Sembrando para cosechar

Por Laura Aguilar Ramírez



Veo por mi ventana mi granado. Veo sólo las varas, lo veo sin hojas, ya que éste árbol cambia siguiendo las estaciones del año. En primavera, se viste de verde, se llena de hojas nuevas. En verano, empieza a florecer, con sus hermosas flores encarnadas. En otoño, ésas flores, dan paso a los frutos dulces y jugosos. En invierno, las hojas caen, hasta quedar desnudo totalmente.

Mi árbol es un motivo de orgullo para mí. 
Al llegar a casa de mi tía abuela, lo que más me gustó fué su jardin con variedad de flores y con árboles distintos: manzanas, duraznos, chabacanos, un ahuacate, un olivo y una vid. Me gustaba ayudarle a cuidarlos. En ése jardín pasé buenos momentos con mi tía. Mientras mezclábamos y removiamos la tierra, mientras limpiábamos de hojas secas los árboles y las flores, platicábamos. Ella me hablaba de su familia o sea, de la familia de mi abuelita, me enseñaba sobre jardín, pero también me daba consejos de una manera que no lo parecían. Ella sabía escuchar. Tenía muy buen carácter, una risa franca y una mirada sincera.

Por ella conocí algo de la vida de mis bisabuelos paternos, de la vida de mis papás, de mi abuelita y de su propia vida.

Yo nunca había sembrado nada. 
Había ayudado a limpiar los bulbos de las flores cuando ibamos al rancho. Había ayudado a mi abuelita a regar sus pocas plantas. Había cuidado plantas cuando me casé, pero nunca había sembrado nada.

Recuerdo una ocasión en que fuí a la tienda (yo estaba acostumbrada a ir a la verduleria, a la carnicería, a la tienda, etc. ) o al mercado donde cada local está destinado a la venta de algo distinto. Pero en las tiendas de por aquí se vende casi de todo. En algunas, hasta carne.
O en la carnicería se vende carne, pero también abarrotes y verduras. Hasta en las tortillerías se vende algo de abarrotes. En fin. 
Pues siguiendo, pregunté si tenían epazote. Me miraron como si fuera de otro planeta y me dijeron que si quería epazote, lo sembrara. Porque aquí no había. Así de seco me sonó la cosa.
Es una de las cuestiones que más se me hacían pesadas. Acostumbrada a los modos de los vendedores capitalinos, a su amabilidad, la forma tan seca de por acá se me hizo cada vez más pesada.

Y empecé por sembrar geranios o malvas. Son sencillos de transplantar y todo el año florecen. Sus flores alegran y embellecen. Eso lo comprobé cuando tuve la oportunidad de ir a la campiña francesa. En algunos balcones ví geranios o malvas.
Mi abuelita tenía azucenas.

Pero más de éso, nada. Así que al cambiarnos a nuestro terreno, lo primero fué poner plantas, geranios y malvas. Hijos de las varitas que me regalaron en casa de mi tía.
Intenté sembrar algunos árboles frutales. Compré varios, pero entre que un perro que tenía, se comía las plántulas, entre que no se adaptan tan fácilmente y entre que no sabía cómo cuidarlos, sólo sobrevivió mi granado.

También sembré nopales. Se daban muy bien, hasta que mi marido decidió tirarlos. Alguien me regaló unos nopales, que se me han dado, pero debo cortarlos para poder comerlos cuando están muy tiernos. Como no llueve mucho por acá, tienen muchas venas que se notan fácilmente y éso hace que no sean muy agradables de comer, aunque tienen todos los nutrientes. Así que los cortó tiernos.

He sembrado tomates, que me costaron algo, pero lo he logrado. Sembré unos cirios de por acá. He intentado con hierbas aromáticas, pero por una o por otra, se me secan. Sobre todo, cuando tengo que salir y no hay quien las cuide.

Y por supuesto, he sembrado epazote. Es una hierba que por acá no se utiliza. Pero yo la uso para frijeles, chilaquiles, arroz, mole de olla y tés.

No tengo un jardín como mi tía, porque no tengo el terreno grande como ella. Tengo macetitas, pero cada una de ellas me ha costado me ha costado mucho tenerlas. Tengo un ficus, el sobreviviente porque al otro se lo comió un caballo. Tengo un árbol y dos palmas frente a la casa, que procuro mantener bajos y parecen más un arbustos grandes, las mantengo así para que no lastimen los cables de luz. Tengo unas sábilas y un agave que espero crezcan.

