¿Quién manda en el matrimonio?

Por Laura Aguilar Ramírez

Alguna vez escuché de alguien: "escuhando a ésta compañera, sentí que me movían el piso" o "no tiren piedras".
Con las lecturas del día de hoy, me sucede éso mismo.

Cuando uno es hija, obedecemos a nuestros padres, por lo menos yo, lo hacía. Pero a diferencia de ser esposa, yo no elegí a mis padres. Elegí a mi esposo de entre otros que conocí.

Recuerdo aún el día de nuestra boda. Una vez le dije a mi suegra: "para la otra, yo la organizo". Y es que yo no decidí ni la Iglesia, ni el salón, ni elegí a las madrinas, ni nada. Sólo me ocupé de acondicionar el departamento que elegimos para vivir, compré cortinas, hice mis sábanas. Yo me preocupaba por tener un nido donde hacer nuestro hogar.
Para mí éso era lo importante.

Eso de la boda civil y la boda religiosa, sinceramente, no me interesaba. Nos casamos por la Iglesia porque mi abuelita me lo pidió y se hizo fiesta porque mi suegra así lo quiso.
Y como para casarse por la Iglesia, nos pedían ser casados por el civil, pues lo hicimos.

Ahora sí que "hágase la boda, que yo doy el maiz" como dice la canción del piojo y la pulga. Nuestros padres pidieron boda y boda tuvimos. Pero a diferencia del piojo y la pulga, pidieron, pero no cooperaron.
Mi abuelita pidió boda religiosa y no fué ni a la civil ni a la Iglesia. Mi hermana consiguió que el sacerdote de la Parroquia donde ella vivía, nos casara. Consiguió nos alquilaran un salón para la fiesta. Salón que nosotros pagamos.

Para la fiesta, nosotros compramos toda la bebida, los adornos para el salón, etc. etc. Y otros se encargaron de invitar gente.
Mi abuelita quedó de hacer mole y mi suegra de llevar hojaldras. Mi hermana me sugirió hacer ensalada rusa o sea de pollo con verduras, mayonesa y crema. Y así lo hice.
Pero a la hora de la fiesta, nadie había para preparar las hojaldras con mole. Menos para servirlas.

Las madrinas se ofrecieron ellas mismas y eran de la familia y a la mera hora, no llegaron a la misa. Por poco nos casamos sin ramo, sin corona, sin lazo y sin anillos. De hecho, nos casamos con ramo y corona prestados.

Después nos preguntaban ¿adonde se fueron de luna de miel?
Nadamás porque soy prudente, si no, les aventaba un plato en la cabeza. Con lo que se recaudó en la fiesta, y que normalmente se utiliza para el viaje de luna de miel, tuvimos que pagar a los músicos que ya habíamos pagado, pero que no llegaron. En lugar de un conjunto, llegaron dos muy buenos, pero que se contrataron a la mera hora. Y por supuesto, lo que se había dado para pagar el conjunto,  desapareció.

Además en el trabajo, sólo me dieron tres días para la boda. Tenía poco tiempo en el trabajo y por supuesto, no me daban una semana de perdis para la luna de miel. Como nos casamos de carrerita porque estaba embarazada, todo se hizo al vapor.
Avisamos de mi embarazo en Enero y en Abril ya estábamos casados.

Así que no deseaba fiesta, quería utilizar ése dinero para acondicionar el departamento que rentamos. No teníamos nada. Sólo compramos la recámara. Gracias a Dios nos regalaron de mi trabajo, una estufa. Si no, ni en dónde cocinar hubiéramos tenido. En la boda, nos regalaron una vajilla y vasos, pero no cubiertos ni licuadora, ni cacerolas.
Mi abuelita nos regaló una sala usada que tuvimos durante 11 años. Una tía nos prestó una mesa y dos sillas, que tuvimos que regresar después. Comíamos en nuestra vajilla, pero con cubiertos de plástico.
Mi abuelita me acompañó a comprar tela para mis cortinas y sábanas que hice yo misma.
No acondicionamos un lugar para el bebé que esperábamos, ni compramos ropita para él, no como yo hubiera deseado. Le cosí pañales con la máquina vieja de mi abuelita, compramos algunas prendas y nadamás.

Así que yo no deseaba fiesta. Pero se hizo y por éso no tuvimos luna de miel, pero tampoco me importaba éso, porque ni siquiera teníamos tanque de gas. Los primeros días como yo trabajaba cerca de mi abuelita, comía con ella y cenábamos flautas que vendían abajo del departamento y comíamos en el mercado los domingos.

No era ciertamente, la manera en que deseaba casarme, es más, ni deseaba casarme. Quería tener una familia nadamás.
Ahora agradezco haberme casado por la Iglesia y por el Civil, pero yo hubiera organizado mi boda, jeje. Y la hubiera organizado después de nacido mi bebé para dedicar el dinero a acondicionar mi hogar y preparado un lugar para mi bebé.

Pero bueno... tampoco culpo a nadie. Ni siquiera conocía a la familia de mi marido. Sólo los había visto dos veces: en un fiesta a lo lejos, pues ni siquiera me los presentaron. Y después en una cena navideña a la que me invitaron.

Tuvimos año y medio de noviazgo y no conocía ni a su familia. El conocía a mi abuelita, a mi hermana, a mi tía y sobrinos, pero no a mi papá.

Como él vivía con su esposa, no le notifiqué de mi boda. Cuando fueron a pedir mi mano, lo hicieron con mi abuelita. Mi papá se enteró por su esposa y su esposa por mi hermana.

Así de buenas eran las relaciones con nuestras respectivas familias. Ni mi esposo vivía con sus papás, y yo menos. Yo vivía con mi abuelita desde los 9 meses de nacida.
A la boda, asistieron los hermanos de mi suegra y algunos primos de mi marido. De mi lado, sólo recuerdo a mi papá sin su esposa, porque no le mandé invitación para el salón, Su esposa sólo fué a la boda religiosa.
Por ésos días, habían llegado sus compadres de Acapulco y los boletos para la fiesta de mi hermana y mi cuñado, los usaron ellos.

La mayoría de las invitaciones para la fiesta, se repartieron entre la familia de mi esposo. Para mi familia, mi abuelita casi casi me apunta con una pistola para que le diera algunas, muy pocas. Tan pocas que sólo fueron 7 boletos de los 100 que se repartieron.

Desde el momento que decidí casarme con mi esposo, acepté muchas cosas como ésas. Creía lo que dice la primera lectura: al pasar a ser esposa o mujer de alguien, aceptaba también sus decisiones. Así ha sido en todo nuestro matrimonio.

Por supuesto que no como los borregos al matadero, siempre he dado mis opiniones, mis puntos de vista, he dado soluciones que a mí me parecen, pero mi esposo ha tenido siempre la última palabra.

Alguna vez mi suegro me dijo que me había casado con mi esposo, no con su familia. Y es cierto, pero según las costumbres de mi familia, la esposa pasa a ser parte de la familia del esposo.
Mi abuelita me dijo siempre que mi esposo me pusiera casa. Es decir, que él sería el cabeza de mi familia.

A partir de nuestra boda, pasamos la mayor parte, con la familia de mi esposo. De mi familia sólo visitábamos a mi abuelita, a mi hermana y ya.
Tengo gracias a Dios, una familia grande, hermanas de mi abuelita, primos, tíos, sobrinos, pero al casarse, uno pasa a ser parte de la familia del esposo.

Siempre recibimos ayuda de mi familia. Mi abuelita nos tuvo en su casa por 3 años, en una mala racha, mientras se nivelaba nuestra situación.
Ella pensaba vender la casa, pero esperó a que nos niveláramos para hacerlo. Ella vivía en un terreno, así que vivimos sólos, no pagábamos renta, pero sí agua y luz.
Antes, habíamos vivido un año con mi papá, en una vivienda que nos prestó.

Cuando nos casamos, yo trabajaba. A los meses, dejé de hacerlo porque sólo estaba cubriendo una incapacidad. Como estaba embarazada, no me extendieron el plazo.
Así que tuvimos que dejar el departamento porque era caro y al no trabajar yo, ya no alcanzaba. Mi esposo aún estudiaba y pagaba colegiatura. Mi abuelita nos ayudaba con los alimentos: desayuno, comida y cena.

A los pocos días de nacida mi hija, regresé a trabajar.
Las mujeres de mi familia no trabajaban, se dedicaban a su hogar, su esposo y sus hijos. Trabajábamos sólo de solteras, si acaso. Y en casa, si necesitábamos apoyar a nuestro esposo.
En su familia, mi suegra tampoco trabajaba, se dedicaba a su familia. Sus hermanas también vivían de ésa manera.
Casualmente, la familia de mi suegra y la mía, proceden del mismo estado y por lo tanto, tenemos más o menos, las mismas costumbres.
Pero ya las hermanas y primas de la familia de mi esposo no vivían de la misma manera que sus padres. A diferencia de las mujeres de mi familia.

Creo yo, que ése fué el principal problema en nuestro matrimonio. Mi esposo por ejemplo, me consiguió trabajo a los 15 días de nacida nuestra hija.
Acepté trabajar, pero no sentía que fuera necesario. Teníamos ayuda de mi familia para que él estudiara. Una tía abuela nos rentaba muy barato, Mi abuelita nos daba los alimentos. Prácticamente mi esposo sólo trabajaba para él y su escuela.
Yo empecé a hacer manualidades para vender. Después, una prima me dió trabajo en casa empacando medicinas. Empecé a ayudar a la casa sin salir de ella, como se acostumbraba en mi familia. Empecé a guisar en mi casa y mi abuelita dejó de darnos de comer.

Tal vez el hecho de haber sido criada por mi abuelita y no por mi mamá, influyó en mi manera de ver las cosas. Desde que me case, he tratado de evitar el trabajar fuera de casa para cuidar de mis hijos y de mi casa. Como dice el refrán "a ojos del macho, engorda el caballo", pues yo me la apliqué a mí como mujer "a ojos de la madre, crecen los hijos".

Yo recuerdo varias veces en que estuve enferma de niña y la pasé sóla porque mi abuelita trabajaba. Recuerdo que llegaba a la casa vacía y comía sóla en la secundaria.
Recuerdo en otra ocasión en que regresé del trabajo con dolor de oído y no había nadie.

En cambio, mi papá vivía con su mujer que no trabajaba, vivían de lo que él ganaba y ella cuidaba.
Mi mamá se fué porque no le alcanzaba. Su segunda mujer se fué por la misma razón. Discutían porque ella quería más dinero. De hecho, cuando se fué, entró a trabajar que era lo que deseaba. Mi papá no quería que trabajara, para que no descuidara a sus hijos.
Tenían 4 hijos, con lo que mi papá podían vivir cómodamente, pero a ella no le bastaba.

Con su tercera mujer, pasó más o menos lo mismo. Ella trabajaba con su papá en una tienda de su propiedad cuando soltera. Vivían en un departamento grande según nosotros, mi papá trabajaba su propio taxi, les alcanzaba para vivir bien y salir de paseo. Pero no le gustó.
Tarde o temprano, le pidió a mi papá que le pusiera una tienda. El compró un terreno y construyó una casa donde pusieron la tienda. A mi papá no le gustaba, pero le dió gusto.
El siguió trabajando en el taxi. Ella atendía la tienda que él surtía. Empezó a hacersele pesado a ella y vendieron el terreno para comprar otro en un lugar donde mi papá puso un taller mecánico.
Pero ella no estaba a gusto. Deseaba ganar su propio dinero. Tejía y vendía sus tejidos, pero no ganaba mucho.
Terminó por regresarse a su tierra, donde su papá le había dejado parte de la casa y de la tienda. La otra mitad se la dejó a una hermana, quien se quedó con la tienda al casarse ella y se la acabó.
Ella intentó poner de nuevo la tienda, pero nunca lo consiguió. Deseaba que mi papá se fuera para allá y se dedicaran a la tienda. Mi papá ya no la siguió. Una vez lo había hecho y no funcionó.

