Tengo ya 28 años de haber regresado a la Iglesia. Y digo regresado, porque en mi infancia fué parte de mí. Estuve en un internado donde religiosas nos enseñaban y cuidaban. En el rancho, se iba a misa dominical. En el segundo internado donde estuve, también estaba dirigido por alguien católico. Orábamos en las noches juntas, se mandaba al catecismo a las niñas para la Primera comunión.
En mi adolescencia me alejé. Seguía siendo creyente, pero me alejé. Al casarme, lo hice por la Iglesia. Pero sólo iba a misas de celebraciones como bodas, bautizos, etc.
Después de 16 años de casada, de vivir sin Dios prácticamente, de perder la casita de interés social que estábamos pagando y con ella, la manera en que ayudaba al patrimonio de mi familia, puesto que era costurera en casa. Después de vivir un año en Puebla donde no tenía con quien dejar a mis hijos para trabajar fuera y donde no tenía clientas para la costura, decidimos mi esposo y yo, irnos a Estados Unidos.
Tratamos de sacar la visa para mí y mis hijos, para mi esposo no, porque no tenía pasaporte ya que no hizo el Servicio militar y era requisito para obtenerlo. Me negaron la visa. Soy muy transparente en mi cara y seguramente se dieron cuenta que estaba mintiendo. No me creyeron que iba a llevar a mis hijos a pasear a Disneylandia jeje.
Para pagar los pasaportes y la visa y para venirnos, se necesitaba dinero, así que pusimos en venta todo lo que teníamos muebles, ropa, todo. Mi esposo se quedó en el departamento vacío. Sólo se quedó con la recámara y el tanque de gas. El departamento contaba con cocina integral. La recámara y el tanque de gas, ya estaban vendidos también, pero nos los dejaron usar hasta que se viniera él. Mis vecinos eran buena gente y nos ayudaron mientras vivimos ahí.
Así fué que a fines de Septiembre, tomamos un camión hacia Ensenada donde vivía una tía abuela. Veníamos mi hermana, sus dos hijas, mi abuelita (si, para que intercediera con su hermana para que nos recibiera acá) mis dos hijos y yo.
Mi tía se espantó al vernos llegar a tantos, jeje. A mí me había ofrecido su casa cuando tuve 10 años, después a los 20 y cuando mi abuelita se enfermó de un síncope cardiaco por acá y vine a verla, me la volvió a ofrecer. Así que me vine sabiendo que iba a ser bien recibida por mi tía. Se tranquilizó cuando supo que mi hermana con sus hijas se iban a pasar al otro lado. Ellas sí tenían pasaporte y visa.
De las primeras cosas que hizo mi tía por mí, fué llevarme a la Iglesia. Ella iba los domingos a misa y me pidió la acompañara. Cada domingo la acompañaba. Volví a casa de la mano de mi tía abuela.
Desde entonces no me he vuelto a alejar.
Cuando me dió la depresión, Cristo me sostuvo. Me recuerdo rogando de rodillas ante su altar por mis hijos y por ayuda. Me sentía muy mal. Todo lo perdido se me vino encima. Había soportado las pérdidas de mi casa y de mi negocio. Había soportado un año de pedir prestado en la semana para pagar el sábado. Había soportado vivir en un departamento donde se debía la luz de varios años y tener que esconderme cuando iban a tomar la cuenta. Me resultaba muy difícil cada mes, darle la cara al arrendatario, un ingeniero muy bueno, dueño del departamento, que me decía que no me preocupara, que podía pagarle cuando tuviera.
Mi marido se enojaba cuando le deçía que había ido a cobrar la renta. No ganaba lo suficiente. Empezó a tomar desde que perdió el trabajo dos años antes de la depresión económica que sufrió el país a principios de 1994.
Cuando se decretó que el Gobierno absorbiera los Bancos, él perdió su trabajo ya que laboraba en un Banco por ése entonces. Al entrar el Gobierno, entraron también nuevas personas. Lo mantuvieron mientras les enseñaba lo que hacía. Después lo despidieron como despidieron a miles de trabajadores bancarios.
Como se dice, "lo que se va a comer, que se vaya cocinando". La depresión económica del 94, se cocinó años antes. Fué el resultado de malas medidas económicas que afectaron la vida social del país.
Mi esposo de por sí, tenía tendencia a no controlar la bebida. Decía mi papá "yo controlo el alcohol, no el alcohol a mí". Pues mi esposo no decía lo mismo. Decía que no tenía problemas con el alcohol cuando yo le decía que una persona alcoholizada no reacciona de igual manera ante las circunstancias, que el alcohol aletarga los movimientos de una persona cuando maneja por ejemplo. No se reacciona tan rápidamente como debe hacerse. El decía que no.
Poco a poco, fué aumentando la bebida. No descansaba hasta que se acababa la botella y después empezó a salir a comprar más.
No iba al trabajo borracho, ni siquiera crudo, porque su cuerpo absorbia el alcohol, pero éso no quería decir que fuera buena su manera de tomar.
