La tierra está maldita por tu culpa

Por Laura Aguilar Ramírez

Estas palabras a mí me llaman la atención. Me la han llamado desde que empecé a escuchar la Palabra de Dios.
Como se dice, si uno lee la Biblia (conjunto de varios libros condensado en uno sólo) por su cuenta, sin que nadie lo interprete, sin que nadie me lo explique, la Palabra de Dios es locura, se pierde uno. Puede uno extraviarse.

Es por éso que Cristo Jesús, el Emmanuel (Cristo significa el Mesias anunciado. Jesús significa el que salva y Emmanuel significa Dios con nosotros. Y sabemos éstos nombres porque están escritos en ésos libros. Y están escritos por personas que fueron testigos de los hechos que Cristo realizó y antes de Cristo, por personas que escribieron lo que en nombre de Dios Padre se les indicó)

Decía que Cristo Jesús, el Emmanuel designó a 12 apóstoles. Primero les dijo "sígueme" y lo siguieron. Después les dijo que los haría pescadores de hombres. Que los haría o sea, que los prepararía para la misión que les asignaba.

Yo me pregunto porqué lo seguirían? ¿Qué verían en El para seguirlo? Porque si a mí se me para un señor enfrente y me dice sigueme, le digo está usted loco. O me hecho a correr antes de que otra cosa pase como dicen en mi rancho.

Cómo sería de maravilloso Jesucristo, cómo sería su mirada, sus gestos y su persona misma? ¿Qué emanaría de El que lo siguieron? Los primeros se acercaron a El porque Juan Bautista les indicó que fueran a preguntarle. Ellos se habían acercado a Juan diciéndole que había un hombre que hablaba de Dios. Juan los mandó a preguntarle y a hablarle y lo hicieron y lo siguieron. Eran seguidores de Juan, quien dijo de El "no soy digno de atarle las sandalias".

Qué tendría Jesús que hasta la fecha sigue moviéndonos? De El es quien hablan las escrituras, de él hablaron los profetas, de él hablaron los ángeles a los hombres. Es el Salvador, el Mesías anunciado, el Enviado de Dios para la salvación de los hombres.

¿Salvador de qué? ¿De qué necesitaría el hombre ser salvado?
De la maldición.
¿Qué es una maldición? El mal que se hace. Aquello que nos aleja de Dios que es todo bien.
Dios no maldijo al hombre, por supuesto. Porque Dios es Amor y el amor no es egoísta, ni desea el mal.
Pero le predijo su futuro.

Yo me imagino la escena con Dios Padre, mirando con profundo amor a Eva y a Adán cuando pecaron. A pesaar de haberles dicho que no comieran del árbol enmedio del Edén porque morirían, ellos lo comieron.
Dios no miente, porque en el Amor no hay mentira
Sin embargo, al ser expulsados del Edén (porque en el Edén no existe la muerte, ya no podían permanecer ahí), debían vivir bajo unas condiciones que Dios les puso en su ira. Debió enojarse mucho. Perdieron los beneficios que significa el ser creatura de Dios, consagrada a El o sea, vivir bajo su mirada amorosa.
En el Edén no conocían el calor, ni el frío, ni las penas, menos la muerte.

Dios no dejó al hombre sólo. Ni lo deja actualmente. Es su creatura. Lo ama. Aún con su naturaleza caída. Para toda dolencia hay un remedio.
Para la maldición o el mal que el hombre se acarreó a sí mismo con su desobediencia, también.
Y ése remedio es propocionado por Aquél que creó al hombre por Amor, con Amor y para el Amor: El mismo.

Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Dios envió a su Hijo amado para la salvación del mundo. No sólo de la humanidad, sino del mundo que El creó. Del polvo salió y al polvo volvió el hombre. Y por lo tanto, no tiene vida por sí mismo.
Dios es la Vida. Si se está lejos de El, no tiene vida.

Suenan fuertes las palabras "La tierra está maldita por tu culpa". Oh, cielo santo!! No sólo se acarreó el mal el hombre para sí mismo, sino para la tierra de la que fué formado.
Pero le dió también en su infinita misericordia, la manera en que podía vivir en ése mundo: trabajar y cuidar de sus hijos. 

Finalmente envió a su Hijo amado a perdonar los pecados que acarreó la caida.

