Cuando todo va mal

Por Laura Aguilar Ramirez




Las cosas no siempre salen como uno quiere.... y a mí menos.

Desde niña lo aprendí. Y realmente es frustrante. Alguien me dijo alguna vez que si deseas algo, debes hacerlo tu misma. Y eso es imposible.

Nadie puede tener todo, pero tampoco alguien puede hacer todo.

Yo he tenido oportunidad de aprender mucho sobre muchas cosas. Sé hacer ropa, se tejer, se de oficina, aprendí algo de jardin, de mascotas, hago manualidades, etc. etc.

Pero también he aprendido que la vida es para vivirla y no para pasarla trabajando, que todos tenemos derecho a trabajar y a descansar.

He aprendido que el trabajo es un medio de servir a la sociedad, además de ser un intercambio de bienes. Es decir, yo hago con mi trabajo un servicio a otro y ese otro me da a cambio una remuneración.

He aprendido que el trabajo es algo que Dios mandó a Adan : ganaras el pan con el sudor de tu frente, le dijo. Y no fué tanto como un castigo, sino como una consecuencia de perder los privilegios que tenía a su lado.

Muchas veces, sin embargo, he terminado haciendo yo misma las cosas.
Hice mi patio trasero por ejemplo.
Sucede que el condominio horizontal que adquirió mi marido a crédito, tenía un patiecito de 3 x 3 de tierra.

A mi me encantó. Podía tener un pequeño jardín. Compre pasto y lo sembré, también tenía macetas con flores.

Pero... un día un vecino tocó a la puerta y me dijo que la pared de mi patio trasero era la pared de su sala. Y que empezaba a haber humedad.

Lo entendí. A mí no me gustaría estar en su lugar. Pero no tenía dinero para pagr un albañil. Así que le dije a mi esposo para hacerlo nosotros. Me mandó a freir espárragos jeje.

Y al vecino lo mandó más lejos aún. A mí me dió pena. Para entonces ya había aprendido que mi esposo era el señor del sábado. Siempre que le pedía algo, me decía que el sábado, pero no me decía qué sábado.

Trataba de entenderlo, trabajaba mucho, llegaba tarde todos los días y el sábado se levantaba tarde. No tenía tiempo.

Yo también trabajaba en casa, dando de comer a trabajadores herreros y albañiles, primero. Cosiendo ropa ajena después, pero el salía de casa, soportaba el tráfico y el estrés del trabajo, soportaba compañeros, etc. etc.

Así que recordando que alguna vez resané la casa de mi abuelita, decidí hacerlo yo.

A la entrada de la unidad, había un terreno donde dejaban escombro, me di a la tarea de cargarlo en cubetas hasta mi casa. El tamalero de la esquina con el que me llevaba bien, viendo mi esfuerzo, me prestó una carretilla y una pala.

Compré cemento y arena y después de rellenar con cascajo, puse el piso de cemento. No me quedó tan mal😀 El sábado cuando de fuimos a casa de mi suegra le dije muy orgullosa mi hazaña.

Yo creo que le dijo a mi suegro porque llegó en la semana a hacer mi piso, pero ya lo encontró hecho. Solo le dió unos toques donde me había fallado. No creyó que lo pudiera yo hacer. "no es cosa de mujeres" dijo, jeje

También me encargué de resanar la pared, porque como era de block la habian pintado dejando marcadas las lineas del block.

Bueno...en realidad sólo resane una pared, porque unos muchachos que eran albañiles de los que les daba de comer, y que se hicieron amigos se ofrecieron a hacerlo gratis y hasta me regalaron uno como pégamento que pusieron antes, para que quedara mejor y sirviera de impermeabilizante.

También hice unas repisas para la casa. Le dije a mi suegra que quería hacer unas porque me hacían falta y mi suegro como trabajaba en una maderería, llegó un día con varias tablas angostas. Yo tenía un serrucho que había olvidado regresar a una tía 😔 Corté las tablas, les puse resistol y las clavé. Me sirvieron mucho durante mucho tiempo.

