"Aquí toy"

Por Laura Aguilar Ramírez


Sigo sin poder grabar. Para hacerlo necesito mi computadora, además de levantarme muy temprano para que no haya tantos ruidos en el exterior, pero sobre todo porque al levantarme temprano tengo que hablar muy quedo porque mi hijo y mi esposo duermen.

El Evangelio de hoy nos habla de que nada de lo de afuera puede manchar nuestro interior, porque lo malo sale de dentro de nosotros: las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad.

Y yo puedo aplicarlo a mi vida en éstos momentos. Mi esposo se duerme muy tarde, la computadora está junto a nuestra recámara al igual que la cocina. La pared es de tablaroca o sea, muy delgada y los ruidos se filtran fácilmente. La calidad de las grabaciones no es la misma, porque debo hablar muy quedo.

De hecho, desde que mi esposo se jubiló y está en la casa, mi vida cambió. No pude seguir haciendo mi blog como antes. Trato de llevar una vida ordenada, pero con él no se puede porque no fué educado como yo lo fuí.

El hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. Esto por supuesto ha traido muchos problemas en nuestro matrimonio. Recuerdo una ocasión en que fuí a su trabajo.
Habíamos quedado de ir después a comer con los niños y al cine. Me sorprendió ver su escritorio todo revuelto, sin ningún órden.

Le sugerí ayudarle a ordenarlo para que pudiera trabajar mejor. Me dijo simplemente que él se entendía, que así trabajaba bien. Me callé, pero entendí entonces porqué perdía tan fácilmente los trabajos: por desordenado.

Cuando uno trabaja, lo hace al lado de los demás. Y debe uno ser transparente en su trabajo. Uno no sabe si al día siguiente regresaremos y alguien más, tome nuestro lugar. Por lo tanto, debe encontrar todo ordenado para que pueda desarrollar su trabajo con eficacia.

Me imagino lo que padecían las personas que entraban a trabajar después de él. No encontraban nada en su lugar, porque él no seguía las leyes que rigen en una oficina.
Yo batallé mucho cuando trabajé en un fábrica de quesos como auxiliar contable. No podía encontrar nada. Tuve que ponerme a ordenar primero el archivo muerto para poder ordenar el archivo y poder trabajar.

Eso mismo hice cuando llegué a trabajar aquí en una pesquera. Al mes de estar limpiando pezcado, me pusieron en la oficina y lo primero que hice, fué ordenar el archivo muerto. Es increíble lo mal que puede estar una oficina si las personas que nos antecedieron no hacen su trabajo bien.

Pero... no puedo decir que alguna vez yo no hiciera algo incorrecto.
Empecé a trabajar a los 14 años. Había estudiado secretariado al mismo tiempo que la secundaria. Es una de las razones por las cuales no me cambiaron de secundaria al salir del internado.
Así que saliendo de la secundaria estaba preparada para entrar a laborar en una oficina.

Mi primer trabajo lo conseguí por un anuncio en la tele en el cual solicitaban 500 vendedoras de cambaceo. Yo no tenía ni idea de lo que era éso, pero necesitaba trabajar. Había estudiado Trabajo social un año porque mi abuelita decidió que era bueno para mí sin siquiera preguntarme. Y no me gustó para nada.

Una tía me dijo que le ayudara a cuidar de sus hijos y ella me pagaría la escuela. Mi abuelita pagó la inscripción de Secretariado bilingue, pero mi tía no me pagó nada por cuidar de su casa y sus hijos. Sólo estuve tres meses en la escuela, pero no pude pagarla después.

Así que decidí trabajar. Y ése fué el primer trabajo que encontré. Al presentarme, nos dieron una introducción de lo que teníamos que hacer, nos presentaron los dos productos que teníamos que vender y me parecieron buenos. Yo los compraría por supuesto. Era limón y leche en polvo. Muy buenos la verdad.

Al entrevistarme y saber que había estudiado secretariado, decidieron dejarme en la oficina. Era un negocio que estaba empezando, así que la oficina se limitaba a una mesa en una casa donde también se almacenaban los productos. Todo el día no hacía nada, sólo cuidar la casa.
Mi trabajo empezaba al llegar los vendedores. Debía contar los productos que regresaban y colocarlos en su lugar, así como hacer una relación de las ventas, delimitar las de contado y las de crédito, etc.

En la mañana también trabajaba: entraba antes que todos para preparar los productos que debían llevar cada uno. Lo decidía de acuerdo a las ventas que hacían. Había quienes vendían bastante y quienes no tanto. En base a éso, se les daban los productos a vender. A quien tenía más facilidad para la venta, se les daba más y a quienes tenían menos facilidad, se les daba menos. Esa era parte de mi labor.
Lo más pesado eran las horas muertas que pasaba entre la mañana y la hora de llegada de los vendedores. Las llenaba con un libro (siempre me ha gustado leer), con un tejido (me hice varias boinas, gorros y bufandas que me gustan mucho). Hacía la limpieza (quedó reluciente, jeje)

Me pasaron entonces a la oficina del dueño del negocio. Era pequeño el local, pero bien situado y ahí se vendían y arreglaban aparatos domésticos. Me quedaba cerca porque el camión que pasaba en la esquina de la casa, me dejaba a unas cuadras del trabajo.
Pero por mi mala cabeza, perdí ése buen trabajo. Sucede que creí en las palabras de un hombre. Era muy atento y me hacía sentir querida y apreciada. En ése entonces, vivía con la tía a la que le cuidaba los hijos.

Un día, al llegar a casa de mi abuelita a visitarla, me estaban esperando una tía, esposa de mi tío que había ido a visitar a mi abuelita y una señora. Era la esposa. No recuerdo qué me dijo. Estaba yo embotada. Sólo recuerdo que sacó un álbum donde estaba con sus dos hijos.
Fué una escena dolorosa porque mis ilusiones se rompieron de un golpe. Además de la verguenza de ser puesta en evidencia frente a mi tía que me tenía en tan gran sitio y de mi abuelita que estaba en la cocina escuchando.
No me dijeron nada cuando la señora se fué. Estaba yo en shock.
Tenía 15 años, la edad de las ilusiones en que el mundo se ve de color de rosa como algodón de azúcar.

Al día siguiente, al presentarme a la oficina, el patrón me despidió. La señora había hablado con él y me despidieron. Mi corazón estaba roto en mil pedazos.
Ese día regresé a mi casa caminando, lloré todo el camino. Necesitaba estar sóla para poder hacerlo

Mi tía con la que vivía, me convenció de que fuera a cobrar. Al ir, me encontré con él, intentó hablarme pero no le hice caso. Mi tía me insistía en que le hablara para poner las cosas en claro. No había nada que aclarar por supuesto. Me había mentido y abusado de mi inocencia. Había estado yo en internados donde nada malo entraba, había vivido en una burbuja y de pronto, me topaba con un dolor tan grande.

Por varios días veía su carro por donde yo iba, esperando la ocasión de hablar conmigo. Por supuesto no le dí ésa ocasión. Finalmente se alejó de mi vida.

Me encontré con el corazón roto y sin trabajo. Entonces, una amiga me recomendó otro lugar, me dijo que era sencillo, que el patrón era medio canijillo, pero que yo sólo debía seguirle la corriente. Era agradable el lugar, debía hacer lo mismo que en el trabajo anterior: limpiar, atender la oficina, sólo que aquí debía atender a las personas que se acercaban a la tienda, y tratar de vender los electrodomésticos que se ofrecían. No resulté tan mala vendedora, jeje. Hice algunas ventas porque se me daba éso de atender a los clientes.

Pero resulta que el patrón era de los que creen que las personas a su cargo, están para complacer sus caprichos. Siempre he sido seria y en ése tiempo más. Después de mi primer experiencia, me prometí que nunca volvería a mezclar trabajo con noviazgo. Y menos con señores. Así que no me daba por aludida, me limitaba a hacer mi labor y a él ni me le acercaba a pesar de la recomendación de mi amiga. Me invitó un día a comer y acepté, me quiso tomar la mano y me dí cuenta que no sólo quería una secretaria vendedora, sino además otra cosa. No supe ponerlo en su lugar. Era casado, su esposa hablaba al trabajo y todavía quería andar de Don Juan.

No regresé ni a cobrar. Mi amiga se enojó porque él le dijo que no volviera a enviarle a chamacas remilgosas como yo.
Seguí cuidando de elos hijos de mi tía, pero un día me dijo me abuelita que fuera a una entrevista de trabajo que me había conseguido en las oficinas de la empresa para la que trabajaba. Lo hice. Eran bien diferentes. Tenían varias fábricas y varias tiendas donde se ofrecía joyería de fantasía fina. Mi abuelita era apreciada ahí por ser buena trabajadora, en ése tiempo era jefa de ensartado y anudado de collares. Mi papá trabajaba de chofer. Estaba nerviosa, sin embargo la entrevista fué miy bien. Mucho más nerviosa me puse cuando me pusieron frente a una máquina eléctrica. En mi vida había yo usado una.
En la escuela aprendí con máquinas del año del caldo. En mi casa mi abuelita me había comprado una portatil más moderna, pero ésas eran palabras mayores para mí.
Hice mi mejor esfuerzo, acabé con lo que se me pidió en el tiempo que se me pidió, pero sabía que estaba lleno de errores. Entregué mi hoja y me salí llorando. Sabía que no lo había hecho bien.

Antes de salir de las oficinas, me alcanzaron para decirme que el Licenciado me llamaba. Tenía en la mano mi hoja escrita a máquina. Me preguntó que había pasado y le expliqué que yo no sabía usar ésas máquinas. Me dijo que no había problema, que en el trabajo tendría yo tiempo para usarlas a mi ritmo, que me necesitaban para ayudar en la oficina no sólo para escribir a máquina. Me presentó a la que sería mi jefa. Ella había sido su secretaria. Era muy amable y simpática.

Mi nuevo trabajo era muy bonito. Tenía yo 16 años para entonces. Hacía reportes a máquina, ayudaba a vender y ayudaba en la caja cuando la cajera salía. Iba al Banco a hacer los depósitos y empecé a hacer entrevistas de reclutamiento para vendedoras. Me gustaba mucho mi trabajo. Cuando en otra sucursal se necesitó de mis servicios, me llamaron para suplir a una compañera en su incapacidad por embarazo. Ahí trabajé de cajera. Era más grande ésa sucursal.

Pero no estaba yo bien por dentro. Me sentía mal. Un día encontré en el asiento junto al mío en el metro, un folleto de Neuróticos Anónimos donde decía que si me sentía triste o sin encontrar mi lugar, ahí podrían ayudarme. Acudí y así empezó otra etapa de mi vida.

Es cierto. Cuando uno no está bien por dentro, nada puede estar bien. Lo bueno o malo sale de dentro. En mi caso, mi corazón estaba lleno de dolor. Me sentía traiconada una y otra vez. Primero por mi mamá cuando me dejó. Después por mis tías en quienes había confiado. Y finalmente por los hombres a quienes no conocía y empezaba a conocer.

Estuve en ése lugar un año. Dejé la casa de mi tía y también el trabajo. Entre a vivir en el anexo del grupo. Mi vida giraba alrededor de las juntas de recuperación, de los servicios que se hacían dentro y en acudir a llamados de personas desesperadas. También participé en la apertura de otros grupos en otras comunidades.
Conocí a personas maravillosas ahí. Personas que confiaban en "unidad, servicio y recuperación" que es el lema de ésa Asociación.

Después de un tiempo, se me ofreció un trabajo. Estaba pensado para otra persona, pero ése día ella no estaba en donde debía estar: atendiendo los teléfonos en la noche por si alguien nos necesitaba. Ella se había ido a acostar porque se encontraba cansada.

Un compañero, dueño de los departamentos donde estaba el grupo y los anexos (porque había uno para mujeres y otro para hombres) así como de los demás departamentos que se rentaban, llamó. Era dueño de una empresa donde se vendían aparejos y provisiones para panadería.
Sabía el rol de servicio y pensó que antendería mi compañera. Al no estar en su lugar, me ofrecí a llamarla, pero me dijo que no era necesario. El sabía que yo también había estudiado y trabajado como secretarial al igual que ella.
Así que me ofreció trabajo en su empresa. Necesitaba a alguien que le ayudara. Había conseguido un contrato para el transporte de azúcar que en ése tiempo no se vendía a cualquiera. Ese fué el puesto que ocupé y que nadie había ocupado en su empresa. Como todas las empresas bien llevadas, se estaba ampliando y las personas a su cargo, no podían con tanto trabajo.

Era un momento muy feliz en mi vida. Tenía un buen trabajo, estaba en un buen lugar para vivir, con buenos compañeros. Me sentía muy bien.

Pero un día llegó alguien a visitarme. Mi abuelita y un tío muy querido por mí se presentaron con la cara radiante y me dijeron que alguien quería conocerme. Al ver a la persona, supe enseguida quien era: mi hermano querido a quien conocí hasta ése momento. Supe que era mi hermano con sólo verlo.
No sabia que tenía un hermano hasta entonces. Sólo conocía a mi hermana con la que crecí y a los hijos de la segunda mujer de mi papá, a quienes se había llevado su mamá al separarse.

Fué una maravillosa sorpresa saber que tenía un hermano. Desde ése momento, me sentí inquieta

Me había dicho que deseaba estudiar y yo decidí ayudar a hacerlo. Dejé el anexo y el grupo. Le pedí que buscara una escuela para él y al encontrarla, también me inscribí yo.

Ahí conocí compañeros nuevos y una de ellas, me ofreció trabajar en donde ella lo hacía. Fué una encrucijada. Por un lado me ofreció ella trabajo y por otro, otra persona que había conocido en el grupo. Elegí el primero porque me pagaban más que en el trabajo y necesitaba dinero para pagar dos colegiaturas.
El segundo no lo acepté, porque la persona que me lo ofreció no era muy recomendable. Tal vez en ése trabajo ganaría muy bien, pero como dicen: "dime con quien andas y te diré quien eres". Yo la conocí tal vez en su peor momento y no me dejó nada bueno su compañía.

Antes de entrar al anexo, había conocido en el grupo a ésa compañera, me ofreció trabajo donde ella trabajaba y acepté.
Era una empresa dedicada a artículos de ferretería. El dueño era un español que hablaba muy fuerte, pero era buen patrón.

El vivía en la parte alta del negocio. Todas las mañanas nos preparaba el desayuno él mismo. Decía que para trabajar bien, debíamos comer bien. Sabía que muchos no comían en su casa. Así que entrábamos a las 8 de la mañana, pero a las 9 había un break para desayunar todos juntos y él se quedaba en la tienda atendiendo mientras tanto. Era de ésas personas que creía que "a ojo del amo engorda el caballo" y laboraba en la tienda, visitaba a los proveedores y en las tardes, se iba a la oficina a ver cómo andaba la cosa.

Esa amiga era miembro del grupo, pero nunca la escuché hablar de su verdadera vida. Era amante de un hombre casado que trabajaba en el mismo lugar y yo me enteré hasta que trabajé a su lado. El terminó con ella, a pesar de sus muchos ruegos. Estaba furioso por ello. Además de celosa. Pensó que la dejaba por otra y tenía razón. Lo siguió en un taxi y lo vió con otra mujer entrando a un departamento. Cuando preguntó, le dijeron que era su esposa y no era cierto. Ella conocía a su mujer.
Todo un drama. Pero.. y he aquí donde me dejé llevar por mis deseos de amistad, la ayudé a vengarse de él según ella.
Yo llevaba un kardex o sea un tarjetero donde se basaba el contador para realizar su trabajo. Se anotaban en él las salidas y entradas, se llevaba los honorarios de los vendedores, etc. etc. Era muy importante. El era el encargado y yo su ayudante.

Me dijo mi amiga que revolviéramos todo para que el patrón se enojara con él. Y ni modo que no lo hiciera, tenía un geniecito tan grande como su corazón. Era bueno en lo bueno, pero cuando se enojaba había que ver dónde esconderse.

A mí me pareció bien. No pensé en el pobre español, que no se merecía una cosa así. Sólo pensé en que el hombre era un miserable, tal vez el recuerdo de mi primera experiencia amorosa influyó en mí para tomar ésa decisión.
Revolvimos todas las tarjetas. Debió costarles un buen ponerlas en su lugar de nuevo.

No lo sé, porque ése fué el último día que estuvimos ahí. De mensas nos quedamos a escuchar al español enojado.
Ahora me arrepiento de mi actuar, pero en ése tiempo, sólo pensé en que era justo que recibiera una buena lección el méndigo aquel. No estuvo bien por supuesto.

Reflexionando después, me dí cuenta que no era buena influencia la amiguita que me había conseguido. Ella dejó de ir al grupo, se fué a "fondear" como se dice ahí. Tal vez no tuvo cara para decir lo que habíamos hecho. Y yo menos, o sea que era más hipócrita que ella.

De cualquier modo, la vida me dió otra oportunidad cuando me ofrecieron el trabajo en la surtidora de panaderías. Y me volvió a poner en la encrucijada de decidir a dónde ir después: al sartén o a las brasas. Con mi amiga de la escuela o con mi amiguita con la cual había hecho una barbaridad. En un trabajo me ofrecían menos dinero, en el otro, más dinero y más oportunidades de progreso en una empresa televisora. Elegí el primero.

