Cuando no se pone uno los anteojos adecuados

Por Laura Aguilar Ramírez



Hoy recordé algo doloroso: cuando mi papá se fué al norte, donde fué asesinado.

Recuerdo el día en que avisó su esposa que lo habían hallado muerto. Estaba en casa de mi hermana como muchos sábados en que acostumbraba ir, jugábamos cartas. Me gustaba ir porque es la única familia cercana. Tengo 12 hermanos más, pero ella es la que siembre ha estado. Ella me enseñó a tratar a mi hijo mayor. Llevaba a mis hijos y mis sobrinos, hijos de mi hermana los veían. Mi sobrino les enseñó a jugar en su Family, antecesor del atari y demás. Los llevaba a jugar con su patineta. Era distinto a otros adolescentes que se molestan cuando alguien les agarra sus cosas. Cesarín les enseñaba, les prestaba sus carritos, no se enojaba por ello. Tal vez porque no tenía hermanos varones, sólo dos hermanas y otras dos sobrinas que vivían ahí, les tenía tanta paciencia a mis hijos. Creo que se divertía con ellos. Nos dejaba su recámara para que durmiéramos y él se iba al sillón. Era lindo mi sobrino.

Bueno... siguiendo con mi papá. Nos levantamos temprano. Mi hermana en ése tiempo, vendía pollo enfrente de mi casa. Ella vivía en un departamento y no tenía espacio para poner los tambos donde hacía pollo al carbón, riquísimo por cierto, como dice la fufurufa de los vecinos jeje. Nos pidió a mi esposo y a mí, chance de vender en nuestra casa que era pequeña, pero teníamos un patiecito de 1 metro por metro y medio donde cabían los dos tambos.

Le iba bien. Y a nosotros también, porque a raíz de que ella empezó a vender pollo, conoci a albañiles, herreros y demás trabajadores y empecé a venderles comida en la semana. Teníamos poco tiempo de habernos cambiado a nuestra casita de INFONAVIT. Algunos vecinos arreglaban sus casas, les ponían protección de herrería, etc. El mercado dpmde vendían comida, estaba lejos para ellos. Y pues, aproveché para ganar un poco de dinero.

Más porque no había dónde, que por lo rico de mi comida, iban a mi casa, jeje. Gracias a Dios. Hicimos amigos entre ellos. Más que clientes, algunos llegaron a ser amigos.

Decía que estábamos en su casa ése sábado. Mi hermana y mi cuñado se iban temprano a comprar el pollo. Casi iban entrando de regreso, cuando sonó el teléfono. Era la esposa de mi papá, dándonos la noticia: lo habían encontrado muerto en su troca, en un tiradero donde lo llevaron. Atado de manos con sus mismos calcetines y con la boca tapada con su ropa.

A mi hermana nunca se le ha cerrado el mundo. Reaccionó como siempre: pensando qué hacer.
Decidió que mi esposo se quedara vendiendo el pollo. Había puesto todo su dinero ahí. Mi cuñado tenía un taller mecánico eléctrico que tampoco podía cerrar. Mi sobrino era su ayudante, porque había aprendido desde niño. Además de otros ayudantes.

Así que fuimos a poner el puesto. Mi esposo se iba a hacer cargo también de mis hijos, porque no podía llevarlos. El mayor tenía 5 años y el menor 3. Los hijos de mi hermana se quedarían en su depa. Con el dinero de la venta del pollo y del taller se las tenían que arreglar para los gastos.

Por mi parte, tampoco tenía dinero, pero algunas personas me debían lo de la comida. Así que fuí a cobrarles mientras se ponía el puesto. Uno de los herreros, nos prestó dinero que tenía en ése momento y otros nos cooperaron sin decirles nada. Como digo, eran buenos amigos.

Yo como siempre, estaba embotada. Es algo que me sucede. Cuando veo que alguien se hace cargo, me pongo a sus órdenes. Bien dicen que "mucho ayuda quien no estorba". Mi hermana tomó el control y yo ayudé.
Cuando estoy sóla, yo tomo el control. Así no nos estorbamos unos a otros. Eso pienso y he pensado siempre.

