Pecado de Soberbia


Catequésis del Papa Francisco sobre la Soberbia 2024

La soberbia es una actitud en la que una persona se siente superior a los demás, desprecia a quienes la rodean y cree que no tiene límites ni errores.
Según el Diccionario de la lengua española, la soberbia es la «altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros».

Características principales

• Necesidad de tener la razón: La persona soberbia no tolera escuchar puntos de vista distintos ni aceptar que está equivocada.
• Menosprecio ajeno: Minimiza los logros, ideas o sentimientos de las demás personas para realzar su propia imagen.
• Mecanismo de defensa: Detrás de esta actitud suele existir una autoestima frágil, inseguridades profundas o miedo a mostrar vulnerabilidad.
• Pecado capital: En la tradición judeocristiana, se considera el primero y más grave de los pecados capitales, del cual derivan otros vicios. Su virtud opuesta es la humildad.

Diferencia entre soberbia y orgullo
• Soberbia: Siempre es negativa; implica creerse superior y menospreciar a los demás de forma injustificada.
• Orgullo: Puede ser sano cuando nace de la satisfacción legítima por un logro personal, el esfuerzo o la superación de una meta

La soberbia es el primero y más grave de los siete pecados capitales, definida como un amor desordenado por uno mismo que lleva a la persona a pretender estar por encima de los demás e incluso de Dios.
Características
• Madre de todos los vicios: Es considerada la raíz de la que brotan otros pecados y divisiones humanas.
• Rechazo de límites y ayuda: El soberbio cree que lo sabe todo, jamás pide perdón y asume que no necesita de Dios ni de los demás.
• Desprecio ajeno: Se manifiesta a través de la vanagloria, la hipocresía, la altanería y la necesidad constante de tener la razón.
El antídoto
• La humildad: Consiste en reconocer la propia condición humana, aceptar la vulnerabilidad y valorar a los semejantes como iguales

Soberbia, el virus que corrompe nuestra alma
Padre Alexander Díaz
vicario parroquial en Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge

La humanidad hoy día a aprendido a aceptarlos y a convivir con los pecados sin tener el más mínimo escrúpulo para alejarse de ellos

Hoy quiero hablarles de: La Soberbia, es el primero y el mas antiguo de los siete pecados capitales, podemos decir que es la madre de todos los demás pecados. Nos dice la Sagrada Escritura que la soberbia fue el primer pecado, cometido por Satanás, quien quería ser más poderoso que Dios, y tan grande fue su ambición que se reveló contra Dios mismo volviéndose esclavo de la oscuridad. Este pecado si no somos capaces de llenarnos de Dios y de su misericordia se puede volver poderoso y llegar a dominarnos con facilidad.

Es el pecado que cometieron Adán y Eva por desobediencia y rebeldía.
El juicio de Dios sobre el pecado de soberbia es castigarlo más severamente que ningún otro pecado.
Satanás tenía la oportunidad de preferir a Dios, pero, al rechazarlo, perdió a Dios para siempre.
Adán y Eva fueron privados totalmente de la presencia de Dios, y su Vida Eterna por su rebeldía y desobediencia. San Gregorio dice de la soberbia que es la reina de los vicios que conquista el corazón del hombre y le entrega a los Pecados Capitales.

Es falta de humildad y por tanto, de lucidez; es la pasión desenfrenada sobre sí mismo.
Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo: sus notas más características son
  • prepotencia,
  • presunción,
  • jactancia,
  • vanagloria
  • situarse por encima de todos lo que le rodean;
es hacerse un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal. 
Este pecado es el origen de la egolatría de la cual se arraigan todos los demás pecados, es muy peligrosa como todos los demás pecados, pero la diferencia de la soberbia es que esta ciega nuestro entendimiento y comprensión y nos hace caer en un egocentrismo espiritual, haciendo que pensemos que todos nuestros actos son buenos y virtuosos cuando en realidad son vicios que están destruyendo silenciosamente nuestro espíritu.

Debemos de tener claro que todos estamos infectados de este virus y se manifiesta de muchas maneras. Puede manifestarse de manera egocéntrica, que es cuando queremos ser el centro de atención de todo y si no lo somos nos ofendemos y nos enojamos, porque nos ataca buscando fama, admiración y vanagloria, buscamos honores encima a los demás, a buscar puestos de honor, alabanzas o reconocimientos, al costo de los demás, pero en nuestro favor.

