Más terca que una mula

Por Laura Aguilar Ramírez



"Perdónales porque no saben lo que hacen". Esa frase resuena dentro de mí. Cuando veo mi vida, doy gracias a Dios por todo lo que me da, por las veces que me ha perdonado. Por rehacerme. 

 Aveces quisiéramos ver a un muerto resucitar como lo vieron en los tiempos de Jesucristo para creer. Pero Dios no es un mago ni hace actos aparatosos para que creamos. Dios actúa en la vida cotidiana. Y sin embargo, El puede hacerlo. En el Evangelio nos dice Jesús cuando enfrentó a los fariseos y escribas en Jerusalén, quienes estaban alarmados porque sanaba y resucitaba y trataban de despeñarlo con las escrituras, diciendo que no era válido sanar en sábado.
No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió
Me imagino cuando les dijo ésto. No sólo resucitaba a uno recién fallecido, sino a los que yacen en la tumba. Y les dice que el juzga justamente porque hace la voluntad del Padre que lo envió.

Esto era una locura.  El vino a salvar a vivos y muertos, juzgándolos justamente. Para la vida y para la condenación. No pudo ser más claro. Habla de un lugar en donde esperaban la salvación todos los vivientes antes de El.
Habla con la autoridad que el Padre depositó en él. Eso por supuesto habla también de la misión de los discípulos. Nadie antes había hablado de salvación, del perdón de los pecados y de volver al Reino del Padre.

Eso nos habla de un juicio personal. Marca un antes y un después de Cristo.

 El se hizo hombre, El, el verbo de Dios. El marcó un camino para la salvación. Es decir, antes de él los muertos fueron juzgados y liberados, uno para el cielo y otros para el lugar de condenación. 

Dios nunca ha dejado a la humanidad sóla. Habló por medio de profetas. Los que los escucharon e hicieron lo que Dios les decía, seguramente se salvaron. 

Pero para los que venimos después de El, hay un camino. Para éso escogió discípulos y los preparó. Veremos más adelante que después de resucitar, estuvo aún 50 días con ellos en el tiempo de Pascua. Los escogió, preparó y envió a predicar la Buena nueva: la salvación, el perdón de los pecados, el regreso al Reino de Dios de donde había sido expulsada la humanidad.

"Perdónalos porque no saben lo que hacen" No sabían que hay esperanza y vida después de la muerte.
Dios no llama para sólo el provecho propio, sino "Aménse los unos a los otros como yo los he amado". Y si El nos ha amado, es porque el Padre que lo envió, nos ama.

Compartir la buena nueva es el mejor regalo que se puede hacer a alguien. Saber que Dios perdona, que rehace vidas. Que aún pecados que pensamos no nos serían perdonados, El los perdona.

Judás se arrepintió de haber traicionado a Jesús, intentó devolver las monedas. Pero sólo necesitaba pedir su perdón como el ladrón arrepentido en la cruz. En lugar de éso, se ahorcó.

No hay peor pecado que creer que Dios no es capaz de perdonarnos. La soberbia puede disfrazarse de conmiseración propia, de autoflagelación. Dios nos perdona si uno se lo pide.
 
Puedo decirlo yo que dejé de confesarme durante 16 años. La última vez fué cuando iba a casarme. Después, volví a misa. Iba a las misas de Bodas, Primeras comuniones, etc. Pero no comulgaba. Y no comulgaba, porque no me confesaba. Y no me confesaba, porque estaba enojada con Dios.
Y porque sentía que yo podía sóla.

Cuando finalmente volví al confesionario, sölo me dijo: "tus pecados te son perdonados". Y todavía volví a confesar lo mismo a otro sacerdote que me dijo lo mismo: "tus pecados te son perdonados".

No era posible. Tantos años dejados pasar. Primero por autosuficiencia. Después por miedo al regaño. Cuando finalmente me confesé, me dijo que estaba perdonada. Así. Sin grandes actos, sin cohetes en el cielo por haberme confesado después de tanto tiempo.
O sea, la soberbia me hacía pensar que o deberían hacer fiesta o deberían darme de azotes para perdonarme.

Eso me recuerda que a necia o soberbia nadie me gana, pero no es verdad, debe haber alguien más que yo, jeje. Pero no una mula como la del título, porque los animales no tienen como nosotros sentido del bien y el mal.

Recuerdo la vez que me enojé con mi papá por haberme regañado por una falta. Yo me sentí bien buena, todo lo hacía bien. Y que me regañara el que había tenido 3 mujeres por algo tan trivial, se me hizo feo.
Dejé de hablarle 2 años. Aunque lo viera, ni lo saludaba.
 