Entonces si Dios perdona al hombre sus pecados y el hombre deja de hacer el mal, la tierra también florecerá y dará frutos como consecuencia de ése bienhacer. Ya no estará maldita, o sea, llena de mal hacer, sino será bendita o sea, dará bien.

Yo me enojé mucho cuando perdimos nuestra casa y nuestro negocio. Después de enojarme tanto, no podía quedarme así nadamás. 
Cuando llegamos por acá, llegamos con prácticamente nada. Debía trabajar para mí y mis hijos. Debía buscar donde vivir. Debía conseguir escuela para ellos. Debía moverme.
Como consecuencia de nuestro mal proceder (de mi esposo y mío) terminamos así. La depresión que sufrió el país, la sufrió todo el país, no sólo nosotros.
La manera en que cada persona respondió es lo que marcó la diferencia entre cómo nos fué a cada uno.
Mi esposo no fué el único que perdió su empleo, pero sí de los pocos que se durmió en sus laureles o mejor dicho, se dormía a reposar la mona, la mona porque le dió por tomar y tomar como dice la canción.

Aunado a mi falta de carácter, ya que me dediqué a seguirle la corriente, pues terminamos así. En lugar de buscar trabajo, quería descansar porque decía que no había tomado vacaciones desde que entró a trabajar a los 14 años. Y era cierto, pero no las había tomado porque cambiaba de trabajo a cada rato. Así, no acompletaba años para tomar vacaciones más largas.

Así que le dió por pasear. En los paseos se gasta. Al principio, traté de quejarme y de evitarlo, pero al grito de "o lo haces o te pego" que me dió a los inicios de nuestro matrimonio una vez que estaba tomado y quería que le diera del gasto para comprar más bebida, tenía miedo de que me pegara. Nunca lo hizo, pero con el miedo que le tenía, bastaba.

Así, lo poco que se tenía, se perdió. Duró 2 años sin trabajar y dos años de vacaciones. Ambos fuimos culpables. El por hacerlo y yo por permitirlo. Para cuando pegué el grito y tomé cartas en el asunto, ya la cosa estaba difícil.

En nosotros se cumplió lo dicho por la Biblia. Y desgraciadamente, nuestros hijos se vinieron con nosotros, ni modo de dejarlos.

Gracias a Dios, regresé a la Iglesia, me hinqué ante el Santísimo, le pedí su ayuda. Y como a quien pide, se le da. Dios me dió otra oportunidad.
No volví a hacer lo malo, no volví a quedarme callada ante las cosas de mi esposo. Por supuesto que no le gustó. Estaba acostumbrado a que le obedeciera sin más. Siempre repliqué e intenté hacerlo entrar en razón, pero un portazo era la respuesta. O un golpe en la pared. O una rotura de cristal de la ventana.

Finalmente, me encaminé hacia acá con mis dos hijos. El sabía por supuesto, no me iba a venir sin que supiera. Lo llamé cuando nos establecimos. No fué fácil, trató de hacer lo mismo: espantarme. Fueron tiempos más difíciles aún que los que habíamos vivido.

Finalmente se rindió. Se conformó con trabajar y no volvió a dejar el trabajo. Estuvo ahí por más de 25 años. Pero no fué por mis ruegos, llantos, súplicas ni nada. Todo éso no sirvió de nada antes.

No le quedó más remedio que trabajar. Y yo me dediqué a cuidar de mis hijos. Trabajé sólo por temporadas, hasta que finalmente pude hacerlo en mi casa ,aunque ganara poco.

Es cierta la palabra de Dios. La tierra está maldita por la culpa del hombre y su mujer.
Uno de los dos abusa y el otro, lo permite.

Recuerdo ahora una hermosa plaza comercial que se hizo en la colonia donde crecí. Tenía un gran estacionamiento abajo de ella, así como uno en la parte de arriba. Eran varios locales espaciosos. Me gustaba mucho verla, pero me daba miedo también. Estaba más sóla que el panteón, porque en el panteón están los que cuidan, los que riegan, los que hacen las fosas, etc. etc. Ahí, no había nadie.
Ni guardias, ni nada.

Recuerdo la emoción que nos dió cuando la abrieron. Se escuchaba música, los aparadores lucían vestidos, zapatos y demás. Había salón de belleza, había donde arreglaban de todo. Una chulada
Fuimos mi hermana, unos amigos y yo. Eramos adolescentes, más bien niños aún. Nos sentíamos admirados. Nunca habíamos visto nada parecido. Al poco tiempo, no quedaban más que los locales vacíos.