Pero hay cosas con las que no me meto, como la luz o los taladros o la mecánica. Sé hacer reparaciones sencillas solamente.
Pero claro que prefiero pagarle a alguien que sepa hacer las cosas.
Sin embargo no siempre es posible, ya sea porque no me alcanza o porque no hay quien lo haga.

Lo más difícil es ponerse de acuerdo con alguien. A mí me pasa con mi esposo. Siempre se han de hacer las cosas como él quiere. Nomalmente accedo para no pelear, pero a veces es imposible ceder a pesar de que ya sé lo que sucede si no accedo.

Lo supe desde el primer día de mi boda. Todavía no sé ni qué le molestó a mi marido, pero la misma noche de mi boda me mandó a volar.
Un tío suyo, nos llevó al departamento que habíamos rentado y que yo junto con unos sobrinitos había pintado, encortinado, limpiado y colocado los muebles: una recámara que él compró en la mueblería de al lado de la fábrica donde mi abuelita trabajaba, una sala roja usada, que mi abuelita nos regaló, una estufa que le regalaron los compañeros de su trabajo, una mesa con dos sillas que una tía me prestó.

El no participó en éstas actividades porque vivía muy lejos. El departamento estaba cerca de mi casa.

Como tampoco participó del arreglo del salón en donde se realizó la fiesta. Mis tíos me acompañaron a limpiarlo. Se supone que sólo íbamos a poner las flores y guirnaldas que el mismo día de la boda habíamos comprado en Jamaica mi esposo y yo. Ese día nos levantamos temprano, pasó por mí y fuimos a comprar las flores, dos estrellas  (una para la casa de mi abuelita y otra para el departamento de mi hermana de donde salí para la iglesia)

El se fué a su casa para arreglar otras cosas. Después supe que estuvo jugando basquetbol con sus cuates, jeje.

Mis tíos y yo fuimos al salón y oh, sorpresa.... estaba super sucio, porque no se usaba desde hacía mucho tiempo. Lo tenían como bodega, así que lo tuvimos que lavar: ventanas, piso, baños.

Yo me había puesto tubos desde la noche anterior para peinarme. Andaba como la chimoltrufia con mis tubos y mi mascada, jeje.

Después arreglamos las mesas y sillas. Pusimos manteles que nos dieron en el salón, hicimos y pusimos los arreglos florales en las mesas. Y finalmente, colocamos las guirnaldas alrededor de todo el salón. nos quedó muy bonito, pero nos llevó casi todo el día.

Mis tíos se fueron a su casa. Habían dejado a sus cuatro hijos encargados para poder ayudarme.

Cuando regresé a la casa de mi hermana, me llevé otra sorpresa: no había agua. Así que no pude bañarme. Y aún más: mi madrina de bautizo que también sería mi madrina de velación no pudo ir a arreglarme como habíamos quedado porque su mamá sufrió de un ataque al corazón y la llevaron de emergencia al hospital. Así que tampoco fueron mis dos madrinas a la iglesia a entregarme, menos a la fiesta.

Como pude, me arreglé. Los tubos no me sirvieron de nada. Mi pelo estaba sudado y todos se me cayeron. En toda la noche, no me quité el velo por ésa razón. Había comprado un arreglito para adornar mi cabeza durante la fiesta, pero no pude usarlo.

Mi maquillaje por supuesto no era de fiesta. Me lo hice yo misma como siempre.

Y ya estaba lista para irme a la fotografía. Sólo esperábamos que llegara mi marido. Que no llegó a tiempo, habló para decir que no le daba tiempo de llegar por mí. Mi hermana se movilizó con un vecinito suyo, que me hizo favor de llevarme a la fotografía, donde todavía esperamos a mi esposo.

