Hace unos días celebramos el cumpleaños de mi hijo mayor.
El es mi segundo hijo. Mi primer hija había fallecido 3 años antes, a los dos meses de edad.
Como madre, siempre se recuerda el momento en que por fin vemos al ser que hemos llevado en nuestro vientre durante nueve meses.
Cada parto es distinto, o por lo menos para mi lo fueron los tres que tuve, sin embargo el primero marca a los otros dos.
Soy aprensiva desde pequeña, tal vez porque mi mamá me dejó con mi abuelita a los 9 meses de nacida. Mi abuelita me decía que cuando llegué con ella, no venía en muy buenas condiciones. Mi mamá era muy joven, aún no tenía 20 años y ya había tenido dos hijas. Mi hermana mayor era muy inquieta, con mucha pila y requería mucha atención. Por ello, mi mamá no podía atendernos a las dos de igual manera. Mi hermana absorbía todo su tiempo, así que yo me chupaba el dedo cuando tenía hambre, porque llorar no me servía de mucho jeje.
También me contó que llegué muy rosada . En fin, éso es lo que me contaron de mis primeros meses. Después, ví los embarazos de dos tías que parecía se echaban carreritas entre ellas. Sus hijos son de la misma edad entre ellos. Tuvieron 4 cada una.
Después me tocó ver los 3 embarazos de mi hermana mayor.
Bueno, en realidad sólo supe de todos éstos embarazos, porque primero, estaba en el internado y después estuve en el anexo de un grupo.
Era como un invitado en mi familia porque no vivía con ellos, sólo los veía el fin de semana. Muchas veces cuando llegaba a la casa, me encontraba con la novedad de un nuevo integrante o de algún refugiado. Mi abuelita tenía buen corazón y varias personas acudían a ella cuando tenían necesidad. Ví personas pidiéndole dinero para algún enfermo, dinero que no le regresaban casi nunca. Ví mujeres llegar con sus hijos cuando se separaban del marido por una u otra razón. Ví personas mayores buscar compañia. En fin. La vida de mi familia pasaba y yo no era parte de ella.
Todo ésa manera de vivir me hizo desear tener una familia propia. Miraba a otros niños con papá y mamá, vivir en su casa. Mamá cuidaba de los niños y papá trabajaba. Salían de paseo, veían la tele juntos, convivían, etc. Cosas que yo no hacía. En ése tiempo en el rumbo donde crecí, no se veía a muchas mujeres trabajar fuera de casa, la mayoría eran amas de casa.
Yo deseaba tener una familia más que nada. Alguna vez pensé en tener un hijo como madre soltera, pero no me parecía justo para mi hijo. Lo que nunca pensé fué en darle a mis hijos un padrastro porque yo tuve 3 madrastras y no es bonito ver entrar y salir de la vida de uno a una mujer tras otra y mucho menos, verlas irse sin siquiera voltear a verte y vivir esperando su regreso. La primer espalda femenina que ví alejarse para no volver, fué la de mi mamá y después la de las otras tres mujeres con las que mi papá vivió.
Así que cuando me casé y tuve a mi hija fué maravilloso. Mi primer parto fué cesárea al igual que los otros dos. Me había preparado para un parto normal, había comprado libros que hablaban sobre el embarazo, había hecho ejercicios para el momento del parto.
Era como un invitado en mi familia porque no vivía con ellos, sólo los veía el fin de semana. Muchas veces cuando llegaba a la casa, me encontraba con la novedad de un nuevo integrante o de algún refugiado. Mi abuelita tenía buen corazón y varias personas acudían a ella cuando tenían necesidad. Ví personas pidiéndole dinero para algún enfermo, dinero que no le regresaban casi nunca. Ví mujeres llegar con sus hijos cuando se separaban del marido por una u otra razón. Ví personas mayores buscar compañia. En fin. La vida de mi familia pasaba y yo no era parte de ella.
Todo ésa manera de vivir me hizo desear tener una familia propia. Miraba a otros niños con papá y mamá, vivir en su casa. Mamá cuidaba de los niños y papá trabajaba. Salían de paseo, veían la tele juntos, convivían, etc. Cosas que yo no hacía. En ése tiempo en el rumbo donde crecí, no se veía a muchas mujeres trabajar fuera de casa, la mayoría eran amas de casa.
Yo deseaba tener una familia más que nada. Alguna vez pensé en tener un hijo como madre soltera, pero no me parecía justo para mi hijo. Lo que nunca pensé fué en darle a mis hijos un padrastro porque yo tuve 3 madrastras y no es bonito ver entrar y salir de la vida de uno a una mujer tras otra y mucho menos, verlas irse sin siquiera voltear a verte y vivir esperando su regreso. La primer espalda femenina que ví alejarse para no volver, fué la de mi mamá y después la de las otras tres mujeres con las que mi papá vivió.
Así que cuando me casé y tuve a mi hija fué maravilloso. Mi primer parto fué cesárea al igual que los otros dos. Me había preparado para un parto normal, había comprado libros que hablaban sobre el embarazo, había hecho ejercicios para el momento del parto.