  • Puede manifestarse de forma colérica o impositiva, esta, es la fuerte voluntad en contra de las opiniones de los otros, cuando nos volvemos autoritarios, críticos de los otros, pero que nunca aceptamos una corrección.
  • Este virus también puede camuflarse a forma de sensibilidad, personas que se ofenden fácilmente en lo mínimo y de ahí que guarden rencores y sospechan a todos, y no confían en nada ni nadie.
Ahora bien; después de hablar de manera clara sobre lo que es en realidad la soberbia, y sobre como nos afecta a todos en nuestro diario vivir, pero por la gracia de Dios siempre existe una alternativa para combatir estos pecados que aterran a nuestra alma.

Contra la soberbia Dios ha dejado la Humildad que es el antídoto para combatir este sentimiento tan desagradable; esta palabra tiene sus raíces en el latín humilitas, que significa abajarse. Y de humus, que significa suelo, tierra. De estos dos vocablos podemos inferir cómo obtener la virtud de la humildad: abajándonos hasta el suelo. En ese abajarse reconocemos que nada somos y nada tenemos que no venga de Dios. Lo único que tenemos de nosotros mismos es el pecado y nuestra nada. La persona que vive en un grado de humildad plena es capaz de decirle a Dios, Tú eres Todo y yo soy nada, y vivirlo a plenitud hasta el dolor

Humildad no es sinónimo de tener cara comprimida o ser una persona callada o de pocos amigos,
  • mucho menos presentarse como una persona ingenua, sino completamente diferente; 
  • aquel que es humilde es activo en su fe y actúa con sencillez y no busca pasar desapercibido sin que nadie lo note,
  • no está aspirando la grandeza y la fama que el mundo tanto nos vende y tanto admira
  • El humilde lo que quiere es reconocer cada vez más su dependencia total de Dios. Nada somos ante Dios.
Humildad es reconocernos pocos y pobres ante Dios, que no somos nada sin su grandeza y aceptar con sencillez que necesitamos siempre de los demás y que los demás tienen también cualidades y virtudes a veces mejores que las nuestras.

Santa Teresa de Jesús hacia una pregunta haciendo referencia esta virtud, y decía: ¿qué es nuestra verdad? Que nada somos ante Dios. Esa es la única verdad. Por tanto, no busquemos la vanagloria que la soberbia propone, porque de esa ya esta demasiado infectada la sociedad, sino mas bien, busquemos el crecer en virtudes y que mejor manera de hacerlo que creciendo en humildad. Los soberbios destruyen y ahuyentan, los humildes construyen y acrecientan la fe de los cristianos.


Fuente: https://dwightlongenecker.com/seven-deadly-sins-pride/
A menudo, confundimos la fanfarronería, la arrogancia y la vanidad con el orgullo

La fanfarronería, la arrogancia y la vanidad son síntomas de orgullo, pero el orgullo es mucho más profundo.

En mi libro Combate Inmortal defino el orgullo como la convicción absoluta e inexpugnable de que tengo razón. Tengo razón. Por lo tanto, cualquiera que no esté de acuerdo conmigo está equivocado.

Si tengo razón, entonces automáticamente me considero moralmente superior. Me veo no solo como alguien que tiene razón, sino también como alguien bueno.

Por lo tanto, el orgullo es un pecado del que es casi imposible arrepentirse, porque si uno es realmente orgulloso, entonces tiene razón, y si tiene razón, no tiene nada que confesar, nada de lo que arrepentirse.

Cuando vemos su definición de orgullo, entonces la naturaleza insidiosa y oculta del orgullo se hace evidente y nos damos cuenta de que no hace falta ser arrogante, vanidoso o presumido para estar muy, muy orgulloso.

Una persona puede ser orgullosa aunque exteriormente sea muy piadosa.
Puede ser orgullosa aunque exteriormente sea modesta, abstemia, amable y bondadosa.
Si, en el fondo, se considera una buena persona —quizás incluso una muy buena persona—, entonces es culpable de orgullo.
  • Orgullosa de ser una persona amable. 
  • Orgullosa de ser una persona inteligente.
  • Orgullosa de ser una persona devota. 
  • Orgullosa de ser una persona caritativa.
  • Orgulloso de ser una persona humilde. Esa es la ironía final y el golpe bajo.
¿Cuál es, entonces, la virtud que contrarresta el orgullo? La humildad, por supuesto.
  • Pero la humildad no es lo mismo que ser obsequioso o servil.
  • La humildad no es lo mismo que ser devoto y piadoso.
  • La humildad no es lo mismo que rebajarse artificialmente. 
  • La humildad es ser quienes Dios nos creó para ser.
  • La humildad es ser realistas con nosotros mismos.