Historia de un matrimonio

Por Laura Aguilar Ramírez

Amanecí pensando en una persona conocida a la recuerdo orando por sus hijos.
Era una persona con fé, buscaba soluciones a la problemática que vivía. Veía derrumbarse a su familia, o por lo menos, vivir de maneras que no le agradaban. y no encontraba qué hacer.

Se casó en contra de los consejos de sus hermanos, a quienes no le agradaba su novio. Pero ella siguió en su idea, porque era orgullosa. Sucede que en el lugar donde trabajaba había un muchacho que llamaba la atención a las chamacas porque era guapo, trabajador y no se le conocían vicios. Era un buen partido como se dice. Pero no fueron ésas cualidades las que la atrajeron, sino  las muchas chamacas revoloteaban a su alrededor.

Ella tenía  buen cuerpo, era la consentida de su familia pues era la más pequeña de las hermanas y muy alegre. La cuidaban sus hermanos de manera especial por ello. Y no iba a ser ninguna de ésas chamacas quienes le quitaran su lugar, por supuesto. Sobre todo una no le era agradable y ésa chamaca era la más cercana al muchacho en cuestión.

Así que se entabló una lucha entre ellas por el muchacho, como se entablaba en otros aspectos dentro de la fábrica: quien era la más guapa, la mejor bailarina, la más simpática, la mejor trabajadora, etc.

A mi modo de ver, ése tipo de competencias son buenas porque nos estimulan a mejorar, pero pueden llegar a ser el motivo de nuestro mal, si no reconocemos cuándo llevamos la de perder.

Y mucho más, cuando se trata de elegir a la persona con la que compartiremos nuestra vida, con la engendraremos a nuestros hijos.
Fuera de ser los dos agraciados físicamente, de no ser ricos y ser buenos trabajadores, no había mucho en común entre ellos.
Ambos, venían de familias separadas. Sus dos madres vivían sin esposo. Ambas habían seguido sólas, con el apoyo de sus hijos..

Y por su parte, él se sentía envanecido también por su apostura, por ser o sentirse el mejor de entre sus hermanos. Era deportista, tenía buen cuerpo y era agradable a las muchachas. Y no le agradaban los hermanitos de ella.

Esos fueron sobretodo los motivos que  orillaron uno y al otro. Se casaron contra viento y marea. Y empezó una lucha entre ellos, donde no cedían ni uno ni el otro. Lucha que duró todo su matrimonio.

El primer round sucedió en casa de su suegra en la casa donde vivían. Ella era muy sociable y bailarina, él era más serio y no bailaba. Ella aceptó bailar varias veces con los vecinos, no veía nada malo en ella. Pero su suegra pensaba diferente. Desde el principio no le agradaba la idea de que se casara su hijo. Era sóla, el padre de sus hijos se había ido con otra mujer, cansado de pelear todo el tiempo con ella. Encontró a otra mujer con la que vivió sus últimos años.

Sus hijos se fueron casando. Primero el mayor, quien poco a poco se fué alejando de ella. El segundo, vivía cerca, pero también evitaba su cercanía. Su tercer hijo era el más apegado a ella, él no se casaba por ayudarla a ella y a sus dos hijos menores.

Aunado a su mal carácter, estaba la costumbre de tomar alcohol, costumbre que no le agradaba a su marido ni a sus hijos mayores. Cuando su hijo se casó, no le agradó  que lo hiciera. ¿Quien iba a ayudarle a mantener a sus hijos menores?

Asi que no era muy agradable con su nuera. Habían ido a vivir a la misma casa, para no alejarse de ella
 Al verla bailando en una de las muchas reuniones que se organizaban los fines de semana entre los vecinos, empezó a meter cizaña a su nuera- Entre ésa cizaña y la inmadurez de la muchacha, ella le contestó a la señora, acostumbrada como estaba, a decir lo que pensaba en su casa.

Ese fué el inicio de una discusión que terminó con un "pégale, no dejes que me insulte" de parte de la suegra. El, obedeciendo a su madre a quien quería sobre todo, le metió una cachetada
Ella se fué a su casa. Sus hermanos intervinieron con prudencia. Su mamá también era sóla, él y sus hermanos mayores la ayudaban con los hermanos menores. 
Gracias a sus palabras, ella se calmó
Regresó al lado de su esposo quien prometió no volver a golpearla y ella a su vez, prometió ser más prudente.

Pero las diferencias entre ellos continuaron. Ella empezó a llevarse bien con su concuña, salían de paseo las dos familias, aconpañados de los hermanos menores de él. 
La suegra falleció al poco tiempo. Había caido en el alcoholismo y sus  hijos menores quedaron a cargo del hijo mayor.
Se llevaban bien, pero su esposo y su hermano, empezaron a tomar.

El alcohol marcó sus vidas siempre, fué un enemigo muy fuerte al que ambas concuñas se enfrentaron. Pero lo hacían juntas.
Una a la otra se sostenían, hasta que llegó el momento en que el hermano mayor compró un terreno grande a donde llevó a su familia y a sus hermanos menores. Empezó la separación entre ellas.

El hermano mayor compró un terreno y se llevó s sus hermanos, el terreno. 

En ése tiempo, regresó a su vida su papá. El vivía con otra mujer y otra familia. Había rehecho su familia. Tal vez no lo  he dicho, pero las madres de ambos, eran distintas. La mamá del muchacho se opuso a que volvieran a ver a su padre, la mamá de ella no se los impidió. Aunque ella evitaba el tener que convivir con él, nunca se los impidió. Dejó que cada uno decidiera lo que creyera mejor.

Por su padre supo de  unos terrenos en venta
Así compraron un terreno, construyeron su casa. Su familia construyó sin cobrar y ellos sólo compraron los materiales. Su familia vivía cerca relativamente.

Como ella era muy sociable, poco tardó en conocer personas. Se hizo comadre de varias y le sobraban conocidos.

Durante su infancia acudía a la Iglesia de la mano de su madre, que era fiel. Durante su matrimonio, se alejó de la Iglesia, aunque siempre fué creyente. Su llegada a la que sería finalmente su casa coincidió con la entrada al Catecismo de sus hijos. Eso hizo que acudiera a la Iglesia los domingos. Pero como a muchos nos sucede, la Primera comunión es la última.

Eso sucedió con ella y sus hijos.
Y yo creo ahora, ésa fué la principal razón de que después no supiera ya cómo fortalecer a su familia.

En ése tiempo conoció a una vecina que fué la más cercana a ella. Su vecina se aferró a la iglesia, no faltaba a misa. La señora quedó viuda, por un accidente que tuvo su esposo. Se quedó viuda con  hijos. Su vida no fué fácil. Sus hijos y nietos se le descarrilaban, pero ella se mantenía firme en su fé, no faltaba a la misa del domingo.

Mientras la muchacha, para ése entonces mujer, veía a sus hijos crecer.
Ambas tomaron caminos distintos: la vecina, tal vez por no tener otra opción, envió a sus hijos a la escuela del rumbo. Escuela que no estaba tan bonita como la de la colonia donde ella creció. Así que mantuvo a sus hijos en la primaria donde estaban.

Cuando entraron a la secundaria empezaron los problemas. Los cambió de escuela a la del rumbo y se les hizo pesado, sobre todo a los  hijos mayores. Uno decidió quedarse con su abuelita y al otro hubo que cambiarlo, porque no se acostumbraba. Los otros menores sí se adaptaron al cambio.

Así que no estaba en su casa  por llevar a sus hijos a otra colonia, pero lo peor fué que los dividió. Unos en la colonia y otros en la colonia lejana. Así, no cuidaba ni de unos ni de otros.

Cuando sus dos hijos menores llegaron a la edad de la escuela, los metió a la escuela de la colonia donde creció, queriendo librarlos de las malas influencias. Y ninguno de ellos terminó de estudiar como era el deseo de su esposo.

Los esposos nunca se ponían de acuerdo. Ella tomaba decisiones sin decirle a su marido. Le presentaba ya los hechos consumados. Y a él no le quedaba más remedio que aceptar sus decisiones

Por ejemplo, en muchos lugares empezó a fomentarse el control de la natalidad por medio del dispositivo y por la salpingo. Ella decidió que ya no deseaba tener más hijos. Había tenido dos abortos espontáneos y 7 partos normales. 
 
Las idas y venidas a la escuela con sus hijos la cansaba. Llegar a su casa cansada después de tomar dos camiones a hacer comida lo más rápida que fuera posible, a hacer quechar le pesaba.

Además, el dinero no le alcanzaba por el gasto de camiones y porque en la escuela del rumbo, los maestros se adecuaban a las circunstancias y en la escuela de la colonia donde había crecido, el nivel económico era mayor, las personas ya no pagaban terrenos y muchas, no pagaban renta ya. Podían gastar más en la escuela en bailables y festejos.

Al llegar a cocinar lo más fácil, empezó a guisar bisteces o carne molida o pollo o carne de puerco fácil de coser. Guisar verduras requería más tiempo la mayoría de las veces

Su esposo tuvo que conseguir otro trabajo que le permitiera ahorrar en pasajes. Trabajaba hasta las 11 de la noche, para sacar lpos gastps Lo hacía después de trabajar 8 horas. 

Así que la mujer decidió no tener más hijos como ya comenté. Sacó una cita para realizarse la salpingo. Su esposo la llevó al hospital. Ella no le había dicho el motivo, él creyó que era una cita rutinaria. Cuando le dijeron que iba a quedarse y le entregaron su ropa, diciéndole que por la tarde podía pasar por ella, preguntó porqué iba a quedarse y entonces se enteró de que la iban a operar para no tener más hijos.

Así, sin siquiera consultarle a su esposo, hacía las cosas ella.

Mientras sus hijos crecían, crecían los problemas también. Su casa, que siempre había sido tranquila, empezó a llenarse de amigos de sus hijos que llegaban los fines de semana a celebrar "el día del festejo" o sea, sin ninguna razón. El chiste era festejar. Y como su esposo trabajaba hasta los domingos, pues ella era libre de hacer lo que quisiera

Para cuando su marido vino a darse cuenta, su hija tenía una niña, la otra se había ido de la casa para vivir su vida, lo cierto es que andaban en muy malos pasos, sus hijos empinaban el codo más de lo recomendable y su mujer era una perfecta desconocida que tomaba su batallón de hijos en su contra.

Y ella empezó a preguntarse qué era lo que pasaba, porqué su vida se había transformado en éso. Las navidades en las que asistían a la Misa de gallo mientras iban al catecismo sus hijos, se habían convertido en un festejo sin fin.

Los domingos en los que acudían a misa, se convirtieron en un levantar trastes sucios, en tapar hombres y mujeres que acababan dormidos en su sala, después de horas de francachela y bebida.

Su esposo ya ni rechistaba. Había perdido toda autoridad ante sus hijos. La cosa iba de mal en peor.

 Llegaron los días en que ni siquiera sabía quien entraba a su casa, chamaquitas llegaban con un novio y al rato estaban besándose con otro. Su esposo se sentaba en un sillón, tomando, tratando de no darse cuenta de nada. Trabajaba tanto, para terminar viendo éso en su casa.

Y sin embargo, Dios siempre insiste, siempre llama.
A ella la invitaron a un grupo de oración. Una vecina organizó uno. Se juntaban un día en casa de una y oraban ante la imágen de la Virgen. En la semana siguiente, lo hacían en casa de otra.

Qué de malo puede tener ésto? se puede uno preguntar. Se ora y se pide. Ella se acababa los libros de oración, rogando por sus hijos, ponía dinero en la cajita donde según se juntaba para las flores y veladoras de la Virgen. Pedía a sus hijos que lo hicieran también.

Pero la cosa seguía igual o peor. Llegó a aceptar cosas que antes no aceptaba, dejó de luchar y se dedicaba a orar.

Eso es bueno, puede uno pensar. Por lo menos, ella lo pensaba. Escuchaba que se burlaban de ella y lo ofrecía a Dios, según le enseñaban. Pero no hacía nada en realidad.

Su vecina la invitaba a ir a la misa. Pasaba cada domingo a invitarla, pero ella siempre respondía que no podía. Claro, tenía que levantar el tiradero de la bola de borrachos y darles de desayunar.

Seguía yendo a misa en las fiestas, llevaba a sus hijos y nueras. Seguía yendo a las misas de difunto en honor de su madre. Seguía su familia bautizando a sus hijos, casándose en la Iglesia, pero nadamás.

Llegó a ser una católica pachanguera, o sea, a ir sólo en Bautizos, bodas y misas de difunto. Cuando dejaron de realizarse éstas, ni siquiera a éso iba. No fué ni siquiera a su misa de cuerpo presente. Ninguno de sus hijos sabía de hacer algo así.

Falleció sin que a nadie se le ocurriera llevarle los Santos óleos. A nadie se le ocurrió, porque ninguno de sus hijos lo sabía.
Su esposo y sus hijos se persignaban ante la Virgen todos los días, pero ninguno asistía a misa.

En la actualidad, sus nietos viven sin casarse, sin llevar a sus hijos a bautizar, viven lejos de la Iglesia y los sacramentos.
Sus hijos varones sí se casaron, más por la insistencia de las madres de ellas que por el gusto de la mujer y su marido.

De hecho, cuando su hija salió embarazada, insistieron en que vivieran separados mientras terminaban de estudiar. Por supuesto, ni se les ocurrió que se casaran por la Iglesia, ¿ para qué?

 Despúes, ella se acababa los libros de oración, pero no basta decir "Señor, Señor" si no se hace lo que El dice.

Ella anteponía su obligación de velar por sus hijos, según su pensar. Pero no tuvo el valor de su vecina, quien sóla o acompañada, no dejaba de asistir a misa, no dejaba de comulgar, no dudaba en dejar a sus hijos crudos por acudir a la misa.

Esa vecina vió a su familia renacer. Perdió un hijo en un accidente, desgraciadamente, pero vió a sus nietos salir de las drogas y del alcoholismo. Los vió rehacer sus vidas a pesar de los agujeros negros en los que habían caído.

La mujer sólo se dedicaba a orar, dejó de llamar la atención a sus hijos, con el pretexto de "no le hables a las personas de Dios, sino háblale a Dios de las personas". Esto dice en una parte la Biblia, pero si no se tiene discernimiento, se aplica mal. No todos los remedios son la cura para todas las enfermedades.

Lo cierto es que doblegar el orgullo no es sencillo. Dios llama siempre, pero uno no siempre responde porque no se está dispuesto a hacer lo que El dice. Creemos que nuestra manera, es siempre la mejor.

Muchas veces, juzgamos por las personas y no por Cristo mismo.
No siempre las personas que acudimos a la Iglesia somos el mejor ejemplo de vida. Tal vez puedan juzgarnos de severas, de injustas, de no ser perfectas, de haber cometido errores y ahora, "darnos golpes de pecho".

No permitimos abrir nuestros oídos a sus consejos, porque "qué me puede enseñar, si era bien viciosa o vicioso, si era bien canijo o canija, si era bien hipócrita"

Y muchas veces, ellos son el vehículo donde llega nuestra salvación.

La Iglesia está llena de imperfectos, porque sólo Cristo es la perfección misma, pues como El mismo dijo "quien ve al Padre, me ve a mí".

Tal vez nuestros padres no perdonaron a los suyos, tal vez nuestros padres no perdonaron a sus esposos o esposas, tal vez no actúan como nosotros esperamos lo hagan, pero ése no es pretexto para que nosotros no lo hagamos.

Dios llama a todos, pero a cada uno de una manera particular.

Oro por el descanso de ésta pareja a la que le fué muy difícil dejar entrar a Cristo en su corazón.

Y ésto me lleva a las Lecturas de hoy. Y a la pregunta de ¿porqué Dios permite aveces que algunos no escuchen, porqué Dios permite aveces que algunos no vean? ¿Será por malvado?
Ayer, leíamos que el Rey Salomón, hijo del Rey David se había alejado del culto al Señor y se había rodeado de esposas paganas y ofrecido culto a dioses extranjeros
Ahora, podemos leer cómo Dios conservó la promesa hecha al Rey David, aquella de que de su casa saldría el Salvador, aquella de que su Reino no sería disuelto en vida suya, sino en la de su hijo, quien construiría el Gran Templo

El Rey David, a pesar de haber pecado grandemente contra el Señor, nunca dejó de alabarlo. Y en su vejez, lo hacía aún con más fuerza

Primera lectura
1 Reyes 11, 29-32; 12, 19

En aquel tiempo, Jeroboam, siervo de Salomón, salió de Jerusalén y se encontró por el camino al profeta Ajías, de Siló, que llevaba puesto un manto nuevo.

Estaban los dos solos en el campo. Ajías tomó su manto, lo rasgó en doce pedazos y le dijo a Jeroboam: "Toma diez pedazos, pues el Señor, Dios de Israel, te manda decir: 'Voy a desgarrar el reino de Salomón. A ti te daré diez tribus, y a Salomón solamente le dejaré una en consideración a David, mi siervo, y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel'".

Y desde entonces hasta el día de hoy, Israel se separó de la casa de David.

Salmo Responsorial
Salmo 80, 10-11ab. 12-13. 14-15

R. (cf. 11a y 9a) Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.
No tendrás otro Dios fuera de mí,
ni adorarás a dioses extranjeros.
Pues yo, el Señor, soy el Dios tuyo,
el que te sacó de Egipto, tu destierro.
R. Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.

Pero Israel no oyó mi voz
y mi pueblo no quiso obedecerme.
Los entregué, por eso, a sus caprichos
y los dejé vivir como quisiesen.
R. Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.

¡Ojalá que mi pueblo escuchara
y cumpliera Israel con mis mandatos!
Yo, al punto, humillaría a sus enemigos
y sentirían mi mano sus contrarios.
R. Israel, yo soy tu Dios: cumple mis mandatos.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Hechos 16, 14

R. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo.
R. Aleluya.

Evangelio
Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "¡Effetá!" (que quiere decir "¡Ábrete!"). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: "¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
".