Los dichos de mi abuelita

Por Laura Aguilar Ramírez


El Evangelio de hoy realmente hace reflexionar.
El resultado de ésas reflexiones se vuelven recuerdos, se vuelven historias, se vuelven cuentos. Es la manera que Dios me dió para comunicar lo que El me inspira.

Nos habla de Jonás a quien le dió una encomienda: predicar a los de Nínive una gran ciudad un mensaje. Jonás se negaba a ir porque era una gran ciudad y los ninivitas eran poderosos, inteligentes, estudiados y vivían de manera desagradable a Dios, adoraban dioses extraños, adulteraban, se emborrachaban y se daban a los placeres. ¿Qué iba a decirles un pobre como él, le harían caso? Además, si Dios deseaba que los ninivitas se convirtieran, pues que lo hiciera El que era tan poderoso y con un soplo los podía destruir.

Así que se embarcó hacia otro lado, lejos de la gran ciudad. Y entonces la embarcación en la que iba, se enfrentó a una gran tormenta. Los marineros de ése tiempo, eran superticiosos. Pensaron que alguien debía ser el responsable de que los dioses estuvieran enojados. Ellos eran paganos. Jonás, al ver que iba a ser devorada la embarcación por la tormenta, les dijo que él era el responsable.

Ellos lo arrojaron al mar y la tormenta se calmó. Una ballena lo tragó. Jonás permaneció 3 días dentro de la ballena. Cuando la ballena lo expulsó, lo hizo frente a las costas de Nínive.
A Jonás no le quedó otro remedio que hacer lo que Dios esperaba de él. Anunciar que Dios iba a destruir a Nínive si no se arrepentían y hacían penitencia.

Los ninivitas se convirtieron. Pero Jonás se enojó porque no los había destruido Dios como merecían por sus pecados. Jonás se enojó con Dios. Lo había castigado a él que no hacía adulterios, que no se emborrachaba, que no hacía actos impuros y no destruía a toda ésa ciudad tan pecadora.

Podemos ver que Dios es justo, pero también es misericordioso. Llama a los hombres a arrepentirse y a cambiar, a dejar de hacer lo malo y regresar al buen camino.

Aveces yo soy como Jonás. Como he platicado, mi madre y mi padre se separaron. Eran muy jóvenes y no sabían lo que hacían. Mi mamá nos llevó con ella, pero se le complicó la vida por ello. Así que nos entregó a mi abuelita paterna, quien nos crió. Teníamos 2 años mi hermana y yo 9 meses.
Ella necesitaba trabajar, nos encargó con su hermana quien tenía hijos también. Nosotras estábamos acostumbradas a tener cada quien lo suyo, mi papá no se cansaba de procurarnos lo necesario. Teníamos cada una nuestros vestiditos, nuestras cositas. En casa de mi abuelita matern, todo era de todos.
Obviamente al ser tan pequeñas, no entendíamos que de pronto, nuestros vestiditos se los pusieran a la primita, o que nuestros juguetes se los quedaran los primitos o que los alimentos que llevaba mi abuelita se los comieran y nosotros no alcanzáramos siquiera.
Mi hermana se enojaba a pesar de ser pequeña y les quitaba los vestiditos o los juguetes. Les peleaba los alimentos porque nos dejaban sin nada.

No eran justos. Se quedaban con lo nuestro y nosotros como el chinito, nomás mirando.
Como mi hermana peleaba por lo nuestro, yo lloraba de hambre porque mi comida se la daban a los primitos. Nadie nos soportaba.

Mi mamá quedó embarazada de mi hermano menor. El creció con la familia de mi abuelita materna. A los ojos de todos, era sobrino de nuestra madre. Yo lo conocí cuando tenía 16 años y él 15.

Crecimos los tres hermanos separados. Mi hermana creció en un internado con la hija menor de mi abuelita y yo permanecí con ella por ser más pequeña. Cuando llegó el momento de ir al internado también, mi hermana no estaba acostumbrada a mí sino a sus amiguitas. Las prefería a ellas más que a mí.
En las vacaciones nos quedábamos en el rancho de la comadre de mi abuelita, madrina de mi tía. Y ahí mi hermana y mi tía se movían como pez en el agua y yo era una extraña.

