A veces siento que Jesús no escucha, que todo sale mal, que todo está en mi contra.
A veces es por cansancio. Como dice el Evangelio de hoy. Estoy cansada de tanto sembrar, de tanto trabajo y de ver tan pocos resultados.
Eso me ha sucedido varias veces a lo largo de mi vida.
Recuerdo por ejemplo, cuando entré en un anexo de un grupo de autoayuda. Llegué con un gran dolor dentro de mí. El dolor de la primera decepción amorosa. Me sentía triste, me sentía engañada, me sentía decepcionada y también avergonzada.
Un dolor que estaba dentro de mí y que estuvo ahí por dos años. Estuve en ése lugar un año. Me sirvió de terapia, para sacar de adentro el dolor que sentía y que no había curado. Pero ahí empecé a cambiar mi dolor en deseo de ser reconocida. Porque la autoayuda no sirve, si Dios no bendice y cura.
En lugar de ser mejor, terminé siendo peor y haciendo cosas peores. Y éso me hacía sentir peor. Hasta que empecé a echar polvo encima de mis heridas, tanto que llegaron a cubrir mi conciencia y mis sentimientos. Como sucede con edificaciones antiguas que después de siglos o milenios han sido descubiertas al buscar algo en montes. Terminaron por descubrir que no eran montes, sino edificaciones cubiertas por tierra y en las que siguieron creciendo árboles, flores, etc.
Sentí después de un tiempo, que no daba fruto. Pero no es que no diera fruto, sino que empecé a ver que otros de mi mismo tiempo, empezaban a tener ahijados y a mí nadie me pedía ser su madrina. Mi pecado es el que me hacía fijarme en cosas así. Para otros éso no les interesaba. A mí sí.
Estaba acostumbrada a estar en el cuadro de honor, estaba acostumbrada a ser de las primeras en todo. Y el que otros con menos méritos, según mi distorsionada manera de ver, me hacía sentir mal.
Es el mal dentro de mí el que me hace ver cosas que no son.
Y es ahí donde veo porqué no me funcionó ése tipo de grupos. Y sin embargo, a otras personas les han servido, por éso continúan funcionando.
También dentro de mí está el bien. Y ése bien me impulsa hacia arriba, me impulsa a hacer cosas y a hacerlas bien.
Me impulsa a trabajar y a trabajar bien. A estudiar y a estudiar bien. A hacer el bien y a hacerlo bien.
Esa es la naturaleza que Dios nos dió a los seres humanos. El dijo que "estaba muy bien" cuando vió su obra realizada.
El hombre es parte de su creación y por lo tanto "está bien" hecho.
Ya que se deforme uno, es otra cosa. El pecado deforma. Uno puede tener buena intención al realizar algo, pero después viene la pereza, o la envidia o alguno de aquellos pecados que padecemos y lo hecha todo a perder. Y aquello que estaba destinado a ser algo bueno, grande y frutctífero termina sirviendo de alimento a los puercos.
Hoy veía mis árboles. Tengo 4: dos frutales y dos que dan sólo sombra. Los cuatro dan oxígeno porque ésa es su función. Además de dar sombra, de servir de casa para pajaritos que alegran mis mañanas con sus trinos.
Y notaba algo curioso: a dos de mis árboles no les echo agua. Y sin embargo, están frondosos, verdes y bonitos. Al lado de uno, sembré una palma que tampoco riego. Sólo de la lluvia esporádica y de la brisa se nutren. Y yo creo que el ingrediente secreto es que los podo de vez en vez y oro diario. Yo trabajé al sembrarlos, al podarlos, al removerles la tierra, pero Dios bendice.
Un árbol cercano, del que nació mi arbolito y al que también podan de vez en vez y al que tampoco riegan, no está tan frondoso ni tan verde. Y tiene la misma tierra, recibe la misma cantidad de sol y de agua y están distintos.
