"Saulo, Saulo ¿porqué me persigues? Preguntó él: "¿Quién eres, Señor?" La respuesta fue: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate. Entra en la ciudad y allí se te dirá lo que tienes que hacer"."
Jesús se presenta a Saulo cuando éste iba rumbo a Damasco persiguiendo a los cristianos. Había pedido permiso para traerlos a Jerusalen presos.
Es la historia del encuentro de Jesús con Pablo, aquél que después recorrió lugares y lugares predicando que Jesús es el Hijo de Dios.
Sabemos que estuvo 3 días ciego en Damasco a donde Jesús había dispuesto fuera. Estuvo sin comer ni beber.
Me imagino que el impacto de haber escuchado ésas palabras de Jesús a quien había visto morir en la cruz, debió ser tremendo. La luz al presentársele lo encegueció. Sus hombres también escucharon pero tampoco vieron a nadie.
Saulo era discípulo de Gamaliel, personaje prominente del Sanedrín. Era jóven. Había estado presente en el asesinato de Esteban, el primer cristiano asesinado por predicar que Jesús es Hijo de Dios. Pablo había perseguido a los cristianos quienes huyeron y los perseguía.
Esos 3 días debieron ser de incertidumbre, pero también de muchas preguntas. Preguntas que le fueron respondidas por Ananías a quien el Señor se había presentado, diciéndole que fuera a ver a Saulo. El dudaba por la fama de Saulo, pero Jesús le dijo que El lo había escogido para "que me dé a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi causa".
Fué bautizado y se llenó del Espíritu Santo al serle impuestas las manos por Ananías.
Es una historia fascinante la de Pablo. Pero también terrible. Escuchar ésa pregunta de Jesús y de ésa manera. El era tan justo, creyente y temeroso de Dios. Uno podría pensar que Jesús podía haberlo golpeado por perseguir a sus discípulos. Pero no. Lo eligió para que lo diera a conocer.
San Agustín decía: ¡Oh feliz culpa que mereció tan grande Redentor!
El día de hoy leía también la historia de San Fidel Sigmaringen, abogado que se hizo fraile capuchino, repartiendo sus bienes entre los pobres y el seminario. Fué martirizado por predicar a Dios en Suiza que estaba plagado de protestantes, evangélicos y calvinistas a quienes no les gustaba que hablara del Bautismo por ejemplo. El les decía que no había varios bautismos, que la gente no podía rebautizarse. Gracias a sus prédicas, hubo muchas conversiones. Lo atacaron con palos hasta que murió. Como Esteban.
Leía también:
Ambos padecieron por Jesús y por evangelizar. Perdonaron a quienes los mataron antes de morir. Creían en que la corona de espinas que soportaron sería cambiada por una de paz al lado de aquél por quien lucharon y se entregaron.
A mí me encanta conocer de El, através de aquellos que vivieron y gozaron de su amistad. Ver en personas la manera en que Dios actúa. Leía también del milagro de la mula de San Antonio, cuando la mula de un no creyente, se hinca ante el Santísimo Sacramento eligiéndolo a un puñado de heno a pesar de estar hambrienta por llevar 3 días sin comer. El no creyente, se convirtió.
Y entonces se pregunta uno porqué Dios ya no hace cosas así. Como en el tiempo en que los santos eran estigmatizados, tenían el don de la bilocación o de la levitación o como el Padre Pío que parecía adivinar lo que sus fieles iban a confesarle. En fin.
Hay algo que a los santos les falla de manera impresionante, es la "prudencia simplemente humana", ese andar haciendo cálculos para no excederse en desgastarse por el Reino de Dios. Los santos no se miden. Ellos se enamoran de Cristo y de su religión y no andan dedicándose a darse a cuenta gotas, sino que se entregan totalmente a la misión que Dios les ha confiado.Al igual que él, Pablo no se medía, se entregó en cuerpo y alma a la misión que Jesús le había confiado. Aparentemente, ambos son distintos. Uno perseguidor de cristianos y convertido por Jesús. Otro, enamorado de siempre de Cristo. Pero en realidad eran iguales: entregados a lo que creían sin medir las consecuencias.
Ambos padecieron por Jesús y por evangelizar. Perdonaron a quienes los mataron antes de morir. Creían en que la corona de espinas que soportaron sería cambiada por una de paz al lado de aquél por quien lucharon y se entregaron.
A mí me encanta conocer de El, através de aquellos que vivieron y gozaron de su amistad. Ver en personas la manera en que Dios actúa. Leía también del milagro de la mula de San Antonio, cuando la mula de un no creyente, se hinca ante el Santísimo Sacramento eligiéndolo a un puñado de heno a pesar de estar hambrienta por llevar 3 días sin comer. El no creyente, se convirtió.
Y entonces se pregunta uno porqué Dios ya no hace cosas así. Como en el tiempo en que los santos eran estigmatizados, tenían el don de la bilocación o de la levitación o como el Padre Pío que parecía adivinar lo que sus fieles iban a confesarle. En fin.
No sé la respuesta a éso, por supuesto.
Los caminos de Dios no son como los de los hombres, ni sus tiempos, ni sus formas. Pero sé que sigue estando presente.
Sé que sigue actuando en la vida de muchas personas En mí, por supuesto pues ha cambiado mi vida. Y no he visto ni oido como San Pablo. Ni he sido tan ferviente desde niña como San Fidel de Sigmaringen. El simplemente ha ido actuando en mí. Con su Palabra y en la Sagrada Eucaristía.
De Dios puedo confiarme.

