La costumbre de escribir como lo hago, nació en el grupo de NA en el que estuve un año de los 15 a los 16 años.
Es ir de la vida que vivo, de aquello que me molesta o me alegra, hacia atrás. Una cosa lleva a la otra.
Por ejemplo, el Evangelio de hoy nos habla de una mujer no creyente o pagana que tenía una hija enferma. Al saber que Cristo estaba en su población, acudió presurosa. Cristo deseaba pasar inadvertido, pero ella se acercó. A pesar del rechazo de Jesús que le dijo que se alimenta a los hijos no a los otros, ella insistió diciendo que los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de los niños.
Cristo se compadeció y le dijo que se fuera a su casa. Ella obedeció y al llegar, su hija estaba sana.
Esto me lleva a mi vida actual, por supuesto. Porque la palabra de Dios no es sólo un libro para leer, no habla de un Jesús histórico, que hacía milagros y predicaba. Es viva y eficaz para mi vida actual, porque Dios no tiene tiempo, El es el Señor del tiempo
Acabando de escuchar la misa, siguió un video del P. Angel de los Monteros en que nos alerta sobre la importancia de cuidar aquello que escuchamos. Nos pone el ejemplo de una canción popular, de aquellas que muchos repiten, la verdad yo ni la he escuchado. Será que vivo casi casi enclaustrada en mi casa. Como no tengo relación con niños ni con jóvenes desde hace tiempo, no sé qué oyen ni que escuchan, pero sí puedo recordar mi propia vida a ésa edad.
Como bien dice el Padre Angel, la música es un medio muy importante para nosotros. Al escucharlo recordé por ejemplo que en el tiempo en que estuve en el internado, cuando mis compañeritas se preparaban para su Primera Comunión, llegaban cantando los cantos que les enseñaban las religiosas, Cantos llenos de esperanza y de amor. Cantos alegres que aún resuenan en mi mente. El internado se llenaba de ésos cantos, repetidos hasta por las que no ibamos a la catequésis.
Todas las noches antes de dormir, rezábamos juntas. La señorita Delta sacaba un pequeñp crucifijo y ahí orábamos hincadas. Esos momentos de oración y ésos cantos mantenían el órden en el internado y la armonía entre nosotras. No había peleas, todas nos ayudábamos. De hecho, estábamos sólas casi todo el tiempo. La señorita Delta se iba a su trabajo después del desayuno. Ella desayunaba con su mamá en un pequeño departamentito que habían acondicionado en una zona en la parte superior, cerca de los dormitorios. Constaba de un baño y dos habitaciones amplias donde tenían una salita-comedor y su recámara. Tuve oportunidad alguna vez de estar ahí.
Al terminar el desayuno, salíamos a la escuela y ella al trabajo. Regresaba después de la comida. Comíamos sólas. Cada patrulla sabía sus obligaciones y las realizábamos sin necesidad de tener a alguien vigilándonos. La cocinera era el único adulto que permanecía siempre en el internado. Los fines de semana podía salir a ver a su familia o su familia podía visitarla.
Y a pesar de no tener vigilancia, no había problemas entre nosotras. Ahora sé que eran ésos momentos de oración juntas y ésos momentos en que cantábamos todas, las que lograban tal situación.
Cada mañana, la calle se llenaba con nuestros cantos. Salíamos en dos filas, las encargadas de cuidar del grupo lo hacían recorriendo las filas. Una iba al frente y dirigía los cantos. Ella empezaba alguna canción de las muchas qye aprendíamos en Guiás de México y las demás la seguíamos. Cada semana se cambiaban a las encargadas. Se elegían de entre las niñas de quinto y sexto grado.
En la escuela, cada quien realizaba sus labores, jugaba con sus compañeros de clase, pero al finalizar las clases, nos juntábamos en la placita cercana donde está una iglesia que se abre sólo de vez en vez. Ahí íbamos llegando hasta juntarnos todas y regresábamos igual, cantando todo el camino.
En la casa, no escuchaba casi música, porque entre que llegaba el viernes en la noche, entre que el sábado era día de mercado y yo era la que acompañaba a mi abuelita al sobre ruedas y después a limpiar y guardar la verdura y la fruta y entre las tardes jugando en la privada con mis vecinitas no tenía tiempo de sentarme a oir nada. Los domingos después del desayuno, era la encargada de cuidar las plantitas de mi abuelita. Tenía en el pasillo algunas colgadas de la pared y otras sembradas en una pequeña jardinera.
Barría la calle y el pasillo. Además me tocaba subir a la azotea a tender la ropa que mi tía o mi abuelita lavaban y también me encargaba de destenderla. Así llegaba la hora de regresar al internado después de comer.
Prácticamente no veía televisión ni escuchaba radio.
Prácticamente no veía televisión ni escuchaba radio.
Cuando regresé a mi casa en la secundaria, prendía el radio para escuchar algo y no sentirme tan sóla. Así empecé a hacer mi quehacer oyendo música. Llegaba a la casa sucia, con las camas destendidas y los trastes sucios. Mi abuelita se levantaba temprano y hacía la comida antes de irse al trabajo, así que a mí me tocaba hacer la limpieza.
El radio se convirtió en mi compañia. Escuchaba música en español porque la que oían la mayoria de los jóvenes era en inglés y yo no tenía tiempo de poner atención a lo que decían, necesitaba concentrarme para poder traducir lo que escuchaba y éso me cansaba. Me gustaba escuchar lo que decían las letras de las canciones, prefería las baladas porque la música ranchera hablaba de pistolazos, mujeres traicioneras, hombres que tomaban y cosas así.
Era lo que llamaban una niña fresa. Tampoco me gustaba la música estridente que me alteraba.
Es conocido aquello de "la música calma a las fieras", pero depende de qué música creo yo.
Y el ejemplo más real y bello es el de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego. Cuando él iba caminando presuroso hacia Tlatelolco donde aprendía la doctrina, escuchó música que lo atrajo.
Cuando Jesús nació, los ángeles anunciaron a los pastores que había nacido su Salvador, y lo hicieron con música celestial.
El manto de la Virgen de Guadalupe tiene música según se ha llegado a conocer. Se forma con las estrellas de su manto. Los pastores en las apariciones de Fátima también escucharon música del cielo.
De hecho, se tiene conocimiento científico de que en el universo existe música a pesar de estar en completo silencio.
Los ruidos extridentes alteran el ánimo, los sonidos suaves nos calman.
El simple sonido del corazón de la madre, calma al bebé en su vientre. Se ha comprobado que el bebé en el vientre percibe de alguna manera, las voces y sonidos del exterior.
El oído puede ser el vehículo por el cual entre el mal a nuestra vida. Escuchamos con ellos, chismes que pueden cambiar el rumbo, escuchamos rumores de guerra y nos alteramos, escuchamos consejos de personas bien.intencionadas, pero ml informadas.
Recuerdo otra ocasión en que sentí ésto de manera super real.
El simple sonido del corazón de la madre, calma al bebé en su vientre. Se ha comprobado que el bebé en el vientre percibe de alguna manera, las voces y sonidos del exterior.
El oído puede ser el vehículo por el cual entre el mal a nuestra vida. Escuchamos con ellos, chismes que pueden cambiar el rumbo, escuchamos rumores de guerra y nos alteramos, escuchamos consejos de personas bien.intencionadas, pero ml informadas.
Recuerdo otra ocasión en que sentí ésto de manera super real.
Un domingo en el anexo, estábamos platicando como siempre en la sobremesa los compañeros y compañeras, reíamos comentando lo que vivíamos.
En éso, entraron dos compañeras que venían de una reunión donde se leía la Biblia y se cantaba. Yo no sabia de ésos grupos, pero a ellas se les había invitado. Venían casi casi flotando y se molestaron al vernos reir tan alegremente.
En éso, entraron dos compañeras que venían de una reunión donde se leía la Biblia y se cantaba. Yo no sabia de ésos grupos, pero a ellas se les había invitado. Venían casi casi flotando y se molestaron al vernos reir tan alegremente.
A mí sinceramente me sorprendió, porque era algo que también ellas disfrutaban.
Los sábados y domingos eran especiales para nosotros, porque toda la semana cubríamos los juntas cada hora con o sin gente. Era un grupo de 24 horas, es decir, cada hora se tenía que hacer una junta de recuperación. Y nosotros los del anexo, hacíamos aquellas en las horas de menos influencia, incluyendo las de la noche.
En el anexo se trabajaba bastante. Se hacían las juntas durante el día y noche, se haçía la limpieza del grupo, además de la labor que cada uno tenía en nuestro departamente compartido. Cada semana se cambiaban las actividades de limpieza de la ropa, del departamento, de la cocina que incluía la compra de la semana, se abrió una guardería que se realizaba en nuestro departamento y ahí se relevaban los distintos miembros del grupo, pero aveces también nos tocaba a nosotros hacer ésta función, etc.
Así que los sábados y domingos en que los compañeros que trabajaban, cubrían las juntas, nosotros aprovechábamos para descansar y convivir como en una familia. Y sin embargo, ellas llegaron como de otro mundo.
Cuando yo recibí la misma invitación para ir al grupo de oración, entendí porqué. Se leía la Biblia, se explicaba y después se juntaban para cantar alabanzas a Dios. Era bonito. Pero también era como elitista. No todos éramos invitados a acudir ahí.
Ahora sé que es parte del programa de Doce pasos en el que se basan éstos grupos. Y éso es lo que no me gustó.
Había escuchado a un exmiembro que regresó, decir que todo estaba bien, pero que estaban equivocados al integrarse espiritualmente tan elitistamente. Quiso entablar un diálogo con los miembros sobre el tema, pero se le invitó cordialmente a reirarse. Yo me quedé con la duda y cuando fuí a su reunión intuí porque el exmiembro decía lo que decía.
