Camarita en el corazón

Por Laura Aguilar Ramírez



Ay, caray!! digo cuando amanezco pensando en algo y después al escuchar la misa, las lecturas me dan la respuesta. Y entonces parece que alguien tiene una camarita en mi corazón.
Parece que adivina, jeje.

Amanecí pensando en que el mal existe en el mundo.
Amanecí pensando en una doctora que se equivocó al prescribirme un medicamento hace poco.
Amanecí pensando en las feministas tirando la imágen de Jesucristo y quemando una iglesia en San Luis Potosí.

Después entré a trabajar un poco en internet. Estoy preparando la Semana Santa como inicio de mi blog en redes sociales. Y que me encuentro con que me tocó preparar el Martes santo.

Encontré muchas imágenes donde dice "Feliz Martes santo" o "Bendecido Martes santo". Y se ven bien bonitas, la verdad, pero no reflejan el sentido del Martes santo.

Si leemos con cuidado ésos momentos desde el Domingo de Ramos donde el pueblo dice "hosana, bendito el que viene en nombre del Señor"- Hosana es "salvanos" o "saludo al rey" Así se recibía a los grandes personajes. y el Señor es Dios Padre. Día de gran alegría para el pueblo.
 
Pero el lunes santo vemos a Jesús yendo al templo y tirando mesas donde se ofrecían animales para el sacrificio y se cobraba por ellos. La gente debía comprar uno o varios animalitos para llevarlos al templo para que recibieran el favor de Dios. O sea, se mercantilizaba lo que Dios ofreció gratuitamente y por amor a su pueblo. ¿Qué tiene de "Feliz Lunes santo" como dicen varias imágenes? Es Jesús que me dice a mí: "no quiero sacrificios, sino tu corazón".

El martes santo vemos a Jesús salir de la casa de sus amigos Marta, María y Lázaro en Betania y salir hacia Jerusalen. En el camino maldice a una higuera que no da fruto. En la tarde lo vemos en la casa tomando la cena de pascua con sus discípulos y anuncia que uno de ellos lo traicionará y que Pedro lo negará 3 veces antes de que cante el gallo. ¿qué tiene de "Feliz Martes santo?" Jesús me dice a mí que lo traicionaré por dinero, que lo negaré 3 veces.

Después escuché misa y sopas, perico. Que me dice en el Evangelio que hay dos hombres: el publicano y el fariseo.
Uno diciendo: "Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias"
. En cambio el publicano ni se atreve a elevar los ojos y dice: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.

Andale. Yo criticando a los que ponen "Feliz Martes santo" y no veo que antes de ir a misa ya estaba criticando, ya estaba sintiéndome rebuena porque yo no hago éso. No levanto a mi esposo con el pretexto de no molestarlo, pero más bienes  para que no me moleste mientras trabajo, jeje. 

Al escuchar la misa qué bonito, ya dije "perdón" al inicio de la misa. Ya estoy bien. Pues no... me dice "saliendo de aquí, me vas a traicionar 3 veces" cuando no hayas hecho tu quehacer, cuando te moleste tener que servir el desayuno porque prefieres estar haciendo tu blog.
Ve tu cocina, que necesita limpieza y no lo has hecho. Ve tu refrigerador que ya grita "lávame, cochina".

Es a mí a quien Jesús le lee las lecturas. Es a mí a quien El quiere que le ofrezca mi corazón y no sacrificios. Quiere que no pelee, que sirva, que no lo haga por costumbre o porque debo hacerlo. Sino que lo haga con amor. Como El se entrega en la Eucaristía.

El "¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá?"  que dice el Evangelio, no es para el vecino, sino para mí. Que como Judas lo traiciono, que como Pedro lo niego 3 veces.

Estaba pensando en hermanos separados que dicen 
"ya ves? "lo que confieses con tu boca... porque de tu boca habla tu corazón" dice la Biblia y los católicos dicen en cada misa: "Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor. Amén". Ellos son los pecadores, ellos confiesan con su boca que pecan. Ellos tienen la culpa. Yo le digo a Dios en mi corazón que me perdone y El me perdona".
Es decir, si no lo digo, no peco. Por éso no se confiesan. Para no decirlo con su boca. En su corazón Dios los perdona.
Eso es lo que Lutero decía. Por éso se separó de la Iglesia. Y de ahí han nacido un chorrocientos de templos, cada uno con un dirigente que habla lo que "el espíritu" le dice. 
Hasta llegar a nuestros días en que muchos ya ni a la iglesia va ni a los templos protestantes. 
Hasta los días que vivimos, en donde se cometen actos de barbarie contra la iglesia católica como en San Luis Potosí. 
Hasta los días que vivimos, en donde Dios existe, pero ahí enjaulado en algún lugar y ya no es parte de nuestra vida. O como otros que quieren desaparecerlo para que deje de darles lata.

Donde mujeres abortan o promueven el aborto para que no les moleste el bebé que llevan dentro. 
Donde muchos prefieren unirse a la horda del mal que trabajar con sus manos la tierra. "deja más" dicen. Como Judas.

Donde otros no decimos nada, donde no hacemos nada, donde volteamos para otro lado. Como Pedro.

Y sólo Juan se mantendrá junto a la Virgen mirando a Jesús en su Calvario y su muerte. Auí entre nos, yo pienso que Juan se quedó al final, porque estaba cerca de la Virgen y ella lo jaló. Juan mismo decía "el discípulo amado" no "el que más lo amó"

Y sin embargo, Jesús al resucitar volverá a llamar a sus discípulos amados. Perdonando, como perdonó en la cruz antes de morir.

Pensé en el Papa Juan Pablo II perdonando a su agresor, cuando lo visitó en la cárcel. El ni siquiera había pedido su perdón, como los soldados y el pueblo que antes lo aclamó y después calló y como los discípulos que lo dejaron y no pidieron su perdón.

El Mesías vino no porque lo pidiera el pueblo, sino porque Dios es misericordioso y se conduele de su pueblo.

Primera lectura
Oseas 6, 1-6

Esto dice el Señor:
"En su aflicción, mi pueblo me buscará y se dirán unos a otros: 'Vengan, volvámonos al Señor; él nos ha desgarrado y él nos curará; él nos ha herido y él nos vendará.
En dos días nos devolverá la vida, y al tercero, nos levantará y viviremos en su presencia.

Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como la aurora es su aparición y su juicio surge como la luz; bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia de primavera que empapa la tierra'.

¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá? Su amor es nube mañanera, es rocío matinal que se evapora.
Por eso los he azotado por medio de los profetas y les he dado muerte con mis palabras.
Porque yo quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos".

Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 18-19. 20-21ab R. (cf Os 6,6) Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.

Por tu inmensa compasión y misericordia.
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.

Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.

Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento
Y un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.

Señor, por tu bondad, apiádate de Sión,
edifica de nuevo sus murallas.
Te agradarán entonces los sacrificios justos,
ofrendas y holocaustos.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Salmo 94, 8

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
"No endurezcan su corazón".
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:"Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'.El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido''.