He recordado hoy a mis bisabuelos. No los conocí porque ya habían fallecido cuando nací, pero sé de ellos por lo que me han contado. Una tía abuela, hija de él, me dijo que era muy duro y que su mujer, muy callada.
Cada quien ve la historia desde distintos ángulos. Sí. Mi bisabuelo fué muy duro si se entiende por dureza, entereza, firmeza y vivir de acuerdo a sus principios.
Mi bisabuelo se llamó Vicente, mi bisabuela Isabel. Ella llegó de Hidalgo junto con su hermana Alejandra, quien consiguió entrar a trabajar al Castillo de Chapultepec como sirvienta en tiempos de Don Porfirio Díaz, quien tenía su residencia ahí. Fué la tía Alejandra quien le consiguió trabajo ahí mismo a mi bisabuela, en la cocina
Cómo se conocieron no lo sé, el chiste es que lo hicieron y procrearon 9 hijos: 2 varones y 7 mujeres. Debió ser difícil, jeje por aquello de "mujeres juntas, sólo difuntas".
Mi tía me contó que cuando pequeñas paseaban en carretela con sus padres. Era el medio que tenían para transportarse. Vivían en un medio semirural. La familia del bisabuelo poseían terrenos en los que sembraban maiz, frijol. Otros tenían huertas. Y otros como mi bisabuelo, criaban puercos o ganado.
No puedo imaginar a mis bisabuelos, porque no existe ninguna foto o retrato pintado de ellos. Sólo puedo imaginar cómo eran, por sus hijos. Mis tíos son blancos, van de pelo guero a pelo castaño. Sólo dos tenían pelo negro.
Mi tía decia que su papá era moreno. Bueno... entre tanta leche, supongo que a cualquiera veían moreno jeje. La verdad es que hay más blancos que morenos entre sus hijos.
Me lo imagino como los hombres de ése tiempo y con los problemas de los hombres de su tiempo.
Sucede que por ésos lugares, llegó de pronto una ola que amenazaba con llevarse todo al traste. Llegó el cine con su escandalera a ésos rumbos. Con malos ejemplos muchas veces, ejemplos que atentaban contra el modo tradicional en que criaron a sus hijos.
Y éso se reflejó en la vida de mis tías y de mis abuelos.
Mis abuelos se llamaron Benigna y Rafael. Ella, hija de mis bisabuelos educada de manera tradicional. El, hijo de españoles que llegaron poniendo negocios y que eran de mente más abierta o costumbres más disipadas.
Mi bisabuelo Vicente vió con dolor cómo las tierras se llenaban de pavimento o adoquines, cómo los ganados se acababan. A mí me tocó ver todavía un establo donde nos vendían leche servida por recipientes: un cuarto, medio, un litro. Me tocó ver a las vacas, pero ya no pastando libremente por el río, sino encerradas en el establo.
Me tocó ver todavía borregos y chivos pastando en terrenos que después fueron dando paso a la Alberca olímpica, a la YMCA, a negocios y casas.
Me tocó ver todavía al Río Churubusco cuando era río corriente y no entubado como es ahora. Antes de que hubiera las grandes avenidas que trajo el progreso.
Mi bisabuelo Vicente vió cómo sus amadas hijas se juntaban con hombres que no siempre eran de su gusto.
Hablaré de mi abuela en particular.
Me tocó ver todavía al Río Churubusco cuando era río corriente y no entubado como es ahora. Antes de que hubiera las grandes avenidas que trajo el progreso.
Mi bisabuelo Vicente vió cómo sus amadas hijas se juntaban con hombres que no siempre eran de su gusto.
Hablaré de mi abuela en particular.
Mi abuelita siempre fué conocida como "Catalina", pero no era su nombre. Le decían así como apodo ya que de pequeñita no podía decir el nombre de su tía Catarina y decía Catalina. Eso les daba mucha risa y empezaron a decirle así por diversión y terminó siendo conocida por ése nombre no por el suyo.
Conoció a mi abuelo Rafael y como Romeo y Julieta, fueron rechazados por sus respectivas familias, las cuales se enfrentaban en una lucha callada por dominar la región.
Mi bisabuelo Vicente fué de los últimos bastiones de la vida semirural. El se negó a vender sus terrenos, los dejó de herencia a sus hijos y cuando vendió alguno, lo hizo a sus familiares.
Sí. Fué duro. Duro para defender lo que él consideraba bueno. Y el tiempo le dió la razón. Junto con el progreso, llegaron calamidades: la calamidad de mujeres que no se casaban, que tenían hijos sin padre. Hijos procreados en fiestas en las que corría el alcohol. Fiestas a las que a sus hijos les estaba prohibido asistir.
Todo ésto generó en enfrentamientos incluso entre hermanos o familiares. Unos acusaban a personas como mi bisabuelo de "cerrados" e "retrógradas". El decía que defendía el vivir como familia y el vivir con valores
Sí. Fué duro. Duro para defender lo que él consideraba bueno. Y el tiempo le dió la razón. Junto con el progreso, llegaron calamidades: la calamidad de mujeres que no se casaban, que tenían hijos sin padre. Hijos procreados en fiestas en las que corría el alcohol. Fiestas a las que a sus hijos les estaba prohibido asistir.
Todo ésto generó en enfrentamientos incluso entre hermanos o familiares. Unos acusaban a personas como mi bisabuelo de "cerrados" e "retrógradas". El decía que defendía el vivir como familia y el vivir con valores
Pues en medio de todo ésto, mis bisabuelos españoles desheredaron a mi abuelito Rafael. O por lo menos, lo amenazaron con hacerlo si no desistía de seguir con mi abuelita.
Mi abuelito debió tener su genio también, puesto que tomó a mi abuelita Cata y se la llevó a vivir a Veracruz donde nació mi papá. Ahí vivieron hasta la muerte de mi abuelito.
Mi abuelita entonces se regresó a CDMX, llevaba a mi papá de 4 años. Los abuelos españoles se negaron a ayudarla. A cambio le dijeron que les diera al niño para criarlo ellos.
Mi abuelita se negó.
Mis bisabuelos Vicente e Isabel lo registraron entonces como hijo suyo para evitar que le fuera arrebatado a mi abuelita. Se quedaron a vivir en su casa. Pero....
Y ahí está el gran pero que llevó a mi abuelita Cata a ir de un lado a otro, de una cama a otra, de balcón en balcón como dice la canción de Napoleón: se negaba a vivir bajo las normas de su padre, le gustaba vivir con más libertad como lo había hecho al lado de mi abuelito Rafael.
Y éso acarreó que buscara y encontrara a otro hombre con quien procreó 2 hijos. Un varoncito que creció hasta los 16 años cuando murió víctima de una infección y una mujercita que falleció a los dos años de edad.
Esta relación se terminó Y ella regresó con sus padres de nuevo. Ahora eran tres hijos en lugar de uno sólo.
Ella seguía en su terquedad de cambiar a sus padres y hacer lo que ella creía estaba bien. Esa manera se la enseñó mi abuelito Rafael. Y ellos a no querer hacerlo, no por terquedad sino porque no podían permitir que viviera de la manera que lo hacía.
Sus hermanos siempre obedecieron a sus padres, sólo ella era la rebelde. Y así le fué, por supuesto
Encontró a otro hombre con quien se fué a vivir y tuvo otros dos hijos con él. Era casado y por ello, no podía casarse con ella. Sus padres la ayudaron con los niños, pero con la condición de que dejara ésa vida de mariposa.
Finalmente, el bisabuelo Vicente hizo lo que más le dolió en su vida: corrió a su hija de la casa o mejor dicho, le puso un ultimátum: o dejaba de andar mariposeando y se dedicaba a cuidar de sus hijos, trabajando para sostenerlos o se iba de la casa porque estaba dando mal ejemplo a sus hermanas. Mi abuelita fué la segunda hija mujer y la tercer hija del matrimonio de mis bisabuelos. Después de ella, seguían niñas más chicas. Mi abuelita decidió irse y a los bisabuelos no les quedó más que verla partir.
Al irse de la casa de sus padres, encontró ayuda en una señora llamada Merceditas, quien le brindó un techo y después le ayudó a meter a sus hijos a un internado.
Nunca regresó a ver a sus papás. Murieron sin volver a verla. Al fallecer, a cada uno le había dejado un pedazo, pero a ella no. El terreno que iba a ser suyo, se lo dejaron a mi papá.
En ésos tiempos y por ésos lugares, las cosas se hacían a la palabra. Pero con el progreso llegaron también los abogados y el papeleo, que para personas como él eran innecesarias. Así que quedó intestado y hubo que legalizar lo que él había dejado dicho.
Y ahi fué otra muestra de que mi abuelita no actuaba muy bien que digamos. Como no tenía nada, pues fué a ver qué le habían dejado. No sé quien convenció a quien, pero el caso es que una hermana que vivía en USA envió dinero para los trámites, otra que vivía en la frontera se ofreció para ir a ver que se hiciera. Y el terreno que le dejaron a mi papá se puso a nombre de mi abuelita.
Mi papá se enojó mucho, discutió con ella, se metió uno de mis tíos y casi acaban a golpes. En la trifulca, mi abuelita intentó separarlos y le tocó un golpe.
Se hizo el escándalo. Alguien había llamado a la policía. Mi papá se fué por las azoteas, pero lo agarraron y lo metieron a la cárcel.
Salió por supuesto muy pronto.
Finalmente se calmaron las cosas. Mi papá y mi abuelita se reconciliaron. Mi abuelita vendió después el terreno a una hermana.
Mi papá nunca vivió ahí. Unas tías lo hacían, mientras construían en sus terrenos. Mi papá vivía con mi mamá y mi hermana en Acapulco de donde se regresó mi mamá porque no le gustó y porque estaba embarazada de mí. Así que una tía le consiguió vivienda. Pero ésa es otra parte de la historia.
Las hijas dei bisabuelo decían que era duro, pero yo creo que era firme. Una se juntó con un tipo que pensó que lo iban a mantener, otra con un tipo que la dejó cuando nació un hijo con retraso mental. Otra se casó con uno que pensaba que podía tener a cuanta mujer se le pusiera enfrente. Y así por el estilo sus 7 hijas. Mi bisabuelo tenía que ser duro, porque su debilidad era su fortaleza.
Aunque no volvió a ver a su hija, no dejó de pensar en ella y si no le dejó el terreno a su nombre y lo hizo a nombre de mi papá fue porque era tan poco reflexiva, tan dada a regalarse a cuanta amiguita conocía, tan dada a aceptar hombres que no respondían a sus responsabilidades que no era muy sensato dejarle algo a su nombre.
Mi papá compró dos terrenos muchos años después y se los vendió a mi abuelita muy baratos. Al fin tenía algo suyo, como su papá mi bisabuelo deseaba. Dejó de andar de un lado para otro.
Finalmente creo que mi bisabuelo le dió ése encargo a mi papá. O por lo menos mi papá llegó a conocerlo tanto que sabía bien lo que su abuelo deseaba.
Mi bisabuelo fué de los hombres de antes, de los que no sobran muchos por desgracia.
Mi abuelito debió tener su genio también, puesto que tomó a mi abuelita Cata y se la llevó a vivir a Veracruz donde nació mi papá. Ahí vivieron hasta la muerte de mi abuelito.
Mi abuelita entonces se regresó a CDMX, llevaba a mi papá de 4 años. Los abuelos españoles se negaron a ayudarla. A cambio le dijeron que les diera al niño para criarlo ellos.
Mi abuelita se negó.
Mis bisabuelos Vicente e Isabel lo registraron entonces como hijo suyo para evitar que le fuera arrebatado a mi abuelita. Se quedaron a vivir en su casa. Pero....
Y ahí está el gran pero que llevó a mi abuelita Cata a ir de un lado a otro, de una cama a otra, de balcón en balcón como dice la canción de Napoleón: se negaba a vivir bajo las normas de su padre, le gustaba vivir con más libertad como lo había hecho al lado de mi abuelito Rafael.
Y éso acarreó que buscara y encontrara a otro hombre con quien procreó 2 hijos. Un varoncito que creció hasta los 16 años cuando murió víctima de una infección y una mujercita que falleció a los dos años de edad.
Esta relación se terminó Y ella regresó con sus padres de nuevo. Ahora eran tres hijos en lugar de uno sólo.
Ella seguía en su terquedad de cambiar a sus padres y hacer lo que ella creía estaba bien. Esa manera se la enseñó mi abuelito Rafael. Y ellos a no querer hacerlo, no por terquedad sino porque no podían permitir que viviera de la manera que lo hacía.
Sus hermanos siempre obedecieron a sus padres, sólo ella era la rebelde. Y así le fué, por supuesto
Encontró a otro hombre con quien se fué a vivir y tuvo otros dos hijos con él. Era casado y por ello, no podía casarse con ella. Sus padres la ayudaron con los niños, pero con la condición de que dejara ésa vida de mariposa.
Finalmente, el bisabuelo Vicente hizo lo que más le dolió en su vida: corrió a su hija de la casa o mejor dicho, le puso un ultimátum: o dejaba de andar mariposeando y se dedicaba a cuidar de sus hijos, trabajando para sostenerlos o se iba de la casa porque estaba dando mal ejemplo a sus hermanas. Mi abuelita fué la segunda hija mujer y la tercer hija del matrimonio de mis bisabuelos. Después de ella, seguían niñas más chicas. Mi abuelita decidió irse y a los bisabuelos no les quedó más que verla partir.
Al irse de la casa de sus padres, encontró ayuda en una señora llamada Merceditas, quien le brindó un techo y después le ayudó a meter a sus hijos a un internado.
Nunca regresó a ver a sus papás. Murieron sin volver a verla. Al fallecer, a cada uno le había dejado un pedazo, pero a ella no. El terreno que iba a ser suyo, se lo dejaron a mi papá.
En ésos tiempos y por ésos lugares, las cosas se hacían a la palabra. Pero con el progreso llegaron también los abogados y el papeleo, que para personas como él eran innecesarias. Así que quedó intestado y hubo que legalizar lo que él había dejado dicho.
Y ahi fué otra muestra de que mi abuelita no actuaba muy bien que digamos. Como no tenía nada, pues fué a ver qué le habían dejado. No sé quien convenció a quien, pero el caso es que una hermana que vivía en USA envió dinero para los trámites, otra que vivía en la frontera se ofreció para ir a ver que se hiciera. Y el terreno que le dejaron a mi papá se puso a nombre de mi abuelita.
Mi papá se enojó mucho, discutió con ella, se metió uno de mis tíos y casi acaban a golpes. En la trifulca, mi abuelita intentó separarlos y le tocó un golpe.
Se hizo el escándalo. Alguien había llamado a la policía. Mi papá se fué por las azoteas, pero lo agarraron y lo metieron a la cárcel.
Salió por supuesto muy pronto.
Finalmente se calmaron las cosas. Mi papá y mi abuelita se reconciliaron. Mi abuelita vendió después el terreno a una hermana.
Mi papá nunca vivió ahí. Unas tías lo hacían, mientras construían en sus terrenos. Mi papá vivía con mi mamá y mi hermana en Acapulco de donde se regresó mi mamá porque no le gustó y porque estaba embarazada de mí. Así que una tía le consiguió vivienda. Pero ésa es otra parte de la historia.
Las hijas dei bisabuelo decían que era duro, pero yo creo que era firme. Una se juntó con un tipo que pensó que lo iban a mantener, otra con un tipo que la dejó cuando nació un hijo con retraso mental. Otra se casó con uno que pensaba que podía tener a cuanta mujer se le pusiera enfrente. Y así por el estilo sus 7 hijas. Mi bisabuelo tenía que ser duro, porque su debilidad era su fortaleza.
Aunque no volvió a ver a su hija, no dejó de pensar en ella y si no le dejó el terreno a su nombre y lo hizo a nombre de mi papá fue porque era tan poco reflexiva, tan dada a regalarse a cuanta amiguita conocía, tan dada a aceptar hombres que no respondían a sus responsabilidades que no era muy sensato dejarle algo a su nombre.
Mi papá compró dos terrenos muchos años después y se los vendió a mi abuelita muy baratos. Al fin tenía algo suyo, como su papá mi bisabuelo deseaba. Dejó de andar de un lado para otro.
Finalmente creo que mi bisabuelo le dió ése encargo a mi papá. O por lo menos mi papá llegó a conocerlo tanto que sabía bien lo que su abuelo deseaba.
Mi bisabuelo fué de los hombres de antes, de los que no sobran muchos por desgracia.
Mi abuela Isabel, una mujer de las de antes. Que confiaba en su esposo, que no discutía porque no había razón para hacerlo, que encontró en él apoyo y bienestar para ella y sus hijos.
Que obedecía a su esposo porque confiaba en él,
Hay una razón para ésta reflexión:
Conocí a una muchacha cuya madre trabaja, que pensó encontrar una familia y un apoyo en su vida. Y desgraciadamente no fué así.
Después de dos años de vivir con un muchacho, se vió de nuevo en la encrucijada de buscar a dónde irse. Esta vez con una niña en brazos.
Y a diferencia de mi abuelita no encontró apoyo y buscó a otro muchacho. Pero como digo, los hombres ya no son como los de antes, pues seguramente no le dará donde vivir y menos con una niñita.
Conocí a otra muchacha en las mismas condiciones. Que buscó apoyo en otro hombre y sólo tuvo otro hijo. Y la última vez que supe de ella, vivía con alguien quiensabe por cuánto tiempo.