Reresé con mi abuelita y vivía muy contenta en casa de don Angel con sus hijas. Mi hermana y mi tía, iban de vez en vez. Ellas eran felices en el internado y en el rancho.
Mi hermana peleaba con las hijas de Don Angel que era viudo. Como ya he platicado, su esposa falleció de cáncer y era amiga de mi abuelita. Ella le dijo que se casara con su esposo y que cuidara de sus hijas. Vivímos desde entonces como familia: mi abuelita, Don Angel, sus hijas y yo.
Lo hijos de mi abuelita permanecían en internados porque ella tenía que trabajar. Pero llegó el momento en que tuvieron que regresar con ella y empezaron los problemas.
Las primeras que regresaron, fueron mi tía y mi hermana. Los otros ni chance tuvieron.
Mi hermana se encargó de ello, jeje. Se peleaba con las hijas de Don Angel, me jalaba como si fuera su muñeca para después botarme. El chiste era evitar que estuviéramos contentas si ella no lo estaba.

No alcanzaba a entender que ya mi tía había salido de la secundaria y tenía que dejar el internado. Y que al dejarlo ella, también mi hermana debía dejarlo. Ella era hija de mi abuelita y nosotros no.

Mi papá trató de juntarse con otra mujer que tenía hijos, pero ella no aceptó a mi hermana que peleaba con su hija.
Eso acarreaba problemas entre su mujer y mi papá, que terminaron separándose.
Yo viví en otro internado desde los 8 años hasta los 12.

Finalmente, mi papá se casó con Sarita, quien era muy paciente y se hizo cargo de mi hermana. Ella supo tratarla y supo apoyarla, supo guiar su temperamento tan activo. Ella le explicaba las cosas, no la golpeaba y gritaba como mi abuelita.
Pero yo debía permanecer alejada de ella. De alguna manera, me culpaba de la separación de mis papás.
Y es que era tan pequeña cuando se separaron. Ella había sido feliz en Acapulco, con nuestros padres juntos, con amiguitos. Pero nací yo y la cosa se empezó a complicar.
Como todo en la vida, se juntan varias circunstancias para que se dé algo.
El abuelo de mi papá falleció, empezaron problemas por la repartición de los terrenos. Mi papá pasó por una etapa difícil, lejos de su familia, se vió de pronto robado por sus tíos que hallaron la manera de quitarle el terreno que le había dejado su abuelo.
Mi mamá no podía cuidar de las dos. Mi hermana era muy activa y yo lloraba mucho porque no le daba tiempo para cambiarme el pañal y darme de comer.
Se regresó a la CDMX mientras mi papá se quedó por su trabajo. El era grumete en un barco de la Marina Nacional, debía permanecer en donde le habían asignado.
Entonces empezó la lucha entre los dos. Ella a que le diera más dinero, porque al vivir con su mamá que tenía a la familia tan cerca y donde todo era de todos, pues no le alcanzaba para darle a todos. Mi papá a que no podía darle más. Realmente con lo que él daba, alcanzaba para vivir bien, pero si vivía con su familia, pues no alcanzaba.

Mi mamá se fué a quejar con mi abuelita de que mi papá no le daba dinero, seguramente aconsejada por su madre. Mi abuelita fué con el Almirante jefe de mi padre, quien dictaminó que le fuera entregado el cheque de mi papá a mi mamá para que nos mantuviera.

Mi papá se enojó tanto, que desertó de la Marina. Como su padre lo había registrado con su verdadero apellido, volvió a usarlo.
Mi papá tenía dos actas de nacimiento. Una con el apellido de su padre que lo registró como hijo. Cuando su papá, mi abuelito falleció, mi abuelita lo dejó con sus papás, mis bisabuelos. Ellos lo volvieron a registrar. Lo hicieron con su apellido.
Esto, porque los papás de mi abuelito querían quedarse con mi padre. Como era hijo único, quisieron quedarse con él

Así que mi papá regresó a la CDMX con otro apellido. Trató de arreglar las cosas con mi mamá, trató de que volvieran a vivir juntos. Lo que menos deseaba, era que sus hijas vivieran como él había vivido de pequeño.

Mi mamá no entendió razones. Y menos si como sucedió, él empezó a ganar menos dinero. En la Marina ganaba más. Empezó a trabajar de chofer en una línea de camiones y ganaba menos.
Rentó una vivienda cerca de una tía quien les ayudaba, pero a mi mamá no le alcanzaba ningún dinero.
Total. Que terminaron separándose.