A él lo llevó el que después fué nuestro compadre, esposo de mi cuñada. El arregló el carro con guirnaldas, mientras mi marido jugaba basquetbol.

Como no había comido en todo el día, ni siquiera desayunado, y como estaba embarazada, en la fotografía casi me desmayo. Tuvieron que sentarme para tomarme la foto. Y tuvieron que retocarla porque estaba más pálida que un muerto.

De ahí, fuimos a la iglesia. Mi compadre se pasó altos, se subió a un camellón, iba como meteoro, jeje. Llegamos a la iglesia y estuvimos parados afuera mi esposo y yo, mientras acababa una boda que se celebraba en ése momento.

Sucede que como las invitaciones las mandó hacer mi hermana, le pusieron media hora antes y hasta yo me fuí con la finta, jeje. Soy muy puntual, pero no sabía que en las invitaciones se pone media hora antes porque nunca me había casado y juro que no vuelvo a hacerlo jeje

Asi que estuvimos ahí parados. Poco a poco fué llegando la gente, pero los padrinos no llegaban. Mi compadre se regresó a casa de mis suegros y los fué llevando poco a poco, dió varias vueltas porque era el único carro disponible. Mi suegro usaba el de mi esposo para ir a conseguir quien tocara. Sucede que una cuñada se ofreció a conseguir música en vivo, se le dió dinero para ello, pero el mero día dijo que no se había podido. Mi suegro salió a buscar algo. Y lo consiguió: dos chicos que tocaban varios instrumentos al mismo tiempo. Tocaron tan bien que ni se notaba que eran sólo dos, pero no era lo que habíamos pagado.

Así que mis suegros no estuvieron en la ceremonia religiosa, ni mi abuelita tampoco. El lugar de mis padrinos de velación lo tomaron unos tíos de mi esposo, así como el de la madrina de lazo que era mi cuñada que salió al salón de belleza y no pudo llegar a tiempo. Mandó el lazo con su esposo, así como mi otra cuñada envió el ramo. Pero lo enviaron en el segundo viaje, así que en la fotografía salgo con el ramo y la corona de novia de mi hermana que me los prestó. La corona de la cabeza la iba a llevar mi suegra, pero se le olvidó comprarla.

El padre salió varias veces para decirnos que si no llegaban, se suspendía la boda ya que tenía otras misas pendientes. Total que se consiguieron anillos en el momento porque nuestros padrinos de anillos no llegaban tampoco. Llegaron y cuando la misa estaba empezada.

Yo viví todo como en una pesadilla. Ya ni sentía, no lloré porque puse una capa de no sé qué dentro de mí.

Empezó la ceremonia. Mis sobrinitos, hijos de mis tíos quisieron ser pajes y llevarme la cola. Habíamos planeado que fueran sólo el hijo de mi hermana que era pequeño y la sobrina de mi esposo que también lo era. Pero la sobrinita no llegó, pues su mamá era la que estaba en el salón de belleza. Pobre, había ensayado cómo iba a ir tirando pétalos de flores delante de nosotros.  Y mi sobrinito, hijo de mi hermana, tampoco llegó a tiempo, porque mi hermana aún estaba en su casa. 

Al preguntar quién quería hacerlo, se ofrecieron mis dos sobrinos. Debía ser sólo uno, pero ninguno quiso hacerse a un lado. Todavía atrás de mí, se iban peleando, me daban cada jalón que casi me tiran el vestido. Gracias a Dios llevaba un velo corto. La cola que llevaban era la del vestido, como era corta sólo se necesitaban uno. Y eran dos, así que se iban peleando para ser sólo uno.

Al darme la copa con vino de la Eucaristía, se me nubló la vista. El padre me sostuvo con su mirada, para que no diera el azotón.
Saliendo de la misa, hicimos tiempo para no llegar al salón primero, ya que estaba cerca. Pero ni así lo logramos.

