No es lo mismo

Por Laura Aguilar Ramírez

Mi papá decía "el hombre llega hasta donde la mujer permite" "si tú no te respetas, nadie te respetará"

El papel de la mujer es el papel que ella misma se da.
Conozco novias (que son de manita sudada hasta que se casan)
Conozco mujeres engañadas (que se quedan cargando un niño y siguen solas)
Conozco esposas (que se casan con un hombre)
Conozco mujeres(las que viven con un hombre) "la mujer de"
Conozco amantes (a las que un hombre pone casa, pero tiene su esposa)
Conozco mujeres que cobran por sus favores a varios hombres. Y que tienen distintos nombres
Y conozco mujeres que ni son novias, ni son esposas, ni son amantes, ni son mujeres que cobran por sus favores a varios hombres, pero se acuestan con ellos, las pasean y vive cada uno en su casa.

Un día escuché a un hombre un insulto a la mujer. El peor que yo haya escuchado. 
Es como darle a la mujer un valor equivalente a una mesa, a una silla o a un traste que se usa y se deja en su lugar. Eso si, acomodadito. 
Es el ligar que muchas mujeres actuales se dan a sí mismas.
El hombre y la mujer actual, se usan mutuamente. "Tú me usas y yo te uso"
Y cuando uno establece ése tipo de relación con alguien, es triste. Y es la mujer la que lo permite o lo favorece.
Uno misma se degrada al lugar de un mueble.

Cuando una mujer se casa, es esposa, es novia porque la pasean, es amante porque la visten y calzan, es su mujer porque vive con él.

Desde niña, he tratado de fijarme en la forma de vivir de otros. Decía mi abuelita que uno aprende de dos maneras: en la propia cabeza o en cabeza ajena.
Así que yo trataba de fijarme para no caer en el mismo error que otros. Es inevitable caer en algún bache, sobre todo en éstos lugares en donde es lo que sobra. Pero no es lo mismo caer en un gran bache donde el carro ya no avanza, que caer en un bache del que se puede salir apretando el acelerador o dando un pequeño empujón.

Jesús dice en el Evangelio de hoy en Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho’’
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Escuchar que Cristo no condena, sino que salva es lo mejor que he escuchado. 

Las palabras de mis padres han sido luz en mi vida, luz que ha evitado caiga en la oscuridad.
Hace poco, yendo en un recorrido con un grupo que practica senderismo, se nos pedía lleváramos una linterna porque el regreso ya es oscuro. Olvidé un día la mía y procuré estar cerca de alguien que llevara linterna y seguía de cerca la luz, me iba fijando por donde pisaban, para no tropezar.

Eso es cansado, porque debo ir al paso de la persona que lleva la luz. Si va muy rápido, me forzo. Si va muy lento, me enfrío. Ir a mi paso es lo mejor, pero "a falta de pan, tortillas son buenas". Ese día me cansé más.
Incluso yendo con mi esposo, él va a su paso y yo al mío. Porque somos distintos.

Esto lo hacía desde nuestra etapa de noviazgo. Ibamos a la misma escuela, pero él se sentaba con las personas que conocía y yo con las mías.
Cuando empezamos a andar de novios, él ya tenía un grupo con el que se juntaba y yo otro. Y así continuamos.
Al salir de clases, me llevaba a mi casa y echábamos novio.

No me gustaba echar novio en la escuela ni en el trabajo. La causa es ésta:
Alguna vez, pregunté a alguien dónde podía conseguir novio. Era yo una chiquilla. Me contestó "en la escuela o en el trabajo" y no fué buen consejo, jaja. Aprendí en mi propia cabeza que no es buena idea.
Porque si echo novio en la escuela o en el trabajo, descuido mis actividades y la cosa no sale bien. Para cuando conocí al que ahora es mi esposo, hice todo lo contrario a lo que me había aconsejado mi amiga, porque cuando seguí sus consejos no me fué bien.
Entonces regresé a los que mis padres me habían dado y todo mejoró para mí.

A partir de ahí, he caido en baches pero no tan profundos que no pueda salir con un simple empujón.

Mi mama me dijo "Cásate por la iglesia" y no dudé en hacerlo. Ya me había dado en la choya y me había dolido. He pensado que de haber seguido el camino que me trazaba mi amiga, hubiera acabado en la calle, cargando un niño sin padre o trabajando en un cabaret como muchas.

Mi mamá me dijo: "aprende a inyectar para que trabajes en tu casa y cuides de ella y tus hijos". No aprendí a inyectar pero aprendí a coser y pude aportar ayuda a la economía familiar sin descuidar tanto a mis hijos, ni mi casa ni a mi esposo.

Fué con mi mamá que llegué por acá. Mi hermana iba a irse al otro lado y yo que andaba apurada, me le junté. Me puse de acuerdo con mi esposo, siguiendo los consejos de mi hermana y no salió bien. Fuí con mi mamá a pedirle ayuda. Y nos acompañó. Mi hermana se fué al otro lado y yo me quedé aquí con mis hijos. Después nos alcanzó mi esposo.

Mi mamá fué la luz que iluminó mi vida. Lo hizo aún cuando no la viera. Y lo sigue haciendo cuando recuerdo lo que me decía.
Casualmente todo lo que ella me aconsejaba, lo he encontrado en la Palabra de Dios.

Ella regresó a la Iglesia ya mayor. Empezó a leer la Palabra de Dios y aunque siempre tuvo razón, la manera en que nos trataba no era la correcta. Ella trataba de "sacarnos el diablo" como yo digo, a reatazos y cintarazos. Cuando empezó a ir a la misa, a escuchar y leer la Palabra de Dios cambió su manera de tratarnos.

Pero siempre tuvo razón. Fueron sus métodos los que no nos cuadraban. Pero cuando es el amor el que guía, termina por encontrar la manera correcta. Y ella nos amaba más que a nada en el mundo. De éso nunca tuve duda.

El buen pastor cuida de sus ovejas, el asalariado huye en cuanto ve venir al lobo.
El asalariado lisonjea, le dice a uno que uno quiere oir, con tal de sacar provecho. El buen pastor no duda en dar su vida por sus ovejas.
El salariado te deja sólo cuando más lo necesitas. El buen pastor te busca hasta que te encuentra

Trato de aplicar una norma en mi actuar con los demás: respetar sus maneras y sus costumbres siempre y cuando no les dañe o me dañe. Esto porque alguna vez leí la historia del choui.
Una joven india guaraní tenía un hijo y este no tenía con quién jugar; su única diversión era mirar cómo volaban los pájaros tan libres y tan dueños del cielo. Al indiecito le gustaba mucho encaramarse, subirse a los naranjos a comer las ricas naranjas. Su madre cada vez que salía a trabajar le encargaba que no saliera de la casa, ya que podía venir un animal salvaje y hacerle daño. Siempre prometía hacer caso, pero la mayor parte de las veces llegaba la mamá y no encontraba a su hijo, que atraído por el bosque andaba deambulando por él.
Un día lo castigó fuertemente con una rama y le hizo prometer no ir más al bosque. Durante mucho tiempo cuando la madre volvía él ya estaba en casa. Pero un día estaba en lo alto de un naranjo mirando el camino para ver venir a su madre para bajar corriendo, pero no la vio llegar.
Cuando la madre llegó a su rancho y no lo encontró, lo llamó fuerte y el niño la escuchó. Al querer bajar tan rápido, sus pequeños pies se resbalaron y cayó al suelo. La madre no escuchó cuando el niño cayó y en el mismo momento que cerró sus ojos para siempre, su cuerpo sufrió una transformación tal, que se convirtió en un pájaro chogüí, como aquellos a los que había admirado tanto. Sobre la cabeza de la india que esperaba a su hijo, pasó volando y cantando y se fue con toda la bandada de chogüíes.
Según cuenta la leyenda, el indiecito convertido en chogüí viene todos los días a su casa, acompaña a su madre al trabajo y va a los naranjales a picotear las naranjas que son su fruta preferida, cantando "choui choui"
Tratar de que alguien que no está acostumbrado a comer con tenedor lo haga de un día para otro, es exponerlo a pincharse la lengua, por ejemplo. Enseñarle a hacerlo poco a poco, es lo mejor.

Pero ésto también lo he aprendido de manera dolorosa:
Cuando mi hija nació, mi mamá nos ayudaba con la comida mientras estuve embarazada y una tía abuela nos cobraba poca renta. Pero caí en aceptar regresar al trabajo a los 15 días de nacida. La sacaba temprano, la subía al metro tan chiquita, la dejaba en la casa de una persona que la cuidaba. Cuando murió dos meses después, me quedó la culpa.
Era domingo, debíamos regresar a la casa porque era ya noche, mi esposo tomaba con mi suegro, cosa que no hacía en domingo. Regresamos tarde, 11 días antes habíamos tenido que llevarla al hospital porque le dió fiebre al sacarla a la fiesta de Año nuevo
Yo insistía en irnos, pero no me hicieron caso hasta ya tarde.
Si no hubiera trabajado, nos hubiéramos quedado en casa de mi suegra y al día siguiente mi esposo se hubiera ido a trabajar de ahí como otras veces lo habíamos hecho.

Después de ahogado el niño se tapa el pozo, dice un dicho.
Entonces recordé el consejo de mi mamá, de buscar la manera de trabajar en casa para cuidar de mis hijos. Tarde y doloroso, pero aprendí.

Las costumbres de otras personas eran distintas a las de mi familia y en ése estira y afloja, perdí a mi niña.

Lecciones muy duras las que pasé por querer vivir de forma tan distinta. Poco a poco he ido aprendiendo otras formas y las he ido haciendo parte de mi vida, pero de sopetón es muy doloroso.

Cristo salva, no condena. Es uno mismo quien se condena. Por desconocimiento, por no creerlo o por cualquier otra razón. He llegado a la conclusión de que ésa es la causa principal del sufrimiento en nuestras vidas.