Hoy es viernes de Vigilia. Es día de abstinencia de carne. La abstinencia es un precepto o sea, no es una sugerencia. Es una práctica cuaresmal, no sólo recomendable, sino obligatoria.
Hay dos días de ayuno y abstinencia al año: Miércoles de ceniza y Viernes Santo.
Hay dos clases de ayuno: parcial y total.
El ayuno parcial se realiza evitando alimentos hasta el mediodía. El ayuno total es evitar alimentos todo el día. Puede tomarse líquidos como agua y tés.
EL ayuno es obligatorio a partir de la adolescencia hasta los 60 años. Después puede o no, realizarse según cada uno considere de acuerdo a su condición de salud.
La abstinencia es privarse de carne. Y se realiza los viernes de Cuaresma. Y es para todos. Desde niños hasta ancianitos.
No es algo que no pueda hacerse. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta.
El ayuno, la abstinencia entran en las prácticas cuaresmales. La limosna y la oración se incrementan en éste tiempo.
La cuaresma nos recuerda los 40 días que Cristo pasó en el desierto, preparándose para asumir la misión que Dios le encomendó.
En la actualidad, termina con la Semana Santa en que se recuerda la Pasión de Jesucristo, desde su aprehensión hasta su muerte en la cruz.
La cuaresma no es sólo un recuerdo, sino que la Iglesia toma su cruz y sigue a Cristo en ése desierto. Es por ello, que se ayuna, se ora y se hacen obras de misericordia o limosna, como El lo hizo.
No se nos pide ayunar 40 días como El, ni alejarnos 40 días de todo, pero sí se hacen retiros de oración, se dan pláticas de cuaresma como prácticas que nos ayudan a estar los 40 días llamados Cuaresma, para acompañar a Jesús en su Pasión.
La abstinencia cuaresmal, no se limita a la carne y ayuno los días de precepto, sino podemos abstenernos de algo que nos gusta, como juegos, como ele internet, como la televisión, como el teléfono celular. En fin y utilizar ése tiempo para orar, para meditar la Palabra de Dios de forma más intensa.
La limosna es una práctica común. No consiste sólo en dar dinero cuando se tiene, es dar de uno lo que otro necesita y darlo de corazón. Esto se amplía a hacer actos de misericordia. La limosna no es "un bote de groserias" en el que ponemos una moneda por cada grosería que decimos. Esto es fariseico, es decir, digo groserías mientras tengo dinero. Cuando se me acaba, dejo de poner monedas. Es engañarse uno mismo.
Es hacer las cosas "dándonos permiso": "al fin que ya pagué".
Lo mismo sucede con la confesión, estaba yo reflexionando ahora. Tampoco es "un bote de groserias" en el que voy, me confieso. Ya cumplí con ése requisito y saliendo, vuelvo a las andadas. Al fin que al otro día, puedo ir de nuevo a confesarme, me vuelven a perdonar y así me la sigo.
Dios no quiere que nos estemos confesando, sino que cambiemos, sino que nos convirtamos. Si sólo voy para que me perdonen, lo cual chapuzeramente sabemos que se hace, sin el propósito de enmienda es hacernos tontos solos. Nuestra vida no cambiará. Seremos "limpios puercos" como me decía mi abuelita.
La confesión es una práctica que se debe hacer se quiera o no, una vez al año. Pero es tan deseable, que se realiza lo más seguido posible.
Estaba pensando hoy mientras escuchaba las lecturas y el sermón del sacerdote, en la Virgen.
Y en su Inmaculada concepción. Es un dogma de la Iglesia. O sea, algo que se cree porque se cree, no tiene discusión.
Y me iba dando cuenta de que la Virgen es Inmaculada desde antes de su nacimiento, es decir sin pecado.Debía ser así para poder llevar en su vien te a Jesucristo.
Me imaginaba yo una jarra de cristal que sólo se llena con agua limpia, dedicada para tomar.
Yo tengo una jarra que sólo dedico para ése fin.
Procuro mantenerla limpia siempre. Pero se llena de polvo sin que pueda yo evitarlo. Así que debo sacudirla, o lavarla o pasarle un paño para mantenerla limpia.
Si dejo agua en ella, por muy limpia que esté, se enlama si no la uso.
Eso pienso yo, es la Virgen. Fué preservada del pecado porque en ella se hizo hombre Jesucristo, que siendo hombre, no pecó.
Y estaba yo imaginándome a la Virgen de niña. Era como todas las demás: buena.
Pero las otras niñas tal vez brincaban en los charcos de agua sin importarles se mancharan de agua sus sandalias.
Ella, tal vez deseaba también brincar, pero no lo hacía. Y no lo hacía, no porque no pudiera o porque nadie la veía o sino porque se echaban a perder sus sandalias y no podía dar ése dolor a sus padres.
Si dejo agua en ella, por muy limpia que esté, se enlama si no la uso.
Eso pienso yo, es la Virgen. Fué preservada del pecado porque en ella se hizo hombre Jesucristo, que siendo hombre, no pecó.
Y estaba yo imaginándome a la Virgen de niña. Era como todas las demás: buena.
Pero las otras niñas tal vez brincaban en los charcos de agua sin importarles se mancharan de agua sus sandalias.
Ella, tal vez deseaba también brincar, pero no lo hacía. Y no lo hacía, no porque no pudiera o porque nadie la veía o sino porque se echaban a perder sus sandalias y no podía dar ése dolor a sus padres.
O sea, se siente el deseo de pecar, de hacer lo que se sabe no se debe, pero no se hace.
Al ser inmaculada no quiere decir que no se sienta el deseo de hacer tal o cual cosa, sino que se evita hacer, aunque duela no hacerlo.
Conocí a una señora que me contó que cuando era niña, tenía un par de zapatos para la escuela y otro para el resto del día. Saliendo de la escuela les gustaba caminar en los charcos que se formaban con la lluvia. Su mamá la regañó un día que lo hizo, porque sus zapatos se mojaron. Costaban mucho. Y eran los de la escuela.
Así que ella bien lista, otro día que vió un charco, se quitó los zapatos para poder mojarse a gusto. Cuando volteó, los zapatos habían desaparecido. Su mamá no sólo la regañó, sino que le pegó por haber perdido los zapatos.
Algo así pasa cuando nos confesamos, pero no tenemos el propósito de cambiar. La mamá de la niña no se hubiera dado cuenta si brincó o no en los charcos de no ser porque perdió los zapatos. Igual hubiera podido quitarselos y cargarlos en la mano o en la mochila, como pensó e hizo después la niña, que por más que le dijera su mamá, seguía brincando, pero ya su mamá no se daba cuenta.
Lo que en realidad quería su mamá era que no se enfermara. Brincar en charcos de la calle, podía traerle enfermedades, podía causarle resfriados, etc.
Cuando damos rienda suelta a nuestros deseos, nos las ingeniamos para hacerlo. Y a veces los demás, ni cuenta se dan. Pero nuestra jarra de cristal que es nuestra alma, se ensucia. Llega a ensuciarse tanto, que ya no puede ponerse agua limpia en ella.
Es por éso que para ayudarnos a fortalecer nuestra fé, que es el encargo que Cristo dió a Pedro, la Iglesia nos invita a seguir el camino de Cristo durante 40 días en el desierto para prepararnos a seguir a Cristo en su Pasión.
Así como durante el tiempo de Adviento, nos preparamos para recibir a Jesucristo que nace en Navidad y nos llenamos de alegría y fiesta. También así, nos preparamos para la Pasión acompañando a Cristo durante 40 días.
Finalmente, el fin del hombre no es éste mundo, sino seguir a Cristo a su Reino. Al final de la Cuaresma y de la Semana Santa, celebramos con regocijo la Pascua que empieza en Domingo de Resurrección y sigue por 50 días.
Como puedes ver, el Tiempo de Adviento es tiempo de preparación para una gran alegría: la Navidad. El tiempo de Cuaresma también lo es para otra gran alegría: la Pascua
Y entre ésto dos tiempos transcurre la vida normal, diaria o Tiempo ordinario.
La vida está pues llena de grandes alegrías y de vida normal pero también hay un tiempo de dolor. Los dolores son menos que las alegrías, pero existen en toda vida.
El vivir apresuradamente, el querer vivir todo el tiempo en el jolgorio nos lleva a una vida vacía, a una vida en que nuestra alma como la jarra de cristal, se empuerca ya que no se limpia nunca, siempre se le está usando para la fiesta.
"Es viernes y el cuerpo lo sabe" es un dicho muy conocido. El cuerpo nos pide siempre lo que le gusta. Y si se lo damos sin ton ni son, él bien contento, no importa si después anda sufriendo con las enfermedades.
Darle gusto al gusto no es muy recomendable. Después ahi andamos llorando.
Te invito pues, a abstenerte de carne. O de algo que te guste mucho.
Normalmente se recomienda carne, porque la gente pobre sólo comía pescado que era más barato, no tenía para carne. Entonces, el fin de la abstinencia no es dejar de comer carne, sino comer lo que el pobre come y darle lo que nosotros comemos a él.
Por ejemplo, se puede dejar de comer carne y dar a alguien necesitado algo que compremos con ése dinero que ahorramos en la compra. Comer pescado a mí me encanta y comer verdura me gusta también. Así que abstenerme de comer carne, no es ningún problema para mí.
Pero mi cuerpo aún acostumbrado al pescado, a la verdura y a comer poco, nadamás se entera que es Vigilia, me pide carne jeje.
Es bien canijo.
Veo en un puesto de quesadillas en donde hay carne y del otro lado, papas u algún otro relleno, que preferimos la carne. Ya si no nos queda otra, pues ni modo, ¿verdad? le entramos a las papas. Al fin que nos las dan al mismo precio. Así comamos todos los días carne, preferimos las quesadillas de carne.
Supongo que es por ello, que nos abstenemos de carne los viernes de Cuaresma ricos y pobres niños y ancianos, mujeres y hombres. Todos.
Conocí a una señora que me contó que cuando era niña, tenía un par de zapatos para la escuela y otro para el resto del día. Saliendo de la escuela les gustaba caminar en los charcos que se formaban con la lluvia. Su mamá la regañó un día que lo hizo, porque sus zapatos se mojaron. Costaban mucho. Y eran los de la escuela.
Así que ella bien lista, otro día que vió un charco, se quitó los zapatos para poder mojarse a gusto. Cuando volteó, los zapatos habían desaparecido. Su mamá no sólo la regañó, sino que le pegó por haber perdido los zapatos.
Algo así pasa cuando nos confesamos, pero no tenemos el propósito de cambiar. La mamá de la niña no se hubiera dado cuenta si brincó o no en los charcos de no ser porque perdió los zapatos. Igual hubiera podido quitarselos y cargarlos en la mano o en la mochila, como pensó e hizo después la niña, que por más que le dijera su mamá, seguía brincando, pero ya su mamá no se daba cuenta.
Lo que en realidad quería su mamá era que no se enfermara. Brincar en charcos de la calle, podía traerle enfermedades, podía causarle resfriados, etc.
Cuando damos rienda suelta a nuestros deseos, nos las ingeniamos para hacerlo. Y a veces los demás, ni cuenta se dan. Pero nuestra jarra de cristal que es nuestra alma, se ensucia. Llega a ensuciarse tanto, que ya no puede ponerse agua limpia en ella.
Es por éso que para ayudarnos a fortalecer nuestra fé, que es el encargo que Cristo dió a Pedro, la Iglesia nos invita a seguir el camino de Cristo durante 40 días en el desierto para prepararnos a seguir a Cristo en su Pasión.
Así como durante el tiempo de Adviento, nos preparamos para recibir a Jesucristo que nace en Navidad y nos llenamos de alegría y fiesta. También así, nos preparamos para la Pasión acompañando a Cristo durante 40 días.
Finalmente, el fin del hombre no es éste mundo, sino seguir a Cristo a su Reino. Al final de la Cuaresma y de la Semana Santa, celebramos con regocijo la Pascua que empieza en Domingo de Resurrección y sigue por 50 días.
Como puedes ver, el Tiempo de Adviento es tiempo de preparación para una gran alegría: la Navidad. El tiempo de Cuaresma también lo es para otra gran alegría: la Pascua
Y entre ésto dos tiempos transcurre la vida normal, diaria o Tiempo ordinario.
La vida está pues llena de grandes alegrías y de vida normal pero también hay un tiempo de dolor. Los dolores son menos que las alegrías, pero existen en toda vida.
El vivir apresuradamente, el querer vivir todo el tiempo en el jolgorio nos lleva a una vida vacía, a una vida en que nuestra alma como la jarra de cristal, se empuerca ya que no se limpia nunca, siempre se le está usando para la fiesta.
"Es viernes y el cuerpo lo sabe" es un dicho muy conocido. El cuerpo nos pide siempre lo que le gusta. Y si se lo damos sin ton ni son, él bien contento, no importa si después anda sufriendo con las enfermedades.
Darle gusto al gusto no es muy recomendable. Después ahi andamos llorando.
Te invito pues, a abstenerte de carne. O de algo que te guste mucho.
Normalmente se recomienda carne, porque la gente pobre sólo comía pescado que era más barato, no tenía para carne. Entonces, el fin de la abstinencia no es dejar de comer carne, sino comer lo que el pobre come y darle lo que nosotros comemos a él.
Por ejemplo, se puede dejar de comer carne y dar a alguien necesitado algo que compremos con ése dinero que ahorramos en la compra. Comer pescado a mí me encanta y comer verdura me gusta también. Así que abstenerme de comer carne, no es ningún problema para mí.
Pero mi cuerpo aún acostumbrado al pescado, a la verdura y a comer poco, nadamás se entera que es Vigilia, me pide carne jeje.
Es bien canijo.
Veo en un puesto de quesadillas en donde hay carne y del otro lado, papas u algún otro relleno, que preferimos la carne. Ya si no nos queda otra, pues ni modo, ¿verdad? le entramos a las papas. Al fin que nos las dan al mismo precio. Así comamos todos los días carne, preferimos las quesadillas de carne.
Supongo que es por ello, que nos abstenemos de carne los viernes de Cuaresma ricos y pobres niños y ancianos, mujeres y hombres. Todos.
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