En éstos días siento que la vida volvió a la normalidad. Hace ya 4 años que el COVID cmbió al mundo. Tal vez yo no lo sentí tanto como otras personas, porque tiene tiempo que no salgo mucho de casa.
Anteriormente salía a trabajar, acompañaba a mis hijos en algunas actividades en sus años escolares, pero desde que nos cambiamos hace 23 años a la que es por fin nuestra casa, dejé de trabajar. Mis hijos estaban en la Universidad con sus propios intereses>
Dejé de trabajar, no porque yo lo deseara, sino porque no había trabajos cerca en los que pudiera desarrollarme
Hicieron un gran conglomerado de unidades por éstos rumbos, mucha gente se cambió a la zona. Y aunque también había algunas fábricas o lugares donde laborar, eran pocos. Estamos también cercanos a una zona rural y mucha gente de ahí, dejó ésa labor para buscar en las fábricas algo nuevo. Es decir, la demanda de trabajo creció.
En la actualidad, se ha mejorado en ése aspecto. Se han abierto nuevas fábricas, tiendas departamentales, retaurantes, etc. Pero cuandon nosotros nos cambiamos, no era así.
Muchas personas no encontramos trabajo. Algunas se dedicaron a vender tamales, burritos o lo que se les ocurría afuera de las fábricas, otras se pusieron a vender segunda, otras más vendían productos por catálogo y algunas se dedicaron a cuidar niños. Se abrieron varios negocios que no funcionaron: tiendas, papelerías, torterías, hamburgueserías, segundas.
Algunas personas consiguieroon trabajo muy retirados por el Valle de Guadalupe, Bajamar que quedan super lejos. Muchas personas compraron autos para poder desplazarse a sus trabajos o a sus escuelas, porque las escuelas existentes tampoco eran suficientes. Ahora se han ampliado y se han abierto escuelas particulares, pero al principio no era así.
Yo intenté trabajar en varios lugares, pero me daban sólo unos meses y después cambiaban de personal. Había tantos de dónde escoger que nos desechaban como pañuelos desechables. Intenté limpiar hoteles, pero en cuanto quedaban limpios, me despedían. Intenté limpiar casas, pero no contaba con auto y además ni sé manejar, jeje.
En fin. Como digo, cuando llegó el COVID para mí no fué tan difícil. No salía mucho de casa. Empecé a evangelizar por internet sin cobrar nada. A los 4 años descubrí que podía cobrar algo y trabajé así por varios años. No era mucho lo que ganaba, pero ayudaba para los gastos. Así que menos salía.
Pero sí lo noté al no poder asistir a misa normalmente. En ése tiempo, antes del COVID había 3 misas dominicales y 1 los viernes. Con asistencia mayor en las dos dominicales primeras y la del domingo en la tarde y la de los viernes iban creciendo poco a poco
Después del COVID fué como volver a Apenas ahora empiezo a sentir que vuelvo a la normalidad.>
El tiempo de COVID para mí fué un abrir de ojos. Descubrí que se padece sarcopenia cuando se es mayor. La sarcopenia es pérdida de músculo. Lo descubrí de una manera muy dolorosa: me salió sangre 3 veces de mi mano. En un país etranjero, donde se habla una lengua que no entiendo. Los mismos médicos que en tiempo normal, tal vez hubieran hecho otra cosa, me llenaron de medicamentos que disminuyeron mis defensas y me provocó una neuropatía.
Mi piel se había adelgazado mucho y la carne de mis manos había casi desaparecido. La sarcopenia es normal a partir de los 45 años, se necesita hacer ejercicio, llevar una alimentación adecuada, cosa que yo desconocía.
El COVID aumentó mi debilidad y mi sarcopenia. Aunque cuando nos dió COVID a mí me dió poco, casi no sentí síntomas, seguramente sí acrecentó mis debilidades. Así que me pasé casi 3 años en hospitales: primero por mi mano, después porque me dolía mucho la espalda y me hicieron un tratamiento de ozonoterapia, después por una biopsia que me hicieron para descartar algún tumor maligno en la mama, después por la neuropatía. Total, que si no es chana es Juana, cada mes visito el médico>
A raíz de mis tratamientos, no podía hacer ejercicio. Pasando el COVID, se agrandó la casa y entre que se construía y entre el hospital, no podís hacer ejercicio con lo que subí de peso.>
Ahora por fin, he vuelto a mis ejercicios matutinos, dejé ya de estar tanto tiempo sentada aunque sigo evangelizando, ya no es como antes. He vuelto a poder cuidar de mis plantas y animales. He bajado de peso, ya no me la paso en el doctor, aunque sigo yendo por medicamento para mi neuropatía.>
La vida ha vuelto a la normalidad, gracias a Dios.
Fueron tiempos de shock, que puedo comparar con mis perros.
Recientemente murió una de mis perras, tenía casi 15 años. De repente, empezó a no caminar bien y finalmente ya no podía mover sus piernas. Hubo que dormirla porque ls moscas no la dejaban en paz. Tuvimos un perro al que las moscas lo tomaron de larvatorio y se llenó de gusanos estando vivo. No quisimos que le sucediera lo mismo a Misha.
