Día de lluvia. Aún Otoño, aunque por el frío pudiera pensarse que estamos en pleno Invierno. brrrr. Pero acostadita en mi cama, recien bañada, bien tapadita...estrenando calcetas que me regaló mi hijo jeje, con una taza de café al lado...!qué me dura el friito!!!.
Y como recordar es vivir. Y recordar a los que amo y me amaron, me hace sentir de nuevo su amor, aquí estoy, tratando de escribir sobre lo que recuerdo.
De regalos va a ir la cosa de hoy. Y es que a todos nos gusta recibir y hacer regalos. El regalar algo normalmente expresa nuestro cariño hacia el otro. Y los regalos más bonitos son los que se dan sin un motivo, es decir, aunque no se celebre una fecha en especial: Navidad, cumpleaños, etc. Como las calcetas que mi hijo me regaló ayer y que estrené en cuanto me bañé.
A caballo regalado no se le ve colmillo, dicen por ahí. Pero habemos personas que pensamos que si me vas a regalar, que sea algo bueno, algo útil o que me guste.
Mi abuelita decía y yo creo que con razón: "Mira, mi hijita... si no te gusta, dáselo a alguien que le sirva".
Yo creo que lo decía por su propia experiencia. Ella padeció muchas carencias en su vida. De niña y adolescente, no. En su casa nada le faltaba, gracias a Dios y a que sus padres eran trabajadores.
Pero se enamoró de mi abuelito. Y fueron como Romeo y Julieta a la mexicana. El español, de familia con algo de dinero y mucho orgullo. Ella, de familia trabajadora. A él lo desheredaron por atreverse a amar a alguien que no era de su alcurnia. Y ella lo siguió aún en contra de los consejos de sus padres, que le decían que mejor buscara a alguien más adecuado a su condición.
Lo siguió a Veracruz donde estaba la base de su regimiento. El era militar recien salido del Colegio Militar. Ahí murió cumpliendo con su deber. Mi abuelita quedó viuda, con un hijo de 3 años. Regresó a su casa. La familia del abuelito quiso quitarle al niño, pues era el único nieto que tenían y que iban a tener. Los padres de ella lo registraron como hijo suyo, le dieron sus apellidos e impidieron así que se los quitaran. Pero se quedaron con él. Ella trató de buscar a otra persona con la que hacer vida, tuvo otros dos hios con él, pero mi papá no se acostumbró a otro hombre. Prefería estar con sus abuelos. Esa relación terminó no sé porqué, pero quedaron los niños, mejor dicho, uno... porque la nena murió a los dos años. (Creo que ése fué el motivo del rompimiento)
En fin. Mi abuelita tuvo hijos con 4 hombres y vivió con 6. "Por tonta -según me dijo un día- quería dar un hogar a mis hijos y me enjaretaban otros nomás". Pero lo intentó mucho... era insistente jejeje.
Obviamente ésto le ocasionó que sus padres le pusieran un alto. Se separaba de alguien y regresaba con más niños. Hasta que su papá le puso un hasta aquí y le prohibió regresar a su casa "por el mal ejemplo que das a tus hermanas", como bien le dijo. Cosa entendible, puesto que tenía 6 hijas más y una nuera, esposa de uno de sus dos hijos.
Así, vivió épocas de estrecheces en que dejaba a sus hijos al cuidado de una vecina, o al cuidado del mayorcito. Terminó llevándolos a un internado.
Tal vez por éso me decía que si algo no me gustaba de lo que me regalaban, lo diera a alguien que lo necesitara. Así lo entendí yo. Y así lo practicaba ella, porque la ví recibiendo en su casa a varias personas en momentos de necesidad, la ví pedir dinero a rédito para ayudar a una mujer con hijo down, la ví llevar medicina y comida a necesitados.
Y nunca le dí un regalo. Bueno, sí.... le escribía poemas y le hacía dibujos cuando pequeña... le hacía muñequitos y mueblecitos con plastilina que le gustaban mucho. Le decía que le iba a comprar una casa cuando creciera con mueblecitos como los que le hacía.
Pero no un regalo que yo hubiera comprado para ella.
Cuando en la escuela hacíamos el "regalo del día de madres" yo me esmeraba al hacerlo. Recuerdo un espejo con estambres y palitos que imitaban motivos indígenas. Recuerdo una cerillera con dos azulejos y cuatro cajas de cerillos. Recuerdo unas servilletas bordadas. Yo se los daba en el Festival que se hacía... y no volvía a verlos
En otra ocasión, hicimos unos acólitos con una revista. Me quedó chulo reprecioso, pero nunca se lo dí. Lo encargué a la mamá de la srita. Delta, la directora del internado y se me olvidó pedírselo al salir de vacaciones. Al volver, me dijo que no sabía dónde había quedado
Otra vez, hicimos unos cojines Yo escogí estambre azul y blanco, se me hacían muy elegantes. Elegí una puntada más elaborada para que luciera más. Al terminarlos quedaron super bellos. Mi maestra me dijo que ella podía hacerle la funda de adentro porque su mamá tenía una máquina de coser. A mí me pareció bien. Nunca me los regresó. Al preguntarle por ellos, me dijo que su mamá los había vendido, pensando que eran para ella.
Y en la secundaria, un hermoso chal triangular que me costó un chorro hacerlo y que era café con estambre beige y naranja claro, con una puntada muy bonita de conchitas, se desapareció el día que lo terminé. Al regresar del receso, ya no estaba en mi morral. Ningún otro chal había desaparecido, sólo el mío. Por más que la maestra revisó mochilas, no lo encontramos.
Eran regalos en los que ella compraba el material como sucede en las escuelas.
Así que cuando empecé a trabajar, le compré unas hermosas chinelas negras bordadas con hilos dorados. Deseaba para ella lo mejor. Y se las regaló a su hermana. Años después, al preguntarle porqué, me dijo que eran muy lujosas para ella, que no las usaría porque siempre estaba haciendo quehacer o metida en las plantas. Y ésas eran para descansar. Con ése fin se las compré, pensando en que las usara al llegar del trabajo, cuando se sentaba a ver la tele.
Así era ella. Y yo tontamente me enojé porque no usó mi regalo. Y es que todo lo que se le regalaba, lo daba a los demás. Perfumes no usaba. Cremas, sí. Pero su hija la necesitaba más.
Yo deseé siempre verla bien vestida, con un buen corte de cabello. Era mi reina y deseaba verla así. Pero ella era feliz dándole a otros más necesitados. Sus otros hijos también le regalaban y éso sí se ponía. Ropa más sencilla y cómoda. Yo le echaba mucho royal, jeje.
Cambié entonces los regalos materiales por servicio. Ese era mi regalo: hacer su vida más fácil. Ella misma me lo pidió muchas veces, si bien no tácitamente, sí con sus palabras: "tú pasas y no recoges el papel tirado, mi hijita" y yo volteaba a ver el piso y veía el papel que no había notado antes.
"Acomidete, mi hijita" me dijo en otras ocasiones. Y yo entendía que deseaba ayuda en algo, sólo era cuestión de ver en qué.
"Fíjate cómo se hace" me dijo otra vez cuando me quiso enseñar a hacer sopa. Pero ay, mi madre... tenía unas maneras de enseñarme. Me paró junto a la estufa para que viera cómo iba haciendo la dichosa sopa, pero no me decía nada.
Me distraje porque me fastidiaba que no me dijera lo que quería. Y me jaló la cabeza hacia abajo, mientras me decía "Fíjate". Así aprendí que con ella era mejor estar atenta a lo que hacía, porque esperar a que me explicara algo, era inútil.
Casi casi había que adivinarle el pensamiento, jejeje
Y yo casi casi se lo adivinaba. A ése grado llegó nuestra relación. Yo deseaba que fuera feliz, que descansara un poco de tanta carga. Tuvo 7 hijos y aún así cuidó de mi hermana y de mí.
Trabajó tanto en su vida. Siempre la ví haciendo algo, hasta cuando descansaba viendo la tele, siempre tenía algo entre las manos. Se levantaba temprano para poner el agua de mi baño.. y yo empecé a bañarme en la noche. Me preparaba desayuno para antes de irme a la escuela o al trabajo después. Me ponía fruta y comida para el trabajo. Y no me exigía gasto cuando soltera. Sabía que necesitaba comprarme ropa, perfumes, zapatos, medias y demás chucherías que usábamos las secretarias. Además de pagar pasajes.
"Te hace falta divertirte" me dijo en varias ocasiones, porque yo muchas veces no salía cuando adolescente. De la escuela a la casa y de la casa a la escuela. No tenía amigas.
Mis amigas de la infancia habían seguido caminos distintos: unas, ayudaban a su mamá en la fábrica dándo de comer. Las otras estudiaban, tenían otra vida y otras amistades.
Y después fué: del trabajo a la casa y de la casa al trabajo.
Pero yo era feliz así: la ayudaba echándole ojo a los hijos de su hija que vivían con nosotros. Y después cuando su hija se fué a Estados unidos, necesitó aún más de mí.
Esos creo yo, los regalos míos que más agradeció: mi ayuda en sus labores. La ayudaba a limpiar sus plantas porque le gustaban, pero no tenía tiempo para cuidarlas. Le ayudaba a cuidar de sus nietos. Le ayudaba ayudando a sus hijos con sus hijos jeje.
