Por Laura Aguilar Ramírez
Hoy se va de éstos lugares, una gran persona a la que no veía desde que me casé.
Ella alegró mi infancia con sus ocurrencias.
En tiempos de las Olimpiadas, traía a todo el callejón haciendo marometas porque dizque haciamos las olimpiadas. Así aprendí a andar dando marometas por todos lados, a hacer la vuelta de carro y el salto del tigre y tanta cosa que se le ocurría, jeje.
Después, veía a sus primas ensayar para el vals de los XV años y se ponía a darnos clases de ballet.
Más tarde, me llevaba a las discos y me regalaba ropa apropiada porque yo no tenía.
La recuerdo en sus XV años, bajando de las escaleras del edificio donde vivía con su familia, como una reina. Con su vestido hampón, con la gracia que la caracterizaba. Muy bella. Es la quinceañera más bonita que he visto.
Pero también me tocó verla tirada en el piso de un baño, tomada. Por el dolor. Había perdido a su mamá. Y no conocía otra manera de manejar su dolor.
Yo trataba de levantarla, de animarla, de abrazarla para que no le doliera tanto. El mundo le dice a uno que hay que ser fuerte y ella es la persona más fuerte que he conocido.
Junto con sus hermanas, se levantaron de la desgracia, se pusieron a trabajar. El mundo les ofrecía vino, cigarro, diversión para espantar el dolor.
Ellas se sobrepusieron a todo éso y se dedicaron a trabajar, a edificar, a sostenerse una a la otra. Su hermana mayor le pagaba la escuela de comercio para que fuera alguien. A su hermana menor y a su hermano chico les pagaba la secundaria y la primaria respectivamente.
Su papá, mi padrino, cargaba la ropa que vendía al hombro en un bulto. Salía temprano a comprar y después al tianguis a vender su ropa en abonos. Así sostenía a su familia de 6 hijos. El les enseñó a trabajar.
Era un hombre quemado por el sol, callado y trabajador.
Mi madrina era alegre, le gustaba jugar baraja, tomaba y fumaba por sus raíces y costumbres de la familia donde venía. Pero tenía sus dolores muy dentro. Era sociable, se dedicaba a cuidar de sus hijos. Hubo un tiempo en que vivieron en una viviendita que les prestaban, donde se hacían bolas los 8. Ella ayudaba en las labores de la casa que les prestaban. Y como muchas madres, si no es que todas, trataba de darles a sus hijas lo mejor.
Ellas gozaron de hornito magico que nadie por nuestros rumbos tenía. Gozaron de muñecas que movian sus ojitos o lloraban, que nadie por nuestros rumbos tenía. Recuerdo que tenían una máquina de hacer palomitas y una para hacer helados de ésas que no todos podíamos tener.
Y es que mi padrino el dia de reyes vendía juguetes. Pero lo que a mí me interesa es ver que mi amiguita no era envidiosa, no se guardaba las cosas para ella. Le gustaba compartir con nosotros que no teníamos.
Recuerdo que ellos tuvieron televisión y ella organizaba función jeje. Nos cobraba 5 centavos para ver la tele, nos servía agua y palomitas. Organizaba funciones de títeres con los juguetes que le traían los reyes magos. Eso nos llenaba de alegría a un montón de chiquillos, entre ellos, yo.
Esa familia que les prestaba un cuartito era de mi sangre. Y ni siquiera nos miraban, ni siquiera nos hacían caso. Llegaban en sus carros y se metían a su casa sin pelar a nadie.
Dios toma caminos que uno no conoce. De alguna manera, ella hacía lo que mi tío de sangre no hacía. Por rencores familiares, problemas de tierras y cosas así. Dios usa medios para unir lo desunido y yo ahora creo que usaba a mi amiguita para limar asperezas.
De hecho, mis tíos hermanos de mi papá, entraron a las fiestas que organizaba mi tío, yo entré a su casa cuando estuvo enfermo, sin poder moverse, lo ví llorar en su parálisis. Estaba con tubos y cuando entré, lloró. Era la única de su sangre que había ido a verlo. Dios usa a quienes menos piensa para unir a la familia desunida. A otros familiares, no les permitió entrar su esposa. Ni siquiera a su mamá y a sus hermanos.
Todos ésos recuerdos llegaron con ella. De alegrías infantiles, de dolores compartidos, de lágrimas derramadas, pero sobre todo, de fortaleza en el dolor
Ella ha visto partir a 3 de sus hermanas, además de su madre y su padre. Son dolores que se van acumulando a lo largo de la vida. Pero también he aprendido que sólo Dios puede curar los corazones adoloridos, que El tiene sus maneras de hacerlo.
Yo me quedo con los buenos recuerdos, con los momentos felices que me hizo pasar a mí y a mis primos, me quedo con su recuerdo de quinceañera. Fiesta a la que nos invitó porque su corazón es noble. Quería compartir con nosotros su alegría. Y con ésa alegría me quedo.
Dios la lleve a nuevos horizontes, con la misma alegría que brindó. A las personas buenas, les va bien y Dios las sostiene
Buen viaje, amiga.

