Alguna vez escuché de alguien: "escuhando a ésta compañera, sentí que me movían el piso" o "no tiren piedras".
Con las lecturas del día de hoy, me sucede éso mismo.
Cuando uno es hija, obedecemos a nuestros padres, por lo menos yo, lo hacía. Pero a diferencia de ser esposa, yo no elegí a mis padres. Elegí a mi esposo de entre otros que conocí.
Recuerdo aún el día de nuestra boda. Una vez le dije a mi suegra: "para la otra, yo la organizo". Y es que yo no decidí ni la Iglesia, ni el salón, ni elegí a las madrinas, ni nada. Sólo me ocupé de acondicionar el departamento que elegimos para vivir, compré cortinas, hice mis sábanas. Yo me preocupaba por tener un nido donde hacer nuestro hogar.
Para mí éso era lo importante.
Eso de la boda civil y la boda religiosa, sinceramente, no me interesaba. Nos casamos por la Iglesia porque mi abuelita me lo pidió y se hizo fiesta porque mi suegra así lo quiso.
Y como para casarse por la Iglesia, nos pedían ser casados por el civil, pues lo hicimos.
Ahora sí que "hágase la boda, que yo doy el maiz" como dice la canción del piojo y la pulga. Nuestros padres pidieron boda y boda tuvimos. Pero a diferencia del piojo y la pulga, pidieron, pero no cooperaron.
Mi abuelita pidió boda religiosa y no fué ni a la civil ni a la Iglesia. Mi hermana consiguió que el sacerdote de la Parroquia donde ella vivía, nos casara. Consiguió nos alquilaran un salón para la fiesta. Salón que nosotros pagamos.
Para la fiesta, nosotros compramos toda la bebida, los adornos para el salón, etc. etc. Y otros se encargaron de invitar gente.
Mi abuelita quedó de hacer mole y mi suegra de llevar hojaldras. Mi hermana me sugirió hacer ensalada rusa o sea de pollo con verduras, mayonesa y crema. Y así lo hice.
Pero a la hora de la fiesta, nadie había para preparar las hojaldras con mole. Menos para servirlas.
Las madrinas se ofrecieron ellas mismas y eran de la familia y a la mera hora, no llegaron a la misa. Por poco nos casamos sin ramo, sin corona, sin lazo y sin anillos. De hecho, nos casamos con ramo y corona prestados.
Después nos preguntaban ¿adonde se fueron de luna de miel?
Nadamás porque soy prudente, si no, les aventaba un plato en la cabeza. Con lo que se recaudó en la fiesta, y que normalmente se utiliza para el viaje de luna de miel, tuvimos que pagar a los músicos que ya habíamos pagado, pero que no llegaron. En lugar de un conjunto, llegaron dos muy buenos, pero que se contrataron a la mera hora. Y por supuesto, lo que se había dado para pagar el conjunto, desapareció.
Además en el trabajo, sólo me dieron tres días para la boda. Tenía poco tiempo en el trabajo y por supuesto, no me daban una semana de perdis para la luna de miel. Como nos casamos de carrerita porque estaba embarazada, todo se hizo al vapor.
Avisamos de mi embarazo en Enero y en Abril ya estábamos casados.
Así que no deseaba fiesta, quería utilizar ése dinero para acondicionar el departamento que rentamos. No teníamos nada. Sólo compramos la recámara. Gracias a Dios nos regalaron de mi trabajo, una estufa. Si no, ni en dónde cocinar hubiéramos tenido. En la boda, nos regalaron una vajilla y vasos, pero no cubiertos ni licuadora, ni cacerolas.
Mi abuelita nos regaló una sala usada que tuvimos durante 11 años. Una tía nos prestó una mesa y dos sillas, que tuvimos que regresar después. Comíamos en nuestra vajilla, pero con cubiertos de plástico.
Mi abuelita me acompañó a comprar tela para mis cortinas y sábanas que hice yo misma.
No acondicionamos un lugar para el bebé que esperábamos, ni compramos ropita para él, no como yo hubiera deseado. Le cosí pañales con la máquina vieja de mi abuelita, compramos algunas prendas y nadamás.
Así que yo no deseaba fiesta. Pero se hizo y por éso no tuvimos luna de miel, pero tampoco me importaba éso, porque ni siquiera teníamos tanque de gas. Los primeros días como yo trabajaba cerca de mi abuelita, comía con ella y cenábamos flautas que vendían abajo del departamento y comíamos en el mercado los domingos.
No era ciertamente, la manera en que deseaba casarme, es más, ni deseaba casarme. Quería tener una familia nadamás.