Muchos invitados no daban con el salón, se confundieron y se fueron al otro salón de fiestas de la unidad donde nos casamos. El otro era el salón que se usaba normalmente. Y cuando preguntaban por el salón, los mandaban para allá.

Así que cuando llegamos al saloncito y entramos, sólo estaban los músicos y dos gatos más, jeje.
Empezaron a tocar la marcha nupcial, y al volverme para darle la mano a mi esposo, no estaba. El zacatón al ver tan poca gente, se hizo mutis.

Entré y esperé a la gente a la entrada, dándoles la bienvenida. Algo debía hacer y nadie lo hacía.

Por el mismo tenor fué la cosa. Finalmente llegaron todos los invitados, hasta unos a los que no se les había invitado.

La música sonaba bien, pero cuando pidieron que los novios pasaran a abrir el baile... cuáles novios? Mi esposo se había desaparecido. Lo fueron a buscar y ya bailamos. Dice que andaba buscando sillas porque no alcanzaron las que pusimos.

Después calculé que era el momento de servir la cena. Ni mi suegra ni mi madre habían llegado, sólo habían enviado las hojaldras y el mole, junto con la ensalada que había yo hecho toda la noche anterior ayudada de mi abuelita y mi tía.

Me acerqué a preparar las hojaldras, porque no había quien lo hiciera. Gracias a Dios la tía de mi esposo me vió y me dijo que la novia no debía hacer éso. Puso al regimiento de primas de mi marido a hacerlo y ellos se encargaron de servir la cena, así como de servir los refrescos. Pobres. Fueron a divertirse y terminaron de meseras.

No sé cómo aguanté tanto sin llorar. Pero todo salió bien, gracias a Dios. A pesar de tantos contratiempos.

Me falta uno más:
A la hora de pasar la zapatilla, ya sabes... se acostumbraba pasar el zapato de la novia para reunir dinero. Y al hombre lo llevaban de mesa en mesa para que le pusieran billetes en el saco. De éso se encargaron dos amigas de la escuela.

Yo me negué a dar mi zapatilla. Sucede que mis zapatos eran plateados, pero muy usados. No había conseguido zapatos de boda en ningún lado. Tengo el pie muy grande y nunca conseguí zapatos cerrados a mi medida.

Días antes de la boda, mi hermana, mi esposo y yo, recorrimos medio DF para conseguir zapatos. No hallamos. Mi esposo no me entendía. Era algo con lo que yo había batallado siempre. El insitía, apoyado por mi hermana que en tal lado, que en aquél otro. Yo les decía que fuéramos al Taconazo Popis, donde yo compraba mis zapatos. Ahí encontraba de mi número, aunque fueran abiertos de la punta. No qusieron.
Pasamos toda la mañana y parte de la tarde, hasta que me cansé y me regresé al carro. De ahí no me movieron más.

Mi esposo se enojó, mi hermana también. Decían que era muy necia. No entendían porque apa ellos conseguir zapatos era cosa fácil. Para mí, no.

Mi abuelita como siempre, me sacó del apuro. No sé de dónde sacó unos zapatos plateados, usados pero en buen estado.
Así que cuando las amigas me dijeron que les diera mi zapatilla, por poco me da el soponcio. Me negué a hacerlo. No quería que vieran mis zapatos tan viejos. Ellas como eran tan alegres, me llevaron entonces y en una canastita de las que servían de arreglo de las mesas, iban pidiendo dinero para mí. Bien lindas ellas. Ni hicieron tango, ni melodramas. Simplemente entendieron que había una razón válida para no darles mi zapato

Sigo con lo aucedido en la fiesta. 
Mi tío se apoderó de la cantina, para repartir la bebida, porque hubo quien quería se les diera de a botella por mesa. El se amachinó a que eran sólo cubas lo que se servía. Si no, no nos hubiera alcanzado. Ese día descubrí que en la familia de mi esposo se toma en serio. 
Con la sidra sucedió lo mismo. Se dió una por mesa sólamente y no faltó quien dijera que les hizo falta. Sólo mi papá se guardó una que tomamos años después en su casa. Dijo que en nuestra boda no pudo brindar con nosotros.