Le ayudaba acompañándola en sus compras: a nadie le gustaba, porque era especial. Con todos comadreaba, se paraba en todos los puestos, había que jalar el carrito del mandado o cargar las bolsas. Recorría todo el Mercado sobre ruedas.
Pero se enamoró de mi abuelito. Y fueron como Romeo y Julieta a la mexicana. El español, de familia con algo de dinero y mucho orgullo. Ella, de familia trabajadora. A él lo desheredaron por atreverse a amar a alguien que no era de su alcurnia. Y ella lo siguió aún en contra de los consejos de sus padres, que le decían que mejor buscara a alguien más adecuado a su condición.
Lo siguió a Veracruz donde estaba la base de su regimiento. El era militar recien salido del Colegio Militar. Ahí murió cumpliendo con su deber. Mi abuelita quedó viuda, con un hijo de 3 años. Regresó a su casa. La familia del abuelito quiso quitarle al niño, pues era el único nieto que tenían y que iban a tener. Los padres de ella lo registraron como hijo suyo, le dieron sus apellidos e impidieron así que se los quitaran. Pero se quedaron con él. Ella trató de buscar a otra persona con la que hacer vida, tuvo otros dos hios con él, pero mi papá no se acostumbró a otro hombre. Prefería estar con sus abuelos. Esa relación terminó no sé porqué, pero quedaron los niños, mejor dicho, uno... porque la nena murió a los dos años. (Creo que ése fué el motivo del rompimiento)
En fin. Mi abuelita tuvo hijos con 4 hombres y vivió con 6. "Por tonta -según me dijo un día- quería dar un hogar a mis hijos y me enjaretaban otros nomás". Pero lo intentó mucho... era insistente jejeje.
Obviamente ésto le ocasionó que sus padres le pusieran un alto. Se separaba de alguien y regresaba con más niños. Hasta que su papá le puso un hasta aquí y le prohibió regresar a su casa "por el mal ejemplo que das a tus hermanas", como bien le dijo. Cosa entendible, puesto que tenía 6 hijas más y una nuera, esposa de uno de sus dos hijos.
Así, vivió épocas de estrecheces en que dejaba a sus hijos al cuidado de una vecina, o al cuidado del mayorcito. Terminó llevándolos a un internado.
Tal vez por éso me decía que si algo no me gustaba de lo que me regalaban, lo diera a alguien que lo necesitara. Así lo entendí yo. Y así lo practicaba ella, porque la ví recibiendo en su casa a varias personas en momentos de necesidad, la ví pedir dinero a rédito para ayudar a una mujer con hijo down, la ví llevar medicina y comida a necesitados.
Y nunca le dí un regalo. Bueno, sí.... le escribía poemas y le hacía dibujos cuando pequeña... le hacía muñequitos y mueblecitos con plastilina que le gustaban mucho. Le decía que le iba a comprar una casa cuando creciera con mueblecitos como los que le hacía.
Pero no un regalo que yo hubiera comprado para ella.
Cuando en la escuela hacíamos el "regalo del día de madres" yo me esmeraba al hacerlo. Recuerdo un espejo con estambres y palitos que imitaban motivos indígenas. Recuerdo una cerillera con dos azulejos y cuatro cajas de cerillos. Recuerdo unas servilletas bordadas. Yo se los daba en el Festival que se hacía... y no volvía a verlos
En otra ocasión, hicimos unos acólitos con una revista. Me quedó chulo reprecioso, pero nunca se lo dí. Lo encargué a la mamá de la srita. Delta, la directora del internado y se me olvidó pedírselo al salir de vacaciones. Al volver, me dijo que no sabía dónde había quedado
Otra vez, hicimos unos cojines Yo escogí estambre azul y blanco, se me hacían muy elegantes. Elegí una puntada más elaborada para que luciera más. Al terminarlos quedaron super bellos. Mi maestra me dijo que ella podía hacerle la funda de adentro porque su mamá tenía una máquina de coser. A mí me pareció bien. Nunca me los regresó. Al preguntarle por ellos, me dijo que su mamá los había vendido, pensando que eran para ella.
Y en la secundaria, un hermoso chal triangular que me costó un chorro hacerlo y que era café con estambre beige y naranja claro, con una puntada muy bonita de conchitas, se desapareció el día que lo terminé. Al regresar del receso, ya no estaba en mi morral. Ningún otro chal había desaparecido, sólo el mío. Por más que la maestra revisó mochilas, no lo encontramos.
Eran regalos en los que ella compraba el material como sucede en las escuelas.
Así que cuando empecé a trabajar, le compré unas hermosas chinelas negras bordadas con hilos dorados. Deseaba para ella lo mejor. Y se las regaló a su hermana. Años después, al preguntarle porqué, me dijo que eran muy lujosas para ella, que no las usaría porque siempre estaba haciendo quehacer o metida en las plantas. Y ésas eran para descansar. Con ése fin se las compré, pensando en que las usara al llegar del trabajo, cuando se sentaba a ver la tele.
