Aguas tranquilas

Por Laura Aguilar Ramírez


Es de noche, la reunión acababa de terminar.
Una reunión de amigos que platicaban, jugaban cartas y entre una cosa y otra, bebían y departían alegremente. El motivo: el equipo infantil que habían formado con sus hijos y vecinitos de sus hijos había ganado la final.

Cuando la reunión terminó, la pareja de la casa, se aprestaba para ir a dormir. Sus hijos dormían plácidamente en su recámara después de jugar con sus amiguitos por toda la pequeña unidad donde vivían.

Pero unos gritos y toquidos los hicieron ir apresuradamente a la puerta. Dos chiquillos aterrados y llorando estaban parados ahí, cubiertos tan sólo por sus pijamas.

Eran dos amiguitos de sus hijos, miembros del equipo. Muchachitos alegres y vivarachos que continuamente estaban en la casa. Eran los que más se acercaban. Algunas veces comían con ellos.
Su mamá trabajaba y dejaba a una persona al cuidado de ellos y de la casa.

Gritaban que les ayudaran, que alguien había entrado a su casa. La pareja no dudó en correr con ellos a su casa, pensando que tal vez la mamá de los niños hubiera sufrido algún daño. Los niños estaban tan espantados que no se les entendía mucho.

Al llegar a la casa vieron muchos destrozos en ella. El trofeo que había ganado el equipo y que al ser rifado entre los integrantes, había sido obtenido por uno de los dos hermanos, yacía en el suelo junto con platos, vasos y algunos otros objetos.

Mientras esperaban a su mamá que había salido ésa noche con una persona, se pusieron a levantar, tratando de tranquilizar a los niños. Eso era lo más importante.

La señora no tardó en llegar. Encontró a sus hijos más calmados, arropados por la pareja.
Ella conocía al guardia nocturno encargado de la entrada a la unidad. Al preguntarle si había visto a alguien entrar. El les dijo que una camioneta había entrado, preguntando por uno de los inquilinos, él los dejó pasar por responder a varias de las preguntas que les hizo. Pero le extrañó que saliera apresuradamente al poco tiempo. Alcanzó a tomar las placas de la camioneta.

Al darle las señas de las personas, ella le agradeció diciéndole que no se preocupara.

Extrañados, la pareja calló queriendo una explicación, pero sin atreverse a pedirsela. Ella, sin embargo, los invitó a su departamento a tomar un café, les agradeció que cuidaran de sus hijos. Sabía por ellos lo que los apreciaban.

Ellos le pidieron que tuviera cuidado, que podía ser peligroso. Si deseaba, podían quedarse. Les pidió la acompañaran un poco, mientras llegaba la persona a la que había llamado.

Al poco tiempo, llegó un hombre que se hizo cargo de la situación.
La pareja seguía extrañada porque no se daba noticia a la policía, pero ellos los tranquilizaron.

Se alejaron, preocupados por los niños, porque al ir con ellos, pudieron ver que su departamento estaba en una de las zonas más solitarias de la unidad. Esa unidad fué construida para cierto sector de la comunidad y no todos los departamentos estaban ocupados. Había algunos edificios donde sólo había uno o dos departamentos con gente. Era el caso de ésta mujer y sus hijos.
Esa fué la razón por la que nadie acudió a los gritos de los niños.

Es el caso de varios lugares en donde éste tipo de unidades no eran bien aceptadas. Las personas preferían vivir con sus familiares o comprar terrenos para construir sus viviendas.

Sólo personas como ésta mujer madre soltera y otras familias llegadas de otros lugares o sin tantos recursos como para comprar terreno y construir vivían ahí. Y algunas como la pareja de la histori, que rentaban.

La pareja pensó que alguien entró a robar en la zona más solitaria y por desgracia, le tocó a ésta familia uniparental.

Como bien se dice: "no hay nada oculto que no llegue a descubrirse".
Después de un tiempo, la pareja decidió dejar no sólo la unidad, sino también la población.
Ese día se enteraron del verdadero motivo de la agresión que había sufrido ésa madre y ésos hijos. La madre soltera se acercó a agradecerles lo que hacían por sus hijos, les dijeron que ése equipo había sido un motivo de orgullo y de alegría para sus hijos.