En ése tiempo, me sentía muy moderna, muy distinta a mi familia, veía las cosas de una manera diferente a ellos. Por ejemplo, mi abuelita decía que no había que moverse mucho en lo últimos meses del embarazo y yo había leído que no había porqué reducir las actividades normales, que el embarazo era algo normal y por lo tanto, la vida debía seguir normalmente.
Así que estando ya muy avanzado mi embarazo una sobrina cumplió años y se lo celebramos con un pastelito y nos pusimos a bailar. Estaba de moda una canción en la que se brincaba como conejo o langosta, no recuerdo, el chiste es que brinqué como loca. A los dos días, empecé a sentir dolores y se convirtió en un ir y venir a hospitales. Me revisaban y me regresaban porque aún no era el momento.
Así que estando ya muy avanzado mi embarazo una sobrina cumplió años y se lo celebramos con un pastelito y nos pusimos a bailar. Estaba de moda una canción en la que se brincaba como conejo o langosta, no recuerdo, el chiste es que brinqué como loca. A los dos días, empecé a sentir dolores y se convirtió en un ir y venir a hospitales. Me revisaban y me regresaban porque aún no era el momento.
Estuve así dos días, hasta que un primo de mi esposo que hacía su residencia en un hospital consiguió que me recibieran y como los dolores iban y venían y les urgía la cama, decidieron hacerme una cesárea. Me dejaron como olán el vientre, jeje. El médico que me cosió, lo hizo como si estuviera haciendo olanes jeje y me dejó la panza bien bonita (claro, si fuera una blusa con olanes) me abrió desde el ombligo hasta abajo y me frunció toda.
Cuando estaba en la plancha para dar a luz, iba a ser cesárea sólo con anestesia local como todas, pero sucede que el anestesiólogo me puso mal la anestesia y para cuando me dió la primer tajada con el bisturí, me dolió hasta el alma. El doctor sólo dijo que el idiota anestesiólogo había vuelto a hacer su tarugada y me pusieron más para dormirme toda.
Cuando estaba en la plancha para dar a luz, iba a ser cesárea sólo con anestesia local como todas, pero sucede que el anestesiólogo me puso mal la anestesia y para cuando me dió la primer tajada con el bisturí, me dolió hasta el alma. El doctor sólo dijo que el idiota anestesiólogo había vuelto a hacer su tarugada y me pusieron más para dormirme toda.
Recuerdo que cuando me ingresaron al hospital, estaba en la camilla con otra mujer, una muchacha que no obedecía lo que le decían, gritaba y pujaba como le había dicho alguiien y no atendía a las enfermeras que le decían que aún no era momento de pujar. Pujo tanto que se convulsionó, yo estaba bien tranquila, sin dolores mirándola. Llamé con gritos a la enfermera que junto con otros, la llevó a operar. Le hicieron cesárea estando inconsciente, debían salvar al niño. Cuando dejé el hospital tres días después, aún seguía inconsciente.
Yo acariciaba mi vientre y hablaba con mi niña. En ése momento, aún no sabía que sería niña. Le decía que iba a estar bien, que nacería bien, que iba a obedecer lo que se me indicara para que ella viniera con bien al mundo, que la amaba y que por ella estaba dispuesta a obedecer.
El doctor que me operó, me dijo que nunca había tenido una paciente tan dócil como yo . Eso me lo han dicho muchas personas a lo largo de mi vida.
Por éso, cuando mi segundo hijo iba a nacer también por cesárea, a pesar de haber tenido un bonito embarazo y de haberme preparado, cuando estuve en la plancha, mis rodillas empezaron a temblar sin poder controlarlo. Tal vez en mi subconsciente se quedó lo pasado en el parto anterior y el doctor decidió dormirme toda para poder realizar la operación.
Por éso, cuando mi segundo hijo iba a nacer también por cesárea, a pesar de haber tenido un bonito embarazo y de haberme preparado, cuando estuve en la plancha, mis rodillas empezaron a temblar sin poder controlarlo. Tal vez en mi subconsciente se quedó lo pasado en el parto anterior y el doctor decidió dormirme toda para poder realizar la operación.
Para el tercer hijo, me programaron la cesárea y ésta vez no me durmieron toda. Pero el anestesiólogo estuvo a mi lado todo el tiempo, tomando mi mano y explicándome lo que estaba sucediendo. Fué el único parto bonito que tuve en reallidad. Sin embargo, en mis tres partos, lo que me sostuvo fué el deseo de ver a mis hijos, no importaba lo que pudiera dolerme. Me recuperaba muy pronto para poder ir a verlos en el cunero. Era la primera que estaba ahí y la última en retirarme. Iba con el tripié. Las enfermeras me decían que era muy pronto para levantarme, que esperara a alguien para que me ayudara a bañarme, a levantarme, etc. Pero nunca tuve a nadie que hiciera éso por mí, asi que no tenía que esperar a nadie.
Ni una madre, ni una hermana, ni una amiga.Nnadie estuvo a mi lado en el hospital. Me visitaban de entrada por salida, pero nadamás. Lo mismo sucedió cuando me operaron de la vesícula o me hicieron una biopsia. En mis enfermedades nunca ha habido alguien que me atienda, jeje. Recuerdo por ejemplo cuando a los 8 años tuve sarampión. Mi abuelita se iba a trabajar, me dejaba acostada con un suero con sidral, con fruta y verduras al lado. Me dejaba una basinica para que no tuviera que pararme a ir al baño.
