¿Día de los Reyes?

Por Laura Aguilar Ramírez



Este día 6 de Enero en México y muchos otros países se espera a los Reyes Magos que en la noche, mientras dormimos llegan a nuestros hogares y dejan bajo el árbol de navidad junto a nuestros zapatos juguetes.

Es un día alegre para los niños y para los adultos al ver la alegría de sus hijos.

En mis tiempos, las calles se llenaban de chiquillos sonrientes que salían a mostrar a sus amiguitos sus juguetes, que los compartían con ellos, jugando tranquilamente.

Compartir la alegría con otros es lo que los niños hacíamos. No era presumir, sino compartir.

En lo personal, creo mucho en los Reyes magos. Tal vez haya sido una imágen de mi mente, pero yo los ví.
Era una niña inocente y alguien me dijo que no existían. Eso me entristeció por supuesto. Y al mirar por la ventana que daba a la entrada del callejón donde vivíamos, los ví descender. Eso me confirmó que existen aunque digan lo contrario.

Como digo, tal vez haya sido producto de mi imaginación o del deseo de creer. Pero yo no sabía ni cómo eran ni siquiera había escuchado nada de ellos fuera de que traían juguetes. Después, al crecer escuché que eran tres, que venían en un caballo, un elefante y un camello. En fin, lo que se cree popularmente. Después ví en la Alameda a personas representándolos con los cuales se retrata uno. Para mí era una hermosa tradición desde pequeña que enseñé después a mis hijos.

Era más que recibir juguetes, eran personajes que venían del cielo, de parte de Dios.
De Dios sí había escuchado de labios de mi abuelita. Ella nos enseñó a orar, a pedirle pan. La recuerdo con un niño cargando, con las manos extendidas, ante la imágen de la Divina Providencia y enseñándonos a orar a El.

Entonces, los reyes magos venían de parte de Dios, como respuesta a mis oraciones. Ese era mi pensamiento infantil a los 6 años. No sabía siquiera leer todavía, pero tenía fé en Dios.

Ese Dios que escuchaba a mi abuelita. Yo veía que la escuchaba porque siempre estaba tronándose los dedos por la necesidad y no sé cómo, sus necesidades se resolvían.

Para mí, el Día de Reyes magos era alegre. Porque como todo, venían de Dios.

Ahora al crecer y por Gracia de Dios, que conozco un poco de la fé, veo que no es sólo el Día de los Reyes que traen juguetes a los niños, que se recuerda principalmente al Niño Dios, que por Amor de Dios se manifiesta a todo el mundo, trayendo con su Nacimiento paz, luz, amor y sobre todo, perdón al género humano. Perdón del pecado de la humanidad representada en Adán y Eva, pecado que tenemos desde el vientre de nuestras madres.

Puedo imaginar la gran alegría de los pastores y de los Reyes magos al conocer que el Mesías anunciado había nacido.
Una gran luz brilló y los guió. Una gran luz brilló y guió a los pastores hacia Belén como estaba profetizado.

No. No es el día de los Reyes magos, es un día feliz en que Dios se manifestó a todos, aunque no fueran del pueblo elegido.
Es un día como todos los días, lleno de la luz de Cristo.

En muchos lugares ya no se celebra. Como muchas tradiciones se han ido cambiando o terminando, también ésta lo ha hecho
Pero ésta no es una tradición solamente, es un hecho real, asentado en las Escrituras.

A diferencia de Santa Claus, ellos quedaron impresos en las Escrituras, como ha quedado marcado en la historia de la humanidad, el Nacimiento de Jesús.

Es triste ver que sólo la Iglesia de Jesucristo lo celebra. Ni siquiera pueblos católicos actualmente celebran éste día. Y es importante, tanto que quedó escrito. Porque Dios hecho hombre en el Niño Divino, se manifestó, o sea, fué dado a conocer no sólo al pueblo elegido, sino para todos. Dando testimonio con ello de su misión salvífica para la humanidad.

Así que no es un día más, es un día de la Manifestación de El, de Dios hecho hombre.

Ya el recibir juguetes es un acto hermoso para dar alegría a los niños. Pero si no se hace como es: alegría compartida con los niños, entonces se pierde el sentido y queda sólo como un acto de recibir regalos sin sentido.

Sólo Dios da sentido a todo, a cada celebración, a cada acto litúrgico. Y es entonces cuando gozo al escuchar la misa de la Epifanía, que así se llama al acto en que Dios se manifiesta al mundo.

En éste caso, la Epifanía a los Reyes magos. Como el nacimiento, es la gran Epifanía.

Desgraciadamente como digo, se han ido acabando tradiciones como ésta o como la de las pastorelas o como la de las posadas.
Y si no las acaban, las transforman en festejos que no tienen nada que ver con la finalidad con que fueron hechas. Pero ésto no es de extrañar, Adán y Eva quisieron ser dioses, los hombres en la Torre de Babel también lo quisieron ser, construyendo una gran torre. En un afán del mundo por no oir, por no ver. Porque como a Heródes a quien también le fué anunciado el Nacimiento, pretenden acabar con Dios por sus intereses propios, quieren ser reyes, o mejor dicho, dioses.

Y es ahí donde veo a éstos Reyes magos que siendo sabios, ricos y tal vez poderosos, adoraron a un niñito en un pesebre y creyeron en lo que les había sido anunciado: que nacería el Rey de los judios para la salvación.

Esa es la gran diferencia entre los que creen en Dios y le creen a Dios.

Que la luz que iluminó al mundo en la Navidad y que fué dada a conocer a pastores y reyes, también resplandezca en nuestros corazones, ilumine las tinieblas que hay en ellos y podamos comos los Reyes magos, adorar a Dios reconociéndolo como el salvador en éste mundo que necesita tanto, tanto de Dios.

Padre bueno y eterno.
Te pido con todo mi corazón, lo limpies de miedos, de incertidumbre, de pesares. Mi mente entiende, pero mi corazón muchas veces se llena de tinieblas al ver los acontecimientos que ocurren alrededor.

Te pido por los pueblos que sufren en éstos momentos de incertidumbre, que desconocen lo que sucederá en sus países.
Te pido por aquellos que sufren hambre y pierden sus hogares a causa de las guerras o del terrorismo que asola nuestros países.
Te pido por tantas familias que ven desaparecer a sus hijos y no saben dónde están.
Te pido por tantas familias que vivimos con miedo: miedo de perder el trabajo, miedo de perder la vida, miedo de caer víctimas de accidentes, miedo de perecer en las manifestaciones de la naturaleza.
Te pido limpies de tantas tinieblas mi corazón. Te lo pido por los méritos de tu hijo Jesucristo, rey de reyes, Señor de Señores y único mediador entre Tí y nosotros, los hombres.

Viva Cristo Rey que se manifestó a reyes y a sabios en bien de pastores pobres e ignorantes.