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Consejos de una madre

Por Laura Aguilar Ramírez


Hace mucho tiempo leí un artículo llamado "consejos de una madre azteca a su hija". Te dejo un link por si quieres leerlos completos, además de una explicación de la importancia que el pueblo azteca daba a la educación tanto en casa como en la escuela.

Difiero un poco en aquello de que ésta educación terminó con la entrada de los extranjeros. Es cierto que terminó una época en su vida, en su civilización. Pero era necesario que sucediera así para integrarse al mundo del que vivían alejados. Un mundo que tarde o temprano los alcanzaría.

Yo no exalto ni condeno al mundo indígena, como no exalto ni condeno al mundo actual. Somos hijos de la unión de dos culturas, con lo bueno y lo malo de ambas. Me viene a la mente la canción del grano de trigo: "si el grano de trigo no muere, sólo quedará, pero si muere, en abundancia dará un fruto eterno que no morirá" Y la vida es así. 

Yo sería como los indígenas, por decirlo de alguna manera. Al casarme, mi vida cambió. Entraron a ella otra familia, otras personas. Mi mundo no volvió a ser el mismo. Para bien o para mal, la familia de mi esposo influyó en mí y en mis hijos. Adquirí costumbres que no tenía y yo también influí en ellos.

El día de hoy en el Evangelio se nos habló de los últimos y los primeros: Un viñador llamó a trabajadores en la mañana, pero también a mediodia y también en la tarde... y a todos pagó el mismo denario.

Nos decía el padre que los padres amamos a nuestros hijos ya sean mayores o sea el menor. Cada uno en su momento, necesitó de nosotros.

Volviendo al tema de consejos de una madre azteca a su hija, yo recuerdo los consejos de mi propia madre (mi abuelita que me crió desde los nueve años en ausencia de mi mamá). Tuve la fortuna de contar con sus consejos nacidos de sus experiencias. Ella fué medio rebeldona para su tiempo, medio desobediente... y así le fué: tuvo hijos con 4 hombres y vivió con 6. Sufrió mucho por ello.

Finalmente encontró la paz en Cristo y en la Iglesia de Cristo. Recuerdo consejos como:
  • -cásate por la Iglesia, con la bendición de Dios.
  • -que tu esposo te ponga un cuarto redondo.. pero que te lo ponga.
  • -no mandes a tu esposo a robar.
  • -aprende un oficio que te permita trabajar en tu casa...aunque no ganes mucho.
Respecto a mis hijos:
  • -Cuida de tus hijos.
  • -No los castigues con la comida. Es decir, no les quites el derecho a comer para castigarlos.
  • -Si tienes que pegarles, hazlo con un cinturón. No con tu mano. Y nunca mientras estés enojada. Esto puede sonar feo, pero fué un consejo invaluable porque si lo piensas, es muy fácil quitarte la chancla y aventárselas, es muy fácil meterle una cachetada... pero para darles con el cinturón, primero tenía que buscarlo. En el tiempo que tardaba en encontrarlo, se me había pasado el coraje. Y además, nunca les pegué enojada. Ella sí lo hizo.
Esos fueron consejos que atesore en mi corazón. Pero sobre todo, me enseñó con su propio ejemplo:
  • respondía a mis preguntas sin temor a que la juzgara. Por ejemplo, cuando le pregunté porqué había tenido tantos hijos con tantos hombres, me dijo simplemente: "por tonta.... buscaba quien me ayudara con ellos y sólo me enjaretaban otros".
Ella quedó viuda muy joven, con un hijo en brazos (mi papá). Finalmente mi papá se quedó con sus abuelos maternos quienes lo adoptaron legalmente, por lo que llevó los apellidos de ellos y los mismos que su mamá, mi abuelita.
Su vida no fué fácil a partir de quedar viuda. Y viuda tan joven. Buscó y encontró el apoyo de sus padres pero no como ella deseaba. Buscó el apoyo de los padres de mi abuelito y no lo encontró. Ella deseaba más de lo que sus padres le daban.

En fin. Ella no se guardó nada para sí, no conmigo. No debe ser fácil hacer ésto con los hijos, porque tendemos a desear ser ante ellos perfectos. Y éste también a mis ojos, es un error. Porque perfecto sólo Dios.

Y si yo pienso en mí misma, como niña, como adolescente. Me descubro con dudas, no me veo perfecta. Pero mis padres tampoco lo fueron, ni mis abuelos. Esto para mí fué un alivio.
Porque no me exigieron lo que no podía dar. Podía reconocerme en mis padres, porque soy como ellos.

Y el mejor ejemplo que me dieron fué el de su capacidad para superarse a sí mismos.
Mi papá se levantó de ser un huérfano de padre y dejado por su madre. Se levantó de ser no tan bien visto por los demás. Se levantó para ser un buen hombre, un buen trabajador.
Tuvo sus épocas sobre todo en su adolescencia en que anduvo medio descarriado. Antes de los 20 años ya tenía dos hijas, al igual que mi mamá. A ella tampoco la juzgo, porque al irse, nos dejó con quien consideró podía cuidarnos mejor que ella.

Mi abuelita se levantó de ser desobediente y rebelde a ser una persona querida por muchos, una persona que se esforzaba por recobrar el cariño de sus hijos.

Como dice una parte de la Biblia: "soy una persona de labios impuros, hija de un pueblo de labios impuros."
Pero un pueblo que se levantó para hacerse dignos de Dios.

Esos consejos y ejemplos me han servido para tener un matrimonio de 46 años a la fecha, para tener dos hijos profesionistas que son responsables de su propia vida.

Si algún consejo les he dado, ha sido:
-ama y cuida de tu hermano. Sólo son dos.
Porque yo como madre, amo a los dos. Los dos nacieron de mí, a los dos los eduqué-

Y ahora que son adultos:
-pónte de acuerdo con tu mujer. En todo.
Porque yo como madre, no puedo tomar el lugar de su esposa. Ni puedo tomar como abuela el lugar de madre de sus hijos.

Y basada en mis propias experiencias, a mi hija (la que falleció a los dos meses de nacida) me hubiera encantado decirle:
  • -no hagas como muchas, que platican a sus amigas lo que no deben platicarles.
  • -la relación matrimonial es de dos, tres son multitud.
  • -lo que pasa en tu cama, en tu cama se queda.
  • -nunca pongas en mal a tu marido enfrente de nadie, ni siquiera de mí. Porque tú lo aceptaste. Nadie te lo impuso.
  • -procura respetar a sus padres, como si fueran los tuyos. Si tú me amas, él ama a los suyos.
  • -procura cuidar de sus hermanos, como si fueran los tuyos. Si tú me amas, él ama a los suyos.
  • -Sé caritativa con las personas, pero nunca hasta el grado de dejar a los tuyos sin comer o sin techo. Aunque sea yo misma. Porque a mí no me gustaría que me dejaras en la calle tampoco.
  • -No discutas delante de tus hijos con tu esposo. Tus hijos no son armas para usarlas contra él.
  • -Con un hombre pasado de copas, no se discute. Porque sus sentidos están embotados y no entiende. Platica con él al día siguiente cuando esté en su juicio. Pero no dejes sin decirle que hizo mal.
  • -Atente a lo que tienen y no pidas lo que no puede darte.
  • -No te endeudes más allá de lo que entra a tu casa. O acabarás sin ella.
  • Y algo de lo mucho que he escuchado de la Palabra de Dios:
  • -nunca te vayas a la cama sin haberte reconciliado con tu marido.
  • -Y ante todo, no descuides tu relación con Dios. El es el que te sostiene y te ayuda a soportar lo malo y a disfrutar lo bueno.
Esto último sería lo primero. Es exactamente lo que a mí me faltó. Y es lo que estuvo a punto de llevar mi matrimonio a pique. Y mi relación con mis hijos también.
Y muchos de éstos consejos, los escuché de boca de mi suegra. Tal vez no las mismas palabras, pero sí el contexto. Ella con su ejemplo, terminó de educarme.

Dios, através de su Iglesia me ha dado muchas herramientas:
  • -Pone grupos en donde he aprendido de El, he aprendido a relacionarme con mis hijos, a relacionarme con mi esposo.
  • -Pone grupos en donde puedo orar junto con otros.
  • -Pone grupos en donde puedo aprender hasta manualidades, cocina.
Porque si bien los niños asisten al Catecismo, los padres también podemos asistir a escuchar de Dios no sólo en la misa en donde si bien nos va, escuchamos el sermón dominical. En ésos grupos convivimos bajo el amparo de Dios, compartimos lo bueno y lo malo. Oramos juntos. De una manera más personal.

Si necesitas ayuda, puedes acudir a la Parroquia más cercana y seguramente encontrarás un lugar en donde te sientas bien, en donde te sientas apoyado o apoyada.

Mis padres, mi abuelita, el ejemplo de muchas personas que ví, sostuvieron mi vida. Pero llegó un momento en que ya no fué suficiente. Porque faltaba lo principal: Dios en mi vida.

Así se cumple lo del Evangelio de hoy: "los últimos serán los primeros". A Dios que debería ser el primero lo puse siempre al último. Porque no lo conocía. "Nadie viene a mí, si mi Padre no lo llama".

Esta reflexión también es parte de una inquietud mía. Creo firmemente en la vida después de la vida. En el Cielo. En el Paraíso celestial. Y sé que el boleto para entrar, se obtiene en ésta vida. Y sólo en ella.

Sé que existe el Purgatorio. Y una vez ahí, ya no son nuestros méritos los que pueden liberarnos, sino la gracia. La Gracia de Dios através de los que aún permanecemos en éste mundo.

Mis hijos no asisten a misa, por ejemplo. Y yo pienso: si no hago lo que Dios dice, si no procuro dar la Buena nueva a otros, si voy al Purgatorio ¿quién orará por mí? ¿quién pedirá misas por mí? ¿quién ofrecerá buenas acciones por mí? Yo procuro hacerlo por mis padres, por mis abuelos, por mis bisabuelos aunque no los conocí, por mis suegros... pero ¿quien lo hará por mí?

Así que hasta por mi propia conveniencia, trato de evangelizar, es decir, llevar la Buena nueva de que Dios nos ama y desea lo mejor para nosotros a los demás. Y me entristece que mis propios hijos no me escuchen.
Le pido a Dios para que algún día, se abran sus ojos por su propia conveniencia.
  • Por mi propia conveniencia, trato de ser generosa.
  • Por mi propia conveniencia, trato de hacer lo que Dios desea.
Me gustaría que algún día mis hijos estén donde yo seguramente estaré: junto a Cristo, porque El no miente y es su promesa: "Donde yo esté, ustedes estarán conmigo".

Al escribir, seguramente estaré, no lo digo por mis propios méritos, sino porque Cristo no miente y éso nos aseguró.

Mi abuelita regresó a la Iglesia. Y todo empezó a cambiar para ella.
Mi papá volvió a la fé. Aunque no era muy practicante, sí oraba y si creía.
Y yo, busqué a un Dios al que no conocía, pero del que había escuchado.