Cada vez más, se ven casos así en la actualidad.
La forma de ver la vida ha cambiado. A personas que creemos que la familia tradicional es lo mejor, se nos ve como retrógradas, pasados de moda, personas que vivimos en el siglo equivocado.
Recuerdo a San Juan Pablo II decir que la familia es el núcleo de la sociedad y que la sociedad se está resquebrajando porque la familia lo está haciendo.
Hay una razón para ésta reflexión:
Conocí a una muchacha cuya madre trabaja, que pensó encontrar una familia y un apoyo en su vida. Y desgraciadamente no fué así.
Después de dos años de vivir con un muchacho, se vió de nuevo en la encrucijada de buscar a dónde irse. Esta vez con una niña en brazos.
Y a diferencia de mi abuelita no encontró apoyo y buscó a otro muchacho. Pero como digo, los hombres ya no son como los de antes, pues seguramente no le dará donde vivir y menos con una niñita.
Conocí a otra muchacha en las mismas condiciones. Que buscó apoyo en otro hombre y sólo tuvo otro hijo. Y la última vez que supe de ella, vivía con alguien quiensabe por cuánto tiempo.
Cada vez más, se ven casos así en la actualidad.
La forma de ver la vida ha cambiado. A personas que creemos que la familia tradicional es lo mejor, se nos ve como retrógradas, pasados de moda, personas que vivimos en el siglo equivocado.
Recuerdo a San Juan Pablo II decir que la familia es el núcleo de la sociedad y que la sociedad se está resquebrajando porque la familia lo está haciendo.
Madres solteras, personas divorciadas que se vuelven a casar y peor, que se casan varias veces. Parejas que viven juntas mientras el gusto exista, pero en cuanto pasa el gusto, cada quien por su lado. Y porque siguen viéndose y actuan muy educadamente creen que están bien.
Yo creo que es el desconocimiento de sí mismos. Desconocimiento que nace del desconocer a Dios que nos formó a su imágen y semejanza.
Y lo hizo por amor y con amor.
Cuando mi abuelita ya mayor, después de haberse dado en la cabeza un montón de veces, después de andar de hombre en hombre, después de andar de templos a iglesitas, a centros espiritistas y demás anchetas en su búsqueda de Dios, regresó a la Iglesia católica encontró entonces la puerta de regreso a una vida tranquila, a una vida en la que recobró todo lo que había perdido por cabezona.
Recuperó a sus hijos, recuperó a sus nietos, recuperó su terreno, recuperó casa, recuperó el respeto a sí misma y la fortaleza para vivir en consecuencia.
Yo conocí a mi abuelita en ésta época. No la conocí ante. Y agradezco a Dios la haya puesto en mi vida porque es la mujer que más amo en la vida, a la que más le agradezco y a la que más admiro.
Tuvo el valor de reconocer sus pecados, aunque sea tarde, tuvo la humildad para acercarse a buscar a su familia, a sus hermanas, a sus hijos.
Y éso no es sencillo como puede uno ver en tantos y tantos ejemplos de personas que prefieren acabar en la calle que regresar a pedir perdón.
Como dije al principio, no tengo ninguna foto de mis bisabuelos, pero sí un recuerdo de ellos.
En el baño de la casa donde vivieron y que quedó con una de sus hijas, quien la arregló, había un medallón grande de barro con la imágen del Castillo de Chapultepec como testimonio de su presencia en ése lugar. Por ello, pongo una imágen parecida en éste recuerdo de ellos
Estuvo ahí durante muchos años, ya que nosotros vivimos en un cuarto de ése terreno y usábamos ése baño. Vivimos ahí 3 años. Posteriormente seguí viéndolo aún cuando ya estaba yo casada.
Me gustaba mucho verlo. Supongo que algunos de los muebles de la casa de mi tía pertenecieron a los bisabuelos. Recuerdo que una pared de su recámara aún era de adobe. Y la gran pileta también era de ellos- Rastros de su presencia, rastros de su personalidad, rastros de su vida.
Vivían con órden, cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Con limpieza, pues hasta los puercos estaban limpios. Me tocó ver aún a puercos de los que ellos criaban. Ví grandes ollas y cacerolas de barro que les pertenecieron.
Tenían jaulas con canarios. Jaulas que también heredó mi tía y que yo de pequeña, ayudé a limpiar. Eran grandes jaulas que se sacaban en la mañana y se metían en la tarde.
Un saludo al cielo a mis bisabuelos que criaron y educaron a mi abuelita y a mi papá.

