Por Laura Aguilar Ramírez
Cuando empecé éste nuevo blog, lo hice sólo para contar reflexiones, recuerdos, anécdotas para compartir con aquellos a los que pudiera interesarle saber de mi familia.
Nació como el anterior hace casi 19 años, de mi deseo de dejar testimonio para las futuras generaciones. Porque no tuve la dicha de conocer a familia de mis abuelos ni de mi mamá. Eso es como no tener raíces.
Conocí sólo a la familia de la mamá de mi papá. Así que me dí a la tarea de ir conociendo lo más posible acerca de los demás y darlo a conocer para quienes les interese.
No queriendo que éso suceda a mis descendientes, escribo sobre los que conocí.
Pero... como el anterior blog, terminé compartiendo de Dios, jeje. Es que no tiene caso saber de la familia si no se sabe de Dios. Porque finalmente entendí que es El quien ha cuidado de mí y de los míos.
Es algo recurrente. No puedo dejar de hablar de Dios simplemente.
Y es que dice el Evangelio de hoy: "Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado"
Jesús ha enviado a muchas personas a mi vida. Personas que la han ido marcando. Los 4 años que pasé en el internado, dejaron huella en mí. Tan sólo 4 años. Pero antes, medio año en un internado donde religiosas nos daban clases. Después la señora Carmelita que nos daba Catecismo en casa de un tío. Esos años en mi infancia no se olvidan.
Una amiga me dijo alguna vez que "La impronta, imprinting o imprimación en animales es un proceso de aprendizaje rápido e irreversible que ocurre poco después del nacimiento o eclosión, donde la cría se apega al primer objeto o ser en movimiento que ve (generalmente la madre)" Y también se sabe que los primeros años en la vida de un ser humano son la etapa en donde se aprende más y más rápidamente. Mis primeros años estuvieron marcados por la fé.
Y es la fé la que me ha sostenido finalmente. De las cosas que más lamento en la vida, es no haber imprimido en el alma de mis hijos la misma fé.
Al mundo no le hace falta más que fé. "La fé que mueve montañas" "si tuvieras fé como un granito de mostaza..."
Yo pienso que hay fé en el mundo. Existen distintas religiones, éso me habla de que el hombre sabe que hay un Dios. La cuestión es qué fé es la que nos guía.
"Que todos sean uno" oraba Jesús al Padre. Y en las palabras que escuchamos hoy en el Evangelio, vemos porqué lo pedía. "el que lo recibe a El, recibe al que lo ha enviado: el Padre"
¿Qué dicha más grande puede existir que ésa, que recibir al Padre? En éso es en lo que pienso cuando comulgo el Cuerpo y la Sangre de Cristo. En que un pedacito de cielo entra en mí y me santifica o me acerca a Dios.
También pienso en que aquellos que me antecedieron están presentes en ése momento, porque Cristo también dijo: "donde yo esté estarán ustedes". Así que al comulgar también lo hago con mis familiares, porque sé que fueron buenas personas, que tuvieron errores, pero Cristo cambió sus vidas.
Sé que hay "otras ovejas que no son de su rebaño" porque El mismo lo dijo. Ahí están incluidos todos los que no creen en El. Es por éso que nos manda evangelizar, es decir, comunicar la buena nueva a los demás.
De hecho, si lo pienso. Todo comenzó con el llamado a doce apóstoles hace 2000 años. Antes, Dios había hablado por medio de profetas a un pueblo elegido. A ellos se les anunció que nacería el salvador: Jesús el Cristo.
Y de ése tiempo para acá, el mundo cambió. La fé cristiana existe en todo el mundo. Pero también existen personas que no creen o que tienen otra fé.
Así que el mensaje de Cristo sigue siendo actual, sigue hablándonos a cada uno y sigue enviándonos a comunicar a los demás la buena nueva.
Empezando por casa. No es fácil. Hay tantas voces y hay un tiempo para cada cosa.
Es más sencillo cuando se es pequeño, después cuesta mucho.
Pero aquí sigo, tratando de lanzar semillas esperando que caigan en tierra fértil. Y sobre todo, pidiendo a Dios sea El quien las haga germinar
Tengo varias plantas, pero pocas que hayan nacido de semillas puestas por mí. Ha nacido epazote y jitomate, algunos cebollines también. Lentejas que me han dado germén. Pero deben ser muchas semillas para que germinen algunas. Y de ésas, varias no sobreviven al trasplante y después están las plagas que no las dejan crecer bien. He puesto chorrocientos huesos de ahuacate y sólo dos brotaron, pero se me secaron las plantas en un viaje. El epazote también se secó. Ahorita sólo tengo jitomate y éso bien chiquitos, jeje. Pero no quito el dedo del renglón.
Hay personas que les germinan las semillas, yo no soy muy buena en ello. Cuido plantas que compro o me regalan y sí se propagan, pero de semilla no es fácil.
Pero tampoco puedo ser tan dura conmigo misma. Ahora conozco de la fé que profeso y que heredé. Pero ni de niña, ni de adolescente ni de joven me fué enseñado ir a la Iglesia.
Recibí el catecismo en una casa, no en el templo o iglesia. Antes o por lo menos por mis rumbos, sólo se iba a la iglesia cuando se bautizaba, se casaba o se hacían los XV años. No sé la razón sinceramente, pero así era.
No se acostumbraba ir a misa ni siquiera los domingos. En el internado me enseñaron a orar por las noches, mi abuelita oraba en semana santa o de vez en vez cuando necesitaba le oraba a la Divina Providencia.
La iglesia no era parte de mi vida. Hasta los 40 años no fué mi costumbre. ¿Como podía yo enseñarles a mis hijos lo que yo misma no aprendí?
A mis hijos les enseñé lo que yo sabía, los eduqué conforme aprendí.
Actualmente, ha cambiado la forma de catequizar. Ahora los niños van a la iglesia a tomar el catecismo, van los domingos a misa. El catecismo dura dos años. Se está trabajando.
Los frutos se verán poco a poco seguramente.
Le pido a Dios que la fé se propague, porque estoy segura que sólo con la guía del Espíritu Santo, sólo haciendo a Dios parte de nuestra vida, alcanzaremos la salvación.
Se cosecha lo que se sembró. Y yo agradezco a Dios cosechar lo sembrado: hombres responsables, trabajadores, nobles, buenos padres y buenos esposos. Buenos ciudadanos.
Lamento que en mis tiempos y en sus tiempos de catecismo no se hicieran las cosas como ahora se hacen en la iglesia.
Agradezco a Dios que me hubiera llamado, que conocí de su Iglesia, grande, pero conocí. y le pido por mis hijos, por mis nietos para que ellos también conozcan de El.

