



Estoy indignada ante los acontecimientos que suceden en mi país. Un país que ha aprendido a callar por miedo. La palabra de Dios nos dice que "Quien a Dios conoce, no puede callar"
Como mujer mexicana, me indignan tantos actos de barbarie que se cometen contra el pueblo, pero me duele mucho más ver la sangre joven de nuestro país derramarse y los padres metidos en sus casas.
No puedo quitar de mi cabeza a los Niños héroes que cada Agosto recordamos. Pero el pueblo mexicano los olvida.
No puedo quitar de mi cabeza a los Niños héroes que cada Agosto recordamos. Pero el pueblo mexicano los olvida.
En Septiembre, mes de la Patria se hacen grandes ceremonias a "los héroes que nos dieron patria".
En Noviembre se conmemora a muchos que "nos dieron libertad y tierra", pero todos olvidamos a aquellos cadetes del Colegio militar que dirigidos por su teniente Xicoténcatl defendieron no sólo su plantel escolar, sino a su Patria.
Todos olvidamos a Juan Escutia envuelto en la bandera nacional arrojándose para que no cayera su bandera ni su país en manos extranjeras.
Muchos olvidan las luchas del 68 en que muchos jóvenes pagaron con su sangre el salir a manifestar su punto de vista, que puedo o no estar de acuerdo con ellos, pero tienen derecho a manifestar su indignación o su punto de vista o sus necesidades.
Y éste gobierno que participó en ésas luchas de ésos tiempos, ahora envía contra ellos a la Guardia Nacional, igual que aquellos a quienes critican y a quienes según ellos combatían. Eso es hipocrecía, además de cobardía.
Se supone que el pueblo votó por un cambio. Votó por aquellos que estaban en contra de gobiernos corruptos y demás, según gritaban en las calles y en las tribunas desde el 68. Ellos incitaron a ésos jóvenes a salir a las calles, a protestar. Y ahora ésa misma gente los traiciona, los combate, los patea y los agrede por hacer aquello que ellos mismos les enseñaron a hacer.
Eso me indigna más. Que tiren la piedra y ahora escondan la mano. Desde entonces no estoy de acuerdo con ellos. Han cambiado de nombre como entidad política, pero siguen siendo los mismos cobardes que alebrestan a los jóvenes y ahora los traicionan.
Han sido ellos los que los incitaron a salir a las calles con un trapo verde a clamar por aborto, a luchar sus luchas, a defender lo que éste gobierno dice. Y ahora los traicionan, golpeándolos.
En el día de muertos en Uruapan, Michoacán cayo abatido un Presidente municipal que llegó como independiente. Puedo o no estar de acuerdo con él y con sus métodos e ideas, pero respeto su valentía al no callar, como no callaron otros 3 antes asesinados como él, como no han callado agricultores, sembradores de ahuacates, defensores de los árboles hogar de las mariposas monarca, como no han callado tantos mexicanos en tantos otros estados.
Parece que el pueblo ya se acostumbró a escuchar el recuento de muertos, olvidando que son personas, que son mexicanos, que es gente trabajadora, que son estudiantes, que son jóvenes los que mueren.
Eso me indigna. La hipocrecía, la cobardía.
He visto cómo en otros países, las mujeres no callan. A cacerolazos han callado a gobiernos, a cacerolazos han salido a defender a sus hijos a la calles, recibiendo muchas de ellas los chorros de agua que aquí en México reciben nuestros hijos.
Ellas, las mujeres argentinas prefieren recibir en su cuerpo los golpes, manguerazos en lugar de sus hijos. Ellas salen clamando por sus hijos desaparecidos, asesinados, sin miedo porque han sido ellas las que sin miedo los dieron a luz, los cargaron en sus vientres, los amamantaron y son ellas las que han recibido muchas veces a sus hijos muertos, los han llorado desaparecidos.
En España, las mujeres han callado las mentiras de gobiernos cobardes a cacerolazos. Cada vez que algún político de pacotilla se atreve a decir mentiras, una rechifla de cacerolas lo calla. Desde su hogar, las mujeres están pendientes de los discursos y cuando algo no les gusta, suenan las cacerolas en cada pueblo, en cada ciudad.
Esas son las mujeres que me gustaría ver en México, no mujeres cobardes que ven cómo sus hijos luchan por ellas, mueren por ellas y muchas veces lloran cuando sus madres, hermanas y demás piden abortos. Para éso sí son valientes, para pedir muertes de bebés, pero no para defender a sus hijos.
Hasta cuándo la mujer mexicana, ésa que cada Diez de Mayo se siente la reina del hogar, por la que se llenan restaurantes, se hace tráfico, se hacen festivales y demás, va a seguir siendo una pusilánime, una "a mí que me den y me adoren por buena madre", en lugar de dar la vida, poner el cuerpo por sus hijos, hacer escándalo por sus hijos?
Hoy, la UNAM convocó a los jóvenes a huelga, a no asistir a clases en protesta por la violencia en el país.
De nuevo, nuestra juventud toma la bandera de la libertad, de la defensa de la justicia, de la defensa de la vida, de la defensa de los derechos.
Y de nuevo, sus madres los dejan sólos. Los ven marchar, los ven protestar. Y los dejan sólos.
Hasta cuándo, mujer mexicana vas a dejar a tus hijos sólos en sus luchas, hasta cuándo vas a ser tú la que los golpees no sólo con tus palabras, sino con tus actos?
Para éso quiso llegar una mujer a la Presidencia? Para éso lucharon mujeres como Rosario Piedra y otras en las calles durante su juventud?
No soy comunista, ni socialista. Estoy en contra del aborto, como estoy en contra de aquellos que creen que con muertes se combate a la muerte, pero mucho menos soy seguidora de cobardes, que se esconden en sus palacios, se resguardan con sus gorilas y se escudan tras un micrófono con el poder en la mano.
Me harta ver a una mujer diciendo las mismas estupideces que su antecesor. Me indigna ver a una mujer "liberada" según, una mujer "empoderada" según, decir las mismas palabras y tener los mismos gestos que su antecesor. Es una vil copia de su idolo.
Y para cuándo lo verde será el color de la esperanza?.
Me harta ver a una mujer diciendo las mismas estupideces que su antecesor. Me indigna ver a una mujer "liberada" según, una mujer "empoderada" según, decir las mismas palabras y tener los mismos gestos que su antecesor. Es una vil copia de su idolo.
Y para cuándo lo verde será el color de la esperanza?.
Porque ése es el significado del verde de nuestra bandera, del verde de nuestro campo, del verde corazón de nuestros hijos. Verde porque aún son jóvenes, tienen la vida por delante. Y gorilas los golpean, los patean como ví en un video de la represión sufrida porque se atrevieron a protestar por la muerte de un Presidente municipal asesinado vilmente.
Para mí tiene mucho significado el que haya sido abatido a los pies de una gran muerte, en un festival en el que ella, la muerte es la mandona, la que se veía más que las humildes tumbas llenas de flores amarillas con sus cruces y con sus velas.
Eso es muy significativo. Ella, la muerte es la empoderada, la que camina por nuestras calles, nuestros pueblos y ciudades como la reina de la noche, la diosa del vudú como dice una canción.
Hemos dejado que ella, la muerte gobierne nuestro país, se lleve a nuestros jóvenes, mientras hay quienes la adoran como la Santa Muerte, que de santa no tiene nada.
Una cosa es la costumbre de recordar a nuestros difuntos, adornando panteones, encendiendo velas y poniendo flores y otra muy distinta el que adoremos a la muerte.
Ella no tiene la última palabra. No somos un país de muertos, sino de vivos.
Una cosa es el amor a nuestros difuntos que nos hace adornar sus tumbas y sus retratos y otra muy distinta es que adoremos a la muerte. No adoramos ni a nuestros difuntos, los queremos y recordamos, menos a la muerte.
Hasta cuándo mujer mexicana te vestirás de catrina, te disfrazarás de muerte, seguirás gimiendo como la llorona en tu casa y llorarás a tus hijos y los buscarás por los caminos como "las buscadoras de desaparecidos" hacen?
Para mí tiene mucho significado el que haya sido abatido a los pies de una gran muerte, en un festival en el que ella, la muerte es la mandona, la que se veía más que las humildes tumbas llenas de flores amarillas con sus cruces y con sus velas.
Eso es muy significativo. Ella, la muerte es la empoderada, la que camina por nuestras calles, nuestros pueblos y ciudades como la reina de la noche, la diosa del vudú como dice una canción.
Hemos dejado que ella, la muerte gobierne nuestro país, se lleve a nuestros jóvenes, mientras hay quienes la adoran como la Santa Muerte, que de santa no tiene nada.
Una cosa es la costumbre de recordar a nuestros difuntos, adornando panteones, encendiendo velas y poniendo flores y otra muy distinta el que adoremos a la muerte.
Ella no tiene la última palabra. No somos un país de muertos, sino de vivos.
Una cosa es el amor a nuestros difuntos que nos hace adornar sus tumbas y sus retratos y otra muy distinta es que adoremos a la muerte. No adoramos ni a nuestros difuntos, los queremos y recordamos, menos a la muerte.
Hasta cuándo mujer mexicana te vestirás de catrina, te disfrazarás de muerte, seguirás gimiendo como la llorona en tu casa y llorarás a tus hijos y los buscarás por los caminos como "las buscadoras de desaparecidos" hacen?
Hasta cuándo mujer mexicana irás detrás de ésos carros alegóricos que nos presentan en el ahora Desfile de Día de muertos que antes no existía, lleno de esqueletos y fantasmas como pretende éste gobierno llevarnos?
No te das cuenta que ésos muertos son tus hijos, que siguen a una muerte bailadora como si fuera Dios, sólo porque es divertido?.
Muchas veces he dicho que no soy pro-Halloween, no porque sea costumbre extranjera, sino porque se me hace ilógico que si amo a mis difuntos, pense que son esqueletos o son monstruos o son no sé de qué tanto se disfrazan. En lugar de recordarlos como antes, con flores, con velas, pidiendo a Dios por su paz, sabiendo que un día estaremos juntos porque la muerte no tiene la última palabra. Seguiremos vivos de una manera distinta en el Cielo.
Si se escuchan tus lamentos, que se escuche más alto tu voz. Y si es con cacerolas, mejor. Suenan más alto y más fuerte.