Finalmente, encontró una mujer que no deseaba trabajar, sino cuidar de su casa y sus hijos y que se atenía a lo que él le proporcionaba. Terminó por encontrar a alguien que pensara como él.

Si leo el Evangelio, también dice lo mismo: "ama a tus enemigos". Muchos piensan que la familia del esposo o de la esposa, son enemigos porque se llevan a su hijo o a su hija. Al hijo, porque ayuda económicamente a la familia y a la hija, porque ayuda en la casa como mi esposo y yo hacíamos.
Y no lo son. Pero si se ven así, entonces nos aplicamos el Evangelio de hoy: "ama a tus enemigos" ¿qué mérito tiene amar a tus hijos y no a tus nueras o yernos? o ¿qué mérito tiene amar a tus padres y no a tus suegros? o ¿qué mérito tiene amar a tus hermanos y no a tus cuñados?

El matrimonio es una nueva etapa. Si tu hijo te ayudaba económicamente, ahora sabrá cuidar de su esposa y sus hijos.
Si tu hija te ayudaba con tu carga en la casa, ahora se hará cargo de la suya propia.
El matrimonio de un hijo o una hija, afecta a toda la familia porque marca un cambio para todos.

Recuerdo que cuando les informamos a mi abuelita que nos íbamos a casar porque estaba embarazada, lloró.
Se casaba quien la hacía fuerte en muchas cosas, quien la acompañó en muchas ocasiones, pero también se alegró de que siguiera sus consejos.
Me dejó volar, con la intención de acompañarme en el vuelo cuando lo necesitara.
Así lo hizo siempre. Me dejó vivir mi matrimonio sin meterse, pero nos apoyó cuando necesitamos. Igual hizo mi padre.

El consejo que repetí a mis hijos cuando solteros desde niños. Y más que consejo, era una órden fué: "ama a tu hermano, cuida de tu hermano"
Cuando decidieron casarse, mi consejo cambió: "pónte de acuerdo con tu mujer". Si hubiera tenido hija, le hubiera dicho "pónte de acuerdo con tu esposo"
Eso se lo oí decir a mi papá a mi hermana y me lo apliqué a mí misma.

No quiere decir que dejé de querer a su hermano, o apoyarlo cuando necesite si puede hacerlo, sino que su prioridad debe ser su esposa y sus hijos.

Dichoso el que camina en la ley del Señor dice el salmo de hoy. Dichoso el hijo que camino en la ley de sus padres, diría yo. Para mis hijos la ley era: "ama a tu hermano, cuida de tu hermano, no pelees con tu hermano". Cuando no obedecían ésa ley, que no sugerencia entonces sufrían las consecuencias. Las únicas veces que llegué a darles unos cinturonazos a mis hijos, fué porque peleaban entre ellos.

Dichoso el que camina en la ley del Señor, dice el salmo de hoy. Dichoso el hombre que camina en la ley de su esposo o de su esposa. Como es bien difícil hacerlo, alguno de los dos debe ceder, deben ponerse de acuerdo entre ellos en todo. En mi caso, yo cedía, después de decir mis ideas, mis conceptos o mis quejas, cedía. Era muy difícil que mi esposo me escuchara y atendiera a mis ideas o comentarios. Le entraban por un oído y le salían por el otro.

Cuando finalmente ésa manera de vivir no nos funcionó, dejé de hacer la voluntad de mi esposo. Terminé por entender que no siempre tenía la razón. Que la obediencia no implica hacer lo que el otro dice, como él dice y cuando él dice, sino de hacer lo más conveniente para los dos y para los hijos.

Vivimos 16 años haciendo lo que él decidía. Después de perder nuestra casita y un negocito, tomé las riendas. Me encaminé hacia acá y lo llamé. Fué el último intento de rehacer nuestro matrimonio.
Vivimos como yo deseaba. Fué un estira y afloja durante otros 20 años.
Gracias a Dios, terminó también él por regresar a la Iglesia también, escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

Ahora no manda ni él ni yo. Hacemos lo que Dios dice y ha cambiado todo.
Nos quedan las heridas de la batalla a los dos. Pero finalmente, ambos nos estamos dejando guiar por su Palabra.
Creo que Dios debería mandar en todo matrimonio. ¿Quién más sabio que El?

Buscando una ilustración para ésta reflexión, encontré frases como: "el matrimonio es una batalla de ver quien sirve más, no de quien manda", "mi esposo cree que él manda, yo creo en el respeto. Y respeto que se haga ilusiones" "Cuando el hombre abandona su liderazgo, la mujer abandona su respeto", "Asegúrense de casarse con un hombre cuya prioridad sea ser esposo y no seguir siendo hijo o hermano" y otras lindezas como ésa. Sólo sonrío al ver que no soy la única que se equivoca o que intenta descubrir el hilo negro que ya está descubierto desde hace mucho.

Y luego preguntamos porqué estamos como estamos, porqué nunca progresamos, como dice la canción

Te dejo unos links para que leas algunas ideas de matrimonio católico

https://www.revistabodas.com.uy/nos-queremos-casar-como-dios-manda-parte-1/ 
En donde se nos recomienda un libro dedicado al tema del matrimonio que escribió Monseñor Jaime Fuentes, Obispo de Minas. A través de 43 páginas, con un formato de preguntas y respuestas, el prelado construye un catecismo para novios que están preparando su casamiento. Puedes comprarlo y leerlo si están pensando en casarse y en que Dios sea el que mande en su matrimonio

w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

El matrimonio es un reflejo del amor de Dios por Su Iglesia porque en él se manifiesta el amor fiel, total y sacrificial que Dios tiene por la humanidad 🙏.

Así como Cristo amó a Su Iglesia hasta el punto de entregarse por ella en la cruz, los esposos están llamados a amarse con ese mismo compromiso y entrega 💖.

El matrimonio, en su esencia, es una unión que trasciende lo humano y participa del plan divino: un amor que busca el bien del otro, que es fecundo y que es signo visible del amor incondicional de Dios hacia cada uno de nosotros ✨.

Lectura del libro del Deuteronomio 26, 16-19
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.

Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos.

Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».


Salmo de hoy
Salmo 118, 1-2. 4-5. 7-8

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente,
tú no me abandones.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Es viernes y el cuerpo lo sabe

Por Laura Aguilar Ramírez

Hoy es viernes de Vigilia. Es día de abstinencia de carne. La abstinencia es un precepto o sea, no es una sugerencia. Es una práctica cuaresmal, no sólo recomendable, sino obligatoria.

Hay dos días de ayuno y abstinencia al año: Miércoles de ceniza y Viernes Santo.
Hay dos clases de ayuno: parcial y total.
El ayuno parcial se realiza evitando alimentos hasta el mediodía. El ayuno total es evitar alimentos todo el día. Puede tomarse líquidos como agua y tés.
EL ayuno es obligatorio a partir de la adolescencia hasta los 60 años. Después puede o no, realizarse según cada uno considere de acuerdo a su condición de salud.
La abstinencia es privarse de carne. Y se realiza los viernes de Cuaresma. Y es para todos. Desde niños hasta ancianitos.

No es algo que no pueda hacerse. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta.
El ayuno, la abstinencia entran en las prácticas cuaresmales. La limosna y la oración se incrementan en éste tiempo.

La cuaresma nos recuerda los 40 días que Cristo pasó en el desierto, preparándose para asumir la misión que Dios le encomendó.
En la actualidad, termina con la Semana Santa en que se recuerda la Pasión de Jesucristo, desde su aprehensión hasta su muerte en la cruz.

La cuaresma no es sólo un recuerdo, sino que la Iglesia toma su cruz y sigue a Cristo en ése desierto. Es por ello, que se ayuna, se ora y se hacen obras de misericordia o limosna, como El lo hizo.
No se nos pide ayunar 40 días como El, ni alejarnos 40 días de todo, pero sí se hacen retiros de oración, se dan pláticas de cuaresma como prácticas que nos ayudan a estar los 40 días llamados Cuaresma, para acompañar a Jesús en su Pasión.

La abstinencia cuaresmal, no se limita a la carne y ayuno los días de precepto, sino podemos abstenernos de algo que nos gusta, como juegos, como ele internet, como la televisión, como el teléfono celular. En fin y utilizar ése tiempo para orar, para meditar la Palabra de Dios de forma más intensa.

La limosna es una práctica común. No consiste sólo en dar dinero cuando se tiene, es dar de uno lo que otro necesita y darlo de corazón. Esto se amplía a hacer actos de misericordia. La limosna no es "un bote de groserias" en el que ponemos una moneda por cada grosería que decimos. Esto es fariseico, es decir, digo groserías mientras tengo dinero. Cuando se me acaba, dejo de poner monedas. Es engañarse uno mismo.
Es hacer las cosas "dándonos permiso": "al fin que ya pagué".

Lo mismo sucede con la confesión, estaba yo reflexionando ahora. Tampoco es "un bote de groserias" en el que voy, me confieso. Ya cumplí con ése requisito y saliendo, vuelvo a las andadas. Al fin que al otro día, puedo ir de nuevo a confesarme, me vuelven a perdonar y así me la sigo.

Dios no quiere que nos estemos confesando, sino que cambiemos, sino que nos convirtamos. Si sólo voy para que me perdonen, lo cual chapuzeramente sabemos que se hace, sin el propósito de enmienda es hacernos tontos solos. Nuestra vida no cambiará. Seremos "limpios puercos" como me decía mi abuelita.

La confesión es una práctica que se debe hacer se quiera o no, una vez al año. Pero es tan deseable, que se realiza lo más seguido posible.

Estaba pensando hoy mientras escuchaba las lecturas y el sermón del sacerdote, en la Virgen.
Y en su Inmaculada concepción. Es un dogma de la Iglesia. O sea, algo que se cree porque se cree, no tiene discusión.

Y me iba dando cuenta de que la Virgen es Inmaculada desde antes de su nacimiento, es decir sin pecado.Debía ser así para poder llevar en su vien te a Jesucristo.

Me imaginaba yo una jarra de cristal que sólo se llena con agua limpia, dedicada para tomar. 
Yo tengo una jarra que sólo dedico para ése fin. Procuro mantenerla limpia siempre. Pero se llena de polvo sin que pueda yo evitarlo. Así que debo sacudirla, o lavarla o pasarle un paño para mantenerla limpia.

Si dejo agua en ella, por muy limpia que esté, se enlama si no la uso.
Eso pienso yo, es la Virgen. Fué preservada del pecado porque en ella se hizo hombre Jesucristo, que siendo hombre, no pecó.
Y estaba yo imaginándome a la Virgen de niña. Era como todas las demás: buena.
Pero las otras niñas tal vez brincaban en los charcos de agua sin importarles se mancharan de agua sus sandalias.
Ella, tal vez deseaba también brincar, pero no lo hacía. Y no lo hacía, no porque no pudiera o porque nadie la veía o sino porque se echaban a perder sus sandalias y no podía dar ése dolor a sus padres.

O sea, se siente el deseo de pecar, de hacer lo que se sabe no se debe, pero no se hace.
Al ser inmaculada no quiere decir que no se sienta el deseo de hacer tal o cual cosa, sino que se evita hacer, aunque duela no hacerlo.

Conocí a una señora que me contó que cuando era niña, tenía un par de zapatos para la escuela y otro para el resto del día. Saliendo de la escuela les gustaba caminar en los charcos que se formaban con la lluvia. Su mamá la regañó un día que lo hizo, porque sus zapatos se mojaron. Costaban mucho. Y eran los de la escuela.

Así que ella bien lista, otro día que vió un charco, se quitó los zapatos para poder mojarse a gusto. Cuando volteó, los zapatos habían desaparecido. Su mamá no sólo la regañó, sino que le pegó por haber perdido los zapatos.

Algo así pasa cuando nos confesamos, pero no tenemos el propósito de cambiar. La mamá de la niña no se hubiera dado cuenta si brincó o no en los charcos de no ser porque perdió los zapatos. Igual hubiera podido quitarselos y cargarlos en la mano o en la mochila, como pensó e hizo después la niña, que por más que le dijera su mamá, seguía brincando, pero ya su mamá no se daba cuenta.

