Anunciación del Señor

Por Laura Aguilar Ramírez

Hoy celebramos la Anunciación del Señor. ¿Alguna vez te has imaginado la escena? Yo ni por asomo puedo hacerlo.
Pero podemos ver porqué sucede. En la primera lectura encontramos a dos personajes del Antiguo Testamento: Ajaz e Isaías.
El encuentro entre el rey Acaz de Judá que reinó en los años 734 al 715 a. C y el profeta Isaías (Isaías 7) narra la falta de fe del rey ante la invasión sirio-israelita. Isaías insta a Acaz a confiar en Dios, a pedirle una señal, pero Acaz prefiere aliarse con Asiria. Isaías profetiza el nacimiento de Emanuel como señal de que Dios está con su pueblo, a pesar de la desobediencia del rey.

Puntos Clave del Encuentro:
El contexto de crisis: El rey Acaz estaba aterrorizado por la alianza de Siria e Israel que amenazaba a Jerusalén.
La señal de Isaías: Isaías le dice a Acaz: "Pídele al Señor tu Dios una señal".
La negativa de Acaz: Acaz se niega falsamente a tentar a Dios, ya que su verdadera intención era buscar el apoyo del rey de Asiria, Tiglat-Pileser III.
La profecía de Emanuel: Isaías anuncia que "la joven concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel".
Consecuencias: La falta de fe de Acaz llevó a Judá a convertirse en vasalla de Asiria, introduciendo idolatría y costumbres paganas.

La interacción destaca el contraste entre la política de desconfianza de Acaz y la exigencia de fe y dependencia de Dios predicada por Isaías.

Es decir que todo acto conlleva consecuencias. En el caso de alguien tan prominente como un rey o presidente, las consecuencias son mayores porque implica a todo un país o reino.

A raíz de las acciones de Ajaz, el pueblo judio vivió como vasallo de Asiria, aprendió costumbres paganas y cayó en la idolatría. Esto me lleva a pensar en el caso concreto de México, mi país. En tiempos del Presidente Plutarco Elías Calles se vivió la persecución a la Iglesia en lo que se llamó "la guerra cristera"

Toda guerra es cruel. En una guerra todos son perdedores. Sin embargo existen. Antes de ser creado el hombre, hubo una guerra entre ángeles. Luzbel se reveló a los designios de Dios y luchó contra San Miguel Arcángel. Fué derrotado y una tercera parte de los ángeles cayeron con él.
Después de la Revolución cuando todo era caos y confusión, donde un bando derrotaba a otro y ése otro era derrotado por uno más, surgió Plutarco Elías Calles quien inició una persecución contra la Iglesia. Surgieron entonces los cristeros, quienes lucharon defendiendo su fé y su vida.

México volvió a teñirse de rojo con la sangre de muchos servidores de Dios.
Plutarco Elías Calles, presidente de México (1924-1928), provocó la Guerra Cristera (1926-1929) al aplicar estrictamente leyes anticlericales y promulgar la "Ley Calles" en 1926. Esta norma limitó el culto, expulsó sacerdotes y buscó someter a la Iglesia, detonando un levantamiento armado campesino en el occidente del país que dejó miles de muertes
Plutarco Elías Calles fue un político mexicano agnóstico, masón y firme promotor del laicismo, conocido por su postura radicalmente anticlerical.

Puntos Clave del Conflicto:
La "Ley Calles": Oficialmente la Ley de Tolerancia de Cultos (14 de junio de 1926), que reformó el Código Penal para sancionar con prisión a sacerdotes que criticaran al gobierno y prohibió el culto público fuera de las iglesias.
Motivación: Calles buscaba dar cumplimiento a la laicidad de la Constitución de 1917, limitar la influencia política de la Iglesia y consolidar el poder del Estado.
Reacción Cristera: La población católica se levantó en armas bajo el lema "¡Viva Cristo Rey!", principalmente en Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Colima, enfrentándose al ejército federal.
Medidas radicales: Durante el conflicto, el gobierno dinamitó símbolos religiosos, como el primer Cristo Rey del Cerro del Cubilete, y forzó la concentración de civiles para cortar el apoyo a los rebeldes.
Fin de la guerra: El conflicto terminó en 1929 con los "Arreglos" entre la Iglesia y el Estado, sin que se derogara la ley, pero con una aplicación menos estricta.
En abril de 1936, ante las crecientes tensiones y actos de sabotaje, el Presidente Cárdenas decidió asegurar su control político y ordenó la expulsión de Calles del país, quien fue llevado al exilio en Estados Unidos
Así terminó una guerra sin sentido, una guerra infame porque se atacó a sacerdotes, religiosas, laicos que no tenían armas, que lucharon más con fé que con armamento, que caían con el grito de "Viva Cristo Rey". Hubo atrocidades en ésa guerra, burlas, violaciones, asesinatos, despojos.

La oficialidad habla de defensa del laicisismo, lo cual es su derecho, pero se pasaron de tueste

Pero a raíz de éso, siguen limitados los derechos de la Iglesia. Fué despojada de edificios, escuelas y demás en aras del bien común y lo aceptó gustosa. Fué despojada de simples consideraciones hasta llegar a la actualidad en que es atacada por grupos extremistas, proaborto y demás por el simple hacho de anunciar la palabra de Dios.

Puedo ver entonces cómo la Palabra de Dios es cierta. Acallando todas las voces, hemos caido en el vasallaje a otro país. Se empezó coqueteando con otras religiones o denominaciones cristianas, se llegó al masonismo o al agnoticismo y se pasó a la destrucción del que no piense como uno.
Si no creen en Dios entonces porqué atacan a quienes si lo hacen? Si no creen en Dios, simplemente deja en paz a quienes sí lo hacen.

Solemnidad de la Anunciación del Señor

Primera lectura
Isaίas 7, 10-14

En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo o de arriba, en lo alto”. Contestó Ajaz: “No la pediré. No tentaré al Señor”.

Entonces dijo Isaías: “Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”.

Salmo Responsorial
Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11
R. (8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


Sacrificios, Señor, tú no quisiste,
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: “Aquí estoy”.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

En tus libros se me ordena
Hacer tu voluntad;
esto es, Señor, lo que deseo:
tu ley en medio de mi corazón.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He anunciado tu justicia
en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios,
tú lo sabes, Señor.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

No callé tu justicia,
antes bien, proclamé tu lealtad y tu auxilio.
Tu amor y tu lealtad no los he ocultado
a la gran asamblea.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Segunda lectura
Hebreos 10, 4-10

Hermanos: Es imposible que la sangre de toros y machos cabríos pueda borrar los pecados. Por eso, al entrar al mundo, Cristo dijo conforme al salmo: No quisiste víctimas ni ofrendas; en cambio me has dado un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado; entonces dije –porque a mí se refiere la Escritura–: “Aquí estoy, Dios mío; vengo para cumplir tu voluntad”.

Comienza por decir: No quisiste víctimas ni ofrendas, no te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado –siendo así que es lo que pedía la ley–; y luego añade: Aquí estoy, Dios mío; vengo para cumplir tu voluntad.

Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios, para establecer el nuevo. Y en virtud de esta voluntad, todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez por todas.

Aclamación antes del Evangelio
Juan 1, 14

Aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros
y hemos visto su gloria.

Evangelio
Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.