Hace mucho tiempo leí un artículo llamado "consejos de una madre azteca a su hija". Te dejo un link por si quieres leerlos completos, además de una explicación de la importancia que el pueblo azteca daba a la educación tanto en casa como en la escuela.
Difiero un poco en aquello de que ésta educación terminó con la entrada de los extranjeros. Es cierto que terminó una época en su vida, en su civilización. Pero era necesario que sucediera así para integrarse al mundo del que vivían alejados. Un mundo que tarde o temprano los alcanzaría.
Yo no exalto ni condeno al mundo indígena, como no exalto ni condeno al mundo actual. Somos hijos de la unión de dos culturas, con lo bueno y lo malo de ambas. Me viene a la mente la canción del grano de trigo: "si el grano de trigo no muere, sólo quedará, pero si muere, en abundancia dará un fruto eterno que no morirá" Y la vida es así.
Yo sería como los indígenas, por decirlo de alguna manera. Al casarme, mi vida cambió. Entraron a ella otra familia, otras personas. Mi mundo no volvió a ser el mismo. Para bien o para mal, la familia de mi esposo influyó en mí y en mis hijos. Adquirí costumbres que no tenía y yo también influí en ellos.
El día de hoy en el Evangelio se nos habló de los últimos y los primeros: Un viñador llamó a trabajadores en la mañana, pero también a mediodia y también en la tarde... y a todos pagó el mismo denario.
Nos decía el padre que los padres amamos a nuestros hijos ya sean mayores o sea el menor. Cada uno en su momento, necesitó de nosotros.
Volviendo al tema de consejos de una madre azteca a su hija, yo recuerdo los consejos de mi propia madre (mi abuelita que me crió desde los nueve años en ausencia de mi mamá). Tuve la fortuna de contar con sus consejos nacidos de sus experiencias. Ella fué medio rebeldona para su tiempo, medio desobediente... y así le fué: tuvo hijos con 4 hombres y vivió con 6. Sufrió mucho por ello.
Finalmente encontró la paz en Cristo y en la Iglesia de Cristo. Recuerdo consejos como:
Su vida no fué fácil a partir de quedar viuda. Y viuda tan joven. Buscó y encontró el apoyo de sus padres pero no como ella deseaba. Buscó el apoyo de los padres de mi abuelito y no lo encontró. Ella deseaba más de lo que sus padres le daban.
En fin. Ella no se guardó nada para sí, no conmigo. No debe ser fácil hacer ésto con los hijos, porque tendemos a desear ser ante ellos perfectos. Y éste también a mis ojos, es un error. Porque perfecto sólo Dios.
Y si yo pienso en mí misma, como niña, como adolescente. Me descubro con dudas, no me veo perfecta. Pero mis padres tampoco lo fueron, ni mis abuelos. Esto para mí fué un alivio.
Porque no me exigieron lo que no podía dar. Podía reconocerme en mis padres, porque soy como ellos.
Y el mejor ejemplo que me dieron fué el de su capacidad para superarse a sí mismos.
Mi papá se levantó de ser un huérfano de padre y dejado por su madre. Se levantó de ser no tan bien visto por los demás. Se levantó para ser un buen hombre, un buen trabajador.
Tuvo sus épocas sobre todo en su adolescencia en que anduvo medio descarriado. Antes de los 20 años ya tenía dos hijas, al igual que mi mamá. A ella tampoco la juzgo, porque al irse, nos dejó con quien consideró podía cuidarnos mejor que ella.
Mi abuelita se levantó de ser desobediente y rebelde a ser una persona querida por muchos, una persona que se esforzaba por recobrar el cariño de sus hijos.
Como dice una parte de la Biblia: "soy una persona de labios impuros, hija de un pueblo de labios impuros."
Pero un pueblo que se levantó para hacerse dignos de Dios.
Esos consejos y ejemplos me han servido para tener un matrimonio de 46 años a la fecha, para tener dos hijos profesionistas que son responsables de su propia vida.
Si algún consejo les he dado, ha sido:
-ama y cuida de tu hermano. Sólo son dos.
Porque yo como madre, amo a los dos. Los dos nacieron de mí, a los dos los eduqué-
Y ahora que son adultos:
-pónte de acuerdo con tu mujer. En todo.
Porque yo como madre, no puedo tomar el lugar de su esposa. Ni puedo tomar como abuela el lugar de madre de sus hijos.
