Hay grandes dolores en la vida de las personas. Dolores que sólo pueden ser curados por Jesucristo.
Estaba recordando una novela que leí cuando tenía 12 años. Anthony de Saint Exupery era mi autor favorito a ésa edad.
En el internado había gozado mucho cuando una alumna de la escuela de Filosofía y letras fué a hacer su tesis profesional. Ella nos leía libros y después nos pedía que escribiéramos lo que entendiámos de lo que nos había leído. El librito que nos leyó fué "El principito"-
Dios me dotó de una buena memoria. Podía recordar lo que nos leían de una manera que mis otras compañeras no podían hacer. Tal vez porque me encantaba leer. Lo hago desde antes de aprender a leer en la escuela.
Así que tenía callo, jeje. Pero me encantó porque no era una lectura sóla, sino que compartía con otros. La chica se alegró mucho con mis comentarios, y tal vez hasta se sorprendió. Pero ella no sabía que yo me bebí en los 4 años que estuve en el internado. todos los libros que estaban en el gran librero: Biografías, cuentos de de escritores de varias nacionalidades, libros de zoología, de biología, de historia. En fin, de todo. En cada cuarto había pequeños libros a nuestra disposición. Libros de cuentos que ahora mi nieto de 5 años disfruta aunque aún cuando no sabe leer. Libros para niños pequeños, pero que muchas de mis compañeras sólo veían como adornos
A mis compañeras más pequeñas, les contaba los cuentos casi casi como estaban escritos, gracias a mi buena memoria. Ellas disfrutaban de ésas noches, se dormían escuchando de sapos convertidos en principes, de la princesa que tenía en los ojos hojas verdes que le impedían ver, etc. etc.
Se dormían y yo me dormía después. Cuando escuchaba sus respiraciones tranquilas, me callaba. Pero una vocecita al final del cuarto, me decía: "ya se acabó el cuento? ¿qué pasó después? Se llamaba Lucía.
Así que después, cuando encontré otro libro de Anthony de Saint Exupery lo leí. Fué "Juan Salvador Gaviota" y me encantó. Es la historia de una pequeña gaviota que quería remontar los aires hasta lugares más altos.
Las gaviotas se burlaban de él, porque se rompía las alas, se sangraba y tardaba días en sanar, pero él insistía y se volvía a subir a una cumbre desde donde se aventaba, tratando de vencer las corrientes de aire que son más fuertes mientras más alto se vuela.
Finalmente lo logra. Es feliz volando por sobre las demás gaviotas, porque ver cómo se pelean por el pescado le duele. El pensaba que si se sube más alto, se puede ver más pescados y así no hay necesidad de pelear.
Deseaba ver superados a sus amigos y familiares, quería que volaran más alto para ver que el oceano es amplio y tiene muchos peces. Eso había imaginado y por éso se había esforzado tanto. Cuando finalmente sus alas fueron fuertes para subir más alto, vió que tenía razón. Y le dolía ver a las demás gaviotas pelear por peces, las veía quitarse del pico un pez, las veía picotearse entre ellas.
Después, varias gaviotas lo siguieron, lograron volar más alto... pero volvieron a lo que son: gaviotas y siguieron picoteándose por quitarse un pez.
El Evangelio de hoy nos dice algo parecido. Despues de la multiplicación de los panes, los discípulos se alejan al otro lado del lago Tiberiades, muchas barcas los siguen pensando que Jesús está con ellos, cuando finalmente lo ven, Jesús les dice:
"Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello". La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviadoHe visto familias picoteándose entre ellos por un pez. Los he visto aprender a remontar alturas que creían imposibles de alcanzar y volver a picotearse.
He visto a personas llorar preguntándose porqué la vida es tan injusta con ellos, porqué? y las he visto culpar a otros de lo que está en ellas.
He visto a personas creyendo que el dinero va a solucionar sus problemas. "Cuando tenga dinero, voy a ser feliz. Voy a comprar lo que se me antoje. Mis hijos no van a sufrir de hambre, no van a desear juguetes" Y terminan lastimados. Algunos no pueden volver a remontar el vuelo. Quedan heridos, no pueden volver a volar o no quieren volver a intentarlo porque duele demasiado.