Hasta un antiguo novio estuvo presente. No sé quién lo invitó, porque a mí ni se me hubera ocurrido hacerlo. Creo que fué el motivo por el que escuché que hubo pleito afuera del salón.

Cuando nos llevó el tío al departamento, mi esposo atendiendo a su sugerencia, me cargó, me metió, cerró la puerta y casi me tira al suelo.
Se negó a acercárseme en toda la noche. De hecho, terminó en el piso, porque se arrimaba a la orilla cuando yo me acercaba.

Esa fué mi boda. Por éso digo que de loca me vuelvo a casar.

Falta algo más: el pastel tan bonito que mi hermana y yo habíamos elegido, no llegó al salón. Sucede que dijeron que había chocado el camión que lo llevaba y mi hermana no pudo ir ni a la iglesia ni al salón por estarlo esperando.

Llegó a medianoche y ya no quiso llevarlo al salón. Así que al día siguiente, teníamos un chorro de pastel. Lo repartimos por piso. Le llevamos a mis suegros para que le repartieran a quien quisieran. Le llevamos a mi abuelita, a mi papá, a mis tíos.

Les tocó de a piso. Eran diez pisos. Mi hermana se lució con el pastelito.

Y desde entonces, he batallado para hacerme entender de mi esposo. No vemos las cosas desde el mismo ángulo.

Mientras él jugaba basquetbol el día de su boda, yo estaba limpiando el salón.
Mientras él se iba a su casa a descansar, a mí me tocó pintar y arreglar el departamento.
Mientras yo cosía en la máquina vieja de mi abuelita, que después me sirvió como la primera máquina con la que aprendí costura y empecé a coser ropa ajena y en la cual cosí mis sábanas, mis cortinas, mis manteles. Mi abuelita me acompañó a comprar telas para ello.

Mientras yo hacía casi todo, él sólo se dedicó a pasársela bien. Y así sigue la cosa más o menos. Por 45 años ya, no ha cambiado mucho.

Me falta algo más doloroso todavía:
Mi esposo tenía un carro que después se lo vendió a mi suegro. Lo agarraba como si fuera piloto de carreras. Nunca supe porqué estaba tan ejojado, pero sin ningún motivo, se salía y yo sólo escuchaba el motor del carro que pasaba como bólido por la calle en la noche. Eso en los primeros días de matrimonio. Cuando subía a tender la ropa, escuchaba su carro y lo veía dando vueltas como loco.

Otro día, al ir los dos en el carro, por poco nos sucede un accidente. Un trolebús casi nos embiste. Yo lo veía acercarse a nosotros y mi esposo no aceleraba para evitarlo. Le tuve que gritar para que se diera cuenta que venía el trolebús. No lo había visto.
Tal vez porque desconocía mis rumbos. Ahí, los trolebuses iban en sentido contrario en algunas calles como en la que nos habíamos cambiado.

Otro día, llegó tomado, gritando que le abriera. Yo estaba durmiendo, me levanté, pero no tan rápido como él quería y rompió el vidrio de la ventana. Al abrir la puerta estaba enojado porque no abrí rápido y empezó a golpear la pared.

Yo estaba asustada al principio, pero como siempre he aplicado aquello de que "a palabras necias, oidos sordos", le dije que si quería podía seguir golpeando sólo que se pusiera un guante para que no se sangrara. Y me fuí a dormir de nuevo.

Con personas tomadas no se discute, porque no entienden. Eso lo sabía yo desde antes, lo había aprendido con el esposo de mi tía que vivía con nosotros y con Don Pedrito que también se le iba el avión cuando tomaba.