Así era ella. Y yo tontamente me enojé porque no usó mi regalo. Y es que todo lo que se le regalaba, lo daba a los demás. Perfumes no usaba. Cremas, sí. Pero su hija la necesitaba más.
Yo deseé siempre verla bien vestida, con un buen corte de cabello. Era mi reina y deseaba verla así. Pero ella era feliz dándole a otros más necesitados. Sus otros hijos también le regalaban y éso sí se ponía. Ropa más sencilla y cómoda. Yo le echaba mucho royal, jeje.
Cambié entonces los regalos materiales por servicio. Ese era mi regalo: hacer su vida más fácil. Ella misma me lo pidió muchas veces, si bien no tácitamente, sí con sus palabras: "tú pasas y no recoges el papel tirado, mi hijita" y yo volteaba a ver el piso y veía el papel que no había notado antes.
"Acomidete, mi hijita" me dijo en otras ocasiones. Y yo entendía que deseaba ayuda en algo, sólo era cuestión de ver en qué.
"Fíjate cómo se hace" me dijo otra vez cuando me quiso enseñar a hacer sopa. Pero ay, mi madre... tenía unas maneras de enseñarme. Me paró junto a la estufa para que viera cómo iba haciendo la dichosa sopa, pero no me decía nada.
Me distraje porque me fastidiaba que no me dijera lo que quería. Y me jaló la cabeza hacia abajo, mientras me decía "Fíjate". Así aprendí que con ella era mejor estar atenta a lo que hacía, porque esperar a que me explicara algo, era inútil.
Casi casi había que adivinarle el pensamiento, jejeje
Y yo casi casi se lo adivinaba. A ése grado llegó nuestra relación. Yo deseaba que fuera feliz, que descansara un poco de tanta carga. Tuvo 7 hijos y aún así cuidó de mi hermana y de mí.
Trabajó tanto en su vida. Siempre la ví haciendo algo, hasta cuando descansaba viendo la tele, siempre tenía algo entre las manos. Se levantaba temprano para poner el agua de mi baño.. y yo empecé a bañarme en la noche. Me preparaba desayuno para antes de irme a la escuela o al trabajo después. Me ponía fruta y comida para el trabajo. Y no me exigía gasto cuando soltera. Sabía que necesitaba comprarme ropa, perfumes, zapatos, medias y demás chucherías que usábamos las secretarias. Además de pagar pasajes.
"Te hace falta divertirte" me dijo en varias ocasiones, porque yo muchas veces no salía cuando adolescente. De la escuela a la casa y de la casa a la escuela. No tenía amigas.
Mis amigas de la infancia habían seguido caminos distintos: unas, ayudaban a su mamá en la fábrica dándo de comer. Las otras estudiaban, tenían otra vida y otras amistades.
Y después fué: del trabajo a la casa y de la casa al trabajo.
Pero yo era feliz así: la ayudaba echándole ojo a los hijos de su hija que vivían con nosotros. Y después cuando su hija se fué a Estados unidos, necesitó aún más de mí.
Esos creo yo, los regalos míos que más agradeció: mi ayuda en sus labores. La ayudaba a limpiar sus plantas porque le gustaban, pero no tenía tiempo para cuidarlas. Le ayudaba a cuidar de sus nietos. Le ayudaba ayudando a sus hijos con sus hijos jeje.
Le ayudaba acompañándola en sus compras: a nadie le gustaba, porque era especial. Con todos comadreaba, se paraba en todos los puestos, había que jalar el carrito del mandado o cargar las bolsas. Recorría todo el Mercado sobre ruedas.
Si iba al mercado de la colonia, le guardaban la fruta de segunda y a sus hijos les daba pena.
Si ibamos al tianguis de Los Reyes que se ponía cuadras y cuadras y más cuadras, compraba telas, hilos en las segundas y as us hijos les daba pena o flojera.Ibamos temprano al mercado de Jamaica por flores o verduras y frutas.
O a la Merced.
Era la única que le acompañaba. A sus hijos no les gustaba hacerlo.
Le ayudaba a limpiar todas las compras, le ayudaba a desvenar chiles secos, limpiar los tomates y los chiles verdes para guardarlos, limpiaba los jitomates y demás verduras.. "nunca lavarlos, mi hijita para guardarlos... se lavan antes de usarse"
Regalos materiales le daban sus hijos. De mí valoraba mi colaboración y el que me acomidiera
Pienso entonces que no hay una época para regalar, que un regalo siempre es bien recibido y bien agradecido. Aunque no sea una fecha en especial
Como ella, mi abuelita, que fué el gran regalo que llegó un día lluvioso como éste, en unas fechas como éstas, cuando tenía 2 meses de nacida y mi madre estaba sentada en una banqueta con mi hermana y yo, mojadas y con frío.... como hoy.
racias a Dios por el regalo que fué mi abuelita. Nunca terminaré de agradecerle por ello.