Al poco tiempo, mi mamá nos entregó con mi abuelita. Mi hermana fué la que más sufrió con ello. Adoraba a mi papá. Me culpó a mí de la separación. Aunque no tuve culpa alguna en ello.

Esto me lleva a pensar que si uno acepta una situación, la acepta con todas sus consecuencias.
Si uno se casa, debería saber que habrá buenas y malas y regulares.
Pero si a la primera, se raja uno, condena a los hijos a vivir como vivimos nosotros: separados.

Somos tres hijos de ésa unión. Y los tres vivimos separados unos de otros.
Crecimos sin hermanos, sin padres. Siendo vistos como pegostes en una familia que nunca terminó por aceptarnos.
Algunos me llaman tía, otros me dicen prima. Mi abuelita nos decía hijas, pero a sus hijos les decimos tíos.
Tuve dos padrastros: Don Angel que era muy lindo conmigo, pero que no lo fué tanto cuando llegaron más hijos de mi abuelita y Don Pedrito que quería a mi abuelita para que lo atendiera, pero no a sus hijos con ella.

Tuve tres madrastras: una que me aceptaba a mí, pero no a mi hermana.
Otra, que aceptaba a las dos, pero nadamás una viviendo con ella.
Y la última, que quería a mi papá sólo para ella y sus hijos. Los demás éramos multitud.

Creo yo que el matrimonio es un compromiso que se contrae con la pareja, pero también con los hijos que nacen de ésa pareja.
Que si uno se casa, debe sabe que los hijos son resultado de ésa unión, pero además hacen más fuerte ésa unión. Son una hermosa cadena que mantiene unidos a una pareja con lazos más fuertes que el lazo que nos colocan cuando se casa uno por la Iglesia.

Cuando uno se casa, se intercambian anillos como símbolo del compromiso que se hace uno con el otro.
Se recibe de manos del esposo, las arras como símbolo del compromiso que hace la esposa para cuidar del dinero que le es entregado.
Se les une con un lazo que simboliza el amor de ambos. De ése amor nacen los hijos que unen mucho más fuertemente a una pareja.

En la actualidad, nada de éso tiene importancia.
Cristo dijo: "lo que ates en la tierra, será atado en el Cielo
lo que desates en la tierra, será desatado en el Cielo
".

¿Por quién es atado o desatado en la tierra? Por aquellos que Cristo mismo con el poder que le dió el Padre, designó para hacerlo.
¿Por quién es atado o desatado en el Cielo? Por Cristo mismo que mandó hacerlo como Dios Padre desde que formó al hombre y a la mujer designó. Ser dos en uno, tomada la mujer de la costilla del hombre o sea, parte de él.
El Padre le dió el poder a Cristo. Cristo es el Verbo o sea la Palabra de Dios hecha hombre. El Padre habló antes por una zarza ardiendo a Abraham, por medio de ángeles a los profetas.
Envió finalmente a su propio Hijo que es Palabra hecha carne. Lo que dice Jesucristo es lo que Dios le mandó decir a la humanidad.

Tal como envió a Jonás a los ninivitas. Jesucristo es más que Jonás. El es el Hijo de Dios, el Verbo de Dios hecho hombre.
En la actualidad, como en Nínive, se viven adulterios, las mujeres proclaman el aborto, se adoran dioses raros, existen chorrocientas de pseudo iglesias en donde se enseñan doctrinas raras y cada vez más.

Esas pseudoiglesias son nacidas de una gran ruptura hecha por Lutero. Cuando él se separó, varios lo siguieron. De ésa separación, han nacido todas las pseudoiglesias que existen en la actualidad.
Es como nosotros. Cuando mis papás se separaron, condenaron a sus hijos a vivir separados entre ellos, a vivir sin ellos, con nombres que ni siquiera es el suyo.
Por derecho, mi apellido no es el que llevo, sino el que mi abuelito le dió a su hijo, mi papá. Mi hermano lleva el mismo apellido, mi hermana lleva otro.
Vivimos cada chango en su mecate como se dice. Porque no podíamos vivir juntos, ya que nadie nos aceptaba juntos. Sólo mi abuelita nos aceptó, pero aunque nos trató como a sus hijos, ciertamente le daba preferencia a ellos antes que a nosotros.
Si había que limpiar, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si había que ir al mercado, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si había que levantarse de madrugada para ir a la Conasupo, lo hacíamos nosotros y no sus hijos.
Si sus hijos necesitaban a alguien para cuidar de sus hijos, nos mandaban a hacerlo.

