¿A quién obedecer?

Por Laura Aguilar Ramírez


Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres. dice la Primera lectura. Lo dijeron los apóstoles al Sanedrín, cuando fueron milagrosamente sacados de la cárcel. Se fueron al Templo a seguir predicando en nombre de Cristo.
Ahora puedo entender éstas palabras, pero si me las hubieran dicho hace 30 años, tal vez no hubiera podido entenderlas de la misma manera.
Soy obediente porque me gusta serlo y porque fuí educada así. Y éso de obedecer a alguien que no es confiable, me ha traido problemas. Así que es una cuestión que realmente me interesa.
¿A quién obedecer?

Para mí, Dios actúa através de hombres y para los hombres. Eso lo entiendo ahora. Antes he confiado en los hombres y en mujeres claro. Y era sencillo: si me querían, eran buenos. Para saber si me querían, era sencillo: si me trataban bien, me querían.

Obedecía a hombres, ¿cómo obedecer a Dios si no lo veo? Obviamente a mí no se me apareció Jesús resucitado, ni tampoco estuve en el día de Pentecostés ni ví lo que los apóstoles vieron.
Después empecé a escuchar de Dios, a leer su Palabra y entonces empiezo a darme más o menos cuenta de cómo obedecer a Dios. Pero la mayoría de las personas ni escuchan de Dios y mucho menos leen su Palabra.

Yo empecé a escuchar de Dios con personas que no iban a la Iglesia católica o sea, hermanos separados. Y ahí empezó la confusión.
Una hermanita empezó a ir a orar a la casa con nosotros. Después empezó a darme estudios bíblicos y fué un choque con lo que siempre creí.
Porque aunque no iba a misa continuamente, lo hacía en ceremonias de las que "repican las campanas fuerte": bautizos, bodas, XV años, etc.
Algo se me quedaba. Pero sobre todo, la educación que recibí fué conforme a la palabra de Dios, aunque yo no lo sabía. Así que puedo decir que era católica por tradición.

Y éso sí fué un choque difícil para mí. Porque obviamente creo y creía en el Cielo, en ir a la Gloria de Dios aunque no sabía cómo. Si me porto bien, voy al Cielo. Si me porto mal, al infierno. Eso me enseñaron de niña. Y al crecer, van surgiendo preguntas, situaciones de la vida. Ya no es copiar en un exámen o no, ni comerme un dulce en el salón de clases o no.

Cuando empecé a ir a misa todos los domingos, empecé a tener experiencias feas como ver a la Virgen y pensar cosas feas de ella o de Jesús. Leía la Biblia como me enseñó la hermanita separada y no sólo no entendía nada, sino que me confundía más. Aunado al cambio de ciudad, a la ausencia de personas queridas y conocidas, al cambio de vida, realmente fué difícil.

Lloraba en las misas, mis hijos y mi esposo se avergonzaban. Mi esposo decía que no llorara, que iban a pensar que me pegaba. Pero seguía yendo a la misa. Sentía consuelo al hacerlo. Pero tampoco era muy agradable no poder contener las lágrimas o pensar cosas feas de la Virgen o Jesús. Me confesaba, pero no me sentía perdonada.

Las personas que me ayudaban eran cristianas separadas de la Iglesia. Eso hacía más difícil la cosa, porque los apreciaba. Y para colmo, personas que tenían en la puerta de su casa una imágen de la Virgen, me trataban mal. Fué como si el mundo diera un cambio de blanco a negro.

Sobre todo una vecina que tenía su Virgen en la puerta fué muy dura conmigo. Era hermana de un hermano separado que iba a un templo protestante. O sea, que le prendían una vela a una y otra vela a otro para no errarle.
Ahora lo veo así, pero para mí fué difícil porque yo no sabía que ni iban a un lado ni iban al otro, sólo aparentaban para que los vieran.

Eran personas sin una fé real, que iban a todas por si alguna fallaba.
En la pesquera donde empecé a trabajar,  se tenía la imágen de la Virgen en el comedor, pero muchas personas no iban ni a misa, ni siquiera tenían respeto por la imágen, ni se cuidaban de lo que decían y cómo lo decían. Y luego se empezó a maquilar para un empresa extranjera y personas de allá estaban vigilando lo que hacían con su producto y diciendo cómo lo querían. Ellos eran protestantes o cristianos separados. Así que algunos empezaron a ir a los templos de los hermanos separados. Por interés.