Lo que en realidad quería su mamá era que no se enfermara. Brincar en charcos de la calle, podía traerle enfermedades, podía causarle resfriados, etc.

Cuando damos rienda suelta a nuestros deseos, nos las ingeniamos para hacerlo. Y a veces los demás, ni cuenta se dan. Pero nuestra jarra de cristal que es nuestra alma, se ensucia. Llega a ensuciarse tanto, que ya no puede ponerse agua limpia en ella.

Es por éso que para ayudarnos a fortalecer nuestra fé, que es el encargo que Cristo dió a Pedro, la Iglesia nos invita a seguir el camino de Cristo durante 40 días en el desierto para prepararnos a seguir a Cristo en su Pasión.

Así como durante el tiempo de Adviento, nos preparamos para recibir a Jesucristo que nace en Navidad y nos llenamos de alegría y fiesta. También así, nos preparamos para la Pasión acompañando a Cristo durante 40 días.

Finalmente, el fin del hombre no es éste mundo, sino seguir a Cristo a su Reino. Al final de la Cuaresma y de la Semana Santa, celebramos con regocijo la Pascua que empieza en Domingo de Resurrección y sigue por 50 días.

Como puedes ver, el Tiempo de Adviento es tiempo de preparación para una gran alegría: la Navidad. El tiempo de Cuaresma también lo es para otra gran alegría: la Pascua
Y entre ésto dos tiempos transcurre la vida normal, diaria o Tiempo ordinario.
La vida está pues llena de grandes alegrías y de vida normal pero también hay un tiempo de dolor. Los dolores son menos que las alegrías, pero existen en toda vida.

El vivir apresuradamente, el querer vivir todo el tiempo en el jolgorio nos lleva a una vida vacía, a una vida en que nuestra alma como la jarra de cristal, se empuerca ya que no se limpia nunca, siempre se le está usando para la fiesta.

"Es viernes y el cuerpo lo sabe" es un dicho muy conocido. El cuerpo nos pide siempre lo que le gusta. Y si se lo damos sin ton ni son, él bien contento, no importa si después anda sufriendo con las enfermedades.

Darle gusto al gusto no es muy recomendable. Después ahi andamos llorando.

Te invito pues, a abstenerte de carne. O de algo que te guste mucho.
Normalmente se recomienda carne, porque la gente pobre sólo comía pescado que era más barato, no tenía para carne. Entonces, el fin de la abstinencia no es dejar de comer carne, sino comer lo que el pobre come y darle lo que nosotros comemos a él.

Por ejemplo, se puede dejar de comer carne y dar a alguien necesitado algo que compremos con ése dinero que ahorramos en la compra. Comer pescado a mí me encanta y comer verdura me gusta también. Así que abstenerme de comer carne, no es ningún problema para mí.
Pero mi cuerpo aún acostumbrado al pescado, a la verdura y a comer poco, nadamás se entera que es Vigilia, me pide carne jeje.
Es bien canijo.

Veo en un puesto de quesadillas en donde hay carne y del otro lado, papas u algún otro relleno, que preferimos la carne. Ya si no nos queda otra, pues ni modo, ¿verdad? le entramos a las papas. Al fin que nos las dan al mismo precio. Así comamos todos los días carne, preferimos las quesadillas de carne.

Supongo que es por ello, que nos abstenemos de carne los viernes de Cuaresma ricos y pobres niños y ancianos, mujeres y hombres. Todos.




Cristina, la doncella

Por Laura Aguilar Ramírez


Cristina era sirvienta en la casa de un gran Señor. En ésa casa todo debía estar brillante, rechinando de limpio los cristales, los ventanales. Todo. El patrón de Cristina era especial.

Había tenido varias sirvientas, pero a unas las despidió por ser descuidadas. A otras las despidió por no ser muy diligentes y prestas a las órdenes que les daba.

Pero el Señor no era cruel, ni tampoco tenía malas maneras. Había dado a cada sirvienta oportunidades. Primero las había enseñado, las había preparado para hacer las labores como a él le gustaba.

Al principio, todas estaban atentas, todas deseaban agradarle, todas deseaban permanecer a su servicio porque pagaba bien, porque no era gritón ni tenía malas maneras. Muchas habían esperado la oportunidad de servirlo.

Pero a medida que pasaba el tiempo, cada una fué confiándose. Terminaban por pensar que ya dominaban a la perfección sus labores. Otras, pensaban que ya no había nada que limpiar, todos los días limpiaban. Así que empezaban a descuidar su trabajo y a distraerse en otras actividades.

Y tarde o temprano, el patrón las despedía. Lo hacía con tristeza, porque había puesto esmero en enseñarles, porque las había tratado bien y había pagado bien por sus servicios. Pero no podía permitirse el que su casa estuviera sucia.
Y no podía permitirselo porque era una casa muy visitada por distintas personalidades. Contínuamente entraban por su puerta comerciantes, artistas y personas que tenían tratos con él.

El encargado de la servidumbre era un hombre llamado Justino. El estaba encargado de que todo funcionara como al señor le gustaba.
Entre sus labores estaba el elegir a las personas que se encargaban de la limpieza, de la preparación de los alimentos, en fin, de cada actividad que se realizaba con el fin de que la casa estuviera limpia en todo momento.

Justino tenía mucho trabajo, pero amaba su trabajo, quería mucho a su patrón porque era bueno y porque había entrado a su servicio desde muy pequeño.

Su patrón confiaba en su criterio y en que hacía su trabajo bien. Pocas veces intervenía el patrón directamente.
Justino por supuesto, era el que más trabajaba, pues debía vigilar que la servidumbre hiciera su trabajo bien. Justino procuraba tratar a la servidumbre como su señor le había enseñado: con buenos modales y con paciencia.
Era el primero en levantarse y el último en acostarse. No se iba a dormir sin revisar que la cocina y las habitaciones estuvieran ordenadas, que no hubiera quedado olvidada una luz encendida, que las chimeneas estuvieran apagadas no se fuera a ocasionar un incendio por alguna chispa que saltara.
En la mañana, se encargaba de cuidar que hubiera suficiente leña para las chimeneas, que los sirvientes tuvieran lo necesario para hacer su labor.
Todo el día iba de un lado para otro. Aveces auxiliaba a algún sirviente que se atrasaba por alguna causa o cuando se enfermaba y no había de momento alguien que cubriera su puesto.

Así que Justino conocía a cada sirviente, sabía cuáles eran sus debilidades y cuales sus fortalezas. En base a ellas, determinaba qué función desempeñaría cada uno. Eso era motivo de disgusto por algunos sirvientes. El lacayo deseaba ser mayordomo, porque no debía permanecer todo el tiempo parado al pendiente del momento en que se vaciara una copa para volverla a llenar. La ayudante de cocina, deseaba ser doncella porque éstas no olían a cebolla ni a grasa, sino andaban todo el tiempo perfumadas.
La doncella deseaba ser ayudante de cocina porque podían darle una pellizcada a cada guiso que se preparaba.
El mayordomo a veces deseaba no estar como perchero, recibiendo las prendas de los visitantes y entregándoselas a la salida, ni tampoco le gustaba tener que llamarle la atención al lacayo cuando no estaba bien en sus labores.

Justino era el encargado de que cada uno estuviera consciente de la importancia de su labor, así de que no surgieran problemas entre ellos y si surgían, intervenía para ayudar a limar las asperezas.

Pero Justino necesitaba ayuda. Buscaba y rebuscaba entre la servidumbre alguien que hiciera ésa labor, pero no lo encontraba ni entre las doncellas ni entre los lacayos. Eso entristecía a Justino.

Un día, después de haber tenido que despedir a una doncella por no cuidar la limpieza de la cristalería y haber sido amonestado con suavidad, pero firmemente por el patrón, le fué recomendada una muchachita. Le fué recomendada por uno de los sirvientes de más confianza.

Justino la entrevistó y desde el mismo momento en que la vió entrar, vió en ella algo que no había visto en todas las otras doncellas que había entrevistado a lo largo de sus ya muchos años de servicio.
Pero no quiso lanzar las campanas al aire. Muchas veces había creido ver algo especial en el servicio y siempre terminaba por llevarse un buen chasco.

Así llegó Cristina a servir a la casa del buen patrón. Era atenta, ponía atención a las indicaciones que se le daban y diligentemente hacía las cosas. Procuraba hacer todo con cuidado, sin apresurarse. Sus compañeras corrían de un lado para otro, dándose prisa para todo.
Cristina observó que de ésa manera, se les caían las cucharas, se les olvidaban los vasos, se olvidaban de limpiar algún utensilio.
Así que ella procuraba hacer las cosas con calma, sin apresuramientos, pero sin detener nunca su labor.

Al final del día, sus compañeras se sentaban alrededor de la chimenea dispuesta para el servicio a comentar lo sucedido en el día. Muchos de los compañeros, aflojaban la corbata, las compañeras se aflojaban el mandil, estiraban los pies para calentarlos. No faltaba el que se quitara los zapatos. Cristina permanecía con su uniforme siempre, sin aflojar el mandil y sin descalzarse.

Algunas veces, el patrón llegaba a horas inesperadas después de algún viaje o salida a los alrededores. Así, mientras una doncella se ajustaba el mandil, otra se ponía la cofia, el lacayo se ponía los zapatos y se anudaba las agujetas y otro se acomodaba la corbata, Cristina salía presurosa con lo que Justino pedía: una toalla para que el patrón se secara si había llovido, sus pantunflas para que se cambiara el calzado y estuviera más descansado.

Nada de éso pasó desapercibido para el patrón por supuesto. Cada vez que regresaba de alguna salida, empezó a ver a Cristina al lado de Justino, presta y atenta a hacer lo que Justino ordenaba.

Los otros sirvientes se alegraban de que así fuera. Ellos aprovechaban para descansar otro ratito en el fuego, aprovechaban también para comentar sin interrupciones, cosa que les encantaba hacer.

Así, sin que Justino supiera cómo, terminó por tener un ayudante. Cristina se puso a su lado, sin apenas darse cuenta él. Así era ella, se movía con suavidad, sin apresuramientos.

Parecía adivinar lo que Justino deseaba. Ella se había dado cuenta de cómo trabajaba, de cómo se esforzaba por realizar sus labores. Había escuchado su trajinar en la mañana y en la noche, cuando todos dormían.

De alguna manera, Cristina fué la respuesta de Dios a las oraciones de Justino, quien no se quejaba con su patrón, no comentaba con la servidumbre sus penurias, pues no deseaba cargarles con sus dolencias lo que ya de por sí era pesado. Sabía que cada uno, tenía un trabajo que realizar y todos terminaban el día cansados. Así que cada noche, en sus oraciones, pedía a Dios le enviara alguien que le ayudara a realizar su labor lo mejor que se pudiera.

Todos tenemos la capacidad de aprender, todos deseamos tener un buen trabajo y una buena paga. Pero podemos llegar a ser descuidados, podemos confiarnos en que ya nos la sabemos de todas, todas.
Todos tenemos oportunidades, cada quien distintas de acuerdo a nuestras circunstancias. Y muchos las desaprovechamos, otros pensamos que el trabajo del otro es mejor o más importante que el que realizamos.

Conozco a un muchacho que mientras sus compañeros estudiaban, él se dedicaba a pasear y a disfrutar. Todos los días iba a la escuela, sus papás lo veían entrar, sus maestros lo veían estar en el salón, a la salida todos lo veían irse a su casa, pero no estudiaba.
Cuando dejaban de verlo, tomaba camino para otro lado. Sus papás pensaban que estaba con la abuelita. La abuelita pensaba que estaba con sus papás.
Y él, mientras se iba de pachanga con el primero que se encontrara.
Cuando llegó el fin de curso, sus padres se sorprendieron de que dejara la escuela. "Para ayudarte a trabajar" les dijo. La verdad es que había reprobado 7 de las 8 materias que debió haber estudiado.