Ahora agradezco haberme casado por la Iglesia y por el Civil, pero yo hubiera organizado mi boda, jeje. Y la hubiera organizado después de nacido mi bebé para dedicar el dinero a acondicionar mi hogar y preparado un lugar para mi bebé.
Pero bueno... tampoco culpo a nadie. Ni siquiera conocía a la familia de mi marido. Sólo los había visto dos veces: en un fiesta a lo lejos, pues ni siquiera me los presentaron. Y después en una cena navideña a la que me invitaron.
Tuvimos año y medio de noviazgo y no conocía ni a su familia. El conocía a mi abuelita, a mi hermana, a mi tía y sobrinos, pero no a mi papá.
Como él vivía con su esposa, no le notifiqué de mi boda. Cuando fueron a pedir mi mano, lo hicieron con mi abuelita. Mi papá se enteró por su esposa y su esposa por mi hermana.
Así de buenas eran las relaciones con nuestras respectivas familias. Ni mi esposo vivía con sus papás, y yo menos. Yo vivía con mi abuelita desde los 9 meses de nacida.
A la boda, asistieron los hermanos de mi suegra y algunos primos de mi marido. De mi lado, sólo recuerdo a mi papá sin su esposa, porque no le mandé invitación para el salón, Su esposa sólo fué a la boda religiosa.
Por ésos días, habían llegado sus compadres de Acapulco y los boletos para la fiesta de mi hermana y mi cuñado, los usaron ellos.
La mayoría de las invitaciones para la fiesta, se repartieron entre la familia de mi esposo. Para mi familia, mi abuelita casi casi me apunta con una pistola para que le diera algunas, muy pocas. Tan pocas que sólo fueron 7 boletos de los 100 que se repartieron.
Desde el momento que decidí casarme con mi esposo, acepté muchas cosas como ésas. Creía lo que dice la primera lectura: al pasar a ser esposa o mujer de alguien, aceptaba también sus decisiones. Así ha sido en todo nuestro matrimonio.
Por supuesto que no como los borregos al matadero, siempre he dado mis opiniones, mis puntos de vista, he dado soluciones que a mí me parecen, pero mi esposo ha tenido siempre la última palabra.
Alguna vez mi suegro me dijo que me había casado con mi esposo, no con su familia. Y es cierto, pero según las costumbres de mi familia, la esposa pasa a ser parte de la familia del esposo.
Mi abuelita me dijo siempre que mi esposo me pusiera casa. Es decir, que él sería el cabeza de mi familia.
A partir de nuestra boda, pasamos la mayor parte, con la familia de mi esposo. De mi familia sólo visitábamos a mi abuelita, a mi hermana y ya.
Tengo gracias a Dios, una familia grande, hermanas de mi abuelita, primos, tíos, sobrinos, pero al casarse, uno pasa a ser parte de la familia del esposo.
Siempre recibimos ayuda de mi familia. Mi abuelita nos tuvo en su casa por 3 años, en una mala racha, mientras se nivelaba nuestra situación.
Ella pensaba vender la casa, pero esperó a que nos niveláramos para hacerlo. Ella vivía en un terreno, así que vivimos sólos, no pagábamos renta, pero sí agua y luz.
Antes, habíamos vivido un año con mi papá, en una vivienda que nos prestó.
Cuando nos casamos, yo trabajaba. A los meses, dejé de hacerlo porque sólo estaba cubriendo una incapacidad. Como estaba embarazada, no me extendieron el plazo.
Así que tuvimos que dejar el departamento porque era caro y al no trabajar yo, ya no alcanzaba. Mi esposo aún estudiaba y pagaba colegiatura. Mi abuelita nos ayudaba con los alimentos: desayuno, comida y cena.
A los pocos días de nacida mi hija, regresé a trabajar.
Las mujeres de mi familia no trabajaban, se dedicaban a su hogar, su esposo y sus hijos. Trabajábamos sólo de solteras, si acaso. Y en casa, si necesitábamos apoyar a nuestro esposo.
En su familia, mi suegra tampoco trabajaba, se dedicaba a su familia. Sus hermanas también vivían de ésa manera.
Casualmente, la familia de mi suegra y la mía, proceden del mismo estado y por lo tanto, tenemos más o menos, las mismas costumbres.
Pero ya las hermanas y primas de la familia de mi esposo no vivían de la misma manera que sus padres. A diferencia de las mujeres de mi familia.
Creo yo, que ése fué el principal problema en nuestro matrimonio. Mi esposo por ejemplo, me consiguió trabajo a los 15 días de nacida nuestra hija.