En lo particular, me gusta hacer mis regalos, tal vez ésta costumbre viene de mis tiempos de niña. Me gustaba regalarles a mis compañeras del internado, muñecas hechas con calcetines o cuadros hechos con flores y hojas secas. La señorita Delta nos enseñó a hacer versos que escribíamos en hojas de papel y nos enseñó a adornarlas con flores en las orillas, enmarcando nuestros poemas. Aún sigo haciendo éste tipo de regalos.
Cuando aprendí a tejer, me gustaba tejer regalos para mis seres amados. Pero no siempre les quedan jajaja. A veces me propongo hacer un chaleco por ejemplo y les queda chico normalmente. Pero ahí podrían aplicar aquello que mi abuelita decía: "si no te gusta, regálalo a quien lo necesite".
Cuando aprendí a coser en máquina, empecé a hacer regalos con ella.
A mí me parece que éste tipo de regalos son más personalizados.
Pero cualquier regalo que hagamos, es personalizado en realidad, porque pensamos en la persona a quien va dirigido: elegimpos una ropa por el color que le gusta a alguien o por sus hobbies, o por sus necesidades-, etc.
En éstos tiempos, estamos muchos preparando nuestros regalos para nuestras personas especiales. Pero... debemos tener cuidado también. Llevados por nuestro afán de regalar, podemos caer en el consumismo. Hay una línea muy delgada entre el buen uso de nuestros recursos y el despilfarro.
Pensemos entonces bien lo que vamos a regalar. Se acostumbra también hacer intercambio de regalos en los trabajos o entre familiares ante la dificultad de dar a todos porque son numerosos.
Yo considero que a la persona que nos tocó darle no es por casualidad que nos toque. Muchas veces he visto que se cambia con otra persona a quien nos tocó, porque no nos cae bien ésa persona, porque consideramos que elegir un regalo para ella o él es difícil porque la persona es difícil o es rica o es especial en sus gustos.
No hagamos ésto. Si alguien rico nos tocó, nos preguntamos qué podemos regalarle. La señorita Delta me dió una gran lección al respecto.
El internado era sostenido en su mayor parte, por una Asociación formada por varias personas, algunas con recursos mayores que otras.
Una de éstas personas tuvo un bebé. Ese bebé cumplió un año de edad y la señorita Delta eligió a varias compañeritas para ir a hacerle un regalo. No sabíamos quién era, porque en su gran humildad, éstas personas no iban a presumir de su buen corazón ante nosotros ni ante nadie.
Los padres de familia daban una aportación para los gastos de sus hijos, pero era muy poca. Esta Asociación pensaba en ayudar a familias más necesitadas, pero también que las niñas y los niños a los que ayudaban de ésta manera, aprovecharan lo que se les daba: cuidado y amor, clases de actividades que pudieran servirles para trabajar después, actividades del movimiento scout que tiene un costo, paseos a lugares como premios a su esfuerzo.
Yo pude ver todo ésto cuando visitamos a ése bebé. Su casa era enorme, con sala y antesala. Para llegar a la entrada, se llegaba en carro, porque los jardines eran grandes. Me pregunté entonces qué se le podía regalar a quien todo lo tiene? Me encantó cómo nos recibieron: con sencillez.
Una señora mayor y la mamá del bebé nos ofrecieron galletas y agua de sabor con amabilidad y sonrisas amorosas.
Después subimos al cuarto del bebé por unas hermosas escaleras de madera. El cuarto era grande, pero adornado sencillamente como toda la casa. Tenía una pared con muchos juguetes.
El bebé era hermoso. Cuando la señorita Delta le entregó el regalo que le llevaba, se le iluminaron sus ojitos. Le gustó mucho. Era un pequeño libro del ratón de los dientes.
Su mamá le preguntaba cual era un ojito, y él lo señalaba. Cual era un diente y él lo señalaba entre risas. Fué un momento muy bello.
Ahí ví el corazón de éstas personas, que no se limitan a gozar de su dinero, sino que lo usan también para ayudar a otros.
Esta Asociación y otras similares, auxiliaba también a asilos y hospitales.
Un simple libro de bajo costo, arrancó risas de un bebé que tenía muchos juguetes. Después supe que ése libro era su preferido. Lo supe porque la señorita Delta era amiga de ésa madre y siguió llevando a niñas en sus cumpleaños.
El ir a un paseo, a una excursión del movimiento scout; el ir a ver una película que la señorita Delta consideraba que debíamos ver, como Oliver Twist; poder tomar clases de inglés sin costo; pero sobre todo, tener a alguien que nos cuidara y alimentara en un ambiente limpio, bonito y tranquilo; tener quien nos ayudara en nuestras tareas; tener muchas hermanas, porque éso éramos las 50 y tantas niñas y adolescentes que estuvimos en ése internado. (Había uno igual para niños) Era como tener mucha familia. No nos sentíamos como alguien a quien le avientan un pan para que no moleste, sino como alguien a quien se ama y se le cuida por y con amor.
El dinero no endureció el corazón de éstas personas, como sucede desgraciadamente con muchas otras.
Y no me refiero sólo a las personas que tienen más, también el dinero endurece el corazón de los pobres cuando les falta.
Ese fué también un gran regalo que Dios me dió. Pero los regalos como éste, no son sólo para usarlos y desecharlos. Son para compartirlos.
Es como cuando los Reyes Magos nos trajeron una bicicleta a mi hermana y a mí. Era para las dos. Y las dos la usamos y la compartiamos con nuestras vecinitas que no tenían.
A mis hijos también les trajeron los Reyes Magos un Gokart para los dos. Les traían tres juguetes que ellos pensaban bien en pedir. Y además uno para los dos. Un Gokart un año, una bicicleta otro año.
Los cuatro años que pasé en ése internado me enseñaron muchas cosas, sobre todo, a compartir con otros, a ver a las personas no por lo que tienen sino por lo que son.
Yo traté siempre de compartir lo que ahí aprendí. Primero con mis sobrinos. Trataba de enseñarles a comer con modales, a comer sanamente, a hacer ejercicio. No podía pagarles ir al movimiento scout por supuesto, pero los llevaba "de excursión" a Chapultepec, a que subieran cerros, a que caminaran, a que convivieran con la naturaleza como aprendí en el internado.
Trataba de ayudarles en sus tareas, de aplicar lo que la señorita Delta hacía con nosotras: de premiar nuestros esfuerzos. Traté de enseñarles que se puede regalar algo hecho con nuestras manos si no se tiene dinero. Traté de recrear lo que aprendí ahí.
Nada de ésto había en mi casa, ni en la casa de mis sobrinos. Traté de llevar a ellos un poco del órden con el que viví entonces. Traté de llevar un poco de la limpieza con que viví entonces.
Esos cuatro años marcaron mi vida, hicieron la diferencia.
Siempre he agradecido a ésa Asociación de personas que de acuerdo a sus posibilidades, cambiaron el rumbo de la vida de muchas niñas y niños. El espacio era para 50 y tantos, pero unas entraban y otras salían, así que no sé cuántas niñas se beneficiaron y me gusta pensar que al igual que yo, han hecho la diferencia en los lugares dónde viven.
Le pido a Dios que ésa cadena de amor que recibimos, no se rompa.
Cuántas y cuántas personas han vivido infancias con carencias, con padres alcohólicos o con estrecheces; o han vivido en lugares pobrísimos y deciden vivir decentemente aún en ambientes donde es difícil hacerlo, porque alrededor sólo hay droga, vicio y violencia
Ese es el regalo que le pido a Dios para la humanidad. Se lo pido con el corazón al que enseñaron a amar, donde sembraron semillas de amor que han florecido gracias a personas como ésa Asociación, como mi abuelita, como Juan y tantas otras muchas.
Que Dios nazca en nuestros corazones ésta Navidad y permanezca en ellos para siempre
Hasta la próxima
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Si ibamos al tianguis de Los Reyes que se ponía cuadras y cuadras y más cuadras, compraba telas, hilos en las segundas y as us hijos les daba pena o flojera.Ibamos temprano al mercado de Jamaica por flores o verduras y frutas.
O a la Merced.
Era la única que le acompañaba. A sus hijos no les gustaba hacerlo.
Le ayudaba a limpiar todas las compras, le ayudaba a desvenar chiles secos, limpiar los tomates y los chiles verdes para guardarlos, limpiaba los jitomates y demás verduras.. "nunca lavarlos, mi hijita para guardarlos... se lavan antes de usarse"
Regalos materiales le daban sus hijos. De mí valoraba mi colaboración y el que me acomidiera
Pienso entonces que no hay una época para regalar, que un regalo siempre es bien recibido y bien agradecido. Aunque no sea una fecha en especial
Como ella, mi abuelita, que fué el gran regalo que llegó un día lluvioso como éste, en unas fechas como éstas, cuando tenía 2 meses de nacida y mi madre estaba sentada en una banqueta con mi hermana y yo, mojadas y con frío.... como hoy.
racias a Dios por el regalo que fué mi abuelita. Nunca terminaré de agradecerle por ello.
