Por Laura Aguilar Ramírez
Hoy empieza el mes de María en México y en otros lugares. En algunos países es en Diciembre.
Empieza con una meditación de la Anunciación a la Virgen de que es la elegida para ser la madre de Dios.
Nos habla de la maternidad. Aquellas que tenemos la dicha de ser madres, sabemos lo que un hijo significa.
Sabemos lo que es llevar en el vientre por 9 meses a un ser, vemos crecer nuestro vientre, perdemos la figura. A muchas nos quedan cicatrices o estrias por el estiramiento de la piel, nos queda flácida, en fin. Físicamente la maternidad nos cambia.
Pero sobre todo nos cambia emocional y mentalmente. Dejamos de ser niñas, dejamos de ser mujeres para convertirnos en madres. Y no dejamos de serlo nunca.
Tal vez dejemos de ser esposas, aunque lo hayamos jurado ante un altar.
Tal vez dejemos de ser hijas o por lo menos, las hijas que siempre habíamos sido. Porque ahora somos nosotras a quienes un ser indefenso toma de la mano y mira confiadamente.
Una espada atravesará tu corazón" le dijo Simeón a la virgen al presentar al niño en el templo. Y no fué sólo una. 7 grandes dolores soportó su corazón.
Y como ella, la madre soporta grandes dolores: el embarazo.
Algunas mujeres en éste tiempo, perdemos el trabajo o por lo menos yo, cuando estuve embarazada. Algunas empresas no les gusta tener que prescindir de la mujer, contratan a alguien para reemplazarla mientras regresa. Otras, las presionan para que dejen el trabajo. en fin.
Después se enfrenta a una realidad: trabajar o no hacerlo. Si trabaja, tiene que buscar quien cuide de su hijo y no siempre es sencillo ésto. Porque se pierde muchos momentos de la vida de su hijo: aveces no es ella quien lo enseña a caminar, ni quien escucha sus primeras palabras, ni quien está cuando se enferma o cuando ríe por alguna cosa.
Si no trabaja, ¿dónde quedaron sus esfuerzos por estudiar, sus sueños de ejercer su profesión si es que estudió. O el dejar un trabajo que le gusta y que además le da beneficios económicos?
Decida una u otra cosa, el dolor llega.
Escuchaba a mujeres decir "por mis hijos" cuando les preguntaban ¿porqué no dejas a tu esposo?
Cuando el hijo se casa es otro dolor.
Cuando nacen sus nietos es otro dolor.
En fin. La vida de la madre está llena de dolores. Pero también de grandes alegrías.
Cuando los vemos recibirse de algo o los vemos trabajando de manera honrada.
Cuando vemos que se van haciendo hombres y mujeres de bien.
Cuando los vemos convertirse en padres y lo hacen bien, aún sin nosotros.
Cuando los vemos marcharse tal vez lejos de nosotros, pero vemos que vale la pena el dolor porque viven como desean o como eligieron y lo hacen bien.
Dios, cuando tuvo que dejar que Adán y va se fueran del Paraíso por el pecado, le dijo a Adán : "comerás del fruto de la tierra que trabajaras"
Y a Eva: "Tu marido te dominará. Pondré enemistad entre el diablo y tú. Parirás con dolor a tus hijos"
Yo, al contrario de muchas mujeres, no lo veo como castigo, sino consecuencia del pecado.
Es cierto que el hombre nos puede dominar, pero hay un amor más grande: el amor a los hijos.
Y ése amor nos da fortaleza para verlos partir de casa, para verlos lejos de nosotros, para esperar con paciencia una llamada, una visita.
Jesucristo camino al Calvario, se compadeció de las mujeres que lloraban. Se compadeció de una viuda que perdió a su hijo, se compadeció de la mujer adúltera, se compadeció de la mujer hemorroica. Con mirada llena de amor, les dijo: "no lloren por mí, lloren por ustedes y sus hijos"
Dejó impreso su rostro en el paño que una mujer le puso en el rostro para limpiarle la sangre que manaba de él.
Veo mujeres que aún cuando en su primer parto sufrieron, deciden tener otros hijos aún cuando ya saben los dolores que conlleva.
El amor de madre es bello, pero también puede ser negativo para nuestros hijos si se vuelve posesivo, si se vuelve manipulador.
Y es entonces, cuando toma uno el paño donde Cristo dejó su rostro y le ruega por los hijos.
El amor de madre es un amor entregado, sin egoísmos, sin orgullos.
Yo miro a la Virgen y aunque esté años luz de ella, miro su ejemplo, veo todo lo que me falta para ser una verdadera madre como ella y oro.
Oro para que mi orgullo no me domine, para que la ira no me gane, para que la envidia no me venza.
Recuerdo a otras madres que me han antecedido, trato de ver sus errores y sus aciertos.
Mi gran debilidad es mi fortaleza.
Jesús en el Evangelio de hoy, nos dice: "nadie viene a mí, si mi Padre no lo llama. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Voy al Padre a hacerles un lugar. La casa de mi Padre hay muchas habitaciones."
Y nos lo dice a hombres y también a las mujeres. Pero a cada uno según su condición.
El Padre me llamó a ser mujer. Después me llamó a ser madre y esposa.