El era católico y al llegar al paso en el que se integra uno espiritualmente, se le alejó porque no estaba de acuerdo con lo que se le decía. Por supuesto no tienen imágenes, no hablan bien de los santos ni de la Virgen. Y cuando él insistió en ir a misa en lugar de hacerlo a su grupo, se le fué relegando muy cordialmente, pero muy firmemente.
A mí el programa de Doce pasos me parece muy bueno, pero no ayuda a fomentar la paz con la que viví en el internado, que sin tanta lectura y explicación de Biblia, nos manteníamos unidas, felices, tranquilas, sin cometer actos indebidos.
Esa creo yo, es el mejor ejemplo de que la palabra de Dios cambia y transforma. Pero no es como el vendaval con que algunos grupos bieninteniconados nos arremeten, nos dan biblazos, se saben la Biblia al derecho y al revés, versículos y capítulos que repiten y uno piensa "qué bárbaros, cómo saben"
Al contrario, es como el soplo de la brisa, suave que calma, sin estrépitos.
Después de mi paso por ése grupo, después de escuchar tantos testimonios sin realmente una buena guía, terminé por querer hacer lo que ahí escuchaba, sin discernir lo que entraba a mis oídos.
Fué a partir de ahí, que me alejé de la Iglesia. Y no regresé hasta 20 años después. Y no es que no fuera a misa, es que no estaba en misa.
Fué a partir de ahí, que me alejé de la Iglesia. Y no regresé hasta 20 años después. Y no es que no fuera a misa, es que no estaba en misa.
Me casé por la Iglesia, pero las palabras entraban por un oído y salían por el otro, la confesión dejó de tener sentido para mí.
En ésos grupos, se ventila la vida en la tribuna. Claro, nada que ahí se escuche se repite fuera del grupo. Y nunca lo he hecho. Nunca he comentado la vida de los que ahí conocí, porque los respeto. Conocí gente maravillosa que me ayudaron mucho, con los cuales conviví un año.
Pero también, ahora lo veo, escuché muchas cosas que no debí escuchar. No hay como estar frente a frente con otra persona y decirle lo que hice o preguntarle mis dudas. El secreto de confesión es uno de los valores más valiosos, valga la redundancia que tiene la Iglesia católica.
Es un verdadero don que no todos aprecian en su verdadero valor
De ahí vino mi confusión en mi adolescencia, que me llevó a cometer actos que tal vez no hubiera cometido. Por los oídos pueden entrar muchas cosas. Buenas y malas.
Ahora, al ser parte de la comunidad eclesial, he vuelto a la paz. No floto en el aire como cuando acudí a ése grupo, sino que puedo convivir con gente real, que escucha y ve, cosas reales.
En ésos grupos, se ventila la vida en la tribuna. Claro, nada que ahí se escuche se repite fuera del grupo. Y nunca lo he hecho. Nunca he comentado la vida de los que ahí conocí, porque los respeto. Conocí gente maravillosa que me ayudaron mucho, con los cuales conviví un año.
Pero también, ahora lo veo, escuché muchas cosas que no debí escuchar. No hay como estar frente a frente con otra persona y decirle lo que hice o preguntarle mis dudas. El secreto de confesión es uno de los valores más valiosos, valga la redundancia que tiene la Iglesia católica.
Es un verdadero don que no todos aprecian en su verdadero valor
De ahí vino mi confusión en mi adolescencia, que me llevó a cometer actos que tal vez no hubiera cometido. Por los oídos pueden entrar muchas cosas. Buenas y malas.
Ahora, al ser parte de la comunidad eclesial, he vuelto a la paz. No floto en el aire como cuando acudí a ése grupo, sino que puedo convivir con gente real, que escucha y ve, cosas reales.
Sin embargo, tampoco me expongo a lo que sé puede dañarme. He aprendido a discernir sin creerme el gato con botas: "es un valiente el gato, es un valiente y temerario, nadie le podrá vencer" dice su canción.
Cuando traté de ser como el gato con botas, me dí en la torre.
Así, que como dice el Padre Angel, debemos cuidar lo que escuchamos. De hecho, se ha comprobado que en el oído existe también el sentido del equilibrio. Los ruidos muy estridentes pueden alterar nuestra percepción y hacernos perder el equilibrio.
El usar por mucho tiempo audífonos también altera nuestra percepción. Debemos cuidar éso. Si bien es cierto que son buenos, no debemos abusar de ellos.
Cuando traté de ser como el gato con botas, me dí en la torre.
Así, que como dice el Padre Angel, debemos cuidar lo que escuchamos. De hecho, se ha comprobado que en el oído existe también el sentido del equilibrio. Los ruidos muy estridentes pueden alterar nuestra percepción y hacernos perder el equilibrio.
El usar por mucho tiempo audífonos también altera nuestra percepción. Debemos cuidar éso. Si bien es cierto que son buenos, no debemos abusar de ellos.
Te invito a escuchar con atención el video en el que habla sobre ésto, con versículos tomados de la Palabra de Dios, que no mientem en labios de un sacerdote que ha dedicado su vida a ayudar a jóvenes y a matrimonios a llevar una vida tranquila y en paz.