En lo particular, me gusta hacer mis regalos, tal vez ésta costumbre viene de mis tiempos de niña. Me gustaba regalarles a mis compañeras del internado, muñecas hechas con calcetines o cuadros hechos con flores y hojas secas. La señorita Delta nos enseñó a hacer versos que escribíamos en hojas de papel y nos enseñó a adornarlas con flores en las orillas, enmarcando nuestros poemas. Aún sigo haciendo éste tipo de regalos.
Cuando aprendí a tejer, me gustaba tejer regalos para mis seres amados. Pero no siempre les quedan jajaja. A veces me propongo hacer un chaleco por ejemplo y les queda chico normalmente. Pero ahí podrían aplicar aquello que mi abuelita decía: "si no te gusta, regálalo a quien lo necesite".
Cuando aprendí a coser en máquina, empecé a hacer regalos con ella.
A mí me parece que éste tipo de regalos son más personalizados.
Pero cualquier regalo que hagamos, es personalizado en realidad, porque pensamos en la persona a quien va dirigido: elegimpos una ropa por el color que le gusta a alguien o por sus hobbies, o por sus necesidades-, etc.
En éstos tiempos, estamos muchos preparando nuestros regalos para nuestras personas especiales. Pero... debemos tener cuidado también. Llevados por nuestro afán de regalar, podemos caer en el consumismo. Hay una línea muy delgada entre el buen uso de nuestros recursos y el despilfarro.
Pensemos entonces bien lo que vamos a regalar. Se acostumbra también hacer intercambio de regalos en los trabajos o entre familiares ante la dificultad de dar a todos porque son numerosos.
Yo considero que a la persona que nos tocó darle no es por casualidad que nos toque. Muchas veces he visto que se cambia con otra persona a quien nos tocó, porque no nos cae bien ésa persona, porque consideramos que elegir un regalo para ella o él es difícil porque la persona es difícil o es rica o es especial en sus gustos.
No hagamos ésto. Si alguien rico nos tocó, nos preguntamos qué podemos regalarle. La señorita Delta me dió una gran lección al respecto.
El internado era sostenido en su mayor parte, por una Asociación formada por varias personas, algunas con recursos mayores que otras.
Una de éstas personas tuvo un bebé. Ese bebé cumplió un año de edad y la señorita Delta eligió a varias compañeritas para ir a hacerle un regalo. No sabíamos quién era, porque en su gran humildad, éstas personas no iban a presumir de su buen corazón ante nosotros ni ante nadie.
Los padres de familia daban una aportación para los gastos de sus hijos, pero era muy poca. Esta Asociación pensaba en ayudar a familias más necesitadas, pero también que las niñas y los niños a los que ayudaban de ésta manera, aprovecharan lo que se les daba: cuidado y amor, clases de actividades que pudieran servirles para trabajar después, actividades del movimiento scout que tiene un costo, paseos a lugares como premios a su esfuerzo.
Yo pude ver todo ésto cuando visitamos a ése bebé. Su casa era enorme, con sala y antesala. Para llegar a la entrada, se llegaba en carro, porque los jardines eran grandes. Me pregunté entonces qué se le podía regalar a quien todo lo tiene? Me encantó cómo nos recibieron: con sencillez.
Una señora mayor y la mamá del bebé nos ofrecieron galletas y agua de sabor con amabilidad y sonrisas amorosas.
Después subimos al cuarto del bebé por unas hermosas escaleras de madera. El cuarto era grande, pero adornado sencillamente como toda la casa. Tenía una pared con muchos juguetes.
El bebé era hermoso. Cuando la señorita Delta le entregó el regalo que le llevaba, se le iluminaron sus ojitos. Le gustó mucho. Era un pequeño libro del ratón de los dientes.
Su mamá le preguntaba cual era un ojito, y él lo señalaba. Cual era un diente y él lo señalaba entre risas. Fué un momento muy bello.
Ahí ví el corazón de éstas personas, que no se limitan a gozar de su dinero, sino que lo usan también para ayudar a otros.
Esta Asociación y otras similares, auxiliaba también a asilos y hospitales.
Un simple libro de bajo costo, arrancó risas de un bebé que tenía muchos juguetes. Después supe que ése libro era su preferido. Lo supe porque la señorita Delta era amiga de ésa madre y siguió llevando a niñas en sus cumpleaños.
El ir a un paseo, a una excursión del movimiento scout; el ir a ver una película que la señorita Delta consideraba que debíamos ver, como Oliver Twist; poder tomar clases de inglés sin costo; pero sobre todo, tener a alguien que nos cuidara y alimentara en un ambiente limpio, bonito y tranquilo; tener quien nos ayudara en nuestras tareas; tener muchas hermanas, porque éso éramos las 50 y tantas niñas y adolescentes que estuvimos en ése internado. (Había uno igual para niños) Era como tener mucha familia. No nos sentíamos como alguien a quien le avientan un pan para que no moleste, sino como alguien a quien se ama y se le cuida por y con amor.