"Qué bueno es mi hijo" -pensaron sus papás- Deja la escuela para ayudarnos con los gastos. Nunca se enteraron de que había reprobado y ésa había sido la verdadera causa de abandonar la escuela. Así como nunca se enteraron de que se iba de pachanga. Como vivía en las dos casas: en la de su abuelita y en la de sus papás, cada uno pensaba que estaba en la casa del otro.

Así somos muchos: hacemos chapuza, nos alegramos de que piensen que somos buenos, pero hacemos las cosas malas mientras no nos ven. Pero al final de cuentas, la verdad sale a la luz: el muchacho reprobó por no estudiar, no por falta de oportunidades.
Pero si los padres no somos como Justino, fácilmente nos podemos dejar engañar.

"Ser cuchillito de palo" no es agradable. Pero es necesario si deseamos que nuestros hijos no se desvíen, pero tampoco deseamos que salgan lastimados.

O en Cuaresma, que se nos manda abstenernos de carne los viernes, no nos faltan pretextos para evitarlo. "Es viernes y el cuerpo lo sabe" dicen unos.

Conozco otra muchacha que siempre se portaba bien, que veía que las demás muchachas se iban de antro y ella haciendo quehacer. Un día se cansó de ver que a las chamacas no las regañaban en sus casas y a ella, sus papás la regañaban siempre. Así que se vistió como sus amiguitas, se pintó como ellas y se fué de antro. Se tomó unos tragos "para divertirse" como le dijeron sus cuatas.

Y después de un mes, supo que estaba embarazada. Ni cuenta se dió con quién perdió.
Pero ahora tiene un niño que tiene que cuidar y trabajar para mantenerlo, mientras otras muchachas estudian y se divierten sanamente.

Lectura del libro del profeta Ezequiel 18, 21-28
Esto dice el Señor Dios:

«Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado —oráculo del Señor Dios—, y no que se convierta de su conducta y viva?

Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá.

Insistís: No es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».

Salmo de hoy
Salmo 129, 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8

R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes temor.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».


Honor y Gloria a Tí, Señor

por Laura Aguilar Ramírez


Tengo ya 28 años de haber regresado a la Iglesia. Y digo regresado, porque en mi infancia fué parte de mí. Estuve en un internado donde religiosas nos enseñaban y cuidaban. En el rancho, se iba a misa dominical. En el segundo internado donde estuve, también estaba dirigido por alguien católico. Orábamos en las noches juntas, se mandaba al catecismo a las niñas para la Primera comunión.

En mi adolescencia me alejé. Seguía siendo creyente, pero me alejé. Al casarme, lo hice por la Iglesia. Pero sólo iba a misas de celebraciones como bodas, bautizos, etc.
Después de 16 años de casada, de vivir sin Dios prácticamente, de perder la casita de interés social que estábamos pagando y con ella, la manera en que ayudaba al patrimonio de mi familia, puesto que era costurera en casa. Después de vivir un año en Puebla donde no tenía con quien dejar a mis hijos para trabajar fuera y donde no tenía clientas para la costura, decidimos mi esposo y yo, irnos a Estados Unidos.

Tratamos de sacar la visa para mí y mis hijos, para mi esposo no, porque no tenía pasaporte ya que no hizo el Servicio militar y era requisito para obtenerlo. Me negaron la visa. Soy muy transparente en mi cara y seguramente se dieron cuenta que estaba mintiendo. No me creyeron que iba a llevar a mis hijos a pasear a Disneylandia jeje.

Para pagar los pasaportes y la visa y para venirnos, se necesitaba dinero, así que pusimos en venta todo lo que teníamos muebles, ropa, todo. Mi esposo se quedó en el departamento vacío. Sólo se quedó con la recámara y el tanque de gas. El departamento contaba con cocina integral. La recámara y el tanque de gas, ya estaban vendidos también, pero nos los dejaron usar hasta que se viniera él. Mis vecinos eran buena gente y nos ayudaron mientras vivimos ahí.

Así fué que a fines de Septiembre, tomamos un camión hacia Ensenada donde vivía una tía abuela. Veníamos mi hermana, sus dos hijas, mi abuelita (si, para que intercediera con su hermana para que nos recibiera acá) mis dos hijos y yo.

Mi tía se espantó al vernos llegar a tantos, jeje. A mí me había ofrecido su casa cuando tuve 10 años, después a los 20 y cuando mi abuelita se enfermó de un síncope cardiaco por acá y vine a verla, me la volvió a ofrecer. Así que me vine sabiendo que iba a ser bien recibida por mi tía. Se tranquilizó cuando supo que mi hermana con sus hijas se iban a pasar al otro lado. Ellas sí tenían pasaporte y visa.

De las primeras cosas que hizo mi tía por mí, fué llevarme a la Iglesia. Ella iba los domingos a misa y me pidió la acompañara. Cada domingo la acompañaba. Volví a casa de la mano de mi tía abuela.
Desde entonces no me he vuelto a alejar.

Cuando me dió la depresión, Cristo me sostuvo. Me recuerdo rogando de rodillas ante su altar por mis hijos y por ayuda. Me sentía muy mal. Todo lo perdido se me vino encima. Había soportado las pérdidas de mi casa y de mi negocio. Había soportado un año de pedir prestado en la semana para pagar el sábado. Había soportado vivir en un departamento donde se debía la luz de varios años y tener que esconderme cuando iban a tomar la cuenta. Me resultaba muy difícil cada mes, darle la cara al arrendatario, un ingeniero muy bueno, dueño del departamento, que me decía que no me preocupara, que podía pagarle cuando tuviera.

Mi marido se enojaba cuando le deçía que había ido a cobrar la renta. No ganaba lo suficiente. Empezó a tomar desde que perdió el trabajo dos años antes de la depresión económica que sufrió el país a principios de 1994.

Cuando se decretó que el Gobierno absorbiera los Bancos, él perdió su trabajo ya que laboraba en un Banco por ése entonces. Al entrar el Gobierno, entraron también nuevas personas. Lo mantuvieron mientras les enseñaba lo que hacía. Después lo despidieron como despidieron a miles de trabajadores bancarios.
Como se dice, "lo que se va a comer, que se vaya cocinando". La depresión económica del 94, se cocinó años antes. Fué el resultado de malas medidas económicas que afectaron la vida social del país.

Mi esposo de por sí, tenía tendencia a no controlar la bebida. Decía mi papá "yo controlo el alcohol, no el alcohol a mí". Pues mi esposo no decía lo mismo. Decía que no tenía problemas con el alcohol cuando yo le decía que una persona alcoholizada no reacciona de igual manera ante las circunstancias, que el alcohol aletarga los movimientos de una persona cuando maneja por ejemplo. No se reacciona tan rápidamente como debe hacerse. El decía que no.

Poco a poco, fué aumentando la bebida. No descansaba hasta que se acababa la botella y después empezó a salir a comprar más.
No iba al trabajo borracho, ni siquiera crudo, porque su cuerpo absorbia el alcohol, pero éso no quería decir que fuera buena su manera de tomar.

Cuando perdió el trabajo, le dieron una compensación que metió al Banco a plazo fijo, confiando en que encontraría pronto otro. Pero no fué así. Eran miles buscando trabajo. Le ofrecían salarios que rayaban en lo ridículo después de hacer filas de 50 personas. Yo le aconsejaba que tomara un trabajo aunque le pagaran poco, que "es peor chile y agua lejos". No me hizo caso.
Yo trabajaba de costurera en casa, me iba bien, pero no para sostener la casa, "ahí nomás para el gasto" como decía mi suegra. Era sólo para ayudar a mi familia, no para mantenerla sóla.

Al descontrolarse él, también yo me descontrolé. Me ofreció una vecina vender de casa en casa haciendo demostraciones, aprovechando que tenía muchas clientas. Así empecé a andar por media ciudad comprando y vendiendo de todo: porcelana, ropa, electrodomésticos, etc. etc.

Empecé a descuidar mi casa y a mis hijos. El empezó a trabajar con una pariente, pero no le pagaba, porque estaba empezando. Gastaba en comida, en gasolina y aveces hasta le prestaba a su pariente, jeje.

Mi vecina me hizo una trastada con las cuentas y dejé de vender porque no podía hacerlo sóla. No sé manejar y necesitaba alguien que tuviera carro. Mi esposo me dijo que volviera a vender, que él manejaría. Lo hicimos así, y efectivamente, él manejaba mientras yo atendía el changarro como se dice. Pero no daba tiempo para ir a cobrar lo que se había vendido antes. Le pedí ayuda, le dije que fuera a cobrar mientras yo hacía las demostraciones. No quiso hacerlo, porque le daba pena con las señoras (normalmente eran señoras las que prestaban su casa para las demostraciones a cambio de un regalo que dependía de la venta). Se quedaba en el carro mientras.

Eso causó problemas entre nosotros. Vendíamos, pero no cobrábamos. Así no es negocio.

Con lo poco que pude cobrar de algo que me debían, puse una tienda. Aún en contra de lo que mi marido decía. El no quería hacer de su casa un lugar de negocio, pero no había de otra.
Así que acondicioné la sala-comedor de la casa, hice promoción con mis vecinas, decidí un día para abrir.
Pero él no cooperaba. No deseaba tener tienda. Le daba pena con los vecinos. Lo habían visto salir en su carrote, vestido con su trajesoten y verse de tendero como que no.

Recuerdo ése día. Era domingo, se puso a tomar con su papá. Por más que le insistía en que al día siguiente, debíamos abrir la tienda y que todavía no se había comprado la mercancía, no me hacía caso. Llegamos a la casa bien tarde.

Pues me fuí en camión a la Abarrotera, compré para empezar el changarro, me regresé en taxi. Mientras él dormía la mona.
No abrí a las 7 de la mañana como habíamos planeado, sino a las 12, pero abrí el día que había prometido.
Mis vecinos sabían que era yo una persona responsable y confiaban en mí. Y yo sabía que me ayudarían, que a pesar de haber varias tienditas, no me dejarían morir sóla. Y no lo hicieron, me tuvieron paciencia cuando no había una marca específica. Procuraba tener un poco de todo para no decir "no hay, no hay", pero no tenía mucho surtido de marcas.

Así, empezamos una tiendita que nos salvó de la ruina total. Durante un año la mantuvimos. Alcanzó para pagar las deudas contraídas durante los dos años que no trabajó, confiado al dinero que tenía en el Banco. Dinero que era mucho menos de lo que me había dicho.
Cuando lo recibió como compensación, no faltó a quien prestarle. Lo hizo sin saberlo yo.
Teníamos las tarjetas de crédito al full.

El dinero en el Banco se hizo agua. No trabajaba, pero gastábamos como si fuéramos ricos. Insistía en pasear. Hicimos varios viajes a Acapulco y no faltaban excursiones con su familia. Yo veía cada vez con más preocupación, cómo se gastaba. Trataba de controlarlo, de hablar con él, pero no me entendía. Y yo cedía siempre por "llevar la fiesta en paz". Ni siquiera disfrutaba de los paseos, ni de las fiestas en las cuales se bebía cada vez más.
Así que cuando tuvimos la tienda, fué para pagar las deudas, las tarjetas y demás.

¿A quienes les prestó? no lo supe entonces, ni lo sé ahora. Pero no le pagaron.
Tuvimos finalmente que traspasar la casa. Llegó un día bien triste. Después de Navidad y Año Nuevo en que se vendió toda la existencia prácticamente, no tuvimos para volver a surtir.

Busqué a quién traspasar la casa. La tuve que ofrecer barata porque urgía el dinero. Y ahí me llevé la sorpresa: no había pagado la casa desde antes de perder el trabajo. Llevaba varios años sin pagar. Así que como ya se había hecho el trato para vender la casa, tuvimos que pagar el atraso y no quedó prácticamente nada.

Tuve qué pensar a dónde irnos. Teníamos todavía mercancía, nuestros muebles y éramos aún jóvenes. Podíamos salir adelante.
Elegimos Puebla por tener él familia ahí, por estar cerca de la familia de quien no quería alejar a mis hijos. Habíamos ido antes varias veces para buscar casa que tuviera local para poder vender.

Encontramos una. Hicimos el trato y se fijó la fecha en que debíamos dejar la casa. Lo hicimos con delincuentes, porque aún le debíamos dinero a una persona. Eso me dolía mucho.

Contratamos dos mudanzas: una con lo de la casa y otra con lo de la tienda.
Al llegar a Puebla, fué la sorpresa final: Había rentado un local lejos de la casa, un departamento muy cómodo, pero caro y otro local para que mi hermana vendiera pollo al carbón. Tres rentas en lugar de una, si hubiera cerrado el trato que habíamos quedado.
Sucede que el día en que se debía cerra el trato, me quedé guardando todo en cajas y él fué a Puebla a cerrar el trato.

Cuando estuvimos buscando, encontramos una casa no muy grande, con un local abajo, con patio grande donde mi hermana podía vender el pollo al carbón. En una colonia no muy lujosa, pero con posibilidades para la venta, para empezar y para salir adelante.
Allá siguió tomando.

La tienda no funcionó en el local que rentó en una colonia bonita. No se paraban ni las moscas. Yo me la pasaba sacándole la vuelta al casero y al de la luz. El local donde se iba a vender pollo, estaba mal situado. Se gastó para acondicionarlo y no se sacó ni lo invertido.

Terminamos por dejar los dos locales y él entró a trabajar en un negocio con su familiar. Un negocio que se puso con dinero sacado de la venta de un carro nuestro. Negocio que no daba. Pedía prestado para comer y el sábado se pagaba. No daba para nosotros, pero para el pariente le dejaba para comprar muebles y adornos lujosos en su casa

Así decidí seguir a mi hermana cuando me dijo que se iba a Estados Unidos.
No pudimos ir porque no conseguí que me dieran la visa. Decidí quedarme aquí, cuando ví que había posibilidades, que podíamos volver a empezar, de cero, pero empezar de nuevo

Como dije antes, regresé a la Iglesia. Regresé como "la gata revolcada". Pero regresé.
Me hinqué ante el altar de Dios y le pedí ayuda, antes de hundirme en la depresión que me llevó a un intento de suicidio y a vivir 5 años perdida, al borde de la locura.
Simplemente me desplomé después de 16 años de batallar con el alcohol que reinaba en su familia.

Aquí encontré finalmente paz. La encontré gracias a Dios. Hincada en su Iglesia. No pude trabajar como hubiera deseado, no podía hacerlo sin descuidar a mis hijos que ya estaban bastante afectados al ser sacados de un lugar seguro, después de perder su casa, sus amigos, su familia, de ver a su madre derrumbarse ante sus ojos y de ver a su padre perdido en el alcohol.
Tenían tan sólo 9 y 11 años. Si mi mundo se desplomó, el de ellos también.

Fué muy dolorosa ésa etapa. Sólo Dios pudo sacar a mi familia de ella. Agradezco tanto que mis hijos no se perdieran en el vicio, como muchos muchachitos lo hicieron.

Mi esposo retomó el camino que había perdido. Volvió también a la Iglesia, mucho después que yo, pero ha vuelto también.

Nada ni nadie pudo sacarnos adelante, sino Dios. Sólo El iluminó mi vida en la oscuridad en la que había caido.

No pude trabajar en una fábrica durante mucho tiempo, ni en un hotel, ni en una casa aunque trabajé así. Tampoco pude trabajar por mucho tiempo como costurera.
Pero hasta éso me dió Dios. Pude trabajar en casa, en internet durante 16 años. No ganaba mucho, pero podía ayudar a mi familia.

Es cierto aquello de "Busca primero el Reino de Dios, que lo demás te será dado por añadidura"

Nunca he leído el libro de Ester o no le había puesto atención hasta hoy, y éso que escucho la misa casi a diario y voy a misa los domingos desde hace 28 años. 
Dios no es un Dios que hace milagros y lo deja a uno después. Dios permanece con uno, lo toma de la mano y no lo suelta. No es que voy cuando me urge y después ahí regreso hasta la otra revolcada. Debe uno permanecer como la vid en el sarmiento.
Pero no es sencillo éso. Hay vientos y tempestades que pueden hacernos caer y desprendernos del sarmiento

Es por éso que sigo necesitando de Tí, Señor. No me dejes caer de tu Mano.
No permitas que vuelva a alejarme de Tí, Señor porque soy débil ante las tentaciones.
Gloria a tí, Señor


Las lecturas de hoy, resumen lo que he vivido en mi matrimonio que ya mero cumple 45 años. Sólo Dios nos ha sostenido y nos ha sacado del agujero en que estábamos metidos y ha reconstruido nuestras vidas.

Lectura del libro de Ester 4, 17k. l-z
En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.

Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.

Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.

Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».


Salmo de hoy
Salmo 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8

R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!

Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».


Los dichos de mi abuelita

Por Laura Aguilar Ramírez


El Evangelio de hoy realmente hace reflexionar.
El resultado de ésas reflexiones se vuelven recuerdos, se vuelven historias, se vuelven cuentos. Es la manera que Dios me dió para comunicar lo que El me inspira.

Nos habla de Jonás a quien le dió una encomienda: predicar a los de Nínive una gran ciudad un mensaje. Jonás se negaba a ir porque era una gran ciudad y los ninivitas eran poderosos, inteligentes, estudiados y vivían de manera desagradable a Dios, adoraban dioses extraños, adulteraban, se emborrachaban y se daban a los placeres. ¿Qué iba a decirles un pobre como él, le harían caso? Además, si Dios deseaba que los ninivitas se convirtieran, pues que lo hiciera El que era tan poderoso y con un soplo los podía destruir.

Así que se embarcó hacia otro lado, lejos de la gran ciudad. Y entonces la embarcación en la que iba, se enfrentó a una gran tormenta. Los marineros de ése tiempo, eran superticiosos. Pensaron que alguien debía ser el responsable de que los dioses estuvieran enojados. Ellos eran paganos. Jonás, al ver que iba a ser devorada la embarcación por la tormenta, les dijo que él era el responsable.

Ellos lo arrojaron al mar y la tormenta se calmó. Una ballena lo tragó. Jonás permaneció 3 días dentro de la ballena. Cuando la ballena lo expulsó, lo hizo frente a las costas de Nínive.
A Jonás no le quedó otro remedio que hacer lo que Dios esperaba de él. Anunciar que Dios iba a destruir a Nínive si no se arrepentían y hacían penitencia.

Los ninivitas se convirtieron. Pero Jonás se enojó porque no los había destruido Dios como merecían por sus pecados. Jonás se enojó con Dios. Lo había castigado a él que no hacía adulterios, que no se emborrachaba, que no hacía actos impuros y no destruía a toda ésa ciudad tan pecadora.

Podemos ver que Dios es justo, pero también es misericordioso. Llama a los hombres a arrepentirse y a cambiar, a dejar de hacer lo malo y regresar al buen camino.

Aveces yo soy como Jonás. Como he platicado, mi madre y mi padre se separaron. Eran muy jóvenes y no sabían lo que hacían. Mi mamá nos llevó con ella, pero se le complicó la vida por ello. Así que nos entregó a mi abuelita paterna, quien nos crió. Teníamos 2 años mi hermana y yo 9 meses.
Ella necesitaba trabajar, nos encargó con su hermana quien tenía hijos también. Nosotras estábamos acostumbradas a tener cada quien lo suyo, mi papá no se cansaba de procurarnos lo necesario. Teníamos cada una nuestros vestiditos, nuestras cositas. En casa de mi abuelita matern, todo era de todos.
Obviamente al ser tan pequeñas, no entendíamos que de pronto, nuestros vestiditos se los pusieran a la primita, o que nuestros juguetes se los quedaran los primitos o que los alimentos que llevaba mi abuelita se los comieran y nosotros no alcanzáramos siquiera.
Mi hermana se enojaba a pesar de ser pequeña y les quitaba los vestiditos o los juguetes. Les peleaba los alimentos porque nos dejaban sin nada.

No eran justos. Se quedaban con lo nuestro y nosotros como el chinito, nomás mirando.
Como mi hermana peleaba por lo nuestro, yo lloraba de hambre porque mi comida se la daban a los primitos. Nadie nos soportaba.

Mi mamá quedó embarazada de mi hermano menor. El creció con la familia de mi abuelita materna. A los ojos de todos, era sobrino de nuestra madre. Yo lo conocí cuando tenía 16 años y él 15.

Crecimos los tres hermanos separados. Mi hermana creció en un internado con la hija menor de mi abuelita y yo permanecí con ella por ser más pequeña. Cuando llegó el momento de ir al internado también, mi hermana no estaba acostumbrada a mí sino a sus amiguitas. Las prefería a ellas más que a mí.
En las vacaciones nos quedábamos en el rancho de la comadre de mi abuelita, madrina de mi tía. Y ahí mi hermana y mi tía se movían como pez en el agua y yo era una extraña.

Reresé con mi abuelita y vivía muy contenta en casa de don Angel con sus hijas. Mi hermana y mi tía, iban de vez en vez. Ellas eran felices en el internado y en el rancho.
Mi hermana peleaba con las hijas de Don Angel que era viudo. Como ya he platicado, su esposa falleció de cáncer y era amiga de mi abuelita. Ella le dijo que se casara con su esposo y que cuidara de sus hijas. Vivímos desde entonces como familia: mi abuelita, Don Angel, sus hijas y yo.
Lo hijos de mi abuelita permanecían en internados porque ella tenía que trabajar. Pero llegó el momento en que tuvieron que regresar con ella y empezaron los problemas.
Las primeras que regresaron, fueron mi tía y mi hermana. Los otros ni chance tuvieron.
Mi hermana se encargó de ello, jeje. Se peleaba con las hijas de Don Angel, me jalaba como si fuera su muñeca para después botarme. El chiste era evitar que estuviéramos contentas si ella no lo estaba.

No alcanzaba a entender que ya mi tía había salido de la secundaria y tenía que dejar el internado. Y que al dejarlo ella, también mi hermana debía dejarlo. Ella era hija de mi abuelita y nosotros no.

Mi papá trató de juntarse con otra mujer que tenía hijos, pero ella no aceptó a mi hermana que peleaba con su hija.
Eso acarreaba problemas entre su mujer y mi papá, que terminaron separándose.
Yo viví en otro internado desde los 8 años hasta los 12.

Finalmente, mi papá se casó con Sarita, quien era muy paciente y se hizo cargo de mi hermana. Ella supo tratarla y supo apoyarla, supo guiar su temperamento tan activo. Ella le explicaba las cosas, no la golpeaba y gritaba como mi abuelita.
Pero yo debía permanecer alejada de ella. De alguna manera, me culpaba de la separación de mis papás.
Y es que era tan pequeña cuando se separaron. Ella había sido feliz en Acapulco, con nuestros padres juntos, con amiguitos. Pero nací yo y la cosa se empezó a complicar.
Como todo en la vida, se juntan varias circunstancias para que se dé algo.
El abuelo de mi papá falleció, empezaron problemas por la repartición de los terrenos. Mi papá pasó por una etapa difícil, lejos de su familia, se vió de pronto robado por sus tíos que hallaron la manera de quitarle el terreno que le había dejado su abuelo.
Mi mamá no podía cuidar de las dos. Mi hermana era muy activa y yo lloraba mucho porque no le daba tiempo para cambiarme el pañal y darme de comer.
Se regresó a la CDMX mientras mi papá se quedó por su trabajo. El era grumete en un barco de la Marina Nacional, debía permanecer en donde le habían asignado.
Entonces empezó la lucha entre los dos. Ella a que le diera más dinero, porque al vivir con su mamá que tenía a la familia tan cerca y donde todo era de todos, pues no le alcanzaba para darle a todos. Mi papá a que no podía darle más. Realmente con lo que él daba, alcanzaba para vivir bien, pero si vivía con su familia, pues no alcanzaba.

Mi mamá se fué a quejar con mi abuelita de que mi papá no le daba dinero, seguramente aconsejada por su madre. Mi abuelita fué con el Almirante jefe de mi padre, quien dictaminó que le fuera entregado el cheque de mi papá a mi mamá para que nos mantuviera.

