¿Acaso soy yo Maestro?

Por Laura Aguilar Ramírez

En plena Semana Santa. Hemos pasado por el tiempo de Cuaresma. Ayer hubo Jornada penitencial en la Catedral de Ensenada. En una Jornada penitencial los sacerdotes de la Diócesis se sientan a confesar a los fieles.
El Viernes de dolores vivimos con la Virgen la pena por los proximos acontecimientos.
El sábado de Lázaro vimos a Jesucristo resucitar a su amigo querido.
El Domingo estuvimos celebrando el Domingo de Ramos en la Parroquia
El lunes hubo jornada de limpieza para preparar el templo para los siguientes días. Litúrgicamente, Jesús fué al templo y expulsó a los mercaderes por la mañana y por la tarde en una cena que le ofrecieron, María hermana de Lazaro le limpia los pies con sus lágrimas y lo perfuma con un perfume caro. Judas se queja de ello.

El martes, llamado de controversia, vemos a Jesús en la mañana maldecir una higuera que no da frutos y se seca. Por la tarde, en la cena anuncia que uno de sus discípulos lo va a entregar.

"¿Acaso soy yo Maestro?" es la pregunta que cada uno le hace. Y es la pregunta que debiera hacerme también yo. Judás lo entregó por 30 denarios y de qué manera lo entrego yo?>
Cuando antepongo mis intereses a los de Dios.
Cuando no hago las labores que me corresponden.
Cuando no doy testimonio de lo que ha hecho en mi vida por miedo al qué dirán.

Aveces pienso que Judas es el que lo vende por dinero, pero ¿acaso no es la misma razón por la que muchas veces no asistí a misa antes, por ejemplo?

Cuando me dió la depre y me hundí por varios años, fuí a la iglesia a hincarme y pedirle ayuda a Dios, fuí a la Adoración Nocturna por la misma razón. Cuando llegamos a donde finalmente es nuestra casa después de más de 20 años, corrí a la iglesia más cercana a misas de sanación. Poco a poco fuí mejorando.

Empecé a evangelizar en internet. Primero gratis, pero después supe que podía ganar algo de dinero con mi blog. Empecé entonces a compartir sobre temas de la mujer, el hogar, familia, mascotas, imágenes y más.
Me daba tiempo para asistir al Taller de ANSPAC.
Las necesidades de la casa me forzaron a buscar trabajo lavando platos y dejé el taller.

Posteriormente volví a tomar un taller de Oración y vida.
Y de nuevo, surgieron necesidades en la casa y corrí a limpiar casas y dejé el taller.

Hacía mi blog y trabajaba también, además de hacerme cargo de 4 perros, 3 gatos, 3 peces, 2 árboles y algunas plantas. Dormía poco y trabajaba mucho.

Es decir, cuando me sentí bien mal, corri, lloré, me hinqué, pero en cuanto me sentí un poco mejor, volví a lo mismo: trabajar fuera de casa, dejar de lado también las actividades en la iglesia.

Y no es que tenga nada en contra de trabajar fuera de casa, pero el enemigo sí que lo tiene. Si trabajo en mi casa, gano poco pero le dedico más tiempo a mi familia y sobre todo, a Dios.

Hoy escuchaba una reflexión del Padre Angel en donde comparte una oración para aquellos que lloramos en misa como yo. O ante el Santísimo como yo.

A veces se me olvidan las veces que el enemigo me ha atacado fuertemente. Eso ciertamente me entristece.
Terminé por quitar mi blog porque me costaba trabajo mantenerlo desde que mi esposo se jubiló y está en casa, además de haberme enfermado y de que dejaron de pagar.

Ahora me alegro de haberlo hecho. Va a eregirse Parroquia la Capilla a la que asisto. Va a empezar a haber misa diario, Adoración del Santísimo y demás celebraciones. Eso me alegra mucho.
Puedo seguir haciendo mi acordeón religioso como le digo yo a mi nuevo blog, pero sólo con lo más esencial. Eso me da disponibilidad para participar en algunas actividades dentro del templo parroquial como el lunes que ayudé en la limpieza.
Me alegro porque voy a poder caminar más. El simple hecho de ir diario a la Capilla ya es ejercitar mis pies.

Mañana que empieza Abril, también empieza éste blog. Lo he estado preparando, pensando qué sí, qué no, en base a mi nueva situación. Por supuesto que no me siento vieja, pero sí tengo más responsabilidades con mi familia. Estuve muchos años sola y podía hacer las cosas en base a éso. Desde que mi esposo se jubiló, la cosa cambió. El tiene otro horario y éso me ha costado mucho.