Y basada en mis propias experiencias, a mi hija (la que falleció a los dos meses de nacida) me hubiera encantado decirle:
Y muchos de éstos consejos, los escuché de boca de mi suegra. Tal vez no las mismas palabras, pero sí el contexto. Ella con su ejemplo, terminó de educarme.
Nos decía el padre que los padres amamos a nuestros hijos ya sean mayores o sea el menor. Cada uno en su momento, necesitó de nosotros.
Volviendo al tema de consejos de una madre azteca a su hija, yo recuerdo los consejos de mi propia madre (mi abuelita que me crió desde los nueve años en ausencia de mi mamá). Tuve la fortuna de contar con sus consejos nacidos de sus experiencias. Ella fué medio rebeldona para su tiempo, medio desobediente... y así le fué: tuvo hijos con 4 hombres y vivió con 6. Sufrió mucho por ello.
Finalmente encontró la paz en Cristo y en la Iglesia de Cristo. Recuerdo consejos como:
- -cásate por la Iglesia, con la bendición de Dios.
- -que tu esposo te ponga un cuarto redondo.. pero que te lo ponga.
- -no mandes a tu esposo a robar.
- -aprende un oficio que te permita trabajar en tu casa...aunque no ganes mucho.
- -Cuida de tus hijos.
- -No los castigues con la comida. Es decir, no les quites el derecho a comer para castigarlos.
- -Si tienes que pegarles, hazlo con un cinturón. No con tu mano. Y nunca mientras estés enojada. Esto puede sonar feo, pero fué un consejo invaluable porque si lo piensas, es muy fácil quitarte la chancla y aventárselas, es muy fácil meterle una cachetada... pero para darles con el cinturón, primero tenía que buscarlo. En el tiempo que tardaba en encontrarlo, se me había pasado el coraje. Y además, nunca les pegué enojada. Ella sí lo hizo.
- respondía a mis preguntas sin temor a que la juzgara. Por ejemplo, cuando le pregunté porqué había tenido tantos hijos con tantos hombres, me dijo simplemente: "por tonta.... buscaba quien me ayudara con ellos y sólo me enjaretaban otros".
Su vida no fué fácil a partir de quedar viuda. Y viuda tan joven. Buscó y encontró el apoyo de sus padres pero no como ella deseaba. Buscó el apoyo de los padres de mi abuelito y no lo encontró. Ella deseaba más de lo que sus padres le daban.
En fin. Ella no se guardó nada para sí, no conmigo. No debe ser fácil hacer ésto con los hijos, porque tendemos a desear ser ante ellos perfectos. Y éste también a mis ojos, es un error. Porque perfecto sólo Dios.
Y si yo pienso en mí misma, como niña, como adolescente. Me descubro con dudas, no me veo perfecta. Pero mis padres tampoco lo fueron, ni mis abuelos. Esto para mí fué un alivio.
Porque no me exigieron lo que no podía dar. Podía reconocerme en mis padres, porque soy como ellos.
Y el mejor ejemplo que me dieron fué el de su capacidad para superarse a sí mismos.
Mi papá se levantó de ser un huérfano de padre y dejado por su madre. Se levantó de ser no tan bien visto por los demás. Se levantó para ser un buen hombre, un buen trabajador.
Tuvo sus épocas sobre todo en su adolescencia en que anduvo medio descarriado. Antes de los 20 años ya tenía dos hijas, al igual que mi mamá. A ella tampoco la juzgo, porque al irse, nos dejó con quien consideró podía cuidarnos mejor que ella.
Mi abuelita se levantó de ser desobediente y rebelde a ser una persona querida por muchos, una persona que se esforzaba por recobrar el cariño de sus hijos.
Como dice una parte de la Biblia: "soy una persona de labios impuros, hija de un pueblo de labios impuros."
Pero un pueblo que se levantó para hacerse dignos de Dios.
Esos consejos y ejemplos me han servido para tener un matrimonio de 46 años a la fecha, para tener dos hijos profesionistas que son responsables de su propia vida.
Si algún consejo les he dado, ha sido:
-ama y cuida de tu hermano. Sólo son dos.
Porque yo como madre, amo a los dos. Los dos nacieron de mí, a los dos los eduqué-
Y ahora que son adultos:
-pónte de acuerdo con tu mujer. En todo.
Porque yo como madre, no puedo tomar el lugar de su esposa. Ni puedo tomar como abuela el lugar de madre de sus hijos.
Y basada en mis propias experiencias, a mi hija (la que falleció a los dos meses de nacida) me hubiera encantado decirle:
- -no hagas como muchas, que platican a sus amigas lo que no deben platicarles.
- -la relación matrimonial es de dos, tres son multitud.
- -lo que pasa en tu cama, en tu cama se queda.
- -nunca pongas en mal a tu marido enfrente de nadie, ni siquiera de mí. Porque tú lo aceptaste. Nadie te lo impuso.
- -procura respetar a sus padres, como si fueran los tuyos. Si tú me amas, él ama a los suyos.
- -procura cuidar de sus hermanos, como si fueran los tuyos. Si tú me amas, él ama a los suyos.
- -Sé caritativa con las personas, pero nunca hasta el grado de dejar a los tuyos sin comer o sin techo. Aunque sea yo misma. Porque a mí no me gustaría que me dejaras en la calle tampoco.
- -No discutas delante de tus hijos con tu esposo. Tus hijos no son armas para usarlas contra él.
- -Con un hombre pasado de copas, no se discute. Porque sus sentidos están embotados y no entiende. Platica con él al día siguiente cuando esté en su juicio. Pero no dejes sin decirle que hizo mal.
- -Atente a lo que tienen y no pidas lo que no puede darte.
- -No te endeudes más allá de lo que entra a tu casa. O acabarás sin ella.
- Y algo de lo mucho que he escuchado de la Palabra de Dios:
- -nunca te vayas a la cama sin haberte reconciliado con tu marido.
- -Y ante todo, no descuides tu relación con Dios. El es el que te sostiene y te ayuda a soportar lo malo y a disfrutar lo bueno.
Y muchos de éstos consejos, los escuché de boca de mi suegra. Tal vez no las mismas palabras, pero sí el contexto. Ella con su ejemplo, terminó de educarme.
Dios, através de su Iglesia me ha dado muchas herramientas:
- -Pone grupos en donde he aprendido de El, he aprendido a relacionarme con mis hijos, a relacionarme con mi esposo.
- -Pone grupos en donde puedo orar junto con otros.
- -Pone grupos en donde puedo aprender hasta manualidades, cocina.
Si necesitas ayuda, puedes acudir a la Parroquia más cercana y seguramente encontrarás un lugar en donde te sientas bien, en donde te sientas apoyado o apoyada.
Mis padres, mi abuelita, el ejemplo de muchas personas que ví, sostuvieron mi vida. Pero llegó un momento en que ya no fué suficiente. Porque faltaba lo principal: Dios en mi vida.
Así se cumple lo del Evangelio de hoy: "los últimos serán los primeros". A Dios que debería ser el primero lo puse siempre al último. Porque no lo conocía. "Nadie viene a mí, si mi Padre no lo llama".
Esta reflexión también es parte de una inquietud mía. Creo firmemente en la vida después de la vida. En el Cielo. En el Paraíso celestial. Y sé que el boleto para entrar, se obtiene en ésta vida. Y sólo en ella.
Sé que existe el Purgatorio. Y una vez ahí, ya no son nuestros méritos los que pueden liberarnos, sino la gracia. La Gracia de Dios através de los que aún permanecemos en éste mundo.
Mis hijos no asisten a misa, por ejemplo. Y yo pienso: si no hago lo que Dios dice, si no procuro dar la Buena nueva a otros, si voy al Purgatorio ¿quién orará por mí? ¿quién pedirá misas por mí? ¿quién ofrecerá buenas acciones por mí? Yo procuro hacerlo por mis padres, por mis abuelos, por mis bisabuelos aunque no los conocí, por mis suegros... pero ¿quien lo hará por mí?
Así que hasta por mi propia conveniencia, trato de evangelizar, es decir, llevar la Buena nueva de que Dios nos ama y desea lo mejor para nosotros a los demás. Y me entristece que mis propios hijos no me escuchen.
Le pido a Dios para que algún día, se abran sus ojos por su propia conveniencia.
- Por mi propia conveniencia, trato de ser generosa.
- Por mi propia conveniencia, trato de hacer lo que Dios desea.
Al escribir, seguramente estaré, no lo digo por mis propios méritos, sino porque Cristo no miente y éso nos aseguró.
Mi abuelita regresó a la Iglesia. Y todo empezó a cambiar para ella.
Mi papá volvió a la fé. Aunque no era muy practicante, sí oraba y si creía.
Y yo, busqué a un Dios al que no conocía, pero del que había escuchado.
Y El cambió nuestras vidas.
Mi suegra también regresó a buscar a Dios del que se había alejado. Y su vida empezó a cambiar también. Y junto con su vida, la de sus hijos.
.png)