Por éso creo que es la oración diaria y el seguir y hacer lo que Dios manda.
Cuando niña, mi mamá tenía en botecitos flores que nunca florecían. Y les cambiaba la tierra y yo las regaba y quitaba hojas secas y les daba sol, pero no florecían.
De ésas mismas flores tengo yo ahora y también les puse tierra fertilizada y las riego y tienen flores todo el año. Son de ésas sencillas que se dan en todos lados. Pero no es cierto que florezcan en todos lados. Las de mi abuelita (a la que llamo mamá) no daban flor. Sembraba en un espacio algo y no se daba. Yo ahora siembro y se me da. Tengo plantas de desierto que no requieren mucha agua ni cuidado, tengo flores de ésas sencillas que florecen todo el año. He sembrado jitomate y comido de sus frutos (bueno... se me dan chiquitos, pero se me dan) Mi esposo cuida de una bugambilia que da todo el año flores bellas. Claro que la podamos, le ponemos guías para darle forma, se riega, pero tampoco se mata uno cuidándola. Tengo nopales de los que comemos, tengo unos cactus que podo para que no crezcan tan altos y que embellecen mi pequeño espacio de jardín (bueno... así le digo yo. En realidad es una macetota grande jeje) Tengo dos árboles frutales de los que he comido frutos ( una zarzamora y un granado. Me dan frutos pequeños, pero me dan)
Mis plantas alegran mi casa. Se ve verde. Mis flores alegran mi casa y vienen mariposas y un chupamirto a comer de ellas. A mí me dan trabajo porque tengo que barrer sus hojas o flores, pero me alegran. Se ve bonita mi casa. Además de dar oxígeno tan necesario para vivir.
Hacer las cosas buenas y hacerlas bien da fruto. Hasta la naturaleza se alegra y beneficia de ello.
Jesús manda a sus discípulos a subir a la barca e ir al otro lado del lago, después de haber dado de comer a tantos en el "milagro de los panes" están cansados. El les dice que los alcanzará allá. Pero el lago Tiberiades es ancho, van cansados y deben remar aún, después de tanto trabajo. El mar (porque en realidad es un mar interior) se encrespa, las olas amenazan con derrumbar la pequeña embarcación. Y es ahpi donde Jesús aparece ante ellos caminando sobre las aguas y les dice "Soy yo, no tengan miedo" y les da fuerzas para seguir remando a pesar del cansancio y llegan a la otra orilla.
Es El quien bendice, quien fortalece a pesar del cansancio.
Se alegra uno nadamás de verlo
Se renuevan las fuerzas para continuar.
Es ahora que puedo ver porqué ése grupo al que fuí, no llegó a lo profundo de mí. De mi interior que estaba cubierto de mucha tierra, tanta que cubría mi corazón. Y aunque se veían árboles y flores bellas, nacidas de la tierra que lo cubría, mi corazón estaba tan frio como las edificaciones encontradas dentro de algo que creían cerros.
Hoy se celebra también que el Papa Urbano VI concedió indulgencia plenaria a quienes visitaran la Casa de Loreto (la casa original de Nazaret donde fué la Anunciación y donde vivió la Sagrada familia en su regreso de Egipto y donde Jesús vivió su infancia, adolescencia y juventud y de la que salió para cumplir su misión) casa que se cree fué transportada al lugar actual por ángeles.
Una indulgencia plenaria se concede a quienes se confiesan y han sido perdonados en ése Sacramento, pero remite las penas del purgatorio que merecen nuestros pecados. Es misericordia divina una indulgencia.
Los sacerdotes nos dan la penitencia después de la confesión.
El Papa concede indulgencias en ocasiones especiales como en el pasado Año del Jubileo a quienes pasaran por la Puerta santa, a quienes visiten algún Santuario, etc.
En el acto de contricción, decimos: Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido;propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y, cumplir la penitencia que me fuera impuesta.
Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que los perdonareis, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida.
Amén.