Esa fué, sin saberlo yo, la clave para poder permanecer aquí, para poder disfrutar ahora de mi casa. Sembrar.
Nací y ya tenía casa, viví en las casas de parientes en mi adolescencia, al casarnos, después de un tiempo rentando, compramos una casa con crédito de infonavit que no pudimos pagar por la depresión del 94 y para la que no estábamos preparados.

Aquí se compró un terreno donde no había nada. Hemos visto crecer nuestra casa de cero. Las plantas y árboles que cuidaba, no los había sembrado yo, sino otros. Cada ladrillo y varilla nos han costado. Hemos batallado con albañiles, electricistas, plomeros para tener la casa en la que vivimos.

Cada mueble, cada adorno ha sido comprado con ilusión y trabajo

Esta reflexión nace del recuerdo de mis abuelos paternos, de su historia. Estoy viendo en la actualidad una serie situada en la época de fines del siglo antepasado y principios del pasado en España. Cuando había títulos nobiliarios. Serie larga, larga.
Cuando la elegí para ver, lo hice porque creí sería corta. Sólo cuatro temporadas. Como otras series, tienen pocos capítulos por temporada, pensé sería corta.

Pues no. Tiene pocas temporadas, pero muuuuchos capítulos en cada una. Sin embargo, ha mantenido mi interés las disintas historias de los diferentes personajes. Eso me lleva a ver que los escritores son muy buenos, los diálogos lo son.
El vestuario es impecable, las actuaciones también son muy buenas.

Fuera de algunos detalles en la producción, es una buena serie.
Pero a mí me gusta, porque me sitúa en el modo de vida de la España de mis bisabuelos paternos, llegados de ése país a México. No sé nada de ellos, sólo un poco de mi abuelo.

Lo suficiente para admirar su valor. Se necesita mucho para dejar atrás una herencia, sea mucha o poca.
En ésta serie por ejemplo, veo personajes hacer lo que sea, para lograr o mantener un estilo de vida. Un status.
Los pobres quejándose de su vida y anhelando tener la vida de la clase privilegiada.
Y los ricos o mejor dicho, clase privilegiada, para mantener ése tipo de vida.

Me imagino lo que sería para muchos, perder no sólo los títulos nobiliarios, sino los privilegios que ésos títulos daban. He visto otra serie de los mismos tiempos en Inglaterra y cómo la Primera y Segunda guerra mundial cambiaron todo.

Hubo una oleada de personas procedentes de ésa Europa partiendo a América. He visto series de los inicios de Estados Unidos.

Y por supuesto, no podían llevarse muebles, ni casas, sólo lo más esencial. Me imagino cuántos vendieron lo que tenían para "hacer la América" como se decía.

No sé en qué condiciones llegaron mis bisabuelos ni en qué condiciones vivían por acá, sólo sé que mi abuelo renunció a la herencia que iba a recibir. Y con ello, renunció a los privilegios que podía tener. El estudió en el Heroíco Colegio militar.
Como sabemos, de ahí salían oficiales. Pero si no contaban con el apoyo de sus familias, muchos perdían privilegios.

Mi abuelita y él se trasladaron a Veracruz (no sé si al puerto o a otro lugar de ése estado). Puedo imaginar las condiciones tan distintas de la forma de vida que llevaban antes de empezar su aventura, a la que llevaron allá. Ser desheredado no sólo era perder lo que se iba a recibir, sino perder los privilegios de contar con el apoyo de conocidos de su familia, ver a amigos volverles la espalda.

Se necesitaba mucho valor para ello. Era enfrentar una vida más humilde, menos sencilla.

Pero, pude ver una estampa de ésa vida al ver a mi papá mecer una hamaca donde dormía su pequeño hijo, me hermano menor.
Mi papá leía uno de sus libros que le gusta leer, de aventuras de cowboys, sentado al lado de la hamaca. Mi hermanito dormía tranquilamente mientras era mecido por su papá. Mi papá siempre fué ingenioso, así que acomodó una cuerda a un palo y con éso lo mecía.

Mis abuelos se amaban tanto que él renunció a una herencia y los privilegios que conllevaba y ella a una vida tranquila al lado de sus padres y hermanos que como su familia, vivían del cuidado y venta de puercos, de sembrar frutas, maíz, frijol y verduras.

Mi abuelita me decía "ibas para rica, mi hijita, pero en el camino te desfundaste" cuando veía mis maneras medio altivas o cuando estaba sin hacer nada o no me acomedía para hacer quehacer.

Yo creía que era su manera de decirme que no debía ser floja. En realidad, eran frases de su madre. Mi tía abuela me contó de paseos en carretela con sus papás cuando niñas, de cómo iban al río cercano en ella para pasar el día de descanso.
Ellas iban en carretela cuando iban de visita. Eso me dice que no caminaban como muchas personas lo tenían que hacer al no contar mas que sus pies, jeje.

Mi abuelita me contó alguna vez que cuando niña, le gustaba ir con una tía que la dejaba subirse a los árboles de fruta, y de cómo holgazaneaba entre los maizales. Eso no se lo podían permitir otros niños.

Si bien no eran ricos, tenían algo. Mis bisabuelos rentaban cuartos o viviendas. Así que al irse con mi abuelito, ella también renunció a una forma de vida.

Eso sólo se puede hacer por amor. Por un amor muy grande.

Mis abuelitos se pusieron a sembrar también, al no tener nada en sus inicios. Mi abuelito falleció cuando mi papá era aún pequeño, de pocos años. Mi abuelita regresó a la ciudad, buscando apoyo.

En el Evangelio de hoy, se puede leer
Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y se pusieron a discutir con él, y para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. Jesús suspiró profundamente y dijo: "¿Por qué esta gente busca una señal? Les aseguro que a esta gente no se le dará ninguna señal".
Entonces los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Y en la Primera lectura, leemos
Santiago 1, 1-11
Santiago, siervo de Dios y de Jesucristo, el Señor, saluda a las doce tribus, dispersas por el mundo.
Hermanos míos: Cuando se vean asediados por toda clase de pruebas y tentaciones, ténganse por dichosos, sabiendo que las pruebas a que se ve sometida su fe les darán fortaleza, y esta fortaleza los llevará a la perfección en las buenas obras y a una vida íntegra e irreprochable.

Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios y él se la dará; porque Dios da a todos con generosidad y sin regatear. Pero tiene que pedírsela con fe y sin dudar; pues el que duda se parece a las olas del mar, que van y vienen, agitadas por el viento. Quien es inconstante e indeciso en su vida, no recibirá nada del Señor.

Que el hermano de condición humilde esté orgulloso de su alta dignidad, y el rico, de su humilde condición, pues se acabará como las flores del campo. Porque sale el sol y con su calor quema las hierbas; se caen las flores y se acaba su belleza. Así se marchitará el rico, en medio de todas sus empresas.
Y en el Salmo, encuentro las palabras que puedo dirigir a Dios en las dificultades. 
Salmo Responsorial
Salmo 118, 67. 68. 71. 72. 75. 76
R. (77a) Danos tu misericordia, Señor, y tendremos vida.
Antes de la aflicción fui un descarriado,
pero ahora obedezco tus palabras.
Tú que eres bueno y haces beneficios,
instrúyeme en tus leyes.
R. Danos tu misericordia, Señor, y tendremos vida.

Sufrir fue provechoso para mí,
pues aprendí, señor, tus mandamientos.
Para mí valen más tus enseñanzas
que miles de monedas de oro y plata.
R. Danos tu misericordia, Señor, y tendremos vida.

Yo bien sé que son justos tus decretos justos,
y que tienes razón cuando me afliges.
Señor, que tu amor me consuele,
Conforma las promesas que me has hecho.
R. Danos tu misericordia, Señor, y tendremos vida
Sólo así puedo entender la historia de amor de mis abuelos. Sólo si está basada en Dios.
Sólo así puedo entender lo felices que fueron, aún en las penurias que pasaron

Esa estampa de mi papá con mi hermanito, me dijo más que muchas palabras que me pudiera decir él. Puedo imaginar que de la misma manera, meció mi cuna y la cuna de mis hermanos.

Otra estampa de ése amor que mi padre nos tuvo, es ésta
Al salir de anexo, como he comentado, fuí a vivir al departamento de mi papá, donde mi hermana, su esposo y sus hijos vivían también.
Una sobrinita tenía poco tiempo de nacida. Mi sobrino era aún pequeño. Se llevan 1 año 5 meses. Mi hermana se agotaba y mi cuñado también.
La niña dormía en una recámara aparte, donde yo llegué a vivir. Dormía con ella y me levantaba a darle su leche en las noches y a dormirla para que mi hermana descansara.
Mi papá llegó una noche (él dormía en su recámara con su esposa que en ése tiempo se había ido a su tierra de visita) El llegó tarde, pero lo primero que hizo, fué ir a ver a la niña cuando la escuchó llorar.

Las pocas veces que lo ví junto a mis otros hermanos, hijos de su segunda mujer, siempre era cariñoso con todos nosotros, alegre.
Disfrutaba tenernos a todos juntos.