Dejé el grupo porque mi hermano necesitaba estudiar y yo necesitaba su compañía. Nos fuimos a vivir a casa de mi papá. Yo me iba a trabajar y después a la escuela, en la noche cuidaba de mi sobrinita que tenía pocos meses de nacida
. Mi hermana vivía en ése tiempo con mi papá y su esposa. Ellos le ayudaban de ésa manera.
Al poco tiempo, mi papá compró unos terrenos y se fué a vivir ahí. Le dejó el departamento a mi hermana y a su esposo.

Mi hermano no trabajaba, era chico todavía. Yo tenía para entonces 18 años y él 16. ¿Dónde iba a trabajar? Mi hermana me dijo que yo podía quedarme, pero que mi hermano no trabajaba y ella no lo iba a mantener. Hablé con mi hermano y decidió buscar trabajo. Dejó la escuela desgraciadamente.

Tampoco para él la vida fué fácil.
Yo ayudaba a mi hermana con el gasto, pero "tres son multitud" por supuesto. Cuando mi papá se fué y al dejarle el departamento a ella, yo ya no tenía cabida ahí.

Regresé a casa de mi tía. No encontraba mi lugar. Seguía estudiando, puesto que me gané una beca. Como ya dije, siempre fué muy fácil para mí la escuela, así que no pagaba mis estudios con dinero, sino que no pagaba por tener buenas calificaciones.

Como ves, fuí una hoja al viento en mi adolescencia. No encontraba mi lugar. Lo encontré hasta que me casé. Desde entonces han pasado ya 45 años.

La adolescencia puede ser fácil si se tiene un apoyo. Para mi hermano y para mí no fué fácil. Anduvimos como hojas al viento, sin un cuaderno al que adherirnos jeje. Es por éso que cuando veo a mis hijos, me lleno de orgullo.

Hoy mismo recibí una buena noticia. Mi nuera y mi hijo están embarazados como se dice ahora. Hoy, después de 4 meses de embarazo, supimos qué género tiene mi segundo nietecito.

Un momento muy bello. Es varón. Mi esposo deseaba una nietecita porque en su familia hay muchos varones. Yo deseaba un nietecito para que acompañe al primero.

Mi nietecito fué el encargado de romper el globo de donde cayeron los papelitos azules anunciando que pronto tendremos un hombrecito más en la familia.
Mi nuera dice que ella ya sabía que iba a ser varón, porque en la familia de mi esposo es lo que se fabrica jeje.

En mi familia somos más mujeres que hombres y en la suya también. Mi consuegra estaba feliz también. En su familia abundan las mujeres. Ahora va a tener su tercer nieto y varón. Así que es muy bienvenido éste nuevo bebé.

Mi esposo tendrá que esperar a su nietecita, jeje. Aver para cuando nos da la sorpresa. La seguimos esperando.

También vimos la ecografía de mi nuevo nietecito. Mi hijo dice que se parece a su hermanito, la verdad yo no lo veo aún el parecido. Pero también ha de ser medio dramático como mi nietecito jeje porque no quería dejarse ver. Su carita estaba tapada con sus manos. Hasta que finalmente dejó ver su carita, quitando su manita, como en el juego donde se tapa uno los ojos y "si no te veo no me ves". Y cuando se descubre uno los ojos dice: "Aquí toy" jeje

Bienvenido bebé esperado. La vida se nos llena de azul de nuevo

Como ya dije antes, empecé mi camino de bloguera en un blog llamado "Cuando tenga nietos" pensando en que cómo se tardaban tanto en llegar, y como nadie tenemos la vida comprada, ellos podrían un día leer lo que escribo, conocer por mí a aquellos que me antecedieron y conocer mi vida escrita con mis propias manos y mis propias palabras, para que no les cuenten otra cosa

Es para ellos por quien empecé ésta aventura de escribir. Yo desconosco a la familia de mis bisabuelos y de mis abuelos, exceptuando a la familia de mi abuelita paterna. No tuve el gusto de platicar con mi abuelito y nadie me platicó de él, excepto algunas cosas que intuí o que escuché.

Me hubiera gustado que me sentara en sus rodillas y me platicara de él y de los suyos.
Mis nietos podrán un día leer lo que escribo, sabiendo cuánto los he deseado, cuánto los he amado desde antes de saber que nacerían.

Me imagino que mi abuelito también me amó desde el momento mismo en que fué padre, sabía que su hijo tendría hijos a su vez.

Hoy también cumple años mi abuelita Cata. un beso al cielo para los dos. Otro tataranieto les ha sido anunciado hoy. Espero que desde allá lo cuiden como han cuidado de mis hijos y de mi nietecito.

Los amo.