Y El cambió nuestras vidas.
Mi suegra también regresó a buscar a Dios del que se había alejado. Y su vida empezó a cambiar también. Y junto con su vida, la de sus hijos.

La vida la elegimos y hacemos nosotros

Por Laura Aguilar Ramírez

Hay veces que Dios nos quiere decir algo... y nos volteamos, nos hacemos de oídos sordos, nos tapamos los ojos y nos empeñamos en no ver.

Muchas veces por miedo, otras por orgullo, en fin...

Recordaba yo la historia de una persona. Una historia que me contaron hace mucho tiempo.
Una muchacha conoció a un muchacho, se enamoraron. Ella vivía lejos y él trabajaba lejos. En una de las muchas veces que ella se iba a su casa, a él se le atravezó una piedrecita... y dió el azotón. Se casó con la "piedrecita", tuvo 2 hijos con ella. Pero un tropezón no es amor.

De ése tropezón, volvió a darse otro y tuvo 3 hijos más. Finalmente se arriezgó y fué a buscar a la muchacha. Ella no se había casado. Lo aceptó, se casaron. Pero en el fondo de ella, quedó la semilla de la duda. Esa semilla fué creciendo y fué enredándose en su corazón hasta que creció tanto que terminó por inundarlo todo. Después de 16 años, ella se regresó a su casa.

Durante ésos 16 años, las escenas de desconfianza fueron creciendo tanto que no podía pasar una mujer a su lado, sin pensar que su marido tenía intenciones con ella. De nada valieron los 16 años en que él se esmeró por darle pruebas de su cariño. De nada sirvió que le pusiera casa, que le pusiera el negocio que ella quiso, que vendieran todo y compraran en otro lugar y pusieran otro negocio. La duda dentro de ella fué lo que acabó con su historia de amor.

Muchas veces sufrimos decepciones. Hasta nuestros propios padres nos llegan a decepcionar... pero Dios nunca nos falla, de El podemos fiarnos. A veces sólo basta dar un paso al vacío para darnos cuenta que sus manos nos sostienen siempre.

Claro que como nos dice la palabra de Dios: "Amar a Dios sobre todo y al prójimo como a uno mismo".
La primer persona que me decepciona soy yo misma. Con mayor razón, me decepcionan los demás.
Porque soy perfectible, no perfecta.
Y si yo no soy perfecta, tampoco los demás. Siendo seres humanos no somos perfectos. Sólo Dios es capaz de unir lo imperfecto y hacerlo perfecto como es El.

La muchacha de la historia se creía perfecta porque había sido una buena hija, una buena hermana y no podía soportar defectos en otras personas. Se sentía tan buena... y lo era realmente con los demás. Tanto como para ayudar a los hijos de su esposo, tanto como para ayudarlo a él... pero nunca para verlo igual a ella.

Terminó por irse a solucionar la vida de sus hermanos, dejando a la familia que ella ayudó a formar, o que ayudó a recrear. Familia a la que dejó porque nunca iba a ser tan perfecta como ella había querido o como ella veía a su propia familia.

Y terminó por darse cuenta que su familia no era tan perfecta como ella creía y que la de su esposo no era tan imperfecta como se imaginaba.

Para cuando se dió cuenta, él después de esperarla por tanto tiempo, había terminado por buscar a alguien que lo acompañara en su soledad, alguien que lo aceptara tal como era, sin juzgarlo, sin esperar de él lo que no podía darle: perfección.

Y la muchacha de la historia, terminó sola, sin el amor que su esposo, sus hijos y sus nietos podían darle.
El, vivió siempre amparado por el amor de sus hijos y de sus nietos. Conservando en su corazón todo aquello que ella le había enseñado, pero sin querer perder "lo más por lo menos".

Estos días me ha revoloteado en la cabeza el porqué mi abuelita me dijo un día "cásate, mi hijita". Le hice caso, aunque en mis tiempos no se le daba tanta importancia al matrimonio, menos al religioso. Era el tiempo del "amor libre", sin ataduras. El tiempo de "estamos juntos mientras nos querramos y cuando no nos querramos, cada quien para su casa"

Eran tiempos en que se escuchaba "¿para qué queremos un papel? El papel no ata"
Ahora veo cuánta razón tuvo mi abuelita. Uno se casa por amor, pero como bien dice la Palabra de Dios "la carne es débil" y si bien el papelito no ata, bien que protege.
Porque cuando uno se casa, pone en manos del otro su esfuerzo, une su trabajo al suyo, lo que se hace, se hace juntos. Y cuando cada uno para su casa, por lo menos cada uno se lleva lo que puso y las ganancias que haya habido.

Claro que en lo conscerniente a Dios, no es cosa de bienes. Al corazón herido no lo curan los bienes materiales, pero por lo menos en lo que Dios cura, uno no pasa hambre.
Tal vez suene cínica a los ojos de la gente que resuelve sus asuntos sóla, pero yo creo que Dios que me conoce mejor que yo misma, sabe que no soy fuerte, que la carne es débil, que no soy perfecta y que tengo necesidades.

Por supuesto que yo también como la muchacha de la historia, hubiera podido salir sóla, porque se me enseñó a trabajar, pero... ¿ y la soledad del corazón, y las heridas que deja un rompimiento, y el odio, el rencor por el tiempo perdido... y tantas y tantas cosas que no cura más que el amor de Dios?

Cuando he sentido que la carga es pesada, recuerdo ésa historia. Y recuerdo las palabras de alguien sabio, con la sabiduría que da el sufrimiento: "el orgullo es tonto", "con orgullo no se come".

Y agradezco tanto ésas palabras como agradezco las de mi abuelita, que también tenía la sabiduría de alguien a quien la vida revolcó muchas veces.

Esas dos personas tan fundamentales en mi vida, son la roca en la que he construido, como dice el Evanagelio de hoy.
"Por sus frutos los conocereís"

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 43-49
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cayó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».

Días de oscuridad

Por Laura Aguilar Ramírez


En éstos días estoy compartiendo "La Historia de la Iglesia" que es un pequeño curso del P. Antonio Rivero que dió en Catholic.net.
Obviamente el curso no es un estudio exhaustivo donde se desmenuce cada acto, cada palabra, cada personaje porque entonces sería una Enciclopedia con muchísimos libros, así como la Biblia no habla de cada personaje, ni dice cada hora de la vida de Cristo. No es la finalidad, sino comunicar el mensaje de Dios Padre atravez de Cristo: "El nos ama"

Pero si nos esboza la historia de la Iglesia atravez de los siglos y podemos ver que está formada por hombres tomados de entre los hombres, cada uno en la época que le tocó vivir. La Edad media fué una etapa oscura, llena de guerras y en ése tiempo la Iglesia debió hacer su labor.
Está llena de claros y oscuros al igual que cada vida de cada hombre.

En una parte, el P. Rivero dice: "Uno podría desalentarse al saber estas cosas de su madre Iglesia. Incluso llevarse las manos a la cabeza en señal de escándalo. No obstante, la madurez nos hace ser reflexivos y decir: la Iglesia está compuesta por hombres, pero quien la dirige es el Espíritu. Los hombres podrán fallar, pero no Dios."

Y es cierto. Lo mismo sucede o por lo menos a mí me sucede aveces incluso dentro de la Iglesia. Muchas veces me he sentido decepcionada o desalentada. Pero Dios sabe porqué hace las cosas y sólo El sabe porqué precisamente en éstos momentos, empecé con éste minicurso.

 Hace treinta años, cuando llegué a Ensenada leía en el periódico que compraba para buscar empleo "ha llegado gente que ensucia, que no respeta" y yo me sentí ofendida, pero entendí que es verdad. En lugar de enojarme, traté de entender a las personas que veían de pronto a personas que llenaban las playas que ellos trataban de conservar limpias, tirar basura, hacerse del baño, etc. 

 Me prometí no ser como ellos, me prometí intentar comportarme con educación para no ser llamada "sucia" o "irrespetuosa". Pero no todos son así. Hay gente que llega empujando a quien sea para tener un lugar. Igual que sucedió en la Edad Media. De hecho, no es sólo en la ciudad en la que vivo, es en todo el mundo que se está dando el fenómeno de la emigración masiva de un lugar a otro. Unos huyendo de la violencia, otros huyendo del hambre y otros simplemente "por tener una vida mejor" entendiendo como vida mejor, tener bienes mejores que los que poseen.

Para mí, una vida mejor es una vida en paz, una vida en la que debo trabajar y vivir del fruto de ése trabajo, pero sin quitarle a otro lo que posee. Entiendo la tentación que puede uno sentir. En mi caso, teníamos una casa (que estábamos pagando, pero la consideraba mía); teníamos un trabajo, escuela para mis hijos. En fin, teníamos una vida en paz. Vida que terminó a causa de una devaluación nacional que nos agarró desprevenidos. Nunca pensamos que las tarjetas de crédito o que el crédito de la casa se elevara tanto que terminó por ahorcarnos. Y tuvimos que traspasar e irnos para otro lugar.

Obviamente si no nos hubiéramos endeudado tanto, hubiéramos podido sortear la tormenta como muchas otras personas, pero fuímos descuidados. Fué por tanto, nuestra culpa.

Gracias a Dios y a que empezamos a conocer su Palabra y a vivir sacramentalmente, hemos recuperado lo perdido. Obviamente si no hubiéramos perdido todo, tendríamos el doble jeje... pero "de lo perdido lo que aparezca"

Recuerdo que hubo un momento en ésos primeros días por acá en que ví una casa vacía y sin cuidar y me pregunté porqué alguien tendría una casa sin usar. Una persona que me ayudó mucho para instalarme, me dijo que ni se me ocurriera intentar meterme en una casa así. Por supuesto que ni se me había ocurrido, jeje. Me educaron a respetar lo que no es mío, pero si lamentaba que mientras unos no teníamos donde vivir, hubiera gente con casas sin usar.

No todos reaccionamos igual ante situaciones parecidas, y es éso lo que provoca las guerras, como sucedió en la Edad Media cuando grupos de vikingos, de sarracenos y otros, invadieron. Llegaban sí con necesidades distintas o buscaban mejores tierras, pero lo hacían violentamente. Y otros corrompiendo a las personas con ideas erradas o incluso dinero.

Y la Iglesia no estuvo salva. Fué un tiempo en que algunos emperadores compraron cargos en la Iglesia, corrompiendo al clero. Hubo mucha oscuridad.

Pero dentro de ésa oscuridad brillaba la luz de grandes santos: el Papa Nicolás I, San Metodio y San Cirilo y otros que conservaron la fé, muchos aún con su propia vida.

En el mundo actual vemos algo parecido con tanta emigración. Y hasta la naturaleza misma pareciera estar sufriendo. Se han incrementado los terremotos, los tsunamis, las sequías, las inundaciones, etc. etc. Pareciera que todo está enloquecido.

Pero aún enmedio de todo ésto, debemos recordar que se habla de cosas así y que también se habla de la paz después de la tormenta.

Ruego a Dios que ésos días de desazón, de reacomodo que está sufriendo nuestro planeta y nuestras sociedades pase pronto y nuestra fé se mantenga a pesar de todo.

Ezequiel 34, 1-11
En aquellos días, el Señor me habló y me dijo: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel y diles: ‘Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar a las ovejas? Pero ustedes se toman la leche de ellas, se visten con su lana, sacrifican las ovejas mejor alimentadas y no apacientan al rebaño. No fortalecen a las ovejas débiles, no curan a las enfermas ni cuidan a las que están heridas. No hacen volver a las descarriadas ni buscan a las perdidas, sino que las dominan con crueldad y violencia.

Mis ovejas se han dispersado por falta de pastor y se han convertido en presa de todos los animales salvajes. Mi rebaño anda errante por todas partes, por los montes y las colinas; mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra y no hay nadie que se preocupe de él, nadie que lo busque’.

Por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: ‘Mi rebaño ha sido expuesto al pillaje y se ha convertido en presa de todos los animales salvajes por falta de pastor, pues mis pastores no se preocupan por mi rebaño; se apacientan a sí mismos y no apacientan a mi rebaño’.

Por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: ‘Lo juro por mi vida: Me voy a enfrentar a los pastores para reclamarles mis ovejas y destituirlos de su cargo. Los pastores ya no volverán a apacentarse a sí mismos. Les arrancaré mis ovejas de la boca y no se las volverán a comer’. Esto dice el Señor: ‘Yo mismo buscaré a mis ovejas y las cuidaré’ ”.


Honor a quien honor merece

Por Laura Aguilar Ramírez

El Evangelio de hoy, nos habla de los ricos y lo difícil que es para ellos entrar al Reino de los cielos. Pero no dice que no entran, sino que es difícil.

Tan difícil como es para un pobre entrar al Reino de los Cielos.
La entrada no está determinada por tener o no tener, sino por la generosidad del corazón. Recuerdo a la viuda pobre que puso sus dos monedas y Cristo la enalteció. Ella había puesto más que un rico que daba de lo que le sobraba.

Duele más el codo a un pobre que da una moneda que necesita para comer, que a un rico que da 100 monedas que pensaba usar para comprar un carro más lujoso.

Yo siempre estaré agradecida a personas que daban de lo que poseían para sostener los internados en los que estuve y en los que aprendí tanto.

Siempre estaré agradecida a personas que viniendo de familias con posibilidades, dedicaban unas horas a la semana de un tiempo que podían usar en divertirse para ir a leernos libros positivos, para ir a darnos clases de inglés, mecanografía o cocina.

Siempre estaré agradecida a personas que pudiendo dedicarse a barbear a ricos, dedicaban parte de su tiempo en darnos gratis acceso a una Asociación como los "Boy scouts" que cobran para poder tener acceso a las actividades. Ellos reservaban lugar para personas como yo, que no podíamos pagar. Gracias a ellos pude estar en campamentos, aprender actividades que a personas con posibilidades les costaban. Y convivíamos hijos de personas ricas, con personas de posibilidades y con personas pobres como yo.

Siempre estaré agradecida a personas que pusieron empresas o pequeños despachos donde trabajé. Pudieron como el de la parábola de los talentos, dedicarse a gastar la herencia de sus padres o a guardarla para sí y su familia. No. Ellos se arriesgaron a poner negocios donde se daba trabajo a personas como yo.

Pero... y éso si quiero dejarlo bien claro. Yo, como pobre, debí ganarme todo éso. No me lo dieron sólo por ser pobre... porque pobres hay muchos. No me lo dieron por ser guerita, porque gueritos hay muchos... no me lo dieron por ser bonita, porque bonitas hay un chorro y dos montones. Me lo gané a pulso.

No me lo dieron tampoco por ser inteligente, que lo soy... pero inteligentes hay un montón. Me lo gané con mi esfuerzo.

Cada mes debía sacar buenas calificaciones en la escuela. Y buenas calificaciones no significaba simplemente pasar de a panzaso... sino en ése internado la que menor calificación sacaba era 8.

También debíamos convivir entre nosotras, sin pleitos, sin chismes. Debíamos cumplir con nuestras obligaciones de limpieza. Debíamos cumplir con un horario.
Y debíamos tener buena conducta en todos los lugares: escuela, paseos, hasta en la calle.

O sea, los ricos cumplían lo que Dios espera de ellos y lo hacían no sólo con dinero, sino también con su presencia, con su estima. Y nosotras, pobres, también cumplíamos con lo que Dios espera de nosotros.

En éste pasaje del Evangelio les jala las orejas a los ricos.. Y yo como pobre, podría carcajearme: "jejeje.. éso, Padre... diles lo que se merecen". Pero debo recordar que otro día me va a recordar lo mala que soy: floja, malgastada, orejona cuando quieren enseñarme algo bueno. Y todo con el pretexto de que soy pobre.

Dice un dicho: "cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar". Y si a los ricos aveces se les olvida o les duele dar algo, los pobres podríamos recordar que no lo roban, lo heredan, que muchas de las personas que tienen dinero, lo tienen porque no lo malgastaron como yo, que Dios me bendijo con trabajo y yo malgastaba el dinero en paseos y comilonas. Como dice la canción "ay, como me gusta el gusto y todas las parrandas y todo se me va en beber".

A muchos pobres nos encanta el gusto y le damos gusto al gusto y cuando ya estamos con los bolsillos vacíos, entonces nos da por ir a recordarles a los ricos las "obligaciones" que según nosotros, Dios tiene para ellos, en lugar de aceptar que estamos como estamos por no saber controlar nuestros apetitos.

Yo he dicho que llegué a Ensenada sin un quinto, después de haber tenido trabajo, una casita de condominio horizontal, la oportunidad de trabajar en mi casa como costurera y poder cuidar de mis hijos. Y por malgastar, terminamos mi esposo y yo por perder todo.

Desde hace 30 años, tuve una segunda oportunidad de rehacer nuestras vidas. Y no la hemos desaprovechado.

Pero no por mis méritos, sino por misericordia de Dios. Yo nunca fuí buena católica, tal vez porque no me enseñaron a acudir a misa, ni a vivir de la Eucaristía. No tanto porque fuera floja o tragona o grosera o ladrona o mal hablada. Nada de éso, gracias a Dios fuí bien educada. Pero no vivía la fé como debe vivirse.

Yo oraba todas las noches antes de acostarme, bendecía a mis hijos antes de salir de casa. Es decir, vivía como me enseñaron. Aquí aprendí a vivir como Dios manda: yendo a misa, comulgando y confesándome regularmente.

Y lo aprendí porque Dios quiso. Así que sé por experiencia propia que entrar al Reino de los Cielos no es cuestión de dinero. Es cuestión de atender al llamado de Dios. Y yo siempre fué orejona. No pensaba que fuera necesario éso de ir a la Iglesia, a pesar de que se me enseñó en el Catecismo cuando pequeña.

Gracias a Dios no terminé en la calle, como muchas personas pobres que crecieron en ranchos o en pueblos como yo.
Es cierto que nací en la CDMX antes DF, en un barrio bien, de una familia bien. Pero por cuestiones de la vida, crecí desde pequeña en rancho y pueblos entre gente pobre.
Si alguien de mi familia tenía dinero, era suyo, no mío.

Pero fuí bien educada, es decir, me educaron con valores. Pero no me enseñaron a vivir en una comunidad eclesial, es decir a llevar una vida donde la misa, la comunión y la confesión fueran importantes. Y en el internado, aunque se oraba por las noches, tampoco se nos enseñó, porque estaba prohibido por ley.

Esa es finalmente la razón de haber tomada tan malas decisiones, entiendo ahora. Porque no tenía yo la guía de Dios en su palabra y en sus sacramentos.

Así que prácticamente fuí educada como se educa a los protestantes, entiendo yo ahora: sin sacramentos y sin Iglesia.

Y no me fué bien. Esos que opinan que Dios le habla a uno sólo leyendo la Biblia o que basta con orar en la casa creo yo, no están bien.

Se salva uno por Gracia por supuesto, pero no basta sólo la Gracia, debe uno querer recibirla y hacer lo que Dios dice, en donde El dice y como El dice.

Y El dice que hay unas personas encargadas de dar los Sacramentos, en un lugar llamado Iglesia.

Así que yo puedo equiparar la vida de iglesia como la vida del internado al que fuí: no fuí porque yo quisiera, sino porque me llevó mi abuelita (que estaba encargada de mí desde los nueve meses en que mis padres se separaron y me dejaron con ella). Y me llevó porque me enviaron de la escuela primaria a la que asistía. Detectaron que a pesar de ser inteligente y sacar buenas calificaciones, no me adaptaba tan bien al grupo.

Así que ni siquiera fué porque mi abuelita quisiera, sino porque fuí llamada como muchos niños en mi caso. Pero no todos entraron a ése y otros internados, porque sus papás no acudieron al llamado que se les hizo en las primarias, o porque no consideraron que sus hijos necesitaran ser internados, o porque no necesitaron hacerlo.

Pero como digo, para estar ahí, se debía cumplir con lo que se pedía. Ví cómo cada año, algunas compañeras no regresaban. Hasta hubo alguna a la que se le pidió cordialmente abandonara el lugar por su mala conducta.

Asi que yo no era una buena católica, pero tampoco quise ser una buena protestante y perderme de los sacramentos que son los medios que Dios puso para salvarme, junto con la escucha de Su Palabra dentro del lugar donde El quiso se hiciera.

Desde hace 30 años, empecé a aprender de Dios y de su Iglesia. Porque le pedí a El su ayuda. Y sigo en su Iglesia porque "adónde voy que más valga?. Tú tienes palabra de vida"

san Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».

Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».

Entonces dijo Pedro a Jesús: «Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?».

Jesús les dijo: «En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.
Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros».

¿Y tú qué ves?


El día de hoy se recuerda a Santo Domingo de Guzmán, quien fundó la órden de predicadores y tiene por tanto, sus propias lecturas.

Las lecturas dedicadas a algún santo en particular, suelen leerse en los lugares donde ése santo es relevante. En nuestro caso, las órdenes fundadas por Santo Domingo y San Francisco fueron grandes evangelizadores de la Península Bajacaliforniana y por lo tanto, tienen relevancia para nosotros

Cuando empecé en el camino de la fé, en unos foros se organizaba a principios de año una tradición distinta a las del mundo que conocemos: "choninos rojos, amarillos depende si se desea amor o dinero, comer uvas pidiendo un deseo por cada una, etc. etc."
Esta tradición es más bella aún: poner el nombre de varios santos en un papel cada uno, doblarlo, meterlo en una urna y pedir a Dios nos adjunte un "Santo amigo para todo el año" o sea, un santo que nos acompañe durante todo el año.
Suponemos que es el mismo santo quien nos elige por alguna razón.
Durante los años que participé, tuve dos santos amigos: el Santo Cura de Ars y Santo Domingo. Con el Santo Cura de Ars empecé a aprender de los sacerdotes, discípulos de Cristo y con Santo Domingo empecé a saber del Santo Rosario como una oración predilecta de la Virgen.

Curiosamente, ambos son muy atacados en la actualidad incluso por hermanos que se llaman "cristianos", es decir, que creen en Cristo, que aceptan a Cristo como su salvador, pero no lo aceptan através de aquellos a quien El llamó para servirle en sus hermanos: los sacerdotes.
Y tampoco aceptan a la Virgen como intercesora ante Jesús y ante el Padre.

Me imagino que fué la manera en que empecé a conocer de la fé que digo profesar, pero en realidad no lo hacía. Ni asistía a misa, ni me confesaba, ni siquiera oraba en mi casa.
La poca fé que llegué a tener, venía de las clases de Catecismo que se me impartieron de pequeña y de las noches en el internado en que orábamos juntas.

Definitivamente el medio ambiente en que nos desarrollamos influye grandemente. En mi caso, lo hizo. Esa llama de fé que empezó a germinar en mi infancia fué sofocada porque en mi familia no se asistía a misa, no se confesaba ni se acercaba uno a la Iglesia.
En mi familia se bautizaba, se confirmaba, se hacía la primera comunión, se casaba uno más por tradición que por verdadera fé.
Con ésa pequeña semilla de mostaza bastaba para ver el amor de Dios en nuestras vidas.

Pero al llegar por éstos rumbos, me enteré que hay otras personas que se llaman "cristianos" pero que no lo son en realidad porque desconocen a los que Dios puso para compartir y sostener la fé y porque no hacen lo que El dice.

Ese fué un choque muy fuerte para mí, sobre todo con mi fé tan infantil. Me sentía deprimida por las circunstancias de mi vida en ése tiempo: haber perdido mi casa, haber perdido el trabajo, haber llegado a un lugar desconocido, con personas desconocidas. Lo único conocido era la Iglesia. Y a ella me dirigí antes de desplomarme por completo.

Unos de ésos hermanos separados trataron de ayudarme y yo, como dice la primera lectura de hoy, caí en su anzuelo. Se presentaron con el nombre de Cristo, se mostraron solícitos, me ayudaron, pero no pudieron hacer mucho por mí. Intenté suicidarme a pesar de sus prédicas y sus oraciones y sus cursos de biblia. O tal vez por ellos jeje
Sé que lo hacían con buena intención, pero "guías ciegos no pueden guiar a un ciego". Yo pensaba que era lo mismo. Y no lo es. Lo descubrí gracias a Dios.

Estuve perdida en las tinieblas durante varios años. Luchaba por el agradecimiento a ésas personas porque además son familia. Intentaban quitarme lo que había sido mi sostén durante toda mi vida. Me hablaban de que no debía tener imágenes, me decían que incluso algunas comidas que acostumbraba, no debía comerlas porque estaban dedicadas a alguien malo. Llegaron a decirme que mi padre era el diablo.

Todo éso en mis circunstancias tan debilitadas, me hundieron en un pozo muy negro y profundo. Me hicieron dudar de las personas que durante toda mi vida fueron mi sostén como mi abuelita, mi padre, mis tíos, etc.
Pretendían ponerse ante mí como si fueran personas sin defectos o con defectos menores a los de mi familia. En fin.

En ése tiempo entré a unos foros católicos donde aprendí a conocer mi fé. Y ésos dos santos fueron mis primeros amigos.

En éstos días han sucedido tres terribles incendios: dos en Francia y uno en Washington. Y en ambos, ha sucedido algo que ha recorrido el mundo: unas imágenes de Cristo y una de la Virgen de pie enmedio de la quemazón. Impactantes por su dramatismo, pero también por lo esperanzadoras.
Sabemos que tanto en Europa como en Estados Unidos, el protestantismo ha hecho mella en la fé. Sabemos que los musulmanes también lo han hecho. Ambos quieren arrasar con la fé católica.

Yo veo en ésas imágenes algo más que una esperanza: veo un mensaje de Dios para el mundo incrédulo.

Tuve que leer varias veces las lecturas de hoy, porque no me gusta mucho leer sobre la justicia de Dios. Y por más que le dí vueltas, no pude negarlo.
En la Primera lectura del Profecta Habacuc se lee:
Habacuc (1,12–2,4):
¿No eres tú, Señor, desde antiguo mi santo Dios que no muere? ¿Has destinado al pueblo de los caldeos para castigo; oh Roca, le encomendaste la sentencia?
Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal, no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué contemplas en silencio a los bandidos, cuando el malvado devora al inocente?
Tú hiciste a los hombres como peces del mar, como reptiles sin jefe: los saca a todos con el anzuelo, los apresa en la red, los reúne en la masa, y después ríe de gozo; ofrece sacrificios al anzuelo, incienso a la red, porque con ellos cogió rica presa, comida abundante.
¿Seguirá vaciando sus redes, matando pueblos sin compasión? Me pondré de centinela, en pie vigilaré, velaré para escuchar lo que me dice, qué responde a mis quejas.
El Señor me respondió así: «Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acercará su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.»
Y entonces cuando leo el Evangelio, puedo entender porqué los hermanos separados con toda su buena intención no pudieron ayudarme en realidad. Sólo Cristo pudo hacerlo. Sólo cuando fuí a la Iglesia, me confesé y acudí a misas de sanación, me recuperé. Bueno... todavía ando mensa jejeje Pero ando...
san Mateo (17,14-20):
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»
Palabra del Señor
Las imágenes citadas, así como otras que en años anteriores hemos visto son un mensaje. Un mensaje que muchos no queremos ver.

Se han visto imágenes de la Virgen después de tremendas inundaciones que arrasan todo. Se han visto imágenes formadas en las nubes. Se han visto después de tremendos tornados en que todo vuela, menos ellas.

Es un mensaje de amor, por supuesto. Porque Dios es Amor. Pero un amor que se comparte con el necesitado y no sólo para nuestros intereses.

Es también un llamado para aquellos que pretenden no ver lo que se pone una y otra y otra vez ante sus ojos.

Ahora sí que como dice una canción que escuchaba en mi infancia: "Tu retratito lo traigo en mi cartera"
Así nosotros, estamos en la cartera de Dios, aunque querramos salirnos de ella porque no nos da lo que queremos, cuando lo queremos y como lo queremos. Porque no nos deja hacer lo que queremos, cuando lo queremos y como lo queremos.

La diferencia es que sé que es por su Inmenso Amor que aveces parece que es malo algo, pero tal vez lo que sucedería más adelante, sería peor. Eso no lo sé, porque los caminos de Dios no son los míos, ni sus pensamientos tampoco. 
Es por éso el título ¿Y tú qué ves?

Copiamos tan bien lo malo


El pasaje del Evangelio de hoy, es muy hermoso. Sabemos de la misericordia de Dios, pero en éste pasaje podemos ver que no sólo se compadece de sus discípulos, ni siquiera sólo del pueblo israelita. También lo hizo con otros como la mujer del pozo y como la mujer del Evangelio de hoy que era cananea.

-Pero ¿porqué una mujer cananea le pide algo a El? Eso es lo que llama mi atención.
La fama de Jesús había llegado lejos, la fama de sus milagros por lo menos, lo había hecho. Ella creía que si lo deseaba, él podía curar a su hija. Pero seguramente lo que menos le interesaba era su doctrina. Seguramente después de ése hecho,no siguió su vida como si nada. Como quien va con un médico famoso, y nada más. Seguramente ella se acercó por conocer de su misericordia entre los necesitados, entre los enfermos.

Y éso contrasta mucho con la actitud que en la actualidad se tiene con las personas. Desde la celebración del Aniversario episcopal de nuestro Obispo, me resuenan las palabras que él nos dijo: "tomados de entre los hombres"

Y en la actualidad, vemos que es muy difícil que se den vocaciones a la vida consagrada o a la vida matrimonial. Puedo ver en ésta mujer cananea y en la samaritana del pozo, que por lo menos en ésos tiempos, las personas creían en Dios. De hecho, Cristo fué crucificado porque decía ser Hijo de Dios y éso era blasfemia a los ojos de los levitas o sacerdotes. Era lo peor que se podía hacer.

Jesús mismo dice en la cruz: "perdónalos Padre porque no saben lo que hacen"- A pesar de que fué profetizado que nacería el Mesías, a pesar de que se esperaba naciera de una virgen, a pesar de todas las profesías que hablaban de El, lo desconocieron, no lo reconoceiron. Decían que los milagros y signos que hacía, los hacía en nombre de Belcebú. En cambio, ésas mujeres reconocen en él algo fuera de lo común.

Vemos también que el pueblo israelita era prominente, puesto que ésta mujer se compara con "un perrito que come de la mesa de los amos". El pueblo israelita aliado de los romanos en ése tiempo, seguramente se sentía superior a muchos pueblos cercanos. Me habla de la prepotencia que existía en ése tiempo de parte de los israelitas. -Si a su pueblo lo trataban con despotismo, ¿cómo tratarían a los otros pueblos?

La mujer samaritana trata a Cristo, hasta con rencor por decirlo de alguna manera.

En éstos días se recordó el 100 aniversario de la Guerra cristera. Ese día, los sagrarios quedaron vacíos, la Iglesia en protesta por la Ley Calles y también como prevención, escondió las Ostias consagradas, las imágenes y todo lo que sirve al culto. Muchos sacerdotes salieron del país y otros permanecieron ocultos en casas donde seguían celebrando y dando los sacramentos. Muchos católicos fueron asesinados, otros murieron defendiendo la fé. La Ley Calles nunca fué derogada, pero tampoco fué instituida oficialmente.

La Iglesia siguió después de distintos conciánbulos funcionando. Pero desde entonces, no ha vuelto a ser la misma. La religión oficial ya no es la católica, somos un país laico en el sentido de que no existe una religión oficial. Pero en la actualidad, la cosa está peor. La Iglesia ha sufrido ataques sin que se haga algo para evitarlo de parte del Gobierno izquierdista.

Hemos pasado de un gobierno masónico a un gobierno izquierdista. De mal en peor.
Hemos pasado de un respeto a la libertad religiosa, a un ataque a lo que hable de Dios. Especialmente a la Iglesia católica, pero es realmente un ataque a la fé en general.
Tal vez se desee una Iglesia nacionalista donde el Presidente casi casi es Dios como en China. O donde el Presidente sea venerado como sucedió en Venezuela en tiempo de Chavez. O donde todos somos tan iguales que si no piensas como ellos, entonces no existes o eres agredido.

O peor, hemos pasado a ser un pueblo adorador del mal. Lo vemos en el incremento al culto a la Santa muerte, lo vemos en el aumento de abortos y las leyes permisivas de él, lo vemos en las marchas de desnudistas, lo vemos en cada acto que lleva un toque anti-Dios o en devoción a dioses antiguos (disfrazado de amor a la naturaleza) o en grupos llamados provida que defienden más a los animales que al ser humano, que se aterran con los ataques a animales (despreciables, por cierto) pero no se apenan de matar a un ser humano en gestación.

Hemos pasado a ser un pueblo que admira a los malos, a los delincuentes, a los narcos, encubriéndolo con el nombre de "derecos humanos"; que admira a las mujeres multiparejas, a las mujeres divorciadas, encubriéndolo con el nombre de "empoderamiento de la mujer"

Hemos pasado a ser un pueblo que llama negro a lo blanco y mal al bien. Y éso no nos va a llevar a nada mas que al mal. Y el mal sólo tiene una moneda con que pagar: mal.

Dios tenga misericordia de éste pueblo suyo. Dios perdone a éste pueblo suyo.

Realmente todos somos "tomados del pueblo" es decir, de una sociedad. En nuestro caso, de una sociedad que no habla, no oye y no ve nada que tenga que ver con Dios.

"El que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante mi Padre".
No es de extrañar entonces, cuando Jesús no escucha a la cananea. Pero se conmueve ante su insistencia, ante su humildad. A diferencia de éste pueblo que se parece tanto al pueblo israelita de tiempos de Cristo.

Estoy leyendo y compartiendo la historia de la Iglesia. Voy por la edad media alta. Me encuentro con nombres como San Ambrosio, San Gregorio Magno, San Benito. Me encuentro también con San Osaldo, rey de Norhumbria, que realmente se convirtió al cristianismo, que defendió la fé católica en su tiempo. Un tiempo donde las conversiones se daban a pasto, pero muchas veces más por conveniencia que por convencimiento.

Cómo vería San Osvaldo la Inglaterra o la Europa actual? Una Europa que floreció cuando era católica y que ahora la vemos dando tumbos¿. Cómo vería San Osvaldo a la Inglaterra que amó, entregada por otro rey, Enrique VIII al protestantismo, llevado por sus placeres carnales?

No. Después de algo como la entrega de Inglaterra al protestantismo, donde hubo tantos mártires nada ha vuelto a ser igual. La estrella de Inglaterra empezó su declive. Al igual que el Viejo mundo.

Queremos lo mismo para ésta América tan joven, de apenas 500 años? Es cosa de pensarse realmente.

Si vamos a copiar, porque sin duda somos un país copión, porqué nos aferramos a copiar lo malo?
Eso es de tontos. Nadamas hay que mirar cómo les ha ido, para ver si queremos que nos vaya igual.

Y éso me lleva a ver cómo en la sociedad actual, por lo menos en mi país, muchas veces se premia a los que hacen mal.

Y aquí viene entonces el discernimiento. Yo como padre o madre de familia, puedo heredar a mis hijos una casa, un carro... pero no puedo heredarles ni mi temperamento, ni mis habilidades, ni mi personalidad. De éso se ha encargado Dios. 
Dios que en su infinita sabiduría da a unos un don y a otros, otro. Y de ésta manera se distribuyen entre toda su iglesia, los dones del Espíritu Santo. 
Sólo hubo un ser humano al que se le saludó así: "Salve, María. Porque has alcanzado gracia delante de Dios"
Gracia o sea, dones del Espíritu santo. Ella, la llena de Gracia porque portó dentro de sí a la Gracia misma, porque fué la primera discípula del Hijo del Padre.

"Bendita me dirán todas las generaciones, porque he encontrado el favor del Altísimo"- dice ella en las poquísimas veces en que se oye su voz en las Escrituras. Todo lo guardaba en su corazón.

Y yo me pregunto: ¿sería que ella no puso nada para que le fuera dado ése gran privilegio? ¿Sería que sólo bastó su belleza exterior o haber estado en el Templo? 

O sería que San José obtuvo el privilegio de ser guardián de la Virgen y el Niño tan sólo por ser de la tribu de Judá y particularmente de David? Sin que haya puesto nada de él mismo?

No. Se profetizó que vendría de David porque a El, Dios se lo prometió. Lo mismo que prometió Jacob a su hijo Judá con el poder que Dios le había dado: "no le será quitado el cetro", tal como le había prometido a Abraham, nuestro padre en la fé. Dios nunca se desdice. A diferencia de los hombres que muchas veces creen que las dinastías son buenas. Y lo podemos ver en las grandes dinastías de reyes que ha habido.

Igual ha habido un gran rey en Inglaterra que el hijo ser un papanatas. O en España. O en Francia. O en cada país que se ha dirigido de ésa manera.
Tal vez por éso, la samaritana le dijo a Jesús: "¿tú me pides agua a mí? o la cananea le dice "que los perritos comen de la mesa de los amos". El pueblo judío era reconocido como el pueblo de la promesa.

En ése tiempo se creía en Dios y se le creía a Dios.





Sólo Dios basta

Por Laura Aguilar Ramírez

Siempre son bonitas las lecturas del día. Nos orientan, nos reprenden o nos consuelan, pero todas nos van moldeando, como nos dice la Primera lectura de hoy, tan consoladora para aquellos que decidimos creer en Dios y creerle a Dios.
Pero también nos llama a pensar en que el alfarero moldea el barro con sus manos, apretando firmemente y por ésas manos, va cayendo el barro que sobra.
Jeremías 18, 1-6
Palabra que el Señor dirigió a Jeremías: «Anda, baja al taller del alfarero, que allí te comunicaré mi palabra».
Bajé al taller del alfarero, que en aquel momento estaba trabajando en el torno. Cuando le salía mal una vasija de barro que estaba torneando (como suele ocurrir al alfarero que trabaja con barro), volvía a hacer otra vasija, tal como a él le parecía.
Entonces el Señor me dirigió la palabra en estos términos: «¿No puedo yo trataros como este alfarero, casa de Israel?—oráculo del Señor—. Pues lo mismo que está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel»
Estamos leyendo a Jeremías, un profeta que como todos ellos, fué llamado a hablar de Dios, a llevar la palabra de Dios a su pueblo, quien los escuchaba, pero por una u otra razón, terminaba por desobedecer. Eso sucedió también en los tiempos de Jeremías. El pueblo dirigido por sus reyes, no quiso entender y fueron conquistados por Nabuconosor.

Jeremías fué tratado injustamente, entendido por el Rey Josías, pero no por otros reyes como Joaquín y Sedecías del pueblo del sur o Judá. Anunció el castigo de Yahvé por la violencia y corrupción soial. Fué uno de los profetas mayores junto con Isaías, Ezequiel y Daniel. Fué posterior a Isaías, contemporáneo de Ezequiel y antecesor de Daniel.

En su tiempo, se cumplió lo profetizado: el pueblo judio fué conquistado y llevado a Babilonia preso, el templo de Jerusalem fué destruido, sólo los pobres fueron respetados. Nabucodonosor protegió a Jeremías y fué llamado traidor y espía por ello. Muchos judios huyeron a Egipto. Todo sucedió como fué profetizado por él.

Suena a algo que sucede en la actualidad, por lo menos en mi país. Suena a algo doloroso para nuestro país que ha perdido el rumbo de la fé, que se hace ídolos falsos, que adora a dioses antiguos y a la santa muerte. Un país donde la violencia y corrupción campean sin ninguna máscara ni control. Donde la Iglesia sigue en su misión evangelizadora, pero muchas veces sufriendo por ello: los asesinatos de sacerdotes no cesan, las pintas de iglesias tampoco, la persecusión encubierta de fieles se ha ido incrementando de varias maneras.

En fin. Vivimos como en el tiempo de Jeremías según mi ver. Y enmedio de todo ello, escuchamos que estamos en las manos de Dios, como en las manos del alfarero.

En el Evangelio se nos dice:
san Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?».

Ellos le responden: «Sí».
Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
Y así Dios, como Padre que es, va sacando de nosotros (que somos su tesoro) lo nuevo y lo antiguo. Eso es reconfortante. Nosotros, como el escriba que se hace discípulo del reino de los cielos, somos también como un padre y debemos sacar lo nuevo y lo antiguo en nuestros hijos. Debe notársenos que somos discípulos de Jesús, miembros de su iglesia, seguidores de Jesús quien nos da Su Cuerpo y Su Sangre para fortalecernos.

El es la paz enmedio de la tormenta.

Como escribió Santa Teresa de Avila:
Nada te turbe, nada te espante todo se pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta.

"Haz florecer el desierto"

Por Laura Aguilar Ramírez


Leyendo la primera lectura de hoy del segundo libro de los Reyes 24, 8-17, tal vez podamos entender la historia de nuestro país.
Es del Antiguo Testamento.
Es después del Rey Salomón, quien construyó el Gran templo de Jerusalén. Salomón fué hijo del Rey David. Salomón pecó contra Dios al final de su vida tomando esposas que adoraban ídolos. O sea, hizo lo que desagrada a Dios.
Se dejó llevar por los placeres a diferencia de su padre, quien pecó también contra Dios, pero se arrepintió y vivió el resto de su vida adorando a Dios y haciendo lo que es bueno.

En la lectura de hoy, vemos a otro rey de Jerusalen, Joaquín, joven de 18 años quien pecó igual que su padre el rey anterior. En ése tiempo, Jerusalen fué asediada por Nabucodonosor durante 7 años después de los cuales, Joaquín se rindió ante Nabuconosor.
Nabucodonosor se llevó de allí todos los tesoros del templo del Señor y los del palacio real y deshizo todos los objetos de oro que había fabricado Salomón, rey de Israel, para el santuario del Señor, según la palabra del Señor.

Deportó a todo Jerusalén, todos los jefes y notables —diez mil deportados—; a todos los herreros y cerrajeros, no dejando más que a la gente pobre del país.

Deportó a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los notables del país; los hizo partir al destierro, de Jerusalén a Babilonia.

También llevó deportados a Babilonia a todos los hombres pudientes en número de siete mil; los herreros y cerrajeros, un millar; así como a todos los aptos para la guerra.
Y, en lugar de Joaquín, puso por rey a su tío Matanías, cambiando su nombre por el de Sedecías.
Se parece a nuestra historia, verdad? cuando después del enfrentamiento de hermanos contra hermanos, miles de mexicanos han salido hacia el país vecino, quedando los pobres y desvalidos.
Y después en el salmo se clama Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.

Finaliza con el Evangelio
«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”.
Entonces yo les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad”.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».
Alguna vez cuando empecé a leer la Lectio divina, se me dijo:
sustituye los nombres propios por el tuyo. Cuando escuches lo que Jesús dice, piensa que te lo dice a tí, no al vecino.
Haciendo ésto, puedo pensar que igual que Joaquín caí en el pecado en mi adolescencia, que luche en contra de un gran rey: mi conciencia, mi legado, lo que me enseñaron quienes me educaron. Y caí. Fuí deportada con mis estudios, mis cualidades, mis habilidades y todas las armas con que se me había dotado para enfrentar la vida. Deportada al país de la tristeza, la amargura, la depresión, la inconformidad. En lugar de todo lo bueno que aprendí, puse como rey de mi vida a quienes no lo merecían, buscando la aceptación de las personas.

Hasta que finalmente clamé a Dios: Líbrame, Señor

Y entonces empecé a escuchar la Palabra de Dios que me dice que debo ser prudente, que no construya sobre arena sino sobre la roca firme que es Jesucristo, que no tema los vientos del desanimos, ni los ríos de lágrimas de la culpa.

No es fácil. Muchas veces he sentido que me hundo cuando la tormenta ruge y yo en una frágil barca, que las olas son gigantes y amenazan con tragarme.

Entonces me pregunto: ¿Cómo es posible que haya quien diga que somos muchos en el mundo o por hablar de lo conocido, en México?
¿Cómo pueden decir que la comida no alcanza o que no vale la pena sembrar la tierra dura?
He contado varias veces lo que siento al sobrevolar sobre mi país. Desde las alturas se ve la inmensidad de tierra que poseemos, tierras que desde hace mucho no se labran. He visto los zurcos que dejan las aguas. He visto pequeños poblados e inmensas ciudades.

Recuerdo en mi infancia, hace 50 o 60 años, cuando veía el tapete tejido que son los campos sembrados, la seguridad que sentía cuando recorria con la vista kilómetros verdes por el maíz, el frijol sembrado. Y 30 años después, ésos mismos lugares los veo sembrados de casas, de asfalto. En lugar de ríos, se ven personas en carro. En lugar de árboles, postes de luz que sostienen cables llenos de zapatos colgando de ellos.

No me extraña entonces cuando escucho: se inundó tal o cual colonia. Colonia que en mis años de juventud ni existían, cayó una granizada en tal o cual lugar. Y me cuesta trabajo ubicarlo en mi mente. Cuando logro hacerlo, veo que era un lugar de sembradíos o era un lugar donde había un rio o un estanque donde se nadaba y pasé momentos muy bellos.

Cuando escucho que tembló en tal o cual lugar, pienso ¿cómo no, si los mantos acuiferos sobre los que se construyó ya no existen? En su lugar hay socavones que se abren con los movimientos naturales de la tierra.
He tenido la fortuna de visitar Francia y he visto los ríos correr libres y ser usados a favor de las personas. No entubados como en CDMX. En que sólo el nombre de una avenida, nos dice que ahí corría un río, al borde de los cuales había árboles.

Los árboles, ésos luchadores contra el smog, la contaminación fueron abatidos en aras de un progreso que yo no veo por ningún lado.

Tuve la dicha de pasar parte de mi infancia en lugares arbolados y correr al lado de ríos y estanques. Y no sentía el calorón que se siente ahora. En Diciembre se sentía fríito, en Verano, llovía, en la primavera se sentía el calorcito rico. En fin, las estaciones eran marcadas como Dios quiso hacerlo.
Poco a poco, fuí notando los cambios. En mi infancia nunca llovía en mi cumpleaños que es en Septiempre por ejemplo. Ahora ya ni se sabe.

Cuando el hombre no respeta la creación de Dios y la utiliza como El manda, como El la hizo: a favor de la humanidad, sufrimos lo que ahora estamos sufriendo: calorones, lluvias ciclónicas, sequías interminables.

Todos sabemos del cambio climático. Pero pocos hacemos algo.
Somos como aquellos que dicen: "bebamos y comamos que mañana moriremos".

Recuerdo que hace 50 años se nos decía "ya no vengan para acá, quédense mejor allá", pero nadie hacía caso. Seguían llegando personas a triunfar en la ciudad "como su primo o como su hermana".
Decían: "ciérrale" o sea, cuida el agua.

Ahora vivo en un lugar semidesértico. Y he visto la misma historia repetirse. Se construyeron unidades habitacionales pero en mejores condiciones que allá, con calles más anchas, con casas en lugar de departamentitos. Como se dice "de los errores se aprende" En cada casita se sembró un árbol enfrente.

La gente empezó a llegar. Lo primero que hicieron fué tirar el arbolito para tener más espacio.
Las unidades contaban con pavimento que la gente no cuidaba, ¿para qué? Lo importante es trabajar y trabajar.
Los camiones de basura pasan a cada casa a recoger el tambo, no como en mi infancia en donde hacíamos colas para tirar la basura en el camión que se paraba en una esquina. Y a pesar de ello, las calles lucen sucias, llenas de desechos que la gente tira sin pensar.

Seguramente aquellos que soñaron con dar a las personas la oportunidad de vivir en mejores condiciones, estarán retorciéndose en sus tumbas o preguntándose porqué no valoran lo que tienen?

Lo mismo me pregunté yo cuando llegué finalmente a una unidad habitacional, a mi casita, con el kinder y la primaria cerca. Me prometí cuidarla. Todos los días salía a barrer la calle, a cuidar el arbolito enfrente de mi casa, a sembrar plantitas en el metro por metro que tenía de jardincito. Si antes lo había hecho en casas que no eran mías, casas rentadas, con mucho mayor razón en la que pensé sería mi casa.

 A lo largo de mi vida he vivido en chorrocientas casas. Finalmente desde hace 23 años, vivo en la mía. Y sigo esforzándome por cuidarla, por sembrar plantas y flores, por tener árboles. Sigo esforzándome por cuidar el agua porque por éstos lugares no hay mucha, ni llueve seguido.

Si antes creía cuidar el agua, usando sólo una cubeta para trapear. Ahora lo hago con sólo una botella de spray. Mi abuelita decía que el agua no lava, que hay que tallar.
Si antes creía cuidar el agua, regando mis plantas con una cubeta por las mañanas o las tardes. Ahora lo sigo haciendo, pero con el agua en que enjuago las verduras o lavo los frijoles.
Si antes creía cuidar el agua, cerrando la llave del agua mientras me enjabonaba el cuerpo o me lavaba el cabello, ahora pongo una tina abajo, en la que pongo mi ropa interior, la lavo y enjuago con la misma agua que mi cuerpo. Y lleno una o dos cubetas para echar al excusado.

Si antes creía cuidar mis muebles poniéndoles fundas, ahora sigo haciéndolo, pero abro y cierro cortinas dependiendo de la hora en que el sol da en las ventanas. Abro las de un lado, cierro las del otro. Y al atardecer, hago lo contrario.

Si antes encendía ventiladores sólo cuando hacía mucho calor, ahora abro y cierro ventanas. Abro todas al mismo tiempo, pero evito sentarme en donde hace remolino el aire para no enfermarme.

En fin. He aprendido a utilizar los elementos que Dios pone a mi alcance: viento, agua, sol y tierra a mi favor y no en mi contra.

Recuerdo que mi familia tenía puercos, pero no sucios como tienen fama. Se lavaban con poca agua y se tallaban con una escoba especial para ellos, se recogían las heces para que no se fueran al drenaje. Yo tengo perros y gatos y hago lo mismo.

La ociosidad es la madre de todos los vicios. Así que procuro no estar ociosa. Tiene más de 28 años que dejé el cigarro, el exceso de soda y el exceso de café. Para mí eran vicios. Así como la comida

He vuelto a vivir como vivía en mi infancia, gracias a Dios. Aunque ahora con panza jeje.

He visto florecer 4 árboles, dos palmas en mi pequeño espacio y aumentar el número de plantas que cuido. Ellas me dan vida.

Porque son muy útiles: dan oxígeno, sirven para templar la temperatura, se ven bellos. Claro que dan trabajo, pero el trabajo es movimiento. Tener que quitar las hojas secas, abonarlas, regarlas, cuidar que no tengan plagas, barrer el patio para levantar las hojas que se caen, etc. etc. me hacen moverme para no estar inactiva

"A Dios rogando y con el mazo dando" me decía mi mamá y procuro hacer lo que ella me decía y lo que dice la Palabra de Dios: "siembra y Dios hará el resto" o como decía San Martín de Porres "yo limpio, pero Dios bendice" "yo pongo el remedio, pero Dios sana".

Tener fé en El, sabiendo que no nos deja nunca sólos.



El mundo y sus placeres

Por Laura Aguilar Ramírez

En éstos días en que se habla de guerra... bueno... siempre se habla de guerra desgraciadamente. Por lo menos desde que tengo uso de razón, escucho de ella.
Recuerdo cuando fuí más consciente de ello. Estaba embarazada de mi primer hija. Se hablaba entonces de una guerra entre USA y un país árabe. Hasta entonces había escuchado de guerra en la historia, pero no como algo real, presente en mi vida o que afectara mi vida.
Y es que tenía y tengo conciencia de la relaciones entre éstos dos países tanto política y económicamente.

Nunca como entonces fuí consciente de aquello "Cuando a Estados unidos le da tos, a nosotros nos da gripa" o "Tan cerca de Estados unidos y tan lejos de Dios".

Escuchaba de bombas atómicas, en la facilidad de enviar de un país a otro con sólo apretar un botón. En ése entonces sólo pocos países tenían ése tipo de armamento... ahora está peor la cosa.

Decía entonces que en éstos días en que se habla de guerra, no puede uno dejar de hablar de paz. No puede uno dejar de pedir por la paz. No puede uno dejar de orar por la paz.

Se nos dice que pidamos con insistencia, que lo que pidamos en nombre de Cristo al Padre se nos dará.
Pedir, agradeciendo como si ya lo hubiéramos recibido. Pedir, no porque lo merezcamos, sino porque El lo ha prometido.
Pero ésta promesa lleva por supuesto un deber. No es sólo desearlo o decretarlo. Exige dar de nosotros algo: hacer lo que Cristo nos dice.

Y ésto no siempre es fácil, por lo menos no para mí.
Es cierto que Cristo es el único mediador entre Dios y nosotros. Es por ello que le pedimos a El nos enseñe, nos guíe y nos ayude a lograrlo. Perdonar no es fácil ciertamente. Y es uno de los "requisitos". Nos dice también "santificado sea tu nombre". Yo ésto lo entendía como santificar yo a Dios y éso es imposible jeje. Sino que cuando pronunciemos su nombre, sea con la santidad de nuestra vida.
"Hágase tu voluntad" éso tampoco es fácil, estando acostumbrados como estamos, a consentirnos más de lo que nos conviene, acostumbrados a hacer nuestra voluntad. Esto creo yo, por desconocimiento de la voluntad de Dios que nace de su inmenso Amor.

Y ése amor podemos verlo leyendo la Primera lectura, porque comparamos lo que era el Antiguo testamento, o sea antes de Jesús. Se habla del profeta Elías "el profeta de fuego" que En el nombre del Señor cerró las compuertas del cielo e hizo que descendiera tres veces fuego de lo alto.
Elías que hizo grandes prodigios: resucitó un muerto, y se prometió que volvería.

Viendo a Elías, profeta que hacía lo que Dios decía con el poder que Dios le daba, podemos preguntarnos porqué hizo descender fuego del cielo. ¿Porqué Dios hizo éso con su pueblo?. Y podemos entender que fué por sus acciones, porque antes de Elías había enviado a muchos profetas y no los escuchaban.

