Mi refugio vandalizado

Por Laura Aguilar Ramírez

En éstos días tuve la oportunidad de ver la casa de una persona muy querida.
A ésa casa llegué con mis dos hijos hace ya 30 años.
Mi tía falleció hace ya algunos años. Ella compró ésa casa, la arregló, cuidó los árboles que había y puso más. Después se remodeló y quedó aún más bonita. La de la foto no es, obviamente, pero también es otra casa vandalizada.

Cuando hace 32 años entré por primera vez a ésa casa me sentí tan agusto porque mi tía era una persona que se abría a los demás.
Nunca pensé al dejarla una semana después que estaría de nuevo entrando en ella dos años más tarde.
Soportamos la tormenta que fué el año 1994 en el cual los mexicanos terminamos el 93 festejando las fiestas decembrinas y lo empezamos con una depresión tremenda. Crudo despertar aquél

Teníamos una casa pagando, teníamos trabajo y vino el vendaval y se llevó todo. Soportamos dos años antes de tener que traspasar. La empresa en que mi esposo trabajaba fué absorvida por un banco, hubo recortes de personal y mi marido salió entre ellos. Fué el tiempo en que el gobierno absorbió la deuda de los banqueros. En ése cambio de personal, muchos como mi esposo que fueron absorvidos por los bancos, fueron sustituidos por empleados del gobierno.

Nosotros soportamos dos años, pero la verdad es que la depresión elevó los precios. Llevábamos más de la mitad del costo de la casa y amanecimos con la sorpresa de que debiamos casi el doble de lo que nos había costado. Teníamos tarjetas de crédito como muchos... tarjetas de crédito que después de la depresión nos tenían enganchados. Debíamos mucho más de lo que habíamos gastado.

Intentamos vender desde dulces hasta ropa, aprendimos a hacer carnitas en un local que después supimos era subarrendado y nos salía más caro el caldo que las albóndigas. Ni tiempo tuvimos de subirnos al caballo cuando ya nos estaban subiendo la renta.

Mis hijos perdieron un año de clases, porque los acreedores nos comían y mis nervios se alteraron. Nos fuimos a refugiar a casa de mis suegros para tomar aire. Pero mis hijos no hicieron los exámenes semestrales y no quisieron recibirlos cuando regresamos. Ni la carta que decía de mi enfermedad nos valió.

Pusimos una tiendita después de que un familiar nos pagó un dinero que nos debía. Pero sólo fué para pagar parte de lo que debíamos. Al fin de un año, ya no teníamos ni para surtirla.
Fué entonces cuando decidimos vender la casa y empezar en otro lado.

Con lo poco que teníamos, empezamos en otro estado, pero la situación estaba parecida. El departamento debía años de luz, no nos alcanzaba para pagar la renta, pedíamos prestado en la tiendita y el sábado después de pagar, nos quedábamos igual. Total que decidimos volver a partir. Esta vez hacia los Estados Unidos. Intenté sacar visa para mis hijos y para mí y nos la negaron.

Nunca pensé que éso sucedería. No había razón para que me la negaran, presentamos todos los papeles necesarios, pero seguramente se olieron que iba a intentar trabajar y que me la niegan jaja.

Entonces agarramos camino hacia Ensenada, donde mi tía me había invitado a venir dos años antes. Mal que bien nos recibió y empezamos una nueva vida.

Fué nuestro refugio. De éso hace 30 años ya. En ésos 30 años hemos vivido de todo, hemos trabajado como siempre, hemos llorado, hemos gozado. Y mi tía estaba presente.

Al ver el estado en que se encuentra me dieron ganas de llorar. Está sóla y la vandalizaron. Hasta los árboles quitaron para robarse la tubería. Se llevaron puertas, ventanas.

Recordé todo el cariño con que mi tía cuidaba de su casa. Una casa que dió refugio no sólo a mí y a mis hijos sino a sus propios hijos que llegaron años antes que nosotros. Después se pasaron al otro lado, pero visitaban a su mamá.

Cuando nos cambiamos a la que es nuestra casa definitiva, siempre visité a mi tía hasta el día que falleció.
Sé que no le gustaría ver su casa como está actualmente. Y menos sus plantas. Durante su vejez fueron un motivo de satisfacción para ella.
Realmente me dió tristeza.
Mi refugio lo vandalizaron, lo robaron. Su hermoso porche de madera con sus plantas desaparecieron, así como los muebles y todo lo que había.

Ella ya no vió nada de éso, seguramente ni siquiera lo imaginó. Pensaba en que alguno de sus hijos seguiría gozando de su casa como ella lo hizo.

Se fué tan tranquila, con una sonrisa.
Es a nosotros los que la quisimos, a los que nos toca recordar tantas cosas bellas. Eso no se puede vandalizar, no se puede robar, porque no está escrito en paredes sino en el corazón.

Los muebles, la madera, puertas y demás serán para quien cometió semejante barbaridad una constante queja, un constante recordatorio de la negrura de su corazón.

Nada justifica éstos actos de vandalismo, ni siquiera el hambre. Porque muchas personas han estado y están dispuestas a ayudar. Porque muchas personas hemos recibido ayuda, hemos recibido un sitio que aunque no gratuitamente, sino con nuestro trabajo, hemos recibido lo necesario.

Realmente actos como éste duelen por lo que representan: ingratitud hacia una tierra que recibe. Ingratitud hacia personas que han trabajado tanto. Yo lo he visto, las he visto con pala levantar sus casas. Yo misma he levantado tierra, cargado tabiques. Hay personas lastimadas de la cintura por hacer su patrimonio. Y llegan personas que en un descuido cargan hasta con lo más sagrado.

Esta tierra es noble, se le suda para trabajarla, pero da frutos. Mi árbol de granada me dió éste año como 30, además de darme sombra y darme trabajo ya que hay que barrerlo jeje. Eso me ejercita.

Después de 30 años puedo sentarme a su sombra, puedo disfrutar de la tele en mi tercera edad.

No entiendo a ésa gente que quiere en un ratito tener todo.
He estado pensando en que aunque se cambie uno de casa, de estado, de pais o de planeta, el mal lo sigue a uno, las calamidades lo siguen a uno... porque son como la sombra pegada a uno. Y ésa sombra es el pecado que no dejamos, que cargamos y repetimos.

Recuerdo una caricatura de un tipo cochinón, engabardinado que caminaba tirando basura, tirando los empaques de lo que comía e iba lleno de moscas y encima una nube con lluvia y rayos cayéndole.

Así andamos aveces por la vida: tirando de lo que comemos a un lado y a otro, llenos de moscas por nuestra mugre, con rayos y lluvia encima de nosotros. Esa mugre son nuestros pecados, ésas moscas nos revolotean porque les atrae la mugre.

Mi tía no vivió siempre aquí, iba y venía del otro lado. Pero muchas veces hizo corajes porque no se puede dejar una casa sóla porque se meten. Se ponía a gritar, se desesperaba, pobrecita. Trajo a una persona y le cuidó la casa.
Pero cuando se fué, inmediatamente la vandalizaron. Nada hay que justifique éso. Nada.

No creo que a nadie le sorprenda ésto. Desgraciadamente se vive en todo México. Lo malo es acostumbrarse a verlo como algo normal. No. No es normal.
El mal es mal y nada lo justifica. Nada.

Cuando vemos que nos pasa algo, ahí si lloramos y nos quejamos. Pero no pensamos en cómo andamos. Si somos como el cochinón pato.
Aquí hay gente trabajadora. Acabamos de pasar una desgracia. El huracán Rachel nos tocó y causó daños. La playa estaba llena de basura, de algas que el mar avento cuando las olas las rompieron y arrastraron hasta la playa. Además de la basura que la gente tira en la calle y que los ríos de agua se llevaron al mar.
A los días ya estaba limpia. Personas se pusieron a hacerlo. Personas recolectando para ayudar a los damnificados. Como cuando yo llegué y encontré refugio.

En ésos días pensaba qué bonita se ve Ensenada limpia. Nunca la había visto tan limpia. Las calles sin basura, sin la bolsa de las papitas, sin el envase del café o de las paletas.
Las banquetas limpias, las avenidas limpias.
Qué tristeza -pensé-que necesitemos un huracán para que limpie nuestras calles.

Ayer que ví la casa de mi tía pensé: -qué necesitaremos para limpiar nuestra mugre del corazón tan negro que hace que alguien vandalice una casa así?

En ésos momentos me imagino a ésas personas con su nube negra y rayos encima de manera particular.
Tal vez sea ésa la manera en que se limpien.

No lo sé. Me alegra que mi tía no haya visto ésto. Ella descansa en paz. Si está en el cielo, le pido ruegue por nosotros. Y si no, yo oro por ella para que alcance el descanso que merece después de la lucha que fué su vida.

Un beso, tía. Mi refugio.