Hasta los animales cambian con una experiencia así. Toby es otro de nuestros perros, 6 años menor que Misha, pero desde que llegó a la casa de 8 meses estuvo con ella. Cuando estuvo paralizada por 4 o 5 días, Toby empezó a cambiar. Se volvió como más obediente, más tranquilo, más atento. Hasta su mirada cambió, como si de repente madurara>
En Marzo llegó otra perrita, llegó como de 2 meses. Super inquieta La encontraron mi hijo y su novia al lado de la carretera en un costal. Seguramente la dejaron ahí por inquieta. Todo rompe, todo muerde, todo destruye. Es muy juguetona, brinca mucho, la zopenca se mordió la cola y mordió al Toby en el lomo. En fin. Me rompe macetas, saca la tierra. Esperamos que cambie cuando la esterilicen.>
Digo que el COVID cambió al mundo. Siento que aumentó la violencia. Yo esperaba que la gente madurara, que reflexionara, que se establecieran puentes de comunicación, que el amor triunfara. Y me decepcionó que en cuanto se vió libre de la enfermedad, se lanzaran países contra países. Que se incrementaran las guerras, que se empoderaran partidos políticos inoperantes.
Creí ingenuamente que los hombres valorarían más la vida. Cosa que no es así.
En México, aumentaron los delitos, el gobierto no funciona, la violencia aumentó, la impunidad también.
Se escuchan guerras en Europa, los desplazados aumentan. En Medio oriente que normalmente anda siempre con problemas, ahora han aumentado.
Es como si el mundo hubiera perdido la esperanza, la fé y la caridad. Cada quien quiere ser considerado por los demás, quiere ser más que los demás. Es como cuando un niño se cae, quiere atención. Pues cada persona que ha sufrido en éste tiempo es como ése niño que quiere atención, que quiere consuelo.
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Es triste. Y no debería ser así. La vida sigue. La vida no se detuvo a pesar de todo. Deberíamos agradecer a Dios, deberíamos vernos como hermanos, no como rivales- Deberíamos compartir lo que tenemos, no intentar aprovecharnos de los demás como sucedió en el COVIV en que doctores y charlatanes se aprovecharon de mucha gente. El COVID sacó lo peor de mucha gente.
Pero yo empiezo a ver un rayo de sol entre la niebla. Empiezo a regresar a la normalidad en mi vida. Así como Toby que ya juega después de la muerte de Misha, que ha dejado de ser tan agresivo o juguetón para compartir con Salomé, la perrita encostalada. Antes, con Misha no dejaba que tomara agua antes que él, ni permitía que cuando él comía se acercara. Ahora permite que Salomé tome agua y no la ataca si come.
Es increíble que un perro sea mejor que muchas personas, que un perro cambie para mejorar y compartir con otra perrita y que las personas que Dios creó y a los que ama y cuida, se ataquen unos a otros.
Me gustaría que el mundo fuera como Toby, que cambió para bien ante una desgracia. Porque tal vez en su mundo perruno, se dió cuenta de lo Misha era para él. Misha podía haberlo mordido y atacado, pero le dejaba muchas veces de su comida porque era más pequeños que ella. Ella le enseñó a ladrar a los sospechosos y a ser cariñoso con nosotros. Yo la veía como su maestra. Y ahora Toby hace lo mismo con Salomé.
Es increíble cómo Dios nos enseña através de los animales que podemos ser mejores.
Alguna vez Cristo dijo que fuéramos como las palomas y como la serpiente. Puso de ejemplo a ovejas y burros y a otros annimales. Yo puedo ver porqué en Toby y en los animalitos que he tenido.
Le pido a Dios que mis hijos no se dejen endurecer, ni se conviertan en unos necios
Le pido a Dios que el mundo regrese a la normalidad. Esa normalidad donde lo negro es negro y lo blanco es blanco. Donde la violencia no es la que manda. Donde el crimen no tiene la última palabra aunque haya gobernantes que así quieran verlo.
Donde el amor vence. Donde la luz vence a la oscuridad. Donde los días no son nublados.
No me gusta la niebla. Me gusta ver el sol, me gusta ver la luna. Me gusta ver el cielo. Y la niebla impide ver todo ello. Aveces por éstos slugares, la neblina es tan densa que no se ve a 5 metros>
Aunado a las tardes frías y a los días que aunque el sol brille, son húmedos, éstos meses de fin de año me deprimen. Es poe ello, que si antes me gustaba la Navidad, ahora me gusta más. Que si antes adornaba la casa para éstas fiestas, ahora la adorno mucho más. Me gustaría que la luz de la estrella de Belen disipara la neblina de éstos días por ésta zona.
A mi esposo le gusta la neblina. Oigo a personas que dicen que viven en las nubes, porque no se alcanza a ver nada. A mí no me gusta sinceramente. Así que me gusta llenar de luces navideñas. Si no fuera porque en Enero llega el recibo más cargado, y porque se puede hacer un corto por sobrepasar los kilowats permitidos, ponía luces en todos lados, jejeje
Que la luz de Cristo disipe la neblina de violencia y de maldad del mundo.
Paz y bien.

