En éste momento de mi vida en que mis hijos ya son mayores y tienen su propia vida, su trabajo, sus actividades, su familia. En éste momento de mi vida en que mi esposo ya no trabaja después de 45 años de hacerlo, 40 de los cuales lo hizo ya casado. En éste momento de mi vida, tengo tiempo de sobra
Durante toda mi vida he sido muy activa.
En mi infancia no paraba yo: ayudaba a mi abuelita, ayudaba a mi tía a hacer tamales (bueno, más bien a pasarle las cosas que iba necesitando. Tenía 5 años en ése entonces) más grandecita le ayudaba a cuidar de sus pajaritos que tenía en 6 jaulas. En la más grande había muchos. Era de ésas jaulas que parecen casas. Ayudaba a tender la ropa de mis dos tías y una prima. Ayudaba a cuidar las plantas
En el internado, además de las labores que me tocaban, ayudaba a mis compañeras en sus tareas escolares, me levantaba a hacer ejercicio a las 5 de la mañana, cosía, hacia manualidades, tejía y hacia crucigramas.
En mi adolescencia trabajé con lo que éso implica: paseos, amigos, salidas.
En mis años de matrimonio, no viví con mi suegra ni con mi mamá. Siempre hemos vivido independientemente, en casas rentadas y en nuestra casa propia. Cuidé a mis hijos personalmente al mismo tiempo que hacía costura para mis vecinos.
Me gusta tener plantas, llegamos a tener 4 perros, 4 gatos y 5 peces a los cuales atendía. Cuando no pude trabajar fuera de casa, empecé a hacerlo en internet durante más de 18 años. En fin.
Ahora es una etapa diferente. Nuestra casa ya está construida, faltan detalles aún, pero está construida, sólo le vamos dando mantenimiento. Tenemos 2 perros y un gato y un pez solamente.
Mi esposo ya está jubilado y ahora ayuda con los animales, limpia el patio delantero. Y por lo mismo, yo hago menos cosas. Dicen que la costumbre se hace ley y yo me acostumbré a hacer muchas cosas al mismo tiempo. Es una costumbre que tengo desde niña. Así me educaron.
Por ello me cuesta trabajo estar quieta. Cuando me enfermo, es de verdad una penitencia o un castigo o una tortura. Soy de las personas que descansan haciendo tabiques como se dice. Me dice mi esposo "duérmete, aprovecha y descansa". "Ay, Dios ¿y cómo se hace éso?" me pregunto yo. Recuerdo una anécdota del Santo Papa Juan Pablo II en la que a algunas personas les parecía que los presionaba mucho, le decían "descanse", a mí me dicen "no se van a ir a ningún lado los trastes" El respondía "tendré mucho tiempo para descansar". En verdad era imparable.
Esto me lleva a las lecturas del día de hoy, Jesús es llevado al desierto y después de 40 días sin comer, sintió hambre. El diablo lo tentó con alimento. Lo tentó con poder. Jesús le dijo que se retirara. Eso suena fácil, pero no lo es como nos dijo el Padre en el sermón de hoy.
Lo fácil es dejarse llevar por la tentación. Nos dijo el Padre que a las tentaciones hay que vencerlas. Pero que no estamos sólos en ésa lucha, Cristo está con nosotros.
Escribí hace poco un cuentito sobre las excusas. Y hoy pude ver que me salen de la boca bien fácil.
Me tocó cita con el nutriólogo. Cuida de que no me pase con la comida. Tengo ya varios años en que me manda mi doctor familiar a ése servicio.
Me han dado ganas de decir "para qué? ya sé lo que me va a decir". Después de ya 8 años de acudir con ése especialista, me pueden dar un título de nutriología jeje Pero no es el caso. El estudió para éso, yo no. Yo he llegado a conocer lo que es bueno para mí, porque está pensado para mi tomando en consideración muchos factores entre ellos mi etatura, mi peso, mi edad, mi salud y en concreto, las enfermedades que padezco.
Y efectivamente, ya sé lo que me va a decir, si tonta no soy. Pero y éso es lo más importante, es como ir con el sacerdote a confesar mis pecados, sentir el perdón de ellos y tomar nuevos brios para continuar con una dieta que aveces se me hace pesada.
Y no es que no pueda comer, lo que sucede es que sin darme cuenta, caigo fácilmente en darme excusas para comer lo que me gusta... y como dice mi marido, me gusta todo jeje. Mientras sea comida, le hinco el diente.
Despejo las pocas dudas que tengo, pero sobre todo,los le confieso que me caigo con frecuencia ante un pan de dulce mmmm. No puedo comer azúcar más que la que contienen los alimentos y los que contienen mucha como las frutas, debo comerlas poco. Y me gustan mucho.
Hay alimentos que no me gustan tanto y es fácil dejarlos como las tortillas de harina, los dulces y las comidas grasosas. Pero hay otros que me encantan como las sodas y las frituras llamadas comida chatarra.
Así que ir al nutriólogo después de 8 años de hacerlo, puede parecer una tontería pero no lo es. Regreso con nuevos bríos y con ganas de corregirme.
M alegré de que no subí de peso, al contrario, bajé dos kilos y éso en plena época navideña con cena de navidad, de año nuevo, de rosca de reyes, del cumple de mi hijo. El fin de año y el principio de año es verdaderamente difícil para una persona como yo que no puede comer en exceso ni comer alimentos que se conviertan en azucares dentro de mí, como las harinas.
El médico familiar me mandó a principios de Diciembre al nutriólogo y éso me ayudó a librarla jeje.
Pero... siempre hay un pero conmigo... no hice ejercicio. El pretexto fué que hacía mucho frío. Y es cierto. Normalmente me levanto a las 5 de la mañana a hacer algunas cosas, hago ejercicio y oigo misa.
Después desayuno.
Pero en el invierno cambia el horario, me movieron de hora la misa que escucho ya que normalmente tenemos dos horas de diferencia con la CDMX. En invierno es sólo una. Ese simple cambio, altera todo para mí.
Debo levantarme a las cinco para hacer ejercicio temprano y poder oir la misa. A ésas horas en invierno hace mucho frío.
Así que debo elegir entre suspender el ejercicio en tiempo de frio o hacerlo con riezgo de enfermarme por hacerlo. Mi casa es de por sí fría y en tiempo de invierno puede parecer un témpano. Y ya no estoy tan jovencita que digamos.
Sé lo necesario de hacer ejercicio en mi edad para no perder músculo y por lo tanto, sostén. Pero sinceramente éste invierno fué particularmente frío. Todo el día hacía frío dentro de la casa y afuera sopla el aire fuerte.
Así que ahora que ya sale el sol y empieza a calentar, espero retomar mi costumbre de ejercitarme. Es una costumbre que tomé desde niña el hacerlo en la mañana, porque durante el día entre una u otra actividad, se me complica hacerlo.
Para mí, la Cuaresma es en fin de año en que sufro un retiro involuntario de mis actividades cotidianas.
He aceptado que ya no puedo realizar muchas de las actividades que realizaba todavía hace algunos años, por lo menos no con la misma presura, pero tampoco puedo dejar de hacer lo que debo.
Tiene sus ventajas que mi esposo esté en casa. Ahora cocino mejor, jeje. La cocina requiere tiempo. Antes se me quemaba el agua jeje.
Cocinaba de prisa para poder hacer todo lo que tenía que hacer. He dejado la costura primero para dedicarme al internet. Y sigo haciendo labores en internet, pero no de la misma manera.
Pero cuando me dicen que "me duerma y descanse" digo "aléjate de mí. Ya descansaré, tendré mucho tiempo para hacerlo".
Ahora hago menos cosas, pero las hago mejor. Antes hacia muchas a la carrera por dar preferencia al trabajo. No podía decirle a las clientas que me esperaran. En cambio, sí se los decía a mis hijos.
Nunca me gustó trabajar.. Bueno sí, cuando fuí soltera. Me gustaba mucho. Pero al ser madre, ya no me gustó tanto porque descuidaba mi casa. Sin embargo, tuve que hacerlo al no contar con ayuda. Gracias a Dios pude trabajar en casa, pero no por ello cuidaba a mis hijos tan bien como debí hacerlo.
Es cierto que no perdía la paciencia tan fácilmente, pero tampoco estaba al cien como yo hubiera deseado. Y el vivir lejos de mi mamá y de mi suegra no ayudaba precisamente.
Necesité ayuda para criar a mis hijos y trabajar al mismo tiempo. Y no la tuve. Muchas mujeres cuentan con la ayuda de su madre, de una tía, de una abuela para cuidar de sus hijos mientras trabajan, yo no tuve ésa ayuda.
Tampoco había guardería cerca de mi casa donde pudieran estar mis hijos cuidados. Así que no tuve elección. O mejor dicho sí, debía elegir entre trabajar o cuidar de ellos. Elegí lo segundo.
Pero después tuve que elegir entre trabajar en casa o dedicar todo mi tiempo a cuidar de ellos. Y tuve que elegir lo primero porque no contaba con el apoyo de mi suegra o de mi mamá o de alguien que me ayudara con mis hijos.
Así que no me quejo de haber trabajado en casa. No había más elección. Pero al hacerlo, debí levantarme muy temprano, dormirme muy tarde y hacer una rutina tal que me lo permitiera. Ahora cuando me dicen que descanse, no hallo la manera jeje.
La costumbre se hace ley y mi cuerpo y mente están acostumbrados.
En la clínica, mientras esperaba entrar con el nutriólogo conversaba con una persona que me decía que ahora que lleva dieta, ha subido más de peso. Pensé en alguien que conocí que desgraciadamente se drogaba y para ello, no era muy honesto en su trabajo ni con su familia a la que le daba sablazos para poder drogarse y mantener a su mujer y sus hijos.
Para poder dejar la droga, tuvo que dejar de trabajar por un año,, mientras estaba en recuperación. Su esposa se enojó y lo dejó. Prefería que siguiera drogándose, pero dándole dinero para sus paseitos y gustitos.
Con el tiempo, su esposa entendió y regresó con él. Su vida fué más sencilla porque ya no había tanto dinero, pero más tranquila.
Así, le dije al señor, sucede con el cuerpo acostumbrado a darse sus gustos. Se enoja cuando empezamos a hacer ejercicio y a comer más sanamente. Se queja, puede llegar a enfermarse, pero termina por acostumbrarse si se es constante.
"Aléjate de mí, satanás" le podemos decir a nuestro propio cuerpo cuando se niega a dejar sus gustitos. Pero no se puede hacer sin ayuda. Para éso está el nutriólogo.
Debo levantarme a las cinco para hacer ejercicio temprano y poder oir la misa. A ésas horas en invierno hace mucho frío.
Así que debo elegir entre suspender el ejercicio en tiempo de frio o hacerlo con riezgo de enfermarme por hacerlo. Mi casa es de por sí fría y en tiempo de invierno puede parecer un témpano. Y ya no estoy tan jovencita que digamos.
Sé lo necesario de hacer ejercicio en mi edad para no perder músculo y por lo tanto, sostén. Pero sinceramente éste invierno fué particularmente frío. Todo el día hacía frío dentro de la casa y afuera sopla el aire fuerte.
Así que ahora que ya sale el sol y empieza a calentar, espero retomar mi costumbre de ejercitarme. Es una costumbre que tomé desde niña el hacerlo en la mañana, porque durante el día entre una u otra actividad, se me complica hacerlo.
Para mí, la Cuaresma es en fin de año en que sufro un retiro involuntario de mis actividades cotidianas.
He aceptado que ya no puedo realizar muchas de las actividades que realizaba todavía hace algunos años, por lo menos no con la misma presura, pero tampoco puedo dejar de hacer lo que debo.
Tiene sus ventajas que mi esposo esté en casa. Ahora cocino mejor, jeje. La cocina requiere tiempo. Antes se me quemaba el agua jeje.
Cocinaba de prisa para poder hacer todo lo que tenía que hacer. He dejado la costura primero para dedicarme al internet. Y sigo haciendo labores en internet, pero no de la misma manera.
Pero cuando me dicen que "me duerma y descanse" digo "aléjate de mí. Ya descansaré, tendré mucho tiempo para hacerlo".
Ahora hago menos cosas, pero las hago mejor. Antes hacia muchas a la carrera por dar preferencia al trabajo. No podía decirle a las clientas que me esperaran. En cambio, sí se los decía a mis hijos.
Nunca me gustó trabajar.. Bueno sí, cuando fuí soltera. Me gustaba mucho. Pero al ser madre, ya no me gustó tanto porque descuidaba mi casa. Sin embargo, tuve que hacerlo al no contar con ayuda. Gracias a Dios pude trabajar en casa, pero no por ello cuidaba a mis hijos tan bien como debí hacerlo.
Es cierto que no perdía la paciencia tan fácilmente, pero tampoco estaba al cien como yo hubiera deseado. Y el vivir lejos de mi mamá y de mi suegra no ayudaba precisamente.
Necesité ayuda para criar a mis hijos y trabajar al mismo tiempo. Y no la tuve. Muchas mujeres cuentan con la ayuda de su madre, de una tía, de una abuela para cuidar de sus hijos mientras trabajan, yo no tuve ésa ayuda.
Tampoco había guardería cerca de mi casa donde pudieran estar mis hijos cuidados. Así que no tuve elección. O mejor dicho sí, debía elegir entre trabajar o cuidar de ellos. Elegí lo segundo.
Pero después tuve que elegir entre trabajar en casa o dedicar todo mi tiempo a cuidar de ellos. Y tuve que elegir lo primero porque no contaba con el apoyo de mi suegra o de mi mamá o de alguien que me ayudara con mis hijos.
Así que no me quejo de haber trabajado en casa. No había más elección. Pero al hacerlo, debí levantarme muy temprano, dormirme muy tarde y hacer una rutina tal que me lo permitiera. Ahora cuando me dicen que descanse, no hallo la manera jeje.
La costumbre se hace ley y mi cuerpo y mente están acostumbrados.
En la clínica, mientras esperaba entrar con el nutriólogo conversaba con una persona que me decía que ahora que lleva dieta, ha subido más de peso. Pensé en alguien que conocí que desgraciadamente se drogaba y para ello, no era muy honesto en su trabajo ni con su familia a la que le daba sablazos para poder drogarse y mantener a su mujer y sus hijos.
Para poder dejar la droga, tuvo que dejar de trabajar por un año,, mientras estaba en recuperación. Su esposa se enojó y lo dejó. Prefería que siguiera drogándose, pero dándole dinero para sus paseitos y gustitos.
Con el tiempo, su esposa entendió y regresó con él. Su vida fué más sencilla porque ya no había tanto dinero, pero más tranquila.
Así, le dije al señor, sucede con el cuerpo acostumbrado a darse sus gustos. Se enoja cuando empezamos a hacer ejercicio y a comer más sanamente. Se queja, puede llegar a enfermarse, pero termina por acostumbrarse si se es constante.
"Aléjate de mí, satanás" le podemos decir a nuestro propio cuerpo cuando se niega a dejar sus gustitos. Pero no se puede hacer sin ayuda. Para éso está el nutriólogo.
Y por supuesto, para tener la constancia de ir al nutriólogo he necesitado el auxilio de Jesús sacramentado. El me da la fortaleza para acudir al nutriólogo a pesar de saber lo que me va a decir y para seguir sus indicaciones, a pesar de lo difícil que se me hace aveces.
Primera lectura
Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en la nariz un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios. Un día le dijo a la mujer: “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?”
La mujer respondió: “Podemos comer del fruto de todos los árboles del huerto, pero del árbol que está en el centro del jardín, dijo Dios: ‘No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir’ ”.
La serpiente replicó a la mujer: “De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal”.
La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, que estaba junto a ella, el cual también comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.
Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17
R. (cf. 3a) Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija,
mantén en mí un alma generosa.
Señor, abre mis labios,
y cantará mi boca tu alabanza.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Segunda lectura
Romanos 5, 12. 17-19
Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
Aclamación antes del Evangelio
Mateo 4, 4
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.
Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.
Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.