El humildemente no me peleaba, sólo estaba. 
Un día le pedí permiso para fumar. Yo no pedía permisos, simplemente avisaba lo que iba a hacer. Como mi abuelita. Pensaba que si no iba a hacer nada malo, no necesitaba pedir permiso. Mi abuelita casi casi me suplicaba que saliera con amigos, yo no le pedía. Como no le pedí a mi papá me llevara a su casa.
Así que pedirle permiso para hacer algo, fué la manera en que me volví a acercar a El.

Cuando me casé, no le dí invitación y sin embargo, estuvo en mi boda hincado en el lugar de los padres. El no era soberbio como yo.
Cuando mi hija nació, mi padre estuvo con un ramo de flores en el hospital.
Cuando murió mi hija, mi padre apareció no sé de dónde ni cómo y pagó los gastos del funeral.
Meses después de mi boda, después que nació mi hijo, mi padre llegó no sé cómo, si nunca lo había invitado a casa de mi suegra ni a mi casa. Cuando mi esposo perdió su trabajo. llegó a ofrecernos una vivienda en el terreno donde vivía y tenía su taller mecánico.

El no esperó que le pidiera perdón. El estuvo siempre. Era yo la que sentía que merecía algo más.

Cuando mi padre fué asesinado en un lugar de la frontera, fuímos mi abuelita, mi hermana, su entonces esposo y yo. 
No salió una sóla lágrima de mis ojos, como no salieron cuando mi hija murió. No quería darle el gusto a la gente que me miraba con curiosidad. Seguramente les llamaba la atención el parecido que tengo con él. 
Estaba enojada porque se había ido tan lejos y sin despedirse de mí. Estaba enojada porque vivía en un lugar tan feo, como nunca lo ví vivir. Estaba enojada porque lo mataron.

Una vecina me dijo que perdonara a quienes lo mataron, que no les deseara ningún mal.
Meses después, un día tuve una visión de él. Lo ví sonriendo. No estaba soñando. Estaba bajando las escaleras de mi entonces casa. Fué una visión que no duró mucho, pero me dió paz. Ví a mi padre sonriendo con ésa bella sonrisa que tenía.
Sentí paz.

Como siento paz cuando estoy frente al Santísimo. Apenas hace 1 año que voy una vez a la semana. Permanecemos dos horas en silencio. Yo leo oraciones y salmos frente a El.
Siento la necesidad de orar más. Oigo misa diaria y asisto a la misa dominical. Pero ir al Santisimo es distinto. Es estar en silencio dos horas frente a El.
Yo te formé y te he destinado para que seas alianza del pueblo: para restaurar la tierra, para volver a ocupar los hogares destruidos, para decir a los prisioneros: 'Salgan', y a los que están en tinieblas: 'Vengan a la luz'
dice la Primera lectura. Y es cierto. El Padre envió al Hijo a salvar al mundo. Y Jesús eligió y formó a discípulos para ésa misión.
Primera lectura
Isaías 49, 8-15

Esto dice el Señor: "En el tiempo de la misericordia te escuché, en el día de la salvación te auxilié.
Yo te formé y te he destinado para que seas alianza del pueblo: para restaurar la tierra, para volver a ocupar los hogares destruidos, para decir a los prisioneros: 'Salgan', y a los que están en tinieblas: 'Vengan a la luz'.

Pastarán de regreso a lo largo de todos los caminos, hallarán pasto hasta en las dunas del desierto.
No sufrirán hambre ni sed, no los afligirá el sol ni el calor, porque el que tiene piedad de ellos los conducirá a los manantiales.
Convertiré en caminos todas las montañas y pondrán terraplén a mis calzadas.

Miren: éstos vienen de lejos; aquéllos, del norte y del poniente, y aquellos otros, de la tierra de Senim.
Griten de alegría, cielos; regocíjate, tierra; rompan a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y tiene misericordia de los desamparados.
Sión había dicho: 'El Señor me ha abandonado, el Señor me tiene en el olvido'.
¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas? Aunque hubiera una madre que se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti", dice el Señor todopoderoso.

Salmo Responsorial
Salmo 144, 8-9. 13cd-14. 17-18
R. (8a) El Señor es compasivo y misericordioso.


El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus

El Señor es siempre fiel a sus palabras,
y bondadoso en todas sus acciones.
Da su apoyo el Señor al que tropieza
Y al agobiado alivia.
R. El Señor es compasivo y misericordioso. 
Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan;
muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Aclamación antes del Evangelio
Juan 11, 25. 26

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio
Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): "Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo". Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios
Entonces Jesús les habló en estos términos: "Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.

Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida.

Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió".