía.
Su esposo y sus hijos se persignaban ante la Virgen todos los días, pero ninguno asistía a misa.

En la actualidad, sus nietos viven sin casarse, sin llevar a sus hijos a bautizar, viven lejos de la Iglesia y los sacramentos.
Sus hijos varones sí se casaron, más por la insistencia de las madres de ellas que por el gusto de la mujer y su marido.

De hecho, cuando su hija salió embarazada, insistieron en que vivieran separados mientras terminaban de estudiar. Por supuesto, ni se les ocurrió que se casaran por la Iglesia, ¿ para qué?

 Despúes, ella se acababa los libros de oración, pero no basta decir "Señor, Señor" si no se hace lo que El dice.

Ella anteponía su obligación de velar por sus hijos, según su pensar. Pero no tuvo el valor de su vecina, quien sóla o acompañada, no dejaba de asistir a misa, no dejaba de comulgar, no dudaba en dejar a sus hijos crudos por acudir a la misa.

Esa vecina vió a su familia renacer. Perdió un hijo en un accidente, desgraciadamente, pero vió a sus nietos salir de las drogas y del alcoholismo. Los vió rehacer sus vidas a pesar de los agujeros negros en los que habían caído.

La mujer sólo se dedicaba a orar, dejó de llamar la atención a sus hijos, con el pretexto de "no le hables a las personas de Dios, sino háblale a Dios de las personas". Esto dice en una parte la Biblia, pero si no se tiene discernimiento, se aplica mal. No todos los remedios son la cura para todas las enfermedades.

Lo cierto es que doblegar el orgullo no es sencillo. Dios llama siempre, pero uno no siempre responde porque no se está dispuesto a hacer lo que El dice. Creemos que nuestra manera, es siempre la mejor.

Muchas veces, juzgamos por las personas y no por Cristo mismo.
No siempre las personas que acudimos a la Iglesia somos el mejor ejemplo de vida. Tal vez puedan juzgarnos de severas, de injustas, de no ser perfectas, de haber cometido errores y ahora, "darnos golpes de pecho".

No permitimos abrir nuestros oídos a sus consejos, porque "qué me puede enseñar, si era bien viciosa o vicioso, si era bien canijo o canija, si era bien hipócrita"

Y muchas veces, ellos son el vehículo donde llega nuestra salvación.

La Iglesia está llena de imperfectos, porque sólo Cristo es la perfección misma, pues como El mismo dijo "quien ve al Padre, me ve a mí".

Tal vez nuestros padres no perdonaron a los suyos, tal vez nuestros padres no perdonaron a sus esposos o esposas, tal vez no actúan como nosotros esperamos lo hagan, pero ése no es pretexto para que nosotros no lo hagamos.

Dios llama a todos, pero a cada uno de una manera particular.

Oro por el descanso de ésta pareja a la que le fué muy difícil dejar entrar a Cristo en su corazón.

Y ésto me lleva a las Lecturas de hoy. Y a la pregunta de ¿porqué Dios permite aveces que algunos no escuchen, porqué Dios permite aveces que algunos no vean? ¿Será por malvado?
Ayer, leíamos que el Rey Salomón, hijo del Rey David se había alejado del culto al Señor y se había rodeado de esposas paganas y ofrecido culto a dioses extranjeros
Ahora, podemos leer cómo Dios conservó la promesa hecha al Rey David, aquella de que de su casa saldría el Salvador, aquella de que su Reino no sería disuelto en vida suya, sino en la de su hijo, quien construiría el Gran Templo

El Rey David, a pesar de haber pecado grandemente contra el Señor, nunca dejó de alabarlo. Y en su vejez, lo hacía aún con más fuerza

Primera lectura
1 Reyes 11, 29-32; 12, 19

En aquel tiempo, Jeroboam, siervo de Salomón, salió de Jerusalén y se encontró por el camino al profeta Ajías, de Siló, que llevaba puesto un manto nuevo.

Estaban los dos solos en el campo. Ajías tomó su manto, lo rasgó en doce pedazos y le dijo a Jeroboam: "Toma diez pedazos, pues el Señor, Dios de Israel, te manda decir: 'Voy a desgarrar el reino de Salomón. A ti te daré diez tribus, y a Salomón solamente le dejaré una en consideración a David, mi siervo, y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel'".

Y desde entonces hasta el día de hoy, Israel se separó de la casa de David.

Salmo Responsorial
Salmo 80, 10-11ab. 12-13. 14-15

R. (cf. 11a y 9a) Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.
No tendrás otro Dios fuera de mí,
ni adorarás a dioses extranjeros.
Pues yo, el Señor, soy el Dios tuyo,
el que te sacó de Egipto, tu destierro.
R. Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.

Pero Israel no oyó mi voz
y mi pueblo no quiso obedecerme.
Los entregué, por eso, a sus caprichos
y los dejé vivir como quisiesen.
R. Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.

¡Ojalá que mi pueblo escuchara
y cumpliera Israel con mis mandatos!
Yo, al punto, humillaría a sus enemigos
y sentirían mi mano sus contrarios.
R. Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Hechos 16, 14

R. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo.
R. Aleluya.

Evangelio
Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "¡Effetá!" (que quiere decir "¡Ábrete!"). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: "¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
".