Cuando perdió el trabajo, le dieron una compensación que metió al Banco a plazo fijo, confiando en que encontraría pronto otro. Pero no fué así. Eran miles buscando trabajo. Le ofrecían salarios que rayaban en lo ridículo después de hacer filas de 50 personas. Yo le aconsejaba que tomara un trabajo aunque le pagaran poco, que "es peor chile y agua lejos". No me hizo caso.
Yo trabajaba de costurera en casa, me iba bien, pero no para sostener la casa, "ahí nomás para el gasto" como decía mi suegra. Era sólo para ayudar a mi familia, no para mantenerla sóla.
Al descontrolarse él, también yo me descontrolé. Me ofreció una vecina vender de casa en casa haciendo demostraciones, aprovechando que tenía muchas clientas. Así empecé a andar por media ciudad comprando y vendiendo de todo: porcelana, ropa, electrodomésticos, etc. etc.
Empecé a descuidar mi casa y a mis hijos. El empezó a trabajar con una pariente, pero no le pagaba, porque estaba empezando. Gastaba en comida, en gasolina y aveces hasta le prestaba a su pariente, jeje.
Mi vecina me hizo una trastada con las cuentas y dejé de vender porque no podía hacerlo sóla. No sé manejar y necesitaba alguien que tuviera carro. Mi esposo me dijo que volviera a vender, que él manejaría. Lo hicimos así, y efectivamente, él manejaba mientras yo atendía el changarro como se dice. Pero no daba tiempo para ir a cobrar lo que se había vendido antes. Le pedí ayuda, le dije que fuera a cobrar mientras yo hacía las demostraciones. No quiso hacerlo, porque le daba pena con las señoras (normalmente eran señoras las que prestaban su casa para las demostraciones a cambio de un regalo que dependía de la venta). Se quedaba en el carro mientras.
Eso causó problemas entre nosotros. Vendíamos, pero no cobrábamos. Así no es negocio.
Con lo poco que pude cobrar de algo que me debían, puse una tienda. Aún en contra de lo que mi marido decía. El no quería hacer de su casa un lugar de negocio, pero no había de otra.
Así que acondicioné la sala-comedor de la casa, hice promoción con mis vecinas, decidí un día para abrir.
Pero él no cooperaba. No deseaba tener tienda. Le daba pena con los vecinos. Lo habían visto salir en su carrote, vestido con su trajesoten y verse de tendero como que no.
Recuerdo ése día. Era domingo, se puso a tomar con su papá. Por más que le insistía en que al día siguiente, debíamos abrir la tienda y que todavía no se había comprado la mercancía, no me hacía caso. Llegamos a la casa bien tarde.
Pues me fuí en camión a la Abarrotera, compré para empezar el changarro, me regresé en taxi. Mientras él dormía la mona.
No abrí a las 7 de la mañana como habíamos planeado, sino a las 12, pero abrí el día que había prometido.
Mis vecinos sabían que era yo una persona responsable y confiaban en mí. Y yo sabía que me ayudarían, que a pesar de haber varias tienditas, no me dejarían morir sóla. Y no lo hicieron, me tuvieron paciencia cuando no había una marca específica. Procuraba tener un poco de todo para no decir "no hay, no hay", pero no tenía mucho surtido de marcas.
Así, empezamos una tiendita que nos salvó de la ruina total. Durante un año la mantuvimos. Alcanzó para pagar las deudas contraídas durante los dos años que no trabajó, confiado al dinero que tenía en el Banco. Dinero que era mucho menos de lo que me había dicho.
Cuando lo recibió como compensación, no faltó a quien prestarle. Lo hizo sin saberlo yo.
Teníamos las tarjetas de crédito al full.
El dinero en el Banco se hizo agua. No trabajaba, pero gastábamos como si fuéramos ricos. Insistía en pasear. Hicimos varios viajes a Acapulco y no faltaban excursiones con su familia. Yo veía cada vez con más preocupación, cómo se gastaba. Trataba de controlarlo, de hablar con él, pero no me entendía. Y yo cedía siempre por "llevar la fiesta en paz". Ni siquiera disfrutaba de los paseos, ni de las fiestas en las cuales se bebía cada vez más.
Así que cuando tuvimos la tienda, fué para pagar las deudas, las tarjetas y demás.
¿A quienes les prestó? no lo supe entonces, ni lo sé ahora. Pero no le pagaron.
Tuvimos finalmente que traspasar la casa. Llegó un día bien triste. Después de Navidad y Año Nuevo en que se vendió toda la existencia prácticamente, no tuvimos para volver a surtir.
Busqué a quién traspasar la casa. La tuve que ofrecer barata porque urgía el dinero. Y ahí me llevé la sorpresa: no había pagado la casa desde antes de perder el trabajo. Llevaba varios años sin pagar. Así que como ya se había hecho el trato para vender la casa, tuvimos que pagar el atraso y no quedó prácticamente nada.
Tuve qué pensar a dónde irnos. Teníamos todavía mercancía, nuestros muebles y éramos aún jóvenes. Podíamos salir adelante.