Acepté trabajar, pero no sentía que fuera necesario. Teníamos ayuda de mi familia para que él estudiara. Una tía abuela nos rentaba muy barato, Mi abuelita nos daba los alimentos. Prácticamente mi esposo sólo trabajaba para él y su escuela.
Yo empecé a hacer manualidades para vender. Después, una prima me dió trabajo en casa empacando medicinas. Empecé a ayudar a la casa sin salir de ella, como se acostumbraba en mi familia. Empecé a guisar en mi casa y mi abuelita dejó de darnos de comer.
Tal vez el hecho de haber sido criada por mi abuelita y no por mi mamá, influyó en mi manera de ver las cosas. Desde que me case, he tratado de evitar el trabajar fuera de casa para cuidar de mis hijos y de mi casa. Como dice el refrán "a ojos del macho, engorda el caballo", pues yo me la apliqué a mí como mujer "a ojos de la madre, crecen los hijos".
Yo recuerdo varias veces en que estuve enferma de niña y la pasé sóla porque mi abuelita trabajaba. Recuerdo que llegaba a la casa vacía y comía sóla en la secundaria.
Recuerdo en otra ocasión en que regresé del trabajo con dolor de oído y no había nadie.
En cambio, mi papá vivía con su mujer que no trabajaba, vivían de lo que él ganaba y ella cuidaba.
Mi mamá se fué porque no le alcanzaba. Su segunda mujer se fué por la misma razón. Discutían porque ella quería más dinero. De hecho, cuando se fué, entró a trabajar que era lo que deseaba. Mi papá no quería que trabajara, para que no descuidara a sus hijos.
Tenían 4 hijos, con lo que mi papá podían vivir cómodamente, pero a ella no le bastaba.
Con su tercera mujer, pasó más o menos lo mismo. Ella trabajaba con su papá en una tienda de su propiedad cuando soltera. Vivían en un departamento grande según nosotros, mi papá trabajaba su propio taxi, les alcanzaba para vivir bien y salir de paseo. Pero no le gustó.
Tarde o temprano, le pidió a mi papá que le pusiera una tienda. El compró un terreno y construyó una casa donde pusieron la tienda. A mi papá no le gustaba, pero le dió gusto.
El siguió trabajando en el taxi. Ella atendía la tienda que él surtía. Empezó a hacersele pesado a ella y vendieron el terreno para comprar otro en un lugar donde mi papá puso un taller mecánico.
Pero ella no estaba a gusto. Deseaba ganar su propio dinero. Tejía y vendía sus tejidos, pero no ganaba mucho.
Terminó por regresarse a su tierra, donde su papá le había dejado parte de la casa y de la tienda. La otra mitad se la dejó a una hermana, quien se quedó con la tienda al casarse ella y se la acabó.
Ella intentó poner de nuevo la tienda, pero nunca lo consiguió. Deseaba que mi papá se fuera para allá y se dedicaran a la tienda. Mi papá ya no la siguió. Una vez lo había hecho y no funcionó.
Finalmente, encontró una mujer que no deseaba trabajar, sino cuidar de su casa y sus hijos y que se atenía a lo que él le proporcionaba. Terminó por encontrar a alguien que pensara como él.
Si leo el Evangelio, también dice lo mismo: "ama a tus enemigos". Muchos piensan que la familia del esposo o de la esposa, son enemigos porque se llevan a su hijo o a su hija. Al hijo, porque ayuda económicamente a la familia y a la hija, porque ayuda en la casa como mi esposo y yo hacíamos.
Y no lo son. Pero si se ven así, entonces nos aplicamos el Evangelio de hoy: "ama a tus enemigos" ¿qué mérito tiene amar a tus hijos y no a tus nueras o yernos? o ¿qué mérito tiene amar a tus padres y no a tus suegros? o ¿qué mérito tiene amar a tus hermanos y no a tus cuñados?
El matrimonio es una nueva etapa. Si tu hijo te ayudaba económicamente, ahora sabrá cuidar de su esposa y sus hijos.
Si tu hija te ayudaba con tu carga en la casa, ahora se hará cargo de la suya propia.
El matrimonio de un hijo o una hija, afecta a toda la familia porque marca un cambio para todos.
Recuerdo que cuando les informamos a mi abuelita que nos íbamos a casar porque estaba embarazada, lloró.
Se casaba quien la hacía fuerte en muchas cosas, quien la acompañó en muchas ocasiones, pero también se alegró de que siguiera sus consejos.
Me dejó volar, con la intención de acompañarme en el vuelo cuando lo necesitara.
Así lo hizo siempre. Me dejó vivir mi matrimonio sin meterse, pero nos apoyó cuando necesitamos. Igual hizo mi padre.
El consejo que repetí a mis hijos cuando solteros desde niños. Y más que consejo, era una órden fué: "ama a tu hermano, cuida de tu hermano"
Cuando decidieron casarse, mi consejo cambió: "pónte de acuerdo con tu mujer". Si hubiera tenido hija, le hubiera dicho "pónte de acuerdo con tu esposo"
Eso se lo oí decir a mi papá a mi hermana y me lo apliqué a mí misma.
No quiere decir que dejé de querer a su hermano, o apoyarlo cuando necesite si puede hacerlo, sino que su prioridad debe ser su esposa y sus hijos.
Dichoso el que camina en la ley del Señor dice el salmo de hoy. Dichoso el hijo que camino en la ley de sus padres, diría yo. Para mis hijos la ley era: "ama a tu hermano, cuida de tu hermano, no pelees con tu hermano". Cuando no obedecían ésa ley, que no sugerencia entonces sufrían las consecuencias. Las únicas veces que llegué a darles unos cinturonazos a mis hijos, fué porque peleaban entre ellos.
Dichoso el que camina en la ley del Señor, dice el salmo de hoy. Dichoso el hombre que camina en la ley de su esposo o de su esposa. Como es bien difícil hacerlo, alguno de los dos debe ceder, deben ponerse de acuerdo entre ellos en todo. En mi caso, yo cedía, después de decir mis ideas, mis conceptos o mis quejas, cedía. Era muy difícil que mi esposo me escuchara y atendiera a mis ideas o comentarios. Le entraban por un oído y le salían por el otro.
Cuando finalmente ésa manera de vivir no nos funcionó, dejé de hacer la voluntad de mi esposo. Terminé por entender que no siempre tenía la razón. Que la obediencia no implica hacer lo que el otro dice, como él dice y cuando él dice, sino de hacer lo más conveniente para los dos y para los hijos.
Vivimos 16 años haciendo lo que él decidía. Después de perder nuestra casita y un negocito, tomé las riendas. Me encaminé hacia acá y lo llamé. Fué el último intento de rehacer nuestro matrimonio.
Vivimos como yo deseaba. Fué un estira y afloja durante otros 20 años.
Gracias a Dios, terminó también él por regresar a la Iglesia también, escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.
Ahora no manda ni él ni yo. Hacemos lo que Dios dice y ha cambiado todo.
Nos quedan las heridas de la batalla a los dos. Pero finalmente, ambos nos estamos dejando guiar por su Palabra.
Creo que Dios debería mandar en todo matrimonio. ¿Quién más sabio que El?
Buscando una ilustración para ésta reflexión, encontré frases como: "el matrimonio es una batalla de ver quien sirve más, no de quien manda", "mi esposo cree que él manda, yo creo en el respeto. Y respeto que se haga ilusiones" "Cuando el hombre abandona su liderazgo, la mujer abandona su respeto", "Asegúrense de casarse con un hombre cuya prioridad sea ser esposo y no seguir siendo hijo o hermano" y otras lindezas como ésa. Sólo sonrío al ver que no soy la única que se equivoca o que intenta descubrir el hilo negro que ya está descubierto desde hace mucho.
Y luego preguntamos porqué estamos como estamos, porqué nunca progresamos, como dice la canción
Te dejo unos links para que leas algunas ideas de matrimonio católico
https://www.revistabodas.com.uy/nos-queremos-casar-como-dios-manda-parte-1/
En donde se nos recomienda un libro dedicado al tema del matrimonio que escribió Monseñor Jaime Fuentes, Obispo de Minas. A través de 43 páginas, con un formato de preguntas y respuestas, el prelado construye un catecismo para novios que están preparando su casamiento. Puedes comprarlo y leerlo si están pensando en casarse y en que Dios sea el que mande en su matrimonio
w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html
El matrimonio es un reflejo del amor de Dios por Su Iglesia porque en él se manifiesta el amor fiel, total y sacrificial que Dios tiene por la humanidad 🙏.
Así como Cristo amó a Su Iglesia hasta el punto de entregarse por ella en la cruz, los esposos están llamados a amarse con ese mismo compromiso y entrega 💖.
El matrimonio, en su esencia, es una unión que trasciende lo humano y participa del plan divino: un amor que busca el bien del otro, que es fecundo y que es signo visible del amor incondicional de Dios hacia cada uno de nosotros ✨.
Lectura del libro del Deuteronomio 26, 16-19
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.
Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos.
Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».
Salmo de hoy
Salmo 118, 1-2. 4-5. 7-8
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor
Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor
Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente,
tú no me abandones.
R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

.png)
.png)
.png)
.png)

.png)



