El Evangelio de hoy nos habla del gran Amor de Cristo por sus discípulos. El mismo que repite en la cruz, cuando dice. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Pensaba en ellos, en aquellos a quien como dice el Evangelio de hoy, el Padre le dió porque son suyos.
Lo vemos orando al Padre por ellos, no por el mundo. Por ellos que se quedan en el mundo mientras El regresa al Padre.
Veremos también a Cristo sudando sangre en el Huerto de los olivos, después de que Judas salió a traicionarlo, sabiendo que sus discípulos se dispersaran tal y como sucedió. En todo momento, su pensamiento estuvo con ellos.
Esto nos llena de esperanza, porque también nosotros que hemos creido en El, estamos incluidos en ésa intercesión. "Pidan y se les dará" dice en otro pasaje, pero hay una condición "Lo que pidan al Padre en mi nombre, el Padre lo hará". El evangelio de hoy es bien claro también en ésto, cuando pide Jesús que lo glorifique con la gloria que tenía antes de que el mundo existiera. El está diciendo que ha estado desde el principio, que es el Alfa. Dice también para dar la vida eterna a cuantos le has confiado por el poder que le diste sobre toda la humanidad
El Padre le dió el poder sobre TODA LA HUMANIDAD de darles la vida eterna. Y dice lo que es la vida eterna: La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Sabemos que no todos lo reconocen. Los discípulos sí. Y El ora por ellos al Padre.
Aterrizándolo, creo yo que los padres al morir oran por sus hijos a Dios. Si tienen confianza en El, saben adónde van ellos, porque Cristo es el camino y donde esté El, estaremos los que creemos en El y cumplimos la Palabra del Padre (esto también lo dice el Evangelio de Hoy)
Reconocemos que El salió del Padre y creemos que el Padre lo envió.
Pero sabemos que nuestros hijos quedan en el mundo y oramos por ellos. Recuerdo a mi abuelita que llevaba la Biblia a todos lados, se sentaba en la sala y me decía: "siéntate, mi hijita" y empezaba a leerme la Palabra de Dios. Deseaba que la conociera para que la cumpliera y me salvara. Y lo mismo hacía con sus demás hijos. Se que sus últimos pensamientos fueron para sus hijos, porque ellos fueron siempre por quienes trabajó y se preocupó.
También yo que conozco ahora de la Palabra de Dios ruego todos los días para que ellos también lo conozcan. Deseo se salven, deseo que conozcan al Padre porque a El iremos.
Recuerdo a mi suegra que se acababa su libro de oración, pidiendo por sus hijos. La recuerdo con su grupo de oración, la recuerdo poniendo la imágen de la Virgen y pidiéndole a sus hijos que se persignaran ante Ella antes de salir y al llegar.
Cada una a su manera hacia lo mismo.
Recuerdo a mi padre. Hizo hasta lo imposible para conservar a sus hijos juntos. Pero como dice el P. Larrañaga, "lo imposible, dejarlo". Es cierto que para Dios no hay nada imposible, pero mi papá no fué educado en la fé desgraciadamente. Era muy inteligente, trabajador, buen amigo, pero no conocía de Dios. Es cierto que no podemos decir "si hubiera" porque como dice también el P. Larrañaga, cada uno tiene su tiempo de acuerdo a Dios. Mi papá no supo de Dios aunque creía en El, mi abuelita hasta pocos años de morir empezó a conocer de El y yo al menos, por ella empecé a escuchar. El pasado no existe, ya fué, no puede cambiarse y el futuro aún no llega.
Pero sí recuerdo a mi papá traspasar el departamento de Infonavit a mi hermana, su esposo y sus hijos: dejarme vivir con él un año con mi esposo e hijo. Compró dos terrenos y medio pensando también en aquellos que estaban lejos, por si llegaban a necesitar, por si lo buscaban. En su mente siempre estuvimos todos sus hijos. De hecho, el día que lo asesinaron, hubo quien lo vió en la madrugada asomarse a la ventana de su vivienda donde descansaba su mujer y sus dos hijos. A la hora en que lo mataron a mucha distancia de ahí. Cuando se supo la hora de su muerte, se sorprendieron de haberlo visto.
El amor de padre o madre es muy grande. Si así nos aman nuestros padres terrenales, qué grande debe ser el amor de Dios Padre. Pienso que si pudieramos juntar el amor de todos los padres a lo largo de todos los tiempos, no sería igual que el de El.
Hoy iremos a la Erección de la Capilla en Parroquia. Y eso es también una muestra del amor de Dios que a pesar de tantos asesinatos de sacerdotes en nuestro país y en el mundo, sigue llamando a aquellos que lo sirven para bien nuestro, su Iglesia, aquellos que creemos en El y en el poder que Dios le dió para conducirnos a la vida eterna.
Gracias, Padre por tanto amor.
Juan 17, 1-11 En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.
Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera.
He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado.
Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo’’.