Por supuesto que no culpo de ello a mi abuelita. Ella nos cuidó siempre. No tenía obligación de darnos lo mismo que a sus hijos.

Mis padres no estaban conscientes de lo que hacían.
No los culpo.

Mi papá quedó huérfano de padre y qué padre tuvo. Un verdadero hombre. Quedó huérfano a edad muy temprana. Mi abuelita lo dejó con sus papás, mis bisabuelos quienes lo quisieron y criaron como a nosotros. O sea, como hijo pero sin los mismos derechos que sus hijos. Aunque suene raro. si bien le dejó un terreno al morir, también es cierto que sus tíos se lo quitaron después.

Mi mamá fué hija de un matrimonio que se separó. Mi abuelita materna se juntó con otro señor. Tuvo otros hijos con él. Mi mamá es como mi hermana. La mayor de tres hermanos, hijos de padre y madre. Cuando se separaron sus padres, tuvo un padrastro.
Según supe después, no fué muy bueno con ellos.

Se juntó el roto con la descosida como se dice. Y por más que lo intentaron, no funcionó la cosa.

Cuando me llegó el momento de elegir el tipo de vida que iba a llevar, no dudé en casarme.
Definitivamente, quedarme soltera en casa de mi abuelita, no era lo más deseable. Ser la sirvienta con título de tía o prima, o sea, sirvienta sin sueldo, no era lo que alguien en su sano juicio, más quisiera.

No ha sido sencillo mi matrimonio. No he tenido apoyo de mis padres. Mis cuñados no alcanzaban a entender el porqué me acercaba tanto a mis suegros.
Finalmente, hemos tenido que vivir lejos de ellos. Y con ello, condenamos mi esposo y yo sin quererlo, a mis hijos a vivir con tíos y primos lejos. Es algo que no pude evitar. Luché con todo lo que pude, para evitarlo. Ayudé a mis suegros con todo lo que tenía a la mano, para ayudar a que mis hijos tuvieran una familia, tuvieran primos, tuvieran tíos, tuvieran abuelitos que los quisieran.

Es por ello, que me alegra ver a mi hijo casado, con un hijo y esperando otro. Ver que aunque han pasado buenas, malas y regulares, aunque viven lejos de nosotros, ven a mi nietecito crecer junto a amigos, con abuelitos, con primos y tíos.

Yo, al igual que Jonás, trato de evangelizar, trato de decir a otros lo que yo, lo que mis padres, lo que mis hermanos hemos vivido para que la historia no se repita. Para que haya cada vez más, familias que permanezcan unidas.

Mis suegros estuvieron juntos 50 años. Sus hermanos entre 40 y 60 años de casados. Yo fuí testigo de sus matrimonios. Su ejemplo era lo que me daba fuerzas para a mi vez, mantener mi unión matrimonial.

Me duele ver que ahora, sus nietos viven cambiando de pareja como de calzón, como diría mi suegra.
Me duele porque sé que a ellos no les gustaría verlos.
Ellos, en vida, trataron de darles un ejemplo, lucharon por mantenerse unidos a pesar de las muchas cosas que se soportaron mutuamente.
Mi suegra, con su sonrisa siempre, escondía dolores a sus hijos. Mi suegro, siempre trabajador, soportó mucho por ver a su familia junta.

Cada vez que me siento ganas de tirar la toalla, miro el retrato de mi suegra que tengo en un lugar bien visible y me pregunto ¿qué haría ella? Sé que yo no soy ella, ni tengo el carácter de ella, por lo tanto, no puedo hacer las cosas del mismo modo porque no son mis modos, pero sí tomo su ejemplo de fortaleza. Y trato de ser paciente como ella lo fué.

La sonrisa sí me cuesta jeje. Tengo cara de sargento mal pagado desde que nací jeje. Alguna vez leí lo que puso una persona cuando me entrevistó para un trabajo. Como trabajé en el archivo de personal, tuve acceso a mi expediente.
Decía "tiene una actitud seria y atenta". Esa soy yo. La sonrisa me cuesta, pero soy seria y procuro estar atenta.