Finalmente he llegado a la conclusión de seguir mi horario y dejar que él viva conforme al suyo. No puedo desayunar o comer a cualquier hora, ni hacer mis labores en cualquier horario. Para mí es básico llevar un órden, un horario y sujetarme a él.

He pasado los últimos años tratando de adaptarme a mi esposo para comer y hacer actividades juntos, pero no ha sido posible.
Siempre me ha dicho que no somos iguales y es cierto. Así que me alegra mucho que se abra la Parroquia y volver a tener mi propio horario, independientemente del de mi esposo.

El tiene sus actividades en el grupo al que pertenece y yo puedo al fin integrarme a la Parroquia.
Siento desde hace mucho tiempo la necesidad de orar más. Sola en la casa es difícil. Asi que agradezco el poder hacerlo por fin. Podré orar ante el Santísimo, podré escuchar misa diario.

Dios da vida en todos sentidos. Y hasta para ejercitarme va a servir.
El simple hecho de ayudar a barrer las hojas de los árboles es ejercicio. Hacerlo diario me servirá también. Ayudar a limpiar la cocina que siempre está con cochambre también lo será.

Dichosos seremos nuestra Comunidad al tener diariamente a nuestro ahora Párroco. Es una gran bendición para la comunidad y cercanías. Pues el agua sale del templo como dice la Escritura y Cristo es el agua que da vida.

Yo he visto maravillas. El simple hecho de tener misa dominical ha bastado para mantener una huerta en éstos lugares donde el agua no abunda. Mi casa está verde. Todo florece. Con trabajo sí, pero florece.
Sembrando plantas que se adapten, pero florece. Yo lo atribuyo a la escucha diaria de la misa. Ahora podrá también participar la comunidad.

Así que sí, la Cena de Jesús con sus discípulos es controversial.
Yo sigo preguntándome ¿Acaso soy yo, Maestro? y le ruego no serlo. Le ruego poder decirle: "Aquí estoy para hacer tu Voluntad" aunque me cueste hacerlo.

A veces pienso que soy como cada uno de los personajes de los que hablan las Escrituras y el Nuevo Testamento. He sido Judas en algunas ocasiones, he sido Pedro en otras. He sido María Magdalena. Y cada lectura parece que es a mí a quien habla.
Ante ésta pregunta, tiembla dentro de mí. Aveces me gana la autosuficiencia como a Judas.

Y entonces vuelvo a tomar la escoba y a limpiar el piso. Recuerdo al Papa Benedicto XVI y veo su gesto de humildad al retirarse a orar.
Yo volví a la Iglesia cuando el Papa Juan Pablo II estaba por fallecer. Recuerdo sus ojos através de la pantalla televisiva, ojos llenos de misericordia. A pesar de haber estado la mayoria de mi vida bajo su papado, ni siquiera fuí a verlo cuando la primera vez visitó México.
Ni siquiera sabía que existía un Papa. 

Así que al subir el Papa Benedicto XVI empecé a conocer de nuestra fé. Nací en el papado de Paulo VI en pleno Concilio Vaticano II, pero viví ni siquiera como testigo, sino por pura misericordia ahora lo veo.

He pasado el papado del Papa Francisco y ahora con el Papa León XIV. Pero al Papa que quiero más es a Benedicto XVI porque de su mano empecé a conocer de la fé y de la Iglesia.
Dios habla a cada quien respetando su ser. Y a mí me entra por el saber y el Papa Benedicto XVI sabía mucho, jeje. Y tuvo la humildad de retirarse a orar al final de su vida.



Primera lectura
Isaías 50, 4-9
En aquel entonces, dijo Isaías: «El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro a los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado. Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?
Palabra, de Dios.

Salmo 68
R. Por tu bondad, Señor, socórreme.

Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante.
Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre:
pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae.
R. Por tu bondad, Señor, socórreme.

La afrenta me destroza el corazón y desfallezco.
Espero compasión y no la hallo: Busco consoladores y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
R. Por tu bondad, Señor, socórreme.

En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido.
Se alegrarán al verlo los que sufren, quienes buscan a Dios tendrán más ánimo,
porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al que se encuentra encadenado.
R. Por tu bondad, Señor, socórreme.

ACLAMACIÓN
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, Rey nuestro, para obedecer al Padre,
quisiste ser llevado a la cruz como manso cordero al sacrificio.
¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado!

Evangelio san Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?» Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselos. El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?» El respondió: «Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: `El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’.

Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: «Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme». Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?» Él respondió: «El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de Él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Acaso soy yo Maestro?» Jesús le respondió: «Tú lo has dicho».