Requiem

Por Laura Aguilar Ramírez

En éstos días ya empiezan a verse adornos para los altares de muertos o en tiendas adornos de brujas, arañas y telarañas, fantasmas, etc. En algunas casas también se empiezan a ver adornos de ése tipo.
Cuestión de una cultura importada de otros países. Se acerca el halloween para ellos

 Y en otras casas, empieza uno a preparar nuestro altar de muertos que en realidad es un requiem (abajo pongo la descripción de diccionario) o un recuerdo amoroso por las personas. Para los que tenemos fé, es un encomendar el alma de nuestros seres queridos a las manos misericordiosas de Cristo.
Te comparto un poco de música de Mozart inspirada en ése recuerdo a tus seres queridos.
Intro del requiem de mozart

Mi testimonio:
El año 1999 en que intenté suicidarme marcó obviamente un parteaguas en mi vida y en la vida de mis hijos y esposo. Son momentos que recuerdo como entre brumas.
Viví una experiencia mística entonces.
Cuando lograron sacarme todo lo que me había tomado, me hundí en la oscuridad.
Empecé a vivir un periodo que yo llamo penitencia.
Duró cerca de 5 años en donde vagué en el mar de mis recuerdos, entre dolores y alegrías, en la búsqueda de algo o alguien.
No puedo describirlo de otra manera ni ponerle nombre a ése periodo.
Sólo sé que ni en ésos momentos, estuve sóla.

Encontré en la Virgen un refugio. He relatado varias veces que sentía que me hundía y fuí a la Iglesia, me hinqué y pedí sin saber ni qué pedía. A partir de ahí nunca he vuelto a sentirme sóla.
Pero no ha sido fácil. Pasé noches y días con miedo. El rosario fué mi sostén. Me aferré a él como una tabla en el mar enfurecido después de una tormenta, cuando un barco naufraga.

Ese barco era mi vida, una vida que parecía segura, pero que en realidad navegaba sin nadie que dirigiera el timón. Antes de hundirme, pedí ayuda y la recibí. El rosario fué el salvavidas que me sostuvo hasta llegar a tierra firme.

En éste mes del rosario no quise dejar pasar la oportunidad de dar mi testimonio. Fué el medio por el cual recibí la ayuda pedida.
Iba a la Iglesia a misa y no podía parar de llorar. Hace podo escuché a un sacerdote decir que no todos recibimos el don de poder llorar. Durante años yo no pude hacerlo.
De hecho, no me recuerdo llorando en mi vida.

Sólo una vez, cuando recibí mi primera decepción amorosa a los 14 años. Caminé como acostumbraba hacerlo por la calle, llorando mi tristeza, mi decepción y mi humillación. Después no volví a hacerlo.

No lloré ni siquiera cuando falleció mi papá, ni cuando falleció mi hija. No lloré cuando la vida me golpeaba de muchas maneras. No lloré tampoco cuando la vida me dió tantas alegrías.
Buceando en ése mar de recuerdos, encontré uno cuando mi llanto era la causa de pleitos entre mis papás. Era bebé y como bebé lloraba de hambre, de frío, porque tenía mis partes íntimas llagadas por los orines ya que no me cambiaban el pañal.

Mi pobre madre era una jovencita que a los 20 años ya lidiaba con dos chamaquitas. Una tremendita de dos años que corría, brincaba por todos lados y la otra quejumbrosa que lloraba de todo. Hasta de los gritos de mis padres.
Mi papá esperaba llegar a casa después de meses en el mar y encontrar alivio, descanso. Llegaba siempre cargando algún regalo para nosotras. Y encontraba una casa desarreglada, unas hijas sucias y sin comer. Mi papá tenía paciencia, pero a veces se le acababa.
"¿Qué haces todo el día? Mira a ésas niñas... Ese vestidito está roto y se lo acabo de traer... caramba, te dejé dinero para la comida y no tienes ni para la leche de la bebé"

A veces la respuesta era llanto de parte de mi madre. Cuando no funcionaba, empezaban los gritos y las acusaciones
-"No me alcanza, todo está bien caro...quieres todo limpio, pero tus hijas son bien cochinas..." 

Seguían las acusaciones a todos: "claro, tú por allá con mujeres en cada puerto y yo tengo que batallar con tus hijas" "tu madre que no me ayuda, tu familia que nada más critica, pero no ayuda"
-"Cállate, de mis santos abuelos no digas nada"
-contestaba mi papá porque su familia era lo más grande para él, huérfano de padre, su mamá lo dejó con ellos cuando pequeñito y lo amaron y cuidaron.

Y empezaron los golpes. Ella se le iba a los razguños, golpes y patadas. El trataba de resistir o de alejarse, ella lo perseguía... hasta que la sacó de quicio y le dió una cachetada.

Ahí se acabó la cosa. Ella se fué, nos llevó, no pudo cuidarnos.. y terminó dándonos a mi abuelita quien nos recibió a mis 9 meses de nacida y a los 2 años de mi hermana.

