Ayer tuvimos la dicha de que el Obispo de la Paz estuviera con nosotros.
Después de la hora santa, nos acompañó en la celebración de la Eucaristía.
Es el padrino de nuestro flamante párroco. Digo flamante porque está iniciando su vida parrocal con nuestra comunidad. Apenas en Mayo nuestra Capilla se hizo Parroquia y él fué nombrado párroco.
Así que no tiene mucho tiempo en el cargo, pero tampoco tiene mucho tiempo en Ensenada. Estudió en el seminario de la Paz. Pueden imaginar lo contento que estaba. Pasó 10 años en ése Seminario formándose como sacerdote y en especial con ésta persona. Recientemente también estuvo una semana con nosotros, su compañero de estudios.
Me alegro por mi párroco. El Obispo vino a una reunión que anualmente celebran los 4 Obispos de la región bajacaliforniana: Tijuana, Mexicali, Ensenada y La Paz.
Menudo trabajito el suyo. Baja california es muy extensa. Los Obispos de Tijuana y Mexicali tienen un territorio más pequeño, pero denso en población. Los Obispos de Ensenada y la Paz tienen menos feligreses porque somos menos personas, pero su territorio es extenso. Así que de chamba están igual.
En ésta ocasión se reunieron para ver el asunto de las vocaciones sacerdotales. Que por éstos lados se necesitan. La región está creciendo y se necesitan pastores.
Ayer en la Primera lectura escuchamos a Pablo dirigiéndose a los gálatas en un pasaje del Evangelio que cada que lo escucho, me espero la reprimenda en el sermón. Se trata de aquél donde le dice a los gálatas "insensatos" en otras versiones, "estúpidos". Debió estar muy enojado San Pablo cuando escribió éso, enojado con el enojo que da el celo por las cosas de Dios.
En el Evangelio se nos habló de "pidan y se les dará, toquen y se les abrirá" Eso sí me gusta. Pone el ejemplo de un amigo que toque en horas inoportunas y el amigo se molesta y lo manda con cajas destempladas. Nos dice también que si el amigo en lugar de irse, hubiera seguido tocando entonces seguramente le habría abierto y dado los panes que le pedía. Pues bien, éste amigo de mi párroco no fué como ése del Evangelio. Acudió a su llamado, se quedó un día más sólo para complacer a su antes discípulo. Como digo al principio, los Obispos tienen mucho quehacer y éste Obispo se quedó un día más para visitar y bendecir de alguna manera la labor de su amigo-ahijado y discípulo.
El sermón fué hermoso, el Obispo es muy agradable, pero su ejemplo habla más que muchas palabras. Nos dijo entre otras cosas y éso es lo que se me quedó cuando nos pidió orar con él repitiendo lo que nos iba diciendo: "Te pido, Señor familias. Te pido, Señor familias santas" y después "Te pido sacerdotes. Te pido sacerdotes santos"
Así sencillamente nos puso una inyección como se dice en los grupos de autoayuda. O sea, nos dejo algo en qué pensar. O como dice algún santo que no recuerdo su nombre : "Si pides, prepárate para recibir"
Por éstos rumbos no nos llueve mucho. He escuchado que nos va a llover con el ciclón que anda por el Pacífico. Y pensé inmediatamente "Bendito Dios". Y después pensé en que muchas veces las lluvias vienen acompañadas de desastres, pero no es por la lluvia que bendito Dios nos llega, sino porque no nos preparamos, porque construimos como no debemos y en donde no debemos.
Si pedimos vocaciones sacerdotales es porque realmente se necesitan. La mies es mucha y los obreros pocos. Pero si pedimos sacerdotes, debemos prepararnos para ello. A veces nosotros mismos los dejamos sólos, no acudimos a misa y cuando acudimos lo hacemos mal.
Mi experiencia personal no es relevante, pero como dijo el Obispo ayer, cuando nos preguntan "cómo estás" decimos "bien". Lo cual es bueno con personas a las que no conocemos, pero cuando nos pregunta alguien conocido, podemos explayarnos, porque sabemos que le preocupamos.
Nos dijo que no nos acostumbremos a decir "bien" simplemente, sino a decir la verdad de cómo nos sentimos.
Por ejemplo, yo me alejé de la Iglesia cuando adolescente. Fuí a un Internado católico donde se escuchaba misa y se oraba. No recuerdo bien, porque tenía 5 años, pero seguramente se quedó en mi corazón. Después fuí a otro internado donde se oraba antes de dormir y antes de cada comida.
Ese poco bastaba para llenarme de amor. Pero al salir del internado, poco a poco fuí alejándome. En mi casa no se oraba ni se iba a misa.
Me casé por la Iglesia, bauticé a mis hijos, etc. etc. Pero yo creo que mi corazón, mi alma estaba sedienta de Dios. Finalmente después de 20 años sin confesarme, lo hice. Cuando mi vida estaba destrozada prácticamente: nos habíamos venido para acá sin un quinto, después de perder nuestro patrimonio. Todo.
Llegamos a un lugar donde no conocíamos a nadie, ni siquiera a la tía que nos recibió en su casa. La había visto tres veces en mi vida, pero hasta su muerte fué un apoyo emocional para mí.
Regresé a la Iglesia desde entonces. Acudo a misa regularmente. Antes, sólo los Domingos. Ahora que somos Parroquia procuro hacerlo más seguido.
Pero hay un momento especial dentro de todo: la hora santa.
A pesar de tener ya tiempo practicando la fé donde se debe y como se debe, apenas hace 2 años empecé a ir a la hora santa. Y es algo especial.
El párroco que nos invitó a ir un día en la mañana, lo hizo para estar en silencio frente a El, Cristo. Como se está con un amigo.
De 10 a 12, podía uno elegir para estar con El. Mi esposo y yo íbamos las dos horas.
Me llevaba mi libro de Adoración nocturna porque no sé orar de otra manera. En silencio frente a El pasaban las dos horas. Aveces lloraba, aveces simplemente me quedaba en silencio, otras veces cantaba en mi interior.
Extraño éso. En la hora santa actual que también es de dos horas, puede uno estar el tiempo que se quiera o que se pueda, dado que muchos trabajan.
Muchas veces me siento cansada por la labor que hago, por mi función de madre, en fin. Ayer fué uno de ésos días. Acudí a la hora santa y como otras veces que voy, me siento defraudada. El hermano del coro se suelta cantando y me desconcentro en la lectura. O el grupo del Rosario se suelta orando.
Me dieron ganas de levantarme a callar a todos. Pero le pedí a Dios paciencia para poder terminar mi encuentro con El. Pude seguir leyendo a pesar del coro, a pesar del grupo de oración. Hubo un momento que una de las lectoras del rosario elevó la voz demasiado. En fin.
Extraño las dos horas a sólas con El. Extraño el poder leer ante El. El sentir su abrazo, su ternura.
Leyendo, encontré la respuesta a una pregunta que ni siquiera me había hecho: la razón por la cual encontré un video con la invitación a las 40 horas para orar por los sacerdotes, por vocaciones a la vida sacerdotal y misionera. No es casualidad que haya visto ese video. Ya tengo tres meses haciéndolo. El mes pasado olvidé la fecha de la oración.
Eso me hace ver lo fácil que dejo algo. Como en el Evangelio de ayer, no insisto. Y ayer leyendo el libro de la Adoración, me dí cuenta. Fué como un jaloncito de orejas. Normalmente leo en órden, pero a veces me desordeno. Y me desordeno cuando no estoy frente a El.
Para mí, la hora santa se ha convertido en lo principal. Extraño ésas dos horas en silencio.
Creo que hay un tiempo para todo. Y ése es el tiempo a sólas con El.
Le pido a Dios fortaleza para vencer todo aquello que me aleje de El.
Así sencillamente nos puso una inyección como se dice en los grupos de autoayuda. O sea, nos dejo algo en qué pensar. O como dice algún santo que no recuerdo su nombre : "Si pides, prepárate para recibir"
Por éstos rumbos no nos llueve mucho. He escuchado que nos va a llover con el ciclón que anda por el Pacífico. Y pensé inmediatamente "Bendito Dios". Y después pensé en que muchas veces las lluvias vienen acompañadas de desastres, pero no es por la lluvia que bendito Dios nos llega, sino porque no nos preparamos, porque construimos como no debemos y en donde no debemos.
Si pedimos vocaciones sacerdotales es porque realmente se necesitan. La mies es mucha y los obreros pocos. Pero si pedimos sacerdotes, debemos prepararnos para ello. A veces nosotros mismos los dejamos sólos, no acudimos a misa y cuando acudimos lo hacemos mal.
Mi experiencia personal no es relevante, pero como dijo el Obispo ayer, cuando nos preguntan "cómo estás" decimos "bien". Lo cual es bueno con personas a las que no conocemos, pero cuando nos pregunta alguien conocido, podemos explayarnos, porque sabemos que le preocupamos.
Nos dijo que no nos acostumbremos a decir "bien" simplemente, sino a decir la verdad de cómo nos sentimos.
Por ejemplo, yo me alejé de la Iglesia cuando adolescente. Fuí a un Internado católico donde se escuchaba misa y se oraba. No recuerdo bien, porque tenía 5 años, pero seguramente se quedó en mi corazón. Después fuí a otro internado donde se oraba antes de dormir y antes de cada comida.
Ese poco bastaba para llenarme de amor. Pero al salir del internado, poco a poco fuí alejándome. En mi casa no se oraba ni se iba a misa.
Me casé por la Iglesia, bauticé a mis hijos, etc. etc. Pero yo creo que mi corazón, mi alma estaba sedienta de Dios. Finalmente después de 20 años sin confesarme, lo hice. Cuando mi vida estaba destrozada prácticamente: nos habíamos venido para acá sin un quinto, después de perder nuestro patrimonio. Todo.
Llegamos a un lugar donde no conocíamos a nadie, ni siquiera a la tía que nos recibió en su casa. La había visto tres veces en mi vida, pero hasta su muerte fué un apoyo emocional para mí.
Regresé a la Iglesia desde entonces. Acudo a misa regularmente. Antes, sólo los Domingos. Ahora que somos Parroquia procuro hacerlo más seguido.
Pero hay un momento especial dentro de todo: la hora santa.
A pesar de tener ya tiempo practicando la fé donde se debe y como se debe, apenas hace 2 años empecé a ir a la hora santa. Y es algo especial.
El párroco que nos invitó a ir un día en la mañana, lo hizo para estar en silencio frente a El, Cristo. Como se está con un amigo.
De 10 a 12, podía uno elegir para estar con El. Mi esposo y yo íbamos las dos horas.
Me llevaba mi libro de Adoración nocturna porque no sé orar de otra manera. En silencio frente a El pasaban las dos horas. Aveces lloraba, aveces simplemente me quedaba en silencio, otras veces cantaba en mi interior.
Extraño éso. En la hora santa actual que también es de dos horas, puede uno estar el tiempo que se quiera o que se pueda, dado que muchos trabajan.
Muchas veces me siento cansada por la labor que hago, por mi función de madre, en fin. Ayer fué uno de ésos días. Acudí a la hora santa y como otras veces que voy, me siento defraudada. El hermano del coro se suelta cantando y me desconcentro en la lectura. O el grupo del Rosario se suelta orando.
Me dieron ganas de levantarme a callar a todos. Pero le pedí a Dios paciencia para poder terminar mi encuentro con El. Pude seguir leyendo a pesar del coro, a pesar del grupo de oración. Hubo un momento que una de las lectoras del rosario elevó la voz demasiado. En fin.
Extraño las dos horas a sólas con El. Extraño el poder leer ante El. El sentir su abrazo, su ternura.
Leyendo, encontré la respuesta a una pregunta que ni siquiera me había hecho: la razón por la cual encontré un video con la invitación a las 40 horas para orar por los sacerdotes, por vocaciones a la vida sacerdotal y misionera. No es casualidad que haya visto ese video. Ya tengo tres meses haciéndolo. El mes pasado olvidé la fecha de la oración.
Eso me hace ver lo fácil que dejo algo. Como en el Evangelio de ayer, no insisto. Y ayer leyendo el libro de la Adoración, me dí cuenta. Fué como un jaloncito de orejas. Normalmente leo en órden, pero a veces me desordeno. Y me desordeno cuando no estoy frente a El.
Para mí, la hora santa se ha convertido en lo principal. Extraño ésas dos horas en silencio.
Creo que hay un tiempo para todo. Y ése es el tiempo a sólas con El.
Le pido a Dios fortaleza para vencer todo aquello que me aleje de El.
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