La misericordia de Dios en mi vida

Por Laura Aguilar Ramírez

Hoy es Domingo de la Misericordia. La palabra misericordia nace del corazón. Es la virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos, moviendo a actuar para aliviarlos. Derivada del latín misericordia ("corazón hacia la miseria")

Jesús pidió que el Domingo siguiente a la Pascua de Resurrección se celebrara éste Domingo dedicado a la misericordia de su Corazón que nos ama. Lo pidió a una monja polaca llamada Faustina Kowalska.

He meditado el motivo por el cual Jesús pediría algo así y además incrustrado dentro de la alegría del Tiempo pascual.
 La Pascua no dura un día, ni es buscar al conejo, ni tampoco buscar huevos de chocolate o dulce en un jardín o en la casa. Esos son costumbres que denotan alegría, que comparten la alegría de Cristo resucitado. 
Pero no acaba ahí. Por 50 días, Cristo siguió estando presente con sus discípulos. Volvió a buscarlos, a reunirlos como hizo antes. Para enseñarlos y guiarlos, ya no a la tumba como antes. Sino a la vida plena, a la vida eterna, a la vida que no se ve. A la vida después de la tumba. El venció a la muerte, la que entró al mundo por el pecado.

La Pascua es ésa alegría de conocer a Cristo resucitado y termina con su Ascensión al cielo. Les mostró que no acaba todo en una tumba, sino que es la entrada hacia el Reino de Dios para estar con El, para retomar el lugar que perdimos por el pecado.

"Triste santo es un santo triste". El hombre ya no debe estar triste, porque sabe que su lugar está en el Cielo, en el Reino de Dios, en el Paraiso perdido donde no hay hambre, donde no hay sed, donde no hay dolor ni tristeza. El cielo es una Pascua eterna. Es el estar con Dios eternamente. Con Dios que es Amor eterno.

El corazón de Jesús se inclina hacia la miseria humana y la limpia, la cura y la santifica con su Amor.

Eso aterrizado a la vida diaria no lo vemos. Vemos noticias de guerras, de violencia. Se escuchan balazos cerca de mi casa de personas que salen a divertirse. Se escuchan noticias de muertos cerca de mi casa. ¿Dónde está esa misericordia? No la veo.
Y sin embargo, existe. Está en el corazón de la gente que cree en Cristo, que tiene la certeza de que El resucitó y nosotros estaremos con El, porque El lo prometió.

Tomás dudó, no creyó aunque se lo decían. Seguramente Tomás es alguien como la gente de éste tiempo, que ve sólo violencia, que escucha sólo dolor y guerras. Cristo mismo le mostró sus llagas, los agujeros de los clavos. Metió su dedo en ellos. Y creyó.

Yo soy testigo de la Misericordia de Dios en mi vida. No es que Jesús se me apareciera y viera yo sus agujeros de los clavos y de la lanza. No. Lo ví en gente de carne y hueso que creyó en El, que hacía lo que El les dijo hicieran. "Vayan por el mundo y anuncien lo que han visto, lo que les he enseñado" Y nos da una cita ya no a Galilea como a sus discípulos, sino a la Gloria eterna.

Yo soy testido de la Misericordia de Dios. Cuando mis padres se separaron, con todo y escándalo, sombrerazos y demás, apareció mi abuelita con una bolsa de mandado, con ropa y juguetes para mi hermana y yo. Cuando mi madre no podía aguantarnos, ni su familia tampoco, ella nos tomó y nos llevó a su lado.

Cuando no pudo cuidarnos porque tuvo que trabajar fuera de casa, apareció una persona que me ofreció un lugar en un internado donde estaba cuidada, donde podía estudiar y donde era tratada con respeto.

Volviendo los ojos atrás, veo que Dios ha actuado en mi vida muchas veces. Cuando he tenido problemas, cuando he necesitado, cuando he estado en mis peores momentos, El ha estado. Y ha estado en personas de carne y hueso, que se han compadecido de mí. Aún cuando he pecado, aún cuando he merecido los golpes que me dió mi abuelita alguna vez, por necia o desobediente, aún así, no dejó nunca de amarme y de ayudarme.