Mi hermana se acordó de mi abuelita. Había que decirle. Era su hijo. Dejamos a mi esposo, mi cuñado e hijos en el puesto y fuímos a verla.
Mi abuelita era fuerte. Sus ojos se le entristecieron, pero no lloro. Se puso a buscar quien se hiciera cargo de su casa. Vivía sóla con don Pedrito que estaba atrofiado de sus músculos y no se levantaba de la cama.
Ella lo cuidaba, bañaba, cambiaba el pañal, las cobijas y sábanas diariamente. Tenía setenta y tantos años entonces y tenía mucha vitalidad

Un vecino le ayudaba. El mismo amigo de mi padre, que lo siguió cuando compró ésos terrenos. Mi papá le había ayudado mucho y Juanito le fué siempre fiel.
Cuando mi papá le vendió el terreno a mi abuelita, Juanito le ayudó a ella. El, su esposa y sus hijos eran lo más parecido a su familia.

Ellos se hacían cargo de don Pedrito, de la casa de mi abuelita cuando salía para ir a EE UU a ver a sus hijos, la ayudaban, la visitaban. Nunca la dejaron sóla.

Fué con ellos, les encargó el changarro. Juanito también le regaló dinero que tenía guardado. Mi mamá le dijo que se lo pagaría, pero él se negó a que lo hiciera. Realmente quería a mi papá.

Ya con todo arreglado, encargado todo, nos fuímos a Reynosa en el carrito de mi cuñado. Nos detuvimos a dormir un poco en un hotelito y a comer en el camino, porque la manejada es dura y con una mujer mayor sentada tanto tiempo, más.

Llegamos. Yo pensaba encontrar a Sixta sóla, a mi padre en la cama. No sé. Me imaginaba lo peor. Pero me llevé la sorpresa de que la gente se había hecho cargo de todo.
Los compañeros de mi padre que lo llegaron a estimar (él tenía el don de gente, era buen amigo de todos) se habían cooperado para el pago de la funeraria. Lo encontramos en su ataud, sólo nos estaban esperando para llevarlo al panteón. De hecho, debían haberlo enterrado el día anterior, porque en Reynosa hace mucho calor y los cuerpos se descomponen pronto.

Estaban un poco sorprendidos porqu el de mi papá no se había empezado a descomponer. Llegamos el martes a mediodía. Lo mataron el viernes. Lo encontraron el sábado en la mañana. En lo que se hacían las averiguaciones y entregaban el cuerpo, se veló el lunes y se enterró el martes

El viernes en la tarde, mi papá le dijo a Sixta: "ya me voy, chaparrita. Me doy una última vuelta y regreso". No regresó y si... fué su última vuelta.
No le gustaba trabajar hasta muy tarde, pero ése día le tocaba trabajar en el último turno. Los choferes tenían turnos que eran decididos por los dueños de la línea. A él le tocó ése día trabajar el último turno.
Una persona vió entrar su troca al "trapiche" como llaman al tiradero allá. Lo reportó anónimamente a la policía. Era de noche. Pero no hicieron mucho caso, porque era el cambio de turno según dijeron.

El siguiente turno atendió la llamada hasta la madrugada. Para cuando fueron, ya había muerto, desangrado.
Siempre me he preguntado si hubieran atendido a la llamada de inmediato, se hubiera podido salvar. Pero no sucedió así.

Su esposa salió muy temprano a buscarlo. No lo hizo en la madrugada por no despertar, pero al ver que no llegaba, no durmió por el pendiente. Cuando fué con su compadre a preguntar por mi papá, le dijo: "Ay, comadrita. Cómo que no llegó? Yo lo ví asomándose a la ventana de su casa cuando llegué en la noche".

Mi hermana lo soñó también. Tocaba la ventana como siempre que iba a visitarlos. Y yo lo soñé después Lo ví sonriente como siempre. Me llenó de paz cuando lo soñe, meses después.

