Soportar por amor

Por Laura Aguilar Ramírez


Hoy seguimos con la Erección de nuestra Parroquia. Estamos apenas 8 días después. Nuestro párroco sigue siendo asilado de la antigua Parroquia jeje.
Ya llegó la casa parroquial y se está acondicionando, gracias a Dios. Se llama casa parroquial porque pertenece a la Parroquia. Es costumbre de la Iglesia cambiar al sacerdote cada tanto y enviarlo a otra Parroquia, así van rotando los cultivos jeje. No. Eso último fué chiste.

Desconosco el porqué de ésta costumbre, pero veo que sirve para edificar la Iglesia. Para renovarla y también para bien del mismo sacerdote.
Y no es que se cambie uno a cada rato jeje. Aunque aveces se hace, como en mi caso que he vivido en muchos lugares antes de tener mi casa propia finalmente.

La Iglesia está en todos lados, así que a los sacerdotes los van cambiando, pero es la misma Iglesia en todos lados.

Como ahora sé, el sacerdote "se casa" con la Iglesia que Cristo fundó. Lo mismo que hacemos los que nos casamos con un hombre o con una mujer.
Cuando después de batallar con los hijos, educarlos y crecerlos, los vemos casarse e irse de nuestra casa. A veces a lugares lejanos, llevados por la vida que eligieron vivir.
Y se queda uno como nos dice la primera lectura de hoy, orando por ellos, rogando a Dios que estén bien.
Y escribiéndoles, dándoles consejos para que vivan bien por allá. Porque aveces es todo lo que podemos hacer por ellos.

Se cumple en nosotros lo que Dios dijo en el Génesis: mujer, aumentaré tus dolores en tus hijos.
Y lo podemos ver como castigo, pero no lo es. Es sólo consecuencia del pecado original, el que acarreó que las puertas del Paraíso se cerraran tras ellos, porque no puede existir nada manchado delante de Dios que es pureza total.

En el Evangelio de hoy, Cristo habla de que en el cielo no tendremos mujer ni hombre, seremos como ángeles:
Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo.
Yo ví a mi abuelita que me crió como madre, ver partir a tres hijos lejos de ella, donde no podía tomar un camión para verlos. La ví orar por ellos, juntar dinero para ir en cuanto podía, que no era muy seguido, la ví llegar cargada de ropa usada y cuanto podía para sus hijos cerca. La ví comprando hierbas, secándolas para llevarles a sus hijos del otro lado medicina, porque no dejan llevar frutas ni alimentos. La ví preparar mole, comprar lo necesario poco a poco, para llevarles.

Aveces le peleaba: "ay, mamá... allá venden café ¿para qué les llevas? y me contestaba: "Ay, mijita. Por allá está recaro" por ejemplo.
La ví empanada de tierra mientras cuidaba del terreno "para mi hija" decía. Su hija era viuda, trabajaba, pagaba renta y biles en el otro lado.
La ví cargar cubetas de desperdicio y comprar tortillas duras a mis vecinos para llevar alimento a puercos que tenía, a gallinas que tenía para tener huevos. La ví sembrar calabazas, jitomates para ahorrar dinero para pagar el agua que se le surtía en pipas.
La ví hacer todo éso para poder dejarle un terreno a su hija del otro lado, "porque allá están recaras las casas, mijita".

Como muchas madres, tapaba un hoyo y destapaba otro para tapar el primero.
Otras madres que soportan vivir en un microdepartamentito y crian ahí a sus hijos y cuidan de ellos lo mejor que pueden y un día los ven irse, llevados por el anhelo de la vida, buscando otros horizontes.

Yo soy de la CDMX, la he visto crecer a paso acelerado de un tiempo para acá. Cuando era niña, conocí maizales, vacas y borregos. Ahora la veo crecer para arriba y para los lados. Y mientras más crece la ciudad, más reducidas son las viviendas hasta llegar a espacios de 5 por 8 en donde se tienen dos recámaras, sala-comedor, cocina y baño. Se tiende en donde se puede.

Y sin embargo, viven como Dios manda: se casan, están en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad.
Normalmente las malas vienen primero jeje. Se casa uno y no se tiene ni casa ni muebles, nada. Ahi le prestan a uno o le regalan.
Y luego vienen las buenas, cuando ya tienes una casa, la amueblas con cariño.
Las malas, cuando nace tu hijo y te duele todo tu hermoso cuerpo y después andas que pareces mapache porque el angelito no deja dormir ni de día ni de noche.
La de buenas, cuando los ves ir a la escuela por primera vez. Cuando los ves caminar, aprender a hablar, cuando los ves reir con sus amigos mientras juegan. Y finalmente, cuando los ves casarse con quien aman y formar su propia familia.
En la enfermedad cuando llega por más que se cuide uno, pero en la salud la mayor parte del tiempo.

Y todo éso, lo vives junto a tu esposo o tu esposa.
Hoy, recordamos a Santa Cleotilde, quien fué reina de Francia y por su fé, sus maneras y hechos, su esposo se convirtió al catolicismo. Y con él, toda Francia.

Así de importante es cuando una mujer vive conforme Dios manda, cuando cumple lo que promete ante el altar a Dios. Todo un país convertido gracias a una mujer. Trayendo con ello, grandes beneficios para ése país.
Ella es la patrona de las esposas que oran por sus esposos, por aquellos alejados de la fé.

Como dice Pablo: no me da verguenza, porque sé en quién he puesto mi confianza y estoy seguro de que él con su poder cuidará hasta el último día, lo que me ha encomendado"
Lo mismo dice una esposa que confía en su esposo. Sabe que cuidará de ella y de sus hijos porque Dios se los ha encomendado.

Esposas: oremos por nuestros esposos, para que Dios les dé la fortaleza para soportarnos jeje Que ya con éso tienen suficiente, jojo
Primera lectura
2 Timoteo 1, 1-3. 6-12

Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, conforme a la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Cuando de noche y de día te recuerdo en mis oraciones, le doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura, como lo aprendí de mis antepasados.
Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación. No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni te avergüences de mí, que estoy preso por su causa. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. El nos ha salvado y nos ha llamado a llevar una vida santa, no por nuestros méritos, sino por su propia determinación y por la gracia que nos ha sido dada, en Cristo Jesús, desde toda la eternidad. Esta gracia es la que se ha manifestado ahora con el advenimiento de nuestro salvador, Jesucristo, quien ha destruido la muerte e irradiado la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio, del que he sido nombrado predicador, apóstol y maestro.
Por este motivo soporto esta prisión, pero no me da vergüenza, porque sé en quién he puesto mi confianza, y estoy seguro de que él con su poder cuidará, hasta el último día, lo que me ha encomendado.