Y he visto "milagros" jeje. Una vez mi esposo compró un billete de loteria y se lo puso a un cuadrito de la Virgen de los lagos que había yo comprado en la visita que hice junto con mi hermana y su familia a su Basílica. Necesitaba dinero urgentemente. Yo le dije "el dinero no llega del cielo, se gana trabajando". Ese día limpié la casa como siempre lo hacía. Levanté el colchón de nuestra cama porque tenía la duda de porqué tenía necesidad de dinero. Esa costumbre de limpiar el colchón y darle la vuelta de vez en vez es en mí arraigada. Esa vez lo hice buscando el porqué necesitaba dinero. El trabajaba y yo también lo hacía en la casa. Alguna vez al limpiar el colchón y darle la vuelta, había encontrado revistas pornográficas. Eso me dolía, pero respetaba su espacio.

Pensaba en lo que cuestan ésas revistas, en lo que cuesta pagar a una persona que se dedica a vender su cuerpo. Y me daba coraje pensar en que se gastaba el dinero en cosas así. Esa vez al lado de las revistas, encontré unas acciones telefónicas que había guardado ahí, pensando que yo no me daría cuenta. Pocas personas levantan el colchón, jeje. Se las entregué, ni se acordaba de ellas. Las llevó a cambiar y le dieron el dinero exacto que necesitaba.
Eso es un milagro. Por donde lo quiera yo ver. Eso es misericordia. A pesar de sus "detallitos", Dios se compadeció de su necesidad y nuestra necesidad, la de mis hijos y mía. Porque lo que le sucede a alguien de mi familia, me sucede a mí también. Si mi esposo malgasta el dinero, nos afecta a mis hijos y a mí. Si yo hago algo mal, les afecta a mis hijos y a mi esposo.

La costumbre de limpiar por todos lados, salvó a mi esposo en ésa ocasión. Pero lo milagroso es que ése día precisamente, se me ocurrió limpiar debajo del colchón. No es algo que hago seguido.

La vez que mi hijo chocó, ví la misericordia de Dios. Estábamos orando en la Adoración nocturna cuando sucedió el accidente. No sufrió ni un razguño. Sólo el susto. El carro quedó para el yonque. Pero mi hijo no tuvo ninguna herida. Mi hijo en ése tiempo, estaba estrenando carro, su primer carro, comprado con su dinero. Era el único de sus amigos que tenía carro. Cuando salían, él era el chofer y ésa noche, estaba cansado, desvelado de varios días en que salieron. Había dejado a sus amigos en sus casas y cerró por un instante los ojos. Cuando los abrió, iba directo al cerro, dió el volantazo, el auto giró, se pasó al otro carril y finalmente se estampó en el cerro. Estuvo a punto de caer al precipicio donde está abajo el mar. Pudo chocar con un carro que viniera en sentido contrario. El golpe con el cerro fué fuerte, pero pudo ser peor. Chocó con una gran piedra que había caído del cerro. Y éso amortiguó el golpe. Todo como un milagro. Habíamos estado orando por mis hijos ante el Santísimo en la Adoración Nocturna.

Mi hijo andaba mal en ése tiempo, estaba en una etapa de rebeldía. Nunca ha abusado del alcohol, ni ha llevado una mala vida, pero sí ha sido rebelde. Y una forma de rebeldía era ésa: salir de noche con sus amigos a pesar de saber que no nos gustaba. Y que lo hiciera tan seguido, menos.

La misericordia de Dios la ví cuando intenté suicidarme, llena de pánico porque nunca había visto tan de cerca la violencia. Mataron a una familia de 19 personas y éso me llenó de pánico. Hubo gente que me ayudó a salir de ésa depresión. Tal vez no eficazmente, pero lo hicieron. Mi familia del otro lado, que nos había prestado un cuartito para vivir, hicieron todo lo que pudieron por ayudarnos. Mi tía subió al cerro donde vivíamos para vernos y ya era una persona mayor de más de 80 años. No es fácil subir el cerrito para una joven de 40 años como yo era en ése entonces, menos para alguien de ésa edad. Un muchachito me tomó de su mano y trató de sacarme del agujero, compadecido de mí. Mi prima aún siendo protestante, llevó a su pastor a que me ungiera con un aceite no sé de qué, pero trató de ayudarme.

