Las despedidas no son bonitas

Por Laura Aguilar Ramírez



A medida que se van cumpliendo años, también aumentan las despedidas, ¿no? Van yéndose amigos, parientes, los padres. Algunas veces, hijos. En el Evangelio de hoy, Jesús les dice a sus apóstoles que va a irse y que deben alegrarse porque les enviará al Paráclito o Consolador.

Les dice "alégrense". Esas son las cosas que aveces pueden desconcertarnos, por lo menos a mí que soy tan analítica. Cuando falleció mi primito de 7 años como yo, me sentí muy mal, mi alegría se acabó, me dí cuenta que yo también podía morir.
Cuando mi hija murió, me sentí culpable. Cuando mi papá falleció, sentí tristeza y enojo. Cuando mi abuelita (mi mamá porque ella me crió) falleció no podía creerlo, deseé por un momento irme con ella que fué toda mi vida mi apoyo y mi sostén.
Pero no alegría. En ningún caso, alegría.

Y sin embargo, Jesús les dice a sus discípulos que se alegren porque les enviará al Consolador, al Espíritu Santo que es el Amor del Padre. A éso vino Jesús a darnos a conocer el Amor del Padre, aquél Amor que Eva y Adán conocieron y a mostrarnos el camino de regreso.

Por supuesto que no me alegra el fallecimiento de ninguno de los que amo, porque los necesito.
Pero ahora puedo alegrarme por ellos porque sé que están descansando de las fatigas y dolores de ésta vida. Y porque sé que desde allá siguen orando e intercediendo por mí. El amor no se acaba, ni siquiera la muerte puede acabar con él. Y yo fuí muy amada por mi abuelita, por mi papá y por mi tío Arturo. Yo oro por ellos, para que descansen, pido al Padre para que gocen de su Reino y a su lado. Y que me permita también a mí gozar de lo mismo. Y que mis hijos después de mí, gocen también de El.
Esa es mi esperanza.

Un ejemplo muy burdo es cuando un hijo se va como en mi caso, a otro país. Se va por amor a una mujer en la que encontró a su compañera. Está lejos de mí, pero sé que está bien, sé que es feliz con ella y con sus hijos. Oro por él y por su familia. Sé que ellos lo hacen feliz.

O cuando se casa un hijo. Lo hace por amor, se va a vivir con su mujer. Y oro para que sea feliz.

O cuando se van a estudiar a otro lugar, lejos de uno. En fin. Esa es mi esperanza.

"Si tú estás bien, nosotros estamos bien" me dijo un día mi tío Arturo (él tomó en cierta forma, el lugar de mi papá que vivía con su mujer y tenía su vida y no podía estar con nosotras) Mi tío ayudaba a mi abuelita, cuidaba de nosotros, le daba a ella para sostenernos, los reyes llegaban a la casa de su mano. El era feliz viendo que gozábamos en los juegos mecánicos, o dándonos gusto en cosas que no podíamos comprar como papitas, sodas o pastelitos. Sabía que como niñas se nos antojaban.

Era feliz viéndonos gozar de pequeños lujos como juntar álbumes que de otra manera no hubiéramos tenido.
El fué a buscarme varias veces junto a mi abuelita. Y sin embargo, cuando llegó el momento de formar su familia, también lo ví partir sabiendo que era feliz con sus hijos.

Ellos estuvieron siempre presentes en mi vida, hasta el momento de su partida. Sé que siguen queriéndome como yo a ellos. Y sé que la mejor manera de honrarlos, es vivir como ellos me enseñaron: con decencia. Que ame como ellos me enseñaron: con alegría. Que sirva como ellos lo hicieron: sin pensar en lo que ellos querían, sino en lo que yo necesitaba.

Ellos siguen vivos en mí, porque su ejemplo vive en mí. Y sé que a ellos les gusta que hable de lo que hicieron, porque si éso hicieron por mí, mayormente lo hicieron por sus hijos. Lo que pasa muchas veces es que los hijos no siempre reconocemos a nuestros padres sino hasta que los hemos perdido.

Mi papá no podía cuidar de nosotras. Cuando mi mamá se separó de él, debía trabajar y no podía hacerlo. Sin embargo, mi abuelita su mamá lo hizo por él, ayudada por mi tío.

El siempre supo de nosotras. De alguna manera de todo se enteraba:
Cuando una vez fuímos con mi abuelita y dos primas a Acapulco, mi papá se enteró no porque nadie le dijera, sino porque encontró en un pueblo en sus andanzas una foto nuestra jeje.

Mi abuelita tenía alma de casamentera. No podía ver chamaca sóla. Enseguida se daba a la tarea de buscarle novio jeje. En ésa ocasión, invitó a sus dos sobrinas solteras a pasear por Acapulco. Yo creo que a ver si pescaban algo, jaja.

Un día, fuimos a la playa. Una prima dejó todas sus pertenencias en una bolsa encima de una silla playera (se nota que era la primera vez que iba a la playa, jaja) Cuando regresó, sus gritos se oyeron en todo Acapulco.
Su bolsa había desaparecido. Con sus alhajitas, su carterita, su relojito, sus lentecitos y hasta su toallita. Se puso a preguntar a los de la playa. Un chamaco le dijo que había visto a quien se la llevó (claro, le ofreció 10 pesotes de ése tiempo, jaja). Como es hija de un juez de lo familiar (en ésos entonces) se fué a la delegación a levantar la voz, logró que un patrullero la acompañara, pero no soltaba al pobre chamaco que no supo ni en la que se metía.

Y se fué con él. Le dieron una paseadota por todo Acapulco, por todos los cerros y cuando regresaron ella y la otra prima, estaba fúrica, cansada y sin bolsa jaja. Llamó a sus padres, le depositaron para el regreso y ahí se acabó nuestra aventura acapulqueña. De novio, nada jeje Nosotras nos tuvimos que salir del agua porque mi abuelita tenía que andar con ellas viendo en qué acababa la cosa.

Mi abuelita llevaba su traje de baño, pero abajo sus blumers. Al salirse del agua, estaban llenos de arena, tanto que se le salieron del traje de baño jeje. Mi hermana y yo, todas revolcadas, con los calzones saliéndosenos de nuestros trajes también llenos de arena, todas greñudas y enojadas.

A alguien le pareció simpático el asunto y nos tomó una foto, la cual puso en su taller mecánico. Un tiempo después, mi papá visitando un balneario por Morelos, entró al taller y que reconoce a su familia jeje. Le preguntó al mecánico y le dijo: "una familia loca que me encontré por Acapulco". Mi papá por supuesto no le dijo quien era la familia loca: su propia familia. Sus dos primas, su madre y sus dos hijas, jeje

Luego le comentó a mi abuelita y ella le platicó toda la aventura.

Así, mi papá de una u otra manera, siempe supo dónde estábamos y qué hacíamos.
Por más que mi abuelita no quisiera que se enterara
Ahora si que como la canción: "tu retratito lo traigo en mi cartera...." mi papá traía el nuestro en la suya jeje.

Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?' Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.

Y cuando él venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado".