Hoy recordamos a un gran santo. Doctor de la Iglesia. En lo personal, uno de mis santos preferidos: San Agustín.
Ayer recordábamos a Santa Mónica, su madre.
Yo admiro a San Agustín porque fué una persona muy inteligente. Y ésa misma inteligencia lo llevó hacia distintos rumbos.
El fué maestro de jóvenes, un equivalente a profesor universitario en la actualidad.
Pero siempre buscó un camino. Y en ésa búsqueda lo acompañaron dos amigos.
Estuvo en varias sectas que buscaban la verdad. Y terminaron encontrando a Dios.
Al mismo Dios que han encontrado personas muy inteligentes antes y después de él. Recuerdo a varios científicos como
- Nicolás Copérnico: Sacerdote y astrónomo del siglo XVI que formuló la teoría heliocéntrica, la cual propuso que la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol.
- Georges Lemaître: Sacerdote y físico belga del siglo XX que propuso la teoría del Big Bang sobre el origen del universo, conocida en sus inicios como la hipótesis del "átomo primigenio".
- Gregor Mendel: Monje agustino del siglo XIX considerado el padre de la genética gracias a sus descubrimientos sobre las leyes de la herencia genética usando plantas de guisantes.
- Louis Pasteur: Químico y microbiólogo francés del siglo XIX que desarrolló la pasteurización y creó vacunas fundamentales como la de la rabia.
- Jerome Lejeune: Médico y genetista del siglo XX descubridor de la trisomía del cromosoma 21 como el origen del síndrome de Down, entre otros muchos.
Ayer empecé ésta reflexión, cuando se cantó durante el momento de la comunión, se entonó "... no has buscado ni a sabios ni a ricos..." un muy conocido canto. Y me pareció tan elitista o racista.
De hecho, siempre me lo ha parecido. Lo mismo me sucede con la parábola del joven rico.
Pareciera que Dios no quiere a los ricos ni a los sabios como dice la canción. Y yo creo que no es así. Somos nosotros los que componemos las canciones como ésa. Y deberíamos pensar bien lo que cantamos. Ese es un tema del que hasta los Papas han opinado.
El arte como la pintura, la música, teatro y demás son una manera de tratar de reflejar la belleza de la creación de Dios o una manera de compartirla o manifestarla.
"El que canta, ora dos veces" se dice. "Los ojos son la ventana del alma" "el amor entra por los ojos" "somos lo que comemos" "seguimos lo que escuchamos" son frases que nos indican la importancia de nuestros sentidos con los que percibimos el mundo.
"La carne es débil, pero el Espíritu es fuerte" nos dice Jesús. Entonces si pensamos que todo lo que vemos, escuchamos, comemos o sentimos es lo cierto, nos centramos sólo en la carne.
Y éso nos puede llevar y de hecho, nos lleva a pecar, que es equivalente a alejarnos de Dios.
La inteligencia es un don que Dios nos da. De hecho, es lo que nos diferencia de los animales, porque nos permite tener conciencia de lo que somos y hacemos.
Pero al igual que los sentidos puede también usarse de manera indebida. Muchas personas ineligentes han recorrido el camino de San Agustín, un camino lleno de dudas y de dolor, pero no un dolor físico sino interno. Un camino que tal vez muchos más apegados a la carne y los sentidos no pueden entender.
Es fácil comprender a alguien que padece hambre, y también puede proporcionarsele ayuda con darle un pan. Pero San Agustín tenía otro tipo de hambre: el hambre de Dios.
Un camino que lo hacía cuestionarse cosas que a muchos no les importa porque no se ven. ¿Cómo una persona exitosa a los ojos del mundo, podía sentirse como él se sentía? Ciertamente no le faltaban recursos: venía de una familia "bien" que no tenía problemas económicos, tuvo la oportunidad de estudiar, tenía un buen empleo... y no era feliz.
Eso a los ojos del mundo no es entendible, porque no se trata de comer o de beber, o de tener una casa. Podría parecer locura, como locura puede parecer el abandonarlo todo para hacerse sacerdote o dedicarse a las cosas de Dios, que fué lo que hizo San Agustín y que han hecho muchos.
De hecho, muchos santos han sido mártires, han dado su vida por la fé, por no ir en contra de lo que Dios quiere.
Y hoy, que recordamos a éste santo tan conocido, el Evangelio nos habla de la sabiduría... pero de la sabiduría de Dios ante la cual muchos científicos que han hecho descubrimientos increíbles y útiles para la humanidad, se han rendido y se han hincado. Porque no hay nadie más sabio que Dios.
Entonces somos nosotros los que con nuestros prejuicios cantamos cosas como la de "me has mirado a los ojos, sonriendo han dicho mi nombre... tú no has llamado ni a sabios ni a ricos..." porque no es cierto.
Dios ha llamado a sabios según el mundo y a ricos según el mundo también.
Somos nosotros los que intentamos encerrar a Dios en una caja hecha a nuestra medida o a la medida que le damos para que se ajuste a nuestras expectativas. Es como decirle a Dios "yo no soy rica, yo no soy inteligente... entonces tú a mí me quieres por tonta o por pobre" Porque éso sería tanto como negar la Gracia de Dios en nosotros y en los demás.
Escuché hace poco al Padre Espinoza de los Monteros decir "espero que Hitler alcance la salvación" .... y me escandalicé al principio, pero él explicó que no somos nadie para juzgar a los demás... no sabemos quien está en el infierno, en el Purgatorio o en el cielo... éso sólo Dios lo sabe. Y es verdad.
Entonces ¿porqué juzgamos que los ricos o inteligentes no entrarán al cielo?
Es realmente para pensar. Yo misma me he sentido bien buena cantando: "Me has mirado a los ojos"... hasta ayer.
Tal vez sólo sea que me he vuelto muy escrupulosa a éstas alturas del partido jeje. Pero éso seguramente también pasará.
Han sido etapas por las que he atravezado en el camino de la fé:
desde correr ante la visión del martirio de los santos: "a mi no Bwana" como dice el chiste, hasta querer pasar por el cedazo todo como hago ahora.
Ciertamente Dios llama también a sabios y a ricos porque también son hijos suyos. La cuestión es la respuesta que cada uno da a ése llamado.
En lo personal, creo que la riqueza y la sabiduría o inteligencia puestas al servicio de Dios pueden y hacen mucho bien.... O mucho mal, depende de la respuesta de cada persona.
Primera lectura
1 Corintios 1, 17-25
Hermanos: No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y eso, no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. En efecto, la predicación de la cruz es una locura para los que van por el camino de la perdición; en cambio, para los que van por el camino de la salvación, para nosotros, es fuerza de Dios. Por eso dice la Escritura: Anularé la sabiduría de los sabios e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes.
¿Acaso hay entre ustedes algún sabio, algún erudito, algún filósofo? ¿Acaso no ha demostrado Dios que tiene por locura la sabiduría de este mundo? En efecto, puesto que mediante su propia sabiduría, el mundo no reconoció a Dios en las obras de su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la predicación de la locura del Evangelio.
Por su parte, los judíos exigen señales milagrosas y los paganos piden sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos; en cambio, para los llamados, sean judíos o paganos, Cristo es la fuerza y la sabiduría de Dios. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres.