Obviamente nada de éso me sacó del hoyo de la depresión, sólo la Msericordia de Dios sacramentado pudo hacerlo. Cuando nos cambiamos, empecé a ir a misas de sanación donde nos ungían con los óleos sagrados o unción de los enfermos. Empecé a ir a misa dominical a la Capilla que ahora va a ser Parroquia. Y desde entonces, no dejo de acudir. 

La Misericordia de Dios se hace presente en el Sacramento de la Reconciliación donde perdona mis pecados y en el Sacramento de la Eucaristía donde se nos da en cuerpo, alma y divinidad el mismo cuerpo y sangre que nació, vivió, sufrió, murió, resucitó y ascendió al cielo. Es decir se nos da completo. El mismo con su Misericordia. Se nos da en la escucha de su Palabra que guía, que llama la atención cuando estoy equivocada, que consuela cuando estoy triste, que me hace sentir amada por Dios al dárseme en la hostia consagrada. Cuando voy ante el Santísimo y leo para El, cuando lloro ante El y no me da pena hacerlo. Cuando le abro mi corazón lleno de miedo o de nostalgia. Eso es su Misericordia.

En realidad, en todo momento, El está presente en mi vida.
Hace un tiempo, en una visita a la Catedral de la CDMX a donde fuí a orar me encontré con la imágen conocida como la Divina Misericordia y una señora se acercó a ofrecerme orar la Coronilla de la Divina Misericordia. Lo hice porque en realidad yo no sé orar, necesito apoyarme en oraciones ya hechas, no tengo ése don desgraciadamente de orar tan bonito.

A los pocos días, visitando a la familia que tenemos por allá, me encontré con la grata sorpresa de que una persona conocida y que había tenido durante su vida problemas con las drogas y éso le había acarreado muchas desgracias con su esposa e hijos, había encontrado refugio en ésa misma capilla y me imagino que la misma señora le ofreció orar con él. Desde entonces, se hizo miembro de la Divina Misericordia y andaba por todos lados, propagando ésa devoción que lo sacó del vicio, que le restituyó a su familia que ya lo había dejado.

El me regaló una imágen de la Divina misericordia que tengo en mi pequeño altar. Ahora sus hermanos poco a poco han regresado a la Iglesia. El sigue actuando con sus familiares.

Jesús hizo promesas por medio de Santa Faustina a quienes oren la coronilla de la Divina Misericordia y la propaguen por el mundo. No es por supuesto porque El lo necesite, sino porque nosotros lo necesitamos a El. Es una forma de su Misericordia.

Esa misericordia que lo hizo hacerse hombre, vivir como hombre, sufrir como hombre, morir como hombre y abrirnos la puerta del Cielo con su resurrección que es la más grande prueba de la misericordia de Dios al perdonar los pecados y terminar con la muerte que entró cuando pecó por desobediencia el hombre (cuando se dice hombre, se incluye por supuesto a la mujer que fué hecha del mismo barro que el hombre, tomado de su costado)

Jesús mandó a Santa Faustina plasmara lo que había visto. Ella mandó hacer la imágen con los rayos azules y rojos que son el agua y sangre que manaron de su costado al ser herido en la cruz. Ella dijo que obviamente ninguna imágen puede reflejar la hermosura de lo que vió, pero Cristo quiso que se hiciera y se hizo.

Así que sí se puede ver la Misericordia de Dios y disfrutar de ella en ésta vida. Aún cuando parezca que el mundo se cae a nuestro lado, aún cuando siga escuchando balazos de personas que gozan espantando a la gente, como si fuera divertido escuchar balazos en la tarde. Lo hacen por diversión o porque desconocen el Amor de Dios.
A pesar de éso, puedo vivir en paz, con la paz que Cristo deposita en mí.