He visto personas acabar robando a quien confió en ellos.
He visto a personas desagradecidas, olvidarse de aquellos que los ayudaron.
He visto a un hombre llorar por haber dado todo a personas que no lo valían, a pesar de habersele advertido.
He visto a a una madre no volver a hablarle al hijo que despilfarró el patrimonio familiar.
He visto a un hermano no volver a hablarle a su hermano porque le había robado.
Ni siquiera cuando estuvo en cama, sin poder moverse por una embolia que le sobrevino; ni siquiera cuando fué velado; ni siquiera cuando fué enterrado, su madre y su hermano estuvieron a su lado.
Como las gaviotas se picotean entre ellos.
Recuerdo oir decir a mi papá que no quería morir como perro. El lo había oído decir que quien roba a la familia, merece morir como perro.
Mi padre perdonó a quien se quedó con un terreno que su abuelo que lo crió le había heredado. Le dolió mucho, sufrió por ello, pero finalmente ganaron en su corazón los consejos de su abuela. Ella también había sido traicionada, a ella también le habían sido robadas tierras y propiedades. Y había sido robada por familiares.
Para mi papá, la familia era más importante que los terrenos o que el dinero. Le dolieron las traiciones, pero como Salavador Gaviota, a pesar de estar herido, a pesar de sangrar, volvía a remontar el vuelo. Las palabras de su abuela eran más fuertes que todo lo que pudiera pasarle.
Seguramente ése ejemplo lo tomó de su abuela, para el que la familia era importante. Recuerdo a mi tía abuela, hija de mi bisabuela decir lo mismo: "hija, la familia es importante."
Y no sólo lo decía, también lo hacía.
Ella me ayudó cuando estuve caída, me tomó de su mano y me ayudó a levantar. Eso es algo de familia, por lo menos de la familia de mi papá. Cada uno de los hermanos de mi abuelita, me han ayudado de una u otra manera. Sobre todo, con su ejemplo. Mi corazón rebosa de agradecimiento a cada uno de ellos. Se perdonaban a pesar de haberse herido. Lo ví muchas veces. Ví cómo recibieron a un hermano que le había fallado a su padre muchas veces. Los ví juntos como hermanos, a pesar de sus diferencias. Unos con más bienes porque trabajaron más o conservaron mejor. Otros con menos, pero con la suficiente humildad para aceptar que por sus errores estaban así.
Tuve la dicha de ser parte de su familia. Siempre me trataron como una de ellos, a pesar de ser adoptada por mi abuelita al separarse mis padres. Siempre me llamaron hija de Cata. Ella siempre me llamó hija y yo a ella mamá, porque lo es, porque ella me crió y educó.
Ellos repetian sin darse cuenta tal vez, el ejemplo de mi bisabuela Isabel quien los crió y educó. Tarde o temprano, todos entendieron porqué su madre de la que alguna vez pensaron que era tonta, callaba.
No era tonta. Callaba y guardaba todo en su corazón. Callaba y callando ayudaba a su familia más que peleando.
Yo no la conocí sino através de aquellos que educó.
El título es "al nopal sólo se acercan cuando tiene tunas" y es verdad, muchas veces sólo buscamos a alguien para ver que nos puede dar y después "si te ví, ni me acuerdo"
Y no lo digo porque otros lo hayan hecho. Yo misma, alguna vez lo he hecho. Con mi padre al que dejé de hablarle por dos años. A mi misma tía bisabuela, un día la ignoré en una fiesta. Me hice la que no la había visto, porque sus hijos me habían herido. Pero ella no tuvo culpa. Y sin embargo, era tan buena, que ni siquiera tuve que pedirle perdón, sólo me acerqué y volvió a tomarme de su mano. Así de buena.
La educación no se aprende, se mama decían los antiguos. Y mi familia, la familia de mi abuelita paterna, mamó de buena leche