El Padre envió al nuevo Elías en Juan el Bautista, que anunció a Cristo diciendo "no soy digno ni de atarle las sandalías" y lo mataron. Dios envió a su propio Hijo para salvar al mundo, pero también para llevar a la perfección al hombre. Jesús dijo que "quien lo ve a El, ve al Padre" porque viene de El. Entonces Dios no volvió a enviar a ningún profeta. Si alguien regresará, será Jesucristo mismo, tal y como regresó Elías.

Pero Jesucristo es por supuesto, infinitamente más grande que Elías quien había resucitado a un muerto, Jesús resucitó a muertos, hizo andar a paralíticos, oir a los sordos, ver a ciegos. Caminó sobre las aguas, calló a la tempestad, El mismo y ascendió al cielo a la vista de los apóstoles y no en un carro de fuego como Elías. "Quien es éste que hasta los vientos obedecen?" se preguntaban. "Verdaderamente éste es el Hijo de Dios" dijo el soldado que le había enterrado la lanza en la costilla para llegar a su corazón.

Así que hasta que Jesús regrese, lo que dijo es lo que hacemos. Y si dice que perdonando, encontraremos perdón de Dios, pues debemos hacerlo. Si dice que no por mucho hablar seremos escuchados, debemos creerle.
Pedir a Dios no nos deje caer en tentación y que nos libre del mal, es aceptar nuestra debilidad ante la tentación y nuestra debilidad ante el mal. Por nosotros mismos no podemos hacerlo.

Tendemos a hacer el mal por nuestra naturaleza humana, porque somos hechos a imitación de Dios, pero no somos Dios. Entonces debemos conocernos a nosotros mismos para saber nuestras debilidades para no caer en la tentación. A veces ni nosotros mismos nos conocemos, a veces nos consideramos más de lo que somos y aveces nos consideramos menos de lo que somos.
Es por éso que debemos pedir a Dios que nos conoce mejor que nosotros mismos, nos dé lo que nos falte o que nos quite lo que nos sobre.

Y cuando finalmente acabemos de conocernos, debemos conocer el mal. Y aveces consideramos bien lo que es mal y consideramos mal lo que es bien.

Me gustan las series históricas, me gusta saber de los antiguos. Recuerdo haber visto una película del gran Alejando Magno, el conquistador.
Y recuerdo haber sentido tristeza al verlo caer no ante las espadas, sino ante los placeres que encontró cuando se aventuró a lugares remotos. Ahora sabemos que en ésos lugares se practicaba desde tiempos del padre Abraham, la sodomía y muchos vicios.
Pensé en Abraham y su sobrino Lot que salieron de ésos lugares donde el fuego arrazó Sodoma y Gomorra. Ellos se negaron a lo que se acostumbraba. En ésos lugares no era malo y trataron de sodomizar a la familia de Lot, aunque él les ofreció a sus propias hijas para que no cayeran en lo que no agrada a Dios. Se burlaron y no los escucharon. Un ángel les avisó que salieran y no voltearan atrás porque se volverían estatuas de piedra. Su esposa volteó y quedó de piedra.

La fé de Abraham venció lo que a Alejandro Magno derrumbó. El mundo y los placeres.
Cuando veo en la acualidad series, películas y demás que nos tratan de vender placeres no importa cómo ni cuáles, entiendo porqué estamos como estamos. La ociosidad es la madre de todos los vicios.
Ella ha llevado a grandes imperios a la ruina. Todos podemos recordar a Luis XVI y María Antonieta que cayeron en el lujo y libertinaje; podemos recordar al último zar ruso que deseando tener un hijo varón, cayó en manos de Rasputín que era un pervertido disfrazado de religioso.

De ésto nos habla en Evangelio de hoy:
Evangelio Mateo 6, 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.


Las imágenes si hablan

Por Laura Aguilar Ramírez

En ésta semana tenemos la imágen del Sagrado Corazón en nuestra nueva Parroquia.
Antier que la ví por primera vez, sentí coraje porque no está tan bella como debería. El corazón no tiene las proporciones adecuadas. se supone que el tamaño del corazón es el del puño cerrado. Esta imágen tiene un corazón más pequeño.

Se supone que el corazón está a la altura de la tetilla izquierda, ésta imágen la tiene una mano arriba del ombligo. El dedo índice señala al corazón. En ésta imágen, señala quiensabe adonde. Es decir, está mal hecha o mejor dicho, está hecha por alguien que no sabe lo que hace y ni siquiera se toma el tiempo de buscar una imágen buena.

En Internet hay muchas imágenes con el corazón enmedio del pecho, lo cual tampoco es real. Y sin embargo, las vemos bonitas. Tal vez fué éso lo que no me gustó. He visto tantas que estoy acostumbrada a verlo. Ayer estuve sóla ante la imágen porque no había nadie en el templo. Llego temprano para orar la Coronilla de la Divina Misericordia ante el Santísimo. Me quedé contemplándola, tratando de ver más allá de lo mal hecha.

Recordé entonces las dos veces que he tenido la dicha de estar en Montmartre, un cerro dedicado al Dios Marte y en el que se edificó ésta bella Basílica, la cual es un templo expiatorio y contiene un Santuario de Adoración perpetua.

Origen de las apariciones: Las devociones al Sagrado Corazón en Francia comenzaron en la ciudad de Paray-le-Monial en el siglo XVII, cuando Jesús se le apareció a la monja visitandina Santa Margarita María de Alacoque, pidiéndole que se consagrara a Francia a su Sagrado Corazón.
La Basílica de Montmartre: El Sacré-Cœur de París fue erigido a partir de 1875 como un voto nacional de reparación y paz tras la guerra franco-prusiana y los disturbios de la Comuna de París.

Sabemos que existen distintos motivos por los cuales Dios pide através de alguien, algo. En éste caso, la consagración de Francia al Sagrado corazón de Jesús o en el caso de la Basílica de Guadalupe "para dar mi amor persona, al más pequeño de mis hijos".

Va mucho más allá de construir un templo porque a alguien se le ocurre. Es petición expresa de Dios con una finalidad. Se construyó en el cerro más prominene de Paris, capital francesa. Como si ése Sagrado corazón viese desde ahí a un país amado por El. Y digo amado, porque existen muchísimas Catedrales, muchisimos templos. Pensaba en los muchos santos franceses: el cura de Ars, patrono de los sacerdotes, Santa Teresita del niño Jesús, sus padres y hermanas, en San Francisco de Sales que son santos muy queridos por mí. San Francisco de Sales porque mi hijo lleva su nombre, santa Teresita porque me recuerda a mi primer maestra en kinder, una religiosa jovencita en el internado dirigido por religiosas en la Iglesia de un pueblo. El santo cura de Ars porque fué mi primer santo amigo.
Pero son muchos más. Francia es un país muy bendecido.

Recordaba también, la tristeza al ver muchos de ésos templos olvidados o abiertos al público como si fueran museos. En algunos se dan recitales de todo tipo de música. Son visitados por turistas que pueden disfrutar de las muchas maravillas que guardan, pero no alcanzan a ver la gran fé con que fueron construidos, el gran amor que el pueblo francés siente por Jesús y el inmenso amor de El por ése pueblo.

Me tocó ver horario a la entrada de los templos y tiendas de souvenirs como en cualquier museo. Sentí tanta tristeza como la que sentí al ver la imágen tan mal hecha del Sagrado corazón en mi Parroquia.

Pensé también en las muchas maneras en que su Sagrado corazón es ofendido: recordé la película en la que se insinua que María Magadalena fué su amante, realizada por personas que no tienen ni idea de lo que son los esponsales espirituales con almas elegidas por Dios. Recordé a Juan, el discípulo amado, aquél que se decía, estaba cercano a su corazón.

De cuántas maneras su Sagrado corazón es ofendido. Y entonces me pregunté qué pensaría de mi país en donde se adora a la santa muerte, en donde se expiden leyes proaborto, en donde se asesinan sacerdotes, se pintarrajean templos; en donde los asesinos se pavonean por todos lados. En donde las personas acuden a las ceremonias religiosas enfundadas en telas de likra sin verguenza de las lonjas que van más allá de la gordura, con aberturas en las faldas por las que se puede ver el color de sus prendas íntimas, con escotes que casi llegan al ombligo. Y eso cuando acuden, porque ya ni acuden.

En donde se pagan 80,000 pesos por un boleto para un partido de fútbol en un mundial que ni siquiera es nuestro. Y todo, en un país en el que su madre en su advocación de Guadalupe, le dijo a un indígena "Juanito, el más pequeño de mis HIJOS".

El Sagrado corazón de Jesús, tiene su fiesta el viernes siguiente a Corpus Christi, 68 días después del Domingo de Resurrección. Al día siguiente, se conmemora el Inmaculado Corazón de María.

Porque no puede estar uno sin el otro. Qué sentirá su corazón coronado por espinas, al ver ofendido y ultrajado el Inmaculado corazón de María, su madre, traspasado por el dolor?

Nuestros hermanos separados insisten en que las imágenes religiosas no hablan, pues para no hablar, ésta me dijo tantas cosas en tan poco tiempo, sólo unos pocos minutos antes de la misa.

Recientemente ví una producción mexicana hecha con poco presupuesto, pero con mucho corazón llamada "Bendito corazón". Bien hecha porque refleja la verdad de su Amor. Como una gota de agua en el desierto donde la vista se nubla ante tanta pelicula llena de pornografía (en aras de modernidad y realismo), ante tanta violencia (llamado cine realista) de películas fantasiosas (que tratan de llevarnos a una puerta falsa)

Cuando uno contempla una imágen, tal vez no sea real en sus dimensiones o bellas. Muchas veces son de santos que no fueron tan agraciados físicamente y que sin embargo, la imágen se ve bonita. Podríamos reflejar la belleza de un alma en una imágen? A mí me parece que no, pero si nos recuerdan tantas cosas, nos recuerdan su vida, reflejan costumbres de una época, por ejemplo.
 

En Rosarito, hay una imágen colosal del Sagrado Corazón de Jesús. Nos habla de la fé de un pueblo.

 El Cristo Sagrado Corazón de Jesús es una estatua de Jesús de 23 metros de altura más 7 de su base, mostrando un "Corazón Sagrado" que se encuentra por encima de la localidad de El Morro, a seis millas al sur de la ciudad de Rosarito (Baja California), al norte de México. 

La estatua se encuentra al otro lado de la carretera y del complejo Las Rocas Resort and Spa. La estatua pesa 40 toneladas y fue encargado por Antonio Pequeño Guerrero. La cabeza, el pecho y los brazos son de acero y la parte inferior del cuerpo de fibra de vidrio. La cumbre sobre la que se asienta fue utilizada para establecer una pequeña cruz, en la que se colocan las flores en los días santos, en la cual se encuentra sepultado el señor Antonio Pequeño

En fin. Las imágenes sí hablan a aquellos que preguntan.

Los bienes son para remediar males

Por Laura Aguilar Ramírez

Aveces he protestado por lo que he vivido. Pero siempre Dios termina haciendome entender.
Desde que nací, he tenido "suerte". Siempre que me he encontrado en situaciones peligrosas o en situaciones difíciles, llega alguien que me salva, o sucede algo que me hace despertar. Y no, no es el karma que dicen muchos. Tampoco es suerte buena o mala. Menos aún las vibras. Es Dios, que me ama tanto que cuida de mí.

Como he platicado antes, vengo de familia "rica", es decir, de personas trabajadoras que han hecho éste país con sus manos, con su sudor, con su trabajo, ayudando y enseñando a otros.

A mí me ha tocado empezar siempre de cero. Me ha costado todo lo que tengo mucho trabajo y he aprendido a cuidarlo. "Es poco el amor y desperdiciarlo en celos" dicen por ahí. Y es cierto. Tengo poco y aveces ni ése poco he cuidado.

Estaba recordando hoy a mi papá. El fué un hombre trabajador, siempre alegre, sonriente, buen amigo. Yo no recuerdo haberlo visto tomado o drogado o mal vestido o sucio.
Porque quedó huérfano de padre, sus abuelos maternos lo educaron y cuidaron de él. Creció como hermano de su mamá, jeje. De hecho, llevó sus apellidos, porque a pesar de que su papá lo registró con su apellido, cuando se quedó con sus abuelitos lo volvieron a registrar por miedo a que sus otros abuelos se quedaran con él.
Es decir, mi papá tuvo dos actas de nacimiento. El apellido que llevo, no es el que me correspondería por nacimiento, pero por circunstancias de la vida así sucedió.

Recordaba su ejemplo. Ahora que estoy al final de los tiempos, al final de mi vida... porque nadie tenemos la vida comprada, ni sabemos cuánto tiempo estaremos por acá, pienso en los bienes que no nos llevaremos y que se quedarán. Pienso en el bien que pueden hacer, pero también en el mal que pueden acarrear si no se sabe cuidar de ellos.

Mi papá tuvo la oportunidad de tener un departamento de interés social, de aquellos de los primeros que se dieron con crédito de Infonavit. Es amplio, comparándolo claro, con los que se dieron después y los que se dan ahora en la CDMX.
Mi hermana mayor se casó muy jovencita a los 16 años, su esposo rentó una viviendita que acondicionaron muy bonita. Mi entonces cuñado es un hombre también trabajador, de los que jalan para adelante.

Nació mi sobrinito y la cosa empezó a complicarse para ellos, mi papá les ofreció que vivieran con él y su esposa. No tenían hijos y el departamento tenía 3 recámaras. Así que podían vivir cómodamente. Su esposa era muy linda y mi hermana vivió con ellos desde los 12 años. Así que se conocían. Ella fué la abuelita de mis sobrinos, le ayudó a mi hermana como se ayuda a una hija.

La quiso de ésa manera y a sus hijos los amó como a nietecitos.
Cuando vino la segunda hija, la que nació al poco tiempo. Mi hermana como jovencita que era, tenía sus ideas. Una de ellas era la de "quien empieza pronto, termina pronto" jeje decidió tener a sus hijos uno tras otro para no batallar con pañales todo el tiempo, jeje, Ya en serio, quiso que sus hijos no se llevaran tantos años y se vieran como hermanos.

Sucede que la vida de mi hermana fué distinta a la mía. Ella vivió más tiempo con mi abuelita, creció como hermana de los hijos de mi abuelita que eran obviamente más grandes. Mi tía, la hija menor le llevaba 8 años de diferencia (a mí me lleva 10) Yo viví aparte siempre por circunstancias. Ella vivió más cerca de mi tía que de mí. Ella fué más hermana suya que yo que estaba en un internado.
Asi que decidió tener a sus hijos seguiditos para que se vieran como hermanos, para que crecieran y fueran de la misma generación, no como ella y yo, que nos llevamos año y medio, pero vivimos separadas.
A los 12 años, se fué a vivir con mi papá y su esposa. Como digo, ella fué como su mamá y abuelita de sus hijos.
Sarita vió nacer a sus dos hijas que se llevan menos de un año entre ellas. El mayorcito, le lleva a la segunda poco más de un año. Es decir, "se le juntó el mandado".
Así que a mi cuñado, a pesar de ser tan trabajador, se le complicaban las cosas. Y mi papá que era sabio, vió que tampoco cabían ya en el departamento la pareja con tres hijos y su esposo y él
El departamento, a pesar de ser amplio es para una familia no para dos. Así que compraron un terreno y construyeron ahí.
El amor de padre puede ser muy grande y dispuesto a los sacrificios para que sus hijos vivan lo mejor posible.

Mis padres también fueron papás muy jovencitos. Mi mamá tenía 16 años y mi papá 18.
Mi papá sabía por lo que pasaban, porque él mismo lo había pasado. Compró un terreno, construyó y les dejó el departamento a mi hermana y su familia. Mi papá aún era joven, menos de 40 años.
Pero.... no se los regaló. Mi papá tenía la sabiduría que da la vida de alguien que a los 12 años empezó a trabajar, que entró como grumete en un barco, y recorrió las costas mexicanas en él, que llegó a tocar las costas francesas y todo antes de los 30 años. Que vivió con sus abuelos y creció con sus 8 tíos como hermano menor. Que vió cómo dos mujeres se fueron de su lado: mi mamá y la mamá de mis hermanos. Sabía lo que vivíamos sus hijas.
Así que se los trapasó. Mientras vivieron con él, no pagó el departamento. Cuando se fué al terreno en el que ya había construido y se los traspasó, lo hizo como debe ser: ante el infonavit para que fuera todo claro y no regalado, ellos lo pagaron como debe ser.

Siempre vió por ellos, al igual que su esposa Sarita.

También para mí tenía algo, por supuesto. Pero con la misma sabiduría, no me lo dió- El sabía que me haría daño si lo hacía.
Esa es la sabiduría que le pido a Dios me dé. El saber lo que es bueno para mis hijos y lo que no lo es.

Y ésto me lleva a tiempos más remotos. A los tiempos de mi amado abuelito al que no conocí, porque murió como soldado que era, cuando mi papá tenía 4 años.
El estudió en el Colegio militar, como lo hacían varios hijos de familias ricas de ése entonces. Mis bisabuelos tenían dinero, del que trajeron de España y que supieron invertir y trabajar por éstos lado. Hicieron dinero con negocios, compraron terrenos, etc.

Pero desheredaron a mi abuelito. No sé las circunstancias, pero ahora entiendo porqué lo hicieron. Debió tener el mal de la familia jajaja Nos creemos muy buenos dando de lo que no nos costó, como Robin Hood, robándole a los ricos para darle a los pobres.
Eso suena muy quijotesco y muy bonito, pero no lo es.

Lo sé, porque yo misma lo hice cuando fuí adolescente. Alguna vez, llegué a tomar jabón y sopas y cosas así, para llevarle a una tía que necesitaba. Mi abuelita, que tenía el mismo mal que yo, supo enseguido quién había sido. Y me regañó.
Tenía razón. Si mi tía necesitaba, no tenía mas que pedirle. Ella le hubiera dado su vida si lo necesitaba. Pero mi tía no pedía.
Yo a mis 12 años me creía muy buena y creía que mi abuelita no lo era, teniendo como tenía, una despensita, ¿porqué no le daba?
Ahora lo sé: porque no pedía. Me mandaba a robar o por lo menos, no me decía que estaba mal. Aceptaba lo que yo llevaba con una sonrisa en la cara.

Eso me acarreó cintarazos de parte de mi abuelita. Ella, que nunca me había tocado, me metió cintarazos bien puestos y que ahora agradezco.

Eso me lleva al tema del diezmo. Hasta dónde ayudar a los demás? Hasta la locura como nos amó Jesús. Hasta que duela, decía la madre Teresa.
Ayer leíamos y nos explicaba el Padre sobre la viejita viuda que dió todo lo que tenía: dos moneditas de poco valor, mientras un rico daba de lo que le sobraba. La viejita se vería en la actualidad como una loca.
Pero no tanto como para robar y dar de lo que no es suyo.

Llegué a ver a mi abuelita pedir prestado a rédito para ayudar a una madre de un hijo con síndrome de down que le pidió ayuda. Por supuesto que no le pagó, jeje. Mi abuelita tan pobre, viviendo en una casa de 4 habitaciones en donde aveces llegamos a vivir 3 familias, porque dió refugio temporal a varios, nunca negó ayuda a quien se la pidió. Mucho menos a sus hijos.
Mi tía no le pedía nunca. "puras habas" decía siempre.

Yo la ví endeudarse en la tiendita de enfrente, comprando sodas y pastelitos antes que pedir algo nutritivo a mi abuelita.
Mi abuelita nos levantaba a las 4 de la mañana para ir a la Conasupo por leche. Como daban 4 litros por familia, pues nos llevaba a dos para la familia de mi tía, para nosotros y para mis hermanos que vivían con mi papá y su mamá.

Cuando mi papá se enteró, casi le aprieta el cuello a mi abuelita jaja. Porque él mantenía a su familia y cuando necesitaba, pedía. Y no le parecía que su madre que trabajaba y sus hijas que eran niñas, se levantaran tan temprano, con el frío o la lluvia, mientras mi tío y su esposa se quedaban en sus camitas bien calientitos y se tomaban su lechita tan tranquilos.

Mi abuelita dejó de ir por leche para mi tía y para mi papá. Y llegó entonces un señor a la casa, que era el que se levantaba por la leche, sólo para nosotros. En ése entonces, la hija de mi abuelita vivía con nosotros. El señor era su suegro y tenía necesidad de un lugar donde vivir. Era sólo, viudo desde muchos años antes. Pero ésa es otra historia.

Mi papá cuidó de nosotros siempre. Parecía que adivinaba. Ahora sé que desde el cielo le llegaba la inspiración.

Los bienes son para remediar males, es el título de ésta entrada. Y es cierto. A veces se debe desprender de lo que se tiene, si lo que se tiene, sirve para mal de los que amamos.

Tengo un ejemplo más: mi abuelita necesitaba dónde vivir. Su papá le dejó al mío, un terrenito que fué causa de varios pleitos. Como era nieto y no hijo aunque llevara su apellido y lo hubiera criado como hijo, no todos lo aceptaban así. Para arreglar el intestado, lo pusieron a nombre de mi abuelita. Mi papá se enojó, pero no le quedó más que calmarse.
Pero como lo que no es justo, es injusto. El terrenito fué causa de problemas entre los hijos de mi abuelita que lo querían para ellos. Como estaban en edad de merecer, es decir, andaban queriendo casarse, pues lo querían: mis tres tíos.
Así que mi abuelita lo vendió para evitar se agarraran del moco entre ellos.

Finalmente ninguno de ellos lo disfrutó.

La Primera lectura de hoy, nos habla de ésto
Primera lectura
Deuteronomio 8, 2-3. 14-16

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no.

Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres".