El mismo

Por Laura Aguilar Ramírez


A mí me gusta mucho la historia. Es desde pequeña mi materia preferida. Me encantaba escuchar sobre pueblos remotos, saber en lo que creían, ver cómo se han desarrollado a lo largo de los siglos o años.

"Para atrás, ni para tomar impulso" dicen muchos. Yo pienso que la historia es un mirar atrás.

La Biblia que es una recopilación de libros santos, fué realizada por la Iglesia que se dió a la tarea de recopilar escritos de discípulos de Cristo con los que se formó el Nuevo Testamento. Ya existían por supuesto las Sagradas Escrituras del pueblo judio del que nació Jesús. Eran los textos sagrados, lo que ahora llamamos Antiguo Testamento y que fueron compartidos de boca en boca al principio y después cuando existió una escritura, en libros.

Los escritos con enseñanzas de los discípulos estaban por muchos lados, tantos como lugares visitaron . En ellos hablaban de Jesús y sus enseñanzas. Tarea ardua fué ésta recopilación. Y aún más, su estudio para poder discernir de entre tantos escritos los que eran verdaderos, los que se repetían una y otra vez, etc.

Así se formó la Biblia. Con el Antiguo Testamento que ya estaba y con el Nuevo Testameno que se hallaba por muchos lugares, conservados claro por fieles. Por éso se repetían tantos. Hubo que discernir entre lo que eran fábulas y lo que era real.

¿Para qué tomarse tanto trabajo? Para unificar las creencias, para llevar luz en donde había confusión. Esta tarea la realizó la iglesia primitiva y San Atanasio, Obispo de Alejandria en el año 367 recopiló todo en 27 libros. Esta es desde entonces la Biblia que utilizamos.
La traducción al latín la encargó el Papa Dámaso I a San Jerónimo de Estridón en el año 373 y se llamó Vulgata.

San Juan Pablo II en 1985 encargó lo que sería el "Catecismo de la Iglesia católica" que es un compendio de las verdades fundamentales, basado enteramente en la Biblia y nacido del Concilio Vaticano II y finalizado en 1992.

Al realizar éste Catecismo, obviamente los teólogos encargados de ello, pudieron constatar que todo lo que San Atanasio había recopilado era correcto y lo traducido por San Jerónimo contenía dos errores menores de traducción que no afectan la fé. Es decir, la fé es la que el mismo Jesucristo enseñó, y fué conservada en escritos.

En la actualidad, muchos leen otra biblia hecha por monjes que dejaron la Iglesia y se unieron al Protestantismo apellidados Reina y Valera. En ella quitaron libros de la Biblia original de la misma manera en que los judios de los tiempos de Cristo, quitaron los libros que podían reafirmar lo que Jesús decía, que ellos habían aprendido y enseñado durante mucho tiempo, pero que quitaron para no aceptar puntos clave que Jesús afirmaba.

Después otros grupos protestantes, han quitado el Antiguo Testamento y predican sólo el Nuevo Testamento tomado de la Biblia del oso como se conocía a la Reina Valera, la cual ha vuelto a revisarse una y otra vez, hasta llegar a varias biblias que circulan entre los protestantes. Es decir, cada uno hace su propia Biblia de acuerdo a inspiraciones propias o criterios propios.

Yo lo veo como "el teléfono descompuesto". Es por éso, que la Biblia o "el libro de los libros" de la Iglesia católica es confiable, porque no cambia lo que Jesús enseñó, lo toma de los mismos que vivieron con él. Existen evangelios apócrifos o sea, escritos también por discípulos pero que o se repiten, o están escritos de manera no tan clara y pueden prestarse a equivocaciones si son mal interpretados.

Así vemos en las lecturas de hoy en donde se habla de Moisés y el pueblo que se impacienta y queja contra Dios que los había sacado de la esclavitud en Egipto. Dios envió serpientes venenosas que los mordían. El pueblo se arrepintió y pidió perdón. Dios mandó a Moisés levantar una serpiente de bronce en un palo y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.

Eso es historia, sucedió y no se puede decir que no.
En el Evangelio, Jesús habla de que será levantado en una cruz. En los templos católicos se tiene una cruz con Jesús crucificado. Muchos protestantes nos critican por éste hecho. Dicen y con razón, que Jesús ya resucitó y subió al cielo. Que ya no debemos tener más que una cruz vacía.

Con éstas lecturas, puedo comprender porqué a pesar de tener un crucifijo detrás del altar, se levanta el copón con el vino y agua y con la Ostia consagrada "Este es mi cuerpo, ésta es mi sangre". Ya no es la carne que cuelga en la cruz, sino en su espíritu que subió al cielo y está sentado junto al Padre.

Cuando Jesús resucitó, lo hizo con todo y los agujeros de los clavos en las manos y pies y en el costado donde entró la lanza.

El mismo cuerpo que ascendió delante de sus discípulos. El mismo que ahora se nos da en la ostia consagrada.

El mismo gesto que Moisés hizo con una serpiente de bronce. El mismo gesto que se hizo con Jesús al ser levantado en la cruz. El mismo gesto que hace el sacerdote al elevar el copón con el vino y el agua y la ostia consagrada y que hizo Jesús con sus discípulos en la llamada Ultima cena.

Es como cuando vemos un álbum fotográfico de una persona. Es el mismo bebé al que se le tomaron una foto en el vientre de su mamá. El mismo a los 3 años. El mismo a los 10 años. El mismo a los 50. El mismo si se le toma una foto en el ataud. El mismo que es enterrado. El mismo que cometió errores en su vida, pero tal vez los corrigió. El mismo que es enterrado con las cicatrices de operaciones o de algunas lesiones sufridas en su vida.

Es como cuando por no querer que alguien recuerde a una persona mal y borro sus errores cuando platico de ella o exagero sus virtudes.

Yo recuerdo a una maestra que nos hacía a principio de año numerar todas las hojas de nuestros cuadernos. Empezábamos con nuestros cuadernos hermosos. Como no todos traían márgen, teníamos que ponerlo nosotros con una regla y pluma roja, aún en los de hojas blancas. En los cuadernos aunque tuvieran espiral, debíamos coserlos con hilo cáñamo para evitar se deshojaran.
Ibamos poniendo dibujos en cada tema. Estonos lo enseñó la misma maestra. No había de que quito la hoja en la que me equivoqué porque me salió mal y se ve feo. O corto hojas para hacer dibujitos o avioncitos
Al final nuestros cuadernos tenían hojas con borrones, algunos utilizábamos corrector blanco, otros de plano lo tachaban con la misma pluma. Estaban las tareas con 10, pero también las tareas con 5 o 0.

Te comparto un resúmen a grosso modo de cómo se fué formando la Biblia.
La Biblia no se escribió en un solo año, sino a lo largo de un período de aproximadamente 1,500 a 1,600 años. Su composición comenzó alrededor del año 1400-1500 a.C. con los primeros libros del Antiguo Testamento (atribuidos a Moisés) y finalizó cerca del año 90-100 d.C. con el Nuevo Testamento.

Aquí te detallamos los puntos clave:
Antiguo Testamento: Se redactó durante más de mil años, comenzando alrededor del 1400-1500 a.C. y terminando hacia el siglo IV a.C.
Nuevo Testamento: Fue escrito en un período mucho más corto, aproximadamente entre los años 44 y 95 d.C.
Autores: Fue escrita por más de 40 autores diferentes, incluyendo reyes, profetas, pescadores y médicos. Inspirados por el Espíritu Santo.
Idiomas: Originalmente se escribió en hebreo, arameo y griego koiné.
En resumen, la redacción abarca desde la Edad de Bronce hasta finales del siglo I d.C.

Los libros del Nuevo Testamento fueron escritos en griego, una lengua internacional durante este período del imperio romano. A menudo los libros y cartas se transmitían y leían por separado. Por casi trecientos años (del 100-400 d. C.), los líderes y los concejos de la iglesia primitiva argumentaron acerca de cuáles libros deben ser considerados sagrados y ser tratados con el mismo respeto dado a las escrituras judías. En el año 367 d. C., el obispo de Alejandría, llamado Atanasio, escribió una carta en la que se incluían veintisiete libros y decía que los cristianos deben considerarlos autoritativos. Su lista fue aceptada por la mayoría de las iglesias cristianas y los libros que él incluyó son los mismos 27 libros que hoy llamamos Nuevo Testamento.