Total. Que no había una fé real en las personas. Lo puedo decir por su forma de actuar, no por juzgarlos. Y para mí, sí fué un choque. Porque creo firmemente en Dios, tal vez de una manera infantil como aprendí de niña, pero creo. Y creo porque gente católica sostenía el internado donde fuí feliz en mi infancia, porque estuve en un internado de religiosas cuando tenía 5 años, poco tiempo, pero estuve. Porque crecí siendo católica y de repente aquí, se disfrazaba la gente de una o de otra cosa. Se escuchaba música a todo lo que da con grandes bocinas salidas de los templos protestantes. Era hasta molesto.

Muchas costumbres eran distintas. Aquí no se acostumbra hacer una misa a la salida de la primaria o secundaria, menos de la prepa o universidad como donde yo crecí. Cuando salí de la primaria y la secundaria, primero fuimos a misa y después al saloncito de fiestas.

En los matrimonios, la gente no va a la Iglesia pero se llenan los salones de fiesta. Eso era algo que no me cuadraba. Y que sigue sin gustarme, por supuesto.

En los hoteles encontraba la Biblia protestante o el Nuevo Testamento en los cajones de las habitaciones que limpiaba. Al principio se me hacía hasta bonito. Pero realmente no lo es. Porque la Biblia no es una novela o una revista como las que se ponen en los hoteles para pasar el rato.

Entiendo que como dice la Primera lectura de hoy, la misión es evangelizar. Sin embargo, deben tratarse con respeto los elementos sagrados. Y sobre todo, porqué se hace. Por verdadera fé o por interés para quedar bien con alguien, como sucede en muchos lugares de por acá.

Mucha gente no está consciente de la importancia de creer en Dios. Es cuestión de vida eterna. En los Hechos de los apóstoles de ayer, vemos que salieron de la cárcel sin abrir ninguna cerradura y habiendo guardias cuidando sus celdas. Eso no lo hace un hombre.
Los apóstoles resucitaron muertos, curaron enfermos. Y muchos santos a lo largo de los siglos han realizados éste tipo de milagros estando vivos. O hay curaciones milagrosas por intercesión de algún santo ya en el cielo. Cosas que no se pueden explicar.

El gran milagro de la Guadalupana sigue maravillando a creyentes y no creyentes a pesar de haber pasado 500 años. De estar pintada en una simple tela de yute que se termina en 50 años, que ha pasado humedades, humo de velas por siglos, de haber sufrido un atentado con bomba el siglo pasado durante la Guerra cristera, de seguir conservando los colores, cosa inexplicable si hubiera sida pintada por un indígena o alguien de ése tiempo.

Ahora casi 500 años después, con la tecnología actual se puede ver que las estrellas de su manto corresponden a como estaban alineadas en el mismo momento de la revelación del ayate de la imágen de la Virgen al caer las rosas que Juan Diego llevaba en el ayate. Y que ésas estrellas forman si se colocan en una partitura, música. Bella música.

Y si se maneja la imágen con 3D se puede ver la parte trasera del manto y las estrellas. Las flores del vestido corresponden a montes y cerros del Valle de Texcoco. Se pueden ver imágenes en los ojos de la Virgen. Su imágen es perfecta en sus dimensiones. Etc. etc.

Sigue actuando con cosas así. "ustedes creen porque han visto, dichosos los que creen sin haber visto".
Para mí, la imágen de la Guadalupana fué y es un gran signo. Como lo son las apariciones de la Virgen en Lourdes a la santa del día de hoy, Santa Bernardita. O como lo han sido las apariciones de la Virgen en Fátima. O en cada aparición o milagro a lo largo del mundo que podemos ver en las distintas advocaciones marianas. Muchas de las iglesias de Europa fueron hechas en honor de la Virgen o de algún santo que ayudó a la ciudad en caso de desgracias o epidemias o triunfos en batallas.

No. Dios no actúa sólo através de los hombres. O por lo menos, no de hombres que vemos, porque la Iglesia está formada por la iglesia itinerante que somos nosotros, la iglesia purgante que son los que aún están pagando por sus pecados y la iglesia triufante que ya goza de la Gloria de Dios.

Yo hablo de cosas de la tierra, de personas con las que viví, a las que amé, amo y que me amaron o no me quisieron tanto. Pero ellos hablan del Cielo como dice el Evangelio de hoy.
Juan 3, 31-36 "El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él

Así ya sé a quien obedecer y porqué obedecerlo.