El dinero no endureció el corazón de éstas personas, como sucede desgraciadamente con muchas otras.
Y no me refiero sólo a las personas que tienen más, también el dinero endurece el corazón de los pobres cuando les falta.
Ese fué también un gran regalo que Dios me dió. Pero los regalos como éste, no son sólo para usarlos y desecharlos. Son para compartirlos.
Es como cuando los Reyes Magos nos trajeron una bicicleta a mi hermana y a mí. Era para las dos. Y las dos la usamos y la compartiamos con nuestras vecinitas que no tenían.
A mis hijos también les trajeron los Reyes Magos un Gokart para los dos. Les traían tres juguetes que ellos pensaban bien en pedir. Y además uno para los dos. Un Gokart un año, una bicicleta otro año.
Los cuatro años que pasé en ése internado me enseñaron muchas cosas, sobre todo, a compartir con otros, a ver a las personas no por lo que tienen sino por lo que son.
Yo traté siempre de compartir lo que ahí aprendí. Primero con mis sobrinos. Trataba de enseñarles a comer con modales, a comer sanamente, a hacer ejercicio. No podía pagarles ir al movimiento scout por supuesto, pero los llevaba "de excursión" a Chapultepec, a que subieran cerros, a que caminaran, a que convivieran con la naturaleza como aprendí en el internado.
Trataba de ayudarles en sus tareas, de aplicar lo que la señorita Delta hacía con nosotras: de premiar nuestros esfuerzos. Traté de enseñarles que se puede regalar algo hecho con nuestras manos si no se tiene dinero. Traté de recrear lo que aprendí ahí.
- No podía recrear un comedor como en el que desayuné, comí y cené por 4 años: limpio, luminoso, con adornos de frutas en la pared, con pequeñas frases en ellos. Donde comiamos en órden y sanamente. Pero he tratado siempre de que mi casa esté limpia.
- No podía recrear el estudio, o sea una habitación como salón de clases donde poníamos nuestros útiles. Cada una teníamos un cajón del gran mueble gris que llenaba una pared, en donde los guardábamos. Pero siempre traté de que mis sobrinos primero y mis hijos después, guardaran sus libros al llegar de la escuela en un lugar reservado para ello.
- No podía recrear el gran patio, los jardines con kiosko y el área de pasto que había en el internado, pero podía llevarlos al parque cercano.
- No podía recrear los lockeres, como se llamaba el lugar donde guardábamos nuestra ropa. Eran grandes estantes de metal donde cada una teníamos un espacio donde guardar nuestras pertenencias, pero siempre procuré que mis hijos tuvieran cada uno su propio espacio para su ropa.
Nada de ésto había en mi casa, ni en la casa de mis sobrinos. Traté de llevar a ellos un poco del órden con el que viví entonces. Traté de llevar un poco de la limpieza con que viví entonces.
Esos cuatro años marcaron mi vida, hicieron la diferencia.
Siempre he agradecido a ésa Asociación de personas que de acuerdo a sus posibilidades, cambiaron el rumbo de la vida de muchas niñas y niños. El espacio era para 50 y tantos, pero unas entraban y otras salían, así que no sé cuántas niñas se beneficiaron y me gusta pensar que al igual que yo, han hecho la diferencia en los lugares dónde viven.
Le pido a Dios que ésa cadena de amor que recibimos, no se rompa.
- Que corazones se sigan abriendo a ayudar a otros como ésa Asociación y que corazones endurecidos por la pobreza, se abran a ésa ayuda.
- Que el amor venza al odio y a las diferencias sociales
- Que no miremos con envidia a los que tienen más que uno, puede ser porque lo han heredado de generación en generación como el bebé del ratón de los dientes, que si bien vivía en una gran casa con grandes jardines, también es cierto que ahí vivía con sus padres, con sus abuelos, con primos y tíos ya que era una casa familiar, donde vivía toda una familia aún casados.O como otros miembros de la misma Asociación que vivían en departamentos cómodos, sin estrecheces, pero tampoco con mucho.
Cuántas y cuántas personas han vivido infancias con carencias, con padres alcohólicos o con estrecheces; o han vivido en lugares pobrísimos y deciden vivir decentemente aún en ambientes donde es difícil hacerlo, porque alrededor sólo hay droga, vicio y violencia
Ese es el regalo que le pido a Dios para la humanidad. Se lo pido con el corazón al que enseñaron a amar, donde sembraron semillas de amor que han florecido gracias a personas como ésa Asociación, como mi abuelita, como Juan y tantas otras muchas.
Que Dios nazca en nuestros corazones ésta Navidad y permanezca en ellos para siempre
Hasta la próxima
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