Estos días que vivimos de Adviento, se prestan para reflexionar o para dejarse atrapar por las reflexiones. El Papa León XIV nos invitó a aquellos que de repente nos agarra el "insomnio desvelado" a orar.
Dice que Dios llama aveces de ésa manera, a imitación de Samuel, que en la noche se despertaba y acudía al sacerdote Elí quien lo había recibido al ser entregado por su madre siendo muy pequeño. Samuel aprendió a escuchar y a obedecer a Dios cuando El lo llamaba en las noches.
"Habla, Señor que tu siervo escucha". Era la respuesta que el sacerdote Elí le enseñó y que Samuel aplicó.
Muchas veces me he dolido de la vida que he llevado, muchas veces me he sentido víctima de las circunstancias. Dado que yo no tuve culpa de venir al mundo en un hogar a punto de destruirse con la separación de mis papás. Tampoco de ser recibida en casa de mi abuelita, ni de haber crecido alejada de mis hermanos a los cuales pasan temporadas largas sin verlos.
Este dolor me ha hecho madurar antes que a muchos. Agradezco el haber sido recibida por mi abuelita, quien me dió su amor de madre aunque no pudiera darme un hogar.
Conocí lo que es vivir en familia, aunque no sea parte de ella, en casa de mi suegra querida. Lo cual también agradezco.
Agrqadezco el que mis hijos tuvieran y tengan una familia: sus padres, hayan conocido a sus abuelos, tengan tíos y primos. Todo lo que yo no tuve.
Lo único que les he pedido siempre es que se amen entre ellos. Que sean uno entre ellos. Que se apoyen uno al otro, pues sólo son dos.
Lo más cercano a Dios que he encontrado es la Eucaristía. Y cómo no? Si es la manera en que El decidió permanecer entre nosotros.
Si yo analizo o miro bien ése pedacito de pan puedo ver el infinito, pues Dios es infinito, es eternidad. El círculo no tiene fin. Como dice Jesucristo "soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin".
Y después tenemos la Santísima Trinidad, es decir, Dios en tres personas distintas siendo uno sólo. Esto lo han entendido muchos santos. Yo lo vislumbro como un triángulo inscrito o sea dentro de un círculo.
Un triángulo tiene tres lados unidos entre sí. Cada línea es distinta, pero forman una sólo figura geométrica.
Entonces, si somos hechos a imágen y semejanza de Dios, también tenemos tres "líneas": cuerpo, mente y espíritu. Y juntas, ésas "líneas" forman un sólo ser. Un ser que está destinado a vivir dentro de un círculo, es decir, eternamente.
Somos entonces un triángulo inscrito. inscrito en la eternidad que es Dios. Dios entonces no tiene principio ni tiene fin. Está en todos lados.
Cuando yo veo las cosas de ésta manera, puedo entonces vivir sin ver a mis hermanos, sabiendo que están bien, orando por ellos puesto que como también nos dice Jesucristo "la carne es débil, pero el espíritu es fuerte".
Con ése espíritu que Dios me concedió, oro por mis hermanos que son mi carne y que como carne, somos débiles. Que como seres pensantes, no alcanzamos ni siquiera a imaginar lo que Dios tiene reservado para nosotros.
Ni el dolor, ni la separación, ni siquiera la muerte pueden terminar ése círculo perfecto que es Dios.
Si vemos entonces hacia la tierra, podemos ver que el hombre se mueve dentro de un círculo, pero no perfecto. Luego entonces, la tierra no es lugar destinado para el hombre, puesto que no es perfecta. Es oval. Ni tampoco la Vía Láctea, que también es oval. O cualquier nebulosa conocida, que son ovales también y que forman parte del Universo.
Disiento entonces de los hermanos creyentes en Cristo que piensan que el paraíso está en éste globo que llamamos Tierra y en el que aveces nos movemos sin sentido, sin órden, sin esperanza.
Disiento también de otros hermanos creyentes en Cristo que piensan que vendrá "un rapto" o sea, que seremos llevados por una luz hacia alguna nebulosa o a alguna parte del Universo. Disiento, porque Dios que nos ha formado, no tiene necesidad de "raptar" lo que es suyo.