La traducción de la Biblia
Cuando los libros del Nuevo Testamento fueron escritos, el idioma griego era el idioma hablado por la mayoría de personas del mundo mediterráneo. Pero al final del siglo II d. C., los idiomas locales se estaban volviendo populares de nuevo, especialmente en las iglesias locales. Entonces, se hicieron traducciones de la Biblia en latín, la lengua de Roma; copto, un idioma de Egipto; y siriaco, una lengua de Siria. En el año 383 d. C., el papa Dámaso I asignó a un sacerdote erudito llamado Jerónimo para elaborar una traducción oficial de la Biblia en latín.

Traducir toda la Biblia le tomó a Jerónimo casi veintisiete años. Su traducción llegó a ser conocida como la Vulgata y sirvió como la versión estándar de la Biblia en Europa occidental durante los siguientes mil años. En la edad media, solamente los eruditos podían leer y entender el latín. Pero por el tiempo en que Johannes Gutenberg inventó la imprenta moderna (alrededor del año 1456), el uso de las lenguas vernáculas (locales o nacionales) era aceptable y generalizado en ámbitos oficiales, educativos y religiosos. A medida que más personas aprendieron a leer, creció la demanda de nuevas Biblias en las lenguas vernáculas. Traductores como Martín Lutero, William Tyndale, Casiodoro de Reina y Giovanni Diodati comenzaron a traducir la Biblia a los idiomas que la gente utilizaba en su vida cotidiana.

El proceso de traducción de la Biblia continúa aún hoy, y ha sido ayudado por descubrimientos recientes. Por ejemplo, en los últimos 150 años, se han descubierto muchos antiguos manuscritos griegos del Nuevo Testamento. En el año 1947, manuscritos muy antiguos de las escrituras judías fueron descubiertos en las cuevas del Qumrán, Murabba'at y otros lugares al oeste del Mar Muerto en Israel y son conocidos como los rollos del mar Muerto. Estos manuscritos, que datan entre el siglo III a. C. y el siglo I d. C., han ayudado a los eruditos modernos a entender mejor la redacción de algunos textos y tomar decisiones acerca de cómo traducir mejores palabras o versículos específicos.
Primera Lectura
Números 21, 4-9

En aquellos días, los hebreos salieron del monte Hor en dirección al Mar Rojo, para rodear el territorio de Edom; pero por el camino, el pueblo se impacientó y murmuró contra Dios y contra Moisés, diciendo: “¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para que muriéramos en el desierto? No tenemos pan ni agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida”.

Entonces envió Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes”. Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: “Haz una serpiente como ésas y levántala en un palo. El que haya sido mordido por las serpientes y mire la que tú hagas, vivirá”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la levantó en un palo; y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.

Salmo Responsorial
Salmo 101, 2-3. 16-18. 19-21
R. (2) Señor, escucha mi plegaria.


Señor, escucha mi plegaria;
que a tu presencia lleguen mis clamores.
El día de la desgracia.
Señor, no me abandones.
Cuando te invoque, escúchame
y enseguida respóndeme.
R. Señor, escucha mi plegaria.

Cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso,
cuando oiga el clamor del oprimido
y no se muestre a sus plegarias sordo.
Entonces al Señor temerán todos los pueblos
y su gloria verán los poderosos.
R. Señor, escucha mi plegaria.

Esto se escribirá para el futuro
y alabará al Señor el pueblo nuevo,
porque el Señor, desde su altura santa,
ha mirado a la tierra desde el cielo,
para oír los gemidos del cautivo
y librar de la muerte al prisionero.
R. Señor, escucha mi plegaria.

Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo;
todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir”. Dijeron entonces los judíos: “¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos dice: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’?” Pero Jesús añadió: “Ustedes son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”.

Los judíos le preguntaron: “Entonces ¿quién eres tú?” Jesús les respondió: “Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo le he oído decir a él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que hablaba del Padre.

Jesús prosiguió: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada”. Después de decir estas palabras, muchos creyeron en él.