Sigo con el entierro. Yo no lloraba. Ni una lágrima salió de mis ojos en mucho tiempo. Veía a mi abuelita que lloró sólo un poco y después se reía con el señor que le rentaba a mi papá y que era su amigo, porque con él jugaba dominó todas las tardes. De hecho, ése señor pagó la comida y el café y pan que se acostumbra dar en ésos casos. Como digo, se veló en la casa más tiempo del que se acostumbraba allá, por estarnos esperando. Así que él se encargó de dar de comer a Sixta y a sus dos hijos y a algunas personas que la acompañaron. Se portó super el señor

También se comprometió a pagar el panteón a los siete años y visitar su tumba. Porque nosotros no podríamos hacerlo después. De hecho, no hemos regresado. Sólo mi tío y Juanito regresaron después a pagar el panteón siete años despuésbr /> Y al señor había cumplido: visitaba su tumba. Bendito sea

Llegó el camión donde se transportó a la gente. De dónde salieron tantos me preguntaba. Fué largo el cortejo. Toda la línea estuvo presente: choferes y sus familias.
No era el primero al que asesinaban, desgracidamente no fué el último tampoco.

A mí me chocaba la actitud de mi abuelita, En el fondo de mí, la culpé desde que mi papá se fué a Reynosa. Cómo es posible que una madre vea a su hijo necesitado y no haga lo imposible por ayudarlo?
Creo que fué la primera vez que juzgué a mi abuelita. La sentí tan hipócrita cuando la ví llorar. Poco, pero lloró. Y después la ví platicando como si nada.

Mi papá había comprado dos terrenos. Uno de ellos más grande que el otro porque era esquina. Construyó en los dos. Primero una casita de dos cuartos y en la esquina construyó una casa más grande, donde puso una tienda y se pasó a vivir ahí.

Tenía cochinos porque su abuelo le había enseñado a cuidarlos. Quiso mucho a sus abuelitos que prácticamente fueron sus padres. Ellos lo adoptaron legalmente cuando a los cuatro años quedó huérfano de papá y mi abuelia se los entregó.

Después, le vendió los terrenos a mi abuelita. Ella volvió a poner la tienda, pero vivía en los dos cuartos. Así que tenía un lugar donde mi papá podía estar cuando lo necesitó al regreso de Oaxaca, cuando casi le cortan la pierna.

El vivió dos semanas con mi hermana después de salir del hospital. Buscó dónde irse, pero no encontró y terminó yéndose a la frontera.

Yo pasé años después por lo mismo y sé lo que debió dolerle.
Por lo que sea: nuestros malas decisiones o por otras cosas, también nosotros pasamos por malos momentos, perdimos nuestra casa y nuestro negocio. Intentamos levantarnos, nos fuímos a Puebla y terminamos llegando a Ensenada. Mi papá estuvo un tiempo en Ciudad Valles y terminó en Reynosa. Igual nosotros.

Mi abuelita no podía ayudarnos con un lugar dónde vivir, porque para ése entonces, una sobrina vivía en la casa grande y mi abuelita con otro de sus hijos y su familia, vivían en los dos cuartos que habían ampliado.

Así que le pedí a mi suegro ayuda y no quiso o no pudo hacerlo. Por una cuñada que vivía lejos. Como mi abuelita, años antes. Ella pensaba dejarle la casa a su hija que vivía en EE UU (de hecho, se la dejó) así que no ayudó a mi papá.
Lo vió irse sin mover un dedo. Como mi suegro nos vió a nosotros venirnos.

Cuando mi papá murió, un mucho de la admiración que le tuve a mi abuelita se cayó. Desde entonces, me juré no dejar de ayudar a mis hijos. No repetir lo que ella hizo.
El hubiera no existe, por supuesto. Pero si ella le hubiera ofrecido la casa para que viviera, otro gallo le cantara.

Sé también que mi abuelita se arrepintió mucho. Lo sé, no porque me lo dijera, sino porque a partir de entonces, se volvió a Dios más que nunca en su vida. Ella siempre fué muy religiosa, de hecho, anduvo vagando por varios sitios buscando a Dios. Después de la muerte de mi papá, empezó a ir a la iglesia. Empezó a leer la Biblia. Iba a la casa de sus hijos y nos la leía, tratando seguramente que nos entrara.

Lo sé porque también yo, cuando conocí a Cristo, he tratado de que mis hijos sepan de El, sepan que no están sólos. Sepan todo lo que Cristo ha hecho por nosotros.

Mi abuelita regresó a la iglesia después de la muerte de mi papá. Sé que sus últimos años los vivió en la fé. Tal vez entonces valoró a su hijo como nunca antes lo había hecho.