Elegimos Puebla por tener él familia ahí, por estar cerca de la familia de quien no quería alejar a mis hijos. Habíamos ido antes varias veces para buscar casa que tuviera local para poder vender.
Encontramos una. Hicimos el trato y se fijó la fecha en que debíamos dejar la casa. Lo hicimos con delincuentes, porque aún le debíamos dinero a una persona. Eso me dolía mucho.
Contratamos dos mudanzas: una con lo de la casa y otra con lo de la tienda.
Al llegar a Puebla, fué la sorpresa final: Había rentado un local lejos de la casa, un departamento muy cómodo, pero caro y otro local para que mi hermana vendiera pollo al carbón. Tres rentas en lugar de una, si hubiera cerrado el trato que habíamos quedado.
Sucede que el día en que se debía cerra el trato, me quedé guardando todo en cajas y él fué a Puebla a cerrar el trato.
Cuando estuvimos buscando, encontramos una casa no muy grande, con un local abajo, con patio grande donde mi hermana podía vender el pollo al carbón. En una colonia no muy lujosa, pero con posibilidades para la venta, para empezar y para salir adelante.
Allá siguió tomando.
La tienda no funcionó en el local que rentó en una colonia bonita. No se paraban ni las moscas. Yo me la pasaba sacándole la vuelta al casero y al de la luz. El local donde se iba a vender pollo, estaba mal situado. Se gastó para acondicionarlo y no se sacó ni lo invertido.
Terminamos por dejar los dos locales y él entró a trabajar en un negocio con su familiar. Un negocio que se puso con dinero sacado de la venta de un carro nuestro. Negocio que no daba. Pedía prestado para comer y el sábado se pagaba. No daba para nosotros, pero para el pariente le dejaba para comprar muebles y adornos lujosos en su casa
Así decidí seguir a mi hermana cuando me dijo que se iba a Estados Unidos.
No pudimos ir porque no conseguí que me dieran la visa. Decidí quedarme aquí, cuando ví que había posibilidades, que podíamos volver a empezar, de cero, pero empezar de nuevo
Como dije antes, regresé a la Iglesia. Regresé como "la gata revolcada". Pero regresé.
Me hinqué ante el altar de Dios y le pedí ayuda, antes de hundirme en la depresión que me llevó a un intento de suicidio y a vivir 5 años perdida, al borde de la locura.
Simplemente me desplomé después de 16 años de batallar con el alcohol que reinaba en su familia.
Aquí encontré finalmente paz. La encontré gracias a Dios. Hincada en su Iglesia. No pude trabajar como hubiera deseado, no podía hacerlo sin descuidar a mis hijos que ya estaban bastante afectados al ser sacados de un lugar seguro, después de perder su casa, sus amigos, su familia, de ver a su madre derrumbarse ante sus ojos y de ver a su padre perdido en el alcohol.
Tenían tan sólo 9 y 11 años. Si mi mundo se desplomó, el de ellos también.
Fué muy dolorosa ésa etapa. Sólo Dios pudo sacar a mi familia de ella. Agradezco tanto que mis hijos no se perdieran en el vicio, como muchos muchachitos lo hicieron.
Mi esposo retomó el camino que había perdido. Volvió también a la Iglesia, mucho después que yo, pero ha vuelto también.
Nada ni nadie pudo sacarnos adelante, sino Dios. Sólo El iluminó mi vida en la oscuridad en la que había caido.
No pude trabajar en una fábrica durante mucho tiempo, ni en un hotel, ni en una casa aunque trabajé así. Tampoco pude trabajar por mucho tiempo como costurera.
Pero hasta éso me dió Dios. Pude trabajar en casa, en internet durante 16 años. No ganaba mucho, pero podía ayudar a mi familia.
Es cierto aquello de "Busca primero el Reino de Dios, que lo demás te será dado por añadidura"
Nunca he leído el libro de Ester o no le había puesto atención hasta hoy, y éso que escucho la misa casi a diario y voy a misa los domingos desde hace 28 años.
Dios no es un Dios que hace milagros y lo deja a uno después. Dios permanece con uno, lo toma de la mano y no lo suelta. No es que voy cuando me urge y después ahí regreso hasta la otra revolcada. Debe uno permanecer como la vid en el sarmiento.
Pero no es sencillo éso. Hay vientos y tempestades que pueden hacernos caer y desprendernos del sarmiento
Pero no es sencillo éso. Hay vientos y tempestades que pueden hacernos caer y desprendernos del sarmiento
Es por éso que sigo necesitando de Tí, Señor. No me dejes caer de tu Mano.
No permitas que vuelva a alejarme de Tí, Señor porque soy débil ante las tentaciones.
Gloria a tí, Señor
Las lecturas de hoy, resumen lo que he vivido en mi matrimonio que ya mero cumple 45 años. Sólo Dios nos ha sostenido y nos ha sacado del agujero en que estábamos metidos y ha reconstruido nuestras vidas.
Lectura del libro de Ester 4, 17k. l-z
En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.
Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».
Salmo de hoy
Salmo 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».
.png)
