Por Laura Aguilar Ramírez
Es tarde. Normalmente escribo mi reflexión en la mañana, después de escuchar la misa. Pero hoy ando desfasada, jeje-
Llevo ya 4 años desde que mi esposo se jubiló y todavía ando tratando de adecuar mis horarios a la nueva situación. No es fácil.
Es una nueva etapa de la que uno lee, escucha, pero no es lo mismo vivirla.
Sé de parejas actuales que se separan en ésta etapa. Lograron llegar juntos, pero terminaron por separarse. Otras parejas actuales se separan a los pocos años y otras en la segunda decada.
Los divorcios aumentan, las parejas que deciden no casarse, aumentan. Como dice el Padre Larrañaga, "duele el corazón". Duele el corazón al ver tantas cosas en nuestro mundo actual.
Pareciera que la fé decae cada vez más, los seminarios ya no están llenos, los conventos languidecen. Cada vez vemos menos religiosas y religiosos.
Cuando un sacerdote se ordena es realmente un milagro. Pocos jóvenes sienten el llamado a la vida sacerdotal. Y pocas personas viven la fé. Y las pocas que lo hacemos, lo hacemos indignamente.
Antes no era así. Vemos películas en donde las familias duraban juntas, las parejas se casaban y duraban juntas. Ahora no es así.
Cuando uno promete en el altar, en mi caso, hace 45 años, ser fiel, respetarse y amarse hasta que la muerte nos separe, tal vez no está uno realmente consciente de lo que significa. Y si lo está, como en mi caso, no se imagina uno lo difícil que es sin Jesús en nuestra vida.
Vengo de una familia disfuncional, pero viví en un ambiente tradicional. En una ciudad que ha ido perdiendo la fé cada vez más como es la CDMX, pero en una zona que pareciera de los últimos bastiones de la fé.
Esa fé me fué inculcada desde mi niñez, grabada en el corazón. Y aunque me alejé, la fé seguía viva pero cubierta por capas y capas de mugre, de polvo acumulado, como una casa deshabitada que se llena de polvo, de telarañas.
Cuando regresé a la Iglesia así estaba mi corazón. Y por lo tanto, mi vida. Sólo Jesús me salvó. Ayer escribía de a quien obedecer Porque de la obediencia viene el órden, del órden viene la paz.
Meditaba en la diferencia entre las distintas religiiones. Como digo, soy católica de nacimiento y por tradición, pero ahora también lo soy por la razón.
He remado mar adentro dentro de la fé, he ido conociendo vida de santos, escritos de santos, advocaciones de la Virgen y mucho del gran tesoro que encierra la fé católica. Que es rica, pero no rica en bienes materiales sino en espíritu.
Ha ido acumulando riquezas en el cielo. Porque cada santo es una joya en el gran tesoro. Y hay muchos canonizados y otros desconocidos.
He echado un vistazo a otras religiones no con el fin de criticar- Por ejemplo con los vikingos que creían en el valhalla en donde beberían y comerían en el gran salón y pelearían después de muertos. Y me pregunto ¿yo quiero después de muerta pasar la eternidad así?
Si sólo van vikingos, entonces con quien pelearán después de muertos. Pues entre ellos.
Eso me suena como a los escritos de Dante que describre escenas así en el infierno.
O por ejemplo con el profeta al que un ángel se le apareció y le dictó el libro sagrado musulmán. Leí poco, pero me espanté. Porque Dios no dice que se mate, se mienta con tal de salirse con la suya. Y éso dice. Si. Habla de amor, pero sólo a los creyentes, para los demás no existe ése amor. Y entonces entiendo que se lancen con una bomba para destruir algo aunque se mueran. Les dicen que así se irán al cielo. Pero ¿cuán cielo? Al cielo donde irán los que se suicidaron matando a otros, mintiendo a otros y amando sólo a los suyos.
El Padre no dice éso. El es amor y ama a todas sus creaturas, no sólo a las bonitas sino a todas. Amó hasta dar a su propio hijo para la salvación del mundo. El Hijo que curó al hijo de una no creyente por pura misericordia. El Hijo que dijo "amense los unos a los otros como yo los he amado" que en éso se podría parecer al profeta. Pero también dice: "amen a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mmismo"
El Hijo, que vemos hoy dando de comer a más de 5000 personas que acudieron a escucharlo y no todas eran seguidores. Unos irían por curiosidad, otros para ver si les hacía algún milagrito, otros para vigilar lo que hacía. Y les dió de comer a todos.
El Padre que hace llover sobre buenos y malos. No sólo sobre los creyentes. No leí cuál es el cielo al que se van los musulmanes o si creen en algún cielo, pero seguramente no me dejarían entrar.
O los budistas que respetan tanto la vida que ni una mosca matan porque creen que retornaran en la siguiente vida como algún animal en la reencarnación hasta llegar a la iluminación. Y después qué?
En fin. En cambio Jesús nos dice que estaremos con El en el Paraíso en donde no hay hambre, no hay dolor, ni tristeza. En donde veremos al Padre y gozaremos con su Amor infinito.
Hoy se nos habla de un jóven que trae 5 panes y 2 pescados y Jesús los multiplica y reparte.
Veía hoy antes de misa, la imágen del Divino Niño que está en la todavía capilla a la que asisto. Antes me llamaba la atención que vistiera de rosa si es niño y tuviera un lazo azul. Nosotros pensamos que el rosa es para las mujeres, pero en la Iglesia significa alegría. Es el color que se usa en el Domingo de Gaudete en la Cuaresma y en el Domingo antes de Navidad en el Adviento.
Es la alegría dentro de una época de meditación y oración y espera.
Me llamó la atención que tiene sus manos elevadas y la mirada en el cielo. Como alabando a Dios. Es niño y ya alaba a Dios y ora a Dios.
Hace poco escuchábamos de Nicodemo, un hombre ya viejo que se acerca a Jesús. A pesar de ser viejo y conocedor de las Escrituras, tiene inquietudes. Jesús le dice que "hay que nacer de nuevo"
Jesús no discrimina, tiene una respuesta para el niño y para el anciano. Para la mujer y para el hombre. Para el ladrón arrepentido y para el hombre justo.
Y si en mi niñez, veía a la Virgen con devoción. Y si en mi vida he tratado de vivir cumpliendo con las leyes y tratando de vivir como aprendí de niña; en mi vejez, como Nicodemo también tengo inquietudes y miedos.
Quédate, Señor con nosotros porque ya anochece.