He intentado dejar de compartir por internet, como alguna vez Santa Faustina se vió tentada a desaparecer la imágen de la Divina misericordia. La imágen actual es ligeramente distinta a la original que se quemó en un incendio. Porque el mal existe. Ella lloraba porque la imágen no era tan bella como lo que había visto.

Así yo, desaparecí mi página porque sentía que no daba frutos, pero he vuelto a evangelizar porque siento que ésa es la manera en que fuí llamada a servir. A mí me gustaría hacerlo de otra manera más bella, jeje. Pero sé que aunque pequeña, es una gota la que puedo aportar. Y en ello también veo la misericordia de Dios, que se dignó darme una bella misión, algo que puedo hacer aunque sea pequeño.

Me ha ayudado a sentirme útil y a hacer algo en un lugar donde no me ha sido fácil trabajar en una fábrica, ni en un hotel, ni en ningún lado.

Durante un tiempo, incluso obtuve pequeñas aportaciones por los anuncios. Aportaciones que ayudaron a mi familia. Estos beneficios ya no se me dan, por cuestiones políticas que afectaron a los blogueros mexicanos. Como es una empresa estadounidense y las relaciones con ése país son tensas, se nos redujeron las ganancias.
La borré porque había mucha paja. Ahora trato de hacer una mucho más sencilla

Te comparto la historia de la imágen de la Divina Misericordia tomada de Aciprensa
Tras la revelación, en 1931, de Jesús a Santa Faustina y la petición de que realizara un cuadro mostrando su imagen, la religiosa pidió al artista Eugenio Kazimirowski que lo llevara a cabo. Éste lo hizo siguiendo las indicaciones de Santa Faustina y lo terminó en 1934. No obstante, Santa Faustina lloró al ver que la imagen acabada "no reflejaba" toda la belleza de Jesús, pero el Señor la animó.

El segundo cuadro fue hecho por encargo de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en 1942 y fue obra del pintor Estanislao Batowski. Sin embargo, durante el Alzamiento de Varsovia —en la II Guerra Mundial—, la capilla y la imagen fueron consumidas por el fuego. Por eso se le encomendó al artista pintar otra para la capilla de la Divina Misericordia en Cracovia.

Por ese entonces, el pintor Adolfo Hyla llegó a la casa cracoviana de la Congregación con la propuesta de pintar un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra. Le dieron una estampa de la Divina Misericordia y las descripciones de Santa Faustina.

El pintor terminó el cuadro en 1943 y fue bendecido en la capilla por el P. Andrasz, confesor de Faustina.

Más adelante llegó otra imagen de Batowski, pero solo el cuadro de Hyla se quedó en la capilla por recomendación del Cardenal Adan Sapieha, quien lo eligió porque había sido pintado como voto.

Como el cuadro de Hyla no entraba en el altar de la Misericordia, en la capilla, el pintor hizo una imagen más pequeña, que fue bendecida el segundo Domingo de Pascua de 1944 también por el P. Andrasz.

En 1954 Hyla volvió a pintar el lienzo, eliminando la pradera y el matorral que había puesto, y colocó el fondo oscuro con el suelo bajo los pies de Jesús.

Esta imagen de Hyla se hizo famosa por las gracias que recibían los fieles y es la más difundida en el mundo. De esta manera se cumplió el pedido de Jesús a Santa Faustina: "Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero". La revelación a Santa María Faustina Kowalska Cuenta Santa Faustina en su diario: "Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido".

"Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: 'Jesús, en ti confío'. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero".

Jesús le señaló: "Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como mi gloria".

Otro día, estando Santa Faustina en oración, Cristo le dijo: "Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas".

"Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios".

Santa Faustina contaba todo esto a su confesor, el actual Beato P. Miguel Sopocko, quien designó al pintor Eugenio Kazimirowski para que realizara la imagen según las indicaciones de la santa.

"Una vez, cuando estaba en [el taller] de aquel pintor que pintaba esa imagen, vi que no era tan bella como es Jesús. Me afligí mucho por eso, sin embargo lo oculté profundamente en mi corazón", escribió Santa Faustina en su diario.

"Fui a la capilla y lloré muchísimo. ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres? Como respuesta oí estas palabras: 'No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia'".