Mi papá se enojó tanto, que desertó de la Marina. Como su padre lo había registrado con su verdadero apellido, volvió a usarlo.
Mi papá tenía dos actas de nacimiento. Una con el apellido de su padre que lo registró como hijo. Cuando su papá, mi abuelito falleció, mi abuelita lo dejó con sus papás, mis bisabuelos. Ellos lo volvieron a registrar. Lo hicieron con su apellido.
Esto, porque los papás de mi abuelito querían quedarse con mi padre. Como era hijo único, quisieron quedarse con él

Así que mi papá regresó a la CDMX con otro apellido. Trató de arreglar las cosas con mi mamá, trató de que volvieran a vivir juntos. Lo que menos deseaba, era que sus hijas vivieran como él había vivido de pequeño.

Mi mamá no entendió razones. Y menos si como sucedió, él empezó a ganar menos dinero. En la Marina ganaba más. Empezó a trabajar de chofer en una línea de camiones y ganaba menos.
Rentó una vivienda cerca de una tía quien les ayudaba, pero a mi mamá no le alcanzaba ningún dinero.
Total. Que terminaron separándose.

Al poco tiempo, mi mamá nos entregó con mi abuelita. Mi hermana fué la que más sufrió con ello. Adoraba a mi papá. Me culpó a mí de la separación. Aunque no tuve culpa alguna en ello.

Esto me lleva a pensar que si uno acepta una situación, la acepta con todas sus consecuencias.
Si uno se casa, debería saber que habrá buenas y malas y regulares.
Pero si a la primera, se raja uno, condena a los hijos a vivir como vivimos nosotros: separados.

Somos tres hijos de ésa unión. Y los tres vivimos separados unos de otros.
Crecimos sin hermanos, sin padres. Siendo vistos como pegostes en una familia que nunca terminó por aceptarnos.
Algunos me llaman tía, otros me dicen prima. Mi abuelita nos decía hijas, pero a sus hijos les decimos tíos.
Tuve dos padrastros: Don Angel que era muy lindo conmigo, pero que no lo fué tanto cuando llegaron más hijos de mi abuelita y Don Pedrito que quería a mi abuelita para que lo atendiera, pero no a sus hijos con ella.

Tuve tres madrastras: una que me aceptaba a mí, pero no a mi hermana.
Otra, que aceptaba a las dos, pero nadamás una viviendo con ella.
Y la última, que quería a mi papá sólo para ella y sus hijos. Los demás éramos multitud.

Creo yo que el matrimonio es un compromiso que se contrae con la pareja, pero también con los hijos que nacen de ésa pareja.
Que si uno se casa, debe sabe que los hijos son resultado de ésa unión, pero además hacen más fuerte ésa unión. Son una hermosa cadena que mantiene unidos a una pareja con lazos más fuertes que el lazo que nos colocan cuando se casa uno por la Iglesia.

Cuando uno se casa, se intercambian anillos como símbolo del compromiso que se hace uno con el otro.
Se recibe de manos del esposo, las arras como símbolo del compromiso que hace la esposa para cuidar del dinero que le es entregado.
Se les une con un lazo que simboliza el amor de ambos. De ése amor nacen los hijos que unen mucho más fuertemente a una pareja.

En la actualidad, nada de éso tiene importancia.
Cristo dijo: "lo que ates en la tierra, será atado en el Cielo
lo que desates en la tierra, será desatado en el Cielo
".

¿Por quién es atado o desatado en la tierra? Por aquellos que Cristo mismo con el poder que le dió el Padre, designó para hacerlo.
¿Por quién es atado o desatado en el Cielo? Por Cristo mismo que mandó hacerlo como Dios Padre desde que formó al hombre y a la mujer designó. Ser dos en uno, tomada la mujer de la costilla del hombre o sea, parte de él.
El Padre le dió el poder a Cristo. Cristo es el Verbo o sea la Palabra de Dios hecha hombre. El Padre habló antes por una zarza ardiendo a Abraham, por medio de ángeles a los profetas.
Envió finalmente a su propio Hijo que es Palabra hecha carne. Lo que dice Jesucristo es lo que Dios le mandó decir a la humanidad.

Tal como envió a Jonás a los ninivitas. Jesucristo es más que Jonás. El es el Hijo de Dios, el Verbo de Dios hecho hombre.
En la actualidad, como en Nínive, se viven adulterios, las mujeres proclaman el aborto, se adoran dioses raros, existen chorrocientas de pseudo iglesias en donde se enseñan doctrinas raras y cada vez más.

Esas pseudoiglesias son nacidas de una gran ruptura hecha por Lutero. Cuando él se separó, varios lo siguieron. De ésa separación, han nacido todas las pseudoiglesias que existen en la actualidad.
Es como nosotros. Cuando mis papás se separaron, condenaron a sus hijos a vivir separados entre ellos, a vivir sin ellos, con nombres que ni siquiera es el suyo.
Por derecho, mi apellido no es el que llevo, sino el que mi abuelito le dió a su hijo, mi papá. Mi hermano lleva el mismo apellido, mi hermana lleva otro.
Vivimos cada chango en su mecate como se dice. Porque no podíamos vivir juntos, ya que nadie nos aceptaba juntos. Sólo mi abuelita nos aceptó, pero aunque nos trató como a sus hijos, ciertamente le daba preferencia a ellos antes que a nosotros.
Si había que limpiar, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si había que ir al mercado, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si había que levantarse de madrugada para ir a la Conasupo, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si sus hijos necesitaban a alguien para cuidar de sus hijos, nos mandaban a hacerlo.

Por supuesto que no culpo de ello a mi abuelita. Ella nos cuidó siempre. No tenía obligación de darnos lo mismo que a sus hijos.

Mis padres no estaban conscientes de lo que hacían.
No los culpo.

Mi papá quedó huérfano de padre y qué padre tuvo. Un verdadero hombre. Quedó huérfano a edad muy temprana. Mi abuelita lo dejó con sus papás, mis bisabuelos quienes lo quisieron y criaron como a nosotros. O sea, como hijo pero sin los mismos derechos que sus hijos. Aunque suene raro. si bien le dejó un terreno al morir, también es cierto que sus tíos se lo quitaron después.

Mi mamá fué hija de un matrimonio que se separó. Mi abuelita materna se juntó con otro señor. Tuvo otros hijos con él. Mi mamá es como mi hermana. La mayor de tres hermanos, hijos de padre y madre. Cuando se separaron sus padres, tuvo un padrastro.
Según supe después, no fué muy bueno con ellos.

Se juntó el roto con la descosida como se dice. Y por más que lo intentaron, no funcionó la cosa.

Cuando me llegó el momento de elegir el tipo de vida que iba a llevar, no dudé en casarme.
Definitivamente, quedarme soltera en casa de mi abuelita, no era lo más deseable. Ser la sirvienta con título de tía o prima, o sea, sirvienta sin sueldo, no era lo que alguien en su sano juicio, más quisiera.

No ha sido sencillo mi matrimonio. No he tenido apoyo de mis padres. Mis cuñados no alcanzaban a entender el porqué me acercaba tanto a mis suegros.
Finalmente, hemos tenido que vivir lejos de ellos. Y con ello, condenamos mi esposo y yo sin quererlo, a mis hijos a vivir con tíos y primos lejos. Es algo que no pude evitar. Luché con todo lo que pude, para evitarlo. Ayudé a mis suegros con todo lo que tenía a la mano, para ayudar a que mis hijos tuvieran una familia, tuvieran primos, tuvieran tíos, tuvieran abuelitos que los quisieran.

Es por ello, que me alegra ver a mi hijo casado, con un hijo y esperando otro. Ver que aunque han pasado buenas, malas y regulares, aunque viven lejos de nosotros, ven a mi nietecito crecer junto a amigos, con abuelitos, con primos y tíos.

Yo, al igual que Jonás, trato de evangelizar, trato de decir a otros lo que yo, lo que mis padres, lo que mis hermanos hemos vivido para que la historia no se repita. Para que haya cada vez más, familias que permanezcan unidas.

Mis suegros estuvieron juntos 50 años. Sus hermanos entre 40 y 60 años de casados. Yo fuí testigo de sus matrimonios. Su ejemplo era lo que me daba fuerzas para a mi vez, mantener mi unión matrimonial.

Me duele ver que ahora, sus nietos viven cambiando de pareja como de calzón, como diría mi suegra.
Me duele porque sé que a ellos no les gustaría verlos.
Ellos, en vida, trataron de darles un ejemplo, lucharon por mantenerse unidos a pesar de las muchas cosas que se soportaron mutuamente.
Mi suegra, con su sonrisa siempre, escondía dolores a sus hijos. Mi suegro, siempre trabajador, soportó mucho por ver a su familia junta.

Cada vez que me siento ganas de tirar la toalla, miro el retrato de mi suegra que tengo en un lugar bien visible y me pregunto ¿qué haría ella? Sé que yo no soy ella, ni tengo el carácter de ella, por lo tanto, no puedo hacer las cosas del mismo modo porque no son mis modos, pero sí tomo su ejemplo de fortaleza. Y trato de ser paciente como ella lo fué.

La sonrisa sí me cuesta jeje. Tengo cara de sargento mal pagado desde que nací jeje. Alguna vez leí lo que puso una persona cuando me entrevistó para un trabajo. Como trabajé en el archivo de personal, tuve acceso a mi expediente.
Decía "tiene una actitud seria y atenta". Esa soy yo. La sonrisa me cuesta, pero soy seria y procuro estar atenta.

Mi abuelita me decía: "come, no tires la comida a la basura. Hay muchos niños que no tienen qué llevarse a la boca".
Me lo decía cuando ponía cara de fuchi al ver lo que ponía en mi plato. A veces eran tripas de pato, aveces hígado (como lo guisara, encebollado o en chile pasilla no me gustaba mucho) aveces nos hacía ubre de vaca.
Me encantaban otras cosas como las alcachofas que no se consiguen tan fácilmente. O el pan de dulce, especialmente los hechos con masa de hojaldre que eran más caros

Me gustaban muchas cosas que ella no podía comprar.
También me decía "ay, hija. Ibas para rica, pero en el camino te desfundaste" para decirme que no fuera presuntuosa, que no todos tenían jabón para bañarse como yo, aunque fuera detergente para ropa. Ni papel higiénico, sino periódico o el papel de los cuadernos del año anterior que nos servían cuando íbamos al baño.

O cuando pedía baños en regadera, como en el internado. Nosotros nos bañabamos a jicarazos o a "mentadas de madre" como decía mi hermana, jaja.

O cuando había que ir al excusado de mi casa, que estaba estrellado de un lado y se salía el agua por ahí.
Un día se rompió y un viejito medio borracho que vivía con nosotros en ése tiempo, trajo uno que se encontró quiensabe dónde. Ese estaba peor. No estaba estrellado, estaba roto de un lado. Y si no tenía uno cuidado al echarle el agua con la cubeta, se salía el contenido del excusado.

O me decía "limpia puerca" porque me cambiaba cada vez que iba a la tienda o a un mandado. Teníamos dos pares de calcetas y dos calzones para mi hermana y para mí. Si no lavábamos nuestras calcetas y calzones en la noche, no teníamos para el día siguiente qué ponernos. Así que varias veces, lavaba mis calcetas a la mera hora que me mandaban a la tienda, me las ponía mojadas y los calzones también.

Alguna vez, me puse los calzones de mi abuelita. Me quedaban gigantes, me los amarraba con un lazo o con un alfiler. Se me caían si se safaba el alfiler o se zafaban del lazo. Si se daba cuenta mi abuelita, me regañaba y me decía así.

También me llamaba la atención cuando pasaba sin ver. "Ay, mi hijita. Tú pasas y no recoges la basura que pisas". Y si volteaba, veía algo tirado.
Eso me hizo vivir alerta, vivir atenta. Gracias a éso, una vez me encontré 10 pesotes del tiempo en que se podía comprar 10 centavos de sopa o por 10 centavos, me daban 3 dulces.
Me puse muy alegre y me hice el propósito de dárselos a mi abuelita que siempre andaba tronándose los dedos. Pero... se lo conté a mi hermana, que junto con su amiguita, me engatuzaron. Me encantaban los jarritos y cazuelitas de barro para jugar. Y no podía comprarlos. Mis platitos eran hojas de los árboles y mis vasitos eran hojas de cuaderno hechas cucurucho. Asi que me dijeron que iban a ir al mercado. Mi hermana hacía los mandados de varias personas.

Me dijeron que me iban a comprar unos jarritos y cazuelitas para jugar y me darían el cambio. Pues si me dieron los juguetitos, pero no el cambio. Me dijeron que al contrario, les debía yo porque habían tenido que poner de lo que ganaban haciendo mandados.
Eran re canijas las dos. Los juguetitos no les costaron ni un peso, como después me enteré cuando fuí al mercado con mi abuelita.

Así aprendí a poner atención en los precios y en los cambios, para que no me vieran la cara de sonza.

Si por mí fuera, mi abuelita se hubiera tronado los dedos todo el tiempo. Pobrecita si hubiera tenido que atenerse a mí. Como me dijo un día en que le pregunté porqué vivíamos con Don Pedrito.
Me contestó: "ay, mi hijita. Si tú me vas a dar casa donde vivir y me vas a cooperar para la comida, nos cambiamos ahora mismo"
No volví a preguntarle nada.

Primera lectura
Jonás 3, 1-10

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: "Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar".

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: "Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos".

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 12-13. 18-19

R. (19b) A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Aclamación antes del Evangelio
Joel 2, 12-13

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor.
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí,
que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y comenzó a decirles: "La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".


Cuando nos enojamos con Dios

Por Laura Aguilar Ramírez

Esta mañana me levanté tarde. Me está costando trabajo volver a la rutina después del tiempo de invierno en que hacía tanto frío en mi casa, tanto que parecía congelador. El invierno fué muy duro, con temperaturas muy bajas.

Eso me lleva a lo difícil que es remontar alguna circunstancia difícil en la vida. Lo más sencillo es culpar a otro, lo más fácil es tomar cualquier pretexto para seguir un camino equivocado.

He hablado poco de Don Pedrito. Esa persona fué muy difícil de tratar. No quiero juzgarlo porque sólo Dios conoce su corazón y yo no sé si se arrepintió o no, pero por lo pronto fué un gran obstáculo.

Alguna vez me pregunté porqué mi abuelita accedió a vivir con él.
He llegado a la conclusión de que se dejó engañar por él.
Recuerdo perfectamente el día en que lo ví por primera vez. Vivíamos en un cuarto que nos prestó una tía, hermana de mi abuelita. Otra tía se encargaba de darnos de comer y de echarnos un ojito de vez en vez.
Yo esperaba con ansías el momento de ver aparecer a mi abuelita por la calle. La ventana del cuarto daba exactamente a la calle, desde ahí se veía la entrada del callejón. Era mi sitio preferido.
Desde ahí podía ver cuando llegaba mi papá, cuando llegaba mi abuelita del trabajo. Veía llegar a mi tía de la escuela.

Ese día, ví venir a un señor corriendo, tenía los ojos desorbitados. Tocó en nuestra casa y salí a abrir porque nuestro cuarto estaba a dos pasos de la puerta de entrada y era algo que me tocaba hacer: abrir la puerta a quien tocaba. Debía fijarme antes de hacerlo y preguntar quien era, qué quería, etc. Tenía 8 años en ése entonces y me habían dado ésa responsabilidad.

Preguntó por mi abuelita, me dijo que era un compañero de trabajo. Mi abuelita estaba con mi tía. Era sábado y no trabajaba. Fuí a decirle quién era y lo dejó entrar.

El señor decía "me quieren matar, me quieren matar". Mi abuelita me mandó con mi tía y no supe qué más hablaron, pero al día siguiente me llevó mi abuelita a una casa en la colonia vecina. Eran 3 habitaciones grandes, una pequeña cocina y un patio chico. Se entraba por un pasillo.
Era oscura. Los pisos eran de madera y las paredes eran muy altas. No me gustó. Tenía cortinas de terciopelo guindas. Los muebles eran de buena calidad.
Mi abuelitia vendió entonces el terreno por el cual había tenido problemas con mi papá. Ese terreno se lo dejó su abuelo a mi papá. A mi abuelita no le había dejado nada porque ella no era muy obediente. Le perdonó que se hubiera ido con mi abuelito sin casarse, la aceptó cuando regresó con mi papá pequeño, le dió su apellido y cuidados al niño. Mi abuelita encontró a otro señor y se fué con él, tuvo dos hijos, pero no funcionó la cosa y regresó.
Después se fué con un hombre casado y ´pretendió que la recibieran de nuevo. Mi bisabuelo ya no la aceptó. Ella se dió la vuelta y se fué muy ofendida. No fué fácil su vida, pero nunca regresó a pedirle perdón a su papá. El murió y ella no regresó.

Mi papá había quedado con sus abuelos quienes lo criaron como a un hijo más. Al morir, su abuelo le dejó un terreno, pero como no había hecho testamento (en ésos tiempos, bastaba la palabra) sus hijas pusieron el terreno a nombre de mi abuelita. Y ella dejó a dos de ellas vivir en el terreno con viviendas que su padre había usado para rentar. Mientras, construían en sus respectivos terrenos que les había dejado su padre.

Mi papá no las hubiera dejado vivir ahí. Pensaba seguir rentando las viviendas. Aprovecharon que era marinero y tenía que ausentarse porque vivía en Acapulco.
Mi abuelita vendió ése terreno a otra de sus hermanas, cuya hija se iba a casar.
Contado así, mi abuelita aparece como la mala del cuento, lo cierto es que pretendía evitar problemas entre sus hijos. Mi papá no era muy querido por sus hermanos.
Uno de ellos, se había casado y vivía en otros cuartos junto a nosotros y deseaba el terreno. Hubo una discusión entre ellos a causa de éso.

Total. Que mi abuelita vió una oportunidad de tener por fin casa. El señor le propuso irse a vivir con él. Era soltero, su mamá había fallecido hacía poco.
Trabajaba en la misma fábrica y parecía un buen hombre. Trabajador y responsable.

Así llegamos a su casa. Con el dinero de la venta del terreno, mi abuelita hizo en el patio la cocina, con láminas transparentes para que entra luz y calor. Mandó poner cemento a los cuartos, excepto el de don Pedro porque él no quiso.
Ese piso debió salir bien caro, porque tenía como medio metro de espesor. Mandó arreglar el techo que era de mampostería, puso castillos para reforzar las paredes que eran de adobe recubierto con cemento. En fin. La casa ya no se veía tan mal. Hasta bonita se veía. Entraba el sol por las dos ventanas, por un tragaluz del cuarto donde dormíamos y por el techo de la cocina.

En el pasillo, había una breva que siempre estaba verde y daba higos verdes que no servían para comer como fruta, sino para hacer higos en almibar, había botes con azucenas que la mamá de Don Pedrito sembró y cuidó y que después cuidé yo.

El terreno lo habían comprado a medias con un vecino. En el frente vivíamos nosotros y en la parte de atrás el vecino con su familia. A mí me caían bien las vecinitas. Eran varias hermanas y varios hermanos. La señora era muy amable, al señor lo conocí poco. Casi no salía de su casa.

Pues bien. Según decía Don Pedrito, aprovechando que él trabajaba y que su mamá también lo hacía, el vecino agarró un metro del terreno de él. Ese fué el pleito durante todo el tiempo que vivió ahí.

Don Pedrito era homosexual. Su mamá tenía problemas con él por ésa causa. Además era medio maniático.
Me contaron mis vecinitas que una vez la señora salió corriendo y Don Pedrito la corretió por el pasillo. Como le gustaba aparentar lo que no era, no la siguió más allá de la puerta.

Me dijeron también que seguido oían a la señora llorar o los escuchaban discutir. Como niñas fantasiosas, me dijeron que él la había matado. Eso no lo sé, ni me atrevo a asegurarlo.

Lo cierto es que no era buena persona. Recuerdo muchas ocasiones en que vimos ésto.
Por ejemplo, en una ocasión en que mi abuelita había ido al rancho a ver a su comadre, nos quedamos con él. El señor acostumbraba ir los sábados al baño. En la casa no teníamos regadera y él se iba al vapor, no se bañaba en la semana.
Ese día llevó a un hombre, lo sentó a la mesa y le servimos de comer.

Don Pedrito lo trataba muy mal. Tenía el salero a su alcanse, pero le pedía al señor que se lo diera. También que le sirviera su pulque que tomaba todos los días y lo hacía con malos modos.

Al llegar la noche, lo acostó en su cama. En nuestra recámara se oía cómo tenían relaciones pero don Pedrito lo maltrataba. Fué una noche terrible.

Mi mamá llegó al otro día y al enterarse de lo sucedido, tomó un cirio gigante, lo llevó a la recámara de don Pedrito, lo encendió mientras rezaba. Don Pedro se enfureció y discutieron muy feo. Nos corrió de la casa.

Nos fuimos con mi tío, hijo de mi abuelita que vivía cerca. Ahí estuvimos algunos días. Don Pedro fué, le rogó a mi abuelita, le prometió no volver a llevar a ningún hombre a la casa. Regresamos. El cumplió, pero creo que nunca nos perdonó.

Esa fué una de las razones por la que su mamá discutía con él. También a ella le llevaba hombres a la casa. Debió sufrir mucho doña Goyita con su hijo. A ella no la conocí obviamente. Pude vislumbrar su vida através de sus pertenencias. Tenía buen gusto en vestir. Tal vez fué de una clase superior por los vestidos que ví de ella y por los muebles y objetos que llegué a ver alguna vez hurgando en sus roperos.

Supe que en una guerra, ella salía a buscar alimento para su hijo entre las balas. Sólo conseguía frijoles con gorgojos aveces. En la casa había dos grandes cántaros donde cultivaba vinagre que vendía. También cultivaba búlgaros y los vendía. Era una mujer emprendedora y de buen carácter según nos decían.

No sé más de la señora. Supongo que era creyente, porque tenía varios cuadros de santos que Don Pedrito puso en las paredes del comedor-sala. Antes estaban en la recámara que compartían los dos.
Según supe, él estuvo en un Seminario durante algún tiempo por deseos de su mamá. Pero obviamente, no duró mucho por ser homosexual, cosa que escondía.

Al principio que llegamos, él iba por su pulque después de salir del trabajo. Pero después, nosotras fuímos las encargadas de ir por su pulque. Recuerdo que mi hermana era la que iba o alguno de mis tíos, pero también me tocó hacerlo. Me paraba afuera y me lo despachaban por la ventanilla.

Odiaba los momentos de comida. El señor se tomaba sus pulques y empezaba a decir groserías e improperios a los vecinos. De su boca salían verdaderas víboras. Yo nunca había escuchado tantas cosas, acusaba a la señora de acostarse con su hermano, de ser una... y al señor también.

Mi abuelita le prohibió hiciera tales cosas estando nosotras en la mesa. Entonces tomó la costumbre de salir al pasillo y gritarle lo mismo a los vecinos. Era horrible escucharlo.

En las mañanas había que sacar su basinica para volcarla en la coladera del pasillo y había que enjuagarla. Olía a pulque. Era repugnante. Durante años culpé a un tío de sacarle las monedas de una alcancía a mi otro tío. Ahora dudo si no fué Don Pedrito quien lo hacía.

Cuando tuve 11 años, me gané un viaje a Estados Unidos. Ahí hicimos intercambio de regalos con los grupos. Reresé con perfumes, cremitas, escudos, en fin, cosas así que me regalaron.
Todas desaparecieron. También desapareció un Biblia ilustrada que mi tío le compró a mi abuelita, muy bella. Y unos libros de cuentos que nos compró a mi hermana y a mí.

El tenía un mueble grande al lado de su cama y lo conservaba siempre cerrado con llave. Un día, mi hermana cansada de que la culpara de robarse todo lo que se desaparecía, encontró la manera de abrir el mueble y ahí había varias cosas desaparecidas.

Terminó la discusión con la ida de mi hermana a casa de mi papá y su esposa. Don Pedro se enfureció tanto que la corrió.

Sinceramente, yo no batallé tanto con él como mi hermana. Yo estuve en el internado desde los 8 años hasta los 12. Cuando mi hermana se fué a vivir con mi papá y yo regresé del internado, él todavía trabajaba y yo evitaba en lo posible, toparmelo.

En las vacaciones escolares era cuando había que soportarlo.
Debido a su obsesión de que el vecino le había robado un metro de terreno, se llevó años con un licenciado que le iba a arreglar su asuntito. Acompañé varias veces a mi abuelita con el dichoso licenciado. Mi abuelita le daba por su lado.

En otra ocasión, se encontró con una de las hijas de la vecina, golpeó con la garrafa de pulque porque ella le contestó cuando empezó a insultarla. Se resbaló y se cayó al piso. Pero alcanzó a darle con la garrafa en la cabeza a la muchachita.
Un vecino llamó a la policia porque a la muchachita se la tuvieron que llevar al hospital para coserle la herida. Se lo llevaron a la cárcel, le pusieron una multa y le prohibieron acercarse a los vecinos con pena de volverlo a encarcelar.

Ese fué el fin de los gritos a los vecinos. No volvió a salir al pasillo a insultarlos. Pero no dejó de hacerlo, se metía al baño y ahí los insultaba.

Cuando se jubiló finalmente, nos dijo: "yo me jubilé para descansar". Y realmente lo hizo. De por sí nunca hacía nada, sólo sabía mandar, se le tenía que dar casi casi todo en la mano, le tenía que quitar las cejas blancas cuando se le daba la gana.

Primero se levantaba para sentarse a la mesa y ver la tele. Poco a poco, hubo que llevarle las comidas a la cama junto con su pulque.
Terminó por no querer levantarse, se le tenía que dar de comer en la cama y levantarle la basinica porque ya ni al baño se levantaba.

En ése tiempo, regresé a casa de mi abuelita con mi esposo y mi hijo. Me hice cargo de él. Ya no se podía levantar de la cama sin ayuda y había que bañarlo en una silla. Yo lo bañaba. Mi abuelita ya no le daba el pulque, se lo revolvía con agua.

Mi abuelita acondicionó la vivienda en un terreno que había comprado y se llevó a Don Pedro con ella.
Cuando mi mamá vendió la casa para irse al terreno, se la vendió a la vecina. Para ése entonces, su esposo se la pasaba acostado igual que don Pedro.

Mi abuelita se había casado con Don Pedrito por lo civil. Lo hicieron después de la vez que le prendió un cirio pascual y nos corrió y depués volvimos por sus ruegos. Lo hizo por la casa. Porque para ése entonces, sabía que de otra manera, la dejaría en la calle.

Así que ella se hacía cargo de cobrar la jubilación de Don Pedrito y vendió la casa. El ya ni rechistaba.

Mi abuelita se hizo cargo de él hasta su muerte. No debió ser fácil hacerlo en el terreno. Ella no podía cargarlo para bañarlo, le ponía la basinica, pero él se orinaba y hacía del baño sin avisarle. Mi abuelita tenía que lavar las sábanas y las cobijas a mano porque no había luz ni agua corriente, sino había que sacarla de una cisterna.

Recuerdo que mi abuelita llamaba al sacerdote que iba a confesarlo y a darle la comunión. Aveces iba la Ministra de la Eucaristía. En el terreno, mi abuelita le leía la Biblia y se ponía a orar con él. El le seguía la corriente seguramente y rezaba con ella, pero no cambiaba.
Se seguía orinando y haciendo del baño en las sábanas para que mi abuelita las lavara.
Al final, sólo movía la mano con la que se llevaba la comida a la boca. Lo demás no se movía.

Yo recuerdo una noche en que mi abuelita no estaba, una mano peluda me despertó. Recuerdo que desperté y la agarré para evitar tocara mi cuerpo.
Mi abuelita puso una tabla tapando la entrada que comunicaba nuestras dos recámaras y también la puso en un arco que había entre ellas. Empecé a dormir con un cuchillo bajo la almohada por si volvía la mano peluda. Dudo que tuviera fuerzas para usarlo sin que me temblara la mano.

Otra noche entró por la recámara al baño. Yo dormía con mi abuelita en la litera de abajo. Ese día no estaba ella y dormí sóla. Entró don Pedrito y se me quedó mirando con una mirada tan burlona y malvada que me dió miedo.

Otro día en que estábamos sólos, yo me fuí a la cocina para no estar con él en el comedor donde siempre estaba. Me puse a lavar unos trastes cuando de pronto, lo sentí a mi lado, volteé y volví a ver ésa mirada burlona.
Salí corriendo y él sólo se reía.

No era bueno Don Pedrito. Dudo que cambiara. Podía avisar para que le pusieran la basinica, pero no lo hacía.

En fin. Si he conocido a alguien no bueno fué a él.

Pero Dios toma hasta de lo malo, para sacar algo bueno. Nunca he sido floja. Cuando me da flojera levantarme, recuerdo a Don Pedrito y se me quitan. Recuerdo que pasó años acostado en una cama donde se llagó.

También aprendí a ser más paciente, a soportar a otras personas y sus defectos. Nadie como él.

Empecé diciendo lo difícil que es remontar los obstáculos, fácilmente encontramos excusas para hacer lo indebido. Don Pedrito encontraba ésa excusa fácilmente. Culpaba al vecino de algo que tal vez hizo, pero él lo tomaba para disculpar su mal proceder

Tenía imágenes de santos, pero no vivía santamente.
Oraba con mi abuelita, seguramente para que lo dejara en paz, pero no cambiaba
Se confesaba porque le llevaban al sacerdote, pero ignoro si lo hacía con el corazón, porque no ví cambio en él

Recuerdo que le gustaba perfumarse. Usaba colonia muy conocida que no es barata.
Usaba jabones olorosos, tampoco baratos. Nosotros nos bañabamos con jabón de ropa o con detergente para ropa.

También había que darle sus gustos.
Aveces le decía a mi abuelita que se le antojaba comer hongos o barbacoa o cosas así. Pero le gustaba que fuera de lugares lejanos. Había que levantarse de madrugada para ir a donde él decía se comprara.

Mi abuelita decía que Don Pedrito me quería mucho, yo lo dudaba. Mi abuelita siempre encontró motivos para disculparlo. Seguramente nunca vió sus miradas ni su sonrisa burlona

Recuerdo que íbamos al panteón a llevarle flores a la tumba de su mamá. Era una fosa de perpetuidad como eran antes. Pasábamos todo el día en el panteón, ahí comíamos y jugábamos. Fuimos mientras éramos niñas, después se dejó de ir. El ya no lo pedía. Sólo como dos años lo hizo.
Nunca lo ví ir a misa, ni siquiera lo vía persignarse ante el Divino niño que tenía en su casa. Le gustaba tenerlo cubierto con un capelo transparente y que se le pusieran flores y se le encendieran velas, pero no oraba ante él ni se persignaba siquiera.

Y sin embargo, insistía en que fuéramos a la misa.

Eran desconcertantes ésas maneras. Yo pienso que era "para tapar el ojo al macho" sólamente.

Pero para mí la pregunta era: ¿porqué mi abuelita aceptó vivir con él?
Ahora creo entenderlo.
Cuando mi mamá nos dejó con ella, vivía en una casa grande, la señora era su amiga. Estaba enferma de cáncer. Mi abuelita la cuidó y a sus hijas que la querían mucho.
Antes de morir, le dijo que se casara con su esposo. Ella había dejado de ser su mujer hacía mucho. Era bueno y sus hijas la querían. Mi abuelita junto con nosotras vivía bien ahí. Nos querían.
Nunca le pregunté porqué nos fuimos de ahí.
Don Angel fué muchas veces a vernos, a verla a ella, con la esperanza de que regresara. Todavía al principio de que nos cambiamos con Don Pedro iba. Mi abuelita se empecinó en quedarse con Don Pedrito. El todavía no se quitaba la máscara.

Don Angel dejó finalmente de ir por ella. Cuando Don Pedrito empezó con sus cosas, ella regresó a su casa a ver a las niñas, pero él se había casado con una mujer más jóven que él y sus hijas la aceptaron.

No queriendo juzgar a mi abuelita, pienso que le hizo a la torera muchas veces en su vida. Dios le envió varias veces a personas que le ayudaran, puso en su camino distintas oportunidades, pero ella hacía "ole" y se las pasaba a sus amigas.

Conoció a un señor dueño de un rancho que la vió y se acercó, pero ella hizo "ole" y se lo dejó a su amiga.
Conoció a otro señor, separado de su mujer que se acercó a ella, pero terminó por decirle "ole" y dejarselo a otra.
Conoció a un español que le hizo la corte, pero ella le hizo "ole" y se lo dejó a una amiga.
Una vez, le ofrecieron un terreno cerca de una fábrica en Nanacamilpa. Bonito, tranquilo lugar y le hizo "ole" y se lo dejó a su hermana.
El terreno de mi papá se lo peleaban sus hermanas a mi padre y ella aceptó que lo pusieran a su nombre y terminó vendiéndoselo a otra hermana.

Mi abuelita tenía fé ciertamente, nos enseñó a pedirle a Dios, confiaba en su Providencia, pero cuando Dios le enviaba, se lo pasaba a otros.
Finalmente se quedó con Don Pedro alguien que era bueno, porque mi abuelita era muy noble y caritativa, pero pecaba según yo veo.
En el peor pecado a mi entender: en no agradecer lo que Dios nos envía y dejárselo a otros.

Recuerdo aquí cuando Pedro le preguntó a Cristo qué sucedería con Juan (Juan trabajaba con él y seguramente lo apreciaba) Cristo le contestó que lo siguiera y no se preocupara por Juan.

Dios tiene una respuesta para cada uno de nosotros, pero hay que abrir los ojos para no ponernos a dar pases si no sabemos torear. Hay que creer en Dios, pero sobre todo, creerle a Dios.

Mi abuelita se había enojado con Dios cuando mi abuelito falleció, se enojó con la familia de mi abuelito también. Terminó por no regresar con su padre ni para pedirle perdón.

Tuve la dicha de verla regresar a la Iglesia. Al final, ya no hallaba la manera de enderezar el camino.

Empezó a ir a misa los domingos, a leer la Palabra de Dios, a rezar con nosotros, a hacer que la oyéramos cuando rezaba y leía la Biblia. Veía a sus hijos empezar a tomar malos pasos algunos y desde que encontró el camino, no lo abandonó.

Ni sus gritos, ni sus golpes, ni todo lo que nos regalaba, hicieron que sus hijos se enderezaran.
Cuando dejó de hacer todo éso y empezó a pedirle a Dios como Dios manda, empezó a cambiar su vida y la nuestra.

Ese es para mí lo importante de éstos recuerdos.

Y viendo las lecturas de hoy, en donde Jesús enseña el Padrenuestro, no veo otro ejemplo más bello que el de mi abuelita, una mujer que amaba mucho, pero no siempre hacía lo que Dios deseaba para ella.
Creo que sufrió mucho más de lo que debía, por necia. Perdón, pero no encuentro otra palabra mejor. Gracias a Dios volvió al camino.

Primera lectura
Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor: “Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión”.

Salmo Responsorial
Salmo 33, 4-5. 6-7. 16-17. 18-19

R. (18b) El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Proclamemos la grandeza del Señor,
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres,
y los libra de todas sus angustias.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Los ojos del Señor cuidan al justo
y a su clamor están atentos sus oídos.
Contra el malvado, en cambio, está el Señor,
para borrar de la tierra su recuerdo.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Escucha el Señor al hombre justo
y lo libra de todas sus congojas.
El Señor no está lejos de sus fieles,
Y levanta a las almas abatidas.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Aclamación antes del Evangelio
Mateo 4, 4

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Mateo 6, 7-15


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes, pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.