En éstos días estoy compartiendo "La Historia de la Iglesia" que es un pequeño curso del P. Antonio Rivero que dió en Catholic.net.
Obviamente el curso no es un estudio exhaustivo donde se desmenuce cada acto, cada palabra, cada personaje porque entonces sería una Enciclopedia con muchísimos libros, así como la Biblia no habla de cada personaje, ni dice cada hora de la vida de Cristo. No es la finalidad, sino comunicar el mensaje de Dios Padre atravez de Cristo: "El nos ama"
Pero si nos esboza la historia de la Iglesia atravez de los siglos y podemos ver que está formada por hombres tomados de entre los hombres, cada uno en la época que le tocó vivir. La Edad media fué una etapa oscura, llena de guerras y en ése tiempo la Iglesia debió hacer su labor.
Está llena de claros y oscuros al igual que cada vida de cada hombre.
En una parte, el P. Rivero dice: "Uno podría desalentarse al saber estas cosas de su madre Iglesia. Incluso llevarse las manos a la cabeza en señal de escándalo. No obstante, la madurez nos hace ser reflexivos y decir: la Iglesia está compuesta por hombres, pero quien la dirige es el Espíritu. Los hombres podrán fallar, pero no Dios."
Y es cierto. Lo mismo sucede o por lo menos a mí me sucede aveces incluso dentro de la Iglesia. Muchas veces me he sentido decepcionada o desalentada. Pero Dios sabe porqué hace las cosas y sólo El sabe porqué precisamente en éstos momentos, empecé con éste minicurso.
Hace treinta años, cuando llegué a Ensenada leía en el periódico que compraba para buscar empleo "ha llegado gente que ensucia, que no respeta" y yo me sentí ofendida, pero entendí que es verdad. En lugar de enojarme, traté de entender a las personas que veían de pronto a personas que llenaban las playas que ellos trataban de conservar limpias, tirar basura, hacerse del baño, etc.
Me prometí no ser como ellos, me prometí intentar comportarme con educación para no ser llamada "sucia" o "irrespetuosa". Pero no todos son así. Hay gente que llega empujando a quien sea para tener un lugar. Igual que sucedió en la Edad Media. De hecho, no es sólo en la ciudad en la que vivo, es en todo el mundo que se está dando el fenómeno de la emigración masiva de un lugar a otro. Unos huyendo de la violencia, otros huyendo del hambre y otros simplemente "por tener una vida mejor" entendiendo como vida mejor, tener bienes mejores que los que poseen.
Para mí, una vida mejor es una vida en paz, una vida en la que debo trabajar y vivir del fruto de ése trabajo, pero sin quitarle a otro lo que posee. Entiendo la tentación que puede uno sentir. En mi caso, teníamos una casa (que estábamos pagando, pero la consideraba mía); teníamos un trabajo, escuela para mis hijos. En fin, teníamos una vida en paz. Vida que terminó a causa de una devaluación nacional que nos agarró desprevenidos. Nunca pensamos que las tarjetas de crédito o que el crédito de la casa se elevara tanto que terminó por ahorcarnos. Y tuvimos que traspasar e irnos para otro lugar.
Obviamente si no nos hubiéramos endeudado tanto, hubiéramos podido sortear la tormenta como muchas otras personas, pero fuímos descuidados. Fué por tanto, nuestra culpa.
Gracias a Dios y a que empezamos a conocer su Palabra y a vivir sacramentalmente, hemos recuperado lo perdido. Obviamente si no hubiéramos perdido todo, tendríamos el doble jeje... pero "de lo perdido lo que aparezca"
Recuerdo que hubo un momento en ésos primeros días por acá en que ví una casa vacía y sin cuidar y me pregunté porqué alguien tendría una casa sin usar. Una persona que me ayudó mucho para instalarme, me dijo que ni se me ocurriera intentar meterme en una casa así. Por supuesto que ni se me había ocurrido, jeje. Me educaron a respetar lo que no es mío, pero si lamentaba que mientras unos no teníamos donde vivir, hubiera gente con casas sin usar.
No todos reaccionamos igual ante situaciones parecidas, y es éso lo que provoca las guerras, como sucedió en la Edad Media cuando grupos de vikingos, de sarracenos y otros, invadieron. Llegaban sí con necesidades distintas o buscaban mejores tierras, pero lo hacían violentamente. Y otros corrompiendo a las personas con ideas erradas o incluso dinero.
Y la Iglesia no estuvo salva. Fué un tiempo en que algunos emperadores compraron cargos en la Iglesia, corrompiendo al clero. Hubo mucha oscuridad.
Pero dentro de ésa oscuridad brillaba la luz de grandes santos: el Papa Nicolás I, San Metodio y San Cirilo y otros que conservaron la fé, muchos aún con su propia vida.
En el mundo actual vemos algo parecido con tanta emigración. Y hasta la naturaleza misma pareciera estar sufriendo. Se han incrementado los terremotos, los tsunamis, las sequías, las inundaciones, etc. etc. Pareciera que todo está enloquecido.
Pero aún enmedio de todo ésto, debemos recordar que se habla de cosas así y que también se habla de la paz después de la tormenta.
Ruego a Dios que ésos días de desazón, de reacomodo que está sufriendo nuestro planeta y nuestras sociedades pase pronto y nuestra fé se mantenga a pesar de todo.
Para mí, una vida mejor es una vida en paz, una vida en la que debo trabajar y vivir del fruto de ése trabajo, pero sin quitarle a otro lo que posee. Entiendo la tentación que puede uno sentir. En mi caso, teníamos una casa (que estábamos pagando, pero la consideraba mía); teníamos un trabajo, escuela para mis hijos. En fin, teníamos una vida en paz. Vida que terminó a causa de una devaluación nacional que nos agarró desprevenidos. Nunca pensamos que las tarjetas de crédito o que el crédito de la casa se elevara tanto que terminó por ahorcarnos. Y tuvimos que traspasar e irnos para otro lugar.
Obviamente si no nos hubiéramos endeudado tanto, hubiéramos podido sortear la tormenta como muchas otras personas, pero fuímos descuidados. Fué por tanto, nuestra culpa.
Gracias a Dios y a que empezamos a conocer su Palabra y a vivir sacramentalmente, hemos recuperado lo perdido. Obviamente si no hubiéramos perdido todo, tendríamos el doble jeje... pero "de lo perdido lo que aparezca"
Recuerdo que hubo un momento en ésos primeros días por acá en que ví una casa vacía y sin cuidar y me pregunté porqué alguien tendría una casa sin usar. Una persona que me ayudó mucho para instalarme, me dijo que ni se me ocurriera intentar meterme en una casa así. Por supuesto que ni se me había ocurrido, jeje. Me educaron a respetar lo que no es mío, pero si lamentaba que mientras unos no teníamos donde vivir, hubiera gente con casas sin usar.
No todos reaccionamos igual ante situaciones parecidas, y es éso lo que provoca las guerras, como sucedió en la Edad Media cuando grupos de vikingos, de sarracenos y otros, invadieron. Llegaban sí con necesidades distintas o buscaban mejores tierras, pero lo hacían violentamente. Y otros corrompiendo a las personas con ideas erradas o incluso dinero.
Y la Iglesia no estuvo salva. Fué un tiempo en que algunos emperadores compraron cargos en la Iglesia, corrompiendo al clero. Hubo mucha oscuridad.
Pero dentro de ésa oscuridad brillaba la luz de grandes santos: el Papa Nicolás I, San Metodio y San Cirilo y otros que conservaron la fé, muchos aún con su propia vida.
En el mundo actual vemos algo parecido con tanta emigración. Y hasta la naturaleza misma pareciera estar sufriendo. Se han incrementado los terremotos, los tsunamis, las sequías, las inundaciones, etc. etc. Pareciera que todo está enloquecido.
Pero aún enmedio de todo ésto, debemos recordar que se habla de cosas así y que también se habla de la paz después de la tormenta.
Ruego a Dios que ésos días de desazón, de reacomodo que está sufriendo nuestro planeta y nuestras sociedades pase pronto y nuestra fé se mantenga a pesar de todo.
Ezequiel 34, 1-11
En aquellos días, el Señor me habló y me dijo: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel y diles: ‘Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar a las ovejas? Pero ustedes se toman la leche de ellas, se visten con su lana, sacrifican las ovejas mejor alimentadas y no apacientan al rebaño. No fortalecen a las ovejas débiles, no curan a las enfermas ni cuidan a las que están heridas. No hacen volver a las descarriadas ni buscan a las perdidas, sino que las dominan con crueldad y violencia.
Mis ovejas se han dispersado por falta de pastor y se han convertido en presa de todos los animales salvajes. Mi rebaño anda errante por todas partes, por los montes y las colinas; mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra y no hay nadie que se preocupe de él, nadie que lo busque’.
Por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: ‘Mi rebaño ha sido expuesto al pillaje y se ha convertido en presa de todos los animales salvajes por falta de pastor, pues mis pastores no se preocupan por mi rebaño; se apacientan a sí mismos y no apacientan a mi rebaño’.
Por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: ‘Lo juro por mi vida: Me voy a enfrentar a los pastores para reclamarles mis ovejas y destituirlos de su cargo. Los pastores ya no volverán a apacentarse a sí mismos. Les arrancaré mis ovejas de la boca y no se las volverán a comer’. Esto dice el Señor: ‘Yo mismo buscaré a mis ovejas y las cuidaré’ ”.