Y todo empezaba con mi llanto. Porque no sabía vivir sin comer, ni tampoco sabía vivir con mi colita doliéndome por la irritación, ni tampoco sabía vivir soportando que me quitaran mis dulces o fruta que comía los niños con los que vivíamos o con los que pasábamos mucho del tiempo que mi mamá estaba sóla. Ni que me quitaran mi ropa y rompieran la de mi hermana cuando trataba de defenderse.

Mi llanto de bebé iniciaba las peleas. Lloraba en cuanto veía a mi papá entrar. Deseaba recibir su consuelo.
Mi llanto fué la causa de su separación. O por lo menos, ésa es la versión de mi hermana, que asociaba el "porqué llora la niña?" de mi papá con el inicio de una pelea.
Así que dejé de llorar no importaba lo que pasara.

Cuando finalmente se abrió la llave, dejé correr mis lágrimas por todo lo que no lloré en 40 años.
Lloraba de todo y por todo. Lloraba sin causa aparente. Lloraba en la Iglesia.
Y de nuevo, mi llanto fué la causa de que mis hijos se alejaran de la iglesia.
Porque ¿qué Dios te hace llorar? me imagino que pensaban mis hijos.

Y no podía explicarles el alivio que me daban ésas lágrimas. Era mi corazón expulsando tanto dolor y soledad, tantas culpas mías y otras que ni siquiera eran mías.

En éstos días recuerdo a una persona querida que falleció hace dos años. Pude verla unos meses antes en el hospital. Su cuerpo estaba completamente seco, sin músculo, el cáncer la había consumido. Pero sus ojos reflejaban la paz de su alma, su voz no temblaba por el miedo.

Ella había encontrado refugio en la iglesia también. En una iglesia protestante. Pero su fé era la que la sostuvo hasta el fin.

Sé que en ésos templos no creen en orar por los difuntos. En una iglesia donde las lágrimas no son tampoco bien vistas, son signo de sufrimiento y ¿cómo puedes sufrir si Cristo está contigo? es su razonamiento.

También yo tenía a Cristo, pero mi dolor acumulado y mis alegrías salían y brotaban como del pozo de Miriam para los samaritanos, de un pozo muy profundo como el que surgió para ellos.

Así que las lágrimas no son ausencia de Dios, sino parte de su inmensa misericordia. Las lágrimas no son signo de debilidad, sino misericordia de Dios.
Yo viví 40 años sin llorar. Y cuando pude hacerlo, realmente encontré paz.

Recuerdo otro pasaje muy bonito del Nuevo testamento.
"Dame de beber" le dijo Cristo a la samaritana.
"Tú me pides de beber a mí"-contestó ella. En ése tiempo, los samaritanos aunque tenían el mismo orígen vivían separados, veían con malos ojos a los judíos.
De ése pozo tan profundo que había nacido desde los tiempos de Miriam, le pedía Cristo agua.

Era figuritativamente, un pozo de amargura. Cristo le pedía agua de ése pozo para transformarla en agua viva de la que no se vuelve a tener sed.

Ahora lo veo como su misericordia. Se acercó a que le diera de su amargura, de su dolor acumulado.
Había tenido varios esposos y no era feliz.
Cristo le dió a beber del agua viva, que brota de El mismo, de su palabra, de su Cuerpo y Sangre.
Transformó su dolor en alegría, su vida vacia la llenó con su Amor.

!Qué profundo pozo el de Miriam que aún después de tanto tiempo seguía surtiendo al pueblo samaritano.!

Pediré misas por ella, porque sé que nadie de su familia lo hará.
Trataré de llevar agua viva de Cristo adonde se encuentre. Y si no la necesita, seguramente servirá para otras almas.

Hace mucho no rezo el rosario. No siento mi vida naufragando, pero en éstos días he visto que no es sólo para mí, hay almas que lo necesitan.

Los hermanos separados no creen en el Purgatorio. Creen que sólo hay o cielo o infierno.
Nosotros creemos que se puede orar por los difuntos y se debe orar por ellos porque no sabemos a qué lugar fueron.
No puedo dar por sentado que una persona está en el cielo, menos que está en el infierno porque yo no soy quien para saberlo. Eso es entre Dios y su alma.

Le pido a Dios me dé lo necesario para retomar ésta práctica. Sé que es una tablita de salvación. Para mí lo fué. Descanse en paz ésa persona querida.


Un réquiem es una misa de difuntos en la Iglesia católica o una obra musical compuesta para honrar a los fallecidos.

Origen y significado de la palabra
• Significado literal: Viene del latín réquiem, que significa «descanso» o «reposo».
• Frase de origen: Proviene de las primeras palabras del introito litúrgico: «Requiem aeternam dona eis, Domine» («Concédeles, Señor, el descanso eterno»).

Tipos de significado
• Religioso (Litúrgico): Es la ceremonia fúnebre tradicional que se celebra en memoria de una persona fallecida.
• Musical: Es una composición clásica y solemne basada en el texto de esta misa o en parte de él. Compositores famosos crearon obras célebres en este género, como Mozart, Verdi y Fauré.
• Metafórico: Se utiliza de forma simbólica para referirse a la despedida o el final definitivo de algo (por ejemplo, «un réquiem por una época dorada»)