Ya tenía callo para tratar con personas así. Pero nunca esperé que el hombre con el que me casara, tuviera el mismo problema. Por lo menos durante el noviazgo no dió muestras de ser así. Nunca me imaginé que fuera tan irascible. O fingía muy bien o yo era tonta y ciega que no me dí cuenta.

Esta entrada fué para mostrar quién es mi familia. Aquellos que salen adelante, aunque se les atore el caballo. Que no me dejaron sóla en éste que debió ser un día feliz y que fué una prueba de resistencia maratónica, como ha sido todo mi matrimonio desde entonces.

Sólo porque Dios es grande, sigo en la batalla. Cada vez que me he enojado con mi esposo por alguna razón, recuerdo a mi papá. Todo lo que batalló con las mujeres con las que vivió. Me prometí a mí misma no ser como ellas: quejumbres, pedinches, que no se detenían a ver los esfuerzos de mi papá por salir adelante, que no valoraban sus esfuerzos por sacarnos a pasear aunque sea pobremente, que siempre trataba de estar alegre. Eran gastalonas, creían que mi papá estaba para mantener no sólo a ellas sino hasta a su familia. 

Recuerdo a una por ejemplo, que cada vez que iba su mamá a la casa, salía con una bolsa de mandado: "tome, mamacita. Pobrecita, llévese ésto" le decía. La pobre de su mamacita tenía dos hijos solteros que trabajaban, ella misma trabajaba, mientras mi papá tenía que pagarle a dos empleados en el taller, mantenerla a ella y a su hija y al hijo de los dos. Pensaba tal vez que "cagaba dinero" como decía mi abueita algunas veces cuando se enojaba, que no era muy seguido, pero cuando lo hacía, le salía lo alvaradoreño.

Otra le decía a mi papá "cuentachiles", porque él llevaba la compra a la casa para ella y sus cuatro hijos y no le daba dinero. Le daba para lo que se necesitaba diario. Y es que la señora acostumbraba llevarle mandado a su mamacita que vivía con una hija madre soltera que no trabajaba y las mantenía otro hijo. Pobrecito de él.

Y también le llevaba a su hermana que tenía dos hijos, pero como su marido era obrero y mi papá chofer de confianza y ganaba un poco más, ella creía que era rico. Sólo tenía la facha de rico, por el porte y la guapura, y porque sabía vivir bien, pero no era rico. Sabía hacer muchas cosas, sabía ser amigo.

Así que yo me juré no ser de esas mujeres. Ni tampoco irascible. Una de ellas, casi le tiraba los platos a la cabeza a mi papá cuando se enojaba y se le salían los ojos como toro loco.

Siempre he tratado de llevar la fiesta en paz.. pero hay veces que me saca el tapón. Pocas, pero sí me lo saca.

Me calmo cuando recuerdo a mi abuelita. Tuvo cuatro hombres después de mi abuelito que la dejó viuda muy joven, con mi papá siendo pequeño de 4 años. Pasó las de Caín con ésos cuatro hombres. Tampoco quise ser de ésas mujeres. Mi abuelita me dijo un día, cuando le pregunté porqué tuvo tantos hombres: "Por tonta, hija. Buscaba quien me ayudara con mi hijo y me enjaretaron dos. Busqué quien me ayudara con mis dos hijos y me enjaretaron otros dos.  Pero todavía buscó otro y le enjaretaron otros dos. Chale.

Así que cuando me saca el tapón mi marido, no cuento hasta diez, me acuerdo de mi papá y de mi abuelita. Y se me baja la muina. porque finalmente todo termina, éta vida no es para siempre. Y como se dijo en la misa de ayer, todos vivimos aún los que ya fallecieron. Viven en Cristo Jesús. Esa es la meta. Todo lo que sucede en éste mundo, en éste mundo se queda. Sólo nos llevaremos nuestra fé y nuestras buenas obras. 

Hasta los malos están vivos. En el infierno, pero vivos.

Es cosa de elegir en donde queremos pasar nuestra eternidad.

Hasta la próxima.