Pero estaba tan débil con la fiebre, que al intentar levantarme para usar la basinica, me caí y tardé mucho para poder levantarme. Así que estaba acostumbrada a no esperar que nadie viniera a auxiliarme cuando estaba en cama.
Mis hijos han sido lo más bello y la mayor bendición que Dios me ha dado. Han sido mis compañeros, mi razón de vivir.
Por las circunstancias de mi vida, nunca tuve tiempo para hacer una amistad firme, no por mi gusto, sino porque al separarse mis padres y quedarme con mi abuelita, viví bajo su estilo de vida y ella se movía mucho. Antes de casarme a los 20 años, ya había vivido en 8 casas distintas, había pasado 5 años en internados, separada de mis hermanos, porque mi otro hermano vivió con mi otra abuela (la materna) y mi hermana con mi papá y su tercera mujer.
Estudié en 2 primarias y cuando estuve en la secundaria estaba tan lejos de mi casa, que no tenía compañeros de escuela con quien reforzar la amistad que hacía ahí. Empecé a trabajar a los 14 años y menos tuve tiempo de hacer amigos. La amistad es muy importante en la vida de las personas y yo no tuve amigos, no porque yo no quisiera sino porque así me tocó vivir.
Así que viví lejos de mi familia, de mis padfres, de mis hermanos y sin amigos. Mis hijos son mi todo, mucho más que lo son para otras personas. Son mi sol, mi aire, mi vida. Son mi gran regalo. Ellos han llenado mis años de soledad.
He visto llegar a mi vida a muchas personas que toman de mí lo que pueden y después se alejan sin más. Sólo mis hijos están siempre.
He escuchado a mujeres quejarse por los dolores de parto o quejarse de que sus hijos son una carga o que ya no saben qué hacer con ellos. Y yo siempre me he preguntado cómo es posible que digan algo así, si los hijos son lo más maravilloso que Dios les dió.
Tal vez sea porque no han vivido como yo, deseando ser correspondida cuando doy mi amor. Pero como digo, no es cosa de los demás, es que yo no estaba el tiempo necesario para afianzar una amistad ni siquiera con mis hermanos.
Así que lo que más agradezco a Dios, es haberme dado la vida y haber puesto en ella a mis hijos. No cambiaría nada de mi vida, ni mi soledad, ni los dolores de mis cesáreas, ni la pobreza, ni nada de lo que he vivido, porque de haber sido distinta mi vida, no estarían ellos en ella.
Gracias, Señor por los hijos que me diste, por todo lo que he vivido y por estar siempre a mi lado.
Mis hijos han sido lo más bello y la mayor bendición que Dios me ha dado. Han sido mis compañeros, mi razón de vivir.
Por las circunstancias de mi vida, nunca tuve tiempo para hacer una amistad firme, no por mi gusto, sino porque al separarse mis padres y quedarme con mi abuelita, viví bajo su estilo de vida y ella se movía mucho. Antes de casarme a los 20 años, ya había vivido en 8 casas distintas, había pasado 5 años en internados, separada de mis hermanos, porque mi otro hermano vivió con mi otra abuela (la materna) y mi hermana con mi papá y su tercera mujer.
Estudié en 2 primarias y cuando estuve en la secundaria estaba tan lejos de mi casa, que no tenía compañeros de escuela con quien reforzar la amistad que hacía ahí. Empecé a trabajar a los 14 años y menos tuve tiempo de hacer amigos. La amistad es muy importante en la vida de las personas y yo no tuve amigos, no porque yo no quisiera sino porque así me tocó vivir.
Así que viví lejos de mi familia, de mis padfres, de mis hermanos y sin amigos. Mis hijos son mi todo, mucho más que lo son para otras personas. Son mi sol, mi aire, mi vida. Son mi gran regalo. Ellos han llenado mis años de soledad.
He visto llegar a mi vida a muchas personas que toman de mí lo que pueden y después se alejan sin más. Sólo mis hijos están siempre.
He escuchado a mujeres quejarse por los dolores de parto o quejarse de que sus hijos son una carga o que ya no saben qué hacer con ellos. Y yo siempre me he preguntado cómo es posible que digan algo así, si los hijos son lo más maravilloso que Dios les dió.
Tal vez sea porque no han vivido como yo, deseando ser correspondida cuando doy mi amor. Pero como digo, no es cosa de los demás, es que yo no estaba el tiempo necesario para afianzar una amistad ni siquiera con mis hermanos.
Así que lo que más agradezco a Dios, es haberme dado la vida y haber puesto en ella a mis hijos. No cambiaría nada de mi vida, ni mi soledad, ni los dolores de mis cesáreas, ni la pobreza, ni nada de lo que he vivido, porque de haber sido distinta mi vida, no estarían ellos en ella.
Gracias, Señor por los hijos que me diste, por todo lo que he vivido y por estar siempre a mi lado.