Durante años pasaba por ahí a la escuela cercana o al hospital cercano. Y la plaza vacía seguía ahí. Ni se vendía como terreno, ni se hacía otra cosa en ése lugar.
No sé la razón sinceramente, pero los hechos son los hechos. Sólo algunos niños y jovencitos fuimos a la inauguración atraídos por la música y la novedad.
Ahora pienso si no sucedería algo como que quien construyó no era alguien que hubiera hecho bien. No lo sé, no hubo ni a quien preguntarle.

Lo mismo sucedía con una casa a unas cuadras. Me daba miedo también. Nadie la habitaba. Sus jardines estaban secos y en tiempo de lluvia, crecía la maleza.
Debió ser bellísima en sus buenos tiempos, pero cuando la conocí, estaba vacía. Curiosamente, tenía cortinas. Pareciera que había sido simplemente dejada por quien la habitó.
Nunca ví a nadie ahí, ni salir ni entrar. Claro que no estaba cercana a mi casa, pero sí pasaba yo seguido por ésa calle.

"A quien mal obra, mal le va"
dice un dicho. Y a mí me consta que es verdad.

Expulsión del Edén.
1 Ahora bien, la serpiente era el más astuto * de todos los animales salvajes que el Señor Dios había creado. Le preguntó a la mujer: «¿De verdad te dijo Dios: “No coman de ningún árbol del jardín”?»
2 La mujer respondió a la serpiente: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín;
3 “ Sólo del fruto del árbol que estaba en medio del jardín dijo Dios: “No comeréis de él, ni lo tocaréis, porque moriréis”.
4 Pero la serpiente le dijo a la mujer: «¡Ciertamente no moriréis !
5 Dios sabe bien que el día que comáis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, que sabéis el bien y el mal.
6 La mujer vio que el árbol era bueno para comer y agradable a la vista, y codiciable para alcanzar la sabiduría. Así que tomó de su fruto y comió; y también le dio un poco a su esposo, que estaba con ella, y él comió .
7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron cinturones.
8 Y oyeron la voz de Yahvé Dios que se paseaba por el huerto, a la hora del viento, * el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Yahvé Dios entre los árboles del huerto.
9 Entonces el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó: ¿Dónde estás?
10 Él respondió: «Te oí en el jardín, pero tuve miedo, porque estaba desnudo, así que me escondí».
11 Entonces Dios preguntó: ¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te había prohibido comer?
12 El hombre respondió: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y comí».
13 Entonces el Señor Dios le preguntó a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?». La mujer respondió: «La serpiente me engañó, así que me la comí» .
14 Entonces el Señor Dios le dijo a la serpiente: Porque has hecho esto, Maldito seas entre todos los animales, domesticados o salvajes; Sobre tu vientre te arrastrarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
15 Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya; Te golpearán en la cabeza, mientras les golpeas el talón. *
16 A la mujer le dijo: Intensificaré tu trabajo en el parto; con dolor darás a luz los hijos. Sin embargo, tu deseo será por tu marido, y él gobernará sobre vosotros.
17 Al hombre le dijo: Por cuanto obedeciste a tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé: No comerás de él, ¡Maldita será la tierra por tu culpa! Con trabajo comerás su fruto todos los días de tu vida .
18 Espinas y cardos te producirá, y comeréis la hierba del campo.
19 Con el sudor de tu frente Comerás pan, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste tomado; porque eres polvo, y al polvo volverás.
20 El hombre le puso a su mujer el nombre de Eva, porque ella era la madre de todos los vivientes. *
21 Y Yahvé Dios hizo para el hombre y para su mujer vestiduras de pieles, y los vistió.
22 Entonces el Señor Dios dijo: «¡Miren! El hombre se ha vuelto como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora bien, ¿qué pasa si él también extiende su mano para tomar del fruto del árbol de la vida, y come de él y vive para siempre? ».
23 Entonces el Señor Dios lo echó del jardín de Edén, para que labrara la tierra de la cual había sido tomado.
24 Y expulsó al hombre, y colocó los querubines y la espada encendida que giraba al este del jardín del Edén, para guardar el camino del árbol de la vida.