Jesucristo nació, vivió, creció, amó, lloró como ser humano siendo Hijo de Dios. Y murió. Pero.... y ésa es la verdad más hermosa: Resucitó. Y prometió que donde El esté, estaremos nosotros. Después de resucitar, subió al Cielo... y lo vieron muchos subir. Y desapareció a sus ojos.
Antes de la Crucificción había dicho: "Dentro de poco ya no me vereís y después me volverán a ver". Y así sucedió. Murió y después resucitó y volvieron a verlo.
Esa es nuestra esperanza. Estar con El y junto a El, contemplar al Padre junto al Espíritu Santo. Que son eternidad.
Y éso me lleva a pensar también que si estamos hechos para ser eternos, podemos estar junto a Jesucristo o alejados de El.
De donde vemos que existen el Paraíso y el Infierno. Alguna vez leí del Papa Benedicto XVI que no son un lugar, sino un estado del alma o del espíritu. Que mientras más cercanos a Jesucristo se esté, más se goza de El que es Paz, Amor, Vida. Y mientras más alejados, menos gozo se tiene de El. No hay Paz, ni Amor ni Vida.
Luego entonces no es como yo llegué a pensar o a sentir: soledad lejos de mis padres y hermanos. Confundía el Amor de Dios con el amor entre los hombres. No es la cercanía a los otros seres humanos los que nos dan la vida y la paz, sino la cercanía a Dios. Y Dios está en todas partes, incluso dentro de cada ser humano, ya que el hombre fué creado de la misma creación de Dios, tomado de la tierra que El formó.
Lo que hace distinto al hombre de las demás criaturas, fué que insuló en él, es decir, le dió vida de su vida, de su aliento divino. Le dió un espíritu, no sólo carne e inteligencia.
Cuando nuestra carne e inteligencia que son débiles perezcan, prevalecerá el espíritu que Dios nos dió. El alma que nos alienta.
Y mientras más cercana a Dios haya estado en ésta vida, también estará en la otra.
De donde puedo ver que es en ésta vida, donde ganamos el boleto para el "estadio" si queremos verlo en términos actuales y entendibles para nuestra sociedad. Un estadio donde existen gradas generales, gradas de sol, palcos de distintas clases y precios. Donde se ve el partido desde distintos ángulos. Mientras más cerca del terreno de juego, se ven los rostros de los deportistas, se llegan a escuchar sus voces e incluso sus jadeos, se ven sus sudores, etc. mientras más lejanos, se ven como bultos. Se distinguen por el número grande que llevan a la espalda. Y éso, si se conoce quien lleva tal o cual número.
Entonces, no es ni siquiera la carne o la inteligencia lo que hace que un ser humano sea amado por otro. Como en el caso de las personas que hemos sido recibidas por otros que ni de nuestra sangre son. Dios es Amor, no carne ni sangre. Se hizo carne y sangre y la entregó por nosotros para el perdón de los pecados. Pecados no de él, sino nuestros.
Y desde entonces, podemos encontrarlo en la Eucaristía: círculo perfecto en donde está inscrita su humanidad. Como se puede constatar en muchos milagros eucarísticos relacionados con la Eucaristía. Es ahí donde nos encontramos con Dios y donde deseamos se encuentren aquellos que nos han antecedido.
Es ahí donde yo ruego encontrar a mis padres, a mis abuelos, a mis hijos, a mis hermanos y familiares difuntos, pero también vivos. aunque no estén cerca.
Porque para Dios todos estamos vivos, los que aún respiramos y los que no. Los que nacieron primero y los que después. Desde Adán, el primer hombre hasta el último que ha nacido. Es la cercanía a Dios lo que nos une y nos mantiene juntos en ésta vida y en la otra.
Pan transformado en el cuerpo de Cristo
Vino transformado en la sangre del Señor
Cristo nos dice: 'tomen y coman'
Este es mi cuerpo que ha sido entregado
Eucaristía, milagro de amor
Eucaristía, presencia del Señor
Eucaristía, milagro de amor
Eucaristía, presencia del Señor
Este alimento renueva nuestras fuerzas
Para caminar a la gran liberación
Con este pan tenemos vida eterna
Cristo nos invita a la gran resurrección
Eucaristía, milagro de amor
Eucaristía, presencia del Señor
Eucaristía, milagro de amor
Eucaristía, presencia del Señor.