No sé qué me dolió más: si la muerte de mi papá o que lo dejaran sólo, hasta aquella que le dió el ser, aquella que fué amada por mi abuelito tanto que dejó familia, dinero y posición por ella.
Ella, dejó a su hijo irse.

Ese ha sido también ejemplo para mí. No dejar a mis hijos sólos en sus necesidades. Como lo hizo mi suegro con nosotros y lo hizo mi abuelita con su hijo
Perdón, pero éso es lo que siento. Eso es lo que sentí entonces. Y no voy a dejar de escribirlo, sólo para guardar apariencias.

Ahora puedo ver las cosas con otros lentes. Puedo perdonar. Y el perdón sale de mí en forma de lágrimas, lágrimas que curan mi alma más que lo que les puedan servir a ellos.
Durante años no lloré. Ni una sóla lágrima salió de mí. No lloré cuando murió mi hija. No lloré cuando murió mi papá. No lloré cuando murió mi abuelita.
Después he llorado a mares.
Sólo Cristo ha podido limpiar de mi alma tanto rencor acumulado.

Mi hermana resumió en dos palabras lo que yo sentía, pero no sabía que lo sentía y por ello no podía decirlo.
Mi hermana decía: "ay, mi abuelita. Ahora sí anda rece y rece por todo lo que hio y lo que no hizo".
Pero en algo se equivocaba mi hermana. Ella decía: "yo ya recé para toda mi vida". refiriéndose a los años que estuvo en el internado de religiosas y donde se iba a misa diariamente y se oraba antes de cada comida. Yo sólo estuve unos meses.

Nunca se reza lo suficiente. Siempre hay que pedir a Dios. Siempre hay que agradecer a Dios. Porque sólo El conoce nuestro corazón y sólo El puede sanarlo. Como el mío que era una piedra endurecida por lo que yo creía injusto en mi vida: el abandono de mi madre, el que mis madrastras no me aceptaran, el que las personas a las que ayudaba me dejaran sóla depués.

Esa historia se repetía una y otra y otra vez con todas las personas que me acercaba como perrito callejero buscando dueño.
Hasta que comprendí que para Cristo no soy un perro callejero, soy su hermana. Que para Dios no soy un perro callejero, soy su hija.
Que no necesito andar mendigando amor como me dijo alguna vez una persona. Que Dios me ama como soy y por quien soy.
Sólo El ha limpiado mi corazón de tanto rencor que acumulé en mi vida.
Sólo El hizo fluir lágrimas de mis ojos-

Alguna vez juzqué también a mi abuelita por querer que sus hijos le pagaran lo que hizo por ellos. Alguna vez le oí decir que sus hijos no la ayudaron. La oí decir muchas veces que ella tanto les había dado y lo mal que le pagaban.

Yo pensaba que cuando uno da, no espera devolución, que cuando uno ama, da lo que tiene y hasta lo que no tiene por los que ama. Eso lo sigo pensando.
Pero ahora lo sé porque lo he visto: Dios da lo necesario, cuando es necesario y como es necesario.
No como uno quisiera.

Dar sin esperar nada a cambio, dice Cristo. No es un dar para que me den, ni "hoy por mí, mañana por tí".

Mi abuelita era ambivalente, como yo seguramente o como muchos tal vez. Veía más bonitos a los hijos de los otros, en vez de ver a sus hijos preciosos.
Eso también se lo critiqué. Por ejemplo, yo me mataba por sacar buenas calificaciones, por portarme bien, para agradarle. Y lo lograba.
Pero taambién lo hacían sus hijos, y a ellos los malmiraba siempre. Eso hacía que me malmiraran a mí.

Para ella, sus sobrinos eran una maravilla, y sus hijos, no.
Creo que nunca valoró lo suficiente a sus hijos. El pasto del vecino no es mejor que el mío. Si algo no me gusta, le pongo flores. Respeto a mis hijos aunque no sean precisamente lo que yo quiero que sean.
Ella no lo hacía. Como he comentado, un día me llevó a la Escuela de Trabajo Social, sólo porque ella consideraba que era bueno para mí y ni siquiera me preguntó si quería. Yo ni sabía qué era éso.

Me parezco tanto a ella en muchas cosas. La amo tanto y siempre le estaré agradecida por lo mucho que hizo por mí, pero éso no quita que deje de ver el que no lo hizo por sus propios hijos.
Me echó mucho royal, como se dice. El royal que no les puso a sus hijos cuando eran pequeños.

Podría decir ahora de mí lo que decía de sus hijos: que soy una ingrata. Pero no puedo dejar de escribir lo que no me gustaba de ella.

Aunque la entiendo. Alguna vez mi esposo me dijo lo mismo: tú ves más a los hijos ajenos que a los tuyos, porque a veces me ponía a enseñarles o a cuidar a otros niños. Pero no era igual que mi abuelita. Tenía siempre un ojo al gato y otro, al garabato.

Aveces ayudaba a otros niños, porque mi propio hijo me lo pedía. Tal vez siguiendo el ejemplo de Cesarín mi sobrino, hijo de mi hermana, mi hijo mayor siempre me pedía que ayudara a otros a los que les costaba estudiar o que no tenían juguetes.

Como ves, la bondad no nace de mí. Siempre he dicho que mis hijos son nobles. Como noble es mi sobrino. Como noble fueron mi abuelo y mi padre.

Pero tambén hay que valorar. Mi abuelita no valoró muchas cosas. Ni a mucha gente.
Una cosa es ser buen amigo y otra dejarle todo al amigo.

Por ejemplo: mi abuelita era como las flores: atraía a los hombres buenos y trajabajadores Pero los despreciaba. Se los dejaba a sus amigas, tú crees?
Cuando jóven, un señor se le acercó. Ella tenía a mi papá pequeño, su amiga también tenía a una muchachita.
Pero el señor se acercó a ella. Pero como a la amiga le gustaba, se lo dejó. Ay, mi abuelita. El señor tenía un ranchote, con vacas y animalitos, tal como se lo recetó el doctor. Y se lo dejó a su amiguita a la que no le gustaba el rancho ni el sonido de sus aires.

Otro señor se acercó a ella, como ya he comentado. Tenía 3 hijas que la querían mucho. El señor era bien bueno. Con él vivimos cuando nos quedamos con mi abuelita, pero.... curiosamente, en ése tiempo, sus hermanas la necesitaron para arreglar el intestado. Y se fué con ellas.
A mi papá le dejaron sus abuelos un terreno, y tenia derecho a él, porque llevaba sus apellidos, pero como él no quería venderselos, aprovecharon una salida de él para convencer a mi abuelita para que les firmara, usaron su debilidad mayor y pusieron el terreno a su nombre y después la convenscieron de vendérselo.
Y por éso dejó a don Angel, que la quería tanto. Y que no es por nada, pero tenía su buena casa, sus buenos animalitos y sus buenas hijas

En otra ocasión, mientras ella trabajaba en un pueblo adonde la mandaron a enseñar el oficio a las trabajadoras, porque mi abuelita era jefa de anudado de collares, le ofrecieron un terreno en muy buenas condiciones, ella le platicó a su hermana que vivía en EE UU, y que por ésos días andaba en CDMX quien lo aprovechó, lo compró y se lo dejó a un hijo. Ay, mi abuelita.

Le caían hojas del cielo y se ponía a repartirlas a todos, menos a sus hijos. Y después la escuché quejarse de que sus hijos no le ayudaron a tener terreno. Oí el agua, dirían.

En otra ocasión, una amiga le habló de unos terrenos. Ella se levantaba temprano para ir, nos llevaba en la noche a hacer guardia con el friaso. Mi tío Arturo nos acompañó una vez y le dijo "Ay, mamacita. Esto está bien feo". Y ya no quiso volver.

Así era ella. Dejó ir a dos buenos partidos con rancho y animalitos por sus amiguitas.
Dejó ir un buen terreno, cerca de un buen trabajo por su hermanita.
Era "candil de la calle y obscuridad de su casa" como ella misma decía de mi papá. Y es que nunca lo entendió. El era un buen jugador. Jugaba dominó como los ángeles y jugaba baraja muy bien.

Pero jugaba billar mejor. Le daba a una bola y sabía en dónde iba a dar. Pero con mi abuelita, por más que le diera a las bolas adecuadas, ella se encargaaba de meter en la buchaca a otras. Al fin que a mí me caen sólas, seguramente pensaba.

La suerte no existe, las hojas bajan del cielo, pero no hay que desperdiciarlas. Llega el momento, que las bolas se acaban y mientras todas están en la buchaca, uno se queda sin nada. Eso le sucedió a mi abuelita siempre, hasta que mi papá le cedió un terreno, con casa ya construido. Y ella se lo deja a su hija que vive lejos, en lugar de dejarselo al hijo que la cuidó hasta que murió.

Nos tachaba de ingrata, ella que fué ingrata con sus hijos.

Y sin embargo, la quisieron tanto. La quiero tanto también yo, porque más que mi abuelita, fué mi mamá. Pero tentaba a la suerte, repartiendo a todos.

El buen juez por su casa empieza, dice Dios.
Los perritos tienen derecho a comer, le dijo una mujer a Jesús. Dices bien, le contestó. Primero se les sirve a los hijos en la mesa y se les da a los perritos las sobras.

Mi abuelita era al revés. La ví endeudarse por ayudar a otros, pero cuando otro tío mío, hijo suyo, necesitó dinero para irse y establecerse en un lugar, no movió un dedo.

La ví ayudar a perenganita porque tenía un hijo cojito y a su propio nieto que sufrió un accidente no lo cuidó.
La ví ayudar a una señora con su hijo con síndrome de down, fué a pedir para ella, endeudándose porque pidió a rédito y bien altos (lo sé porque yo la acompañé). Obviamente, la señora nunca le pagó. Pero también la ví acusar de ingratos a sus hijos, de contarles el pan que les daba.

La ví recibir en su casa a sutanita con todo y sus 5 hijos. Dormían en el pequeño cuarto donde de por sí no cabíamos. En uan litera dormían mi tía, su esposo y en la de abajo sus hijos. En la otra, mi tío y abajo, mi abuelita y yo. Los agregados se dormían enmedio del cuarto en donde se ponía un colchón. Mi papá les consiguió un departamentito para que vivieran.

Ahí durmieron también mi tío y su mujer y sus hijos, cuando no pagaron la renta y les pidieron los cuartos que mi papá les había dejado. Mi papá les dejó la vivienda donde él residía y se fué a un departamento.

Ahí también durmió una señora que mi abuelita conocía y a la que después le llevaba yo comida. Una señora que tenía hijas con carro y un terrenote para ellas sólas. Mientras nosotros dormíamos como gallinas, unos encima de otros

Ahí también recibió al papá del marido de mi tía, cuando se cansó de andar por las calles, porque ya estaba viejo. Le brindó un catre en la cocina, donde dormía la mona todas las noches. Se levantaba temprano (éso sí, ayudaba yendo por la leche a la Conasupo) desayunaba y se perdía hasta la noche. Vivió varios años en la casa.

Era buena mi abuelita, bondadosa con la gente, pero les sonaba a sus hijos con reatas mojadas si se emborrachaban y nos sonaba con el cinturón hasta que veía sangre cuando nos portábamos muy mal.
Y sus hijos no eran peores que los otros, ni menos necesitados que los demás.
Si alguna amiguita le decía que nos untara caca de vaca en la cabeza, nos la untaba. Nunca se fijaba si ésa amiguita les untaba la caca a sus propios hijos.
Eso siempre me dolió. Y seguramente también les dolió a sus hijos antes que a mí.

Creo que cuando mi abuelita leyó Meteo 6 entero, debió llorar más que nunca
Ahí se resume todo lo que aquí escribo

Mateo 6
La limosna
6 1 Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

La oración
5 Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
6 Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
7 Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
8 No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

El Padrenuestro
9 Ustedes oren de esta manera:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre,
10 que venga tu Reino,
que se haga tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

11 Danos hoy nuestro pan de cada día.
12 Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos han ofendido.

13 No nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del mal.

14 Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

El ayuno
16 Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 18 para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

El verdadero tesoro
19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban.
20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.
21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.

La luz interior
22 La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado.
23 Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

Dios y las riquezas
24 Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

La confianza en la Providencia
25 Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
26 Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?
27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
28 ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.
29 Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.
30 Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
31 No se inquieten entonces, diciendo: "¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?".
32 Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
33 Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.
34 No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.


Hasta la próxima.