Lloró ante la mujer, diciéndole lo que le dolía se fuera. Sus hijos los extrañarían. Le dijo que las personas que habían atacado su hogar, era la esposa del hombre con el que mantenía relaciones.

Ella era profesora y él también. El era casado. Se amaban desde hacía tiempo y mantenían sus relaciones lo más secretas posible.
Ambos eran de otras poblaciones del estado en donde vivían y donde se habían conocido. Ambos provenían de familias muy tradicionalistas.
Ella tuvo que dejar su casa y su familia al salir embarazada. 
El fué obligado a casarse bajo amenaza de ser desheredado. Sabía lo que éso significaba: ser no sólo desposeido, sino perseguido por su familia.

El, procuraba de su manutención de ella y la del niño. Los visitaba lo más seguido que le era posible.
Tuvieron otro hijo. Entre los dos compraron el departamento para sus hijos.
Deseaban formar su familia, vivir juntos. Los niños fueron creciendo con su padre viniendo de vez en vez.

Eso lo llevó a pedir el divorcio a su mujer. Desde el principio no existía amor entre ellos. Como en muchos lugares donde la tradición es más importante que el amor, sus familias habían arreglado su matrimonio desde niños. Al llegar el tiempo, se casaron, no importando si se querían o no. Su esposa había permanecido en casa de sus padres, al cuidado de la casa y realizando las labores acostumbradas para la mujer. Por supuesto no había ido a la escuela después de la secundaria. 

El al estar estudiando, conoció a la otra mujer, empezó a amarla y ella a él. Al saber que era casado, no le importó porque lo amaba. Sabía que el amor en ésos lugares no importaba para muchas familias que daban más importancia a las formas que al contenido.
Al quedar embarazada y no querer decir de quien, su familia la rechazó y tuvo que buscar trabajo en otro sitio.

Así llegaron a ésa unidad. La esposa al pedirsele el divorcio, se negó rotundamente. Pero no sólo éso.
Buscó venganza.
Junto con sus hermanos espiaron al hombre e indagaron dónde vivía la mujer.

La persona que cuidaba a los niños y limpiaba, se había quedado lo más tarde posible, pero finalmente se había retirado al quedarse los niños dormidos.
Al poco tiempo, llegaron la esposa ofendida y sus hermanos, entraron rompiendo la cerradura y lo que encontraron a su paso, gritando que saliera a darles la cara. No sabían que la pareja había salido a cenar.
Llevaban pistolas. Los niños al oir los gritos, se aterraron y se escondieron bajo sus camas callados. Escucharon a personas romper cosas, abrir puertas, maldiciendo.

Al ver que no había nadie, se alejaron. Fué entonces que salieron los niños buscando ayuda en casa de los padres de sus amiguitos.

Terrible drama sucedido en un lugar tan tranquilo aparentemente, donde viven personas tranquilas aparentemente, aferradas a tradiciones que no tienen nada que ver con la verdadera religión o la verdadera fé. 
Donde se es más moralista que moral.
 Donde se vive más una religiosidad que la verdadera religión. 
Donde como en los ríos aparentemente tranquilos, se mueven corrientes que pueden conducir a la muerte.

"No todo lo que brilla es oro" dice un refrán y ésta historia es sólo un ejemplo de que es cierto.
Primera lectura
Deuteronomio 30, 15-20

Esto dice el Señor: “Mira: Hoy pongo delante de ti la vida y el bien o la muerte y el mal. Si cumples lo que yo te mando hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos, cumpliendo sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y te multiplicarás. El Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para poseerla. Pero si tu corazón se resiste y no obedeces, si te dejas arrastrar y te postras para dar culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que perecerás sin remedio y que, pasado el Jordán para entrar a poseer la tierra, no vivirás muchos años en ella.

Hoy tomo por testigos al cielo y a la tierra de que les he propuesto la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Elige la vida y vivirás, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él; pues en eso está tu vida y el que habites largos años en la tierra que el Señor prometió dar a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob”.

Salmo Responsorial
Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. (Sal 39, 5a) Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Dichoso el hombre que no se guía
por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno,
que ama la ley de Dios
y se goza en cumplir sus mandamientos.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al rio.
que da fruto a su tiempo
y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo.
R. Dichoso el hombre que confiá en el Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Mateo 4, 17

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Arrepiéntanse, dice el Señor,
porque ya está cerca el Reino de los cielos.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga.

Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?”