Mi abuelita me decía: "come, no tires la comida a la basura. Hay muchos niños que no tienen qué llevarse a la boca".
Me lo decía cuando ponía cara de fuchi al ver lo que ponía en mi plato. A veces eran tripas de pato, aveces hígado (como lo guisara, encebollado o en chile pasilla no me gustaba mucho) aveces nos hacía ubre de vaca.
Me encantaban otras cosas como las alcachofas que no se consiguen tan fácilmente. O el pan de dulce, especialmente los hechos con masa de hojaldre que eran más caros

Me gustaban muchas cosas que ella no podía comprar.
También me decía "ay, hija. Ibas para rica, pero en el camino te desfundaste" para decirme que no fuera presuntuosa, que no todos tenían jabón para bañarse como yo, aunque fuera detergente para ropa. Ni papel higiénico, sino periódico o el papel de los cuadernos del año anterior que nos servían cuando íbamos al baño.

O cuando pedía baños en regadera, como en el internado. Nosotros nos bañabamos a jicarazos o a "mentadas de madre" como decía mi hermana, jaja.

O cuando había que ir al excusado de mi casa, que estaba estrellado de un lado y se salía el agua por ahí.
Un día se rompió y un viejito medio borracho que vivía con nosotros en ése tiempo, trajo uno que se encontró quiensabe dónde. Ese estaba peor. No estaba estrellado, estaba roto de un lado. Y si no tenía uno cuidado al echarle el agua con la cubeta, se salía el contenido del excusado.

O me decía "limpia puerca" porque me cambiaba cada vez que iba a la tienda o a un mandado. Teníamos dos pares de calcetas y dos calzones para mi hermana y para mí. Si no lavábamos nuestras calcetas y calzones en la noche, no teníamos para el día siguiente qué ponernos. Así que varias veces, lavaba mis calcetas a la mera hora que me mandaban a la tienda, me las ponía mojadas y los calzones también.

Alguna vez, me puse los calzones de mi abuelita. Me quedaban gigantes, me los amarraba con un lazo o con un alfiler. Se me caían si se safaba el alfiler o se zafaban del lazo. Si se daba cuenta mi abuelita, me regañaba y me decía así.

También me llamaba la atención cuando pasaba sin ver. "Ay, mi hijita. Tú pasas y no recoges la basura que pisas". Y si volteaba, veía algo tirado.
Eso me hizo vivir alerta, vivir atenta. Gracias a éso, una vez me encontré 10 pesotes del tiempo en que se podía comprar 10 centavos de sopa o por 10 centavos, me daban 3 dulces.
Me puse muy alegre y me hice el propósito de dárselos a mi abuelita que siempre andaba tronándose los dedos. Pero... se lo conté a mi hermana, que junto con su amiguita, me engatuzaron. Me encantaban los jarritos y cazuelitas de barro para jugar. Y no podía comprarlos. Mis platitos eran hojas de los árboles y mis vasitos eran hojas de cuaderno hechas cucurucho. Asi que me dijeron que iban a ir al mercado. Mi hermana hacía los mandados de varias personas.

Me dijeron que me iban a comprar unos jarritos y cazuelitas para jugar y me darían el cambio. Pues si me dieron los juguetitos, pero no el cambio. Me dijeron que al contrario, les debía yo porque habían tenido que poner de lo que ganaban haciendo mandados.
Eran re canijas las dos. Los juguetitos no les costaron ni un peso, como después me enteré cuando fuí al mercado con mi abuelita.

Así aprendí a poner atención en los precios y en los cambios, para que no me vieran la cara de sonza.

Si por mí fuera, mi abuelita se hubiera tronado los dedos todo el tiempo. Pobrecita si hubiera tenido que atenerse a mí. Como me dijo un día en que le pregunté porqué vivíamos con Don Pedrito.
Me contestó: "ay, mi hijita. Si tú me vas a dar casa donde vivir y me vas a cooperar para la comida, nos cambiamos ahora mismo"
No volví a preguntarle nada.

Primera lectura
Jonás 3, 1-10

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: "Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar".

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros, mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: "Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos".

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 12-13. 18-19

R. (19b) A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento,
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.

Aclamación antes del Evangelio
Joel 2, 12-13

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor.
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí,
que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y comenzó a decirles: "La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".